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15 Frases sobre la paz interior que te iluminarán


La paz interior es uno de los mayores tesoros, aunque también uno de los más elusivos. Cuando alcanzamos un estado de paz interior, es como si de repente los planetas se alinearan, sentimos que cada cosa está donde debe estar porque nos liberamos de las expectativas y nos sentimos a gusto con nosotros mismos. Es un estado de equilibrio y bienestar en el que tenemos el control de nuestras emociones y pensamientos. 

Por desgracia, en una sociedad que enaltece la acción constante, que nos convierte en adictos a la preocupación y que nos hiperestimula, es difícil encontrar momentos de introspección que nos permitan desarrollar la serenidad. Por eso, no es extraño que terminemos frustrados, agobiados, estresados y ansiosos, aunque no siempre sepamos muy bien por qué. Estas frases sobre la paz interior de escritores, filósofos, psicólogos y maestros budistas arrojan luz sobre cuál podría ser el camino para hallar el estado de serenidad y tranquilidad que todos necesitamos. 

Reflexiones de paz interior para alcanzar la serenidad 


1. “Por cada minuto que pasas enfadado, pierdes 60 segundos de paz interior” – Ralph Waldo Emerson 

Cuando nos sentimos enfadados o frustrados, estamos tan llenos de esas emociones, que no nos percatamos del daño que nos hacen. Pensar que cada vez que alimentamos esas emociones “negativas” dejamos escapar una oportunidad para sentirnos bien, nos ayudará a recobrar la perspectiva, minimizar su impacto y recuperar el equilibrio mental

2. “Solo alcanzarás la paz interior cuando aprendas a perdonar en vez de juzgar” – Gerald Jampolsky 

No podemos sentirnos en paz si arrastramos el fantasma del odio y el rencor. Tampoco podemos estar en paz si juzgamos y criticamos continuamente, convirtiéndonos en jueces todopoderosos a los que nada les parece bien. Cambiar esa actitud, ser más tolerante y flexible, sin sentir la necesidad de criticar a cada paso, nos ayudará a encontrar una nueva serenidad. 

3. “La paz interior es el resultado de reentrenar tu mente para que procese la vida como es, no como te gustaría que fuera” – Wayne Dyer 

Esta frase sobre la paz interior se enfoca en la aceptación, un paso esencial para alcanzar la serenidad. En vez de negar la realidad, debemos aprender a superar la frustración cuando las cosas no van como nos gustaría, replantearnos el camino que hemos elegido, reajustar nuestras expectativas y seguir adelante. Aceptar que las cosas no siempre siguen el rumbo que queremos es esencial para estar en paz.

4. “La paz interior proviene de la satisfacción de saber que has hecho todo lo que has podido para convertirte en la mejor persona que puedes ser” – John Wooden 

Un ingrediente fundamental de la paz interior es estar bien consigo mismo, sentirse satisfechos con lo que hemos logrado y el camino que hemos recorrido. No significa regodearse en la autocomplacencia sino hacer todos los días todo lo posible por crecer un poco más, para que podamos convertirnos en nuestra mejor versión. 

5. “No permitas que los comportamientos de los demás destruyan tu paz interior” – Dalai Lama 

La paz interior es una conquista que debe ser protegida. Debemos recordar que nadie puede hacernos sentir mal sin nuestro consentimiento. Por eso, Dalai Lama nos anima a afrontar con ecuanimidad los comportamientos y actitudes potencialmente molestos de los demás. Cuando tenemos las riendas de nuestras emociones, somos nosotros quienes decidimos cómo actuar, no dejamos que las personas manipulen nuestros hilos emocionales.

6. “La paz interior comienza cuando decides que no permitirás que las personas o las circunstancias controlen tus emociones” - Pema Chodron 

La paz interior no es un estado que se alcanza por un golpe de suerte, es una decisión consciente de proteger nuestro equilibrio psicológico. Eso significa aprender a responder en vez de limitarnos a reaccionar. Saber detener a tiempo los primeros impulsos para impedir que sean las circunstancias o las personas que nos rodean quienes dicten nuestro estado de ánimo.

7. “Aprender a ignorar lo que no vale la pena es un excelente camino para hallar la paz interior” - Robert J. Sawyer 

A veces, para proteger nuestra paz interior, debemos aprender a ignorar, que no significa someterse ni soportar humillaciones o abusos sino ser lo suficientemente inteligentes como para saber qué guerras merece la pena luchar y cuáles es mejor dar por perdidas porque en esa aparente derrota radica nuestra ganancia. Aprender a ignorar lo que no vale la pena significa dejar de enfadarse por todas esas cosas intrascendentes que no hacen sino empeorar nuestro estado de ánimo. 

8. “Nadie puede darte la paz interior, excepto tú mismo” – Ralph Waldo Emerson 

Un buen marinero no se curte en un mar calmo. Lo mismo vale para la paz interior. La serenidad no proviene de fuera, no se encuentra en las circunstancias sino que es un estado interior que se cultiva a través de hábitos que nos ayuden a vivir de manera más equilibrada. 

9. “Si no encuentras la paz en ti mismo, no podrás encontrarla fuera” – Marvin Gaye 

Quienes no pueden perdonarse, se critican continuamente o no se sienten a gusto consigo mismos, no podrán encontrar el equilibrio necesario para sentirse en paz. Una condición sine qua non de la serenidad es hacer las paces consigo mismo, con nuestro pasado, defectos, errores y malas decisiones. 

10. “Si te sientes deprimido, estás viviendo en el pasado, si te sientes ansioso, estás viviendo en el futuro. Si te sientes en paz, estás viviendo en el presente” - Lao Tzu 

La filosofía budista considera que las culpas del pasado y las preocupaciones del futuro nos arrebatan la serenidad. Al contrario, vivir en el “instante eterno” con una actitud mindfulness es el camino para desarrollar la paz y el equilibrio. Implica centrarse en el aquí y ahora, enfocarse en lo que estamos haciendo y disfrutar de ello sin que las nubes del pasado o el futuro enturbien ese estado de bienestar actual. 

