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3 razones por las que tu salud mental es más importante que tu trabajo


A inicios de los años ‘80, cuando Howard Scott Warshaw tenía 23 años, conoció a Steven Spielberg. Warshaw se había construido un nombre en Silicon Valley después de diseñar el exitoso videojuego para Atari 2600 Indiana Jones, de manera que Spielberg lo eligió para diseñar un juego sobre E.T. basado en su popular película de 1982. 

Atari y Spielberg perdieron un tiempo precioso negociando los derechos del producto, de manera que Warshaw apenas tuvo cinco semanas para crear desde cero aquel juego. El juego de Indiana Jones le había tomado todo un año de trabajo. 

Warshaw se puso manos a la obra. Trabajó frenéticamente las 24 horas del día, los 7 días de la semana. El resultado fue lo que se catalogó como el “peor videojuego de todos los tiempos”. El resultado fue tan desastroso que Atari no solo tuvo un montón de devoluciones sino que se vio obligada a enterrar millones de cartuchos en un vertedero en Nuevo México. 

Hoy, con un mundo que gira a una velocidad vertiginosa, donde todo “es para mañana”, cualquiera puede sentirse plenamente identificado con la situación de Warshaw. Los entornos de trabajo modernos presionan, esperando que actuemos como máquinas perfectamente engranadas y quieren que tengamos éxito en poco tiempo. Nos piden que pensemos como ordenadores, que abordemos las tareas a una velocidad imposible y respondamos en 5 segundos, para no ser catalogados como personas indolentes.

Es imposible. 

Y estamos pagando un alto precio por ese ritmo de trabajo, sobre todo en términos de salud mental. La Organización Mundial de la Salud ha afirmado que la depresión debe afrontarse como una crisis global y ha alertado de que el agotamiento es el principal riesgo laboral al que nos exponemos, el cual se ha convertido en la “nueva normalidad”.

El principal problema es que el trabajo se considera una insignia de honor. Tener éxito en el trabajo a menudo se equipara con tener una vida exitosa. Nos han programado desde pequeños para trabajar duro, el compromiso con el trabajo está grabado en nuestras conexiones sinápticas. Pensamos que un trabajo bien hecho es un buen motivo para estar orgullosos, cueste lo que cueste. 

Sin embargo, cuando el entorno de trabajo se convierte en un lugar tóxico nos arrebata nuestro equilibrio psicológico y nuestra salud. El trabajo de nuestra vida nos roba toda nuestra vida. Antes de llegar a ese punto y que sea demasiado tarde, hay que hacer un alto en el camino y pensar lo que podemos cambiar.

¿Por qué deberías darle más importancia a tu salud mental? 


1. Porque no eres tu profesión. A pesar de que muchas personas se identifican con su profesión, es importante ser conscientes de que no somos únicamente un psicólogo, un abogado o un médico. Nuestra profesión, por mucho que la amemos, es tan solo una de nuestras distintas facetas, por lo que no debemos permitir que obscurezca el resto. Debemos tener cuidado con esa mentalidad de rol, con confundir la profesión con nuestra identidad, dejando que esta nos defina completamente porque terminaremos siendo una versión limitada de lo que podríamos ser. 

2. Porque no hay “éxito” sin salud mental. Los reconocimientos, las bonificaciones y los títulos elegantes no pueden hacer que recuperemos nuestra salud una vez que la hemos perdido. Si comes encadenado al escritorio o respondes correos y mensajes a mitad de la noche, a largo plazo eso te pasará factura. Y no vale la pena pagar con nuestra salud mental o física. De seguro tu epitafio no se referirá a lo rápido que respondías a los correos electrónicos o a cuán eficiente eras. No cometas el error de cambiar éxito por salud, y de confundir “una buena vida” con una “vida de bienes”. 

3. Porque hay más probabilidades de que todo fluya bien cuando pones límites. Es importante conocer la diferencia entre estar comprometido con el trabajo y preocuparse hasta límites insanos porque solo existen unos pocos pasos de distancia entre uno y otro. Establece límites y horarios, de manera que puedas desconectar del trabajo. Dejar espacio para rituales de descanso y guardar un tiempo para ti en realidad fomenta la eficiencia y la productividad, además de permitirte ser más creativo. Cuando mejor te sientas, más rendirás y con menos esfuerzo. 

La decisión es tuya :)
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El chocolate le hace bien a tu cerebro, según neurocientíficos


Si te gusta el chocolate, estás de suerte porque una nueva investigación realizada en la Universidad de Loma Linda reveló que el chocolate negro, en especial el que tiene una elevada concentración de cacao (al menos un 70%), tiene efectos muy positivos sobre nuestro cerebro. 

El cacao estimula la neuroplasticidad 


El estudio demostró que cuanto mayor es la concentración de cacao, más positivo es su impacto sobre las funciones cognitivas como la memoria, atención y pensamiento, además de potenciar la neuroplasticidad y la sincronización neural. 

En el experimento, los investigadores examinaron el impacto del consumo de chocolate en la expresión genética de las células dendríticas e inmunes, poniendo un énfasis especial en las citocinas pro y antiinflamatorias. 

Los neurocientíficos evaluaron la respuesta de los participantes a través de la electroencefalografía (EEG) al consumo de 48 gramos de chocolate negro (70% de cacao) después de 30 minutos y al cabo de 120 minutos. 

Los hallazgos muestran que el consumo de cacao regula las diferentes vías de señalización intracelular implicadas en la activación de células T, las cuales desempeñan un papel protagónico en la inmunidad a nivel celular. Esto significa que optimizan el camino a través del cual se activan las células T, que son las encargadas de atacar a los agentes patógenos que atacan al organismo; o sea, estimula las defensas.

El chocolate también incidió sobre los genes implicados en la señalización neuronal y la percepción sensorial, esta última relacionada con los fenómenos de hiperplasticidad cerebral, que sería la habilidad del cerebro para adaptarse y aprender nuevas habilidades. Al estimular la corteza durante un entrenamiento, el cerebro entra en un estado de plasticidad elevada conocida como "hiperplasticidad", durante el cual se adapta al entrenamiento de la manera más efectiva. 

Los responsables de esos cambios positivos son los flavonoides que se encuentran en el cacao, los cuales tienen una acción antioxidante muy potente y también actúan como agentes antiinflamatorios. De hecho, investigaciones anteriores ya habían comprobado que comer chocolate nos ayuda a concentrarnos mejor, memorizar con mayor precisión y tomar decisiones con más rapidez, pero esta es la primera vez que se constata su efecto a nivel cerebral.

En otro estudio realizado en la Universidad de Columbia, los participantes que consumieron una bebida rica en flavonoides durante tres meses consecutivos mostraron una mejoría notable en la memoria. Los neurocientíficos apreciaron cambios en el giro dentado, una parte del cerebro que normalmente se afecta a medida que pasan los años y se ha relacionado con la pérdida de memoria en la tercera edad. 

¿Por qué la neuroplasticidad es tan importante? 


La neuroplasticidad es lo que mantiene nuestro cerebro activo, nos permite aprender cosas nuevas, suplir determinadas carencias si algunas zonas cerebrales no funcionan como deberían y nos ayuda a adaptarnos a las nuevas condiciones o exigencias del medio. 

