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Los 8 tipos de pensamientos negativos que alimentas sin darte cuenta


Existen muchos tipos de pensamientos negativos que pueden hacerte daño. Generalmente se trata de ideas automáticas, algunas de las cuales no son más que creencias introyectadas; es decir, creencias que te transmitieron tus padres u otros adultos significativos durante tus primeros años de vida y que sigues arrastrando contigo. Otros pensamientos negativos son el fruto de una visión distorsionada de los acontecimientos o simplemente de expectativas incumplidas. 

Albert Ellis, creador de la terapia racional emotiva conductual, estaba firmemente convencido de que lo que nos afecta no son las cosas que nos suceden, sino la interpretación que les damos. Esas interpretaciones adoptan la forma de pensamientos negativos que nos generan malestar y, lo que es aún peor, nos impiden encontrar una solución satisfactoria para nuestros problemas ya que a menudo solo sirven para alimentar un círculo vicioso de negatividad. El primer paso para salir de ese bucle es conocer todos los tipos de pensamientos negativos que pueden rondar tu mente.

¿Eres víctima de estos tipos de pensamientos negativos? 

Existen tantos tipos de pensamientos negativos como personas, pero se pueden resumir en 8 grandes categorías, fáciles de detectar por las actitudes que generan.

1. Estado de emergencia permanente

Cada vez que ocurre algo, lo asumes como una emergencia total. Esa reacción se debe a que tu amígdala se activa y solo puedes ver la señal de alarma. En tu cerebro se produce un secuestro emocional en toda regla, desatando una reacción de pánico. Al asumir la realidad como si fuera una crisis, reaccionas de manera desproporcionada. Este tipo de pensamiento catastrófico te lleva a exagerar los peligros y desestimar tus recursos para hacerle frente a los problemas, una actitud que puede llegar a ser muy peligrosa ya que desencadena un estado de indefensión aprendida

2. El autosaboteador

Ante la más mínima dificultad, te saboteas automáticamente. Te tomas todo lo que ocurre como algo personal y te culpas por cosas sobre las cuales no tienes ningún control. Tus pensamientos negativos te impiden pensar con lógica, de manera que te castigas y criticas incesantemente. Como resultado, cada vez que se presenta un problema, pierdes autoestima y autoconfianza. Este tipo de pensamiento hace que te conviertas en tu peor enemigo ya que te pondrás la zancadilla constantemente.

3. El extremista 

Cuando ocurre algo, solo puedes ver los extremos. Este tipo de pensamiento negativo, también llamado dicotómico, te hace ver el mundo en blanco y negro, todo o nada, sin términos medios. Al olvidarte de la gama de grises y colores intermedios, te resultará difícil encontrar una buena solución y sentirás mucha ansiedad ya que asumes que cualquier decisión es un camino sin retorno. 

4. El etiquetador 

Cualquier cosa que ocurra, la etiquetas en términos negativos porque solo puedes ver las consecuencias dramáticas de la situación. El problema es que al colocar esas etiquetas, no logras ver las posibilidades que puede encerrar una situación, de manera que cierras caminos hacia su solución. Además, este tipo de pensamiento negativo puede hacer que te autoetiquetes y termines desarrollando una imagen muy limitada de ti y de tus potencialidades.

5. Visión de túnel 

Cuando tienes un problema, tu visión inmediatamente se reduce, como cuando entras en un túnel. Solo logras ver las cosas negativas, los problemas, errores y carencias. No logras apreciar ningún detalle positivo, posibilidad o fortaleza, de forma que caes en una espiral descendente de negatividad. Este tipo de pensamiento negativo tiene su base en el fenómeno que se conoce como atención selectiva. En práctica, es como si te pusieras unas anteojeras y unas gafas de sol, de manera que solo ves una parte muy limitada de la realidad, perdiéndote precisamente la parte más importante para hallar una solución. 

6. El generalizador 

Cuando tienes un problema, tu mente divaga y comienza a establecer conexiones sueltas entre el presente y los sucesos del pasado. Esas conexiones te llevan a realizar generalizaciones erróneas y negativas, generalmente reconocibles porque aparecen palabras como “nunca”, “siempre” o “todos”. Este tipo de generalización a menudo conduce a lo que se conoce como “error del adivino”, que consiste en sacar conclusiones apresuradas sobre algo que aún no ha pasado, pensando que los resultados o consecuencias serán desastrosos. Obviamente, con cada afirmación de ese tipo pierdes un poco de autoestima y fuerza, condenándote a un ciclo de negatividad. 

