Abstinencia emocional: Rupturas que duelen


Cuando una relación se rompe, en especial si había un profundo vínculo emocional, es difícil pasar página. Los primeros días, semanas o incluso meses son complicados. Durante ese periodo vivimos en una auténtica montaña rusa emocional en la que podemos pasar de la tristeza y el dolor a la nostalgia y la culpa. A menudo, aunque sabemos que ese punto final es necesario, experimentamos un profundo impulso de llamar a la persona para intentar retomar la relación. En algunos casos, podemos llegar a sufrir una auténtica abstinencia emocional.

¿Qué es el síndrome de abstinencia emocional?


Cuando una persona deja de consumir una sustancia a la que era adicta, sufre lo que se conoce como síndrome de abstinencia. La interrupción del consumo genera un desequilibrio en los neurotransmisores, afectando en especial el circuito cerebral de la recompensa. En práctica, dejamos de recibir el “placer” o la “estimulación” que provocaba esa sustancia, lo cual nos deja en un estado de carencia que genera síntomas físicos y psicológicos.

Sin embargo, el síndrome de abstinencia no se limita a quienes consumen alcohol, tabaco u drogas, también se puede apreciar en las dependencias emocionales, en cuyo caso la persona no depende de una sustancia pero sí del afecto o la relación con alguien. 

De hecho, la dependencia emocional es uno de los problemas más frecuentes en las relaciones de pareja. Se trata de una adicción a la persona que termina limitando la vida y provocando una profunda insatisfacción. Durante esa relación de dependencia, la persona se vuelca en el otro, hasta el punto que se descuida a sí misma. Su foco de atención es la otra persona y antepone constantemente sus necesidades a las propias, con lo que termina generándose grandes vacíos emocionales en su interior.

A la larga, esa dependencia genera una situación asfixiante, donde faltan la libertad interior y la autonomía emocional y afectiva. Cuando esa relación se rompe, la persona entra en abstinencia. 

Por tanto, el síndrome de abstinencia emocional no es más que el conjunto de síntomas que experimenta la persona cuando rompe una relación particularmente intensa desde el punto de vista afectivo de la que era dependiente. 

Los síntomas de la abstinencia emocional


El síndrome de abstinencia emocional se produce cuando dejamos de ver a una persona con la cual manteníamos una relación muy intensa, generalmente la pareja. Lo curioso es que los síntomas de la abstinencia emocional son aún más intensos cuando se trata de una relación tóxica o conflictiva, o cuando se produjo una infidelidad.

Cuando la persona tiene una autoestima baja, los síntomas de la abstinencia emocional también son más intensos y le resultará más difícil superarlos pues tendrá una tendencia a albergar pensamientos negativos y descorazonadores.

Los síntomas de la abstinencia emocional más comunes son:

- Angustia y ansiedad por la pérdida de la persona y/o por la perspectiva de tener que rehacer la vida solos.

- Tristeza, melancolía y nostalgia por el pasado junto a esa persona.

- Pensamientos obsesivos sobre la persona, a menudo rememorando los momentos felices.

- Sentimientos de culpa y auto recriminaciones por la ruptura.

- Compulsiones relacionadas con el deseo de llamar y contactar a la persona perdida.

- Sensación de vacío e incapacidad para disfrutar de las actividades que antes generaban placer.

En algunos casos, los síntomas de la abstinencia emocional no son solo psicológicos sino que también se reflejan a nivel físico:

- Insomnio y pérdida de apetito

- Mareos, náuseas y pérdida de equilibrio

- Sensación de opresión en el pecho

- Sensación de ahogo o dificultades para respirar

En la mayoría de los casos, el síndrome de abstinencia emocional es una experiencia breve que va cediendo a medida que la persona acepta su nueva situación pero en otros casos puede vivirse con extrema intensidad. De hecho, es importante ser conscientes de que este proceso no es lineal, podemos sufrir altibajos, etapas en las que los síntomas pueden regresar con marcada intensidad y volvemos a sentir esa urgencia imperiosa de contactar y ver a la persona.

¿Cómo superar la abstinencia emocional?


- Asumir que es una etapa transitoria. Cuando perdemos a una persona querida, es normal que nos sintamos tristes y hasta enfadados. Podemos pensar que jamás volveremos a ser felices o que no encontraremos a nadie que pueda suplir ese vacío. Aunque estos pensamientos son usuales, es importante no aferrarse a ellos y comprender que simplemente estamos atravesando por una etapa puntual. Cada persona es única, al igual que cada relación que establecemos, no se trata de encontrar a alguien igual, sino a una persona diferente con la cual vivir nuevas experiencias. Debemos ser conscientes de que los primeros tres meses son los más difíciles pero luego, poco a poco, vamos asumiendo lo ocurrido y recuperando la confianza en la vida.

