Psicobióticos: ¿Cómo las bacterias de los alimentos mejoran tu salud mental?


¿Imaginas que te sientes deprimido, estresado o ansioso y, en vez de recetarte psicofármacos, el psiquiatra te recomienda una dosis abundante de chucrut, kimchi o yogur? No es una fantasía ni un delirio, los psicobióticos se están convirtiendo en la nueva promesa en el campo de las Neurociencias y son tan prometedores como en la década de 1960 lo fueron los fármacos sintetizados en el laboratorio. Y la clave se encuentra en el sistema nervioso entérico, nuestro segundo cerebro.

¿Qué son los psicobióticos?


Los alimentos y bebidas fermentados, ricos en probióticos, tienen una larga historia, no se trata de un descubrimiento moderno. De hecho, sus orígenes se pierden en los anales del tiempo pues se conoce que los hombres del Neolítico fermentaban de manera intencional frutas, arroz y bebidas con miel. Se cree que el kéfir fue una invención de los pastores de las montañas del norte del Cáucaso, que data del 8000 a.C., quienes descubrieron que la leche fermentada se podía almacenar mejor. Asimismo, se cree que el chucrut fue idea de los mongoles, hace 2.000 años en China, y más tarde se introdujo en Europa.

Sin embargo, más allá del potencial de preservación de los alimentos fermentados, hoy sabemos que los productos con probióticos son beneficiosos para la salud. En práctica, la fermentación aumenta la biodisponibilidad de nutrientes; en otras palabras: los alimentos fermentados contienen bacterias beneficiosas, que se conocen como probióticos. Estas facilitan la digestión y, por supuesto, contribuyen al desarrollo de una flora intestinal saludable.

Gracias a las investigaciones más recientes sobre el microbioma humano, ahora también sabemos que esas bacterias también pueden influir en nuestro estado de ánimo, decisiones y comportamientos. Por eso, Ted Dinan, un psiquiatra de la Universidad de Cork, acuñó el término psicobióticos.

¿Qué son los psicobióticos? Se trata de organismos vivos que, cuando se ingieren en las cantidades adecuadas, producen un beneficio para la salud mental. A diferencia de los probióticos, los psicobióticos contienen otras cepas de bacterias que tienen la capacidad de modular la función de la corteza suprarrenal, que es la responsable de controlar la ansiedad y la respuesta al estrés, pues es donde se produce aproximadamente el 95% del cortisol que fabrica nuestro organismo. 

Sin embargo, antes de entender cómo funcionan los psicobióticos, es necesario comprender el mecanismo del sistema nervioso entérico, considerado nuestro segundo cerebro.

El sistema nervioso entérico: ¿Cómo funciona nuestro segundo cerebro?


Diferentes neurocientíficos de todo el mundo llevan varias décadas analizando nuestro sistema intestinal desde una perspectiva diferente, hasta el punto de llegar a considerarlo como nuestro segundo cerebro. 

Se ha descubierto que nuestro sistema intestinal posee unos 100 millones de neuronas, mucho más de las que se encuentran en la médula espinal y todo el sistema nervioso periférico. Esas neuronas no solo nos permiten “sentir” nuestro mundo interior siendo las responsables de sensaciones que describimos como “mariposas revoloteando en el estómago” o “un nudo en el estómago” sino que también le confieren cierta independencia al sistema nervioso entérico del cerebro.

Lo que más ha sorprendido a los neurocientíficos es que en el sistema nervioso entérico se producen más de 30 neurotransmisores, las sustancias que normalmente usan las neuronas para comunicarse. De hecho, han descubierto que el 95% de la serotonina del cuerpo, la cual está relacionada con el placer y la tranquilidad, se encuentra en los intestinos. 

El sistema nervioso entérico estaría “conectado” al cerebro a través del nervio vago, el cual se encarga fundamentalmente de llevar la información del intestino al cerebro. Curiosamente, las bacterias que habitan en el intestino también intervienen activamente en la producción de esos neurotransmisores.

Los psicobióticos tienen la capacidad de generar muchos neurotransmisores y neuromoduladores que se encuentran en el cerebro, como GABA, norepinefrina, serotonina, dopamina y acetilcolina. A través del eje intestino-cerebro, una red de comunicación bidireccional compleja compuesta por el sistema nervioso autónomo y entérico, el sistema neuroendocrino, el sistema metabólico y el sistema inmunitario; esos neurotransmisores terminan influyendo en nuestro estado de ánimo, decisiones y comportamientos.

Por eso, la disfunción en el eje intestino-cerebro guarda relación con enfermedades mentales como la ansiedad, la depresión, el autismo, la esquizofrenia y algunos trastornos neurodegenerativos. Este descubrimiento adquiere una particular relevancia en la actualidad, sobre todo debido al abuso de los antibióticos y los medicamentos, así como el consumo de alimentos con conservantes artificiales y trazas de herbicidas, que afectan el equilibrio del microbioma intestinal.

