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Sí, nos volvemos más introvertidos a medida que envejecemos


Cambiamos con el paso del tiempo. Lo extraño sería que siguiésemos siendo eternos adolescentes aquejados del Síndrome de Peter Pan o que continuáramos pensando como cuando teníamos 20 años. Las experiencias de vida nos van cambiando y modelan nuestra personalidad. 

No obstante, uno de los cambios más generalizados es la tendencia a la introversión conforme pasan los años. Eso explica por qué nos va apeteciendo más quedarnos en casa disfrutando de una noche de peli y manta que salir de fiesta con los amigos, o por qué vamos concediendo cada vez más importancia a la soledad y el silencio. 

Maduración intrínseca 


En Psicología, los cambios que ocurren con cierta independencia de las experiencias de vida se conocen como “maduración intrínseca”. Este fenómeno hace referencia al hecho de que nuestra personalidad se vuelve más equilibrada conforme pasan los años. 

Como norma, a medida que la juventud se queda atrás las personas se vuelven más estables emocionalmente y son más conscientes de sí. También son más tranquilas e independientes, necesitan menos de la socialización para ser felices porque dejan de identificarse tanto con el grupo y no necesitan constantemente su aprobación. 

Por eso con el paso del tiempo nuestra vida social se vuelve más sosegada y disfrutamos más de una vida tranquila. Lo curioso es que este fenómeno también se aprecia en las personas extrovertidas, no solo en los introvertidos; es decir, cada quien a su manera, modula esa extraversión. 

Ser más introvertido es bueno 


Desde un punto de vista evolutivo la tendencia a la introversión tiene mucho sentido, y probablemente es positiva. Cuando somos jóvenes, la extraversión nos ayuda a establecer vínculos sociales y emocionales significativos e incluso a encontrar un compañero de vida. 

Más tarde, cuando ya tenemos ese círculo de amigos íntimo y una pareja, conocer continuamente a nuevas personas se vuelve menos importante. En esta fase nos dedicamos más a estrechar los lazos que hemos construido. 

Es como si en la primera parte de la vida nuestro objetivo fuera exponernos al mundo para descubrir lo que tiene que ofrecernos, mientras que en la segunda parte es más importante encontrarle un sentido a todo eso y seguir alimentando los vínculos establecidos. 

La relativa soledad y tranquilidad de esa segunda fase también nos permite estar a solas con nosotros mismos y descubrir la persona en la que nos hemos convertido. Mientras en la adolescencia y la juventud intentamos descubrir quiénes somos abriéndonos al mundo y explorando diferentes roles, en la adultez llega la confianza y la seguridad, por lo que preferimos los ejercicios de introspección. 

Por otra parte, en la adultez entendemos que no solo necesitamos una pausa del trabajo sino también de la vida social porque los compromisos constantes agotan. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Helsinki comprobó que la socialización agota. Estos investigadores notaron que ser sociable, comunicativo y conocer a muchas personas provoca agotamiento como mínimo tres horas más tarde. 

En esa tendencia a la introversión también influye el hecho de que valoramos mucho más nuestro tiempo, lo cual nos lleva a ser más selectivos con nuestras amistades. Eso significa que preferimos cultivar aquellas relaciones con las que tenemos valores en común y que sentimos que nos aportan algo. 

Por supuesto, todo esto no significa que con la madurez nos volvamos unos ermitaños y no necesitemos el contacto social, pero los intereses cambian y nuestra manera de relacionarnos también. 

Fuentes: 
Leikas, S. & Juhani, V. (2017) Happy Now, Tired Later? Extraverted and Conscientious Behavior Are Related to Immediate Mood Gains, but to Later Fatigue. Journal of Personality; 85(5): 603-615. 
Hopwood, C. J. et. Al. (2011) Genetic and environmental influences on personality trait stability and growth during the transition to adulthood: A three-wave longitudinal study. Journal of Personality and Social Psychology; 100(3): 545-556. 
Costa, P. T. et. Al. (2000) Personality at midlife: stability, intrinsic maturation, and response to life events. Assessment; 7(4): 365-378.
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Ser madre es como tener dos trabajos y medio


Ser madre es un trabajo a tiempo completo. Aunque quizá esta afirmación se queda corta, al menos según un estudio realizado por Welch. Los investigadores concluyeron que en realidad ser madres equivale a tener dos trabajos y medio. 


El “trabajo” más difícil y bonito del mundo 


Los investigadores analizaron el día a día de 2.000 madres estadounidenses cuyos hijos tenían entre 5 y 12 años de edad. Esas mujeres trabajaban además fuera de casa. Descubrieron que esas madres trabajaban una media de 98 a 100 horas cada semana. Normalmente se levantaban a las 6:23 de la mañana y terminaban las tareas domésticas a las 8:31 de la noche. 

Si tenemos en cuenta que una jornada laboral media es de 39 horas semanales, no es difícil sacar las cuentas. Las madres trabajan más de dos jornadas completas a la semana. 

De hecho, las madres entrevistadas se lamentaban porque tenían muy poco tiempo libre para ellas. Les quedaba poco más de una hora al día. Muchas sacrificaban sus pasiones, salir con las amigas o incluso el cuidado corporal y el descanso para dedicarse a su trabajo y al cuidado de su familia. Algunas reconocían que ni siquiera podían descansar durante todo el día, aunque estuvieran enfermas y que tomarse una ducha larga a solas era una utopía. 

