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Usa el dolor como una piedra en tu camino, no como una zona donde acampar


Usa el dolor como una piedra en tu camino, no lo conviertas en una zona donde acampar”, dijo Alan Cohen refiriéndose a esas ocasiones en las que decidimos ponernos cómodos a la sombra del dolor.

Sin embargo, podemos aprender a relacionarnos con el dolor y el sufrimiento como lo haríamos con una piedra que encontramos en nuestro camino. No podemos negar su existencia y es probable que nos moleste y se convierta en un obstáculo, pero lo más sabio es encontrar la mejor manera de dejarla atrás.

La semilla de mostaza: La parábola budista que nos muestra cómo asumir el sufrimiento


“Hace mucho tiempo, una mujer joven perdió a su hijo. Su dolor y sufrimiento eran tan grandes que vagaba por las calles, rogando que le dieran alguna medicina mágica que le devolviera la vida a su pequeño. Algunos la miraban con lástima, otros incluso se burlaban de ella y la llamaban loca. 

Un sabio, viendo su desesperación le dijo: 

- Solo existe una persona en el mundo capaz de obrar ese milagro. Reside en lo alto de la montaña. Ve y pregúntale. 

La mujer subió a la montaña y rogó:

- Oh Buda, devuelve la vida a mi hijo. 

Buda le dijo:

- Regresa a la ciudad, y ve de puerta en puerta. Tráeme una semilla de mostaza de una casa en la que no se haya producido una muerte.

El corazón de la mujer latía esperanzado a medida que bajaba apresurada la montaña y entraba en la ciudad. En la primera casa dijo:

- Buda me ha pedido que le lleve una semilla de mostaza de una casa en la que no haya muerto nadie. 

- En esta casa han muerto muchos - le dijeron. 

Así que la mujer se dirigió a la próxima y preguntó otra vez pero le dieron la misma respuesta. Y lo mismo le ocurrió en la tercera casa, la cuarta, la quinta, y así por toda la ciudad. No pudo encontrar una sola casa que la muerte no hubiera visitado alguna vez. 

La mujer regresó a la cima de la montaña. 

- ¿Has traído la semilla de mostaza? - le preguntó Buda. 

- No, ni la busco más. Empiezo a comprender lo que querías enseñarme. Cegada por la pena, llegue a pensar que yo era la única que había sufrido.

- Entonces, ¿por qué has regresado? 

- Para pedirte que me enseñes la verdad. 

A lo cual Buda respondió:

- Si quieres conocer la verdad sobre la vida y de la muerte, debes entender que solo existe una ley en el universo que no esta sometida al cambio: todas las cosas cambian y ninguna es permanente".

Esta parábola nos enseña que el dolor y el sufrimiento forman parte de la vida, no tiene sentido huir de ellos, pero tampoco tiene sentido prorrogarlos más allá de cierto punto aferrándonos a pensamientos negativos recurrentes que empeoran lo que ya estaba mal.

¿Por qué nos bloqueamos en el sufrimiento?


Cuando la adversidad llama a nuestra puerta, es difícil reponerse del golpe. A veces nos toma completamente por sorpresa, otras veces es tan fuerte que nos hace perder nuestros puntos de referencia psicológicos. 

Recuperarse no es sencillo y cada quien necesita su tiempo. De hecho, todos no seguimos el mismo ritmo de recuperación porque no le conferimos el mismo significado emocional a las situaciones y no contamos con los mismos recursos de afrontamiento. Sin embargo, debemos asegurarnos de no quedarnos atascados en el sufrimiento, no debemos encariñarnos tanto con esa “piedra” que terminemos convirtiéndola en una zona donde acampar.

Una de las principales razones por la que nos quedamos bloqueados en el sufrimiento es porque nos negamos a aceptar lo ocurrido. Sabemos que cuando dejemos atrás ese sufrimiento, podremos pasar página. Y a veces no queremos pasar página porque creemos que eso significa olvidar a la persona que ya no está o asumir que no podemos hacer nada más para remediar una situación con la que no nos sentimos cómodos.

Es un bloqueo paradójico ya que no deseamos sentirnos mal pero tampoco queremos estar bien porque en nuestra mente eso significa dejar atrás una parte de la vida con la cual aún nos identificamos.

En algunos casos esa paradoja puede estar provocada por la culpabilidad. Es decir, no logramos perdonarnos lo que hicimos o dejamos de hacer y nos castigamos a través de ese dolor. De esta forma, el sufrimiento se convierte en una manera para expiar la culpa.

Por desgracia, podemos sentirnos culpables sin ser plenamente conscientes de ello, de manera que permitimos que la culpa se convierta en un estado crónico que afecta nuestra capacidad de recuperación.

3 ideas que debes aceptar para superar el dolor y el sufrimiento


Para dejar atrás el sufrimiento es importante comprender que nuestro instinto nos impulsa a luchar contra el dolor. Normalmente se trata de un instinto protector pero en algunos casos, sobre todo cuando se trata de un dolor psicológico, este se transforma en sufrimiento y se vuelve contraproducente. 

Para superar ese bloqueo emocional debemos asumir tres ideas:

1. Negar lo ocurrido no hará que la adversidad desaparezca. Mantenerte en la etapa de negación, con la esperanza de que lo ocurrido sea solo un mal sueño, no solucionará el problema ni te hará menos infeliz, al contrario, solo sirve para agravar el sufrimiento. Practicar la aceptación radical puede ayudarte.

2. Pasar página no significa olvidar. Seguir adelante con tu vida no significa que olvidarás ni que ese suceso o persona será menos significativo para ti, simplemente significa que te has adaptado a las nuevas circunstancias y que te has convertido en una persona más resiliente. Ni más ni menos.

3. Sufrir no expía las culpas. El sufrimiento no expía las culpas ni te asegura el perdón, lo que realmente te permite avanzar es aprender la lección. Y solo aprendes la lección cuando maduras, lo cual significa que sigues adelante en tu camino. 

Recuerda que hay un punto en el que, después de las lágrimas y la tristeza, es imprescindible recomponer los pedazos rotos y seguir adelante o correremos el riesgo de quedarnos atrapados en la depresión.
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Eres responsable de lo que dices, no de lo que los demás interpreten


Entre lo que piensas,

Lo que quieres decir,

Lo que crees decir,

Lo que dices,

Lo que quieres oir,

Lo que oyes,

Lo que crees entender,

Lo que quieres entender,

Y lo que entiendes…

¡Hay 9 probabilidades de no entenderse!

