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El poema de Dalai Lama sobre la calma que todos deberíamos conocer


La calma es uno de los tesoros más preciados para nuestro equilibrio mental pero también uno de los más elusivos, sobre todo en una sociedad que aboga por la inmediatez y donde reina la hiperestimulación. 

La calma es un estado de tranquilidad y serenidad. No implica que los problemas hayan desaparecido sino que no nos afectan, son simplemente como las nubes en el horizonte: sabemos que existen pero también somos conscientes de que tarde o temprano desaparecerán. 

La calma nos permite responder con ecuanimidad ante las provocaciones y nos ayuda a mantener el control en medio de la tormenta, de manera que podamos tomar las mejores decisiones posible y aprendamos a responder en vez de limitarnos a reaccionar. 

Por eso, no es extraño que la calma desempeñe un rol protagónico en el budismo. Esta propuesta filosófica no se refiere únicamente a la calma ambiental sino fundamentalmente a la calma mental. Se refiere a aquietar la mente, de manera que las emociones y los pensamientos no desaten tormentas interiores. 

Nuestra mente no es fija, es más bien un proceso; una corriente mental. Si la mente permaneciera siempre en un pensamiento, se atascaría. Estaría congelado. La mente siempre se está moviendo porque es dinámica. El problema es que a medida que los pensamientos pasan por nuestra mente, se aseguran la continuidad. Por eso la mente no educada salta continuamente de una preocupación a otra. Ese flujo de pensamientos negativos no termina 

Esos hábitos mentales nos sumen en un estado de confusión y agitación muy alejados de la calma. Este hábito es muy, muy fuerte. Nuestra mente es inquiera y es uno de nuestros principales impedimentos para alcanzar la paz interior. 

Este “problema” se resuelve entrenando la mente en la tranquilidad. Esta oda de Dalai Lama a la calma nos ayudará a darle el lugar que merece en nuestra vida: 

Se llama calma y me costó muchas tormentas. 

Se llama calma y cuando desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda. 

Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar. 

Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar. 

Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría. 

Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar. 

Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar. 

Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.

Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar. 

Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad. 

Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar. 

Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…
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El olor de la lavanda es tan eficaz como el Valium


Si te gusta el olor de la lavanda y te calma, no son imaginaciones tuyas. Diferentes estudios han descubierto que, en efecto, esta planta tiene una acción relajante que permite combatir el estrés, la ansiedad e incluso el insomnio. 

Lavanda para el insomnio 


Una de las primeras investigaciones sobre los efectos de la lavanda se realizó en la Universidad de Southampton. En este estudio piloto en el que participaron apenas 10 personas que tenían dificultades para dormir, se apreció que el aroma de la lavanda mejoraba los síntomas del insomnio y aumentaba la calidad del sueño. 

Un estudio posterior más amplio, llevado a cabo durante 12 semanas en la Universidad Médica de Taipei, demostró que la inhalación de lavanda ayuda a conciliar el sueño, favoreciendo la activación del sistema parasimpático, que es precisamente el que genera una sensación de tranquilidad y relajación. 

Lavanda para la ansiedad 


Desde hace varios años los investigadores también están evaluando el uso de la lavanda para la ansiedad. Un estudio desarrollado en Alemania reveló que la ingesta durante 6 semanas de aceite de lavanda a través de comprimidos es tan eficaz como el lorazepam para aliviar los trastornos de ansiedad. 

Otros investigadores de la Universidad de Central Lancashire pidieron a un grupo de personas que vieran una película que generaba ansiedad. La mitad de ellas tomó una cápsula de aceite de lavanda y la otra mitad un placebo. En esta ocasión los investigadores controlaron desde el estado de ánimo reportado por las personas hasta su frecuencia cardíaca, respuesta galvánica de la piel y la variación de la frecuencia cardíaca, indicadores fisiológicos de la ansiedad. Comprobaron que en las mujeres, la lavanda reducía efectivamente los signos emocionales y físicos de la ansiedad. 

El linalool, un compuesto de la lavanda, actúa a nivel cerebral 


Investigadores de la Universidad de Kagoshima, en Japón, descubrieron que la clave radica en el linalool, un compuesto químico que se halla en la lavanda y que es el que genera esa sensación de relajación que experimentamos al olerla. 

Estos neurocientíficos comprobaron que en los ratones, el olor de linalool tenía el mismo efecto que el Valium. Este olor incide en las mismas partes del cerebro que el medicamento para la ansiedad, pero no tiene todos los efectos secundarios que acompañan a este. Curiosamente, si el linalool se inyecta directamente en el torrente sanguíneo, sus efectos son diferentes, más similares a los que produce el consumo de alcohol. 

Estudios similares han comprobado el efecto de la lavanda a nivel cerebral en personas. Se ha apreciado que esta no solo activa las zonas olfatorias del cerebro sino también aquellas relacionadas con las emociones, mientras mitiga la actividad de la corteza prefrontal. De hecho, la lavanda genera un aumento de las actividades de onda alfa, lo que indica un estado de relajación. También se ha visto que la aromaterapia de lavanda produce patrones de EEG característicos de las personas que se sienten cómodas. 