Con ese ritmo, no es casualidad que más de un 40% refirieran sentirse extenuadas. De hecho, cuatro de cada diez madres confesaron que sentían que su vida era una serie interminable de tareas, los siete días de la semana durante los 365 días del año, sin descanso. Algunas afirmaban que cuando terminaban su jornada laboral, comenzaba otra en casa. 

Otras reconocían que era complicado compaginar la vida familiar para que todo fluyera sin dificultades. Un dato interesante es que el 72% de las madres contaron que los miembros de la familia eran muy exigentes y cada cual exigía un menú diferente. 

De hecho, en la literatura científica ya se está hablando del burnout parental. Se trata de un agotamiento físico y emocional debido al exceso de atención que pueden demandar los hijos y las tareas del hogar. Hoy se estima que el síndrome de burnout en madres y padres afecta aproximadamente al 14% de los padres. 


Sus principales signos son: 


- Agotamiento físico y emocional 


- Distanciamiento emocional de los hijos 


- Sensación de incompetencia como padres 


Cuidarte es esencial, para ti y para los tuyos


Las madres no cuidan a sus hijos por un suelo, es evidente. Lo hacen porque los aman, porque quieren lo mejor para ellos y porque les satisface. De hecho, la mayoría de las madres consideran que los abrazos de su familia es la mejor manera para demostrarles su agradecimiento. 

No cabe dudas de que esas tiernas manos alrededor del cuello por la noche pueden hacerles olvidar la fatiga diurna, pero también es importante que las madres se cuiden. El exceso de responsabilidades y el agotamiento pueden terminarán pasándote factura, tanto a nivel psicológico como físico. También afectará tu relación de pareja e incluso con tus hijos ya que cuando estás cansada reaccionas con mayor irritabilidad. 

De hecho, es mejor poner el parche antes de que caiga la gotera. Un estudio realizado en la Universidad Católica de Lovaina reveló que muchas madres no se daban cuenta de la magnitud de las responsabilidades y tareas que asumían hasta que no era demasiado tarde. Estar ahí, siempre y para todos, puede ser extenuante, por lo que debes asegurarte de no cruzar la línea roja que afecte tu salud. 

Recuerda que la mejor manera de hacer felices a tus hijos y a las personas que amas consiste en ser feliz tú misma. Por eso, si te sientes sobrecargada, es conveniente que pidas ayuda. Todos los miembros del hogar, incluidos los niños, deben colaborar en las tareas domésticas, según sus posibilidades. No tienes por qué cargar con todo el peso tú sola. 

Tener tiempo para ti no es un lujo, es una necesidad. Ese tiempo te permitirá desconectar del estrés cotidiano, reencontrar tu equilibrio y relacionarte con las personas que más quieres con una actitud más relajada. Así todos podréis disfrutar del tiempo juntos. 


Fuentes: 
Hubert, S. & Aujoulat, I. (2018) Parental Burnout: When Exhausted Mothers Open Up. Front Psychol; 9: 1021. 
(2017) The Biggest 'lifesavers' For American Moms. En: SWNS Digital.
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25 pensamientos de Confucio que te iluminarán


Conocido en Occidente por el título de respeto con el que se referían a él, que se deriva de Kong Fu Zi (Kong, el Sabio), su verdadero nombre era Kong Zi. Confucio fue un teórico social y fundador de un sistema ético, pero sobre todo un gran filósofo cuyas enseñanzas resuenan a lo largo del tiempo. 

¿Quién fue Confucio? 


Con 20 años trabajaba en los graneros estatales y cuidaba cabras mientras estudiaba, algo que hizo durante toda su vida. Luego trabajó para la administración del Estado de Lu, como educador y político, llegando a ser Ministro de Justicia a los 52 años. Durante este periodo, Confucio impulsó varias reformas que condujeron a una administración de justicia imparcial. Sin embargo, dimitió del cargo porque no estaba de acuerdo con la política que seguía el príncipe, y se dedicó en lleno a la enseñanza. 

De hecho, sus discípulos crearon lo que hoy conocemos como confucianismo o confucionismo. Para este método es fundamental que estemos en sintonía con el universo, para lo cual necesitamos estudiar y mirar dentro de nosotros. Es decir, solo podemos estar en equilibrio si realizamos un ejercicio de introspección que nos lleve a un conocimiento pleno de uno mismo. Por eso, muchos de los pensamientos de Confucio giran en torno a la introspección y la necesidad de conocerse. 

Proverbios chinos de Confucio 


A Confucio, nada humano le era ajeno. Sus frases y máximas pueden convertirse en guías que iluminen nuestro comportamiento, sobre todo cuando atravesamos etapas difíciles. Otros de sus pensamientos son auténticas brújulas morales. 

1. Tenemos dos vidas: la segunda comienza cuando nos damos cuenta de que solo tenemos una. 

2. Los caminos son para disfrutar del viaje, no para llegar al destino. 

Entre todos los pensamientos de Confucio, quizá estos sean dos de los más profundos. El filósofo chino nos anima a abrazar nuestra mortalidad, a darnos cuenta de que solo tenemos una vida y somos nosotros quienes decidimos cómo vivirla. También nos anima a estar plenamente presentes, no con la vista puesta continuamente en un futuro que no sabemos si llegará. De hecho, también dijo que “la belleza está en todas partes, pero todos no son capaces de verla”, quizá porque estamos demasiado ocupados o preocupados. 