11. “Si buscas la paz, deja de luchar. Si buscas la paz interior, deja de luchar contra tus pensamientos” - Peter McWilliams 

Esta frase sobre la paz interior nos brinda una pista sobre cómo alcanzar la serenidad: dejando de luchar contra nuestros pensamientos y emociones. Eso no significa sucumbir ante ellos y dejar que dicten nuestros comportamientos sino aceptarlos y comprenderlos, en vez de intentar reprimirlos. En ese momento ocurre una paradoja porque esas emociones y pensamientos que antes nos incordiaban de repente pierden su fuerza y se desvanecen. 

12. “Conténtate con lo que tienes y regocíjate con las cosas tal como son. Cuando te des cuenta de que no te falta nada, el mundo entero te pertenecerá” - Lao Tzu 

La filosofía budista nos anima a reducir nuestras necesidades, expectativas y deseos, sintiéndonos satisfechos con lo que tenemos. Si logramos ser felices con menos, podremos desligarnos de las presiones sociales y ser más libres. Dejaremos de perseguir obsesivamente posesiones o metas que se muestran elusivas y encontramos la serenidad. En ese momento recuperamos la fuerza para alcanzar los sueños que nos harán felices de verdad.

13. “La paz interior no proviene de tener lo que quieres sino de recordar lo que eres” - Marianne Williamson 

La paz y la serenidad no nacen de las posesiones materiales, estas solo brindan una sensación de seguridad ilusoria que incluso genera inmediatamente el miedo a perderlas. La auténtica paz proviene de estar en contacto con nuestro “yo”. Es un estado de congruencia entre nuestras necesidades y deseos y nuestro comportamiento y actitudes. 

14. “La paz interior es una condición mental en la cual has aceptado lo peor” - Lin Yutang 

Este escritor chino no nos anima a asumir un espíritu derrotista sino a prepararnos para la vida, para que no alimentemos expectativas irreales. "Lo inesperado tiene efectos más aplastantes, sumándose al peso del desastre", advirtió Séneca. Se trata de aceptar la existencia de la adversidad y contemplar la posibilidad de que las cosas no salgan como las habíamos planeado. 

15. “No puedes encontrar la paz evitando la vida” – Virginia Woolf 

La paz interior se encuentra en ese punto en el que dejamos de tener miedo a la vida y sus problemas y nos atrevemos a ser felices y hacer lo que nos gusta, asumiendo todos los riesgos y responsabilidades que ello conlleva. De hecho, alcanzar ese estado de serenidad no implica abstraerse de la vida y vivir en una burbuja sino imbuirse más en ella, disfrutando de cada paso del camino. 
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¿Cómo superar la frustración?


Me atrevería a jurar que no existe persona que no haya conocido la frustración. Es difícil no frustrarse cuando las cosas no salen como habíamos planeado o cuando tanto esfuerzo no da sus frutos. En algunos casos, la frustración se convierte en una compañera de viaje indeseada que nos deja con las emociones a flor de piel y nos apaga las ganas. 

Cuando tenemos la sensación de darnos golpes contra un muro, es fácil terminar agotados emocionalmente. De hecho, alimentar la frustración, o pasar de una frustración a otra, se convierte en una bomba de tiempo emocional que estallará de la peor manera en cualquier momento. La frustración sostenida genera residuos emocionales invisibles que se van acumulando y nos llenan de energía negativa. Por eso es fundamental aprender a desarrollar una buena tolerancia a la frustración. 

¿Qué es la frustración? 


La frustración se experimenta como un estado de malestar, a menudo acompañado con una sensación de impotencia o fracaso. Aparece cuando no conseguimos alcanzar nuestros proyectos, sueños, metas, deseos… o simplemente cuando no logramos llevar a buen término una actividad. 

De hecho, la frustración es una reacción común en los niños ya que, debido al escaso desarrollo de sus habilidades, a menudo encuentran obstáculos que les impiden terminar con éxito la tarea que tienen por delante. Cuando no pueden hacer algo y se dan cuenta de esa limitación, sobreviene la frustración. 

Desde esta perspectiva, la frustración es un sentimiento negativo provocado por el deseo de hacer algo o lograr algo y la imposibilidad de conseguirlo. Por tanto, es una reacción natural, aunque ello no significa que sea beneficiosa o saludable. 
Los tipos de frustración y nuestras reacciones 

Existen dos tipos de frustración

- Frustración interna, que surge de los desafíos que nos planteamos, de la incapacidad para lograr nuestros objetivos y metas, de los sueños fallidos y las necesidades insatisfechas. Este tipo de frustración se debe fundamentalmente a no haber medido bien nuestras fuerzas y capacidades, de habernos propuesto metas poco realistas.

- Frustración externa, la cual proviene de las circunstancias que se escapan de nuestro control y nos impiden alcanzar nuestras metas o satisfacer nuestras necesidades. Generalmente se trata de obstáculos del medio difíciles de sortear que no pudimos prever. 

La frustración puede generar diferentes respuestas, las cuales variarán según la importancia de las expectativas frustradas, nuestros recursos psicológicos para afrontar la situación y el nivel de disonancia cognitiva que experimentemos. Las reacciones más comunes son: 

- Aislarse. Muchas personas, cuando se sienten frustradas, prefieren aislarse de la situación o personas que la defraudaron, poniendo un muro de por medio. Se trata de una reacción de escape y evitación, para evitar los sentimientos negativos. También es común que aparezca la apatía y el desinterés. 

- Obsesionarse. La frustración también puede generar una reacción opuesta; es decir, la persona puede obsesionarse con lo ocurrido, intentando buscar culpables o chivos expiatorios, siendo incapaz de pasar página, es como si se quedara en bucle. 

- Agresividad. Muchas veces la frustración se expresa a través de comportamientos agresivos o amenazadores, que son una manifestación del sentimiento de impotencia. 

- Regresión. Consiste en comportarse de manera inmadura e infantil ya que no se cuenta con las herramientas adecuadas para hacer frente a la desilusión o el desengaño. A menudo esta reacción a la frustración conlleva la negación de lo ocurrido. 

Las consecuencias de la frustración 


Es perfectamente comprensible que nos sintamos frustrados si después de haber pasado un año completo estudiando no hayamos podido pasar el examen. También es comprensible que nos sintamos frustrados si hemos perdido algo muy valioso. Sin embargo, cuanto antes logremos solucionar esa discrepancia entre la realidad y lo esperado, mejor, porque sumirse en un estado de frustración es muy dañino. 