¿Cómo usar la lavanda para la ansiedad y el insomnio? 


La lavanda se puede usar de diferentes maneras para aliviar el estrés, la ansiedad y el insomnio: 

- Prepara una infusión de lavanda añadiendo entre 1 y 2 cucharadas de flores enteras secas a una taza de agua hirviendo, y déjalas durante unos 10 minutos. 



- Añadir el extracto de lavanda o aceite esencial al agua de la bañera, para tomar un baño relajante antes de irte a la cama. Es importante que os fijéis que se trata de aceite esencial de lavanda puro ya que si está mezclado con otros aceites perderá potenciañ 



- Encender un difusor de lavanda antes de irte a la cama, de manera que puedas dormir con este olor. 

No obstante, es importante que tengas en cuenta que la lavanda también crea un proceso de tolerancia, lo cual significa que si te expones continuamente a su olor o la consumes a diario, necesitarás dosis cada vez mayores para obtener el mismo efecto. Por eso es conveniente recurrir a este remedio natural solo cuando realmente lo necesites. 

Obviamente, tampoco se recomienda abandonar el medicamento para la ansiedad por la lavanda, siempre es recomendable consultar al psiquiatra ante cualquier cambio. Si consumes ansiolíticos, incluso deberías comentarle que quieres usar lavanda ya que quizá te rebaje la dosis. 



Fuentes: 
Harada, H. et. Al. (2018) Linalool Odor-Induced Anxiolytic Effects in Mice. Front. Behav. Neurosci.
Chien, L. et. Al. (2012) The Effect of Lavender Aromatherapy on Autonomic Nervous System in Midlife Women with Insomnia. Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine; 740813. 
Sayorwan, W. et. Al. (2012) The effects of lavender oil inhalation on emotional states, autonomic nervous system, and brain electrical activity. J Med Assoc Thai; 95(4):598-606. 
Kasper, S. et. Al. (2010) Efficacy and safety of silexan, a new, orally administered lavender oil preparation, in subthreshold anxiety disorder - evidence from clinical trials. Wien Med Wochenschr; 160(21-22): 547-556.
Woelk, H. & Schläfke, S. (2010) A multi-center, double-blind, randomised study of the Lavender oil preparation Silexan in comparison to Lorazepam for generalized anxiety disorder. Phytomedicine; 17(2): 94-99. 
Bradley, B. F. et. Al. (2009) Effects of orally administered lavender essential oil on responses to anxiety-provoking film clips. Hum Psychopharmacol; 24(4): 319-330. 
Lewith, G.T. et. Al. (2005) A single-blinded, randomized pilot study evaluating the aroma of Lavandula augustifolia as a treatment for mild insomnia. J Altern Complement Med; 11(4): 631-637. 
Masago, R. et. Al. (2000) Effects of inhalation of essential oils on EEG activity and sensory evaluation. J Physiol Anthropol Appl Human Sci; 19(1): 35-42.
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Los terribles efectos de los padres narcisistas sobre sus hijos


El narcisismo siempre ha existido, aunque en los últimos tiempos, una sociedad volcada cada vez más en la imagen física y la apariencia, ha llevado las tendencias narcisistas al extremo exacerbando estos rasgos de personalidad. Por eso, los hijos de padres narcisistas engrosan una fila que no hace sino crecer. Esas personas, incluso de adultas, seguirán llevando las cicatrices de una crianza marcada por el egocentrismo y la falta de empatía. 

Crianza narcisista: El vínculo de la frialdad y el egoísmo 


Los padres que sufren un trastorno de personalidad narcisista tienen problemas para sintonizar emocionalmente con sus hijos y carecen de la empatía necesaria para ponerse en su lugar y satisfacer sus necesidades emocionales. 

Por eso, ser criado por padres narcisistas tiene un efecto emocional devastador y duradero en los niños. Los padres narcisistas suelen ser encantadores con los demás, pero a puertas cerradas sus hijos tienen que luchar con su soledad, dolor y sentimientos de inadecuación. Es normal que estos niños crezcan pensando que no son dignos de ser amados ya que, si sus padres no les aman, ¿quién lo hará? 

Algunos de los efectos de la crianza narcisista son: 

- El niño no se sentirá escuchado, a veces incluso puede tener la sensación de no existir para sus padres. 

- Los sentimientos del niño no son reconocidos, por lo que este no recibe la validación emocional que necesita, lo cual le impide confiar en sus emociones y probablemente crecerá con una duda que le mutila y paraliza. 

- El niño es tratado como un accesorio, más que como una persona, lo cual crea sentimientos de alienación. Ese niño no aprenderá a desarrollar su sentido de sí mismo y probablemente se sentirá usado o manipulado. 