7. El impostor 

Debido a que tienes una tendencia a compararte, constantemente magnificas los aspectos positivos que notas en todos los demás, pero minimizas tus propias fortalezas y talentos. Este tipo de pensamiento negativo te hace sentir como si fueras un impostor y no merecieras lo que tienes. Tienes miedo a que los demás descubran que no eres tan listo, capaz, amable o brillante, cuando en realidad lo que sucede es que tienes un problema de autoestima. De hecho, es probable que a menudo seas víctima de lo que se conoce como “lectura de la mente”, un fenómeno según el cual presupones lo que están pensando los demás. 

8. El superhéroe 

Tu capa siempre está extendida, te esfuerzas para no defraudar a nadie. Te enorgulleces de hacer todo, cueste lo que cueste. Tu vida se rige por el “debo” y “debería” hasta el punto que te olvidas por completo de lo que tú quieres realmente. El problema es que cada vez que te das cuenta de que no puedes salvar el mundo, tu autoestima cae en picado y experimentas una desilusión extrema. De hecho, se trata de uno de los tipos de pensamientos negativos más dañinos porque piensas en términos de “deberes” y “obligaciones”, permitiendo que tu vida, decisiones y estado de ánimo dependan por completo de los demás.
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Hay personas que no se percatan de lo que hacemos por ellas, hasta que dejamos de hacerlo


Pequeños gestos que mejoran el día a día. Grandes entregas que marcan el curso de la vida. La ayuda puede adoptar mil formas distintas. Puede ser esa persona que nos facilita la jornada, desde un discreto segundo plano, para que todo fluya mejor. O puede ser esa persona que hace un gran sacrificio con una sonrisa en los labios, sin dejar entrever el verdadero costo de lo que nos ofrece. 

Todos en algún momento hemos ayudado a alguien. Y nos hemos sentido bien por ello. El desgaste emocional comienza cuando nuestra ayuda no es reconocida, cuando damos y damos, sin recibir nada a cambio, cuando los demás no se dan cuenta de todo lo que hacemos por ellos e incluso presuponen que es nuestra obligación.

“Síndrome de dar por sentado”: Cuando a fuerza de ayudar, nos volvemos invisibles 


A menudo, las personas caen en lo que podríamos llamar el “Síndrome de dar por sentado”, que consiste en obviar el valor de las cosas buenas en la vida. Estas personas dan por sentado que nuestra ayuda y apoyo simplemente están ahí, que tienen derecho a ello, y no lo aprecian en su justa medida. 

El “Síndrome de dar por sentado” está relacionado con la capacidad de adaptación, un proceso mediante el cual las personas se acostumbran rápidamente a los entornos, las situaciones y las relaciones. En práctica, es probable que esa persona se haya sentido emocionada la primera vez que la ayudaste, y te haya agradecido ese gesto, pero luego lo asumió como algo natural, se activó el mecanismo psicológico de la desensibilización, y esa ayuda pasó de ser una novedad a convertirse en algo familiar. 

Obviamente, la capacidad de adaptación es importante, sobre todo para evitar un sufrimiento innecesario provocado por cambios drásticos, pero juega en contra de las relaciones. Debemos pensar en las relaciones y en la ayuda como una planta que debe ser cuidada todos los días. Si asumimos que la planta siempre estará ahí y no necesita nuestros cuidados, un día simplemente se secará. 

Cuando eso sucede, la persona se sentirá desorientada, como si de repente su estructura de apoyo se hubiera venido abajo. De hecho, eso es precisamente lo que ha pasado: a fuerza de no cuidar una relación que le aportaba auténtico valor, el vínculo se ha roto y ha perdido una importante fuente de ayuda. Solo entonces valora lo que hasta ese momento había dado por sentado. Aunque quizá es demasiado tarde.

Dar mucho y recibir poco, cansa 


Dar mucho y recibir poco, agota. Aunque es importante ayudar a cambio de nada, también necesitamos recibir sin tener que pedir. De hecho, el psicólogo Adam Grant, de la Universidad de Pensilvania, explicaba que podemos imaginar las relaciones interpersonales como una línea, en uno de sus extremos se encuentra el dar y brindar ayuda, en el otro extremo se encuentra el recibir y obtener ayuda. 