Armar el rompecabezas de la comunicación puede llegar a ser muy complicado. Algunas veces los demás malinterpretan nuestras palabras e intenciones y otras veces somos nosotros quienes cometemos ese error. 

En cualquier caso, los malentendidos forman parte de la experiencia comunicativa y aunque nos esforcemos por ser más claros y precisos, siempre hay un resquicio para la resignificación. Por eso, es importante comprender que somos responsables de lo que decimos, pero no de lo que los demás entiendan.

No cargues con responsabilidades que no te pertenecen


Hay personas que son auténticas especialistas en encontrar intenciones ocultas en las palabras ajenas. Estas personas tiran de un hilo para crear una madeja de confusión hasta terminar responsabilizándote por cosas que realmente no dijiste, hasta el punto que te hacen sentir mal.

Es fundamental que aprendas a detectarlas porque pueden arrastrarte en sus tormentas, atribuyéndote intenciones que no son reales y haciendo que cargues con culpas que no son tuyas.

Cuando necesites comunicar una idea, es importante que transmitas tu mensaje con claridad e intentes solucionar cualquier malentendido pero no puedes asumir la responsabilidad por las interpretaciones de los demás porque estas pueden ser tan variadas como sus experiencias de vida, creencias, expectativas y prejuicios.

A veces las personas solo entienden lo que quieren entender, lo que calza con su visión del mundo. En ese caso, no debes permitir que pongan sobre tu espalda su propio fardo de intenciones porque corres el riesgo de convertirte en el “malo de la película” sin serlo.

Estas personas también pueden aprovecharse atribuyéndote intenciones que en realidad no tenías. De hecho, es una técnica que suelen utilizar los vendedores, cuando asumen que estás dispuesto a comprar aunque en realidad no sea así. El resultado es que puedes terminar comprando o haciéndole un gran favor a alguien solo porque te avergonzaba rectificar y explicar que tu intención original nunca fue esa.

Por eso, no debes permitir que las malas interpretaciones de los demás hagan mella en tu autoestima o te lleven a tomar decisiones con las cuales no te sientas cómodo.

Las 3 causas principales de las malas interpretaciones


1. La ilusión de transparencia

La ilusión de la transparencia es la tendencia a pesar que los demás comparten nuestro estado mental. En práctica, sobreestimamos los puntos en común con los otros, creyendo que comparten nuestras opiniones, intenciones y sentimientos. Esa ilusión nos lleva a atribuirles a los demás intenciones, creencias y opiniones que en realidad no son suyas sino una proyección de las nuestras. Sin embargo, en la mayoría de los casos no nos damos cuenta de este fenómeno.

Un experimento realizado en la Universidad de Stanford demostró cómo sobreestimamos ese fenómeno. Los psicólogos les pidieron a los participantes que siguieran el ritmo dando pequeños golpecitos sobre la mesa de dos temas muy conocidos: “Feliz Cumpleaños” y el “Himno Nacional”. Luego debían indicar qué probabilidades existían de que la otra persona identificara el tema.

El 50% de las personas creían que un oyente podría identificar fácilmente la canción pero en la práctica, solo el 2,5% pudo descubrir de qué tema se trataba. Esto se debe a que no tenemos en cuenta que, aunque nosotros vamos tarareando la canción en nuestra mente, la otra persona solo escucha los pequeños golpecitos sobre la mesa. 

En otras palabras, valoramos desde nuestra posición, sin ponernos en el lugar del otro. Pensamos que somos “transparentes” y que nuestro interlocutor comprenderá fácilmente nuestras intenciones.

Obviamente, la ilusión de transparencia afecta doblemente la comunicación. Por una parte, hace que no nos expresemos de manera tan clara como pensamos y, por otra parte, puede hacer que atribuyamos a los demás intenciones que en realidad solo existen en nuestra mente.

2. El pensamiento perezoso

Otra de las causas de las malas interpretaciones es lo que podríamos calificar como “pensamiento perezoso”. Básicamente, la persona que escucha nuestro mensaje se encuentra entre dos fuerzas cognitivas que afectan su capacidad para decodificar correctamente nuestras palabras e intenciones.

Existen dos sistemas de procesamiento. El primer sistema procesa la información rápidamente, de forma intuitiva y automática. Según este sistema, cuando vemos a alguien sonreír, simplemente pensamos que esa persona es feliz. Es un sistema muy básico qe utiliza atajos para llegar a conclusiones rápidas sobre la otra persona a partir de pequeños detalles, como las expresiones faciales o el lenguaje corporal. De hecho, es el sistema que nos permite formarnos las primeras impresiones.

El segundo sistema procesa la información de una manera consciente y racional. Este sistema es el encargado de evaluar y actualizar las primeras impresiones, los prejuicios y otros pensamientos impulsivos. Sin embargo, este sistema requiere un mayor esfuerzo cognitivo, es como volver sobre nuestros pasos y a veces demanda reconocer que nos hemos equivocado. 

Por supuesto, es mucho más fácil dejarse llevar por las primeras impresiones que poner en marcha el segundo sistema de procesamiento de la información. Por eso, las personas que podríamos llamar “pensadores perezosos” son más propensas a malinterpretar los mensajes de los demás, atribuyéndoles intenciones erróneas. La arrogancia y la rigidez también pueden llevarles a mantenerse en su primera impresión, consolidando así el malentendido.

3. La proyección

La proyección es un mecanismo de defensa según el cual proyectamos nuestros pensamientos, sentimientos o impulsos indeseados sobre otra persona que en realidad no tiene esos pensamientos, sensaciones ni impulsos. Lo que sucede es que no somos capaces de aceptar esa realidad, ya sea porque es demasiado dolorosa o porque provoca una disonancia cognitiva, por lo que simplemente la proyectamos sobre el otro.

Esa es la razón por la que alguien puede decirnos que estamos enfadados cuando en realidad quien está enfadado es él mismo, pero como no desea reconocerlo, proyecta ese enfado sobre nosotros.

Esa persona también puede proyectar sobre nosotros intenciones negativas que le ayuden a reafirmar su propia autoimagen, haciendo que esta sea más valiosa y positiva que la nuestra.