- Contacto nulo. Cuando hemos decidido que la relación ya no tiene futuro, seguir manteniendo el contacto, albergando la esperanza de que todo pueda arreglarse, suele ser contraproducente y solo sirve para alargar el sufrimiento y prolongar la dependencia emocional. Por eso, lo mejor es cortar el contacto ya que seguir manteniendo una relación cercana aumenta el riesgo de que se produzcan recaídas. Eso no significa que en un futuro no podamos mantener una buena relación, pero durante los primeros meses, es mejor reducir ese contacto a cero. Al igual que ocurre con las drogas, ver a la persona amada y mantener el contacto activa el circuito neuronal de la recompensa y el enamoramiento, lo cual nos impide pensar con claridad y tomar decisiones racionales que nos ayuden a sentirnos mejor.

- Buscar distracciones. No se trata de sacar un clavo con otro, ni de escapar de nuestros sentimientos sumergiéndonos en un frenesí de salidas y citas, pero en las primeras etapas es necesario ocupar la mente en otras cuestiones para no caer en el bucle de los pensamientos recurrentes negativos. Distraernos nos ayudará a pasar página, porque nos permite constatar que hay vida más allá de esa relación. De hecho, es conveniente que en esta etapa busques nuevas cosas que te motiven o retomes actividades que te agradaban y que habías dejado de lafo. Céntrate más en ti y disfruta de ello. Al final, quizá hasta termines disfrutando de esa semi-soledad.

- Retomar las relaciones sociales. Si habías dejado de lado la vida social, algo bastante común cuando se atraviesa por una dependencia emocional, la ruptura es el mejor momento para retomar las viejas amistades o conocer a nuevas personas que puedan aportarte nuevas perspectivas y te ayuden a vivir otras experiencias. Recuerda que contar con una sólida red de apoyo social es fundamental para recuperarse de los descalabros emocionales. 

- Hacer un listado de razones por las que se acabó la relación. Es normal que cuando atravesemos por el síndrome de abstinencia emocional, nos desestabilicemos sintiéndonos solos y desvalidos, como si nos hubieran arrancado una parte importante de la vida. En estas situaciones, nuestra memoria nos suele jugar malas pasadas, recordándonos únicamente los buenos momentos, como si sufriéramos una especie de amnesia para los malos momentos. Por eso, es una buena idea realizar una especie de “recordatorio de referencia” que nos ayude a recordar las razones de la ruptura y sobretodo, los propósitos de la misma, que pueden ser ganar en autonomía, recuperar nuestra identidad, mejorar nuestra autoconfianza...

- Desidealización. Una de las trampas del síndrome de abstinencia emocional, en cuya base a menudo se encuentran nuestros miedos o el vacío interior que experimentamos, consiste en idealizar a la persona perdida. De esta manera, terminamos añorando y sufriendo por una imagen irreal. Le aplicamos un “filtro mental” despojando a esas personas de sus características más negativas o dañinas, de manera que solo recordamos los rasgos más positivos. Idealizar el pasado y a la persona no nos ayudará a salir de ese bache emocional, así que debemos ser conscientes de la trampa que intenta tendernos nuestra mente y, ante cada intento de idealización debemos responder buscando los hechos que nos demuestran que el pasado no fue tan precioso.

- Elaborar un plan de emergencia. En algún momento, es probable que el impulso de volver a contactar con esa persona es muy fuerte. Debemos estar preparados para enfrentar esa pulsión y no sucumbir ante ella. Por tanto, hay que elaborar un “plan de emergencia”, como por ejemplo: en vez de llamar a esa persona, puedes llamar a alguien que pueda acompañarte, o realizar alguna actividad interesante que te ayude e borrar ese impulso de tu mente. Es importante no dejar nada a la improvisación ya que de otra manera, es probable que terminemos haciendo cosas de las que después nos arrepintamos.

Para finalizar, tenemos que tener presente que amar no es sufrir. Tenemos el derecho a ser felices, y no debemos renunciar a ello ni siquiera en nombre del amor. El verdadero amor nos da alas, no nos ata. Cuando el amor aprieta demasiado, es que no es de nuestra talla.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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