En realidad, el problema no es la emoción sino lo que hacemos con ella. Si no aprendemos a lidiar con la frustración esta se apoderará de nuestras vidas y las convertirá en un verdadero infierno de desesperanza, amargura, resentimiento y rencor. 

La frustración no solo nos desestabiliza emocionalmente sino que también genera muchas dudas. Primero comenzamos preguntándonos si “¿lo lograré la próxima vez?”, después pasamos a una afirmación dubitativa “quizás fracase de nuevo” para terminar con una rotunda afirmación que pone fin a nuestros sueños y nos sume en el inmovilismo total “no lo lograré, soy un fracaso”. 

De hecho, este es el mayor problema de la frustración: genera una falta de motivación y fomenta una autoimagen negativa y de escaso valor convirtiéndose en una profecía que se autocumple. Es decir, si pensamos de antemano que vamos a fracasar en un proyecto, tendremos más posibilidades de fracasar porque asumiremos una actitud derrotista. 

La tolerancia a la frustración 


La frustración es una respuesta primaria o instintiva, una reacción natural cuando se interpone algún obstáculo en nuestro camino o no podemos alcanzar el objetivo que nos habíamos propuesto. Todos nos sentimos frustrados de vez en cuando, pero se trata de un estado reversible. 

No obstante, hay personas que tienen una baja tolerancia a la frustración, lo cual significa que se desaniman ante el menor percance y no son capaces de reestructurar sus patrones de pensamiento y comportamiento para cambiar sus objetivos o las vías para alcanzarlos. Estas personas tienen un pensamiento rígido y a menudo alimentan expectativas muy alejadas de la realidad, razón por la cual se frustran con más frecuencia. 

Las personas con una baja tolerancia a la frustración normalmente: 

- Tienen dificultades para gestionar sus emociones, por lo que a menudo estas toman el mando. 

- Son impacientes, impulsivas y tan exigentes que desarrollan una actitud egocéntrica. 

- Quieren satisfacer sus necesidades inmediatamente, por lo que reaccionan mal cuando tienen que esperar, generalmente con ataques de ira. 

- Tienen un pensamiento rígido y dicotómico, suelen pensar que las cosas son blancas o negras. 

- Tienen poco margen para el cambio ya que pretenden que el mundo se adapte a sus necesidades y expectativas. 

- Se desmotivan con facilidad ante el primer obstáculo. 

- Son más propensas a desarrollar trastornos emocionales como la ansiedad y la depresión. 

¿Cómo superar la frustración? 


La respuesta está en la aceptación. Básicamente, una persona frustrada es una persona que tiene muchas cuentas pendientes con su pasado y que tiene poco conocimiento de sí misma, o que se conoce pero no se acepta. 

La aceptación que permite liberar la frustración es un proceso que ocurre a nivel profundo, no es una aceptación a nivel lógico y racional sino a nivel emocional. Por ejemplo, probablemente sabes qué pasará si no consigues terminar lo que te propones, conoces las posibilidades, pero no las aceptas. Porque una cosa es conocer y otra muy diferente aceptar a nivel emocional. 

Por tanto, en vez de preguntarte: ¿qué sucedería si no lo consigo?, pregúntate: ¿puedo vivir sin lograr lo que me propongo?, ¿existen otros caminos para lograrlo? y ¿cómo me afecta emocionalmente no lograr mi meta? Solo entonces comenzarás a aceptar la aparente derrota y la convertirás en una victoria. 

La aceptación radical parte de comprender un antiguo proverbio chino que dice: “un copo de nieve nunca cae en el lugar equivocado”. Eso significa que no tiene sentido luchar contra lo que ya ha ocurrido, y que muchas veces tampoco tiene sentido intentar encontrarle un significado. Algunas cosas suceden, debemos aprender a aceptarlas y seguir adelante, intentando minimizar en la medida de lo posible su impacto. 

Por otra parte, también es vital aprender a aceptar nuestras limitaciones. No cabe dudas de que es importante esforzarse por lograr un objetivo pero llega un punto en que también es necesario abandonar o replantearse las metas asumiendo una perspectiva más realista. 

Podemos convertir esta frase del famoso psicólogo que dedicó parte de su vida a estudiar las emociones humanas, William James, en nuestro mantra: “Aceptar lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia”.

Y no debemos olvidarnos de crear espacios de reconstrucción positivos que nos permitan llenarnos de una energía más dinámica y motivadora. Es cierto que a veces las cosas no salen como las habíamos planeado, pero también hay muchas pequeñas y grandes cosas por las cuales sentirnos agradecidos y que normalmente damos por sentado. 

Aprender a centrarnos en esas cosas, quizá llevando un diario de la gratitud, nos ayudará a compensar los malos tragos y recargar nuestra batería emocional con una energía más positiva que actuará como un escudo ante los momentos frustrantes. 
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3 secretos de los estoicos para no implicarte en discusiones insignificantes y estúpidas


Muchas de las discusiones y peleas que tenemos a diario se desencadenan por cosas insignificantes o incluso estúpidas, cosas por las cuales ni siquiera vale la pena discutir. En otros casos el problema está en nuestro interlocutor y en su incapacidad para contemplar cualquier punto de vista que no sea el suyo. 

No obstante, cuando nos dejamos arrastrar por las emociones y nos sumergimos en esas discusiones interminables que no conducen a ninguna parte, perdemos nuestra paz interior y se afecta nuestro equilibrio mental. Y no vale la pena. Ya lo había dicho Séneca: “una discusión prolongada es un laberinto en el que la verdad siempre se pierde”. 

Guía estoica para no perder la paz discutiendo por nimiedades 


1. Lo que la gente dice, refleja más de ellas que de ti 

Epicteto, uno de los filósofos estoicos más famosos, enseñaba que las cosas externas que nos suceden están fuera de nuestro control y, por tanto, deberíamos aprender a reaccionar asumiendo una distancia psicológica que nos proteja de sus efectos negativos. No somos responsables de esas cosas, pero somos responsables de cómo reaccionamos ante ellas. 

