Oso y lobo: El cuento ilustrado que nos anima a caminar al lado del “otro”


Otredad. Así definimos a los demás para separarlos de nosotros mismos, para indicar que somos diferentes. Los “otros” son los demás, un grupo vago e informe al que realmente nadie pertenece ya que todos y cada uno de nosotros pensamos que los otros son los demás. 

A menudo la otredad se utiliza para resaltar las diferencias y construir barreras, lo cual significa que nos cerramos a los demás. Sin embargo, no debemos olvidar que somos lo que queda después de todo lo que no somos. 

Este precioso cuento infantil ilustrado aborda precisamente ese tema: la belleza de la conexión con el “otro”, la aceptación de lo diferente y la comprensión de que aunque parezcamos diferentes en la superficie, en el fondo podemos establecer una conexión profunda que nos permita crecer como personas. 

Una historia sobre el valor de las diferencias y la importancia de caminar al lado de los otros sin intentar cambiarlos


La otredad del mundo es el antídoto para la confusión”, escribió Mary Oliver afirmando que a veces “permanecer dentro de esta otredad puede dignificar al corazón más herido”. Ese también es el mensaje del escritor y dibujante de Brooklyn, Daniel Salmieri, en su libro “Oso y Lobo”.

En una tranquila noche de invierno, Oso se adentró en el bosque. Mientras disfrutaba de los brillantes copos de nieve que caían, notó algo que sobresalía en aquella reluciente capa blanca.


Lo mismo le ocurrió a Lobo, detectó una gran mancha parduzca que se acercaba. A través de estas minimalistas ilustraciones el autor nos anima a ponernos en el lugar del otro, a comprender que cada uno de nosotros somos "una otredad".


Cuando los dos caminantes solitarios se acercaron lo suficiente, pudieron notar que se trataba de un oso y un lobo joven. 

Oso pudo ver el hocico puntiagudo de Lobo, su pelaje gris, los ojos dorados y la nariz mojada y negra… Lobo pudo ver la cabeza redonda de Oso, su pelaje negro y suave, los ojos color café oscuro y la nariz mojada y negra. 


Sin embargo, Oso y Lobo se reconocen entre sí, no con la temerosa hostilidad que es señal de una gran inseguridad interior ante lo desconocido sino con una curiosidad auténtica y abierta. 


- ¿Estás perdido? - preguntó Oso. 

- No, no estoy perdido. ¿Lo estás tú? – devolvió la pregunta Lobo. 

- No, no estoy perdido. Salí a caminar para sentir el frío en la cara y disfrutar de la tranquilidad del bosque cuando nieva. ¿Qué estás haciendo? 

- Salí a caminar para sentir el frío bajo mis patas y escuchar el crujido de la nieve mientras camino. 

- ¿Quieres caminar conmigo? – lo invitó Oso. 

- Claro – respondió Lobo. 

Y se encaminaron hacia lo más denso del bosque, con las narices mojadas muy cercas, conscientes de que eran “criaturas hechas para estar cómodas en el frío”. Saborearon el esplendor del bosque compartiendo sus experiencias, cada uno desde su perspectiva. Uno olía la corteza húmeda, el otro escuchaba los pequeños sonidos… 

De esta manera, el autor nos anima a caminar al lado del otro, sin intentar cambiarlo, simplemente aceptando las diferencias, convirtiéndolas en motivo de regocijo mutuo, en vez de muros que separan.


Finalmente llegan a un gran claro, un lugar vagamente familiar que en verano es un lago azul. 


Entonces llega el momento de separarse y volver a sus vidas, que se desarrollarán en paralelo en ese mundo compartido. 


Oso debe regresar a su cueva e hibernar con su familia, y Lobo debe volver a su manada para seguir persiguiendo a los renos. 


Las estaciones cambian, el invierno deja paso a la primavera, y en el bosque recién nacido crecen las flores y se escucha el canto de los pájaros. Oso y Lobo se vuelven a encontrar. 


Ahora son diferentes. Han crecido, pero volverán a caminar uno al lado del otro en ese mundo que comparten. 


Esta oda en acualera a la aceptación de lo diferente es perfecta para enseñar a los niños que podemos convivir y crecer juntos, buscando lo que nos une, en vez de centrarnos en lo que nos distancia. 

Las diferencias nos hacen tan únicos como valiosos. Cuando cada quien aporta su diferencia, el mundo del otro crece, se amplía un poco. Cuando nos sentimos demasiado cómodos, significa que nos hemos encerrado en lo igual, donde no hay espacio para el crecimiento.

Al decir del sociólogo Zygmunt Bauman, el verdadero crecimiento se produce en las interacciones con los diferentes, no en las zonas de confort donde nos relacionamos con quienes son iguales que nosotros. El rechazo al otro, a lo diferente, proviene de nuestro miedo a crecer, a vernos obligados a mirar con otros ojos, a abrir nuestra perspectiva y, en última instancia, a aceptar que no somos dueños de la verdad.

Es un poderoso mensaje que quizá los adultos también deberíamos reaprender.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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2 opiniones... Comparte tus ideas

Muy buen artículo Jennifer. Podrías por favor decirme cuál es el título del libro? Lo he estado buscando y no lo encuentro por ningún lado. Gracias con antelación.

Al final del artículo puedes encontrar el enlace al libro en Amazon. Hasta el momento no se ha traducido al español, al menos que yo sepa.

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