De hecho, la proyección es una de las causas más comunes de los malentendidos en la comunicación pero también es una de las más difíciles de rebatir ya que aceptar nuestros argumentos equivaldría a cambiar algo dentro de ellos mismos. Este mecanismo de defensa suele ser el resultado de la falta de autoconocimiento y la inseguridad personal. Normalmente se aprecia en personas con un pensamiento rígido que no son capaces de aceptar la ambivalencia emocional o cognitiva que todos tenemos.

Por supuesto, también hay muchas otras causas de malentendidos. Por ejemplo, una persona puede ser más susceptible en determinados temas, lo que se conoce como “puntos sensibles”. Quienes tienen una baja autoestima también pueden ser más propensos a malinterpretar las palabras de los demás, así como aquellos que tienen un pensamiento muy rígido.

Sé preciso, vuelve a explicar y si no hay otra alternativa, deja ir


Para resolver el problema de las intenciones en la comunicación, lo más pragmático es esforzarse por ser lo más claros y precisos posibles. No dejes nada al azar esperando que tu interlocutor sea capaz de interpretar adecuadamente las señales que envías porque existen grandes probabilidades de que no sea así, sobre todo si no teneís un profundo vínculo afectivo.

Sentirse entendidos es una necesidad humana, pero solo podemos hacernos responsables de la parte que nos toca. Podemos analizar qué hemos hecho mal e intentar mejorarlo, pero lo que no podemos permitirnos es convertirnos en la diana de los conflictos ajenos ni de sentimientos negativos amparados en interpretaciones erróneas de nuestras palabras.


Fuentes:
Kahneman, D. Kahneman, D. (2011) Thinking, Fast and Slow. Nueva York: Farrar, Straus and Giroux.
Newton, Elizabeth (1990) Overconfidence in the Communication of Intent: Heard and Unheard Melodies. Tesis Doctoral: Universidad de Stanford.
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Personas intuitivas: 10 características que las diferencian


La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo”. Son palabras de Albert Einstein, quien conocía perfectamente el poder y la importancia de la intuición. Por desgracia, la intuición prácticamente se ha quedado relegada a un plano esotérico, sacrificada en el altar de la racionalidad. Sin embargo, todos somos personas intuitivas, solo que algunos han aprendido a prestarle atención a los mensajes de su intuición mientras que otros los ignoran.

¿Qué es la intuición?


Antonio Damaso, médico y neurólogo, explica qué es la intuición a través de su teoría de los marcadores somáticos. En práctica, la intuición sería un mecanismo de preselección que tiene lugar por debajo de nuestro umbral de conciencia y se encarga de examinar todas las opciones, decidiendo cuáles son los posibles caminos entre los que podemos elegir de manera consciente. 

La intuición es un procedimiento que nos permite valorar y descartar alternativas de manera inconsciente, basándose fundamentalmente en nuestras experiencias pasadas y nuestras emociones. Por eso se expresa fundamentalmente a través de las sensaciones corporales, algunas personas indican que la sienten en el estómago o en el pecho. Esa también es la razón por la que nos inclinamos por una opción y no por otra, pero no somos capaces de explicar el motivo, es tan solo un presentimiento o una corazonada.

¿Qué diferencia a las personas intuitivas?


1. Escuchan su voz interior. Las personas intuitivas tienen una conexión especial con su inconsciente, por lo que son capaces de escuchar la voz interior que los demás ignoran. A fuerza de prestarle atención a esas corazonadas o intuiciones, han ido “afinando” cada vez más esa vía de comunicación, de manera que pueden descifrar mejor los mensajes que les envía su intuición.

2. Pasan tiempo en soledad. Las personas intuitivas suelen valorar mucho la soledad y disfrutan del tiempo que pasan consigo mismas. Durante esos momentos aprovechan para conectar con sus emociones y realizar un profundo ejercicio de introspección o simplemente calmar su mente, lo cual es imprescindible para que se manifieste la intuición.

3. Escuchan a su cuerpo. Las personas intuitivas tienen una conexión especial con su cuerpo, por lo que son capaces de captar las señales que envía la intuición a través de sensaciones como un “nudo en la garganta”, “mariposillas en el estómago” o cualquier otra sensación física que envíe ese segundo cerebro. Estas personas sienten que algo va mal en su cuerpo, tienen reacciones viscerales que saben cómo interpretarlas y usar a su favor a la hora de tomar decisiones.

4. Son excelentes observadores. Las personas intuitivas suelen ser muy observadoras, se fijan en detalles que para los demás pasan inadvertidos. De hecho, una de las armas secretas de la intuición es precisamente la capacidad de captar muchos detalles, darles un sentido y prever lo que podría ocurrir. De esta manera también descubren patrones o coincidencias que los demás no notan, pero que después se convierten en la base para tomar otras decisiones en su vida.

5. Prestan atención a sus sueños. Los sueños son el canal de comunicación favorito del inconsciente. En muchas ocasiones la mente inconsciente elige las fantasías oníricas para enviarnos un mensaje que nos pueda ayudar a tomar mejores decisiones. Por eso las personas intuitivas prestan atención al contenido de sus sueños e intentan descifrarlos. Por supuesto, todos los sueños no son mensajes del inconsciente, las personas intuitivas también son capaces de diferenciarlos.

6. Conectan emocionalmente con los demás. La empatía es una de las armas secretas de la intuición. Las personas intuitivas son capaces de conectar con los demás a un nivel más alto, lo cual les permite ayudarlas o notar que están pasando por un mal momento.

7. Dejan ir las emociones “negativas”. A pesar de que la intuición puede generar sensaciones desagradables, las personas intuitivas son capaces de gestionarlas y no se quedan bloqueadas en ellas. De hecho, son conscientes de que emociones como la frustración, la ira o el resentimiento nublan la intuición. Eso significa que suelen ser muy conscientes de sus emociones y saben gestionarlas con sabiduría.

8. Saben fluir. Las personas intuitivas desarrollan una gran confianza, la cual les ayuda a enfrentar la adversidad con una actitud más relajada. No solo confían en sus capacidades para afrontar los obstáculos sino también en el curso de la vida. Estas personas saben que todo llega y todo pasa, por lo que aprenden a fluir sin dificultad, no se aferran a las situaciones, ni las positivas ni las negativas. Esa sabiduría les brinda una gran tranquilidad y ecuanimidad ante los contratiempos. 

9. Muestran una gran flexibilidad cognitiva. Las personas intuitivas no tienen un pensamiento rígido, son capaces de cambiar de idea rápidamente cuando tienen una corazonada. Eso significa que no se aferran ni siquiera a sus decisiones, sobre todo cuando sienten que están yendo por el camino equivocado. Esa flexibilidad cognitiva les permite corregir el plan y obtener mejores resultados.

