No conviertas en un problema a personas que no merecen serlo


Si quieres vivir de manera equilibrada, tienes que ver la vida de manera equilibrada. Decirlo es fácil, aplicarlo es complicado, sobre todo porque somos especialistas creando tormentas en un vaso de agua. Por eso, en más de una ocasión dejamos que personas que no merecen un lugar significativo en nuestras vidas, terminen convirtiéndose en un problema. 

Cuando conviertes a alguien sen tu problema, le das poder 


Hay personas que se empeñan en ponernos la zancadilla y hacer que nuestra vida sea un poco -o mucho- más difícil. Pueden hacerlo a través del chantaje emocional, el engaño o incluso la prepotencia intelectual. Sin embargo, cada vez que dejamos que un compañero de trabajo malintencionado, una ex pareja resentida, un vecino poco cívico o un mal amigo se convierta en nuestro problema, estamos cayendo en su tela de araña y nos convertimos en su víctima. 

No podemos controlar sus acciones, pero podemos controlar nuestra reacción. En vez de darles poder y convertir a esas personas en una pieza significativa de nuestra vida, podemos decidir conscientemente que no dejaremos que dañen nuestro equilibrio emocional con sus actitudes. Recuerda que solo puede dañarte aquello a lo que le das poder, aquello que consideras lo suficientemente significativo como para que haga resonancia en tu interior. 

Una estrategia relativamente sencilla para impedir que personas malintencionadas se conviertan en un problema que nos arrebate la paz interior, consiste en cambiar nuestra perspectiva sobre lo que supone realmente un problema. 

Elegir sabiamente tus problemas te permitirá crecer 


Solemos asumir los problemas como obstáculos que generan sufrimiento o desazón. Desearíamos una vida libre de problemas. Sin embargo, la raíz etimológica de la palabra problema nos indica que nuestra percepción es errónea, o al menos es tan solo una visión limitada de una realidad más amplia y enriquecedora. 

La palabra problema está compuesta por el prefijo πρό (prá), que significa “delante” y προβάλλω (probállō), que significa “arrojar” o “lanzar con fuerza”. Por tanto, los problemas son situaciones que nos empujan más allá de nuestros límites, que nos animan a salir de nuestra zona de confort para crecer. Desde esta perspectiva, cada problema representa una oportunidad para aprender y desarrollarnos como personas. Solo tenemos que asegurarnos de elegir sabiamente los problemas. 

¿Es posible elegir los problemas? 

Si asumimos una actitud reactiva ante la vida e identificamos los problemas con obstáculos viéndolos como algo negativo, no tenemos opciones, nos quedamos en manos del azar. Entonces tendremos la tendencia a ver muchas de las cosas que nos ocurren como problemas y a convertir en problemas a personas que ni siquiera merecen serlo. 

Sin embargo, si en vez de reaccionar aprendemos a responder y asumimos los problemas como oportunidades de crecimiento, podemos comenzar a desechar muchas cosas que con la vieja mentalidad restrictiva habríamos catalogado como problemas. 

Duke Ellington dijo que “los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe”, y no andaba desacertado. Dado que un problema representa un desafío, podemos comprender que muchas de las cosas que nos ocurren en la vida cotidiana y que calificamos como problemas en realidad no lo son, representan únicamente una expectativa frustrada. Conocer esa diferencia nos permitirá darle a cada cosa y persona, el lugar que merece en nuestras vidas, ni más ni menos. 

No desperdicies tu energía emocional con personas malintencionadas 


Si una persona te molesta, enfada o irrita; no la conviertas en tu “problema”. No permitas que ocupe gran parte de tu pensamiento ni la conviertas en tema recurrente de conversación. Cada vez que llegas a casa y te quejas de ese compañero de trabajo insoportable, le estás dando una importancia que no merece y estás desaprovechando una oportunidad para hacer otras cosas mucho más agradables. 

En su lugar, reflexiona sobre los botones rojos que está activando esa persona. ¿Por qué te molesta, enfada o irrita? ¿Qué área de tu personalidad necesitas trabajar para evitar que sus actitudes hagan mella en ti? De esta forma estarás convirtiendo el problema en algo que realmente te permite crecer y no desperdiciarás inútilmente tu energía emocional

Y por último, pero no menos importante, recuerda que todo problema deja de serlo si no tiene solución. Por tanto, a veces solo es cuestión de dejar ir. No te aferres a lo que no es importante o no te permite crecer.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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