El funcionamiento de la neuroplasticidad transcurre por dos etapas. En un primer momento se produce un refuerzo rápido de las conexiones neuronales existentes y en un segundo momento se crean nuevas vías neuronales. La plasticidad cerebral nos permite ser flexibles y adaptarnos, así como suplir determinadas deficiencias desarrollando otras habilidades. También nos protege en cierta medida de las enfermedades neurodegenerativas. 

Por tanto, todo aquello que potencie la plasticidad cerebral es positivo. En el caso del chocolate, ni siquiera es necesario ingerir grandes cantidades, solo debes asegurarte de que sea cacao lo más puro posible y que no contenga mucha azúcar.


Fuentes: 
Berk, L. et. Al. (2018) Dark chocolate (70% organic cacao) increases acute and chronic EEG power spectral density (μV2) response of gamma frequency (25–40 Hz) for brain health: enhancement of neuroplasticity, neural synchrony, cognitive processing, learning, memory, recall, and mindfulness meditation. FASEB Journal; 32(1). 
Berk, L. et. Al. (2018) Dark chocolate (70% cacao) effects human gene expression: Cacao regulates cellular immune response, neural signaling, and sensory perception. FASEB Journal; 32(1). 
Brickman, A. M. et. Al. (2014) Enhancing dentate gyrus function with dietary flavanols improves cognition in older adults. Nature Neuroscience; 17: 1798–1803.
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30 Frases de impacto emocional para ver la vida con otros ojos

Ver la vida con otros ojos

Hay personas que, incluso estando al borde de la muerte, no aprenden a valorar la vida. A otras puede bastarles un simple detalle, una frase de impacto emocional que resuene en su interior, para dar el salto cualitativo que les permita crecer y valorar lo que tienen. De hecho, en la filosofía budista se dice que cuando el discípulo está preparado, llega el maestro. Al contrario, si la mente se mantiene cerrada, ni las experiencias más extremas consiguen abrirla. 

En realidad, las palabras pueden tener un poder enorme, si nos mantenemos abiertos y reflexionamos sobre su mensaje, intentando encontrar cómo pueden aportarnos algo en el momento de la vida que estamos viviendo. Haz la prueba: lee estas frases ahora y vuelve a leerlas dentro de seis meses o un año, verás que las frases impactantes que se te quedan grabadas son otras, puesto que son aquellas que han hecho resonancia con tus problemas y forma de ver la vida :)

Frases de impacto emocional para abrir la mente y vivir de forma más plena 


1. “Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años” - Abraham Lincoln 

Muchas personas se contentan con morir lentamente, consumiéndose en su zona de confort, un sitio donde ni siquiera están al resguardo del miedo ya que viven permanentemente asustadas con todo lo diferente que represente un cambio en su rutina o forma de ver las cosas. Sin embargo, al final, lo que cuentan no son los años sino la vida que hubo en ellos. 

2. “La vida comienza donde termina la zona de confort” - Neale Donald Walsch 

No hay que vivir continuamente en la zona de confort, esta también es útil para reponer fuerzas y reencontrar el equilibrio. Sin embargo, debemos asegurarnos de que esta sea cada vez más grande, de manera que ampliemos nuestro pensamiento y experiencias, desarrollando una actitud más inclusiva y abierta. 

3. “La vida es como una bicicleta, para mantener el equilibrio tienes que seguir adelante” - Albert Einstein 

Esta frase debe su impacto emocional a su enorme sencillez y veracidad, el físico nos advierte de que, por muy duro que sea el pasado, por muy traumáticas que sean las situaciones que hayamos experimentado, si queremos vivir debemos pasar página y seguir adelante. Si no lo hacemos perderemos nuestro equilibrio psicológico pues nos mantendremos atados a un pasado que ya no podemos cambiar, inmovilizados por la culpa. 

4. “Si te encuentras solo cuando estás solo, estás en mala compañía” - Jean Paul Sartre 

En el mundo donde la mayoría de las personas huye de la soledad refugiándose en la tecnología, que les sirve como excusa para no estar a solas consigo mismo, esta frase impactante de Sartre cobra aún mayor relevancia. Si de repente descubrimos que nos aburrimos cuando estamos solos, tenemos un problema. En su lugar, debemos asegurarnos de construir un munod interior tan rico que seamos capaces de disfrutar de nuestra propia compañía. 

5. “No te preocupes tanto por lo que ocurre a tu alrededor, preocúpate más por lo que ocurre en tu interior” - Mary Frances Winter 

En sintonía con la frase anterior, esta escritora nos anima a girar los reflectores hacia adentro. En vez de dirigir el dedo acusador hacia afuera, buscando continuamente culpables, deberíamos practicar más el examen de conciencia. Por desgracia, muchas personas están tan ocupadas quejándose por lo que les sucede que no se dan cuenta de cómo contribuyen a esas circunstancias. Otras están tan preocupadas mirando la paja en el ojo ajeno, que no son capaces de ver la viga en el propio. 

6. “Muchos problemas comienzan cuando empezamos a pensar lo que otros piensan de nosotros” - Bryant McGill 

Este escritor va un paso más allá: no se trata únicamente de practicar la introspección sino de lograr que las opiniones de los demás no influyan en nosotros hasta tal punto que lleguen a convertirse en un problema. Nos alerta de los peligros de volverse dependendientes de la aprobación, lo cual no solo hará que perdamos el contacto con nuestro “yo” más auténtico sino que además nos sumirá en una motaña rusa emocional en la que nuestra autoestima oscila según la aprobación o desaprobación de las personas cercanas. 

7. “Piensa por ti mismo y deja a otros que también disfruten de ese privilegio” – Voltaire 

Este filósofo francés nos anima a vivir y dejar vivir. Nos exhorta a pensar por nosotros mismos y tomar nuestras propias decisiones, intentando que la influencia de los demás sea mínima. No obstante, también nos anima a hacer lo mismo y dejar que las otras personas sean libres para tomar sus decisiones, nos incita a no intentar imponer nuestras creencias y puntos de vista, así como a no juzgar y criticar a los demás. 

8. “Sé tú mismo y expresa lo que sientes porque aquellos que se molestarán no cuentan y a los que cuentan no les molestará” - Theodore Seuss Giesel 

Aunque siempre es conveniente medir el alcance de nuestras palabras para no convertirnos en kamikazes de la verdad, también debemos hallar un equilibrio, de manera que podamos expresarnos con autenticidad sin herir a los demás. No obstante, no es menos cierto que a menudo las personas que se detienen únicamente en las formas, no son aquellas que querríamos tener a nuestro lado en los momentos difíciles. Y aquellas que nos conocen y aceptan plenamente, pueden entender esa forma de expresarse con autenticidad. 

9. “El mundo es una tragedia para aquellos que sienten, pero una comedia para aquellos que piensan” - Horace Walpole 

Este escritor británico se refiere a la necesidad de repensar nuestra manera de reaccionar. Si nos dejamos llevar únicamente por las emociones, es probable que la mayoría de las veces terminemos irritados, enfadados, frustrados o tristes pero si reflexionamos sobre lo ocurrido, si somos capaces de ir un paso más allá de la primera reacción emocional, es probable que incluso seamos capaces de encontrar el lado cómico al asunto. Ese es el verdadero autocontrol. Y nadie nos lo puede arrebatar. 

