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¿Por qué un psicólogo nunca te dirá qué debes hacer?


Al inicio de la relación psicoterapéutica, una de las situaciones más frustrantes para la mayoría de los pacientes es descubrir que el psicólogo no les dirá qué deben hacer. Muchas personas acuden a la consulta de Psicología con problemas concretos para los que quieren soluciones concretas, y en el menor tiempo posible. En realidad, esperan que el psicólogo tome la decisión por ellos. Y pueden llegar a frustrarse o incluso abandonar la terapia cuando se dan cuenta de que eso no sucederá.

Nivelación de expectativas en la relación psicoterapéutica


Una de las primeras tareas del psicólogo consiste en nivelar las expectativas del paciente. Muchas personas, cuando deciden acudir al psicoterapeuta, es porque ya se sienten al límite de sus fuerzas emocionales. Por eso, ponen grandes expectativas en la relación psicoterapéutica.

Sin embargo, la Psicología no es magia. Para que funcione se necesita tiempo y compromiso por parte del paciente. Los problemas que han tardado meses o incluso años en instaurarse no se pueden solucionar en tres sesiones.

Por otra parte, a menudo las personas ven al psicólogo como un gurú, y esperan descargar sobre este la responsabilidad de las decisiones que deben tomar. En el fondo, suponen que el psicólogo es un ser humano más competente. Piensan: “¿Quién soy yo para tomar decisiones tan importantes en mi vida? ¿Estoy realmente calificado para tomar ese tipo de decisiones?

El psicoterapeuta, por otra parte, a menudo es percibido como un experto, una especie de progenitor sustituto que conoce mejor las respuestas. Entonces el paciente asume el rol del niño en el cuerpo de un adulto, que fantasea acerca de lo agradable que sería depositar toda su responsabilidad y dejar que el psicólogo/progenitor haga el trabajo pesado y tome las decisiones difíciles. 

De esta forma, si las cosas van mal, tendrá a alguien a quien culpar por la mala decisión. Obviamente, eso no debe ni puede ocurrir.

Por eso, el psicólogo debe indagar en las expectativas del paciente y, desde el primer momento, ser claro con el enfoque terapéutico a seguir. Esto significa explicarle que actuará como orientador, no como un "solucionador exprés" de problemas.

Cinco razones por las que un psicólogo nunca te dirá qué debes hacer


1. Porque debes seguir tu propio ritmo de afrontamiento. Un psicólogo puede ver a una pareja y pensar que la decisión más inteligente sería el divorcio, pero hay quienes prefieren mantener un matrimonio conflictivo porque siguen manteniendo lazos emocionales que los atan. Por tanto, la opinión del psicólogo podría ser la mejor solución para la pareja, pero no en ese preciso momento porque no están preparados para dar el paso.

Cada persona sigue un ritmo diferente para adaptarse a la realidad, ese ritmo que no se debe violentar en exceso. A través del tiempo la persona gana experiencias y recopila datos que le permiten tomar una decisión más informada y consciente. Si se violenta el ritmo, es probable que la persona luego se arrepienta de sus decisiones, se culpe o no se responsabilice.

Por eso, el rol del psicólogo es ayudarte a comprender lo que es mejor para ti y lo que quieres de verdad. Además de ayudarte a analizar las experiencias desde una perspectiva más objetiva y desapegada.

2. Porque debes asumir la responsabilidad por tus decisiones. Uno de los principales objetivos de la terapia suele ser lograr que la persona desarrolle un locus de control interno; es decir, que tome las riendas de su vida. Si el psicólogo es quien toma las decisiones, eso no sucederá, la persona seguirá teniendo un locus de control interno, lo cual significa que no habrá crecido con la terapia.

En otros casos, las personas acuden a la consulta solo para encontrar una validación. Es decir, ya han tomado decisiones pero no se atreven a ponerlas en práctica y buscan la confirmación del psicólogo. En práctica, no se sienten suficientemente seguras y necesitan la validación de un profesional.

Dado que en el fondo, toda inseguridad es una resistencia al cambio, un bloqueo emocional o un mensaje del instinto, el rol del psicoterapeuta es ayudar a la persona a comprender qué la detiene y ampliar su horizonte de posibilidades. A lo largo de ese camino, es probable que la persona encuentre otra solución con la que se sienta más cómoda y la anime a actuar o que se sienta realmente segura de la decisión que ha tomado.

3. Porque debes comprender que no existen buenas o malas decisiones. Solo existen tus decisiones, que probablemente serán las más adecuadas según el momento de la vida que estás atravesando y las experiencias que tienes. Quienes se encuentran a tu alrededor pueden opinar, pero dado que no han caminado usando tus zapatos y, sobre todo, dado que no seguirán tu camino, eres tú quien debe decidir qué quieres hacer.

Parte del trabajo del psicólogo consiste en hacer que la persona comprenda que, para moverse en la vida, es necesario tomar decisiones. También es su misión eliminar el miedo a los errores y los fracasos porque casi siempre es posible corregir el rumbo. Cada decisión es solo una experiencia. 

4. Porque es muy probable que reacciones mal ante los consejos. Es cierto que el psicólogo, como profesional experimentado de la mente y las relaciones humanas, suele ver más allá de lo que aprecia la persona que se encuentra inmersa en el problema. Sin embargo, eso no significa que sea superior ni que posea todas las respuestas porque la persona más calificada para tomar decisiones vitales eres tú misma.

Además, es probable que sus consejos te enfaden o te hagan sentir inseguro, simplemente porque necesitas atravesar una serie de cambios y aún no estás preparado para tomar las decisiones correspondientes y pasar a la acción.

Como resultado, es probable que cuando el psicoterapeuta te dé un consejo, la primera reacción sea de alegría ya que finalmente sabes qué debes hacer. No obstante, más tarde, mientras procrastinas el consejo, dado que aún no estás listo, empezarás a buscar razones en contra, de manera que incluso puedes llegar a pensar: “¡¿Cómo se atreve a decirme qué debo hacer?!” Y en ese punto la relación terapéutica se resentirá.