3. Si odias a una persona, entonces te ha derrotado. 

4. Antes de emprender el viaje de la venganza, cava dos tumbas. 

5. Olvida los agravios, pero jamás olvides la benevolencia. 

Para Confucio, la ira, el rencor y el deseo de venganza son sentimientos que nos consumen. Es como tomar veneno esperando que quien muera sea el otro. Por eso, consideraba que cuando sucumbimos a estas emociones en realidad entregamos nuestro poder al otro y nos convertimos en su víctima. 

6. No importa cuán lento vayas, siempre y cuando no te detengas. 

7. El hombre que mueve montañas comenzó cargando pequeñas piedras. 

8. Un viaje de mil millas comienza con el primer paso. 

Estos pensamientos de Confucio nos recuerdan que paso a paso se llega lejos. Nos animan a dar el primer paso, aunque sea pequeño y atemorice, además de recordarnos que todo gran proyecto demanda sacrificios. 

9. El mal no radica en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas. 

10. Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, estarás peor que antes. 

Para Confucio, los errores forman parte del aprendizaje, por lo que no hay nada de malo en ellos, siempre que aprendamos la lección e intentemos subsanarlos. Para este filósofo, lo verdaderamente dramático es darnos cuenta de nuestras fallas y no intentar solucionarlas. 

11. El sabio busca lo que quiere en sí mismo, las personas ignorantes lo buscan en los demás. 

12. Aprender sin reflexionar es malgastar energía. 

Confucio promulgaba la introspección, lo cual significa que debemos buscar las respuestas en nuestro interior. Nos alerta del peligro que representa adaptarse a las respuestas de los demás y asumir sus puntos de vista sin reflexionar. 

13. Instruye solo a aquellos que buscan el conocimiento después de haber descubierto su ignorancia. 

14. Existen tres vías para ser sabios: la primera y más noble es la reflexión, la segunda y más fácil es la imitación y la tercera y más amarga es la experiencia. 

Estas frases de Confucio, que recuerdan los principios básicos del taoísmo y el budismo, nos recuerda que el maestro llega cuando el aprendiz está preparado. Significa que si la persona no se encuentra receptiva y reconoce que necesita ayuda, nuestras palabras y actos caerán en saco roto. 

15. No pretendas apagar con fuego un incendio ni remediar con agua una inundación. 

16. Las malas hierbas no son las que ahogan la semilla, sino la negligencia del campesino. 

Puede parecer un contrasentido o incluso una locura, pero en el plano psicológico ocurre con frecuencia, respondemos con ira a la ira y con violencia a la violencia. Confucio nos anima a salir de ese círculo vicioso y a no buscar culpables que funjan como chivos expiatorios sino a pensar qué dosis de responsabilidad tenemos y cómo podemos cambiar la situación desde una perspectiva más racional. 

17. Respétate a ti mismo y los demás te respetarán. 

18. Si no quieres hacer algo, no lo impongas a los demás. 

19. Exígete mucho y espera poco de los demás. 

Estos pensamientos de Confucio se pueden resumir en una máxima: no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti. Si quieres respeto, tienes que comenzar por respetarte a ti mismo y respetar a los demás. No puedes ser extremadamente indulgente contigo mismo y poner la vara muy alta para los demás. Al contrario, para evitar desilusiones, lo mejor es enfocarse en el crecimiento personal y reducir las expectativas sobre los demás ya que estas suelen ser fuentes de conflictos y desengaños. 

20. El hombre que hace una pregunta, puede parecer estúpido durante un minuto. Aquel que no la hace será estúpido toda su vida. 

Muchas veces evitamos preguntar por miedo a parecer incapaces y desconocedores, pero es aún peor esconder la ignorancia y seguir arrastrándola durante toda la vida. Por eso Confucio nos anima a preguntar lo que nos inquieta o desconocemos. 

21. Una persona debe avergonzarse si sus palabras son mejores que sus actos. 

Esta máxima de Confucio nos anima a reflexionar sobre la distancia que puede existir entre nuestras palabras y actos. De hecho, cuando la distancia entre lo que decimos y lo que hacemos es demasiado grande, podemos caer en la hipocresía, dando lecciones morales que no seguimos. 

22. Tu vida es el resultado de tus pensamientos. 

Aunque puede parecer exagerado, lo cierto es que nuestra vida es el resultado de los patrones de pensamiento que aplicamos un día tras otro. Esos patrones de pensamiento pueden generar creencias limitantes que nos impiden alcanzar determinadas metas o se vuelven ideas recurrentes que afectan nuestro bienestar. Al contrario, los patrones de pensamientos positivos dan lugar a comportamientos adaptativos que nos permiten vivir de manera más equilibrada. 

23. No uses un cañón para matar un mosquito. 

A veces reaccionamos de manera desproporcionada ante las cosas que nos ocurren, de manera que solo empeoramos las cosas o gastamos energía inútilmente. Este pensamiento de Confucio nos anima a dosificar nuestra energía y responder de manera comedida ante cada situación. 