10. Buscan las respuestas en su interior. Las personas intuitivas no se aíslan del mundo, tienen en cuenta las circunstancias y saben cuándo el viento sopla a su favor y cuándo está en contra, pero siempre tienen la tendencia a mirar dentro de sí para encontrar las respuestas. Esto significa que para tomar decisiones tienen en cuenta sus expectativas, ilusiones y necesidades. Así logran un equilibrio que les permite tomar las mejores decisiones.

3 problemas a los que se enfrentan las personas intuitivas


Desarrollar mucho la intuición también puede tener sus “efectos adversos”, sobre todo en un mundo donde se sobrevalora la lógica y se ignoran las emociones. 

1. No poder explicar por qué tomaron una decisión importante. A menudo las personas intuitivas no pueden explicar de manera racional por qué tomaron una decisión que para los demás no tiene sentido. En muchos casos, la ausencia de argumentos lógicos puede dar pie a discusiones y problemas, sobre todo cuando las otras personas no les entienden.

2. Prever finales desastrosos que nadie más avizora. Las personas intuitivas pueden prever finales desastrosos, ya sea en una relación de pareja o en un negocio. A menudo esa certeza es difícil de sobrellevar ya que no siempre la pueden compartir con las otras personas o estas no les prestan atención. El hecho de captar pequeños detalles que los demás no perciben les confiere esa habilidad especial, que no siempre es bienvenida.

3. Captar los pensamientos y emociones negativas de los demás. Las personas intuitivas no leen la mente, pero ese sexto sentido a menudo les permite captar pequeñas señales extraverbales que les ayudan a formarse una idea de lo que las otras personas están sintiendo o pensando. A veces notar que los demás están fingiendo sin poder decírselo puede ser extremadamente frustrante o irritante.

¿Es conveniente tomar decisiones dejándose llevar por la intuición?


Cuando tomamos decisiones pequeñas, siempre es ventajoso analizar los pros y los contras. Sin embargo, en los asuntos vitales, como la elección de la pareja o la profesión, la decisión debe venir del inconsciente, de un lugar recóndito dentro de nosotros. En las decisiones realmente importantes de la vida, debemos dejar que gobiernen las profundas necesidades de nuestra naturaleza”.

Estas fueron las palabras de Sigmund Freud, quien se refería era a esa sensación de justo o erróneo, de placer o rechazo visceral, que sentimos en lo más hondo de nosotros y que a veces ignoramos para escuchar únicamente a la razón.

En la Psicología existe lo que se conoce como Inteligencia Intuitiva, que sería nuestra capacidad para resolver problemas dejándonos llevar por la intuición. De hecho, en una serie de estudios realizados en enfermeras, médicos y emprendedores que tenían muchos años de experiencia se constató que su primera intuición casi nunca fallaba.

Por supuesto, la intuición no es un mecanismo infalible, pero puede ser muy útil cuando necesitamos tomar decisiones en una situación en la que no disponemos de mucha información o esta es muy caótica. En cualquier caso, siempre es bueno saber lo que tiene que decir antes de decidirnos por una u otra opción. Así que lo más conveniente es aprender a escucharla.

Fuentes:
Gladwell, M. (2005) Inteligencia Intuitiva. Barcelona: Editorial Taurus.
Damasio, A. R. (2001) El error de Descartes. Barcelona: Editorial Crítica.
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Mareos por ansiedad: ¿Cómo reconocerlos y tratarlos?


Hay personas que pueden experimentar mareos por ansiedad, una reacción fisiológica a un estado psicológico que se puede catalogar como un síntoma psicosomático. Sin embargo, el hecho de que los mareos sean por ansiedad no significa que sean menos intensos o discapacitantes para la persona.

Lo más usual es que estas personas se sientan muy mareadas, experimenten una sensación de debilidad generalizada y pierdan la estabilidad. En los casos más extremos incluso pueden llegar a desmayarse.

Lo usual es que estas personas lleguen al psicólogo después de haber pasado por múltiples especialistas, quienes han descartado que los mareos sean un problema del oído interno, las cervicales, debido a una migraña vestibular o por otras lesiones del sistema nervioso. Ese vagabundeo de una consulta a otra llega a ser extenuante, pero cuando no se encuentra una causa orgánica que explique los mareos, se sospecha que tengan un origen psicológico, específicamente en la ansiedad.

¿Cómo saber si los mareos son por ansiedad?


Es importante comprender que cuando se producen mareos por ansiedad, no se trata de la clásica sensación de vértigo y no debe existir una explicación biológica. Esos mareos son una sensación que la persona experimenta cuando se expone, o imagina que tendrá que exponerse, a ciertas situaciones que le generan miedo, tensión o angustia. 

En práctica, lo que ocurre es que esas emociones son vividas con mucha intensidad, por lo que se producen reacciones neurovegetativas como el mareo. De hecho, el miedo es una emoción muy potente que desencadena respuestas fisiológicas intensas y rápidas para prepararnos a huir del peligro. El temor genera una gran tensión muscular, sudoración profusa, respiración agitada y hace que la sangre circule a mayor velocidad, para que podamos escapar del peligro o enfrentarlo con éxito. 

Otra consecuencia del miedo es que aguza nuestros sentidos, para que podamos captar las pequeñas señales de peligro del medio. No obstante, en algunas ocasiones esa capacidad de concentración puede hacer que percibamos la realidad de manera un poco distorsionada. Por ejemplo, los colores y las luces pueden percibirse de manera mucho más nítida, mientras que escuchamos peor lo que sucede a nuestro alrededor. Ese estado puede agravar aún más la sensación de mareo.

Existen algunas señales que indican que los mareos pueden estar causados por la ansiedad:

  • No se encuentra una causa fisiológica que explique los mareos al realizar las diferentes pruebas médicas.
  • Los mareos son persistentes, pero suelen presentarse en situaciones concretas o que tienen algún punto en común. No obstante, en algunos casos esos mareos pueden manifestarse durante varios días o incluso semanas de manera casi ininterrumpida. En esos casos, la persona suele referir una sensación de inestabilidad, más que mareo propiamente dicho.
  • Los mareos se agravan al exponerse a un exceso de estímulos, como los supermercados llenos de gente, o cuando es necesario realizar tareas que demanden un uso intensivo de la vista, como leer o usar el ordenador.
  • Se padece una hipersensibilidad al movimiento, ya sea al movimiento propio o de los objetos del entorno. Estas personas son más sensibles a marearse cuando realizan movimientos bruscos o al percibir los movimientos del medio.
  • Se percibe una sensación de aturdimiento. Una de las señales más usuales de los mareos por ansiedad es la sensación de aturdimiento. Quienes padecen este tipo de mareos suelen referirse a una sensación de atolondramiento mental que difiere de los mareos “normales”, en los que suelen predominar las sensaciones de malestar y vértigo.
  • Se sufren mareos internos. En los mareos por ansiedad, la sensación de movimiento suele ser interna, la persona siente que la cabeza le da vueltas, no el entorno.