5. Porque debes crecer y no desarrollar una dependencia al psicólogo. Ir a terapia no es como llevar el coche al taller. Cuando llevas el coche al taller porque tiene un problema, esperas que te lo solucionen pero no esperas aprender mecánica. Cuando decides ir a terapia esperas lo mismo pero es justo lo contrario: debes aprender "mecánica psicológica" para solucionar por ti mismo no solo el problema que ahora te afecta sino también las posibles dificultades que se presenten en el futuro. 

Si el psicólogo toma las decisiones por ti terminarás creando una dependencia, y eso significa que la terapia habrá fracasado. Uno de los objetivos de la psicoterapia es, precisamente, lograr que la persona sea más independiente, autodeterminada y segura. 

En cualquier caso, la relación psicoterapéutica realmente eficaz y desarrolladora es la que describió Robert Peck, quien la definió como “La lucha y el compromiso humano. Es el deseo del terapeuta de ofrecerse al cliente y ver su crecimiento. El deseo de arriesgarse, de implicarse de verdad, emocionalmente, en la relación; de luchar de verdad con el cliente y consigo mismo”.

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¿Cómo el sesgo de confirmación nos empuja a tomar malas decisiones en la vida?


El sesgo de confirmación es la tendencia a buscar, interpretar y recordar información que confirme nuestras creencias preexistentes. En otras palabras, consiste en fijarse y recordar solo los detalles que confirman nuestras expectativas o estereotipos.

La mayoría de las personas piensa que está libre de este sesgo cognitivo, pero lo cierto es que todos lo sufrimos, y es mucho más frecuente de lo que estaríamos dispuestos a reconocer. Lo peor de todo es que no solemos darnos cuenta y nos lleva a tomar malas decisiones en la vida. 

¿Cómo nos afecta el sesgo de confirmación?


1. Al buscar información. El sesgo de confirmación afecta la forma en que observamos el mundo que nos rodea. Si nos sentimos tristes, solos y desesperanzados, es probable que solo nos fijemos en lo felices que se ven los demás. A la vez, solo nos fijaremos en los sucesos negativos que nos ocurren, exagerando sus consecuencias. El sesgo de confirmación funciona como unos cristales grises que nos impiden ver los colores que nos rodean. De esta forma, solo nos fijamos en los detalles que confirman nuestra creencia y estado de ánimo.

2. Al interpretar los datos. No tenemos una visión objetiva de la realidad, todo lo que nos sucede pasa por nuestros filtros mentales. De hecho, ni siquiera reaccionamos ante los eventos sino ante la interpretación que hacemos de lo que nos ocurre. Sin embargo, el sesgo de confirmación hace que esa interpretación sea aún más subjetiva ya que le damos a los datos el significado que más nos conviene, para ratificar lo que queremos creer. Esa es la razón por la cual, cuando nos estamos enamorando vemos en esa persona a un Adonis pero durante el desenamoramiento comenzamos a notar sus defectos.

3. Al recordar las cosas. Nuestra memoria no es un almacén donde colocamos todos nuestros recuerdos a buen recaudo. Los recuerdos cambian constantemente y no están a salvo del sesgo de confirmación. Un experimento clásico de la Psicología demostró que, en un juego entre las universidades de Princeton y Dartmouth, los estudiantes de las respectivas universidades que acudieron como espectadores recordaban más las faltas que había cometido el equipo contrario. Esto significa que cuando queremos que algo sea real, podemos elegir qué recuerdos lo confirman, o incluso retocar algunas de nuestras memorias.

¿Por qué todos somos víctimas del sesgo de confirmación?


No nos gusta equivocarnos, creemos que cometer errores nos convierte en personas menos listas y capaces. Esa es una de las razones por las que buscamos evidencias que respalden nuestras creencias y opiniones. Así evitamos la disonancia cognitiva, un fenómeno particularmente desagradable con el que no nos gusta lidiar porque en muchos casos conlleva a un cambio en la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Así lo confirma un experimento realizado en la Universidad del Sur de California en el que los investigadores presentaron a los participantes evidencias contrarias a sus creencias políticas mientras eran sometidos a un escáner cerebral. Apreciaron que en las personas se activaban las áreas del cerebro asociadas con el dolor físico. Eso significa que percibimos la disonancia cognitiva como un hecho doloroso con el cual nos resulta difícil lidiar.

Obviamente, es fácil aceptar puntos de vista diferentes cuando se trata de cosas que no nos importan mucho pero todo cambia cuando esos hechos se refieren a creencias profundamente arraigadas que forman parte del núcleo central de nuestra identidad. En esos casos, el ataque a nuestro ego es demasiado grande, lo cual genera ansiedad y estrés. 

De hecho, se ha apreciado que una situación de disonancia cognitiva desencadena una respuesta de lucha o huida, la misma que se activa cuando creemos que estamos en peligro. Por tanto, podemos reaccionar escapando o luchando, en el sentido más literal o metafórico del término. En cualquier caso, ponemos en marcha el sesgo de confirmación, el cual nos ayuda a recuperar el equilibrio perdido, afianzando la imagen que tenemos de nosotros mismos.

A la disonancia cognitiva se le suman otros fenómenos que acentúan aún más el sesgo de confirmación:

1. El objetivo esencial de nuestro cerebro es la autoprotección, lo cual se aplica tanto en el plano físico como psicológico. Dado que los hechos contrapuestos desafían nuestra identidad, el cerebro los percibe como una amenaza psicológica pero se protege como si fuera una amenaza física real.