En algunas fases de la vida, podemos estar en un punto más cercano a uno de los extremos, como cuando debemos cuidar de una persona querida, pero en sentido general, lo ideal sería encontrarnos en un punto más intermedio, donde podemos dar sin que ello se convierta en una hemorragia energética porque también recibimos apoyo y ayuda. 

Ni siquiera se trata de que la persona a quien ayudamos nos “devuelva el favor”. No se trata de un quid pro quo, sino de establecer ese profundo y muchas veces indestructible vínculo emocional basado en el agradecimiento y el reconocimiento. Al contrario, cuando ayudamos y el otro se vuelve demandante o menosprecia nuestra contribución, esa ayuda se convierte en una carga psicológica. 

Ayudar también tiene límites 


Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela”, recomendaba Pitágoras hace siglos. Este filósofo y matemático griego sabía que existe un límite a la entrega, el sacrificio y la ayuda; un límite más allá del cual terminamos drenados emocionalmente, sobre todo cuando las otras personas no reconocen lo que hacemos por ellas. 

Siglos más tarde, los experimentos psicológicos han comprobado el consejo pitagórico. En un estudio realizado en la Universidad de Columbia Británica dieron a los participantes una suma de dinero. A la mitad les pidieron que lo gastaran en ellos mismos y a la otra mitad que lo destinaran a los demás. Al final, quienes habían gastado dinero en los otros reportaron sentirse más felices que quienes habían empelado el dinero en sí mismos. Sabemos, sin rastro de dudas, que ser compasivos y ayudar a los demás nos beneficia psicológicamente. Con ciertos límites. 

La empatía, por ejemplo, puede llegar a consumirnos haciendo que adoptemos hasta tal punto el sufrimiento ajeno que descuidamos nuestros propios sentimientos y necesidades. De hecho, quienes siempre priorizan las emociones de los demás son más propensos a sufrir ansiedad o depresión. Es lo que se conoce como “fatiga de la empatía”, que afecta fundamentalmente a quienes ayudan continuamente a los demás convirtiéndose en los pilares que lo sostienen. 

En otro estudio, realizado en la Northwestern University, los investigadores analizaron los efectos de la empatía en los padres de 247 adolescentes. Descubrieron que asumir una actitud empática mejoraba la relación y la felicidad de la familia, pero cuando los padres se involucraban demasiado en los problemas de sus hijos, experimentaban más estrés y se disparaban los marcadores de inflamación crónica. Esto significa que llevar la carga de alguien, sin poder decicir ni actuar en su lugar, incrementa nuestra carga psicológica y fisiológica, dejándonos más vulnerables. 

¿Qué enseñanzas prácticas podemos extraer? 

1. Desarrolla una preocupación empática. Existen diferentes tipos de empatía, hay una empatía que te atrapa dentro del sufrimiento ajeno y otra que te permite conectar pero gestionando ese malestar, de manera que los problemas de los demás no te arrastren. Recuerda que por mucho que puedas ayudar, las decisiones finales nunca estarán en tus manos y, por ende, tu implicación emocional también debe limitarse a lo que puedes hacer. 

2. No te extralimites ayudando. A veces la ayuda, aunque bien intencionada, puede hacer daño generando actitudes egocéntricas, demandantes o dependientes en el otro. Por eso, la ayuda siempre debe ser dosificada, pensada para que el otro crezca, no para que se produzca una dependencia. 

3. No te pierdas. La filósofa Ayn Rand sostenía que si queremos desarrollar una buena salud mental, debemos cultivar el egoísmo racional, que no es más que ocuparnos de satisfacer nuestras necesidades e intereses ya que en muchas ocasiones los relegamos a un segundo o tercer plano, para terminar sufriendo las consecuencias.


Fuentes: 
Manczak, E. M. et. Al. (2016) Does empathy have a cost? Diverging psychological and physiological effects within families. Health Psychol; 35(3): 211-218. 
Dunn, E. W.; Aknin, L. B. & Norton, M. I. (2008) Spending money on others promotes happiness. Science; 319(5870): 1687-1688.
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5 actitudes que separan más que cualquier distancia


Hay actitudes que separan más que mil millas o que un océano. La cercanía emocional no se mide en metros ni en centímetros sino en la sintonía psicológica que experimentas. Por eso, puedes estar rodeado de personas y aún así sentirte solo, o estar aparentemente solo pero sentirte acompañado porque sabes que, en alguna parte, hay alguien que te comprende y apoya, sin importar cuán lejos se encuentre ese persona. 

