Deudas relacionales: ¿Cómo las contraemos sin percatarnos?


Es probable que las palabras “deudas relacionales” no te resulten familiares pero de seguro conoces el escenario en el que se generan. De hecho, es probable que ahora mismo tengas algunas deudas relacionales pendientes de “pago”, y también es probable que las hayas contraído sin ser plenamente consciente de su envergadura y el sacrificio que representarían en tu vida.


¿Qué son las deudas relacionales?


Las deudas relacionales se generan en aquellas situaciones en las que cedemos algo muy importante para nosotros pero, como contrapartida, le exigimos demasiado a cambio a la persona por la cual hicimos el sacrificio. Entonces esa persona pasa a contraer una “deuda relacional” con nosotros.

En palabras más sencillas sería algo parecido a: “yo he hecho este enorme sacrificio por ti, por lo que espero que me recompenses haciendo un sacrificio similar por mí”.

Las deudas relacionales suelen generarse entre personas que tienen profundos vínculos afectivos, como las parejas o entre padres e hijos, aunque también pueden aparecer entre amigos o compañeros de trabajo. Un ejemplo es el de la persona que abandona su trabajo y se muda a otra ciudad para irse a vivir con su pareja, pero luego le saca en cara continuamente su sacrificio, haciendo que esta se sienta en deuda permanente y le deba compensar de todas las maneras posibles.

La trampa mortal que encierran las deudas relacionales


El principal problema de las deudas relacionales es que no se habla claro desde el inicio. De hecho, si antes de tomar la decisión la persona que hace el sacrificio y asume el papel de “acreedor” fuera clara en sus condiciones y el “deudor” tuviera la posibilidad de elegir, no habría problemas ya que se trataría de un intercambio de favores o sacrificios entre personas maduras.

Desde esta perspectiva, se trataría de una decisión consensuada, un trato donde ambos se comprometen a hacer sacrificios para obtener algo a cambio. El problema surge cuando el acreedor reclama su compensación a posteriori, y generalmente el deudor se ve obligado a hacerle frente a una serie de exigencias injustificables y desproporcionadas.

De hecho, en muchos casos esas deudas relacionales se convierten en auténticos chantajes emocionales que se cobran a lo largo de los años. De esta manera, el deudor termina en manos de su acreedor, quien no parará de exigirle sacrificios para que le compense todo lo que ha hecho por él o ella.

Dos actores inconscientes de una mala obra


En las deudas relacionales normalmente intervienen dos actores, muchas veces de manera inconsciente. En la mayoría de los casos, la persona que hace el sacrificio no es plenamente consciente de la renuncia que ha hecho. Por ejemplo, la persona que abandona su vida anterior parar mudarse con su pareja, no se da cuenta de la envergadura de su decisión hasta semanas o meses más tarde. Y en ese momento, generalmente debido a la frustración, quiere cobrar la deuda que piensa que su pareja ha contraído puesto que ha dejado que sea él/ella quien haga el mayor sacrificio.

Por otra parte, en algunos casos el deudor tampoco es plenamente consciente del sacrificio que ha realizado el otro. Dado que todos somos diferentes y tenemos distintas prioridades y apegos en la vida, a veces es difícil darse cuenta de la magnitud del sacrificio que otra persona puede hacer por nosotros. Por eso, cuando llega la hora de pagar la cuenta, puede parecernos que la factura es desproporcionada.

En cualquier caso, las deudas relacionales contraídas de esta manera suelen percibirse como injustas porque implican que la persona que adquiere el rol de deudor debe someterse a la autoridad o los deseos de su acreedor. Así suele empezar un proceso de abuso emocional que termina generando un profundo sentimiento de culpabilidad.

¿Cómo evitar las deudas relacionales?


Hay personas que han pasado años pagando “deudas” que le debían a sus padres, solo porque estos hicieron un gran esfuerzo económico que nunca le pidieron. También hay quienes llevan años cobrándole a su pareja un "sacrificio" que esa persona nunca le pidió.

Para evitar las deudas relacionales lo mejor es hablar claro desde el inicio, que ambas partes pongan sus cartas sobre la mesa. Es fundamental valorar el esfuerzo que hace cada quien en su justa medida y establecer límites, porque un “no” a tiempo es mucho más beneficioso que contraer una deuda que a la larga incluso termine arruinando la relación.

- Si eres la persona que va a hacer un sacrificio, es importante que quien lo reciba sea consciente de lo que significa para ti esa renuncia. También es fundamental que dejes claro lo que esperas a cambio. A primera vista puede parecer una relación fría o calculadora, pero es la mejor manera para evitar malentendidos y frustraciones al final que terminen arrastrándoos en una relación tóxica.

- Si eres la persona a quien le están reclamando una deuda relacional, es fundamental que no te dejes arrastrar por exigencias desmesuradas. Deja claro hasta dónde estás dispuesto a llegar y qué sacrificios puedes hacer. Si sospechas que alguien está haciendo una gran renuncia por ti, saca el tema a colación y deja clara tu posición. Si te parece que sus exigencias son desmesuradas o no estás dispuesto a hacer renuncias, lo mejor es que declines ese favor.

Recordemos una frase de Nietzsche: "Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud". No te conviertas en una de ellas.

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Jennifer Delgado Suárez

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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