2. Hay demasiada información que procesar. Barajar hipótesis opuestas y tratar de evaluar las evidencias a favor y en contra de cada una es un proceso mental que requiere una gran energía. En esos casos, nuestro cerebro puede “optimizar” un acceso directo para llegar más rápido a una solución. Y por supuesto, es mucho más fácil centrarse en lo que ya conocemos que respalde nuestras creencias.

¿Cómo evitar el sesgo de confirmación?


Si bien es imposible deshacerse por completo de los sesgos cognitivos, podemos tomar algunas precauciones para que no nos lleven a tomar malas decisiones en la vida. De hecho, tomar decisiones desde una perspectiva sesgada suele conducirnos a las recriminaciones y los arrepentimientos.

1. Asumir la vida con curiosidad, no desde la convicción

Cuando asumimos cada interacción como una posibilidad para ponernos a prueba, adoptando convicciones rígidas, inevitablemente sucumbiremos al sesgo de confirmación. 

Así lo demuestra un estudio realizado en la Universidad de Columbia. Estos investigadores analizaron a dos grupos de niños en edad escolar: el primer grupo solía evitar los problemas desafiantes por miedo a equivocarse mientras que el segundo grupo buscaba activamente nuevos retos ya que los comprendían como oportunidades de aprendizaje. Descubrieron que el segundo grupo superó con creces al primero.

Eso significa que debemos concentrarnos menos en tener razón y más en experimentar la vida con curiosidad, con la actitud del estudiante eterno o del niño que se maravilla. Debemos estar dispuestos a equivocarnos porque solo así podremos abrirnos a nuevas ideas.

2. Buscar el desacuerdo

Comprender varios puntos de vista puede ayudarnos a refinar nuestra perspectiva e incluso hacer que cambiemos nuestras creencias más arraigadas. ¿El truco? Rodearse de personas que tengan puntos de vista opuestos.

Cuando lidiamos con gente que piensa de manera diferente, nos abrimos a la diversidad y esta deja de molestarnos. Por tanto, nuestro ego no se siente atacado continuamente y es menos probable que necesitemos activar el sesgo de confirmación.

De hecho, una técnica muy eficaz para tomar decisiones importantes en la vida consiste en perdirle a alguien cercano que haga de “abogado del diablo” y nos brinde sus razones para no tomar la decisión hacia la que más nos sentimos inclinados. Eso nos hará ver otros puntos de vista y tomar una decisión más racional.

3. Reflexionar sobre el pensamiento

Para luchar contra los sesgos cognitivos, debemos aprender a detectar nuestras reacciones instintivas. Por tanto, la próxima vez que encuentres datos que confirmen completamente tu visión del mundo, detente y piensa en todas las suposiciones que probablemente estás haciendo. Busca formas de demostrar que estás equivocado centrándote en todos los detalles que probablemente estás pasando por alto.

La introspección siempre es un buen ejercicio porque nos permite conocernos mejor y mantenernos atentos a los sesgos que puede activar automáticamente el cerebro. Un excelente ejercicio, para que nuestro ego no se sienta atacado, consiste en imaginar que somos otra persona, que piensa de manera completamente diferente. Al ponernos en su lugar podemos encontrar razonamientos y puntos de vista diferente que saquen a colación nuestros sesgos cognitivos.


Fuentes:
Kaplan, J. T. et. Al. (2016) Neural correlates of maintaining one’s political beliefs in the face of counterevidence. Scientific Reports; 6: 39589.
Dweck, C.S. (1990) Self-theories and goals: their role in motivation, personality, and development. Nebr Symp Motiv;38: 199-235.
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Nervio vago y ansiedad: Todo lo que debes saber


El nervio vago es el décimo de los doce pares craneales y es el más largo del cuerpo. De hecho, la palabra vagus significa "vagabundo" en latín, lo cual ilustra a la perfección el recorrido de este nervio que se extiende por varios órganos del cuerpo.

El nervio vago nace en la caja craneal, exactamente en el bulbo raquídeo, y desciende por el cuello, desarrollándose en dos ramas que llegan hasta el abdomen pasando por los diferentes órganos que halla a lo largo del camino.

El nervio vago interviene en la sensibilidad de las mucosas respiratorias y transmite el ritmo, fuerza y frecuencia de la respiración. Inerva la faringe, la laringe, el esófago, la tráquea y los bronquios, además de suministrarle fibras nerviosas al corazón, el estómago, el páncreas y el hígado. Sin embargo, también se encarga de la misión inversa; es decir, recibe las señales de los órganos internos y las envía al cerebro para que este las procese.


Aunque quizá lo más interesante es la relación entre el nervio vago y ansiedad ya que este también transmite las señales de nerviosismo o calma, ira o relajación.

Para entender el vínculo entre el nervio vago y ansiedad necesitamos comprender que el sistema nervioso está formado de dos sistemas “opuestos” que envían información constantemente al cerebro. 

El sistema nervioso simpático nos prepara para la acción, por lo que se alimenta fundamentalmente de hormonas como la adrenalina y el cortisol. El sistema nervioso parasimpático interviene en el descanso y la relajación. 

En práctica, ambos sistemas funcionan como un acelerador y desacelerador. El sistema nervioso simpático nos acelera y activa mientras que el sistema nervioso parasimpático nos ayuda a relajarnos y reducir la velocidad, para lo cual recurre a neurotransmisores como la acetilcolina, que disminuye la frecuencia cardíaca y la presión arterial para lograr que los órganos funcionen más despacio.

Las funciones del nervio vago


El nervio vago controla el sistema parasimpático. Interviene en muchísimas funciones, desde los movimientos de la boca hasta los latidos del corazón y, de la misma manera, cuando se encuentra afectado puede provocar diferentes síntomas. Algunas de las funciones del nervio vago en nuestro organismo son: 

- Contribuye a regular los latidos del corazón, controla los movimientos musculares y mantiene el ritmo de la respiración.