¿Por qué la ansiedad causa mareos?


Las personas que experimentan una ansiedad intensa, suelen tener problemas de equilibrio y es común que se sientan mareadas sin razón aparente. Neurocientíficos de la Universidad de Pittsburgh explican que el problema es que la ansiedad y el equilibrio comparten algunos circuitos neuronales. 

De hecho, existen vías neurales que unen los núcleos vestibulares con el sistema límbico, incluyendo las zonas el hipotálamo, las cuales suelen presentar una reducción de su volumen en los casos en que se produce una pérdida vestibular bilateral crónica. 

El sitio de convergencia de este circuito es el núcleo parabraquial, donde llega tanto la información del sistema vestibular como la relacionada con la ansiedad. Por eso, cuando estamos ansiosos, podemos experimentar mareos y pérdida del equilibrio. 

También se conoce que el estrés y la ansiedad pueden influir en la función vestibular central, ya sea directamente a través de la acción de los glucocorticoides (cortisol y corticosterona) en los canales iónicos y la neurotransmisión que ocurre en el cerebro, o indirectamente mediante los efectos de las sustancias neuroactivas relacionadas con el estrés, como la histamina.

¿Qué factores pueden influir en su aparición y mantenimiento?


Nuestro cuerpo es un mecanismo perfectamente engranado con nuestra mente, aunque a veces no nos demos cuenta. Sin embargo, podemos experimentar mariposillas en el estómago cuando estamos delante de alguien que nos atrae o sentimos un nudo en la garganta cuando nos dan una mala noticia. Estas formas de expresarnos indican que existe una fuerte conexión entre las emociones y los estados físicos. Por eso, hay determinados factores que influyen en la aparición de los mareos o que pueden alimentarlos. 

- Respiración entrecortada. Como respiramos de manera automática, no siempre somos conscientes de lo mal que podemos hacerlo. De hecho, si respiras de manera superficial y entrecortada, los mareos podrían estar provocados porque coges más aire del que sueltas. De esta forma terminas hiperventilándote, lo cual significa que está entrando más oxígeno del que necesitamos y disminuye el nivel de dióxido de carbono. Al romperse el equilibrio entre ambos gases, el organismo intenta equilibrar el pH de la sangre que se vuelve alcalina, lo que puede causar esa sensación de mareo, debilidad en las piernas, dificultad en la visión y hormigueo en las extremidades.

- Pánico y angustia. Si no controlamos estas sensaciones, lo usual es que el corazón lata a mayor velocidad y que la tensión arterial aumente. En esos momentos puedes comenzar a notar dolor de cabeza y debilidad. Sin embargo, acto seguido, cuando baja la tensión arterial, lo más usual es que experimentes mareos y una sensación de confusión o niebla mental.

- Tensión muscular. Cuando experimentamos miedo, lo usual es que engarrotemos los músculos, preparándolos para la huída o la defensa. Cuando esa tensión muscular se mantiene un día tras otro, puede llegar a generar un gran malestar de carácter difuso que aumenta aún más la tensión que ya padeces.

- Estrés. Estar en un continuo estado de sobrecarga mental, llevándote hasta el límite, es una de las causas de los trastornos de ansiedad. El problema es que el estrés genera un estado de alerta constante, como si tuvieras que enfrentarte a un peligro inminente, lo cual genera un gran desgaste a nivel de sistema nervioso. Como resultado, puedes empezar a sentirte débil, mareado, confundido o incluso experimentar una sensación de desrrealización, una extraña sensación de desconexión con el mundo.

¿Son peligrosos estos síntomas?


Como norma general, los síntomas asociados a la ansiedad no son peligrosos, si bien pueden llegar a ser muy desagradables. Los mareos en sí no representan un problema, a menos que ocurran en situaciones que representen cierto riesgo. De hecho, en algunos casos la persona puede experimentar una sensación de vaivén que la lleva a perder el equilibrio y caerse.

No obstante, la persona puede llegar a asustarse mucho por los síntomas, por lo que normalmente adopta una actitud hípervigilante que la lleva a prestarle una mayor atención a sus respuestas fisiológicas. Ese estado de tensión complica aún más las cosas, sobre todo cuando la persona detecta el más mínimo signo de mareo.

De hecho, uno de los principales problemas que causan los mareos por ansiedad es el miedo al miedo. Cuando la persona comienza a temer que los mareos ocurran en lugares públicos y se avergüenzan de ellos, esa tensión puede desencadenar efectivamente los mareos, convirtiéndose en una profecía que se autocumple. Como resultado, la persona puede limitar seriamente su vida, evitando todos aquellos sitios en los que podría sentirse mal. La sensación de angustia de que los mareos puedan sobrevenir en cualquier momento termina afectando su calidad de vida.

Saber que los mareos no son peligrosos contribuirá a que la persona se relaje y no empeore la sintomatología. Por otra parte, saber que la causa es la ansiedad, indica que no se trata de un problema grave sino que es un trastorno que tiene solución con la terapia adecuada.

¿Cómo eliminar los mareos por ansiedad?


Existen diferentes abordajes terapéuticos para enseñarle a la persona a combatir la ansiedad y, por ende, eliminar los mareos. No obstante, la técnica de detección y afrontamiento de la consecuencia temida (DACT), es muy eficaz en estos casos. Básicamente, su objetivo es detectar las fuentes de malestar y ansiedad que generan los mareos y hallar soluciones que reduzcan los síntomas, tanto en el plano físico como emocional.

Antes de ponerla en práctica, es importante comprender que el malestar se mantiene cuando intentamos conseguir que la consecuencia temida se convierta en un hecho imposible, a fuerza de buscar obsesivamente las soluciones. Por eso, esta técnica primero nos indica que no debemos evitar las sensaciones molestas.