10. “Tómate tu tiempo para reflexionar, pero cuando llegue el momento de la acción, para de pensar y continúa” – Napoleón 

En boca de Napoleón, esta frase tiene un mayor impacto emocional. Nos alerta de un error que muchos podemos cometer: quedarnos atascados en nuestros pensamientos, en la fase de decisión, sin pasar jamás a la acción. Sin embargo, las palabras sin acciones suelen quedarse vacías, condenándonos a un círculo vicioso de indecisión. Por eso, tan importante como reflexionar es saber cuándo ha llegado el momento de tomar la decisión y ponerla en práctica. 

11. “Cuando empiezas a andar, el camino aparece” – Rumi 

Cuando nos quedamos atascados en el proceso de decisión, muchas veces es porque no tenemos claro el camino, porque queremos tener certezas antes de tomar una u otra dirección. Sin embargo, generalmente el que quiere encuentra el camino y el que no quiere inventa excusas. Eso significa que a veces solo tienes que plantearte el objetivo y lanzarte, los medios se irán desvelando a medida que camines. 

12. “Nos convertimos en lo que pensamos” – Buda 

Debemos cuidar nuestros pensamientos porque estos dan forma a nuestro mundo. Debido a las profecías autocumplidas, muchas veces aquello que pensamos se vuelve realidad, simplemente porque influimos en el mundo a través de nuestra actitud, sin darnos cuenta de ello. Si creemos que no somos lo suficientemente capaces para llevar adelante un proyecto, no vislumbraremos las oportunidades o las dejaremos pasar, convencidos de que la meta final es el fracaso. Al contrario, si apostamos por nosotros y creemos que tendremos éxito, es más probable que no solo estemos a la caza de oportunidades sino que las creemos. 

13. “La vida es el 10% lo que ocurre y el 90% cómo reaccionamos a ello” - Charles R. Swindoll 

Muchas veces, no tenemos el control sobre las cosas que suceden ni podemos cambiarlas, pero siempre podemos elegir cómo reaccionar ante ellas. De hecho, en la mayoría de los casos lo que más nos daña psicológicamente no son los hechos en sí sino nuestras reacciones emocionales. Según la importancia que le demos, le permitiremos desequilibrarnos psicológicamente o, al contrario, seremos capaces de mantener la serenidad. 

14. “Cambia la manera en que miras las cosas y las cosas que miras cambiarán” - Wayne Dyer 

Para minimizar el impacto emocional de las cosas, a menudo solo basta cambiar la perspectiva. Eso no significa que los problemas desaparecerán como por arte de magia, pero quizá dejen de ser problemas para transformarse en oportunidades. La manera en que vemos las cosas determinan nuestras reacciones y, en última instancia, pueden mantenernos atrapados en un círculo vicioso. Por eso, cuando no puedes cambiar lo que te molesta, debes cambiar tu actitud ante ello. 

15. “Si algo no te gusta, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud” - Mary Engelbreit 

Ese es precisamente el consejo de esta escritora e ilustradora: afrontar lo que podemos cambiar y cambiar nuestra actitud respecto a aquello que no podemos cambiar. Los principales beneficiados seremos nosotros mismos. No se trata de resignación, sino de preguntarnos cómo podemos mejorar con las circunstancias actuales o cómo podemos sacarles provecho. Se trata de asumir una actitud proactiva y dejar de quejarnos pues los lamentos solo empeorarán nuestro estado de ánimo y nos harán sentir aún más miserables.

16. “La manera más peligrosa de engañarse a sí mismo es creer que solo existe una realidad” - Paul Watzlavick

Este psicólogo afirma que existen innumerables versiones de la realidad, a veces contrapuestas entre sí, y que todas ellas no son el reflejo de una verdad inmutable sino fruto de la comunicación y nuestra subjetividad. Por eso, afirma que uno de los mayores autoengaños consiste en aferrarnos a una idea, creencia o visión del mundo ya que automáticamente excluimos el resto. Eso implica que nos convertiremos en personas rígidas y que nos resultará mucho más difícil lidiar con los problemas ya que no tendremos la flexibilidad mental necesaria para valorar diferentes alternativas que se alejen de lo que consideramos "real".

17. “La genialidad radica en la idea, pero el impacto proviene de la acción” - Simon Sinek 

Este escritor inglés nos alerta de que podemos tener muy buenas intenciones o ideas brillantes, pero si no las llevamos a la práctica, no provocarán un cambio significativo. No podemos quedarnos atascados en la fase de la idea, en algún momento debemos traducirla en acciones que puedan promover cambios positivos en nuestra vida o en la de los demás. 

18. “Para lograr grandes cosas no solo debes actuar, también debes soñar; no solo debes planificar, también debes creer” - Anatole France 

Este Premio Nobel de Literatura pone el énfasis en la importancia de soñar y alimentar las ilusiones para alcanzar una meta. Sin esa ilusión y la confianza en que alcanzaremos lo que nos propongamos, es probable que nos rindamos a mitad del camino. Es precisamente la motivación intrínseca y la capacidad para imaginar el futuro, lo que alimenta la perseverancia, sin la cual cualquier meta se vuelve elusiva. 

19. “No te ahogas por caer el agua, te ahogas por quedarte en ella” - Edwin Louis Cole 

Esta frase de impacto emocional nos deja una gran lección: podemos hacernos daño al caer, pero lo que realmente nos aniquila es mantenernos en tierra. La vida siempre nos depara golpes, tras cualquier esquina puede esperarnos la adversidad, pero debemos asegurarnos de no quedarnos durante demasiado tiempo llorando sobre la leche derramada porque, a la larga, eso es lo que más daño nos puede hacer. 

20. "Incluso la mejor espada se oxide si se mantiene durante mucho tiempo dentro de agua salada” - Sun Tzu 

Es importante trabajar las herramientas psicológicas para la vida, pero también es importante no confiarse demasiado, pensando que somos personas fuertes y resilientes, y salir cuanto antes de la situación que noe está drenando emocionalmente porque, como afirmaba este filósofo chino, hasta la mejor espada termina oxidándose si se expone continuamente a elementos que la afectan. 

21. “Perdona a los demás, no porque merezcan tu perdón sino porque tú mereces paz” - Jonathan Lockwood Huie 

Muchas personas se aferran al odio y el rencor pensando que de esa manera le harán daño a quien les hizo mal, pero en realidad esa actitud es como un boomerang que se vuelve en su contra. El perdón es, básicamente, una herramienta para permitirnos pasar página, para que logremos seguir adelante y dejemos atrás el pesado fardo del odio, que al final termina consumiéndonos a fuego lento. 

22. “Las cosas que haces por ti mismo desaparecen cuando te has ido, pero las cosas que haces por los demás se convierten en tu legado” - Kalu Ndukwe Kalu 

En un mundo cada vez más narcisista, esta frase de impacto emocional cobra un significado especial. Este politólogo nos anima a buscar la trascendencia a través de las interacciones con los demás, ayudando a los otros, un mensaje que encuentra resonancia en muchas filosofías antiguas que nos indican que el camino hacia la felicidad en realidad radica en ayudar a los demás. Por eso, debemos asegurarnos de crear huellas a nuestro paso, no cicatrices. 

