7 rasgos de las personalidades intimidantes


No es lo mismo tener un carácter fuerte que poseer una personalidad intimidante. Quienes han tenido que enfrentarse a lo largo de su vida a situaciones difíciles, a menudo desarrollan un carácter fuerte, templado en el “campo de batalla”. Se trata de personas resilientes que han aprendido a luchar contra viento y marea y saben darle a cada cosa la importancia que merece, ni más ni menos.

Sin embargo, también hay quienes desarrollan una personalidad intimidante, hasta tal punto que llegan a generar miedo en los demás. A menudo estas personas ni siquiera son plenamente conscientes del efecto que generan pues en muchos casos tienen buenas intenciones pero su forma de hablar, comportarse o sus gestos son tan duros que llegan a ser amenazadores.

Los 7 rasgos que diferencian a las personalidades intimidantes


1. No tienen pelos en la lengua

Una de las principales características de quienes tienen una personalidad intimidante es su sinceridad. De hecho, estas personas se vanaglorian de su honestidad. Dado que no tienen pelos en la lengua, expresan lo que sienten o piensan sin ningún tamiz. Creen que decir las cosas con un poco más de tacto implica falsear la verdad, por lo que a menudo son excesivamente directos.

El problema es que estas personas no conocen la amabilidad y no son precisamente muy asertivas, por lo que aunque sus palabras sean ciertas, pueden herir profundamente a los demás, haciendo que la verdad sea aún más cruda y dolorosa. En muchos casos, en su intento por decir lo que piensan y sienten sin matices, pueden caer en el sincericidio.

2. Son muy independientes

Las personas con una personalidad intimidante normalmente han tenido que enfrentar varios problemas a lo largo de su vida, por lo que han aprendido a valerse por sí mismas. Como resultado, suelen ser extremadamente independientes y casi nunca buscan la ayuda de los demás para resolver sus problemas. Algunas incluso creen que pedir ayuda es de débiles.

Esta característica es positiva ya que les permite seguir creciendo y desarrollando la resiliencia pero en algunos casos puede hacer que cometan el error de exigirse demasiado y llevarse al límite de sus fuerzas. Pedir ayuda es signo de inteligencia, no de fragilidad. A veces todo lo que necesitamos es otra perspectiva, una mano amiga en la cual apoyarnos para seguir adelante o simplemente alguien que nos escuche. 

3. Son tajantes en sus opiniones

Quienes tienen una personalidad intimidante a menudo expresan sus opiniones como si fueran verdades incuestionables. Como resultado, sus palabras dejan tras de sí un gélido silencio puesto que los demás no se atreven a contradecirle.

Estas personas se expresan de manera demasiado categórica, en realidad no expresan opiniones sino que lanzan conclusiones. A veces no lo hacen a propósito sino que se trata de su manera de hablar, pero parece como si siempre quisieran decir la última palabra, dejando zanjado el tema. Por eso los demás temen disentir.

El problema es que de esta manera las otras personas se sienten excluidas, no tienen la oportunidad de expresar sus sentimientos y opiniones. Así se crea un monólogo en el que se pierde la riqueza de la relación.

4. Juzgan a los demás por su “debilidad”

Las personas con una personalidad intimidante no se andan con medias tintas cuando detectan lo que consideran una “debilidad”. Dado que se sienten orgullosas de su fortaleza, no dudan en señalar las muestras de debilidad. El problema es que son tan duras en sus críticas, que las otras personas llegan a sentirse mal. Además, la crítica de las personas intimidantes no suele dar soluciones sino que se limita a resaltar lo “negativo”. 

Por si fuera poco, estas personas suelen rechazar todas las emociones que consideran una muestra de debilidad, como el llanto, la tristeza o la nostalgia, por lo que terminan creando una barrera a su alrededor. Los demás no actúan de manera espontánea cuando se acerca puesto que temen ser juzgados por sus sentimientos. Tampoco buscarán su apoyo cuando lo necesiten pues saben que serán catalogados como frágiles y en vez de encontrar comprensión chocarán contra el muro de la crítica.