- Mantiene el tracto digestivo funcionando, permitiendo la contracción de los músculos del estómago y los intestinos para digerir los alimentos.

- Facilita la relajación después de una situación de estrés o indica que estamos en peligro y no debemos bajar la guardia.

- Envía información sensorial al cerebro sobre el estado de los órganos.

Nervio vago y ansiedad


Cuando estamos sometidos a situaciones estresantes, se activa el sistema nervioso simpático. Si la tensión perdura y no somos capaces de desactivar la respuesta fisiológica que este desencadena, los problemas no tardarán en aparecer. A nivel cerebral esto supone la activación de dos vías: el eje Hipotalámico-Pituitario-Adrenal y el eje Cerebro-Intestino.

El cerebro responde al estrés y la ansiedad aumentando la producción de hormonas (CRF) que viajan desde el hipotálamo hasta la glándula pituitaria en donde induce la liberación de otra hormona (ACTH) que, a su vez viaja por el torrente circulatorio hasta las glándulas adrenales para liberar cortisol y adrenalina, que actúan como supresores del sistema inmune y precursor de la inflamación, razón por la cual cuando nos sentimos estresados y ansiosos nos enfermamos más y, a la postre, podemos terminar padeciendo depresión, un trastorno que se ha relacionado con una respuesta inflamatoria del cerebro.

Por si fuera poco, el estrés crónico y la ansiedad causan un incremento de glutamato a nivel cerebral, un neurotransmisor que, cuando se produce en exceso, provoca migrañas, depresión y ansiedad. Además, un nivel elevado de cortisol reduce el volumen del hipocampo, la parte del cerebro encargada de la formación de nuevos recuerdos de los acontecimientos experimentados.

Una afectación del nervio vago dará lugar a síntomas como mareos, problemas gastrointestinales, arritmia, dificultades en el ritmo respiratorio y respuestas emocionales desproporcionadas. De hecho, dado que el nervio vago no es capaz de activar la señal de relajación, el sistema nervioso simpático sigue activo, lo cual hará que la persona responda de manera impulsiva y sufra ansiedad.

También es curioso que, un estudio desarrollado en la Universidad de Miami, reveló que el tono vagal se transmite de madre a hijo. Las mujeres que sufrían ansiedad, depresión o que experimentaron mucha ira durante su embarazo tenían una actividad vagal menor y sus bebés recién nacidos también mostraban una actividad vagal baja, así como niveles más bajos de dopamina y serotonina.

3 técnicas de estimulación vagal: ¿Cómo cuidar el nervio vago?


El tono vagal es un proceso biológico interno que representa la actividad del nervio vago. Aumentar el tono vagal activa el sistema nervioso parasimpático, lo cual significa que podremos relajarnos más rápido después de una situación estresante, y ello redundará positivamente en nuestro equilibrio emocional y salud en general.

Existen diferentes técnicas de estimulación del nervio vago

1. Exposición al frío

Se ha apreciado que la exposición al frío activa el nervio vago ya que estimula las neuronas colonérgicas que van a través de esas inervaciones nerviosas. De hecho, una investigación realizada en la Universidad de Oulu reveló que exponerse al frío con regularidad ayuda a disminuir la respuesta de lucha-huída que desata el sistema nervioso simpático.

Puede bastar una ducha fría de 30 segundos cada día o colocarte una toalla fría en el rostro. También hay quienes se acuestan boca abajo y se colocan un cubito de hielo en la nuca. Y otros prefieren beber un vaso de agua fría deprisa.

2. Respiración diafragmática

La mayoría de las personas toma aire entre 10 y 14 veces por minuto, lo cual significa que realizan una respiración superficial. Lo ideal es tomar solo 6 respiros por minuto. Por eso, otra técnica de estimulación vagal muy eficaz consiste en respirar profundamente.

La respiración diafragmática en particular hace que el nervio vago se active y el cerebro lo interprete como que es necesario calmarse, aunque el nervio no haya dado esa orden específicamente. El mecanismo por el que esta técnica funciona es el mismo por el cual, si cierras los ojos y das pequeños golpecitos sobre los párpados, percibirás destellos ya que el cerebro lo percibe como luz, aunque no lo sea. 

Con la respiración diafragmática se realiza una respiración más profunda que lleva aire a la parte más baja de la caja torácica, utilizando de manera adecuada el diafragma y promoviendo un estado de relajación.

3. Meditación, yoga y tai-chi

La meditación puede aumentar el tono vagal. Así lo demostraron investigadores de la Universidad de Oregon, quienes apreciaron que un entrenamiento de tan solo cinco días en meditación mindfulness promueve sensaciones positivas y sentimientos agradables hacia uno mismo que provocan una activiación del nervio vagal, a la vez que modula la actividad del sistema nervioso parasimpático, un resultado mucho mejor que aplicar las técnicas de relajación convencionales.

Prácticas como el yoga y el tai-chi también son ideales para estimular el nervio vago. Un estudio desarrollado en la Universidad de Boston reveló que el yoga incrementa los neurotransmisores GABA, que promueven la calma y serenidad ayudando a combatir la ansiedad y el estrés. El tai-chi, por su parte, es capaz de equilibrar el ritmo cardiaco, lo que sugiere que estimula la modulación vagal, según encontraron investigadores de la National Yang-Ming University School of Medicine.