- El niño es más valorado por lo que hace que por sus valores como persona, por lo que este pequeño tendrá miedo a mostrarse como es en realidad y ser auténtico. 

- El niño aprenderá que su apariencia es más importante que cómo se siente o lo que es, por lo que probablemente construirá una máscara social que terminará cubriendo su verdadero “yo”. Ese niño tendrá la tendencia a buscar la validación externa en vez de la validación interna, lo cual le hará dependiente de las opiniones de los demás. 

- El niño se sentirá emocionalmente vacío ya que sus padres no satisfacen sus necesidades afectivas. Es probable que su desarrollo emocional se atrofie ya que no logrará instaurar un apego seguro. 

- El niño brindará apoyo a sus padres, en vez de ser al revés. De hecho, en muchos casos estos niños maduran de forma precoz y se convierten en cuidadores emocionales de sus padres. 

- El niño se sentirá criticado y juzgado, en lugar de ser aceptado y amado. Eso suele generar una sensación de frustración ya que la búsqueda natural de amor, aprobación y atención en sus padres será vana. 

- El niño crecerá sintiendo que no es lo suficientemente bueno, lo cual crea daños en su autoimagen y autoestima. 

- El niño no tendrá un modelo a seguir para establecer relaciones emocionales saludables, lo cual suele notarse más adelante en la vida cuando establezca sus relaciones de pareja. De hecho, es habitual que los niños criados por padres narcisistas establezcan relaciones dependientes. 

- El niño recibirá un mensaje controvertido por parte de sus padres, quienes les transmiten: “tienes que hacerlo bien para que me sienta orgulloso porque eres una extensión de mí, pero no lo hagas demasiado bien como para eclipsarme”. De hecho, relacionarse y tratar a un narcisista suele ser complicado, una complejidad que se acrecienta cuando se trata de los padres.

El niño a menudo será avergonzado y humillado por los padres narcisistas, por lo que tendrá que cargar con los problemas emocionales y las inseguridades de estos. Como resultado, no es extraño que al crecer los hijos de padres narcisistas reporten tasas más elevadas de depresión, ansiedad, problemas de autorregulación, baja autoestima, perfeccionismo extremo o incluso trastornos alimenticios y de abuso de sustancias. 

Las historias de los hijos de padres narcisistas difieren, pero todas agitan las mismas pancartas emocionales pues existen daños muy serios a nivel psicológico. Estas personas a menudo necesitan realizar un profundo trabajo emocional para recuperarse y poder mantener relaciones maduras.
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5 signos de que eres demasiado duro contigo mismo


Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio”, es una de las enseñanzas de El Principito que nos dejó Saint Exupéry. La mayoría de las personas ven la paja en el ojo ajeno pero pasan por alto la viga en el ojo propio. Sin embargo, hay otras personas que son demasiado duras consigo mismas, que se critican sin compasión, hasta el punto de hundir su autoestima. 

¿Qué es la autocrítica destructiva? 


La autocrítica es importante, nos permite reconocer nuestros errores y crecer como personas, pero cuando es constante e injustificada se convierte en un lastre para nuestro desarrollo. Cuando solo generas juicios negativos sobre ti, tu voz interior se convertirá en tu peor enemigo. Entonces caerás en la autocrítica destructiva. 

La autocrítica destructiva es aquella que no conduce a cambios positivos sino que, al contrario, afecta la imagen que tienes de ti mismo y, en vez de impulsarte a asumir nuevos retos, te condena a la sensación de fracaso y al miedo ya que socava la confianza en tus capacidades. 

¿Cómo reconocer las señales de la autocrítica destructiva? 


1. Te castigas por errores que tienen consecuencias mínimas 

A veces cometemos grandes errores, pero lo más común es que cometamos pequeños errores cuyas consecuencias, si es que existen, son mínimas. No obstante, si eres muy duro contigo mismo, es probable que te castigues psicológicamente por esos errores. Podrías pasarte todo el día recriminándote, por ejemplo, porque has perdido el autobús o entre las frutas que compraste, había una en mal estado. 

¿Qué hacer? 

Date un respiro. Todos cometemos errores. Aprende a ser más compasivo contigo mismo y a perdonarte esos pequeños despistes. Ten en cuenta que pasarte todo el día recriminándote por pequeños errores cuyas consecuencias son prácticamente nulas implica un gasto de energía psicológica enorme. Y no vale la pena. 

2. Sigues criticándote después de haber corregido el error 

La prisa, los despistes, un error de cálculo o simplemente el hecho de que no podemos controlar todos los factores pueden dar pie a equivocaciones. A veces podemos reparar esos errores y pasar página. Sin embargo, una persona demasiado dura consigo misma continuará recriminándose por esa equivocación, aunque la haya subsanado. Si marcó un número de teléfono por error o se equivocó al enviar un correo electrónico y luego se disculpó, seguirá dándole vueltas al asunto en su cabeza, tildándose de descuidado o irrespetuoso. 

