¿Estos puntos son azules, púrpura o prueban que jamás seremos felices?


¿Alguna vez has sentido que los problemas se suceden unos tras otros? ¿Que apenas resuelves un problema aparece otro, y luego otro, y otro...? La respuesta, o al menos una parte de ella, podría estar en unos puntos azules y púrpura.

Científicos de las universidades de Harvard, Dartmouth y Nueva York han diseñado una curiosa ilusión óptica que va mucho más allá del engaño de los sentidos para caer en una cuestión más filosófica: ¿Por qué los problemas parecen multiplicarse? ¿Estamos condenados a una vida de insatisfacción? 

¿Cómo las expectativas alteran nuestra percepción?


Estos investigadores mostraron a un grupo de personas una serie de mil puntos, los cuales variaban  su color en las gamas del azul y el púrpura. Los participantes tenían que responder solo una pregunta: ¿El punto en la pantalla es azul o no? 

Parecía una tarea muy sencilla, incluso banal. Y así fue al principio. Durante los primeros 200 ensayos los participantes reconocieron bastante bien las diferencias entre los puntos azules y púrpura. Pero a partir de ese momento algo cambió. 

En la pantalla comenzaron a aparecer más puntos de color púrpura, de manera que los puntos azules prácticamente desaparecieron. Sin embargo, las respuestas de los participantes no reflejaban ese cambio de color. Cuando los puntos azules se volvieron raros, las personas comenzaron a clasificar los puntos de color púrpura como azules. 

Lo más curioso es que los participantes siguieron confundiendo los puntos púrpuras con los azules incluso cuando los investigadores les advirtieron que la cantidad de puntos azules iba a disminuir o cuando les ofrecieron una recompensa económica si no se equivocaban. 

¿A qué se debe ese cambio en la percepción? Los científicos creen que nuestro cerebro no toma decisiones basándose en reglas frías, racionales y completamente objetivas, sino que tiene en cuenta los estímulos previos que ha recibido.

En otras palabras, a medida que la proporción de puntos azules a púrpuras cambiaba, los participantes que esperaban seguir viendo puntos azules, ampliaron su idea de cómo debía verse el azul, de manera que sus respuestas se ajustaran a las expectativas que se habían formado en los primeros ensayos. Dejaron de reaccionar a la realidad y ajustaron su percepción, sin darse cuenta, a sus expectativas.

No vemos el mundo como es, sino como esperamos que sea 


Este experimento nos demuestra que nuestra mente es fácil de engañar. De hecho, ese pequeño “defecto” en nuestro “cálculo mental” va mucho más allá de la percepción y puede tener serias consecuencias en nuestra vida. 

Los investigadores lo demostraron con otros dos experimentos mucho más complejos que elegir entre el púrpura y el azul. 

En uno de ellos, mostraron a los participantes 800 rostros generados por ordenador que variaban en una escala de “amenazante” a “no amenazante”. Una vez más, cuando la cantidad de rostros amenazantes disminuía, los participantes comenzaron a etiquetar como amenazantes los retratos no amenazantes. Eso nos demuestra que si esperamos que exista una amenaza, veremos efectivamente una amenaza. 

El último experimento se movió al plano de la ética. Los participantes debían valorar si estudios más o menos éticos debían seguir adelante. De nuevo, a medida que disminuían las propuestas no éticas, las personas cambiaron su percepción y decisiones, comenzando a calificar las propuestas éticas como no éticas. 

Estos resultados tienen enormes implicaciones para nuestra vida. 

Si nuestro cerebro recalibra constantemente nuestras percepciones basándose en nuestras experiencias anteriores, ¿cómo podemos estar seguros de que vemos las cosas tal como son? Y si no podemos ver las cosas tal como son, no podemos responder de manera adaptativa.

Es probable que, cuantos más problemas solucionemos, más se amplíe nuestro concepto de problema y, por tanto, más problemas detectaremos a nuestro alrededor, de manera que situaciones que antes pasaban desapercibidas, ahora las percibimos como problemáticas. En otras palabras, cuando no tenemos problemas, los inventamos.

En práctica, no es que el vaso esté medio vacío, sino que percibimos que este se hace cada vez más grande, de manera que será cada vez más difícil llenarlo.

Entonces, ¿esa capacidad para ver problemas y amenazas por doquier nos condenaría a un estado de insatisfacción e infelicidad permanente? Es probable.

A menos que seamos conscientes de ese sesgo en nuestra percepción y seamos capaces de protegernos. Bastaría preguntarnos si estamos siendo objetivos, o al menos todo lo objetivos que podemos ser, cuando nos encontramos con un problema, obstáculo, amenaza o conflicto.

Solo así podremos tomar decisiones más objetivas, equilibradas y adaptativas.


Fuentes: 
Gilbert, D. T. et. Al. (2018) Prevalence-induced concept change in human judgment. Science360(6396): 1465-1467. 
Specktor, B. (2018) Are These Dots Purple, Blue or Proof That Humans Will Never Be Happy? En: Live Science.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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