Básicamente, la persona debe comprender que la ansiedad genera una serie de sensaciones desagradables, pero que no son peligrosas en sí mismas. De esta forma se elimina la incertidumbre de la ecuación y cuando deja de estar angustiada o preocupada por los mareos, suele disminuir el nivel de ansiedad y también los síntomas que esta genera.

La persona debe comprender que la incertidumbre y el agobio son las causas de ese malestar, y que necesita buscar pensamientos alternativos o conductas que le permitan evitar esos pensamientos. En ese caso, puede aplicar otras técnicas, como por ejemplo:

  • Ejercicios de respiración. Al respirar profundamente, disminuye la hiperventilación ya que se logra una mayor oxigenación. Por otra parte, la respiración profunda acompasa el latido cardíaco, generando una sensación de tranquilidad y bienestar. Por eso, es recomendable que aprendas ejercicios de respiración que puedas aplicar en cualquier situación.
  • Técnicas de relajación. La relajación muscular progresiva de Jacobson es uno de los ejercicios más convenientes porque la persona no solo logra relajarse sino que además aprende a distender los diferentes grupos musculares. Con esta técnica también aprenderá a notar la tensión corporal, de manera que se puede aliviar rápidamente antes de que vaya a más.

No obstante, se debe aclarar que en muchos casos es necesario recurrir a la terapia psicológica o incluso a la medicación, sobre todo cuando el vínculo entre la ansiedad y los mareos es muy fuerte y de larga data.


Fuentes:
Saman, Y. et. Al. (2012) Interactions between Stress and Vestibular Compensation – A Review. Front Neurol; 3: 116.
Hofmann, S. G. et. Al. (2014) Cognitive enhancers for the treatment of anxiety disorders. Restorative Neurology and Neuroscience; 32(1): 183-195.
Craske, M. G. et. Al. (2014) Maximizing exposure therapy: An inhibitory learning approach. Behaviour Research and Therapy; 58: 10-23.
Staab J. P. & Ruckenstein, M. J. (2005) Chronic dizziness and anxiety: effect of course of illness on treatment outcome. Arch Otolaryngol Head Neck Surg; 131(8): 675-679.
Brandt, T. et. Al. (2005) Vestibular loss causes hippocampal atrophy and impaired spatial memory in humans. Brain; 128(11): 2732-2741.
Baladan, C. D. & Thayer, J. F. (2001) Neurological bases for balance-anxiety links. Journal of Anxiety Disorder; 15(1-2): 53-79.
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La flor de loto: Esta parábola nos muestra cómo nos desconectamos del mundo


Una vez Buda reunió a todos sus discípulos para darles una lección. Les mostró una flor de loto, que es el símbolo de la pureza ya que crece de manera inmaculada en aguas pantanosas.

- Quiero que me digáis algo sobre esto que tengo en las manos - dijo Buda. 

El primer discípulo hizo un tratado sobre la importancia de las flores. 

El segundo compuso una hermosa poesía sobre sus pétalos. 

El tercero inventó una parábola muy original usando la flor como ejemplo. 

Entonces le llegó el turno a Mahakashyao. Este se acercó a Buda, olió la flor y acarició su cara con uno de los pétalos. 

- Es una flor de loto - dijo Mahakashyao - Simple y hermosa. 

Buda sonrió y dijo:

- Has sido el único que has visto lo que tenía en las manos.

Esta sencilla parábola retoma uno de los conceptos fundamentales del budismo: la necesidad de deshacernos de las palabras, las opiniones y los pensamientos para centrarnos en la realidad, tal cual es. En ese mismo momento ocurre un pequeño/gran milagro.

Un ejercicio para vaciar de sentido una palabra


Esta idea también ha calado en la filosofía occidental. En el libro “101 experiencias de filosofía cotidiana”, Roger-Pol Droit nos propone un ejercicio muy interesante y quizá hasta desconcertante para algunos. Os propongo que le dediquéis unos minutos a vaciar de sentido una palabra.

Se trata de tomar cualquier objeto que tengáis al alcance de la mano, puede ser un lápiz, una flor, un vaso, la billetera o cualquier otra cosa. Solo tiene que ser un objeto sencillo de uso cotidiano que os resulte familiar. Luego solo tenéis que tomarlo en la mano, colocarlo frente a vuestros ojos y repetir su nombre en voz alta. 

Repetid su nombre mientras os fijáis en el objeto. Poco a poco os daréis cuenta de que algo está cambiando y, al final, la palabra que designa ese objeto se desconecta por completo, hasta carecer de significado. La palabra que hasta hace poco os resultaba tan familiar se vacía de contenido y se vuelve "dura". Es como si esos sonidos fueran extraños o incluso insensatos.

En ese mismo momento el objeto aparece bajo una perspectiva nueva, simplemente porque estáis centrando vuestra atención en sus propiedades y características, no en el símbolo que tenéis de él. El objeto adquiere una mayor consistencia, es como si de repente fuera más él mismo.

Lo interesante de este ejercicio es que basta muy poco tiempo para fisurar nuestro mundo y darnos cuenta de que la seguridad que nos confieren las palabras y los conceptos que usamos no solo es frágil sino también bastante ilusoria. 

Los niños conocen ese desdoblamiento de las cosas. De hecho, cuando van por la calle y señalan un árbol o un perro, es porque han sido capaces de ver su unicidad. Mientras tanto, los adultos nos encogemos desdeñosamente de hombros y nos limitamos a nombrarlos, incluyéndolos así dentro de una macrocategoría que no tiene nada de especial.

Esta experiencia filosófica puede cambiarlo todo sin que nada cambie, porque cada vez que lo deseemos, seremos capaces de darle un vuelco a nuestra perspectiva y dejar de pensar en términos de conceptos para aprender a “tocar” realmente la vida.

3 grandes beneficios de este cambio de perspectiva


1. Nos ayuda a simplificar la vida. Comenzamos a ser conscientes de que no necesitamos mucho para vivir y nos damos cuenta de que somos nosotros quienes complicamos la vida.

2. Ponemos las cosas en perspectiva. Cuando comenzamos a practicar ese ejercicio de desdoblamiento, nos percatamos de que muchas de las palabras que usamos a diario y que incluimos en nuestras metas, en realidad están vacías de significado. En ese momento podemos darle un giro radical a nuestros objetivos.