5. Prefieren los actos a las palabras

Uno de los rasgos positivos de quienes tienen una personalidad intimidante es que suelen ser conscientes de que no somos lo que decimos sino lo que hacemos. Por eso suelen ser personas proactivas, que no le dan demasiadas vueltas a las cosas e inmediatamente se ponen manos a la obra.

Esta preferencia por la acción también puede llevarles a rozar la impulsividad y a menudo hace que les resulte difícil tolerar las pequeñas charlas intrascendentes y que tengan más dificultades a la hora de socializar.

El problema es que estas personas no comprenden el objetivo de esas discusiones infinitas que no conducirán directamente a conclusiones o resultados, por lo que a menudo se enfadan o zanjan el asunto con frases lapidarias haciendo que los demás se sientan inadecuados o incapaces.

6. Ven las cosas en blanco y negro

Las personas con una personalidad intimidante suelen tener un pensamiento bastante rígido, por lo que a menudo creen que las cosas son en blanco y negro. Consideran que no hay términos medios, las cosas o se hacen bien o no se hacen. Y si alguien comete un error, cualquier intento de explicación lo catalogan como una excusa.

Esa forma rígida de ver el mundo genera grandes conflictos en sus relaciones interpersonales. Las personas que le rodean se sienten continuamente tensas ya que saben que su desempeño está siendo juzgado y que no se admiten errores.

Esta visión también les lleva a ser muy duros consigo mismos y a exigirse demasiado, por lo que a menudo experimentan una gran tensión interior que les vuelve más irritables e irascibles.

7. No buscan aprobación

Estas personas no suelen dejarse influenciar por las opiniones de los demás, saben exactamente lo que quieren y van a por ello. Suele tratarse de personas con una gran autoconfianza que no necesitan la aprobación o la atención de los demás para sentirse bien.

Sin embargo, esta característica aparentemente positiva puede tener un lado negativo si se lleva al extremo. De hecho, a menudo las personas más cercanas a quien tiene una personalidad intimidante la sienten distantes emocionalmente y perciben que sus opiniones y deseos no son tenidos en cuenta. El problema es que toda relación está compuesta por dos personas y es fundamental que las decisiones sean tomadas entre los dos.

La vulnerabilidad, por otra parte, también actúa como un pegamento social que nos acerca emocionalmente a los demás. Apoyarse en las personas más cercanas y tener en cuenta su opinión es también una muestra de respeto y confianza que los demás a veces necesitan.

Las personalidades intimidantes pueden dejar a su paso cicatrices emocionales


Las personalidades intimidantes pueden terminar causando daño a los demás y al final pueden quedarse solas ya que los otros no crearán un auténtico vínculo emocional sino que se relacionarán desde el temor y manteniendo una distancia psicológica en la que se sientan "a salvo".

Tener una personalidad intimidante no es negativo, pero es conveniente que estas personas aprendan a gestionar mejor algunos de esos rasgos. El objetivo no es mentir ni esconder los sentimientos sino aprender a expresarse de manera más asertiva, sin herir a los demás y desde una postura de respeto y tolerancia.

Para desarrollar una actitud más empática y abierta es fundamental que las personas con una personalidad intimidante cambien tres creencias que se encuentran en la base de su forma de relacionarse con los demás:

1. Cada quien es único. Las otras personas no han tenido tus mismas experiencias de vida, no debes juzgarles por ello. Cada quien es único, y responde lo mejor que puede, según sus vivencias y las herramientas de vida que ha ido acumulando. Si en vez de criticarlas las ayudas a crecer y ser más resilientes les estarás haciendo un enorme regalo.

2. Ser vulnerables no es malo. La vulnerabilidad solo significa que eres humano, no es negativa sino que te acerca a los demás. De hecho, a veces construir una coraza para protegerte de la adversidad puede terminar aislándote de los demás. La vulnerabilidad es lo que te permite conectar con los otros.

3. El mundo está lleno de colores. Entre el blanco y el negro existe una paleta inmensa de colores. Cuando lo comprendes desarrollarás un pensamiento más flexible que te permitirá asumir una actitud más tolerante y menos perfeccionista. No solo podrás apreciar mejor las pequeñas sutilezas de la vida sino que de repente tus relaciones interpersonales serán mucho más fluidas.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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