Si amas más los zapatos que el camino, no vale la pena caminar


En algún punto del camino de nuestra vida podemos perder por completo la perspectiva llegando a pensar que las cosas son el fin en sí mismo. Bombardeados por una publicidad cada vez más intrusiva que se ha convertido en el altavoz de un sistema que ha apostado por el consumismo desenfrenado, es fácil pensar que los zapatos son más importantes que el camino. 

Las 3 grandes trampas que nos convierten en víctimas


1. Caes en el bucle infinito de las necesidades insatisfechas. Si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que te falta porque siempre querrás más. El terrible mecanismo de nuestra sociedad es que se ha dedicado a fabricar consumidores, como explicó el gran economista Thorstein Veblen: “Si puedes fabricar deseos, haz que obtener cosas que están a tu alcance sea la esencia de la vida. De esta forma, ellos van a quedar atrapados convirtiéndose en consumidores”. Cuando buscamos la felicidad en las cosas, esta se vuelve escurridiza porque caemos en la trampa de las nuevas necesidades y deseos continuamente insatisfechos.

2. Te conviertes en víctima de la tensión y el agobio. Si le damos más importancia a las cosas que al viaje, terminaremos comprando cosas que no necesitamos ni podemos permitirnos para impresionar a personas a quienes ni siquiera les importamos. Ese bucle de consumo nos obliga a trabajar cada vez más para mantener un estilo de vida siempre más alto. Pensamos que cuando lleguemos a cierto nivel, finalmente nos sentiremos felices y relajados, pero no es así porque siempre existe un coche más caro, una casa más grande, un ordenador más potente… 

3. Te identificas con las cosas. Quizá lo peor de todo es que, a fuerza de creer que la felicidad está en las cosas, terminamos identificándonos con ellas. Nos desconectamos de nuestra esencia y olvidamos quiénes somos dejando que nuestras posesiones hablen en nuestro lugar. De hecho, quienes están obsesionados con tener cada vez más es porque han olvidado quienes son y quieren que esas cosas les representen. Su “yo” se ha empequeñecido tanto que se encuentra oculto detrás de las cosas, como si fuera un mal actor de reparto, en vez de ser el protagonista de la obra de su vida. Cuando nos obsesionamos por poseer cosas, las cosas terminan poseyéndonos. Y eso es muy triste.

¿Cómo salir de esa trampa?


El mundo creado a nuestro alrededor está diseñado para hacernos creer que la felicidad se encuentra fuera de nosotros, en las cosas. Así terminamos corriendo dentro de un laberinto donde nuestra propia velocidad nos confunde. Simplemente no lo pensamos. De hecho, la verdadera compra racional no es aquella en la que comparamos precios y características del producto, como nos han hecho creer ya que en el fondo, la decisión de comprar ya ha sido tomada por impulso y solo nos resta elegir entre las diferentes opciones que ponen a nuestra disposición. La auténtica compra racional es aquella que pasa por la pregunta: ¿realmente lo necesito?

Para salir de esta trampa basta con darse cuenta, comprender y sentir que podemos sentirnos felices, plenos y satisfechos ahora mismo, mientras perseguimos nuestros sueños. Esto implica desligar nuestro “yo” de las posesiones, no darles el poder para amargar nuestra vida hasta el punto de agobiarnos excesivamente por conseguirlas.

No me malinterpretéis, necesitamos las cosas y algunas también nos pueden reportar satisfacción. Pero no debemos olvidar que las zapatillas son un medio para recorrer el camino, una ayuda que nos puede permitir llegar más lejos y en mejores condiciones, pero lo que verdaderamente cuenta es cuánto disfrutamos de ese camino y la persona en la que nos hemos convertido mientras lo recorremos. Todo lo demás es secundario.

Este corto refleja a la perfección la trampa en la que estamos inmersos.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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