¿Qué hacer? 

La culpa es una de las emociones más dañinas que puedes experimentar porque te condena a dar vueltas en círculos, sin llegar a ninguna parte. Si ya has solucionado la equivocación, pasa página y sigue adelante. En vez de recriminarte, piensa en qué podrías hacer para no volver a cometer ese error en el futuro. Eso será mucho más productivo que quedarte dándole vueltas a una situación que ya está superada. 

3. Te culpas por cosas que no dependen de ti 

Las personas que ejercen una autocrítica destructiva constante suelen culparse por hechos que no dependen de ellos. Por ejemplo, si alguien les trata mal, en vez de defender sus derechos, le dan vueltas al asunto de manera que al final terminan culpándose. A menudo estas personas se niegan el derecho a sentirse enojados con los demás y vierten esa ira sobre ellos mismos. Llegan al punto de exigirse demasiado y permitir que los demás pisoteen sus derechos fundamentales. 

¿Qué hacer? 

Debes reconocer que hay cosas que dependen de ti y otras que escapan de tu control. Eso significa que si algo sale mal, no es necesariamente tu culpa. Pregúntate cuál es tu nivel de responsabilidad real en la situación. Y no permitas que los demás pasen por encima de tus derechos. Tienes derecho a ser tratado con respeto. 

4. Solo ves tus rasgos negativos 

Las personas demasiado autocríticas ven su vida en términos negativos. Se centran en sus errores e imperfecciones, pasando por alto sus cualidades, éxitos y todo lo que hacen bien. Se enfocan en sus debilidades olvidándose de sus fortalezas. Como resultado de ese negativismo, suelen mantener un diálogo interior autodestructivo que hace añicos su autoestima y lastra su futuro. 

¿Qué hacer? 

Imagina que dentro de ti habita un niño pequeño. ¿Cómo se sentirá ese niño si todo lo que recibe son reproches y nunca le premian por lo que hace bien? Es importante que comiences a relacionarte contigo mismo desde una postura más compasiva y tolerante. 

5. Comprendes los errores ajenos pero maximizas los tuyos 

Todos hacemos tonterías, pero si eres demasiado crítico contigo mismo, es probable que minimices los errores ajenos y maximices los tuyos. Es probable que te muestres comprensivo con las equivocaciones de los demás pero seas inflexible con tus errores. 

¿Qué hacer? 

Usa la misma vara de medir para todos. Un error es un error, lo cometa quien lo cometa. Sé tan justo con los demás como contigo mismo. Trátate con la misma tolerancia y comprensión con la cual tratas a los demás. Cuando se dispare esa autocrítica destructiva, pregúntate si le hablarías así a los demás. 

De la autocomplacencia a la autoeducación 


Dejar de ser tan críticos con uno mismo no significa caer en una actitud indolente e indulgente en la que todo está permitido. Esa actitud nos impide crecer y desarrollar nuestra mejor versión. La clave radica en pasar de la autocomplacencia a la autoeducación. 

No se trata de darnos recompensas que nos hagan sentir mejor o darnos permiso para seguir equivocándonos. No es la solución rápida de la autocomplacencia sino un camino de crecimiento personal en el que nos tratamos de manera adulta, respetuosa y responsable. 

La autoeducación implica que cuidamos de nosotros mismos, que somos capaces de ver nuestras fortalezas y debilidades desde una perspectiva madura. Es una mentalidad constructiva porque no escondemos nuestros errores pero tampoco nos vapuleamos por ellos sino que intentamos aprender la lección y pasar página.
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El 98% de los niños son genios creativos, al llegar a la adultez solo el 2% lo son


Siempre hemos pensado que la genialidad y la creatividad son cualidades innatas y raras, patrimonio de unos pocos privilegiados como Da Vinci o Albert Einstein. ¿Y si no fuera así? ¿Y si todos naciéramos siendo genios creativos pero luego, en algún momento de la vida, perdiésemos esa capacidad? No se trata de una idea descabellada sino que se basa en los sorprendentes resultados de una serie de investigaciones psicológicas desarrollada hace algunas décadas.

El experimento que demostró que nacemos siendo genios creativos 


Corría el año 1968 cuando dos investigadores, George Land y Beth Jarman, emprendieron un experimento a petición de la NASA. La agencia espacial quería que les ayudara a identificar a aquellas personas que tuvieran una capacidad fuera de la norma para la innovación. Estos científicos crearon una prueba específica para detectar el nivel de creatividad. 

La NASA aplicó la prueba con éxito para identificar a sus empleados más creativos, pero los psicólogos siguieron adelante por su cuenta e implementaron un experimento muy interesante: aplicaron esa misma prueba a un grupo de 1.600 niños con edades comprendidas entre los 3 y 5 años. 