Existen actitudes que dificultan la convivencia cotidiana y van creando una brecha emocional entre dos personas. Si no se le ponen coto, esa brecha puede llegar a convertirse en un abismo insalvable. ¿Cuáles son esas actitudes?

Actitudes que rompen vínculos y dejan profundas huellas emocionales 


1. Hipercriticismo

No por mucho criticar, cambia el otro más temprano. Es una regla de oro que debemos recordar en nuestras relaciones interpersonales. Las críticas, sobre todo cuando están dirigidas a la persona y expresan un juicio de valor, pueden llegar a desgastar la relación más sólida ya que uno de sus miembros no solo se sentirá juzgado sino también incomprendido. 

A veces esas críticas se hacen con buena intención, por el bien del otro, pero a esa persona solo le llegará un mensaje: “no soy lo suficientemente bueno o capaz” o “no me quiere lo suficiente ni me acepta como soy”. En cualquier caso, criticar continuamente es una receta infalible para interponer una distancia emocional pues la persona criticada se alejará cada vez más, al no encontrar la aceptación, el apoyo y la comprensión que necesita. 

2. Frialdad emocional

La frialdad emocional separa más que un abismo. Toda relación íntima, ya sea de pareja, entre amigos o en la familia, tiene una importante función de validación emocional que debe ser satisfecha o, de lo contrario, genera un profundo vacío afectivo. Cuando permites que una persona acceda a tu círculo íntimo, esperas que pueda comprender lo que estás sintiendo y valide esas emociones. En pocas palabras: esperas que te apoye emocionalmente. 

Por desgracia, no siempre es así. Algunas personas se distancian emocionalmente, recurren al silencio como herramienta para castigar al otro, le dejan de hablar e ignoran a propósito. Al desentenderse de las necesidades afectivas de la otra persona, se transmite un mensaje muy claro: "no me importas lo suficiente". Si ante cada conflicto la persona reacciona distanciándose emocionalmente, al final terminará construyendo un muro con los ladrillos de la incomprensión y los problemas irresueltos. Ignorar los conflictos no los soluciona, simplemente los esconde. Distanciarse emocionalmente no ayuda a solucionar los problemas, solo acentúa la distancia rompiendo toda posibilidad de comunicación.


3. Desprecio

El desprecio puede asumir mil formas. Los insultos con frases como “eres tonto” o “eres ridículo”, son la manifestación más directa, pero las humillaciones veladas, sobre todo cuando la persona adopta una actitud prepotente y recurre a tácticas de intimidación intelectual, también duelen y hacen daño. El sarcasmo, por ejemplo, es otra forma de desprecio que suele afectar mucho las relaciones ya que detrás de un matiz aparentemente ingenioso suele esconderse una burla cáustica que daña profundamente la autoestima de la otra persona, sobre todo cuando se repite a lo largo del tiempo. 

El desprecio hace que una relación, que debía ser una fuente de apoyo, se convierta en un pozo de desánimo constante, lo cual termina minando el vínculo. A diferencia del rechazo o incluso el odio, que son sentimientos momentáneos, lo que más duele del desprecio es que se trata de una actitud más racional y premeditada. El desprecio implica rechazo, pero también esconde el deseo de excluir a esa persona y una profunda falta de respeto hacia sus ideas o sentimientos.


4. Egocentrismo

Toda relación, sea del tipo que sea, siempre implica a dos personas. Esas dos personas deben ser capaces de satisfacer algunas de sus necesidades emocionales en esa relación. Cuando esa bidireccionalidad se rompe y una de las personas asume una actitud egocéntrica, la otra terminará drenada emocionalmente. 

El “yoismo” es la tumba de cualquier tipo de relación. Cuando una persona demanda y recibe constantemente sin dar nada a cambio, tarde o temprano, la otra sentirá que está siendo sometida a una sangría emocional que le irá generando un gran vacío. A la larga, esa relación se convierte en un vínculo tóxico del cual es necesario desprenderse.

5. Actitud inculpatoria

Existen muchas actitudes que separan, pero una de las más dañinas es la manipulación inculpatoria. Se trata de personas que intentarán manipularte haciéndote sentir culpable. Hacen palanca en tu sentido del deber o en tus puntos débiles para obtener lo que desean, dejándote además con la sensación de que eres una mala persona. 