3. Disfrutamos más de los pequeños detalles. Al dejar de responder ante las imágenes y los conceptos de nuestra mente y volcarnos más en el mundo real, aprendemos a captar todos los detalles que antes pasábamos por alto, los cuales nos permiten disfrutar mucho más de las cosas.


Fuente:
Droit, R. (2001) 101 experiencias de filosofía cotidiana. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
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¿Cómo tratar a un narcisista?


El narcisismo es una característica cada vez más común. Se estima que el 6,2% de la población tiene un trastorno narcisista de personalidad pero la cifra es aún mayor si nos referimos únicamente al narcisismo como rasgo de personalidad acentuado. Tratar con un narcisista suele ser muy complicado porque esta persona puede llegar a ser muy egocéntrica, egoísta y manipuladora.

El problema es que el narcisista tiene un sentido exagerado del “yo”, suele ser vanidoso y se cree superior, piensa que los demás deben rendirle pleitesía y se molestará si no lo hacen. Por eso quienes tienen una pareja o una madre narcisista, terminan manteniendo una relación tóxica en la que solo ellos dan y se sacrifican, mientras que el otro solo recibe y pide cada vez más.

¿Cómo reconocer a una persona narcisista?


- Critica constantemente a los demás o los menosprecia porque creen que son inferiores. La persona narcisista cree que es superior a los demás, por lo que devalúa el trabajo y esfuerzo de los otros continuamente para quedar ellos en una posición mejor.

- Piensa que el mundo gira a su alrededor, lo cual se debe a que tienen una perspectiva de la vida demasiado egocéntrica. Esta persona se centra en sus necesidades y deseos, por lo que suele mostrarse bastante insensible con los demás y siempre intentará ser el centro de la atención.

- Al inicio puede parecer encantadora ya que suele tener una personalidad seductora y confiada, la cual atrae a los demás, hasta que descubren que en realidad se trata de una persona muy egoísta.

- Piensa que tiene la verdad en la mano, por lo que a menudo desarrolla una actitud de superioridad intelectual que llega a ser muy incómoda. La persona narcisista cree que lo sabe todo y que el resto se equivoca.

- Asume una actitud intransigente, casi nunca está dispuesta a ceder ante las peticiones y necesidades de los demás, sobre todo si ello implica que tiene que hacer alguna concesión personal. 

- No conoce la palabra “humildad”, de manera que a menudo alimenta metas tan elevadas que colindan con lo irracional.

- Alardea de sí misma, de sus habilidades, profesión o estilo de vida. La persona con una personalidad narcisista se encarga de hacerle ver a los demás que es mejor en todo.

- No acepta las críticas y puede reaccionar de manera muy agresiva puesto que siente que están atacando su ego.

Afortunadamente, los narcisistas “natos” suelen ser fáciles de detectar, aunque también existe lo que podríamos llamar “narcisistas encubiertos”, que a primera vista parecen humildes, inocentes y caritativos. Bajo esa máscara “sensible” se esconde el desprecio y una sensación de superioridad que es mucho más difícil de detectar, de manera que tratar con estos narcisistas suele ser más complicado porque de repente pasará a convertirse en la víctima de la situación.

No obstante, ambos tipos de personalidad narcisista comparten el mismo perfil de maltratador psicológico y su objetivo: disminuir, humillar y sabotear a sus víctimas, quienes terminan sometiéndose a esa violencia psicológica que les discapacita emocionalmente.

¿Cómo tratar a un narcisista sin perder el equilibrio emocional?


Para saber cómo tratar a un narcista es fundamental conocer a fondo sus técnicas de manipulación.

1. Mezcla de humillación, dobles intenciones y lenguaje en clave

Cuando una persona narcisista siente que su inteligencia, logros o apariencia están siendo amenazados, se lanzará sobre el otro sin dudarlo. Su objetivo es bajar a la víctima del pedestal. Puede hacerlo a través de un cumplido seguido de una “bofetada” emocional, o viceversa. Por ejemplo, puede decirnos lo bien que hacemos algo para después señalar lo mal que hacemos otra cosa y hacernos sentir fatal. 

También puede recurrir al sarcasmo o imprimirle un tono condescendiente a su halago, como si en realidad no lo mereciéramos. Obviamente, la crítica siempre irá dirigida a uno de nuestros puntos sensibles. Con esta estrategia, la persona narcisista hace pasar su ataque como una verdad legítima, obligando a la víctima a aprobar y validar su idea. Si no lo hacemos y reaccionamos atacándole, inmediatamente pasará a convertirse en la víctima y nosotros seremos el “malo de la película”.

Esta técnica se conoce como gaslighting y se basa en una serie de juegos mentales sutiles que rozan el terreno de lo ambiguo, para socavar la confianza de la víctima en su propia realidad y sentido de sí mismo. Como resultado de esta estrategia, a menudo la víctima se queda confundida y no entiende muy bien qué ha ocurrido. 

Lo más usual es que intentemos reducir la disonancia cognitiva y la confusión eligiendo "creer" en la versión del narcisista. El problema es que poco a poco esas humillaciones encubiertas, mensajes en clave y comentarios ambiguos se integran en una realidad deformada con la que la persona narcisista domina a su víctima.

¿Cómo tratar con este narcisista?

Mantén tus emociones bajo control. Cuando la persona narcisista te critique, intenta no reaccionar porque cuando más te involucres emocionalmente, más quedarás a su merced pues comprenderá cuál es tu punto débil y no dudará en volver a atacarte por ese frente en el futuro. 

Si la persona narcisista dice algo usando un lenguaje en clave, lanza indirectas o intenta desvirtuar la realidad, pídele que sea más preciso, porque no estás entendiendo lo que quiere decir. De esta manera desarmas su estrategia de sometimiento y humillación indirecta.

2. La labilidad 

Quien tiene una personalidad narcisista hará todo lo posible por humillar a su víctima, pero sin que esta se dé cuenta, al menos al inicio. Para lograrlo recurrirá a todo tipo de estrategias que disimulen su intención de tomar el control y someter. El resultado de esas tácticas de manipulación es que puedes sentir que estás caminando todo el tiempo sobre un terreno minado, lo cual genera una gran tensión.

La persona narcisista puede hacerte un comentario ácido sobre tu forma de ser y al segundo siguiente aliviará el golpe diciendo algo dulce sobre ti. Esa labilidad tiene un objetivo preciso: hacer que te centres en tus comportamientos y “defectos” en vez de analizar los suyos, que son los que representan el verdadero problema. De esta forma terminarás echándote la culpa si la relación va mal.