Se llevaron una gran sorpresa al descubrir que el 98% de esos niños podían ser calificados como “genios” teniendo en cuenta su creatividad y capacidad para generar ideas novedosas. Asombrados por los resultados, decidieron proseguir con la investigación. Repitieron esa prueba cuando los niños tenían 10 años y luego a los 15 y 31 años. 

Los resultados fueron demoledores: 

- A los 5 años, el 98% de los niños podían ser catalogados como “altamente creativos”. 

- A los 10 años de edad, solo el 30% de los niños conservaba esa creatividad. 

- A los 15 años, solo el 12% de los adolescentes era creativo. 

- A partir de los 25 años de edad, solo el 2% de las personas pasaban el test de creatividad. 

Eso significa que en la infancia, 9 de cada 10 niños tienen algún tipo de genialidad pero al llegar a la adultez, tan solo 2 de cada 100 siguen siendo creativos. 

¿Por qué perdemos la creatividad? 


Estos psicólogos creen que la creatividad no se aprende sino que se desaprende. Piensan que perdemos nuestras potencialidades creativas debido al efecto de la educación. Consideran que el estilo educativo que premia el pensamiento convergente también sepulta el pensamiento divergente. 

El pensamiento convergente es el razonamiento crítico, el que nos permite analizar una idea aplicando la lógica. El pensamiento divergente, al contrario, es el que se pone en marcha cuando combinamos conceptos dispares para dar vida a nuevas ideas. 

El sistema educativo tradicional nos enseña a amoldarnos a los patrones existentes, potenciando el pensamiento convergente. Nos enseña a ser críticos y a intentar controlar la mayor cantidad de variables posible. Se olvida de enseñarnos a lidiar con la incertidumbre, a sentirnos cómodos con lo nuevo y sacar partido de lo diferente. Los profesores enseñan a los niños una serie de respuestas predeterminadas e incluso les castigan cuando se salen de la ruta trazada. Como resultado, no es extraño que la escuela tradicional termine matando la creatividad y la genialidad.

La buena noticia es que llevamos el germen de la creatividad, por lo que solo necesitamos cultivarla de nuevo, sería como volver a la infancia. Los niños arriesgan, improvisan y no tienen miedo a equivocarse. De adultos, el miedo a cometer errores nos paraliza, así como esa voz crítica que resuena constantemente en nuestra cabeza y que se convierte en el mayor obstáculo para la creatividad.

Al contrario, deberíamos comenzar a abrazar la incertidumbre, dejar volar la imaginación, probar cosas nuevas y atrevernos a emprender caminos inexplorados. Solo así podremos recuperar la creatividad.

¿Cómo debe ser la escuela que potencie la creatividad?


La respuesta, o al menos parte de ella, proviene una vez más de la práctica y de una empresa, IBM. En 1956, Louis R. Mobley recibió carta blanca para crear la Escuela Ejecutiva de IBM. Sin embargo, era consciente de que el éxito de la compañía dependía de la capacidad de sus líderes para pensar de manera creativa, en vez de enfrascarse en la lectura de informes financieros, como hacía el resto de las empresas. Construyó la escuela alrededor de estos 6 presupuestos:

1. La metodología tradicional que potencia la lectura, evaluación y memorización puede llegar a ser contraproducente ya que encajona el pensamiento. Esa educación se centra en proporcionar respuestas lineales paso a paso. La educación creativa debe enseñar a plantearse preguntas osadas.

2. Desarrollar la creatividad, al menos en la adolescencia y la adultez, es más un proceso de desaprendizaje que de aprendizaje. Por eso, el objetivo de la escuela no es agregar más suposiciones y datos "ciertos" sino cambiar las suposiciones existentes, empujar a las personas fuera de su zona de confort para que experimenten y se sientan cómodos con la frustración. Generando además una dosis de humildad.

3. No se trata de aprender la creatividad sino de convertirnos en personas creativas. Uno no aprende leyendo un manual sino entrenando las habilidades necesarias. Por eso, una educación que potencie la creatividad debe ser eminentemente práctica, diseñada para potenciar los modos de pensar alternativos.

4. Relacionarse con personas creativas es la manera más rápida de desarrollar la creatividad. Ver en marcha otras mentes creativas nos sirve de modelo y nos permite liberarnos de todas las trabas mentales que hemos construido.

5. La creatividad está altamente vinculada al autoconocimiento. Es imposible superar los prejuicios si no sabemos que están ahí. Ser creativos demanda un cambio interior que debe apuntalarse en el conocimiento de uno mismo. Por eso, la educación creativa es una especie de "gran espejo" donde nos reflejamos y analizamos continuamente.

6. La educación creativa es aquella que da permiso a los estudiantes para que se equivoquen. De decenas de errores puede surgir una idea genial. Esta educación no castiga las equivocaciones sino que enseña a aprender la lección y seguir adelante. Cada fracaso no desalienta sino que es el agijón para esforzarse aún más.