24. La auténtica sabiduría es conocer la dimensión de nuestra ignorancia. 

25. El inicio de la sabiduría consiste en comenzar a llamar a las cosas por su nombre. 

Sabiduría no es sinónimo de inteligencia. Lo sabemos. Para ser sabios, según Confucio, primero debemos ser conscientes de la dimensión de nuestra ignorancia. Solo cuando reconocemos que necesitamos aprender, abrimos la mente a otras ideas o formas de hacer. Ese nivel de autoconocimiento nos permite dejar de escudarnos tras las excusas y finalmente llamar a las cosas por su nombre.
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¡Necesito fuerzas para seguir adelante! 5 técnicas eficaces


Hay ocasiones en la vida en las que nos sentimos estancados. Puede tratarse de un proyecto creativo en el que estamos trabajando, una relación de pareja que ya no funciona, unas deudas que han dejado de tener sentido o incluso podemos sentirnos estancados en nuestro Desarrollo Personal

La emoción inicial que nos inspiraba ha desaparecido. Su lugar ha sido ocupado por la confusión, el abatimiento y el desgano. Nos sentimos abrumados y atrapados, una sensación terrible que genera a su vez angustia, inseguridad, agobio y desesperanza. ¿Qué hacer en esos casos?

¿Cómo encontrar la fuerza que necesitas para seguir adelante?


1. Da un paso atrás 

Puede parecer un contrasentido, pero cuando necesitas fuerza para seguir adelante a veces hay que dar un paso atrás. Al asumir una distancia psicológica de la situación podemos aplicar la máxima de Einstein: "Ningún problema se puede resolver desde el mismo nivel de conciencia que lo creó". 

La idea es que generes un nivel de pensamiento diferente que te permita evaluar tu situación actual desde otro punto de vista, a ser posible desapegado, que te ayude a ver las cosas en perspectiva y con más objetividad. 

Esta técnica de visualización te ayudará a comprender la importancia de dar un paso atrás: “Imagina que estás perdido en el bosque. Podrías seguir avanzando buscando la salida. Podrías entrar en pánico y caminar en círculos. Podrías regresar por donde viniste. También podrías simplemente quedarte donde estás con la esperanza de que llegue pronto la ayuda. 

Imagina, en cambio, que puedes detenerte, respirar profundamente y alejarte de tu situación. Imagina que puedes volar por encima de todo como si estuvieras en un helicóptero y mirarte a ti mismo entre los árboles. ¿Qué verías al cambiar la perspectiva? Una ruta diferente que antes no podías divisar”. 

Otra forma para "alejarte" consiste en analizar la situación en que te encuentras como si fueras un observador neutral. Imagina que eres otra persona. ¿Qué ideas o consejos te darías a ti mismo? 

2. Sé específico 

Es difícil avanzar si no entiendas por qué estás atascado. Si intentas seguir, es probable que des palos de ciego y te hagas daño. La clave radica en ser específico e identificar qué está sucediendo realmente. Debes poner en palabras lo que ocurre, para poder comprenderlo y superarlo. Después de todo, un problema bien definido puede contener su propia solución. 

Si quieres encontrar un camino, el primer paso es entender cuál es el problema subyacente, lo que te mantiene atrapado. Cuando se profundiza un poco más en el problema, desafío o bloqueo, las soluciones suelen aparecer. 

Por ejemplo, existe una gran diferencia entre el pensamiento: “Me siento estancado” y “Me siento estancado porque me abruman tantos detalles” o “Me siento estancado porque me preocupa lo que los demás pensarán sobre mí”. 

Hazte preguntas como: “¿Qué se interpone en el camino?” Cuando encuentres una respuesta, sigue preguntándote: “¿Qué más se interpone en mi camino?” Hasta que llegues al problema real.  Ten en cuenta que generalmente las primeras respuestas no son las más profundas, tendrás que excavar para hallar la verdadera causa.

Una buena idea consiste en llevar un diario terapéutico. A veces es más fácil escribir los problemas porque asumes una actitud más distante que te permite expresar lo que te preocupa sin tu autocensura. 

3. Encuentra tu "por qué" 

A veces puedes sentirte estancado porque has perdido de vista el panorama general y, lo que es importante, has olvidado tu “por qué”, la razón por la cual te involucraste en ese viaje y tomaste esas decisiones. En muchas ocasiones los grandes proyectos demandan mucho trabajo duro, y es normal que todas esas tareas y hábitos hagan que pierdas la perspectiva.

En ese caso, es necesario que te recuerdes por qué comenzaste, qué motivos o pasiones te han llevado hasta ese punto. ¿Cuáles eran los objetivos que querías alcanzar en tu vida? ¿Por qué quieres lograr eso que te has propuesto? 

Cuando activas tu intención y propósito original, recuperas la motivación intrínseca para seguir adelante. Conectarte a esa razón más profunda te mantendrá en movimiento y te permitirá sortear los obstáculos y afrontar los tiempos difíciles. 

Pregúntate: ¿Por qué es esto importante para mí?, ¿Por qué empecé esto? ¿Qué estoy intentando lograr? Leer estas frases de motivación para seguir adelante también te ayudará a encontrar la fuerza que necesitas.

4. Suelta lo que no funciona 

¿Alguna vez has caminado por el barro, se te ha atascado la bota y se te ha salido el pie? Cuando te pasa algo así, generalmente tienes dos opciones: volver a ponerte la bota y seguir avanzando con dificultad, repitiendo la frustración mientras te atascas continuamente, o puedes quitarte la bota y seguir adelante. 

Lo mismo ocurre en la vida. Cuando nos atascamos, a menudo preferimos quedarnos con los pies en el barro con tal de no abandonar nuestras botas. Seguimos repitiendo lo que no funciona. La bota representa esas creencias limitantes, viejos hábitos o historias que estamos reviviendo. 