Nos aconseja: “Cuando cualquier persona te trate mal o hable mal de ti, recuerda que lo hace porque cree que es su deber. Por tanto, es incapaz de seguir aquello que te parece correcto a ti, solo hace lo que le parece correcto a ella. En este mismo sentido, si esta persona se equivoca en su opinión, es ella quien se lastima, pues es ella quien se ha engañado. Si una persona supone que una proposición verdadera es falsa, la proposición no es afectada, es la persona quien se ha engañado a sí misma. Si actúas siguiendo esta lógica, serás más ecuánime en tu temperamento con aquel que te injuria pues podrás decirte en cada ocasión: ‘es solo su opinión’”. 

Esto no significa que debemos permitir que nos insulten o humillen, tan solo significa que debemos mantener el control sobre nuestras reacciones porque cada vez que te enfadas, le cedes el control a la otra persona, cada vez que dejas que alguien te arrebate tu equilibrio emocional, pierdes. 

Epicteto, al contrario, nos anima a no tomarlos las cosas de manera personal y asumir una distancia reflexiva que nos permita responder con ecuanimidad. Debemos entender que algunas personas pueden ser ofensivas porque se sienten débiles, simplemente por ignorancia o porque no saben reaccionar de otra manera. Eso no significa excusar su comportamiento porque nadie tiene el derecho de acusar o insultar a los demás, tan solo significa que nos alzamos por encima de ese nivel y rechazamos involucrarnos en discusiones absurdas o insignificantes que no llegarán a buen puerto. Significa actuar con inteligencia y aplicar la máxima de Séneca: “importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti”. 

2. No prestes atención a lo que no vale la pena 

Marco Aurelio, otro de los grandes filósofos estoicos, pensaba que la clave está en nuestra atención y en el significado que le atribuimos a los sucesos. Predicaba la serenidad basada en el autocontrol. 

“El valor de la atención varía en proporción al objeto en que se centra. Es mejor que no dediques más atención y tiempo del que merecen a las cosas pequeñas e insignificantes […] Si te amas tanto a ti mismo, préstale más atención a lo que piensas sobre ti que a lo que opinan los demás […] Decide que no te dañarán, y no serás dañado. Decide que no te sentirás dañado, y no lo serás”. 

En su discurso hay dos puntos importantes que se convierten en valiosas enseñanzas para escapar de las discusiones inútiles. Ante todo, debemos aprender a no prestarle más atención de la que merecen a las críticas destructivas, las opiniones injustas o las ideas rígidas. Si le seguimos dando vueltas en nuestra mente, incluso cuando la discusión terminó, tan solo estaremos alimentando el malestar y la frustración. Debemos aprender a dar a cada cosa la importancia que merece. Ni más ni menos. 

El segundo punto interesante en el discurso de Marco Aurelio se refiere al empoderamiento. Nadie puede dañarnos sin nuestro consentimiento. Por tanto, cuando nos enfadamos y nos enzarzamos en discusiones inútiles, es porque alguien ha tocado uno de nuestros puntos sensibles. Ese es un buen momento para preguntarnos por qué hemos discutido de algo tan intrascendente, crecer y no volver a cometer ese error en el futuro. 

3. Prepárate para lo peor de la mejor manera 

Séneca ha sido considerado como el máximo representante del estoicismo, en sus diferentes escritos nos ha dejado algunas perlas de sabiduría que podemos aplicar para evitar que las discusiones inútiles nos roben la paz de espíritu. En las célebres “Cartas de un Estoico” aconseja: 

“El efecto de lo que no se busca es aplastante, pues al peso del desastre se suma lo inesperado. El hecho de que fuera imprevisto intensifica la reacción de una persona. Por eso debemos asegurarnos de que nada nos tome por sorpresa. […] Debemos prever todas las posibilidades y fortalecer el espíritu para afrontar las cosas que puedan ocurrir si no queremos sentirnos abrumados y aturdidos. […] Todo el mundo se enfrenta con mayor valentía a algo para lo cual se ha preparado durante mucho tiempo. Aquellos que no están preparados, por otro lado, reaccionarán mal ante los acontecimientos más insignificantes”. 

Séneca se refería a la importancia de controlar nuestras expectativas, que muchas veces se encuentran en la base de esas discusiones sin sentido. Si esperamos que todas las personas que encontramos sean abiertas y flexibles de pensamiento, cuando encontremos a personas rígidas que no quieren escuchar nos sentiremos frustrados. Al contrario, contemplar esa posibilidad nos permitirá comprender inmediatamente que la discusión no tiene sentido. 

También podemos prepararnos mentalmente para afrontar determinadas discusiones. Aprender técnicas de comunicación asertiva, por ejemplo, nos permitirá mantener la calma y reenfocar positivamente la conversación. 

La clave radica en ser conscientes de que no vivimos en un mundo ideal y que no podemos cambiar a algunas personas, por lo que solo queda preguntarnos si dejaremos que nos arrebaten nuestra tranquilidad con discusiones que no conducen a ningún sitio o simplemente actuamos de manera más inteligente y ponemos punto final.
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¿Tienes una personalidad ecoista?


En la mitología griega, Narciso era un joven hermoso del que todas las jóvenes se enamoraban. Eco, una ninfa condenada a repetir las últimas palabras que oía, también se enamoró de él. Un día, incapaz de expresar su amor por Narciso con palabras, quiso abrazarlo para mostrarle sus sentimientos pero este la rechazó cruelmente. La diosa Némesis castigó a Narciso por su engreimiento haciendo que se enamorara de su propio reflejo. Incapaz de dejar de mirar su imagen, Narciso cayó al agua, absorto con su reflejo.

La Psicología se inspiró en este mito para dar nombre a la personalidad narcisista, pero todos se olvidaron de la ninfa Eco. Al menos hasta ahora. El psicólogo estadounidense Craig Malkin se quedó fascinado por el papel de Eco ya que representaba la antítesis del narcisismo, y encontró similitudes con las características que muestran algunas personas, por lo que se dedicó a investigar lo que denominó personalidad ecoista.

¿Qué es el ecoismo? 


El ecoismo es un rasgo de la personalidad, lo cual significa que, en mayor o menor medida, puede estar presente en todos nosotros. Básicamente, se trata de un profundo miedo a ser percibidos como narcisistas. Los narcisistas son “adictos” a sentirse especiales pero los ecoistas, al contrario, no quieren que los demás les hagan sentir especiales. Cuando eso sucede, pueden sentirse muy incómodos o incluso enfadarse.