De hecho, algunos neuricientíficos incluso han postulado que los niveles epidémicos de ansiedad y depresión que estamos viviendo no se explican únicamente por el estilo de vida moderno sino que también estarían provocados por una dieta inadecuada que afecta las bacterias encargadas de producir algunos neurotransmisores básicos para mejorar nuestro estado de ánimo y el funcionamiento de nuestras funciones cognitivas.

Los beneficios de los psicobióticos para la salud mental


Tanto los experimentos realizados con animales como los estudios hechos con personas han llegado a las mismas conclusiones: los alimentos psicobióticos son beneficiosos para nuestro estado de ánimo y funciones cognitivas.

¿Cómo pueden ayudarnos los psicobióticos?

- Disminuyen la reactividad emocional. Neurocientíficos de la UCLA le pidieron a un grupo de personas que consumieron yogurt rico en psicobióticos dos veces al día durante cuatro semanas. Al someterlas a escáneres cerebrales, descubrieron que tenían una actividad disminuida en las zonas del cerebro relacionadas con las sensaciones y las emociones, lo cual significa que eran capaces de controlar mejor sus respuestas emocionales ante los estímulos y que no reaccionaban con un estrés excesivo. 

- Mejoran las funciones cognitivas. En ese mismo estudio, los neurocientíficos apreciaron que los participantes que habían consumido alimentos psicobióticos tenían una mayor conectividad entre el tronco encefálico y la corteza prefrontal, el área del cerebro asociada con la cognición y la toma de decisiones. Esa conectividad facilitaría la comunicación con la médula espinal y los nervios periféricos.

- Disminuyen los niveles de estrés y ansiedad. Neurocientíficos japoneses le pidieron a un grupo de estudiantes de medicina que se estaban preparando para un examen importante, que bebieron leche fermentada durante ocho semanas. Cuando los compararon con el grupo que siguió su dieta habitual, descubrieron que quienes habían consumidos los psicobióticos tenían niveles más bajos de cortisol, un marcador de estrés, así como niveles más elevados de serotonina, la cual potencia una sensación de bienestar. Además, reportaban menos síntomas gastrointestinales relacionados con el estrés y a ansiedad.

- Mejoran el estado de ánimo. Un estudio realizado por investigadores iraníes comprobó que las personas que siguieron una dieta con alimentos psicobióticos, mostraban una mejoría significativa en su estado de ánimo. Al cabo de ocho semanas, también tenían niveles significativamente más altos de glutatión, un aminoácido que contribuye a prevenir la depresión.

- Combaten la ansiedad y las obsesiones. Se ha descubierto que los alimentos psicobióticos que contienen Lactobacillus rhamnosus, una bacteria que se encuentra en el intestino humano, puede reducir la ansiedad debido a que cambia la expresión de los receptores GABA, el principal neurotransmisor inhibidor y relajante en el sistema nervioso central. Por si fuera poco, un estudio desarrollado en la Lehigh University descubrió que, al menos en animales, esta bacteria es tan eficaz para tratar el trastorno obsesivo-compulsivo como la fluoxetina.

- Reducen la depresión. Un metaanálisis realizado por neurocientíficos chinos descubrió que los alimentos psicobióticos pueden aliviar los síntomas de la depresión mayor en las personas de menos de 65 años. Apreciaron que el consumo de Bifidobacterium infantis o Lactobacillus rhamnosus durante apenas 6 semanas era suficiente para producir una mejoría significativa y comprobaron que estas bacterias, en efecto, cambiaban la bioquímica cerebral, disminuyendo además el nivel de angustia psicológica y el estrés.

Por supuesto, esto no significa que los alimentos psicobióticos sean la respuesta mágica para curar las enfermedades mentales, pero es una nueva línea de investigación que podría funcionar en las personas que no responden a la medicación convencional o en las que los psicofármacos causan muchos efectos adversos. Por lo pronto, deberíamos preocuparnos un poco más por alimentar correctamente a nuestro segundo cerebro :)


Fuentes:
Kato-Kataoka, A. et. Al. (2016) Fermented milk containing Lactobacillus casei strain Shirota preserves the diversity of the gut microbiota and relieves abdominal dysfunction in healthy medical students exposed to academic stress. Applied and Environmental Microbiology; 82(12):3649-3658.
Akkasheh, G. et. Al. (2016) Clinical and metabolic response to probiotic administration in patients with major depressive disorder: A randomized, double-blind, placebo-controlled trial. Nutrition; 32(3): 315-320. 
Huang, R. et. Al. (2016) Effect of Probiotics on Depression: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. Nutrients; 8(8): 483.
Dinan, Timothy G. et al. (2015) Collective unconscious: How gut microbes shape human behavior. Journal of Psychiatric Research; 63: 1-9.
Kantak, P.A. et. Al. (2014) Obsessive-compulsive-like behaviors in house mice are attenuated by a probiotic (Lactobacillus rhamnosus GG). Behav Pharmacol; 25(1): 71-79.
Tillisch, K. et. Al. (2013) Consumption of Fermented Milk Product With Probiotic Modulates Brain Activity. Gastroenterology; 144(7).

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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