Estas personas, de manera consciente o inconsciente, establecen relaciones de dominación, sometiendo a los demás a través de la culpa. Pueden erigirse como jueces, haciéndote notar constantemente todo lo que haces mal, o pueden adoptar el papel de víctimas dejando para ti el rol de verdugo. Obviamente, ese tipo de relación es agotadora emocionalmente, además de ser profundamente insatisfactoria pues sientes que siempre estás caminando sobre cristales, sin saber cuál de tu próxima frase o actitud la ofenderá.
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Error del adivino: ¿Cómo tergiversas la realidad en tu contra sin darte cuenta?


El error del adivino es una distorsión cognitiva que todos sufrimos y de la cual tú también eres víctima. De hecho, si has atravesado períodos en los que todo te salía mal, tus proyectos no llegaban a buen puerto por mucho que te esforzaras, los problemas se multiplicaban como por arte de magia y las personas no parecían muy dispuestas a ayudarte, es probable que se debiera a que estabas poniendo en práctica un pensamiento distorsionado. Quizá eras víctima del error del adivino. 

¿Qué es el error del adivino? 


Todos somos capaces de predecir el futuro, al menos hasta cierto punto. Esa capacidad nos ayuda a planificar con antelación un posible repertorio de respuestas, para que los problemas no nos tomen por sorpresa. Por ejemplo, si notas que un alimento huele mal, puedes predecir que enfermarás si lo comes. Esa es una predicción bastante certera y realista. De hecho, hacemos constantemente ese tipo de predicciones para poder tomar las mejores decisiones posibles y prepararnos mentalmente para abordar diferentes obstáculos. La habilidad para predecir el futuro es necesaria y fundamental. 

Obviamente, también trasladamos esa habilidad al plano de las relaciones interpersonales. Por eso, si ves a una persona avanzando con actitud amenazante hacia ti, asumirás que no tiene buenas intenciones y tu mente comenzará a trabajar a toda máquina para defenderte. Sin embargo, en el plano de las relaciones interpersonales es más complicado predecir el futuro porque hay muchísimas variables en juego. 

Incluso resulta complejo predecir nuestras propias reacciones emocionales. Se ha apreciado que solemos magnificar las consecuencias emocionales de cualquier evento, tanto negativo como positivo, pero cuando lo experimentamos, descubrimos que la alegría o la tristeza son menos intensas de lo que suponíamos. En otras palabras, no somos capaces de predecir con precisión la intensidad de las emociones y su duración.

El “error del adivino” consiste precisamente en actuar en base a una suposición sobre el futuro. Se trata de una distorsión cognitiva según la cual, predices un resultado negativo y actúas en consecuencia, sin tener en cuenta los datos objetivos ni las probabilidades reales de que ese suceso que imaginas ocurra. En otras palabras: miras el futuro con unas gafas negras sin darte cuenta de que las llevas puestas. Como ves que todo está oscuro, presupones que habrá tormenta. Y te quedas en casa o sales asustado con el paraguas. Aunque en realidad haga buen tiempo.

El error del adivino no es una evaluación precisa basada en las evidencias sino tan solo una suposición global que no tiene en cuenta las probabilidades reales. Pensar "no voy a lograrlo" o "esto será un desastre" son algunos de los ejemplos más comunes de este tipo de pensamiento distorsionado. 

Los peligros de usar una “bola de cristal” para predecir el futuro 


El principal riesgo de usar una “bola de cristal” para predecir el futuro es que tendrás grandes probabilidades de acertar. No acertarás porque tu “bola de cristal” sea muy buena sino porque construyes una realidad acorde a tus pensamientos distorsionados. Paso a paso, vas creando situaciones que te dan la razón, haciendo que el futuro que has imaginado se cumpla. Es lo que se conoce como “profecía autocumplida”. 

Nuestra mente odia la disonancia cognitiva, por lo que siempre tendrá la tendencia a eliminar los datos contradictorios poniendo en marcha una atención selectiva. Por eso, tendrá la tendencia a validar tus primeras impresiones, proyecciones de futuro y creencias.

El problema es que no eres consciente de que estás reaccionando a tus pensamientos, no a la realidad. De esta forma, si crees que no lo lograrás, realmente no lo lograrás. Y si crees que una persona no es agradable, te comportarás de manera brusca, haciendo que esa persona también se comporte con brusquedad. Así cierras el ciclo de tu profecía, sin darte cuenta de que en muchos casos, tu pensamiento ha reconfigurado la realidad para darte la razón.

Cuando eres víctima del error del adivino, tu mente se convierte en una herramienta de distorsión. Cuando falseas la realidad, colocando tus consideraciones, expectativas y predicciones por encima de ella, en realidad estás saboteando las funciones correctas de la conciencia.

