Niños que gritan a sus profesores, un reflejo de padres con la misma actitud


Historias de vejaciones, gritos e insultos en las clases a los profesores hay muchas, quizá demasiadas. Una de las más recientes proviene de un profesor de instituto de Toledo, quien cuando llegó un día al aula, se encontró con una alumna sentada al revés, dando la espalda a la pizarra. Le pidió que se diera la vuelta pero la estudiante de 13 años le respondió: "¿No has venido a dar clase? Pues da la clase y déjame en paz".

Esa misma niña tuvo problemas con otros profesores, hasta que el colegio decidió llamar a la familia. El profesor, quien tiene 25 años de experiencia en la enseñanza, confesó que fue casi peor el remedio que la enfermedad, porque el padre se enfrentó a los profesores afirmando que le tenían “manía” a su hija.

Por desgracia, esta historia no es extraordinaria sino bastante común, es una gota en el océano en el que tienen que navegar día a día los profesores. 

Datos que alarman y animan a la reflexión


Una encuesta realizada por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), reveló que el 90% de los profesores entrevistados asegura que ha tenido que enfrentarse a algún tipo de violencia en su centro escolar. Las situaciones más habituales son: insultos, vejaciones, vandalismo, violencia psicológica, amenazas por parte del alumnado y de sus familias, falta de respeto y de reconocimiento de la autoridad, así como enfrentamientos a través de WhatsApp.

En esa misma encuesta, realizada a 2.000 profesores de primaria y secundaria, se apreció que más de la cuarta parte consideraba que la vida en el colegio no era agradable y que la disciplina era insuficiente. Un 75% indicó que el profesorado tiene muy poca o ninguna autoridad. Un 28% afirmó que las relaciones que mantienen con los padres de los alumnos son "muy malas", "no buenas" o inexistentes.

Estas cifras ponen de manifiesto que, en los últimos años los profesores han ido perdiendo autoridad paulatinamente con sus estudiantes, y que se sienten desprotegidos y abandonados por el propio centro educativo y las leyes, las cuales suelen maniatarlos cada vez más a favor de los menores y sus padres.

No hay que buscar culpables, ni de un lado ni de otro, sino relacionarnos desde el respeto mutuo.

La educación empieza en el hogar


Una parte importante de la responsabilidad de esta situación recae sobre los padres, quienes tienen el deber de educar a sus hijos en el respeto a los demás. Sin embargo, los profesores han sido testigos de cómo en los últimos años cada vez más padres se ponen de parte de sus hijos, sin analizar el contexto ni la situación, presionando a los directores de las escuelas en contra de los maestros.

Por supuesto, no se trata de “darle la razón” siempre al profesor, porque a veces no la tiene, pero abordar los problemas escolares de los niños desde una perspectiva madura y respetuosa, sin ánimos de buscar culpables sino tan solo de hallar buenas soluciones, es un buen punto de partida.

Debemos recordar que una educación demasiado permisiva en casa, sin límites ni reglas claras, en ausencia de valores como el respeto, suele terminar generando comportamientos disruptivos en los niños, así como una actitud prepotente y egocéntrica, a la cual resulta muy difícil ponerle coto en la escuela.

Si bien es cierto que en los centros educativos se potencia la formación de valores, no es menos cierto que la semilla debe plantarse en el hogar. Si los niños crecen en un hogar donde los gritos o la indiferencia son el canal de comunicación habitual, es normal que se relacionen de esa manera con los demás.

La actitud de los niños casi siempre refleja la actitud de los padres, o su falta de actitud, que viene a ser lo mismo. No es culpa suya, es obligación de los progenitores educarlos en un clima de convivencia y respeto mutuo. Esto no significa que hay que educar a los niños con “mano dura”, se puede disciplinar con amor. 

Recordemos que la educación, esa que comienza en casa, es la mejor vacuna contra la violencia y el mejor regalo que podemos hacerles para que tengan una vida emocional equilibrada.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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