23. “Por cada minuto que pasas enfadado, pierdes 60 segundos de felicidad” - Ralph Waldo Emerson 

Cada vez que nos enfadamos, perdemos una maravillosa oportunidad para cultivar la serenidad y la felicidad. En su lugar, deberíamos ver cada situación que genera la ira como una oportunidad para crecer y poner en práctica una gestión emocional más asertiva. Ese es el mayor logro, el único que realmente nos puede aportar la serenidad y protege nuestro equilibrio psicológico. 

24. “Todo lo que he aprendido en la vida lo puedo resumir en dos palabras: Todo pasa” - Robert Frost 

Muchas veces, agobiados por las circunstancias, nuestra mente se ofusca y no logramos ver más allá del problema. Sin embargo, las personas más resilientes no solo son aquellas que confían en su capacidad para salir de la adversidad sino que saben que todo pasa. Son conscientes de que tarde o temprano esa racha de mala suerte quedará en el pasado y podrán retomar su vida. Saber que todo pasará nos permite lidiar mejor con una situación difícil porque nos ayuda a fijarnos en un futuro mejor. 

25. “La vida no es un problema a ser resuelto sino una realidad a experimentar” - Soren Kierkegaard 

Muchas personas se enfrentan a la vida como si se tratara de un enemigo que debe ser derrotado o un problema continuo que deben solucionar. Esa actitud solo les traerá más dificultades y las condenará a un estado de insatisfacción crónico. En su lugar, esta frase impactante nos anima a aprender a fluir con la vida, abriéndonos a todo lo que nos trae, para intentar sacar el máximo provecho de las experiencias.

26. “De poco sirve esforzarse por blindar lo incognoscible” - Zygmunt Bauman 

Este sociólogo nos anima a reflexionar sobre nuestra obsesión por la certidumbre y nuestro pavor a lo incognoscible, lo cual nos lleva a vivir buscando asideros que nos hagan sentir seguros respecto al futuro. Sin embargo, dado que el futuro es en gran parte incierto y no podemos preverlo, en muchas ocasiones esa búsqueda de certezas solo sirve para generar ansiedad. Eso no significa que no debamos prepararnos, pero en esa preparación debemos incluir una predisposición a aceptar el cambio y lo incierto.

27. “Los hechos no pueden ser alterados por un deseo, pero pueden destruir al que desea” - Ayn Rand

Esta frase de impacto emocional se refiere a nuestras contradicciones internas. La filósofa explica que los deseos contrapuestos, como los impulsos que provienen de nuestro "yo" más profundo, en contraposición con lo que se supone que deberíamos hacer, terminan desintegrando nuestra conciencia, convirtiendo nuestra vida interior en una guerra civil de fuerzas ciegas donde el único perdedor somos nosotros mismos. La solución radica en descubrir lo que realmente queremos, deshaciéndonos en la medida de lo posible de los influjos sociales que nos maniatan.

28.  “La libertad es la medida en que presiono al mundo, y el destino el grado en que el mundo me presiona” - Alan Watts

Este estudioso de las filosofías orientales llama la atención sobre la dualidad entre el individuo y la sociedad. Consideraba que ser libres implica ser capaces de desligarse de las ataduras sociales porque, cuanto más nos pleguemos a ellas, más tendremos la sensación de estar atados a un destino sobre el que no tenemos ningún grado de control.

29. “Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar” - Bertrand Russell

El Premio Nobel de Literatura hace referencia a uno de los aprendizajes más valiosos, pero también más complejos de la vida: saber cuándo es momento de arriesgarse, dar una segunda oportunidad o, al contrario, cortar los lazos y seguir adelante, sin tener la necesidad de volver la vista atrás.

30. “Un viaje de mil millas comienza con un solo paso” - Lao Tzu 

A veces, la enormidad de la tarea que tenemos delante nos abruma, por lo que nos resulta mucho más tentador quedarnos recluidos en nuestra zona de confort. En esos casos, debemos pensar que todo cambio comienza con el primer paso, con pequeñas acciones. No es necesario hacer todo a la vez ni alcanzar el objetivo corriendo. Después de todo, la vida no es una carrera de velocidad sino de resistencia. Dando pequeños pasos a la vez se puede llegar muy lejos y, sobre todo, manteniendo la paz interior.
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El monje que hizo voto de silencio: El impactante mensaje de esta parábola budista


Había una vez un monasterio famoso por sus estrictas reglas. Muchos jóvenes querían ser aceptados, pero solo unos pocos lograban traspasar sus enormes puertas y convertirse en discípulos. A todos se les exigía un voto de silencio y solo se les permitía decir dos palabras cada diez años. 

Uno de los discípulos más jóvenes, se sometió a ese régimen. Después de pasar sus primeros diez años sin proferir palabra, el maestro principal se dirigió a él: 

- Ha pasado una década. ¿Cuáles son las dos palabras que te gustaría decir? 

- Cama... dura... - dijo el discípulo. 

- Ya veo – fue todo lo que respondió el gran maestro. 

Diez años más tarde, el maestro volvió a dirigirse al discípulo: 

- Han pasado diez años más. ¿Qué quieres decir? 

- Comida... horrible... - dijo el discípulo. 

- Ya veo – volvió a responder el maestro. 

Pasaron otros diez años y el discípulo volvió a encontrarse con el maestro, quien le preguntó una vez más: 

- Después de estos 30 años, ¿cuáles son las dos palabras que te gustaría decirnos? 

- ¡Lo dejo! – gritó el discípulo. 

El maestro no se inmutó: 

- Bien, comprendo por qué: Todo lo que haces es quejarte. 

Espiral de quejas improductivas 


"Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio", dice un proverbio hindú. Si bien no es cierto llegar a esos extremos, no es menos cierto que vale la pena replantearnos algunos de nuestros hábitos cuando nos relacionamos con los demás.

¿Cuántas veces nos comportamos como el discípulo de la historia y solo nos centramos en lo negativo, quejándonos continuamente en vez de aprovechar ese momento para aportar valor a los demás o crear una experiencia positiva?

Tómate un segundo para pensar por cuántas cosas te quejas a lo largo del día. El clima, el transporte público o el tráfico, tu pareja, quizá tus hijos, tu jefe, la mala película que acabas de ver, los políticos, el ascensor que tarda demasiado, la comida fría... Y la lista continúa. De hecho, la mayoría de las personas tiene "temas fetiche" por los que se queja continuamente.

No cabe dudas de que los problemas hay que resolverlos y debemos expresar nuestra inconformidad con el estado de las cosas, pero debemos asegurarnos de que ese comportamiento no se convierta en la norma, tenemos que cerciorarnos de no quedar atrapados en una espiral de quejas que nos conduzca al victimismo crónico

Las quejas, cuando no dan paso a una solución, terminan robando la energía emocional, tanto de quien las profieren como de quienes las escuchan. La queja debe tener una función adaptativa; es decir, debe servir para indicar lo que nos molesta e intentar buscar una solución. Quejarse por el dudoso placer de quejarse es contraproducente y ni siquiera sirve como catarsis emocional.

Cuando tenemos tantas insatisfacciones y frustraciones, pero creemos que somos incapaces de hacer algo al respecto o de obtener los resultados que deseamos, nos sentimos desamparados, sin esperanzas, victimizados y mal con nosotros mismos. Obviamente, uno de esos incidentes no dañará nuestra salud mental, pero cuando los vamos sumando, esa acumulación de frustración e indefensión aprendida puede terminar afectando nuestro estado de ánimo, autoestima e incluso nuestra salud mental.