Fuentes:
Streeter, C. C. et. Al. (2012) Effects of yoga on the autonomic nervous system, gamma-aminobutyric-acid, and allostasis in epilepsy, depression, and post-traumatic stress disorder. Medical Hypotheses; 78(5): 571-579.
Tang, Y. et. Al. (2009) Central and autonomic nervous system interaction is altered by short-term meditation. PNAS; 106(22): 8865–8870.
Mäkinen, T.M. et. Al. (2008) Autonomic nervous function during whole-body cold exposure before and after cold acclimation. Aviat Space Environ Med; 79(9): 875-882.
Fiel, T. et. Al. (2003) Pregnancy anxiety and comorbid depression and anger: Effects on the fetus and neonate. Depression and Anxiety; 17(3): 140–151.
Wan-an, L. & Cheng-Deng, K (2003) The Effect of Tai Chi Chuan on the Autonomic Nervous Modulation in Older Persons. Med Sci Sports Exerc; 35(12): 1972-1976.
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5 tipos de chantaje emocional difíciles de detectar


Las relaciones interpersonales siempre generan vínculos muy complejos que a veces son difíciles de gestionar. En ocasiones nuestros intereses y necesidades no coinciden con los de los demás, por lo que podemos recurrir a comportamientos manipuladores para lograr nuestros objetivos, que podrían calificarse como chantaje emocional.

De la misma forma, puede haber personas que adoptan el chantaje emocional como su estrategia relacional preferida, poniéndonos siempre contra la espada y la pared o haciendo que nos sintamos mal porque somos el “malo de la película”.

En algunos casos es fácil reconocer al chantajista emocional porque utiliza técnicas bastante burdas, más propias de una transacción comercial que de una relación interpersonal. El típico chantaje mercantilista es un ejemplo perfecto porque antes de dar, la persona pide algo a cambio, o decide no dar nada porque la hemos defraudado, y así nos castiga emocionalmente.

Sin embargo, existen otras formas de chantaje emocional mucho más sutiles y difíciles de reconocer que nos pueden conducir a un callejón sin salida o, lo que es aún peor, afectar profundamente nuestra autoestima.


Los tipos de chantaje emocional más sutiles


1. El elefante en la habitación

El concepto de "elefante en la habitación" es una expresión metafórica que se utiliza para hacer referencia a una idea o hecho importante que se encuentra dando vueltas en el pensamiento de todas las personas involucradas pero que nadie menciona y todos evitan. En estos casos, las personas afectadas fingen que viven una absurda normalidad, pero dado que es imposible "ignorar a un elefante en la habitación", todo es tan forzado que queda claro que hay algo que no funciona, que existe un conflicto de base que está siendo reprimido.

Este fenómeno puede convertirse en un tipo de chantaje emocional cuando solo una de las personas se niega a abordar un tema importante que se debe resolver pero con su actitud enrarece continuamente la atmósfera, dejando el asunto en suspenso, como un nubarrón encima de nosotros que nunca nos abandona.

En el fondo, esa persona lo que intenta con su actitud es hacernos sentir culpables ya que está dejando patente, sin necesidad de usar palabras, su malestar e inconformidad. De hecho, al negarse a abordar el tema lo que hace es prorrogar y agravar el conflicto.

2. Gaslighting

El gaslighting es un tipo de manipulación frecuente en situaciones de maltrato pero es tan sutil que muchas personas no lo notan. Consiste en hacer que el otro dude de sus capacidades mentales, distorsionando la realidad, de manera que no pueda comprender realmente qué está ocurriendo y deshacerse del chantaje emocional.

En estos casos el chantajista emocional puede inventar falsos recuerdos con los cuales culpabiliza a la víctima, de manera que esta se sienta mal consigo misma, o incluso puede convencer a una persona para que haga algo, afirmando que lo prometió, cuando en realidad no fue así.

Dicho de esta forma, podemos pensar que es imposible caer en sus redes. Sin embargo, el problema es que este chantajista va construyendo su red poco a poco, sin que nos demos cuenta. Primero se gana nuestra confianza y se vuelve imprescindible, solo entonces comienza a socavar nuestra autoconfianza proponiéndonos su visión distorsionada de la realidad. 

3. Chantaje por “necesidad”

Algunas personas intentan chantajear emocionalmente a otras haciendo leva en sus necesidades. Estos chantajistas no dudan en sacar a colación sus necesidades y hacer que luzcan tan evidentes y “básicas” que terminamos sintiéndonos mal si no los ayudamos a satisfacerlas.

Hilvanan su discurso de tal manera que sus peticiones parecen muy razonables y si no contribuimos a satisfacer esas necesidades tan “imperiosas”, llegamos a sentirnos culpables. Son personas que siempre están “llorando miserias”, aunque es probable que su situación sea mucho menos dramática que la nuestra.

De hecho, el problema es que ni esas necesidades son tan básicas ni esa es la única manera de satisfacerlas y, sobre todo, que sus necesidades normalmente son un pozo sin fondo. Estas personas pedirán cada vez más, sin tener en cuenta nuestras necesidades, hasta que logren drenarnos por completo.

4. El autocastigo

Castigar a los demás es una de las formas de chantaje emocional más usuales, debido a que es una estrategia de manipulación sencilla que tiene un gran impacto sentimental. Sin embargo, también es muy fácil de detectar, por lo que es más difícil que caigamos en sus redes.

Al contrario, el autocastigo es un tipo de chantaje emocional mucho más sutil. Básicamente, la persona asume el rol de mártir o víctima, para lograr que el otro se sienta mal. No nos castigará a nosotros sino que se castiga a sí misma, e incluso puede llegar a fingir sufrimiento o pena.

Un ejemplo habitual del autocastigo es cuando alguien finge que está sacrificándose por nosotros pero en realidad solo está haciendo una “inversión” a medio o largo plazo porque planea reclamarnos con intereses ese sacrificio.

5. Control protectivo

Este tipo de chantaje emocional es común en algunas relaciones de pareja y en la relación que algunos padres establecen con sus hijos. En práctica, una de las personas se convierte en el “protector” de la otra. El problema es que esa protección significa control total.

No nos percatamos de este chantaje emocional porque la otra persona se disfraza de buenas intenciones, e incluso es probable que en el fondo las tenga, pero con su actitud intenta crear una dependencia emocional para dominar al otro.