Por eso, a veces para seguir adelante debemos practicar el desapego, soltar aquello que se ha convertido en un lastre para poder despegar. A veces tenemos que deshacernos de nuestro equipaje emocional porque algunas de las cosas a las que nos apegamos son precisamente las que nos mantienen atrapados y nos impiden volar. 

Debemos recordar que en la vida hay cosas mutuamente excluyentes. Eso significa que no podemos tenerlo todo sino que debemos renunciar a algunas cosas. Pregúntate: ¿Qué te está frenando? ¿Un viejo hábito, una creencia limitante, una emoción o un pensamiento recurrente negativo? ¿Qué necesitas para desapegarte? 

5. Haz un brainstorming de opciones 

A veces puedes sentirte estancado porque no ves ninguna salida a tu situación actual, sientes que no tienes ninguna opción. Te resulta imposible ver la luz al final del túnel. En esos casos, al generar generar ideas y posibilidades, expandes tu mente y abres tu pensamiento para encontrar una nueva solución. Cuando logras ver opciones potenciales dejarás de sentirte atrapado y te sentirás más animado. 

Ni siquiera tienes que tomar una decisión, se trata de dejar que la mente creativa se expanda y vea todas las posibilidades que existen. Es posible que te hayas sumergido demasiado buscando lo "correcto" y hayas eliminado todo lo que no te parecía perfecto. Sin embargo, la búsqueda de la perfección puede generar una cantidad enorme de estrés e incluso crea una parálisis por análisis

La realidad es que no hay un único camino. Hay muchas posibilidades que podrían funcionar para la situación en la que te encuentras, solo tienes que abrir la mente. Por tanto, haz una lista de todas las soluciones posibles, aunque te parezcan poco realistas o incluso tontas. 

Si no estás contento con tu relación, ¿qué puedes hacer? Probablemente hay muchas más opciones de las que has considerado. ¿Cuáles son? Cuanto más dejes volar tu imaginación, mejor. Luego, activa la mente racional y analiza con detenimiento todas esas soluciones. ¿Hay ideas que merece la pena explorar? 

Entonces y solo entonces puedes identificar el camino a seguir.
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Qué es un “yo fuerte” y cómo desarrollarlo, según Freud


Vivimos en la época de la alienación de los deseos. Y no es una buena noticia. Si le preguntamos a la mayoría de las personas qué quieren, es probable que no sepan responder. La gente anda tan ocupada y preocupada, vive con tanta prisa, que ha perdido la conexión con su “yo” más profundo y se limita a desear aquello que quieren los demás. 

Tal parece que el ejercicio de desear demandase demasiada energía, una energía que preferimos destinar a tareas más intrascendentes pero que nos mantienen mentalmente ocupados, para que ni siquiera sospechemos que no somos capaces de desear por nuestra cuenta y riesgo. 

Sin embargo, ¿cómo una persona puede hacer lo que desea, si desconoce sus deseos? Si no sabemos lo que queremos, corremos el riesgo de convertirnos en un engranaje más que alimenta una sociedad consumista donde solo valemos por lo que tenemos y no por lo que somos. 

Noam Chomsky nos había advertido: "El sistema perfecto sería una sociedad basada en una díada, en un par. Ese par eres tú y tu televisión, o tal vez ahora, tú e Internet. Un lugar donde se presenta cómo debería ser la vida apropiada, el tipo de aparatos que deberías tener. Recordándote que debes gastar tu tiempo y esfuerzo para conseguir esas cosas que no necesitas y que no quieres y que, probablemente, terminarás tirando. Pero eso es lo necesario para una vida digna".

Freud también vislumbró en su tiempo ese riesgo. Afirmó que "el precio que pagamos por nuestra avanzada civilización es la pérdida de la felicidad a través de la intensificación del sentimiento de culpa", culpa porque no tenemos lo que se supone que deberíamos tener, o por no haber alcanzado el éxito esperado, culpa por no poder con todos los compromisos e incluso por desear lo que no desean los demás, en caso de que nos atrevamos a hacerlo.

Una vía para salir de ese laberinto, ser más auténticos y a la vez vivir de manera más plena y equilibrada, es desarrollar el "yo fuerte" que propuso Freud.

El “yo fuerte” de Freud 


Esta idea se encuentra en una de sus obras póstumas, “Esquema del psicoanálisis”. La perfiló a sus 82 años, después de huir del régimen nazi, pero la dejó inconclusa ya que tuvo que someterse a una operación importante debido al cáncer que padecía. 

No obstante, antes de profundizar en el concepto de “yo fuerte” es necesario comprender cómo funciona el aparato psíquico desde la perspectiva freudiana: 

- Ello. Contiene “todo lo heredado, lo que se trae con el nacimiento, lo establecido constitucionalmente; en especial, entonces, las pulsiones que provienen de la organización corporal, que encuentran en el ello una primera expresión psíquica, cuyas formas son desconocidas para nosotros”. Básicamente, se trata de los impulsos más básicos que responden a nuestras necesidades primarias. 

- Yo. Es la parte del ello que se ha desarrollado debido a la relación con el mundo, la cual termina mediando entre el ello y el mundo exterior. Se trataría de nuestra identidad, de la imagen que tenemos de nosotros mismos. 