En algunos casos, el deseo de pasar desapercibidos y el malestar por recibir elogios es tan grande que puede hacerse referencia a una personalidad ecoista propiamente dicha ya que ese rasgo prevalece sobre los demás y determina profundamente las actitudes y comportamientos de la persona.

El ecoismo no es modestia sino el temor a proyectar una imagen egocéntrica, narcisista y egoísta que provoque rechazo y críticas. Como resultado, esta persona intenta silenciar por completo su "yo".


Cinco características de la personalidad ecoista 


1. Miedo a sentirse especial 

La personalidad ecoista teme ser visto como vanidoso o acaparar la mirada de los demás, aunque sea por buenas razones. El rasgo característico de los ecoistas es el temor a proyectar una imagen narcisista, a parecer demasiado llenos de sí mismos. Como resultado, se suelen sentir incómodos cuando reciben atención, sobre todo si esta es positiva. Por eso, estas personas prefieren pasar desapercibidas. 

2. Extrema sensibilidad emocional 

El ecoismo está profundamente relacionado con la sensibilidad emocional. Es común que estas personas muestren desde que nacen una extrema sensibilidad. Al ser tan sensibles, se sienten muy avergonzadas cuando las castigan o reprenden. De hecho, se hipotetiza que el ecoismo es una especie de introversión defensiva. Estas personas piensan: "si no me notas, tampoco podrás humillarme, avergonzarme o hacerme daño". 

3. Represión de las necesidades 

Las personas ecoistas también tienen miedo a convertirse en una carga para los demás, hasta el extremo que llegan a esconder sus necesidades y no suelen expresar sus deseos. En el fondo, creen que para ganarse el amor de los otros deben exigir lo menos posible y dar lo máximo de sí. Eso les lleva a descuidar sus necesidades, entregándose demasiado a los demás, lo cual suele generar insatisfacción e infelicidad ya que sus necesidades emocionales siguen existiendo pero no son satisfechas. 

4. Baja autoestima 

La personalidad ecoista se ha relacionado con una baja autoestima. Sentirse poco especial o pensar que no son dignos de ser tenidos en cuenta implica una imagen negativa de sí mismos. Esa falta de confianza en sus capacidades se convierte en una profecía que se autocumple, por lo que estas personas rara vez se animarán a emprender proyectos o perseguir sus sueños. Tienen tan poco amor propio que la vida termina devorándolos. 

5. Dificultad para saber lo que quieren 

Las personas ecoistas dedican tantos esfuerzos a satisfacer las necesidades de los demás y a esconder sus deseos, que pueden perder la conexión con su “yo”, de manera que si alguien les pregunta qué desean, pueden sentirse perdidas. Esa imposibilidad para conectar con sus necesidades hace que sean más proclives a desarrollar una dependencia emocional de los demás, que es justo lo que pretenden evitar.

¿Cómo se forma la personalidad ecoista? 


El ecoismo no es un trastorno psicológico sino un rasgo de la personalidad desarrollado como resultado de la puesta en práctica de una estrategia de supervivencia. En algún momento de su infancia, estas personas pensaron que, para ser amados, debían asegurarse de molestar lo menos posible a los demás. 

Si unos padres narcisistas condicionan su amor al hecho de que sus hijos les molesten lo menos posible, pueden crear las bases para una personalidad ecoista. No obstante, lo más usual es que se trate de un patrón de respuesta imitado. Es decir, la personalidad ecoista es el resultado de una educación ecoista. Unos padres ecoistas transmitieron ese pavor a ser especial y pedir más. Si los padres castigan el orgullo normal que pueden experimentar los niños por sus logros y los tachan de arrogantes y egoístas, pueden estimular una actitud ecoista más tarde en la vida. 

También se conoce que las personas que son muy sensibles a las críticas pueden ser más propensas a desarrollar este rasgo de la personalidad. Estas personas esconden sus necesidades con la esperanza de que, al exigir tan poco, los demás les acepten y amen. No buscan la aceptación y el amor a través de sus cualidades positivas sino anulándose a sí mismos.

Desde esta perspectiva, el ecoismo es un mecanismo de introversión defensiva que suele surgir de la sensación de culpa por haber sido en algún momento demasiado “demandantes” o “difíciles de contentar”. Así, el ecoista ha aprendido a sobrevivir haciéndose eco de las necesidades de otras personas. 

¿Cuáles son las consecuencias del ecoismo? 


Las personas ecoistas brindan una imagen de gran amabilidad, comprensión y disposición, pero dar continuamente sin recibir nada a cambio es agotador. De hecho, estas personas suelen terminar en relaciones dependientes con personas narcisistas, lo cual crea un profundo desequilibrio en ese necesario intercambio entre dar y recibir. 

Como resultado de aplazar continuamente sus necesidades por miedo a ser recriminados, la persona ecoista irá sintiendo un vacío interior cada vez mayor. A menudo también siente como si estuviera caminando sobre una alfombra de huevos, con miedo a equivocarse a cada paso, lo cual la sume en un estado de tensión constante. 

La falta de autoestima también puede llevarla a limitarse a una pequeña zona de confort de la que no se atreve a salir por miedo a sobresalir y llamar la atención. Eso la sume en un círculo vicioso: se siente insatisfecha pero "no puede" hacer nada para satisfacer sus necesidades.

¿Cómo superar el ecoismo? 


La idea de que debes entregar todo sin pedir nada a cambio, poniendo siempre las necesidades de los demás sobre las tuyas, conduce a la anulación del “yo”. Por eso, es necesario encontrar un equilibrio saludable entre las necesidades propias y las ajenas, entre el dar y el recibir. 

No hay nada de malo en sentirse orgulloso por el trabajo bien hecho y en recibir elogios por ello. Tampoco hay nada de malo en tener nuestros propios sueños y esforzarnos por conseguirlos. Todos y cada uno de nosotros somos especiales de manera diferente. 

Intentar comprender de dónde surge ese rechazo a hacer valer tus derechos y necesidades también te ayudará a superar ese miedo al reconocimiento. Vuelve la vista atrás e intenta encontrar los primeros episodios en los que tuviste miedo a ser reconocido. Busca sus causas. Entender el origen del ecoismo te ayudará a comprender que no tienes que arrastrar por toda la vida tus reacciones y miedos del pasado.
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Cada vez que te preocupas, agotas tu capacidad para pensar: ¿Cómo pasar de la zona de preocupación a la zona de influencia?