El problema es que cualquier intento de cuestionar esa actitud protectora y controladora atenta contra el supuesto bienestar de la relación. En ese momento, el chantajista nos hará pasar como una persona desagradecida que no reconoce todo lo que han hecho por nosotros.
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7 síntomas de trastornos psicológicos que no debes ignorar


Los problemas de salud mental abarcan una amplia gama de trastornos psicológicos y se manifiestan a través de síntomas diversos. Sin embargo, todos ellos tienen algunos puntos en común que permiten determinar la existencia de una dificultad.

La mayoría de los trastornos mentales siguen un curso crónico, lo cual significa que pueden agravarse con el paso del tiempo si la persona no busca ayuda ya que pueden terminar generando cambios en la bioquímica cerebral que consolidan los patrones de pensamiento, emociones y comportamiento disfuncionales.

¿Qué es un trastorno psicológico?


Un trastorno psicológico, también conocido como trastorno mental, es un patrón de síntomas psicológicos y comportamentales que afectan varias áreas de la vida y/o generan malestar emocional en la persona que lo padece.

Se calcula que 450 millones de personas en todo el mundo sufren algún tipo de trastorno mental, los cuales suponen el 11% de los casos de discapacidad. En Europa, se estima que una de cada cuatro personas mayores de 18 años sufrirá algún trastorno psicológico a lo largo de su vida. Por desgracia, se prevé que en 2020 el número de personas que sufran un problema psicológico aumente en un 14%. 

Los síntomas de los trastornos mentales


1. Aumento de la sensibilidad

Este suele ser uno de los primeros síntomas de trastornos mentales, aunque a menudo se pasa por alto. Sin embargo, en muchos casos es la antesala de problemas más graves. 

La persona suele presentar un incremento de la sensibilidad. Primero le molestan los olores fuertes, el sonido o los estímulos visuales y luego esa sensibilidad se extiende a otras facetas de la vida, hasta el punto de que comienza a recluirse en sí para evitar todas aquellas situaciones que considera híper estimulantes.

En muchos casos, en la base de esa hipersensibilidad se encuentra una incapacidad para gestionar el estrés cotidiano. El problema es que la persona va perdiendo recursos psicológicos, de manera que las situaciones cotidianas empiezan a abrumarla ya que no sabe cómo reaccionar de manera adaptativa. Como resultado, la realidad comienza a desbordar sus estrategias de afrontamiento.

2. Cambios en el estado de ánimo

Uno de los principales síntomas de los trastornos psicológicos son los cambios en la esfera emocional. De hecho, a menudo es el signo que da la voz de alarma en las personas más cercanas, sobre todo porque quien los padece suele volverse más irritable, nervioso e impulsivo.

Los cambios en el estado de ánimo varían según el tipo de problema mental. En la depresión mayor suele aparecer un estado de ánimo marcado por la tristeza y la desesperanza mientras que en las fobias la emoción que prevalece es el miedo. En el trastorno bipolar, la persona pasa de periodos de euforia a etapas depresivas y en el trastorno esquizoide de personalidad pueden parecer frías y distantes.

Cuando se mantiene la crítica de la enfermedad, la persona se da cuenta de esos cambios pero, por mucho que se esfuerce, siente que no puede hacer nada para evitarlos. Esa sensación de falta de control empeora aún más su estado, llegando a desencadenar una indefensión aprendida

3. Cambios en los patrones de pensamiento

Generalmente los trastornos psicológicos cursan con cambios en los patrones de pensamiento, que son más evidentes en patologías como la esquizofrenia y la psicosis pero también ocurren en trastornos como la ansiedad generalizada y la depresión mayor.

En práctica, la persona deja de evaluar la realidad de manera objetiva y según los patrones culturales para comenzar a desarrollar un patrón de pensamiento desadaptativo. Las personas con depresión, por ejemplo, ponen en marcha un pensamiento pesimista que las lleva a tomar nota exclusivamente de los hechos negativos. Quienes sufren ansiedad suelen tener pensamientos recurrentes sobre los posibles peligros que podrían enfrentar y las personas con un trastorno obsesivo-compulsivo desarrollan ideas fijas sobre su obsesión. 

En los casos más graves ocurre una disgregación del pensamiento, lo cual hace que la persona sea incapaz de seguir una línea directriz razonable ya que desarrolla un pensamiento errático. En otros casos la persona puede sentir que su pensamiento se ralentiza mucho, o que se acelera tanto que no puede seguir su ritmo. Sin embargo, cuando no existe “crítica de la enfermedad” la persona puede creer que sus patrones de pensamiento son perfectamente normales y racionales.

4. Afectación en las relaciones sociales 

Como regla general, los trastornos psicológicos terminan provocando una alteración en las relaciones sociales de la persona que los padece, si bien el grado de afectación variará según el problema y su intensidad.

En las fobias sociales, por ejemplo, la persona puede evitar el contacto con los desconocidos, hasta el punto de recluirse en casa mientras que en el trastorno de personalidad paranoide la persona se relaciona con los demás desde un patrón de desconfianza y recelo que resulta claramente desadaptativo. Por otra parte, la irritabilidad que acompaña a los trastornos de ansiedad suele generar fricciones en las relaciones interpersonales mientras que la depresión provoca un aislamiento, incluso de los más cercanos.

Por eso, un signo de alarma que puede indicar la presencia de un trastorno mental son los cambios en las relaciones interpersonales, ya sea porque la persona comienza a aislarse, se vuelve demasiado dependiente de los demás o se relaciona de manera “rara” asumiendo actitudes distantes emocionalmente o recelosas.

5. Síntomas físicos

Todos los problemas de salud son, en el fondo, enfermedades psicosomáticas ya que la mente y el cuerpo forman una unidad. En algunos casos, los síntomas físicos anteceden al trastorno mental, en otros casos se convierten en signos del trastorno psicológico cuando este se agrava.