En este sentido, la filósofa Ayn Rand advertía: "Una conciencia no obstruida, integrada, pensante, es una conciencia sana. Una conciencia bloqueada, que se evade, que está desgarrada entre conflictos, segmentada y enfrentada consigo misma, una conciencia desintegrada por el miedo o disociada de la realidad, es una conciencia enferma (...) Para ser capaces de manejar los hechos de la realidad, el hombre necesita su autoestima: necesita tener confianza en su eficacia y en su valor".

Por tanto, el error del adivino no solo puede conducirnos a tomar malas decisiones sino que la tormenta que crea en nuestra mente también puede dar paso a problemas emocionales.

Cómo liberarte del error del adivino en 3 pasos 


Mirar la realidad a través de la lente de los pensamientos distorsionados te causará muchos problemas y sufrimiento ya que no estás reaccionando ante lo que ocurre sino ante la imagen que has formado en tu mente. Eso te llevará a tomar malas decisiones y poner en práctica comportamientos desadaptativos que te sumirán en un bucle de negatividad. 

¿Cómo salir de ese círculo vicioso? La lógica será tu principal aliada. Debes someter tus pensamientos distorsionados a prueba.

1. ¿Qué evidencias tienes a favor y en contra de tu predicción? Examina la evidencia real y, lo que es aún más importante, la calidad de esa evidencia. Cuando eres víctima del error del adivino, encontrarás muchas razones que respalden tu pensamiento distorsionado, pero pregúntate si esa evidencia es lo suficientemente sólida como para sustentarse en un tribunal. Imagina por un momento que eres otra persona, así podrás asumir una actitud imparcial y desapegada. ¿Tus razones la convencerían? Intenta buscar razones en contra. Siempre las hay. Si no las encuentras, es porque estás siendo víctima de un gran sesgo cognitivo. 

2. ¿Qué beneficios te reporta la preocupación? El error del adivino suele generar preocupación ya que generalmente se trata de predicciones negativas sobre el futuro. Por tanto, pregúntate qué beneficios puedes sacar de ello. ¿Esas preocupaciones te ayudan a prepararte para una tarea difícil? Probablemente no. ¿Te brindan ánimos para enfrentar el reto que tienes por delante? Tampoco. En cambio, es probable que te hagan sentir impotente, ansioso o desmoralizado. Si analizas el costo-beneficio, ¿el futuro que estás prediciendo es útil o perjudicial? Cuando hagas este ejercicio ten en cuenta que las preocupaciones deben conducir a un plan de contingencia para enfrentar el problema. Las preocupaciones tienen que dar paso a la toma de decisiones y la proactividad. Si te sumergen en un estado de negatividad que te paraliza, simplemente no son útiles.

3. ¿Qué otros resultados son posibles? Cuando eres víctima del error del adivino, llevas unas gafas oscuras. Esta pregunta te ayudará a limpiar esos cristales. Hasta el momento te has centrado en todo lo que podría ocurrir mal. Has supuesto que el universo entero conspira en tu contra. Sin embargo, cambia por un momento esa perspectiva e imagina otros resultados igualmente plausibles pero positivos. No se trata de desarrollar un optimismo tóxico sino de aprender a notar los aspectos positivos, que siempre existen, para tener una visión más completa y realista de lo que te sucede y, por ende, poder tomar mejores decisiones.
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20 frases de Eduardo Galeano que sacuden el alma


A los 14 años comenzó a vender sus primeras caricaturas políticas a diarios de Montevideo. También trabajó como obrero, mecanógrafo y cajero de banco pero en los años '60 comenzó su carrera periodística con la máxima de que nada humano le sería indiferente. Era Eduardo Galeano.

Y cumplió su promesa. En 1971, con 31 años, publicó “Las venas abiertas de América Latina”, un libro censurado que se convertiría en un clásico de la literatura política latinoamericana. Sin embargo, tras el golpe de estado de 1973, tuvo que marcharse a Argentina y luego a España. 

Aquellas experiencias le marcarían, haciendo que trascendiera el periodismo para adentrarse en la ficción, la historia y, por supuesto, el análisis social. También puso mucho de su parte: sabía escudriñar en lo más profundo del alma humana para tejer palabras que sacuden el alma bruscamente y sin avisar. 

De hecho, alguien dijo que era un coleccionador de pequeñas historias que regalaba como si fueran dulces que llevara en los bolsillos de su pantalón. 

