5 cosas que debes recordar cuando te sientas frustrado


La frustración es un estado bastante desagradable en el que solemos experimentar diferentes emociones, desde rabia hasta ira, pasando por la desesperanza, la desilusión y la sensación de falta de control. A veces esa frustración se dirige hacia el mundo, otras veces la experimentamos hacia nosotros mismos. Y si bien es cierto que no existen emociones negativas ya que todas tienen un mensaje que transmitirnos y son importantes, no es menos cierto que sentirse frustrados a menudo no es una experiencia agradable.

De hecho, a menudo la frustración se convierte en su propio combustible, alimentando aún más esa sensación. Podemos comenzar el día sintiéndonos frustrados debido a que apenas salimos de casa nos vimos atrapados en un atasco pero si no gestionamos esa sensación, terminará convirtiéndose en el patrón de respuesta ante todo lo que nos suceda a lo largo del día, incluyendo pequeños detalles que en otra situación quizá no le habríamos dado importancia.

El principal problema de la frustración incontrolada es que nos hace perder la paciencia y evapora al autocontrol, por lo que solemos reaccionar de manera exagerada, lo cual nos traerá problemas en las relaciones interpersonales y, por supuesto, arruinará nuestro estado de ánimo.

1. Ventilar las emociones no hará que te sientas mejor

Cuando nos sentimos enojados o frustrados, la solución más obvia suele ser ventilar esas emociones, echar fuera todos esos sentimientos que se encuentran dentro de nosotros haciéndonos sentir como una olla de presión a punto de explotar. En esos casos podemos contarle a nuestro mejor amigo todas las desgracias que nos han ocurrido a lo largo del día o descargar nuestras frustraciones a través de un videojuego violento.

Sin embargo, un experimento realizado en la Universidad Estatal de Iowa sobre la ira nos indica que quizá no es tan buena idea. Estos psicólogos les pidieron a algunas personas que golpearan un saco de boxeo para descargar su enfado y a otros les entretuvieron brindándoles información que no tenía nada que ver con la causa de su ira. Se apreció que las personas que en teoría debían deshacerse de su ira golpeando un saco de boxeo, seguían más enfadadas que aquellas que se distrajeron.

Esto no significa que en algunos momentos no necesites realmente descargar esa ira, quizá incluso de forma física, pero en la mayoría de los casos no se trata de la mejor estrategia ya que solo consigues mantener el foco sensible activo en tu mente, echando más leña al fuego.

2. Distraerte siempre es una buena estrategia

El poder de la distracción es enorme. Un estudio realizado en la Universidad Harvard sobre la relación entre el estado de ánimo y el comportamiento encontró que las personas eran más infelices cuando no tenían nada en qué centrarse. De hecho, estos psicólogos afirmaron que la distracción, entendida como el vagar sin rumbo de la mente, es una de las causas de la infelicidad.

Sin duda, después de pasar por un evento estresante que ha generado una profunda frustración, si dejamos que nuestra mente vague con completa libertad, lo más probable es que se enfoque en lo que acaba de pasar, lo cual solo servirá para acrecentar la frustración. 

Por tanto, una buena estrategia consiste en buscar algo que hacer, preferentemente entretenido y que mejore tu estado de ánimo. Si te dedicas a tu pasatiempo favorito, por ejemplo, en tu cerebro se liberarán endorfinas que te ayudarán a contrarrestar la sensación de frustración. 

3. Lo que te ha sucedido no es tan inesperado como crees

En muchos casos la frustración es el resultado de sentirnos sorprendidos porque la realidad no se correspondió con nuestras expectativas. Por ejemplo, esperábamos llegar a tiempo a la entrevista pero encontramos un atasco de tráfico, o queríamos llegar temprano a casa y la fila en el cajero fue mucho más larga de lo que esperábamos. Estas situaciones nos frustran porque, de cierta forma, las experimentamos como una ruptura del orden natural, una situación horrible para la cual no estábamos preparados.

En este sentido, el psicólogo Albert Ellis creía que la mayor parte de nuestra infelicidad proviene de expectativas confusas. Creemos que ciertas cosas no nos deben pasar, y por eso nos vuelven locos cuando ocurren. Pero si miramos con detenimiento al pasado, es probable que descubramos que esa situación frustrante no es tan improbable como pensábamos al inicio. De hecho, incluso es probable que hayamos experimentado situaciones similares en el pasado, el problema es que como no nos agradan, preferimos obviarlas y dibujar el mejor escenario posible.

La idea no es que suframos en silencio convirtiéndonos en víctimas de las circunstancias sino que comprendamos que el universo no tiene nada en nuestra contra y que a veces, gran parte de la frustración no proviene de la situación sino de nuestras expectativas incumplidas.

4. Podrías estar frustrado por otra razón

Si a menudo te descubres reaccionando con frustración ante pequeños incidentes, es probable que la causa se encuentre en otra parte. A veces proyectamos nuestras emociones negativas sobre otra cosa que no guarda ninguna relación con lo que nos está haciendo infelices. De hecho, los mecanismos de defensa nos sirven precisamente para desplazar algunos sentimientos negativos hacia otras cosas o personas. 

Por tanto, cuando notes que reaccionas de manera exagerada ante ciertos sucesos, que pierdes los estribos o te enfadas excesivamente, es probable que necesites resolver otro conflicto subyacente. Quizá te sientes profundamente decepcionado con alguien, pero no te atreves a reconocerlo y estás desplazando ese problema.

Por supuesto, pensar en lo que realmente te molesta no te garantiza que te sentirás mejor, a veces incluso puedes sentirte peor cuando descubras el verdadero problema. Sin embargo, la única manera de aliviar esas sensaciones negativas es hacerle frente a lo que te incomoda y molesta de verdad.

5. No seas tan duro contigo mismo

A menudo, cuando estamos frustrados, hay un rezago de ira oculto hacia nosotros mismos. Si los sucesos nos vuelven locos, es porque pueden recordarnos algo acerca de nosotros mismos que pensamos que es horrible y no queremos aceptar. Por ejemplo, si llegamos tarde a una cita debido a un atasco, podemos pensar inconscientemente que en el fondo la culpa es nuestra porque no fuimos lo suficientemente previsores.

Si nos quedamos atrapados en este tipo de pensamientos, nos meteremos de cabeza en un bucle de auto-negatividad, enojándonos con nosotros mismos por estar frustrados por una situación insignificante o haciendo que atravesemos una y otra vez por el mismo suceso frustrante. De hecho, esa es precisamente la idea budista detrás del saṃsāra, según el cual nos quedamos atrapados en un ciclo negativo hasta que no aprendamos la lección. 

El problema es que culparnos no sirve de nada, sino para alentar la frustración. El mejor remedio es practicar la compasión, perdonarnos, reconocer nuestros errores o defectos, e intentar mejorar un poco cada día. La aceptación también es una estrategia fundamental si quieres aprender cómo superar la frustración de manera asertiva. Después de todo, pelear con nosotros mismos no tiene mucho sentido. 


Fuentes:
Killingsworth, M.A. & Gilbert, D.T. (2010) A wandering mind is an unhappy mind. Science; 330(6006): 932. 
Bushman, B. J. (2002) Does Venting Anger Feed or Extinguish the Flame? Catharsis, Rumination, Distraction, Anger, and Aggressive Responding. PSPB; 28(6) 724-731.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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