Quejarse menos, aportar más


En vez de quejarnos tanto y por tantas cosas, deberíamos preguntarnos qué nos convierte en personas especiales, personas con las que los demás quieran pasar tiempo. Si cada vez que encontramos a un amigo o conocido es para convertirnos en un disco rayado de quejas y lamentos, nos convertiremos en personas tóxicas. Si nos preocupamos por aportar valor o por dejar una huella positiva, nuestras relaciones mejorarán y nos sentiremos mucho mejor. 

Preguntémonos cómo podemos pasar tiempo de calidad con las personas que amamos, intentando minimizar las rencillas y las quejas inútiles. Recordemos que el tiempo que pasamos con los demás es muy valioso, ¿realmente queremos malgastarlo en quejas inútiles? ¿No sería mejor aprovecharlo para crear buenos recuerdos?

Es un cambio de actitud con el que todos salen ganando, incluidos nosotros mismos. Para lograrlo, debemos salir del piloto automático que activamos todos los días y aprender a vivir de manera más consciente, lo cual implica, por una parte, detener el flujo de las quejas y, por otra, pensar cómo podemos aportar valor. 
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Los síntomas del estrés en la mujer y su impacto


El estrés es el mal moderno. Vivimos, o creemos vivir, en un mundo asediado de peligros, peligros potenciales que nos acechan y esperan que bajemos la guardia para atacar. Eso genera un estado de alerta constante que nos pone tensos y nos vuelve irritables. Sin embargo, todos no reaccionamos de la misma manera. El estrés en mujeres se manifiesta de manera diferente y a menudo es más intenso que los síntomas del estrés en el hombre. Existen diferencias de género en la manera de experimentar y afrontar ese estado de zozobra. 

El nivel de estrés en mujeres duplica el estrés en los hombres 


Psicólogos de la Universidad de Cambridge realizaron un estudio en el que descubrieron que las mujeres occidentales están casi el doble de estresadas que los hombres. Estos investigadores analizaron 48 estudios previos sobre los trastornos de ansiedad para identificar qué grupos experimentan más estrés, teniendo en cuenta factores como el género, la edad, las afecciones médicas y los trastornos mentales. 

Se puso de manifiesto que 4 de cada 100 personas sufren algún grado de ansiedad, desde el estrés hasta la ansiedad generalizada. Sin embargo, por cada hombre estresado, hay 1,9 mujeres que sufre algún trastorno de ansiedad, y las mujeres menores de 35 años son las más afectadas. 

Curiosamente, las mujeres casadas también reportan niveles de estrés más elevados que las mujeres solteras: un 33% frente a un 22% respectivamente. Además, las mujeres solteras tienen una mayor percepción de control sobre sus vidas y sienten que están haciendo lo necesario para gestionar el estrés. Al contrario, las mujeres casadas reportan una mayor afectación por el estrés, sufriendo más episodios de llanto, irritación, enojo, fatiga y dolor de cabeza. 

Los síntomas del estrés en la mujer 


Hombres y mujeres reaccionan de manera diferente ante el estrés, tanto física como mentalmente. Intentan gestionar el estrés siguiendo estrategias muy diferentes y también perciben su capacidad para lidiar con los problemas, así como las cosas que se interponen en su camino, de formas muy distintas. Esas maneras diferentes de percibir y afrontar los contratiempos determina los síntomas del estrés en la mujer. 

1. Pensamientos negativos recurrentes. Las mujeres suelen darle más vueltas a las cosas, lo cual hace que tengan más pensamientos intrusivos recurrentes, como demostró un estudio llevado a cabo en la Universidad de Colorado. Esa tendencia a la rumiación empeora el estrés e incrementa las posibilidades de padecer depresión. 

2. Tristeza y ansiedad. Las mujeres suelen reaccionar de manera más emocional ante el estrés. Un estudio realizado en la Universidad de Yale descubrió que suelen sentirse más tristes o ansiosas cuando están tensas y estresadas. Esa inundación emocional a menudo las sobrepasa, generando la sensación de falta de control. 

3. Somatización. Uno de los síntomas del estrés en las mujeres más característicos es la somatización. Las mujeres suelen reportar más síntomas somáticos relacionados con la tensión y la ansiedad, como demostró un estudio realizado en la Universidad de La Laguna. De hecho, no son meras experiencias subjetivas, se ha constatado que las mujeres responden con un aumento de la frecuencia cardíaca ante el estrés y reportan más dolor de cabeza emocional

¿Por qué las mujeres se estresan más? 


Las diferencias hormonales son tan solo una variable en la ecuación que agudiza los síntomas del estrés en la mujer. Las diferencias en la manera de vivir el estrés y lidiar con este desempeñan un papel más importante en su impacto sobre el bienestar femenino. 

- Sensibilidad a los conflictos interpersonales 

Las mujeres son más sensibles a los conflictos y los problemas en las relaciones interpersonales porque suelen conferirle una mayor importancia. El 84% de las mujeres afirman que mantener una buena relación familiar es muy importante, en comparación con el 74% de los hombres. Curiosamente, también reportan un mayor estrés cuando deben conectar con otras personas y pasar tiempo con familiares y amigos. 

Por eso, no es extraño que una investigación realizada en la Universidad de California sugiere que la mayoría de los eventos estresantes que desencadenan estrés en las mujeres están relacionados con su red social cercana, como los problemas en la relación de pareja, la crianza de los hijos o la pérdida de una persona cercana. 

- Significatividad de los síntomas físicos 

En muchos casos, los síntomas del estrés en la mujer se intensifican debido a la importancia que le confieren. En práctica, al centrarse más en ellos y conferirle un rol más protagónico, se acrecienta la percepción de malestar e insatisfacción, cerrando así un círculo vicioso. 

Por ejemplo, aunque el insomnio ataca lo mismo a hombres que a mujeres, el 75% de ellas refieren que dormir es muy importante, una opinion que solo comparten el 58% de los hombres. Esto significa que el impacto psicológico y físico del insomnio terminará siendo más pronunciado en las mujeres. No podemos olvidar que todo aquello en lo que centramos nuestra atención se amplifica. 

- Estrategias de afrontamiento del estrés 

Motivos para estresarse hay muchos, por lo que es importante contar con buenas estrategias de afrontamiento. Si no tenemos buenas herramientas psicológicas para lidiar con los contratiempos y la adversidad, el estrés irá aumentando. Una vez más, hombres y mujeres suelen comportarse de manera diferente cuando llega el momento de lidiar con el estrés. 

Las mujeres suelen usar estrategias de afrontamiento más emocionales y evitativas. También son menos racionales a la hora de evaluar la situación y tienen más dificultades para practicar el desapego. No es extraño ya que un estudio realizado en la Universidad de Pennsylvania en el que se analizaron más de 1.000 escáneres cerebrales reveló que el cerebro femenino está mejor "cableado" para retener detalles emocionales, lo cual les permite conectar mejor con los demás pero también se convierte en una barrera a la hora de establecer una distancia psicológica. Los hombres, al contrario, suelen preferir inhibir las emociones y ponen en práctica estrategias de afrontamiento directo. 