Fuente: 
Land, G. & Jarman B. (1992) Breakpoint and Beyond: Mastering the Future Today. Harper Collins Publishers.
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Efecto Horn: ¿Cómo actúan nuestros prejuicios negativos?


Nadie escapa a los prejuicios. Lo reconozcamos o no, acarreamos con una mochila más o menos cargada de prejuicios. Los prejuicios no son más que la formación de un juicio sobre una persona, grupo o suceso de manera anticipada y con pocos datos. Generalmente este proceso ocurre por debajo del umbral de nuestra conciencia y distorsionan nuestra percepción, haciendo que reaccionemos ante la idea que nos hemos formado, no ante la realidad. El Efecto Horn es una de las peores manifestaciones de esos prejuicios.

¿Qué es el Efecto Horn? 


El Efecto Horn es un sesgo cognitivo que se refiere a cómo un rasgo de personalidad, comportamiento o actitud negativa oscurece el resto de las características positivas de una persona o grupo. 

Consiste en sacar conclusiones sobre una persona basándonos solamente en un rasgo, lo cual da pie a una generalización errónea. Ese prejuicio influirá en cómo percibimos a esa persona, hasta el punto de nublar nuestro juicio sobre ella y, por ende, determinar nuestras actitudes. 

El imaginario popular está lleno de ejemplos del Efecto Horn, como pensar que las personas obesas son perezosas o que las rubias son tontas. De hecho, algunas veces los prejuicios son el resultado de nuestras experiencias pero en otros casos se trata de prejuicios transmitidos culturalmente que encuentran una resonancia cognitiva con nuestros patrones mentales. 

Por desgracia, una vez que el Efecto Horn se pone en marcha y nos formamos una imagen de una persona o grupo, es muy difícil cambiarla. Si observamos algo que no nos gusta de una persona, seguiremos otorgándole características negativas y la juzgaremos bajo un prisma desfavorecedor. Eso determinará nuestra actitud y comportamiento hacia ella, creando una profecía que se autocumple. 

¿Quién descubrió el Efecto Horn? 


Corría el año 1920 cuando el psicólogo Edward L Thorndike constató un fenómeno muy curioso mientras realizaba sus investigaciones en el ejército. Notó que cuando los soldados descubrían algo bueno en sus superiores, empezaban a otorgarles automáticamente rasgos positivos. A este fenómeno lo llamó “Efecto Halo”.

También descubrió que podía ocurrir exactamente lo contrario: cuando un superior hacía algo negativo se convertía automáticamente en una persona detestable. A este fenómeno le denominó “Efecto Horn”. 

Más tarde, los psicólogos Nisbett y Wilson profundizaron en este fenómeno reclutando a 118 alumnos de la Universidad de Michigan. Todos vieron un vídeo en el que aparecía el mismo profesor, pero en uno de ellos se mostraba amable y en el otro autoritario y antipático. 

Cuando terminaron de ver el vídeo, los investigadores pidieron a los estudiantes que describieran el aspecto físico del profesor. Los alumnos que lo habían visto con una actitud amable lo describieron como un hombre atractivo mientras que los otros afirmaban que era una persona poco agraciada. Por supuesto, todos pensaban que sus juicios eran objetivos. No eran conscientes de que su percepción estaba mediatizada por el Efecto Horn. 

El mecanismo de acción del Efecto Horn 


El Efecto Horn es el resultado de pensar que los rasgos negativos están conectados entre sí. Entonces nuestro juicio se ve afectado por esa percepción negativa y desfavorable. Implica activar una atención selectiva; es decir, solo nos fijamos en un aspecto y extraemos conclusiones a partir de este, formándonos una imagen negativa de la persona. 

En su base también e encuentra un pensamiento dicotómico, de “todo o nada”, la idea de que las personas son buenas o malas. Si tenemos una mente más flexible y comprendemos que lo positivo y lo negativo coexisten, hay menos probabilidades de que seamos víctimas del Efecto Horn. 

Vale aclarar que los estereotipos son normales, nos ayudan a lidiar con el exceso de información en entornos muy complejos y nos brindan una pauta de comportamiento muy sencilla a seguir. Los estereotipos nos brindan pistas rápidas para reaccionar en entornos nuevos con un elevado grado de incertidumbre. Son una especie de atajo mental que nos permite decidir rápidamente lo que nos conviene o es seguro. 

Sin embargo, el problema comienza cuando no somos capaces de ir más allá del estereotipo y este se convierte en un prejuicio que usamos asignar a las personas determinadas características generales según su color de la piel, religión, nacionalidad o cualquier otra característica. 

Cuando prejuzgamos a una persona dejándonos llevar por la primera impresión y no le damos una "segunda oportunidad", estamos contribuyendo a consolidar nuestros prejuicios. Si asumimos que una persona es desagradable, es probable que nos comportemos de manera ruda con ella, por lo que esta se pondrá a la defensiva. Así validamos, sin darnos cuenta, nuestros prejuicios. 