Algunos de los síntomas físicos más comunes que acompañan los trastornos mentales son: insomnio, cambios en el apetito, fatiga, dolores musculares, mareos por ansiedad y problemas gastrointestinales. En los ataques de pánico, por ejemplo, la persona puede experimentar taquicardia y dificultades para respirar, hasta el punto de pensar que está sufriendo un infarto. 

Aunque donde mejor se aprecia la relación entre los síntomas mentales y físicos es en los trastornos de conversión o trastornos disociativos. En estos casos, la persona presenta síntomas de una enfermedad neurológica pero estos no proceden de una enfermedad física sino mental. Estas personas pueden perder la visión, sufrir parálisis, tener desmayos, sufrir afonía o mutismo o incluso padecer convulsiones no epilépticas. 

6. Cambios en la memoria, percepción y/o concentración

Muchos trastornos psicológicos cursan con dificultades de memoria, atención y/o percepción. El principal problema es que dado que las personas que sufren estos trastornos viven cada vez más en su mundo, prestan menos atención al mundo exterior, por lo que experimentan despistes frecuentes. Por otra parte, los desbalances bioquímicos que se producen a nivel cerebral en la mayoría de los trastornos mentales también suelen provocar daños en la memoria ya que muchos afectan directamente el hipocampo.

Los problemas de percepción son más evidentes en los trastornos mentales que conllevan una pérdida de contacto con la realidad, como la esquizofrenia y las psicosis. En esos casos las personas pueden padecer ilusiones o alucinaciones propiamente dichas, lo cual significa que tienen una percepción distorsionada de la realidad, ya sea a través de los canales auditivo, visual o cinestésico. 

7. Disminución del rendimiento y problemas para satisfacer sus necesidades

Los diferentes síntomas de trastornos psicológicos suelen provocar una afectación en el nivel de responsabilidad que la persona es capaz de asumir. Como resultado, suele empezar a tener problemas en el área escolar o laboral ya que su rendimiento disminuye, lo cual es perfectamente comprensible puesto que una persona que tiene pensamientos obsesivos recurrentes o que no tiene un estado de ánimo bien dispuesto, difícilmente podrá concentrarse en las tareas cotidianas. Como resultado, suele cometer errores.

En los casos más graves, esa dejación de responsabilidades se extiende a su vida personal, de manera que la persona tampoco es capaz de satisfacer sus propias necesidades. En la depresión mayor, esquizofrenia o trastorno de conversión, la persona ni siquiera es capaz de asearse o comer, por lo que necesita la ayuda de los demás. Asimismo, en las fobias sociales, la persona es incapaz de salir a la calle para satisfacer sus necesidades, como ir a la tienda a comprar alimentos o realizar gestiones en las oficinas.


Fuentes:
Nussbaum, A. M. (2015) Guía de Bolsillo del DSM-5 para el Examen Diagnóstico. Madrid: Editorial Médica Panamericana.
APA (2014) Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Madrid: Editorial Médica Panamericana.
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No pierde quien da amor, pierde quien no sabe recibirlo


Hay quienes se arrepienten de haber amado, ya sea porque una relación no fructificó o porque terminó rompiéndose en mil pedazos. Muchos que piensan que ha sido un amor derrochado, tirado en saco roto. Sin embargo, nunca pierde quien da amor sino quien no sabe apreciarlo y recibirlo.

Amar significa abrirse. Quien ama no guarda nada para sí, pero en esa entrega se produce una maravillosa contradicción ya que al dar, recibimos. De hecho, pierde quien se recluye dentro de sí, quien construye muros a su alrededor para protegerse porque así no entrará la alegría, pero el sufrimiento puede colarse igualmente por los resquicios.

Lo peor que puedes hacer es cerrarte


Cuando alguien que amamos nos desilusiona o abandona, nos vemos obligados a realizar grandes reestructuraciones a nivel psicológico. No solo tenemos que hacerle frente a los sentimientos que estamos experimentando sino que también debemos procesar lo sucedido a nivel cognitivo.

El dolor por la pérdida, la frustración e incluso la ira terminan matizando nuestros pensamientos. A veces ese dolor es tan grande que duele físicamente y se siente como si nos estuviera rompiendo en pedazos, literalmente. Y dado que a nadie le gusta sufrir, podemos terminar recriminándonos, pensando que no debíamos haber amado tanto porque así podríamos haber evitado ese sufrimiento.

Es cierto. Es un razonamiento perfectamente válido y racional: si no amamos, no sufrimos. No obstante, ¿de verdad vale la pena vivir anestesiados emocionalmente? ¿Es eso lo que quieres?

Es perfectamente comprensible que después del primer impacto emocional pensemos que no vamos a volver a amar de la misma manera o que debemos protegernos para no sufrir de nuevo, porque las emociones que estamos experimentando son como unas gafas grises que nos impiden ver los colores del mundo.

De hecho, de cierta forma esos pensamientos son un mecanismo de defensa. Cuando el sufrimiento nos desborda intentamos buscar un consuelo. Y puede consolarnos la idea de que no volveremos a sufrir de esa manera en el futuro. Es como pensar: “Vale, ahora mismo estoy sufriendo mucho, pero cuando lo supere no volverá a pasar”. Ese pensamiento puede ser reconfortante y nos puede ayudar a salir del agujero.

Sin embargo, llegados a cierto punto, es necesario reestructurar esos pensamientos y volverse a abrir al mundo. Debemos ser conscientes de que los mecanismos de defensa que en cierto momento pueden ser funcionales y nos protegen, más tarde son desadaptativos y nos hacen daño.

Cambiar la perspectiva o condenarse a la esterilidad emocional


Amar nunca es tiempo perdido, es una experiencia que podemos atesorar para toda la vida. Solo es necesario estar atentos al momento en que pase el proceso de duelo y el dolor se atenúe para reprocesar nuestros pensamientos. 