- Superyó. Es una instancia dentro del “yo” que sería la prolongación de la dependencia hacia los padres. Se trata de todas las reglas, normas, leyes y valores que hemos interiorizado y que, de cierta forma, controlan el ello. Freud indica que “en la medida en que este superyó se separa del yo o se contrapone a él, es un tercer poder que el yo se ve precisado a tomar en cuenta”. 

Así, en nuestro “yo” conviven dos fuerzas que no solo pueden ser contradictorias sino incluso excluyentes entre sí. Por un lado, el ello busca satisfacer las necesidades básicas de manera urgente, sin preocuparse por los planes a largo plazo, porque no conoce ni el mañana ni la angustia. Por otro lado, el superyó refrena al “ello” haciendo cálculos y teniendo en cuenta la sociedad porque siempre tiene la vista puesta en el futuro. 

Como resultado de esas fuerzas y su desequilibrio, no es extraño que muchas personas se sientan divididas o fragmentadas y terminen con un “yo debilitado”. 

El “yo fuerte”, al contrario, es aquel que “cumple al mismo tiempo los requerimientos del ello, del superyó y de la realidad objetiva, es decir, sabe reconciliar entre sí sus exigencias”. Se trata de un yo equilibrado. 

Ese yo ya no se encuentra a merced del ello ni del superyó, de las necesidades básicas ni de la represión, sino que es un yo capaz de crecer sin sentirse sometido a sus instintos o a la cultura. 

¿Cómo desarrollar un “yo fuerte”? 


Nuestro camino para fortalecer al yo debilitado parte de la ampliación de su conocimiento de sí mismo. Sabemos que esto no es todo, pero es el primer paso. La pérdida del autoconocimiento implica para el yo una pérdida de poder e influencia, es el primer indicio tangible de que se encuentra cohibido y coartado por las demandas del ello y el superyó”, escribió Freud,

Se trata de un duro trabajo ya que implica equilibrar los instintos, las normas y las demandas del medio. 

Primero debemos comprender que “el yo aspira al placer y quiere evitar el displacer. Ante un acrecentamiento de displacer respondemos con angustia”. Eso significa que tenemos que entender cómo solemos reaccionar, los mecanismos que se desatan automáticamente en nuestro interior cuando nos enfrentamos a ciertas situaciones del medio. Implica tomar conciencia de nuestras respuestas automáticas de nerviosismo cuando tenemos que dar un discurso, por ejemplo, o de nuestra ira cuando las cosas no salen según las habíamos planeado. 

En segundo lugar, debemos superar las resistencias que nos plantea el superyó. Se trata de otro desafío importante ya que, aunque seamos “independientes” de nuestros padres, en realidad aún mantenemos una relación de dependencia, sujeción y represión respecto a su autoridad. De hecho, es probable que la voz represora que escuchas en tu mente sean frases que te dijeron tus padres u otras figuras de poder en tu infancia. 

El superyó nos somete a esas normas y reglas para ganarnos la aceptación y el amor, no solo de nuestros padres sino también de la sociedad. Por tanto, para desarrollar un “yo fuerte” necesitamos sobreponernos a ese temor, atrevernos a ser nosotros mismos aún a riesgo de perder la aprobación de algunas personas cercanas. 

No debemos olvidar que “cuanto más acosado se sienta el yo, más tenazmente se aferrará, casi aterrorizado, a la anticatexis con el fin de proteger su precaria existencia contra nuevas irrupciones”, según Freud. Significa que cuando nos sentimos atacados, sea por el motivo que sea, activamos una resistencia, la cual demanda una gran dosis de energía. 

Cuando destinamos tanta energía a luchar contra el ello o el superyó, nuestro yo se debilita. Solo podemos superar esas resistencias cuando nos conocemos y aceptamos. En ese momento, el ello y el superyó dejan de ser obstáculos y trabajan en armonía con un “yo fuerte”.

Entonces ocurre un auténtico milagro: reencontramos nuestra capacidad para desear y amar. Y es en el ejercicio de búsqueda de la autenticidad que nuestro yo se fortalece y alcanzamos la libertad en todos los sentidos. 


Fuente: 
Freud, S. (1991) Esquema del Psicoanálisis. En Obras Completas de Sigmund Freud vol. XXIII (133-210). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
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5 técnicas de PNL eficaces para aplicar en tu vida


La Programación Neuro-Lingüística (PNL) es una especie de “Manual de Usuario para el Cerebro”. De hecho, las técnicas de PNL pueden ser muy eficaces para cambiar la manera en que experimentas el mundo transformando tus pensamientos y emociones sobre la realidad, para alcanzar un estado mental más equilibrado y beneficioso. Aprender técnicas de PNL te permitirá gestionar de manera eficaz tus emociones y cambiar los patrones de pensamiento negativos que te dañan o limitan tu desarrollo. Es como "acceder" al cerebro y cambiar su programación. 

¿Qués es la PNL? 


La PNL intenta comprender cómo las personas organizan sus pensamientos, sentimientos, lenguaje y comportamiento, proporcionando un marco para que puedan alcanzar los resultados que se propongan en diferentes áreas de la vida.

Según la PNL, todos tenemos mapas mentales únicos que son el resultado de la manera en que percibimos y filtramos la información a través de los sentidos. En la PNL el mapa mental más básico se denomina “primer acceso” y está formado por las imágenes internas, sonidos, conciencia táctil, sensaciones internas, sabores y olores ya que se crea fundamentalmente a través de los sentidos. 