¿Cómo evitar el efecto Horn? 


Es imposible evitar por completo los prejuicios, pero podemos asegurarnos de que estos no influyan en nuestros comportamientos, actitudes y decisiones. 

1. Desarrolla un pensamiento más flexible. Si desarrollas una mentalidad más abierta, comprendiendo que nadie es completamente malo ni bueno sino que todos tenemos luces y sombras, serás menos propenso a padecer el Efecto Horn porque no tendrás la tendencia a conectar rasgos negativos entre sí. 

2. Autoanalízate. Reflexiona sobre los estereotipos que arrastras, esos que quizás te ha inoculado la sociedad. Pregúntate cuánto hay de cierto en esas creencias y cuánto se debe a generalizaciones erróneas que no tienen nada que ver contigo. También es importante que analices los prejuicios que provienen de tus experiencias. Así comprenderás que un caso aislado no puede representar a todo un grupo. 

3. No te precipites. Vivimos en un mundo líquido donde no nos tomamos el tiempo suficiente para conocer y comprender a los demás. Eso implica que somos más propensos a relacionarnos desde los estereotipos y la superficialidad. Una manera para evitar el Efecto Horn consiste en darse tiempo para conocer a los demás. La primera impresión es importante, no cabe dudas, pero buscar más allá a menudo tiene recompensa porque te permitirá comprender la complejidad y riqueza que encierra cada persona. 


Fuentes: 
Baumeister, R.F. et. Al. (2001) Bad is stronger than good. Review of General Psychology; 5: 323-370. 
Rozin, P., & Royzman, E.B. (2001) Negativity bias, negativity dominance, and contagion. Personality and Social Psychology Review; 5: 296-320. 
Peeters, G. (1991) Evaluative inference in social cognition: The roles of direct vs. indirect evaluation and positive-negative asymmetry. European Journal of Social Psychology, 21, 131-146. 
Peeters, G. & Czapinski, J. (1990) Positive-negative asymmetry in evaluations: The distinction between affective and informational negativity effects. European Review of Social Psychology; 1: 33-60. 
Taylor, S.E. (1991) Asymmetrical effects of positive and negative events: The mobilization-minimization hypothesis. Psychological Bulletin; 110: 67-85. 
Nisbett, R. E. & Wilson, T. (1977) The Halo Effect: Evidence for unconscious alteration of judgments. Journal of Personalituy and Social Psychology; 35(4): 250-256.
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Los mejores doudou para bebes de 2018


Muchos niños se apegan a una mantita, un osito de peluche u otro objeto que les transmite seguridad y les ayudan a dormirse. De hecho, se estima que aproximadamente el 60% de los niños pequeños desarrollan un apego especial con algún juguete durante sus primeros tres años de vida. En muchos casos, esa relación tan especial puede comenzar a una edad tan temprana como los 6 meses. 

¿Qué significa doudou? 


El término psicológico más adecuado para referirse a esos peluches tan especiales es “objetos transicionales” u “objetos de apego”. Como su nombre indica, se trata de objetos, generalmente peluches, en los que los pequeños depositan un apego especial y que cumplen funciones psicológicas muy importantes ya que les transmiten la sensación de seguridad, sobre todo cuando los padres no están a su lado. 

El doudou es una especie de peluche con manta para bebés. Generalmente es de tejido muy suave, casi aterciopelado, con una cabeza de muñeco. La palabra proviene del creole francés doux, que significa "cariño". También se usa para referirse a algo cariñoso o amoroso. 

¿Cuáles son las funciones de los peluches de apego? 


El objeto transicional representa una zona intermedia entre el niño y otra persona o entre él mismo y la realidad. Los muñecos de apego para bebés suplen algunas de las funciones de los padres cuando estos no se encuentran presentes. Son una fuente de seguridad para los niños, quienes suelen apretarlo e incluso hablarle. También generan placer debido a su textura agradable al tacto y al olor que les recuerda al hogar. 

- Establece un vínculo entre las situaciones nuevas y las familiares 

Durante mucho tiempo se pensó que los objetos transicionales eran un signo de problemas de apego e inseguridad, pero el psicoanalista Donald Winnicott propuso que en realidad son un recordatorio sano de amor y seguridad.

El doudou es algo familiar para el bebé, un recordatorio de la comodidad y seguridad de su hogar, por lo que sirve para establecer un vínculo entre las nuevas situaciones, que pueden ser atemorizantes, y la confianza que reporta el hogar. 

Estos objetos forman parte del sistema de apoyo emocional que todo niño necesita durante sus primeros años de vida. De hecho, un estudio llevado a cabo en el Centro Médico Hadassah desveló que los niños que mantienen un vínculo estrecho con sus objetos transicionales son más felices y desarrollan un apego más saludable con sus padres. 

- Disminuye el estrés infantil 

Al ser un recordatorio del hogar, el doudou ayuda a los niños a sentirse más seguros cuando deben hacer algo sin el apoyo de sus padres. De hecho, es un mecanismo que los protege de la ansiedad de separación típica de los primeros años de vida.