- Sensación de falta de control 

Quizá una de las variables que más influya sobre la percepción del estrés en mujeres y hombres es el autocontrol. Aunque tanto las mujeres como los hombres estresados indican que la principal barrera para realizar cambios positivos en su estilo de vida que alejen el estrés es la fuerza de voluntad, muchas mujeres reconocen que la falta de autocontrol es su principal obstáculo para lidiar con el estrés. 

El problema es que cuando percibimos que no tenemos control sobre nuestra vida, no tardará en aparecer la indefensión aprendida, la cual nos hace perder la confianza en nuestras capacidades para salir airosos de la adversidad. Sentir que somos una hoja movida por el viento genera aún más estrés. 

La mejor estrategia para afrontar el estrés: Contextualizar


¿Es mejor una manera de afrontar el estrés que otra? Todo depende de la situación. Por ejemplo, un estilo de afrontamiento directo puede ser útil en algunas circunstancias y en otras puede ser más adaptativo asumir un estilo de afrontamiento evitativo. A veces es necesario dejarse llevar por las emociones y otras veces es mejor ser más racionales. 

Más allá de las diferencias en las estrategias de afrontamiento y los síntomas del estrés en la mujer y el hombre, lo más importante es conocer nuestros puntos débiles, trabajar para reforzarlos y analizar cada situación para responder de la manera más asertiva posible. Después de todo, no hay que involucrarse en cada batalla ni es necesario ganar todas las contiendas :) 


Fuentes: 
Remes, O. et. Al. (2016) A systematic review of reviews on the prevalence of anxiety disorders in adult populations. Brain and Behaviour; 6(7): e00497. 
Verma, R. et. Al. (2014) Sex differences in the structural connectome of the human brain. Proc Natl Acad Sci; 111(2): 823–828. 
Johnson, D. P. & Whisman, M. A. (2013) Gender differences in rumination: A meta-analysis. Pers Individ Dif; 55(4): 367-374. 
(2010) Gender and Stress. En: APA
Chaplin, T. M. (2008) Gender Differences in Response to Emotional Stress: An Assessment Across Subjective, Behavioral, and Physiological Domains and Relations to Alcohol Craving. Alcohol Clin Exp Res; 32(7): 1242–1250. 
Hammen, C. (2003) Interpersonal stress and depression in women. J Affect Disord; 74(1): 49-57.
Stoney, C. M. et. Al. (1988) Sex differences in lipid, lipoprotein, cardiovascular, and neuroendocrine responses to acute stress. Psychophysiology; 25(6): 645-656. 
Allen, M. T. et. Al. (1993) Hemodynamic adjustments to laboratory stress: the influence of gender and personality. Psychosom Med; 55(6): 505-517. 
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Las 15 mejores películas sobre la ansiedad de todos los tiempos


La ansiedad siempre ha estado presente en el Séptimo Arte, se puede encontrar lo mismo en algunos de los emocionantes thrillers de Hitchcock que en las comedias de Hollywood. Y no es extraño ya que la cinematografía se inspira en la realidad, la cual nos regala grandes dosis de ansiedad todos los días. 

Por suerte, existen algunas excelentes películas sobre la ansiedad que abordan de cerca estos trastornos, de manera que nos permiten comprender mejor cómo funciona la mente ansiosa, para poder ponernos en el lugar de las personas que padecen ansiedad generalizada, un trastorno obsesivo compulsivo, una fobia social o un trastorno de estrés postraumático. 

Estas películas psicológicas también pueden fungir como una especie de antídoto: cuando comprendemos el mecanismo de estos trastornos, también podemos notar los primeros síntomas de la ansiedad y detenerlos antes de que sea demasiado tarde. 

Películas sobre ansiedad perfectas para comprender estos trastornos 


1. Safe (1995)



El drama de Todd Haynes protagonizado por Julianne Moore empieza con una vida idílica como ama de casa que aparentemente no tiene muchas preocupaciones ni problemas pero de repente la historia adquiere un giro inesperado porque la protagonista se convence a sí misma de que está siendo atacada por contaminantes invisibles. Esta película sobre la ansiedad generalizada nos permite comprender cómo las personas que sufren este trastorno suelen aplicar interpretaciones negativas a hechos aparentemente inofensivos, lo cual exacerba su ansiedad. De hecho, se ha demostrado que cuando las personas que sufren ansiedad aprenden a desarrollar una interpretación más positiva de las situaciones, disminuye su tendencia a la preocupación y se reduce la ansiedad. 

2. La mujer sin cabeza (2008) 


Esta coproducción de Lucrecia Martel podría considerarse como una obra maestra entre todas las películas sobre ansiedad. Su protagonista, Verónica, atraviesa un punto de inflexión en su vida que la arrastra hacia un bucle de preocupación. Todo comienza, o más bien se desencadena, cuando golpea algo con su coche en la carretera, pero no se detiene. Poco a poco, se convence de que ha matado a un niño; deslizándose hacia un estado de desintegración emocional. El filme es una exploración brillante de cómo la ansiedad puede hacer que las personas empiecen a ver cosas que no existen. El personaje pierde la cabeza. No hay una solución fácil, pero vemos que empieza a encontrar la manera de salir de ese problema, lo cual nos recuerda que la ansiedad no tiene un final propiamente dicho, sino que debemos aprender a gestionarla día tras día. 

3. Amélie (2011) 



La pequeña Amélie Poulain siempre jugaba sola, incluso se dibujaba caras en la mano que hacían las veces de “títeres” o imaginaba seres extraños que reemplazaban la falta de amigos. El personaje, que da nombre a la tierna película francesa Amélie, convive con un manifiesto temor a entablar relaciones con los demás, con el cual se identificarán las personas que padecen ansiedad social. En esta película de Jean-Pierre Jeunet se describe a una joven introvertida y solitaria que se convierte en una minuciosa observadora de la gente común que vive a su alrededor y se ocupa de mejorar sus vidas de manera secreta. 

3. Noche de estreno (1977)


Dirigido por John Cassavetes y protagonizado por Gena Rowlands, muestra la ansiedad dentro y fuera del escenario. Myrtle Gordon es una actriz veterana de Broadway cuya confianza se ve minada después de que una joven admiradora muere en un accidente. En esta película se aprecian dos niveles de ansiedad en acción: uno relacionado con el rendimiento, y el otro versa sobre cómo una mujer afronta el envejecimiento cuando se define a través de su imagen, un tema con el que muchos podrán identificarse en la actualidad. En la película, la protagonista comienza a dejar atrás el guión mientras actúa, algo similar a lo que le ocurre en la vida real a las personas que tienen problemas de ansiedad. 

5. Solaris (1972) 



En la película de Andrei Tarkovsky, una adaptación cinematográfica de una novela de ciencia ficción de Stanislaw Lem, se envía a un psicólogo, Kris Kelvin, a ayudar a tres astronautas que aparentemente se están volviendo locos en una estación espacial distante. En un primer momento, es probable que los espectadores no se identifiquen mucho con la trama pero poco a poco se va apreciando cómo los trastornos de ansiedad van emergiendo y los protagonistas intentan evitar exponerse a las situaciones que los originaron, una estrategia típica de las personas ansiosas. Esta película revela la tendencia a la evitación, lo cual genera aún más ansiedad. También aborda el tema de la ansiedad generada por estar lejos de casa, en un ambiente al que no estamos acostumbrados y sin lazos que nos salven de esa nostalgia. 