De hecho, notarás que la persona narcisista cambia bruscamente el tema cuando este cae en su terreno. Cuando le reproches algo dirá frases como: "No voy a discutir contigo" o "No vale la pena seguir hablando". Lo cierto es que no importa lo que hagas porque el narcisista nunca estará satisfecho y no está dispuesto a asumir la responsabilidad.

¿Cómo tratar con este narcisista?

Es fundamental que te mantengas fiel a lo que piensas y sientes, que observes sus patrones de comportamiento desde una actitud objetiva y desapegada. No te fijes en las palabras sino en su comportamiento. Cuando no te dejas seducir por sus palabras y halagos, te darás cuenta de que su comportamiento es voluble y manipulador.

Si necesitas aclarar algún asunto, no caigas en las discusiones emocionales, apégate a los hechos y no permitas que la persona narcisista se vaya por las ramas. Reencauza la discusión hacia el tema principal. 

3. La visión de túnel

La "visión de túnel" es una estrategia que utiliza la persona narcisista para centrarse en algún detalle irrelevante o que no está relacionado directamente con la cuestión, ya sea para minimizar algo que has logrado o para liberarse de su responsabilidad. Por ejemplo, si acabas de terminar la maestría, el narcisista te felicitará y acto seguido te preguntará cuándo piensas hacer el doctorado.

De esta forma minimiza tus logros y te hace sentir mal, resaltando lo que te falta por lograr o las cosas negativas que tienen lo que ya has logrado. Con esta estrategia el narcista lo que hace es restringir tu campo visual, de manera que te fijes solamente en lo que él resalta. Se trata de una técnica muy sutil que puede llegar a generar una profunda insatisfacción en la víctima, la cual puede llegar a conseguir grandes cosas pero aún así sentirá que no es capaz de nada.

¿Cómo tratar con este narcisista?

No permitas que te arrastre a su visión limitada. Disfruta de lo que has logrado y recalca el esfuerzo y las habilidades necesarias para ello. Aprende a hacer oídos sordos cuando alguien desee minimizar tus logros o hacerte sentir culpable por algo que aún no has alcanzado o que no has hecho de manera “perfecta”.

También puedes desenmascararle, decirle que su crítica te parece excesiva y que no sientes ninguna necesidad de impresionar a los demás. Si le dices que lamentes mucho su opinión pero no la compartes y te sientes satisfecho con lo que has logrado, la persona narcisista comprenderá que no puede manipularte emocionalmente.

¿Cómo ayudar a una persona narcisista?


Por último, recuerda que para tratar con un narcisista sin perder tu equilibrio emocional no es necesario discutir, bastará con que le hagas entender que su opinión y actitudes no pueden hacer mella en ti. Cuando la persona narcisista se dé cuenta de que tienes una autoestima a prueba de balas, dejará de lanzarte dardos envenenados porque, al final, lo único que desea es establecer una relación de dominación emocional, y cuando se percate de que no lo conseguirá, quizá hasta reflexiona sobre su forma de ser y poco a poco comienza a cambiar.

En caso de que sea una persona significativa para ti, puedes intentar abordar el asunto para que comprenda que sus actitudes y comportamientos no son adecuados. Recuerda que en una relación nunca hay un solo culpable ya que las relaciones se construyen entre dos. Por eso, evita atacarle y recriminarle. En vez de eso, explícale cómo sus actitudes y palabras te hieren o te hacen sentir mal. Y dile qué te gustaría que hiciera en su lugar. A veces el narcisismo es una manera de protegerse contra el mundo, que parece hostil, por  lo que para atenuar esos comportamientos solo es necesario mostrarles que les queremos y estimamos pero que existen límites que no se deben traspasar.
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Las mujeres son más felices si su pareja es menos atractiva


La belleza no es sinónimo de felicidad, sobre todo cuando nos obsesionamos con seguir determinados cánones estéticos. Sin duda, es importante mantenerse en forma por una cuestión de salud, y también es importante sentirse a gusto con la propia imagen corporal, pero cuando caemos en los excesos y nos obsesionamos, terminaremos siendo profundamente infelices.

Sin embargo, en esa compleja ecuación intervienen diferentes factores. De hecho, la manera en que nuestra pareja enfrente este tema también terminará influyendo en nuestra imagen corporal, la forma en que lidiemos con nuestras “imperfecciones” e incluso en nuestro nivel de felicidad. Al final, cuando dos personas pasan mucho tiempo juntas, es normal que terminen influenciando las decisiones, formas de pensar y hábitos del otro.

Si quieres ser feliz, deja el atractivo fuera de la ecuación


Psicólogos de la Universidad Estatal de Florida analizaron las relaciones de 113 matrimonios recientes para comprender si el atractivo de sus miembros desempeñaba un papel importante en su felicidad.

En primer lugar, las parejas respondieron a un cuestionario sobre su deseo de mantenerse en forma, seguir una dieta y lucir atractivas. A continuación, se clasificaron según su grado de atractivo e indicaron cuán felices se sentían en línea general con la vida.

Los resultados revelaron que las mujeres que tenían parejas más atractivas eran más propensas a seguir dietas estrictas, preocuparse mucho por su peso corporal y querer lucir más atractivas. Esto les generaba una gran tensión, por lo que su índice de felicidad era más bajo que el de las mujeres que tenían parejas menos atractivas y vivían de manera mucho más relajada la relación sentimental.

El problema es que las mujeres que tenían parejas más atractivas sentían la necesidad de “estar a la altura” del otro, por lo que a menudo se sentían inseguras de la relación y se preocupaban mucho por su aspecto físico, llegando a sentirse insatisfechas con el mismo. Como resultado, la relación de pareja se convertía en una fuente de estrés.

Por supuesto, no se trata de elegir a la pareja teniendo en cuenta únicamente por su nivel de atractivo, pero debemos asegurarnos de que los cánones del otro no terminen saboteando nuestra felicidad haciendo que nos planteemos objetivos poco realistas o que añadan una fuente de tensión innecesaria.

En cualquier caso, no viene mal recordar una cita de José Ortega y Gasset: "La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora". Asegurémosnos de conectar desde nuestra esencia, siendo capaces de aceptar al otro y a la vez mantener nuestra identidad.


Fuente:
Reynolds, T. & Meltzer, A. L. (2017) Adopting a dyadic perspective to better understand the association between physical attractiveness and dieting motivations and behaviors. Body Image; 22: 48-52.
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