En un segundo momento asignamos un significado personal a esos estímulos que recibimos del mundo exterior. Así formamos un segundo mapa mental en el que asignamos palabras a las imágenes internas, sonidos y sentimientos, gustos y olores. Se trata del mapa lingüístico. 

Nuestro comportamiento es la respuesta a ambos mapas y el resultado de los mismos. Esto significa que no nos limitamos a reaccionar ante lo que sucede a nuestro alrededor sino que reaccionamos según el significado que le atribuyamos a los hechos, el cual depende de muchísimos factores psicológicos, desde nuestras experiencias pasadas hasta nuestras expectativas o incluso nuestro estado de ánimo. 

Las técnicas de la PNL nos permiten trabajar a nivel interno, en ese mapa lingüístico, para cambiar nuestro comportamiento y las emociones que generan ciertas situaciones. 

Técnicas de PNL eficaces para sentirte mejor y alcanzar el equilibrio


1. Disociación 

¿Alguna vez has estado en una situación que te ha hecho sentir mal? Tal vez algo te ha hecho deprimirte o ponerte nervioso, un patrón que se repite en ciertas situaciones. En esos casos, cuando esos sentimientos parecen ser automáticos y se disparan cuando confluyen ciertas circunstancias, esta técnica de PNL denominada disociación puede ser de gran ayuda. 

Comienza identificando la emoción que sientes, puede ser miedo, rabia, incomodidad o tristeza. Luego imagina que puedes flotar fuera de tu cuerpo y mirarte a ti mismo, observando la situación desde la perspectiva de un observador externo. Nota cómo esa emoción cambia drásticamente. 

Esta técnica es aún más poderosa si luego de imaginar que has flotado fuera de tu cuerpo, vuelves a imaginar que has salido de ese nuevo cuerpo y te observas desde otra perspectiva. Se trata de una doble disociación que te permitirá asumir una gran distancia psicológica de lo que ocurre y gestionar mejor las emociones que estás experimentando. 

2. Reencuadre de contenido 

Cuando estés inmerso en una situación negativa en la que te sientas impotente pues no la puedes cambiar, esta técnica se convertirá en tu mejor aliado. Se trata de re enfocar la situación negativa para experimentarla de una manera más positiva. 

Imagina, por ejemplo, que tu relación de pareja ha llegado a su fin. Al inicio puede parecer terrible, pero puedes replanteártelo. ¿Cuáles son los beneficios de la soltería? Se trata de darle un nuevo significado a la ruptura y no centrarte únicamente en sus aspectos negativos. 

Es normal que en ciertas situaciones sintamos pánico o nos descorazonemos, pero eso solo genera más dificultades, sobre todo cuando no tienes control sobre lo que ocurre. La mejor manera para despejar tu mente y tomar decisiones más racionales es tener una visión más completa, que implica ser capaz de ver también lo positivo. 

3. Anclaje 

El anclaje es una de las técnicas de PNL más usadas, y también una de las más eficaces. Se trata de crear una asociación entre un estímulo y una respuesta a través de “anclas”. Es muy útil cuando debes enfrentar situaciones que te estresan o generan emociones negativas. 

Se trata de elegir la emoción que quieres sentir, como confianza, felicidad, calma… y anclarla a tu cuerpo a través de un movimiento, como puede ser apretar una uña, tirar del lóbulo de la oreja o tocarte el nudillo. 

Debes comenzar trayendo a tu mente una situación en la que te sentías confiado, empoderado, feliz o calmado (la emoción que desees anclar). Recrea esa memoria con todos los detalles. Mientras revives esa sensación, toca la parte de tu cuerpo donde crearás el anclaje. Debes repetir ese ejercicio varias veces, siempre recordando diferentes situaciones que han generado la sensación que quieres anclar. 

Con la práctica, cuando estés en cualquier situación que te haga sentir mal, te bastará realizar ese simple gesto físico para activar la emoción a la que lo has asociado. De hecho, se trata de una técnica muy eficaz y poderosa, aunque requiere un trabajo constante para realizar el anclaje. Cuanto más practiques, más fuerte será la respuesta emocional que actives. 

4. Swish 

Esta técnica de PNL es muy eficaz para reducir o incluso eliminar, el poder de los pensamientos negativos recurrentes, o restar el impacto emocional tanto a los eventos del pasado cuyos efectos seguimos arrastrando o a eventos futuros que nos generan miedo o ansiedad. Con esta técnica no necesitas batallar contra esos pensamientos o emociones sino que simplemente entrenas a tu cerebro para responder de una manera diferente generando una nueva línea de pensamiento o emoción. 

Ante todo, necesitas hallar el pensamiento indeseado (activador), así como el sentimiento que evoca. Determina además cuál es el disparador, por ejemplo, la imagen o situación que activa ese pensamiento negativo. Luego debes elegir un pensamiento de reemplazo. ¿Qué te gustaría estar pensando y sintiendo en lugar de quedarte atascado en el pensamiento negativo? 

También necesitas tener la certeza de que ese pensamiento indeseado no demanda tomar ninguna acción, no es un problema a resolver sino simplemente una idea molesta que se genera de una creencia irracional. 

Luego debes concentrarte en crear una imagen de reemplazo de esa imagen disparadora. Recréala con todo lujo de detalles. De esta manera no lucharás contra el pensamiento o la emoción sino que simplemente colocarás otros en su lugar. 

