¿Por qué nunca te alcanza el tiempo? La culpa es de la Ley de Parkinson


¿Cuánto tiempo tardas en hacer una maleta? Todo el tiempo que tengas. Ni más ni menos. Si tienes poco tiempo la harás en pocos minutos, si tienes mucho tiempo, incluso puedes tardar una hora o más.

Muchas personas, sumergidas hasta el tuétano en la cultura de la productividad, o la hiperactividad, no encuentran placer en no tener nada que hacer, lo “divertido” e “interesante” es tener siempre mucho que hacer, de manera que el tiempo jamás sobre. 

Entonces entra en juego la “Ley de Parkinson”, que se basa en tres ideas: 

- El trabajo se extiende hasta que ocupa todo el tiempo disponible. 

- Los gastos aumentan hasta cubrir todas las ganancias. 

- El tiempo que se dedica a cada tarea cotidiana es inversamente proporcional a su importancia. 

¿Te suena familiar? 

¿Cómo surgió la Ley de Parkinson? 


Cyril Northcote Parkinson fue un historiador naval británico y observador sagaz del sistema de administración y gestión pública. Parkinson se dio cuenta de que a medida que el imperio de ultramar de Gran Bretaña declinaba y tenía menos colonias que administrar, la cantidad de personal aumentaba. Cada año se incorporaban entre un 5-7% más de empleados, aunque el trabajo burocrático objetivo disminuía. 

Era un contrasentido. Así que Parkinson se preguntó qué estaba ocurriendo. Comprendió que el trabajo se expande hasta ocupar todo el tiempo y los recursos disponibles, independientemente de las horas reales que sean necesarias y de la importancia objetiva de esas tareas. Y lo demostró con fórmulas matemáticas y datos estadísticos. 

Por supuesto, su teoría no se limita únicamente al funcionamiento de las administraciones públicas, también se aplica a nuestra vida cotidiana. Podemos llegar a ser auténticos expertos en aplicar la Ley de Parkinson en nuestro día a día.

Prolongar las tareas no solo consume tu tiempo, también tu energía 


Según la Ley de Parkinson, si te das un plazo de una semana para completar un trabajo que requiere tan solo un día, la tarea aumentará su complejidad para llenar ese espacio de tiempo. Y lo que es aún peor: esa tarea no solo se convertirá en un agujero negro por donde se escapa tu tiempo sino también tu energía. La tarea te generará estrés y ansiedad, volviéndose agotadora. 

Por supuesto, la tarea en sí no se multiplica, es nuestra manera de asumirla y gestionarla. El problema es que mientras más tiempo tengamos a nuestra disposición, más tardaremos porque más procrastinaremos. Haremos una pequeña parte hoy y dejaremos otra pequeña parte para mañana.

Cuando estamos inmersos en esa situación, no nos damos cuenta de que lo que más nos agota no es realizar las tareas, sino las tareas inconclusas, el recuerdo constante de lo que tenemos pendiente. Llevar esa agenda mental es agotador psicológicamente. 

En la base de esa trampa que nos tendemos a nosotros mismos se encuentra la creencia de que debemos “trabajar duro”. Nos han inculcado la terrible idea de que cuanto más tardemos en hacer algo, más valioso será. Obviamente, no siempre es así. Pero no nos enseñaron a “trabajar de manera inteligente y eficiente”. 

La Ley de Parkinson y la parálisis de la decisión en la vida cotidiana


- ¿Qué quieres hacer? 

- No lo sé, ¿qué quieres hacer tú? 

- ¿Y si vamos al cine? 

- Eh, ¿estaba pensando que podríamos ir a X, Y, Z…? 

- Como prefieras. 

- No, como prefieras tú. 

Y así el discurso se alarga durante una media hora, o el tiempo que tengamos a nuestra disposición para elegir el sitio. Es lo que en Psicología se conoce como “Parálisis de la Decisión” y se produce cuando tenemos tantas opciones que somos víctimas de la “fatiga decisional”. 

Un estudio muy interesante realizado en la Universidad de Columbia analizó qué ocurre cuando vamos a una tienda y nos dan a elegir entre 6 o 24 mermeladas gourmet. Los resultados fueron sorprendentes: no solo tardamos muchísimo más en elegir cuando tenemos tantas opciones, sino que nos paralizamos, literalmente. En el experimento, el 30% de los clientes terminaron comprando una de las seis mermeladas pero solo el 3% de las personas a las que les presentaron los 24 tarros de mermelada compraron alguno. Tener que decidir entre tantas cosas nos agota mentalmente, hace que la decisión sea más difícil y termina paralizándonos. 

Este fenómeno está profundamente vinculado con la Ley de Parkinson, siendo una de las causas principales por las cuales no terminamos las tareas sino que las alargamos todo lo que podamos. En el caso de la maleta, sabemos que tenemos que llenarla, pero nos resulta difícil elegir qué llevar entre tantas cosas. Eso nos lleva a procrastinar. 

Administración del Tiempo: ¿Cómo evadir la Ley de Parkinson? 


Psicólogos del American Institutes for Research, en Washington, pusieron a prueba la Ley de Parkinson. Reclutaron a un grupo de personas para analizar cómo el límite de tiempo afectaría su eficacia. 

En las primeras tres pruebas, a los participantes les dieron el doble de tiempo que necesitaban para completar una tarea, mientras que a otro grupo de personas les dieron el tiempo justo. En otro experimento, les pidieron a algunos que trabajaran rápido y a otros que “trabajaran lo más rápido posible”. 

¿Qué sucedió? 

Estos psicólogos comprobaron que cuando nos dan mucho tiempo para terminar una tarea, lo usamos todo, aunque podamos terminarla más rápido. Pero también apreciaron que el nivel de eficacia dependerá de las metas que nos propongamos. Las personas a las que les pidieron que trabajaran lo más rápido posible, terminaban antes y no cometían más errores que aquellas a quienes simplemente les pidieron que trabajaran rápido. 

- Establece metas realistas. Este experimento nos demuestra que el principal antídoto para la Ley de Parkinson consiste en establecer metas realistas. Una buena administración del tiempo pasa por ser capaces de estimar objetivamente cuál es el menor tiempo que necesitamos para realizar una tarea. Y trabajar en base a ello. 

- Prioriza las tareas más importantes. Cada día tenemos decenas de tareas por delante. Debemos aprender a detectar las tareas menos importantes de nuestra agenda ya que son las que más suelen expandirse para ocupar nuestro tiempo. Por tanto, hay que tener muy claras nuestras prioridades en la jornada, para dedicarles más tiempo. 

- Busca incentivos para terminar antes. No somos robots, por lo que establecer un límite tiempo y saber cuáles son nuestras prioridades no es una garantía al 100% de que nos salvaremos de la procrastinación. Una ayuda adicional consiste en planificar pequeños premios si terminamos antes. Eso te ayudará a mantenerte concentrado y motivado. 

- Simplemente, actúa. Para evitar la parálisis de la decisión, lo mejor es reducir las opciones. Si quieres ir a algún lugar, comienza limitando las opciones por área geográfica o nivel de tráfico, por ejemplo. Una vez que hayas elegido, simplemente ponte manos a la obra. 



Fuentes:
Bryan, J. F. & Locke, E. A. (1967) Parkinson's Law as a goal-setting phenomenon. Organizational Behavior and Human Performance; 2(3): 258-275. 
Iyengar, S. S., & Lepper (2000) When Choice is Demotivating: Can One Desire Too Much of a Good Thing? Journal of Personality and Social Psychology; 79: 995-1006.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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