La primera señal de que nuestras heridas emocionales están sanando es que al mirar atrás ya no vemos solo los malos momentos sino que aparecen destellos de los buenos momentos. Entonces hemos llegado al punto en el que debemos reflexionar sobre nuestros pensamientos. A partir de ese momento podemos comenzar a abrirnos de nuevo al mundo.

Nos ayudará pensar que, aunque no nos guste aceptarlo, en la vida todo tiene un costo. Para obtener algo, debemos dar algo a cambio. Eso significa que la alegría del amor también encierra el dolor del sufrimiento. Negar uno significa negar el otro y condenarse a una esterilidad emocional, que es mucho peor que el dolor por la pérdida.
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¿Estamos rodeados de ultracrepidianos?


Es probable que la palabra ultracrepidianos no te diga nada, pero también es probable que estés rodeado de este tipo de personas, personas que con su actitud y palabras te amargan poco a poco la vida haciendo que te sientas inferior. 

La palabra no está reconocida oficialmente por la Real Academia Española, pero proviene del latín, de la unión de dos vocablos: ultra (más allá) y crepidarius (zapatero), que se refiere a su vez a crepida (sandalia). Su uso se documentó por primera vez en el año 1819, pero para comprender su significado debemos remontarnos a una historia mucho más antigua.

Si no sabes, no critiques


Apeles de Colofón fue uno de los pintores más importantes y famosos de la Grecia Antigua. De hecho, Filipo de Macedonia y Alejandro Magno confiaron en su pincel para perpetuar su imagen. Aunque sus obras no han llegado hasta nuestros días, su estilo se ha descrito con gran detalle.

De hecho, Plinio el Viejo recogió una anécdota protagonizada por el artista que dio origen a una famosísima expresión que aún hoy seguimos utilizando.

Apeles solía mostrar sus cuadros en público para saber si a la gente le gustaban y perfeccionar los detalles que no les convencieran. En una de esas exposiciones, un zapatero criticó la forma de las sandalias que lucía de uno de los personajes que había pintado. 

Apeles aceptó la crítica y decidió modificarlas. Cuando terminó, volvió a exponer el cuadro en la plaza. Cuando el zapatero lo vio, notó que el pintor había prestado atención a sus palabras, así que decidió criticar más elementos del retrato.

Apeles se limitó a decirle: “Ne supra crepidam sutor iudicaret”, que vendría siendo: “No opines más arriba de los zapatos”.

Más tarde se popularizó la expresión “Zapatero, a tus zapatos”, la cual se utiliza para acallar a las personas que intentan criticar cosas que no son de su competencia. Y ese es precisamente el significado de la palabra ultracrepidiano

Cuando las opiniones se convierten en críticas destructivas


A la persona afectada por el ultracrepidarianismo se le conoce como ultracrepidiano, que en lenguaje popular sería el típico sabelotodo o sabiondo. Estas personas no se lo piensan dos veces para expresar su opinión e incluso dan un paso más allá: critican.

Por supuesto, todos somos diferentes y, como tal, tenemos ideas diversas y a veces contrapuestas. Tenemos derecho a expresar nuestra opinión, pero debemos tener cuidado de que esta no se convierta en una crítica destructiva sobre algo de lo que no somos especialistas.

¿Cómo diferenciar a una persona que opina de un ultracrepidiano?

- Su crítica no tiene la intención de ayudar al otro sino de demostrar su supuesto “conocimiento”.

- Expresa su opinión sin matices, como si fuera una verdad absoluta, de manera que no deja espacio para el diálogo.

- Se basa en la idea de que solo existe una manera correcta de hacer las cosas, la suya.

- Su opinión siempre empequeñece, descalifica y minimiza a alguien.

- La crítica no está dirigida al comportamiento sino a la persona, lo cual significa que hace que se sienta mal, a menudo culpable.

Aunque estas personas no se dan cuenta, a menudo llegan a ser muy molestas ya que meten baza en todo de manera tajante, incluso en cuestiones que no les atañen. Lo peor de todo es que normalmente no se pueden rebatir sus argumentos ya que suelen partir del presupuesto de que todos los demás se equivocan. Por tanto, no suelen aportar nada positivo a la situación sino que suelen generar más caos o incluso pueden crear sentimientos de inferioridad que no ayudarán a la otra persona a resolver el problema.

De hecho, sus críticas suelen ser sesgadas ya que parten de una perspectiva limitada, por lo que su objetivo no es ayudar a resolver los problemas sino tan solo dar su opinión, una opinión centrada en las deficiencias y los errores dirigida a descalificar a la otra persona.

Estas personas critican tanto porque necesitan desesperadamente sentirse importantes. Y como no pueden brillar con luz propia, intentan apagar la luz de los demás. En su base se suele encontrar una profunda falta de empatía y un ego excesivo.

¿Cómo protegerse de los ultracrepidianos?


Lo más importante es impedir que su crítica y actitud nos desestabilicen emocionalmente. Por tanto, lo más sensato es actuar como Apeles y, sin agredir a esa persona, darle las gracias por su opinión y zanjar el asunto. No debemos caer en el error de intentar rebatir sus argumentos porque ello probablemente nos llevará a un callejón sin salida.

Recuerda que solo puede afectarte aquello a lo que le das poder. Por consiguiente, si ya sabes que esa persona suele opinar sobre todo y se cree dueña de la verdad absoluta, no le prestes más atención de la necesaria.

De la misma manera, es importante mantenernos atentos para no convertirnos en ultracrepidianos ya que la tentación de opinar sobre todo y todos es muy fuerte. Por tanto, antes de dar una opinión debemos:

- Asegurarnos de saber de lo que estamos hablando. 

- Expresarla desde el respeto al otro, sin recurrir a las ofensas ni descalificaciones.

- Centrarnos en cómo mejorar, no en los aspectos negativos que socavan la confianza.
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