5. Disco emocional 

Esta técnica de PNL, que en realidad es un ejercicio de visualización, es muy útil para liberarnos de las emociones que nos afectan, esas que por mucho que lo intentemos, se quedan pegadas a nosotros, desde la tristeza hasta la rabia o la desilusión.

Elige uno de los sentimientos negativos que te molesta. Lo ideal es que comiences por un sentimiento que no sea muy intenso. A medida que practiques podrás comenzar a trabajar con emociones más fuertes. 

Concéntrate para determinar en qué parte del cuerpo experimentas este sentimiento. Nota los puntos finales y la dirección del sentimiento. Supongamos que el sentimiento comienza en el punto A y termina en el punto B. 

Ahora imagina que, a medida que la sensación se mueve de A a B, en B sale de tu cuerpo y vuelve a entrar por el punto A, formando un círculo completo. Observa la velocidad con la que gira ese disco a medida que se forma, e imagina el color que adquiere. 

A continuación, visualiza un agujero en medio del disco y coloca en él una palanca imaginaria, sostén uno de sus extremos con tus manos. Mueve esa palanca para que el disco/sensación gire cada vez más rápido. Puedes contar mentalmente hasta tres y empujar la palanca hacia el frente, sacando el disco de tu cuerpo. 

Sigue sosteniéndolo frente a ti. Observa el círculo, su velocidad y color. Ahora cambia ese color a un color agradable. Gira la palanca muy rápido de modo que el extremo de la mano derecha ahora vaya a la mano izquierda y viceversa. Y mira el disco. Notarás que la dirección en que se mueve se ha invertido. 

Ahora cuente mentalmente hasta tres y tira con fuerza el disco hacia tu cuerpo. Inmediatamente notarás una sensación de alivio.
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Vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir


“Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. 

“Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida. 

“Hoy todo el mundo sufre la enfermedad del tiempo: la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y debes pedalear cada vez más rápido. 

“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes… 

“Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones, de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante.” 

Estas palabras del periodista canadiense Carl Honoré en su “Elogio a la Lentitud” nos invitan a reflexionar. Estamos tan preocupados por no perder un detalle, tan preocupados por apurar hasta el último sorbo, que no nos damos cuenta de que a través de esa prisa se nos escapa la vida.

La paradoja moderna: Cuanto más intentemos abarcar, más se nos escapará 


Cuanto más rápido vayamos, más nos confundirá nuestro propio ritmo, cayendo víctimas de un vértigo que nos impide ver más allá de las ocupaciones cotidianas, de ese trasiego constante por el que se nos escapa segundo a segundo la vida. 

Ese estado de hiperactividad nos lleva a vivir por inercia, en piloto automático, dedicando toda nuestra energía a metas externas que se oxidan con el paso del tiempo y nos hacen olvidar cuáles son las cosas realmente importantes de la vida. 

Pensamos que cuanto más ocupados estemos, más aprovechamos la vida, e incluso nos enorgullecemos de tener la agenda repleta, de no tener ni un minuto libre. Sin embargo, cuando saltamos de un compromiso a otro dejamos que sean los demás quienes decidan en nuestro lugar. Entonces nos sometemos, más o menos inconscientemente, a la dictadura social, la cual nos anima a ir cada vez más rápido porque sabe que esa velocidad nos arrebata el tiempo para pensar, un tiempo precioso para conectar con nosotros mismos y decidir qué es lo que realmente queremos. 

Cuando vivimos con esa prisa, miramos constantemente hacia adelante, a un futuro que ya está programado y decidido prácticamente al milímetro. Nos animan a hacer cada vez más cosas en menos tiempo, pero eso no nos reporta necesariamente más satisfacción. 

Hoy la prisa no se limita al trabajo, ha contaminado todas las esferas de la vida, extendiéndose incluso al ocio. Hay que ver más en menos tiempo, probar más en menos tiempo, tomar una foto rápida y seguir a la siguiente... fotos que, dicho sea de paso, nos servirá de un recordatorio enmohecido de que "estuvimos" allí, una vaga remembranza de lo que pudo ser pero no fue. 

Esa prisa no deja espacio para la necesaria pausa que invita a la reflexión y a la creatividad. El silencio y el descanso, dos necesidades básicas, prácticamente se han convertido en un lujo. Esa prisa en realidad nos resta capacidad de goce y de placer, nos impide disfrutar de los pequeños detalles. 

Hay otra manera de vivir: El instante eterno 


Si queremos vivir en sociedad, a veces no tenemos más opción que ceñirnos a la prisa moderna. No hay muchas alternativas, sobre todo en el trabajo. Sin embargo, debemos asegurarnos de que no se convierta en la norma que engulla nuestra vida. Debemos proteger con celo el derecho a poner nuestra vida en cámara lenta para disfrutar de lo que nos apetece, tranquilamente y sin culpas. 

En el budismo existe un concepto muy interesante que puede convertirse en una especie de antídoto contra la prisa: el instante eterno. Según esta filosofía, si vivimos plenamente presentes en el aquí y ahora, pasado y futuro se difuminan. Cuando somos plenamente conscientes, cuando nuestra mente no está en lo que nos queda por hacer o en lo que ya hicimos sino en lo que estamos haciendo, disfrutamos más. 

Entonces la vida deja de ser una carrera de obstáculos a vencer y se convierte en una maravillosa realidad a experimentar. Es un cambio que vale la pena :)
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