Es difícil poder con todo cuando tenemos tanto por hacer. Es normal que nos preocupemos. Nos preocupamos mucho y por muchas cosas. Y por alguna extraña razón, pensamos que preocuparnos es justo lo que necesitamos. ¡¿Cómo no vamos a preocuparnos por todos los problemas que debemos resolver?! 

Creemos que preocuparnos es beneficioso porque nos ayuda a resolver los problemas. Sin embargo, la preocupación es como una mecedora: nos da algo que hacer, pero no nos lleva a ninguna parte. 

¿Cómo afecta la preocupación al cerebro? 


La preocupación es un estado de sobrecarga cognitiva, que impacta de manera particular en nuestro sistema límbico. El sistema límbico es una red de estructuras que influye sobre nuestras respuestas autonómicas como la presión sanguínea, la respiración y el ritmo cardíaco, aunque su principal función es la regulación emocional. 

Las preocupaciones afectan el funcionamiento del sistema límbico, provocando un estado de activación que nos impide funcionar con normalidad. Actúan de manera similar a cuando se produce un secuestro emocional, de manera que dejamos de pensar racionalmente. 

Las preocupaciones pueden hacernos caer en un bucle de negatividad, en el que una preocupación genera la siguiente, arrastrándonos en un agujero cada vez más profundo del cual es cada vez más difícil salir. 

Eso no significa que podamos eliminar las preocupaciones, pero debemos asegurarnos de limitar su impacto. Necesitamos preocuparnos inteligentemente. 

Zona de preocupación vs. Zona de influencia 


Solemos dedicar mucho tiempo y esfuerzo a revivir los traumas psicológicos y las experiencias pasadas conflictivas, cosas que ya no podemos cambiar, pero cuyo halo de preocupación se extiende hasta nuestro presente. También dedicamos mucho tiempo y energía a fantasear sobre futuros inciertos y/o catastróficos. 

Un pensamiento equilibrado sería aquel que nos permite regocijarnos por las cosas buenas que nos pueden ocurrir y preocuparnos por las cosas malas. Sin embargo, lo usual es que usemos un prisma gris y nos limitemos a preocuparnos únicamente por las peores posibilidades. Nos limitamos a la zona de preocupación. 

La zona de preocupación es un espacio nebuloso en el que nos dedicamos a alimentar las peores posibilidades, echando leña al fuego del miedo y la ansiedad. Cuando entramos en esa zona nos limitamos a reaccionar, imaginando los peores escenarios posibles. 

Si pasas mucho tiempo en la zona de preocupación, estarás malgastando tu energía, llenándote de pensamientos negativos que no solo afectan tu estado de ánimo sino que además se convertirán en una profecía que se autocumple. 

La zona de influencia, al contrario, es aquella sobre la que tenemos poder para actuar, es todo aquello que está en nuestra mano para cambiar las circunstancias que no nos gustan. En esta zona somos proactivos. 


En esta representación gráfica podemos apreciar que a medida que crece la zona de preocupación, disminuye la zona de influencia ya que nos volvemos reactivos y somos incapaces de actuar. Al contrario, a medida que somos proactivos y pasamos a la acción, disminuye la zona de preocupación. La clave consiste en aprender a pasar de la zona de preocupación a la zona de influencia, ese ámbito en el que realmente tenemos poder. 

Técnica de la zona de preocupación pospuesta 


1. Configura una zona de preocupación pospuesta 

Esta estrategia consiste en elegir un momento del día en el cual puedes dar rienda suelta a tus preocupaciones. También es importante acotar el tiempo que le dedicarás a esas preocupaciones, para que no corras el riesgo de que tomen el control y se instauren en tu mente. Esa será tu zona de preocupación pospuesta. 

2. Delega las preocupaciones a esa zona 

Cada vez que te asalte una preocupación a lo largo del día, detén ese pensamiento y delégalo a la zona de preocupación pospuesta. El objetivo no es olvidar esa preocupación, sino volver a ella en el momento adecuado. Todo tiene un momento y lugar, y la preocupación no es bienvenida cuando te estás divirtiendo o mientras trabajas. 

Cuando te asalte una preocupación, simplemente toma nota y clasifícala del 1 al 5 según cuanto te desestabilice emocionalmente o cuánto podría afectarte. El objetivo de escribirla también es restarle su impacto emocional e ir más allá de la preocupación para analizar su posible impacto real. 

Una vez registres la preocupación, simplemente continúe con lo que estabas haciendo. Al inicio te resultará complicado pero a medida que practiques te será más fácil controlar esos pensamientos. 

3. Entra en tu zona de la preocupación pospuesta 

Ahora ha llegado el momento de preocuparse. Revisa tus notas y observa cuán preocupado te sientes. Vuelve a analizar la calificación que le diste a cada preocupación cuando surgió. Es probable que muchas de ellas ya no te parezcan tan importantes. 

Elige las preocupaciones más importantes y reflexiona sobre ellas. Pregúntate cuáles son las probabilidades reales de que eso que te preocupa ocurra y cómo podría impactar en tu vida. Recuerda que a menudo las preocupaciones son simplemente el dibujo de los peores escenarios posibles. 

A continuación, intenta establecer un plan para eliminar esa preocupación. ¿Qué puedes hacer para disminuir la incertidumbre? ¿Qué grado de control objetivo tienes sobre las circunstancias que te preocupan? ¿Cuál es tu margen objetivo de maniobra? ¿Qué plan de acción puedes proyectar para minimizar los riesgos? 

Se trata de pasar de la zona de preocupación a la zona de influencia, donde tienes un mayor control y puedes asumir una actitud proactiva. 

Con esta técnica lograrás tres objetivos: 

- Reducir la cantidad de preocupaciones y el tiempo que le dedicas 

- Disminuir la intensidad de las preocupaciones y su impacto emocional. 

- Crear un hábito de preocupación saludable. 

