3 secretos de los estoicos para no implicarte en discusiones insignificantes y estúpidas


Muchas de las discusiones y peleas que tenemos a diario se desencadenan por cosas insignificantes o incluso estúpidas, cosas por las cuales ni siquiera vale la pena discutir. En otros casos el problema está en nuestro interlocutor y en su incapacidad para contemplar cualquier punto de vista que no sea el suyo. 

No obstante, cuando nos dejamos arrastrar por las emociones y nos sumergimos en esas discusiones interminables que no conducen a ninguna parte, perdemos nuestra paz interior y se afecta nuestro equilibrio mental. Y no vale la pena. Ya lo había dicho Séneca: “una discusión prolongada es un laberinto en el que la verdad siempre se pierde”. 

Guía estoica para no perder la paz discutiendo por nimiedades 


1. Lo que la gente dice, refleja más de ellas que de ti 

Epicteto, uno de los filósofos estoicos más famosos, enseñaba que las cosas externas que nos suceden están fuera de nuestro control y, por tanto, deberíamos aprender a reaccionar asumiendo una distancia psicológica que nos proteja de sus efectos negativos. No somos responsables de esas cosas, pero somos responsables de cómo reaccionamos ante ellas. 

Nos aconseja: “Cuando cualquier persona te trate mal o hable mal de ti, recuerda que lo hace porque cree que es su deber. Por tanto, es incapaz de seguir aquello que te parece correcto a ti, solo hace lo que le parece correcto a ella. En este mismo sentido, si esta persona se equivoca en su opinión, es ella quien se lastima, pues es ella quien se ha engañado. Si una persona supone que una proposición verdadera es falsa, la proposición no es afectada, es la persona quien se ha engañado a sí misma. Si actúas siguiendo esta lógica, serás más ecuánime en tu temperamento con aquel que te injuria pues podrás decirte en cada ocasión: ‘es solo su opinión’”. 

Esto no significa que debemos permitir que nos insulten o humillen, tan solo significa que debemos mantener el control sobre nuestras reacciones porque cada vez que te enfadas, le cedes el control a la otra persona, cada vez que dejas que alguien te arrebate tu equilibrio emocional, pierdes. 

Epicteto, al contrario, nos anima a no tomarlos las cosas de manera personal y asumir una distancia reflexiva que nos permita responder con ecuanimidad. Debemos entender que algunas personas pueden ser ofensivas porque se sienten débiles, simplemente por ignorancia o porque no saben reaccionar de otra manera. Eso no significa excusar su comportamiento porque nadie tiene el derecho de acusar o insultar a los demás, tan solo significa que nos alzamos por encima de ese nivel y rechazamos involucrarnos en discusiones absurdas o insignificantes que no llegarán a buen puerto. Significa actuar con inteligencia y aplicar la máxima de Séneca: “importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti”. 

2. No prestes atención a lo que no vale la pena 

Marco Aurelio, otro de los grandes filósofos estoicos, pensaba que la clave está en nuestra atención y en el significado que le atribuimos a los sucesos. Predicaba la serenidad basada en el autocontrol. 

“El valor de la atención varía en proporción al objeto en que se centra. Es mejor que no dediques más atención y tiempo del que merecen a las cosas pequeñas e insignificantes […] Si te amas tanto a ti mismo, préstale más atención a lo que piensas sobre ti que a lo que opinan los demás […] Decide que no te dañarán, y no serás dañado. Decide que no te sentirás dañado, y no lo serás”. 

En su discurso hay dos puntos importantes que se convierten en valiosas enseñanzas para escapar de las discusiones inútiles. Ante todo, debemos aprender a no prestarle más atención de la que merecen a las críticas destructivas, las opiniones injustas o las ideas rígidas. Si le seguimos dando vueltas en nuestra mente, incluso cuando la discusión terminó, tan solo estaremos alimentando el malestar y la frustración. Debemos aprender a dar a cada cosa la importancia que merece. Ni más ni menos. 

El segundo punto interesante en el discurso de Marco Aurelio se refiere al empoderamiento. Nadie puede dañarnos sin nuestro consentimiento. Por tanto, cuando nos enfadamos y nos enzarzamos en discusiones inútiles, es porque alguien ha tocado uno de nuestros puntos sensibles. Ese es un buen momento para preguntarnos por qué hemos discutido de algo tan intrascendente, crecer y no volver a cometer ese error en el futuro. 

3. Prepárate para lo peor de la mejor manera 

Séneca ha sido considerado como el máximo representante del estoicismo, en sus diferentes escritos nos ha dejado algunas perlas de sabiduría que podemos aplicar para evitar que las discusiones inútiles nos roben la paz de espíritu. En las célebres “Cartas de un Estoico” aconseja: 

“El efecto de lo que no se busca es aplastante, pues al peso del desastre se suma lo inesperado. El hecho de que fuera imprevisto intensifica la reacción de una persona. Por eso debemos asegurarnos de que nada nos tome por sorpresa. […] Debemos prever todas las posibilidades y fortalecer el espíritu para afrontar las cosas que puedan ocurrir si no queremos sentirnos abrumados y aturdidos. […] Todo el mundo se enfrenta con mayor valentía a algo para lo cual se ha preparado durante mucho tiempo. Aquellos que no están preparados, por otro lado, reaccionarán mal ante los acontecimientos más insignificantes”. 

Séneca se refería a la importancia de controlar nuestras expectativas, que muchas veces se encuentran en la base de esas discusiones sin sentido. Si esperamos que todas las personas que encontramos sean abiertas y flexibles de pensamiento, cuando encontremos a personas rígidas que no quieren escuchar nos sentiremos frustrados. Al contrario, contemplar esa posibilidad nos permitirá comprender inmediatamente que la discusión no tiene sentido. 

También podemos prepararnos mentalmente para afrontar determinadas discusiones. Aprender técnicas de comunicación asertiva, por ejemplo, nos permitirá mantener la calma y reenfocar positivamente la conversación. 

La clave radica en ser conscientes de que no vivimos en un mundo ideal y que no podemos cambiar a algunas personas, por lo que solo queda preguntarnos si dejaremos que nos arrebaten nuestra tranquilidad con discusiones que no conducen a ningún sitio o simplemente actuamos de manera más inteligente y ponemos punto final.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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