Su vida se apagó un día como hoy, hace tres años, por lo que no hay mejor momento para recordar algunas de las frases de Eduardo Galeano que nos revelan verdades como puños. 

Frases de Eduardo Galeano sobre la vida, la sociedad y nuestro lugar en el mundo


1. “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. 

2. “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores”. 



3. “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. 

4. “El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar…” 


5. “Culto no es aquel que lee más libros. Culto es aquel que es capaz de escuchar al otro”. 

6. “Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios”. 


7. “Si me caí es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas” 

8. “El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso”. 


9. “Ojalá podamos tener el coraje de estar solos, y la valentía de arriesgarnos a estar juntos”. 

10. "La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".


11. “En un mundo de plástico y ruido, quiero ser de barro y de silencio”. 

12. “Libres son quienes piensan, no quienes obedecen. Enseñar, es enseñar a dudar”. 


13. “Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos”. 

14. “Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana”. 


15. “Las únicas certezas dignas de fe son las que desayunan dudas cada mañana”. 

16. “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”. 


17. “El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo. En la escuela son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación”. 

18. “La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo”. 


19. "Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen…"

20. “Son los árboles que dan frutos los que sufren las pedradas”. 

Una última frase de Eduardo Galeano, que prácticamente toma el matiz de consejo o recordatorio: “El automóvil, el televisor, el vídeo, la computadora personal, el teléfono celular y demás contraseñas de la felicidad, máquinas nacidas para ‘ganar tiempo’ o para ‘pasar el tiempo’, se apoderan del tiempo”.
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¿Cómo superar un desamor? 5 trucos comprobados científicamente


Superar un desamor suele ser complicado, sobre todo cuando la decisión de romper la pareja no proviene de nosotros. Hay muchas emociones a flor de piel, demasiadas cosas compartidas y un camino de incertidumbre por delante. A todo esto se le suma que el amor actúa a nivel cerebral como una droga, por lo que cuando la persona amada se aleja de nosotros, podemos llegar a padecer el síndrome de abstinencia emocional. Afortunadamente, la ciencia puede ayudarnos a pasar mejor por ese trance y superar un desamor.

¿Cómo superar un desamor y salir fortalecidos de esa experiencia?


1. Escucha música triste que te guste

A primera vista puede parecer un contrasentido, ¿cómo es posible que escuchar música triste pueda ayudarte a recomponer los pedazos rotos y superar un desamor? Sin embargo, investigadores de la Freie Universität Berlin descubrieron que escuchar canciones tristes hace que nos sintamos mejor y generan una sensación positiva de paz interior.

Estos psicólogos comprobaron que las canciones tristes con las que nos identificamos activan la producción de dopamina, sobre todo en los puntos más álgidos de la melodía, lo cual nos genera una agradable sensación de placer. En otros casos, la música triste puede ayudarnos a canalizar nuestras emociones, hasta el punto de hacernos llorar. De hecho, el llanto tiene un enorme poder catártico, nos ayuda a liberar las emociones negativas para lograr que nos sintamos mejor. 

2. Reflexiona sobre la ruptura, dale un sentido

Cuando una relación de pareja se rompe, los consejos llueven. Muchas personas nos dirán que hagamos borrón y cuenta nueva, que no pensemos más en nuestro ex. En realidad, nos encantaría esconder el dolor por lo acaecido en el sitio más recóndito de la mente, pero esa conducta evitativa nos hará más mal que bien. Es conveniente encontrarle un sentido a todo lo sucedido. Cuando atravesamos situaciones difíciles, poder conferirles un significado para insertarlas en nuestra historia vital nos ayudará a sanar la herida.

Por eso, psicólogos de la Northwestern University y la Universidad de Arizona recomiendan tomarse un tiempo para reflexionar sobre las causas que provocaron la ruptura. En su estudio, hallaron que las personas que reflexionaron cuidadosamente sobre los motivos de la separación, en el transcurso de nueve semanas lograron sentirse mejor, aceptar la nueva situación e incluso reportaron sentirse menos solas. No obstante, para superar un desamor es fundamental que no elaboremos historias desadaptativas y culpables que nos encierren en un círculo vicioso sino que sepamos establecer una distancia emocional.