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15 Proverbios chinos llenos de sabiduría


La cultura oriental nos deja grandes perlas de sabiduría que se han transmitido de una generación a otra llegando hasta nuestros días. Muchos de estos proverbios chinos pueden convertirse en auténticos mantras para los momentos más difíciles o iluminarnos cuando tengamos que tomar una decisión importante en nuestra vida. También pueden ser ese recordatorio que de vez en cuando necesitamos para no perder la calma y mantener el equilibrio mental.

Refranes chinos para enfrentar la vida de forma más equilibrada


1. Distintas cerraduras se deben abrir con diferentes llaves.

No existen soluciones mágicas, lo que funcionó en ciertas circunstancias puede no funcionar en otras situaciones. La vida cambia continuamente, por lo que no tiene sentido aferrarse al pasado. Cada problema que enfrentamos es diferente, incluso nosotros mismos no somos la misma persona, por lo que debemos analizar todas las opciones posibles, con la mente abierta, para encontrar la mejor solución.

2. No puedes impedir que las aves de la preocupación vuelen sobre tu cabeza, pero puedes evitar que construyan un nido. 

La vida nos planteará continuamente nuevos desafíos. Tarde o temprano la adversidad llamará a nuestra puerta. no podemos evitarlo, pero podemos decidir cómo reaccionar ante lo que nos sucede. Podemos asumir que los problemas son piedras en el camino y quedarnos estancados en ese malestar y sufrimiento o, al contrario, podemos asumirlos como retos que nos ayuden a crecer. 

3. El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora. 

Si queremos lograr un cambio o emprender un nuevo proyecto, el mejor momento es ahora. Pensar que es demasiado tarde es una excusa para quedarnos en nuestra zona de confort. Este proverbio chino nos recuerda que solo tenemos el presente, por lo que lamentarnos por lo que no hicimos no tiene ningún sentido. En su lugar, debemos pensar en lo que podemos hacer y poner manos a la obra.

6. Quien busca la venganza debe cavar dos tumbas. 

La venganza es uno de esos sentimientos que se alimenta con la esperanza de hacer sufrir a quien nos hizo daño pero en realidad solo nos daña a nosotros. Alimentar la venganza implica quedarse prisioneros del pasado, regodearnos en el sufrimiento, sin ser capaces de avanzar porque estamos recomidos por el rencor. 

7. El que teme sufrir ya sufre el temor. 

Algunas cosas en la vida son inevitables, pero si pensamos demasiado en ellas las estaremos anticipando, al experimentarlas en nuestra mente estaremos sufriendo por adelantado. El propio temor a sufrir ya implica el sufrimiento, por lo que es mejor aprender a fluir y no anticiparse a las desgracias, que muchas veces ni siquiera llegan. Este proverbio chino nos alerta de que muchas veces es peor la preocupación que el hecho en sí mismo.

8. Es mejor encender una vela que maldecir en la oscuridad. 

A veces, cuando la adversidad toca a nuestra puerta, su golpe es tan grande que nos confunde. Las expectativas rotas, el dolor y la frustración pueden ser tan grandes que nos bloquean y hacen que nos quedemos atrapados en una espiral de quejas sin sentido. Sin embargo, llorar sobre la leche derramada no sirve de nada, no solo no soluciona el problema sino que nos sume en un estado de ánimo aún más negativo. Por eso, debemos asegurarnos de buscar soluciones, en vez de limitarnos a quejarnos de brazos cruzados por nuestra mala suerte o los golpes del destino.

9. Cuando el sabio apunta a la luna, el necio solo ve el dedo. 

Este proverbio chino se refiere a la incapacidad para ver más allá de los pequeños detalles y desarrollar una visión global. Muchas veces, ya sea por la frustración, la falta de perspectiva o nuestras creencias limitantes, nos detenemos en detalles sin importancia y los convertimos en obstáculos. Cuando nos aferramos a esos pequeños detalles nos estamos cerrando el paso, sin darnos cuenta de que lo más importante es el objetivo final y que, para alcanzarlo, pueden existir múltiples caminos.

10. Un viaje de diez mil kilómetros empieza por un solo paso. 

Un paso no te llevará muy lejos, pero al menos te sacará de donde estás. Toda aventura, por muy grande que sea, siempre comienza con el primer paso, que a menudo es el más difícil ya que implica tomar la decisión de salir de la zona de confort y atreverse a explorar territorios desconocidos.


11. Cava el pozo antes de tener sed. 

No es necesario esperar a que la adversidad nos golpee para desarrollar la resiliencia, podemos ir preparando nuestra mochila de herramientas psicológicas para la vida mucho antes. Este refrán chino nos anima a ser precavidos y desarrollar una actitud proactiva, en vez de limitarnos a reaccionar ante lo que nos ocurre. Si cavamos el pozo antes de tener sed, podremos planificar mejor todo el proceso, si lo hacemos urgidos por una necesidad aumentarán las probabilidades de que cometamos errores o incluso de que no seamos capaces de terminar de cavar ese pozo. 

12. El agua hace flotar el barco, pero también puede hundirlo. 

Este proverbio chino nos recuerda la filosofía del yin y yang: cada cosa contiene lo “negativo” y “positivo”, y en muchas ocasiones todo depende de cómo lo miremos. Nada es intrínsecamente malo o bueno, depende de cómo lo usemos y del significado que le confiramos. 

13. Las grandes almas tienen voluntades, las débiles tan solo deseos. 

Muchas personas pasan gran parte de su vida añorando algo, sin decidirse jamás a alcanzarlo. En muchos casos, la diferencia entre quien cumple sus sueños y quien se queda añorando consiste precisamente en la fuerza de voluntad y la decisión de ir a por ese deseo. Todo deseo se queda en sueño si no se traduce en objetivos y pasos concretos. 

14. El que ha desplazado la montaña es porque comenzó quitando las pequeñas piedras. 

El esfuerzo constante tiene sus frutos, aunque tarden en llegar. Muchas veces nos centramos solo en las grandes tareas, sin darnos cuenta de que detrás de las metas más ambiciosas hay mucho trabajo duro y sistemático. Ser conscientes de que poco a poco se puede llegar lejos nos animará a lo largo del camino y nos permitirá alcanzar grandes objetivos en la vida. 