6. Mejor, imposible (1997)


Esta comedia romántica dirigida por James L. Brooks está protagonizada por los grandes Jack Nicholson y Helen Hunt. Nicholson encarna a Melvin Udall, un famoso escritor de novelas románticas que vive en Nueva York y padece un trastorno obsesivo-compulsivo, algo que lo convierte en una persona intratable para el resto de la sociedad, aunque él se enorgullece de ello. A lo largo de la película vemos una constante: la falta de afecto. También se aprecia un amplio repertorio de conductas repetitivas, impulsivas y no controlables que pueden parecer simpáticas pero que interfieren seriamente con su vida normal, desde lavarse las manos con agua hirviendo hasta llevar guantes para que los demás no le toquen, tener todo perfectamente ordenado, pasar cinco veces la llave o apagar y encender varias veces las luces. El mensaje final es muy interesante porque la aceptación incondicional es lo que parece “curar” a Jack. 

7. Sin miedo a la vida (1993) 


Esta película dramática dirigida por Peter Weir es perfecta para comprender cómo las personas pueden reaccionar emocionalmente de manera diferente ante una misma situación. Jeff Bridges interpreta magistralmente a Max Klein, quien se convierte en un superviviente de un accidente de avión en el que muere su amigo. El trauma psicológico transforma su personalidad y Max entra en un estado alterado de conciencia y comienza a creer que Dios no logra matarlo por más que lo desee, por lo que desafía la muerte. 

8. Jacknife (1989)


Probablemente se trata de una de las películas sobre ansiedad más conmovedoras, versa exactamente sobre el trastorno de estrés postraumático. Y su valor psicológico se acrecienta con la actuación de Robert De Niro, quien interpreta a un veterano de guerra con un carácter impredecible, Joseph 'Jacknife' Megessey, que intenta olvidarse de las terribles experiencias que vivió durante la guerra de Vietnam pero todo se reactiva cuando encuentra a un amigo de la guerra, en quien el trauma también persiste y cada uno culpa al otro de la muerte de un tercer compañero. Dirigida por David Hugh Jones, en esta película se aprecia los sentimientos de culpa, la necesidad de seguir adelante pero, a la vez, la sensación de estar atado al pasado. 

9. La decisión de Sofía (1983)


Dirigida por Alan J. Pakula esta adaptación cinematográfica de la novela homónima es una de las películas sobre ansiedad que hay que ver, sí o sí. El personaje principal, Sofía, interpretado por Meryl Streep, representa a una sobreviviente polaca de los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La protagonista no logra deshacerse de las experiencias traumáticas, incluidas las decisiones que tuvo que tomar, que la han llevado a mantener una relación de amor/odio con un "biólogo" igualmente inestable, a quien ella considera su "salvador". Aunque hasta cierto punto es consciente de sus problemas, el síntoma más prominente es la evitación: reprime todos sus recuerdos dolorosos en el pasado para intentar deshacerse de la culpa. Así, intenta anestesiarse emocionalmente con una relación física dependiente y masoquista con su pareja. 

10. ¿Qué pasa con Bob? (1991) 


Catalogada como una de las películas más cómicas de todos los tiempos, este filme dirigido por Frank Oz también nos muestra el trastorno obsesivo-compulsivo. Bill Murray interpreta a una persona mentalmente perturbado llamado Bob Wiley, cuyo mayor problema es que odia tocar cualquier superficie pública, porque sólo Dios sabe cuán sucia puede estar. Por fin, Bob toma la decisión de buscar ayuda profesional y recurre al psicólogo Leo Marvin. Durante el tiempo que sigue, se observa cómo las fobias y manías del protagonista chocan con el profesionalismo y la frialdad del doctor. El filme alcanza su apogeo cuando el médico decide tomarse un respiro de Murray y se va de vacaciones. Sin embargo, como buen obsesivo-compulsivo, el enfermo sigue a Leo y ambos vivirán una hilarante y emotiva aventura.

11. El discurso del rey (2010)



Dirigida por Tom Hooper y con la actuación magistral de Colin Firth, que interpreta el personaje de Jorge VI de Inglaterra y Geoffrey Rush, que es el psicólogo, es un retrato verídico del miedo a hablar en público. El hecho de que esté basada en la realidad le confiere aún más impacto emocional. Expone los aspectos más íntimos de Jorge VI de Inglaterra, una persona que desconfía de sí misma, se siente bloqueada y cree que no podrá afrontar las exigencias que demanda su cargo. Todo esto se ve agravado por su tartamudez o disfemia, que alimenta el miedo a hablar en público. Entonces entra en escena un logopeda llamado Lionel Logue, que desarrolla una relación especial con el rey poniendo en práctica técnicas poco ortodoxas. Es un viaje de dos personas a la frustración para derrotar los pensamientos que les hacen sentir inadecuados.

12. Zelig (1983)



Esta película sobre la ansiedad versa específicamente sobre la fobia social. Zelig es un hombre que lleva una existencia… inexistente. Carente de personalidad y con sus cualidades humanas perdidas en la vorágine de la vida, se siente solo, cree que es un cero a la izquierda, que nadie se preocupa de él. Con esta película, Woody Allen, quien es director y protagonista, nos presenta un personaje que a falta de afecto, termina reinventándose. Tiene una capacidad especial para adaptarse al medio en que se desenvuelve, es un auténtico camaleón social que desea ser aceptado. Sin embargo, la doctora Fletcher descubre que Zelig es un extremo caso de inseguridad.

13. El aviador (2004)


Leonardo DiCaprio da vida a Howard Hughes, un productor de películas de Hollywood y pionero de la aviación. Dirigida por Martin Scorsese, desde muy pronto se comienzan a apreciar los primeros signos de un trastorno obsesivo-compulsivo al que poco a poco se le van sumando nuevos síntomas, hasta el punto de que el personaje cae en un aislamiento total. El TOC de Hughes va empeorando, repite frases continuamente, sobre todo cuando está nervioso, y desarrolla una gran fobia al polvo y a los gérmenes. A la vez, desarrolla rasgos paranoicos y un incidente con el FBI le hace desarrollar un trauma psicológico que finalmente lo hunde en una profunda depresión a raíz de la cual se encierra sin querer ver a nadie durante casi tres meses.

14. Un miedo increíble a todo lo que existe (2012)


Esta película sobre la ansiedad y los miedos es perfecta para adentrarse en el humor inglés. Dirigida por Chris Hopewell y Crispian Mills, narra la historia de un escritor de cuentos infantiles que se obsesiona con su primer libro sin publicar, motivo por el cual se rompe su matrimonio. Luego se obsesiona con otro libro que está escribiendo sobre los asesinos en serie de la era victoriana. Rápidamente esa obsesión da paso a la paranoia y termina sin salir de casa, por miedo a lo que puede depararle el mundo hostil de fuera. Las críticas cinematográficas no han sido buenas, pero se trata de una película sobre la ansiedad que hace reír pero quien aguce la mente podrá darse cuenta de cómo se describe el mecanismo de acción de la ansiedad que termina sometiendo a las personas, como al protagonista, Simon Pegg.