Un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee reveló que los niños que acudían al médico con su doudou experimentaban menos angustia. Estos niños mantenían valores más estables de su presión arterial y ritmo cardíaco, a diferencia de los pequeños que no tenían objetos transicionales.

No cabe dudas de que el objeto de apego es una herramienta que permite a los niños gestionar mejor sus sentimientos. Les ayuda a calmarse o superar sus miedos y llevar con más tranquilidad el hecho de estar alejados de sus padres. 

¿Cómo debe ser el doudou? 


El doudou es un trapito para dormir los bebés, con una textura muy suave y agradable. No obstante, cualquier juguete u objeto puede convertirse en un objeto transicional para los bebés. Sin embargo, es importante que los padres sean conscientes de que cualquier juguete no es seguro para que el bebé duerma con él ya que puede representar un riesgo de asfixia o puede perder piezas que luego el pequeño ingiera. Por eso, es recomendable que los bebés solo tengan a su alcance doudou seguros especialmente diseñados para evitar ese tipo de accidentes. 

Estos son algunos de los doudou para bebés más encantadores y seguros que podemos encontrar:

1. Este conejito de colores brillantes puede convertirse en el objeto de apego perfecto para tu bebé.



2. ¿Quién mejor que este tierno dragón para proteger el sueño de tu bebé?



3. Este doudou con forma de perrito podría convertirse en el amigo fiel de tu bebé.



4. Esta simpática ovejita puede ayudarle a tu bebé a pasar de la vigilia al sueño rápidamente.



5. Un clásico entre los clásicos: Un osito. Se trata de un doudou personalizado pues al comprar puedes indicar el nombre de tu bebé para que lo borden.


¿Cuándo termina el “idilio” de los niños con el doudou? 


La relación especial con un doudou suele comenzar entre los 8 y 12 meses, aunque algunos niños comienzan a apegarse a su peluche mucho antes, alrededor de los 6 meses. El apego suele alcanzar su pico máximo alrededor de los 18 a 24 meses de edad y luego se vuelve menos intenso, lo cual se debe en gran parte a la presión social. 

Cuando los niños se vuelven más conscientes de los otros y de su posición en el grupo, algo que suele suceder cuando comienzan el jardín de la infancia o el preescolar, comprenden que la mayoría de los niños no llevan consigo un doudou, por lo que deciden dejarlo en casa. De hecho, los niños suelen abandonar antes el objeto de apego, debido a la presión de sus coetáneos, mientras que las niñas los abandonan más tarde, entre los 5 y 6 años. 

Un estudio realizado en el Rainbow Babies & Children's Hospital de Cleveland reveló que el 21% de las niñas y el 12% de los niños todavía usaban su objeto de apego a los 13 o 14 años. A esa edad, el 73% de las niñas y el 45% de los niños todavía sabían dónde estaba su doudou de bebés. 

¿Puede apegarse demasiado el niño a su doudou? 


No hay nada de malo en que los niños tengan un objeto transicional a medida que crecen, siempre y cuando no establezcan una relación de dependencia. De hecho, muchos adultos mantienen un buen recuerdo de su doudou e incluso lo siguen teniendo en su habitación de universitarios. Un tercio de los adultos admiten que no soportan la idea de tirar a la basura el objeto transicional que les reportó seguridad en su infancia. 

No obstante, al comenzar la escuela primaria el apego intenso debe haberse desvanecido dejando paso a un sentimiento de nostalgia o cariño menos dependiente. Si un niño mayor o un adolescente se aferra a su doudou y no puede calmarse sin este, es probable que sufra algún desequilibrio emocional. 


¿Cómo retirar el doudou? 


Es importante no retirar el doudou de golpe al niño ya que le estamos arrebatando su fuente de tranquilidad. No hay necesidad de obligarle a renunciar a su objeto transicional si todavía no está preparado para ello. No obstante, puedes ir preparándole para asumir una distancia. Por ejemplo, puedes pedirle que deje el doudou en casa en ciertas situaciones, como cuando salís juntos ya que, si ocurre algo, estarás a su lado para ayudarle. La idea es que el niño se vaya separando paulatinamente del objeto de apego, hasta que llegue un punto en el que no lo necesite más. 


Fuentes: 
Ybarra, G. J. et. Al. (2000) The presence of security blankets or mothers (or both) affects distress during pediatric examinations. Journal of Consulting and Clinical Psychology; 68(2): 322-330. 
Bachar, E. et. Al. (1998) Childhood vs. Adolescence Transitional Object Attachment, and Its Relation to Mental Health and Parental Bonding. Child Psychiatry and Human Development; 28(3): 149–167. 
Litt, C. J. (1986) Theories of Transitional Object Attachment: An Overview. International Journal of Behavioral Development; 9(3): 383-399.
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