15. De las nubes más negras cae el agua más limpia. 

Incluso los momentos más oscuros encierran una oportunidad. Cuando estamos atravesando por una mala racha y el malestar nos impide apreciar la parte positiva, necesitamos detenernos en el camino y pensar en este proverbio chino. A veces todo cambia cuando cambiamos la perspectiva, y la adversidad puede convertirse en una excelente oportunidad para crecer, cambiar el rumbo y atrevernos a hacer cosas que en otras circunstancias ni siquiera nos habríamos planteado.
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Las 4 claves del bienestar según el neurocientífico que ha estudiado la mente de los maestros budistas


Amigo y confidente del Dalai Lama, Richard J. Davidson es un experto en neurociencia contemplativa, la rama que estudia el impacto de la meditación y otras prácticas similares en nuestro cerebro. 

Este neurocientíficos profesor de la Universidad de Wisconsin ha dedicado más de 10 mil horas a estudiar el cerebro de grandes maestros budistas, entre ellos el monje francés Matthieu Ricard y el maestro budista Mingyur Rinpoche. 

Davidson ha llegado a la conclusión de que existen 4 cualidades esenciales para alcanzar el bienestar, ese estado de paz interior que todos añoramos pero que tan escurridizo parece, sobre todo cuando tenemos que lidiar con los problemas del día a día. 

De hecho, para Davidson el bienestar psicológico no es un estado que se alcanza sino una habilidad que se desarrolla. Se trata de un cambio de paradigma interesante porque implica que, si uno practica, puede desarrollar esta habilidad. 

La clave radica en estimular otras cuatro habilidades que se encuentran en su base y se encuentran arraigadas en los circuitos neuronales. Al fortalecer esos circuitos, también estaremos desarrollando el bienestar. 

¿Cómo desarrollar un estado de bienestar y paz interior duradero? 


1. Resiliencia 

En un mundo impermanente en continuo cambio, nos ocurren cosas desagradables. No siempre podemos evitarlas, pero siempre podemos cambiar la manera en que reaccionamos ante ellas. 

La resiliencia es la capacidad para recuperarnos de la adversidad y salir fortalecidos de esa experiencia. Davidson la relaciona con el “no-apego”, porque implica la capacidad para fluir y no quedarse atascados en esas experiencias negativas. 

Las personas más resilientes, que se recuperan más rápido, muestran niveles más altos de bienestar. Lo interesante es que mientras más resiliente seamos, más protegidos estaremos ante las situaciones adversas de la vida y más confiaremos en nuestra capacidad para superar esos baches. 

Davidson descubrió que los circuitos cerebrales de la resiliencia se pueden modificar con la meditación mindfulness, aunque es necesario dedicar muchísimas horas antes de que se produzca un cambio en esos circuitos. 

2. Perspectiva positiva 

La segunda clave para el bienestar es la perspectiva. Se trata de la capacidad para ver las cosas positivas incluso en medio de la tormenta, la capacidad para disfrutar de las experiencias positivas y percibir con bondad a las otras personas. 

Incluso las personas que padecen depresión muestran una activación en el circuito cerebral subyacente a la perspectiva positiva, el problema es que esa activación es muy fugaz, no dura el tiempo necesario como para mejorar su estado de ánimo. 

A diferencia de la resiliencia, las investigaciones de Davidson sugieren que la práctica de la meditación y la compasión pueden alterar rápidamente este circuito. Contrastó los resultados de un grupo de personas que practicaron meditación compasiva con otro grupo que recibió entrenamiento en reestructuración cognitiva para aprender a desarrollar una perspectiva más positiva. 

Analizaron los cerebros de las personas antes y después de dos semanas de entrenamiento, y encontraron que en el grupo de la compasión, los circuitos cerebrales que se encuentran en la base de la perspectiva positiva se fortalecieron. Bastaron siete horas, 30 minutos por día durante dos semanas. 

3. Atención plena 

Una mente errante es una mente infeliz. Investigadores de la Universidad de Harvard recurrieron a los móviles para que las personas indicaran cuándo su mente divagaba. Debían responder a tres preguntas cada cierto tiempo: 

¿Qué estás haciendo ahora? 

¿Dónde está tu mente en este momento? ¿Estás enfocado en lo que estás haciendo o tu mente está en otra parte? 

¿Cuán feliz te sientes en este momento? 

Descubrieron que las personas pasan el 47% de su vida sin prestar atención a lo que están haciendo. Y lo peor de todo es que ese divagar sin rumbo de la mente se asoció a un estado de infelicidad e insatisfacción. 

La habilidad para conducir suavemente la atención al presente es una de las claves del bienestar. No solo nos permite prestar atención a lo que estamos haciendo sino que nos ayuda a apreciar los pequeños detalles y estar relajados. 

Por eso, cuando a un maestro zen se le pregunta cuál es el camino para alcanzar la iluminación, a menudo responden: “Cuando camines, camina. Cuando comas, come”. Parece sencillo, pero no lo es. 

4. Generosidad 

Muchísimas investigaciones han demostrado que existe más placer en dar que en recibir. El comportamiento generoso y altruista, en realidad activa circuitos en el cerebro que son clave para el bienestar. Y lo interesante es que estos circuitos se activan de forma más duradera que cuando recibimos una recompensa o un regalo. 

Un estudio muy interesante desarrollado en la Universidad de Lübeck analizó las imágenes de resonancia magnética funcional en un grupo de personas que se habían comprometido a gastar dinero durante las próximas 4 semanas en otras personas comparándolo con otro grupo que destinó ese dinero a ellos mismos. Los neurocientíficos descubrieron que las decisiones generosas activan zonas del cerebro como el estriado ventral, que se ha relacionado con niveles elevados de felicidad. 

Davidson también ha comprobado que ser generosos y ayudar a los demás tiene un efecto boomerang, se revierte en nosotros rápidamente generando un estado de bienestar, equilibrio mental y felicidad. 


Fuentes: 
Park, S. Q. et. Al. (2017) A neural link between generosity and happiness. Nature Communications; 8: 15964. 
Davidson, R. J. (2016) The Four Keys to Well-Being. En: Greater Good Magazine
Davidson, R. J. et. Al. (2013) Compassion training alters altruism and neural responses to suffering. Psychol Sci; 24(7): 1171–1180. 
Gilbert, D. T. & Killingsworth, M. A. (2010) A wandering mind is an unhappy mind. Science; 330(6006): 932.
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