15. Frank (2014)



Lo más distintivo de esta película salta rápidamente a la vista: la enorme máscara de papel maché que siempre lleva su personaje principal. Podemos comprender ese objeto como las máscaras sociales que nosotros mismos usamos todos los días, muchas veces para esconder emociones y sentimientos con los que no nos sentimos cómodos. El personaje principal forma parte de una banda de música llamada The Soronprfbs y resulta una extraña muestra de perfeccionismo y excentricidad que pone a prueba continuamente a los demás. Esta película del director Lenny Abrahamson es extraña, pero vale la pena darle una oportunidad. Y los apuntes psicológicos a lo largo de las secuencias son muchos y muy ricos, incluyendo cómo reaccionan las personas cuando usamos una máscara, que puede ser real como la que usa el personaje, o más trabajada pero que igualmente establece una distancia psicológica.
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Levantarse con el pie izquierdo realmente nos arruina el día, lo confirma la ciencia


Levantarse con el pie izquierdo es sinónimo de mala suerte, aunque esta expresión también se usa para indicar que nos hemos despertado de mal humor. De hecho, es probable que en más de una ocasión, ante una mala jornada, hayas pensado que ese día te has levantado con el pie izquierdo. 

El origen del mito sobre el lado izquierdo 


Todo parece indicar que la idea de “levantarse con el pie izquierdo” surgió en la Antigua Roma. En aquella época, las personas se aseguraban de levantarse por el lado derecho de la cama y poner siempre el pie derecho en el suelo. Algunas personas incluso creían que ponerse primero el zapato izquierdo atraía la mala suerte. 

Lo cierto es que en aquella época existían muchas supersticiones relacionadas con el lado izquierdo. Durante el siglo XIX, por ejemplo, ningún pescador se atrevía a subir al barco por babor; es decir, por la parte izquierda. Aunque era más incómodo embarcar por estribor, nadie iba en contra de la tradición. 

El problema es que durante muchos siglos se pensó que cualquier cosa relacionada con la izquierda era sobrenatural, misteriosa y potencialmente peligrosa. De hecho, la palabra siniestro, que hoy usamos como sinónimo de infeliz, funesto y aciago, en realidad proviene del latín “sinister”, que significa izquierda. 

Curiosamente, los expertos en Feng Shui, una antigua práctica china que implica colocar los elementos de la casa en ciertas posiciones para estar en armonía con su entorno, creen que es mejor levantarse con el pie izquierdo y por el lado izquierdo de la cama ya que este se asocia con valores positivos. 

La ciencia confirma que levantarse con el pie izquierdo realmente puede arruinarnos la jornada 


Cuando nos quejamos porque nos hemos levantado con el pie izquierdo y nos sentimos deprimidos o irritables a las ocho de la mañana, tenemos razón en preocuparnos por lo que sucederá durante el resto del día. En realidad, ese problema matutino es una profecía autocumplida: si creemos que el día será cuesta arriba, lo será. Despertarnos mal hace que el cerebro trabaje peor, y todo no hará sino empeorar a medida que avance la jornada. 

Lo comprobaron psicólogos de la Universidad Estatal de Pensilvania, quienes reclutaron a 240 personas y les pidieron que durante dos semanas respondieran a unas preguntas que les enviaban al móvil cada mañana: ¿Cómo pensaban que sería la jornada? ¿Cuán estresante y difícil podría ser? 

Luego, a lo largo del día, los participantes se sometían a una serie de pruebas para evaluar su nivel de estrés y la memoria a corto plazo, que es la encargada de almacenar la información con la que trabajamos, y es un excelente indicador del funcionamiento cerebral. 

Los resultados no dieron lugar a dudas: cuando nos despertamos con el pie izquierdo; es decir, cuando pensamos que será una jornada dura, será una jornada dura. Vamos acumulando estrés y la memoria de trabajo va empeorando a medida que pasan las horas. Eso significa que nos vamos agotando, cualquier tarea se nos hace cuesta arriba y terminamos más irritables o deprimidos de como nos levantamos. 

La actitud mental cuenta, y mucho 


Cuando pensamos que nos levantamos con el pie izquierdo, ya hemos decidido el destino del día: si creemos que va a ser duro, es bastante probable que la jornada sea estresante. Una actitud negativa hará que exageremos los pequeños problemas y contratiempos, que se irán sumando y empeorarán aún más nuestro estado de ánimo. 

Además, pensar que la jornada irá mal nos sume en un estado de anticipación ansiosa que genera estrés e irritabilidad, de manera que responderemos peor ante las situaciones y crearemos nosotros mismos más problemas. Esa anticipación ansiosa también hará que estemos más distraídos, lo cual aumenta las probabilidades de que cometamos errores o tengamos accidentes. 

Si el cerebro no descansa lo suficiente, no estarás en forma al día siguiente 


Levantarse con el pie izquierdo no es únicamente una cuestión de actitud. Si te levantas malhumorado por la mañana es probable que se deba a que has dormido mal. Y si has dormido mal, tu cerebro no habrá descansado lo suficiente, por lo que no podrá responder con la misma eficiencia. 

Un estudio desarrollado en el Walter Reed Army Institute of Research, por ejemplo, reveló que la falta de sueño nos arrebata casi por completo nuestro sentido del humor, además de crear dificultades para gestionar nuestras emociones. Eso significa que una situación que en circunstancias normales incluso podríamos percibir como divertida, puede convertirse rápidamente en un problema.

Otra investigación realizada en la Universidad de Massachusetts descubrió que dormir mal puede provocar tristeza y una disminución de la autoestima. Investigadores de la Universidad de Binghamton comprobaron que cuando dormimos mal se disparan los pensamientos automáticos negativos, los cuales no nos abandonan durante toda la jornada y hacen que veamos las cosas bajo un prisma negativo. 

Por si fuera poco, dormir mal nos hace tomar malas decisiones y acrecienta la percepción de cualquier sensación de dolor o malestar físico que estemos experimentando. Con tal revoltijo de “efectos secundarios”, no es extraño que cuando nos levantemos con el pie izquierdo, la jornada realmente se tuerza. 

¿Existe alguna manera de mejorar la jornada? 


Además de levantarse con el pie derecho :) ser conscientes de que podemos reaccionar de manera exagerada ante los contratiempos porque nuestra mente no está en buena forma, puede ayudarnos a tomar una distancia psicológica del problema y asumirlo con una actitud más objetiva. Recuerda que, al fin y al cabo, no son las circunstancias las que determinan tu jornada sino la manera en que reaccionas a ellas y la importancia que les das. 


Fuentes: 
Nota, J. A. & Coles, M. E. (2015) Duration and Timing of Sleep are Associated with Repetitive Negative Thinking. Cognitive Therapy and Research; 39(2): 253–261. 
Rothbard, N. P. & Wilk, S. L. (2011) Waking Up on the Right or Wrong Side of the Bed: Start-of-Workday Mood, Work Events, Employee Affect, and Performance. Academy of Management Journal; 54(5): 959–980. 
Killgore, W. D. et. Al. (2006) The effects of caffeine, dextroamphetamine, and modafinil on humor appreciation during sleep deprivation. Sleep; 29(6): 841-847. 
Fredriksen, K. et. Al. (2004) Sleepless in Chicago: tracking the effects of adolescent sleep loss during the middle school years. Child Dev; 75(1): 84-95.
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