3. Prueba algo nuevo que te entusiasme

Una separación representa una oportunidad de autodescubrimiento. Una relación de pareja, sobre todo si hemos estado juntos muchos años, provoca grandes cambios a nivel de identidad, como comprobaron psicólogos de la Northwestern University. En su estudio apreciaron que cuanto más tiempo llevamos en una relación, más se entrelaza nuestra identidad con la de nuestra pareja, hasta el punto que nuestro sentido del “yo” se amplía para incluir al otro. Esa es una de las razones por la cual la ruptura resulta tan dolorosa: desencadena una crisis de identidad, haciendo que sintamos que no somos valiosos ni dignos de ser amados.

Dado que la separación puede hacer tambalear nuestro sentido de identidad, un buen antídoto es probar nuevas experiencias. ¿Cuáles? Neurocientíficos de la Universidad de Colorado comprobaron que para aliviar el dolor que provoca una ruptura romántica, cualquier actividad será beneficiosas siempre que pensamos que nos puede ayudar. Apreciaron que cuando creemos que algo puede ser provechoso, se activa una región llamada sustancia gris periacueductal que regula el dolor disparando la producción de neurotransmisores como los opioides y la dopamina.

4. Busca refugio en un ritual que te reconforte

Cuando una relación se rompe, es comprensible que deseemos que el dolor desaparezca, nos encantaría tener una máquina del tiempo para saltar de la angustia actual a un futuro menos punzante. Sin embargo, las heridas emocionales necesitan tiempo para sanar. Para superar un desamor es necesario darle un “cierre” a la historia. Y esa es precisamente una de las funciones de los rituales.

Los rituales nos ayudan a asumir lo que ha sucedido y a adoptar una nueva perspectiva que nos permita mirar al futuro. Son un vehículo de transición que nos permiten aceptar que la relación se ha roto y que la realidad en la que vivíamos ya no existe. Un experimento realizado en la Universidad de Harvard comprobó que los rituales no solo nos brindan confort, nos ayudan a lidiar con el dolor y nos permiten darle un sentido a la pérdida, sino que son esenciales para que recuperemos la sensación de control, sin la cual difícilmente podríamos seguir adelante.

5. Recuerda las veces que has caído

No se trata de asumir una actitud masoquista. La idea de recordar las veces que has estado mal en el pasado no tiene el objetivo de sumirte en la conmiseración sino todo lo contrario: darte fuerzas para seguir adelante. Investigadores de la Universidad de California encuestaron a personas que habían pasado por enfermedades graves y descubrieron que el 60% de ellas consideraban que ese suceso les había enseñado a apreciar más la vida y disfrutar más de ella.

Traer a la mente las malas experiencias pasadas, ya sea de pareja o de cualquier otro tipo, activa la resiliencia y nos empodera. También nos recuerda que solo estamos pasando por una fase, que tarde o temprano acabará. Tener confianza en que podemos recuperarnos, porque ya lo hemos hecho otras veces, es fundamental para acortar el sufrimiento por amor.

Fuentes:
Koban, L. et. Al. (2017) Frontal-brainstem pathways mediating placebo effects on social rejection. Journal of Neuroscience; 37(13): 3621-3631.
Larson, G. M. & Sabarra, D. A. (2015) Participating in Research on Romantic Breakups Promotes Emotional Recovery via Changes in Self-Concept Clarity. Social Psychological and Personality Science; 6(4): 399-406.
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Greer, S. et. Al. (1990) Psychological response to breast cancer and 15 year outcome. Lancet; 49-50.
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Estas 10 ilustraciones reflejan cómo se viven los problemas mentales


Cuando te pido que me escuches, y empiezas a decirme por qué no tendría que sentirme así, no respetas mis sentimientos. 

Cuando te pido que me escuches, y me dices qué debo hacer para resolver mi problema, estás asumiendo que no puedo hacerlo por mi cuenta. 

Cuando te pido que me escuches, y minimizas lo que me sucede, no respondes a mis necesidades emocionales. 

Hay actitudes que alejan más que cualquier distancia y, aunque no siempre es fácil comprender a los demás, debemos asegurarnos de que la falta de empatía no se convierta en un obstáculo adicional contra el cual deben luchar las personas que sufren algún trastorno psicológico. 

Estas originales ilustraciones de Federico Babina, un arquitecto y diseñador gráfico italiano, resumen a la perfección los principales trastornos mentales. A través de esta serie, denominada “Archiatric”, podemos sumergirnos durante unos instantes en el mundo de esas personas. 

El diseñador nos anima a imaginar cómo sería vivir en esa casa, un poderoso ejercicio de empatía que nos permitirá ponernos en el lugar de la persona que tiene que habitar en una mente confundida o abatida por los problemas psicológicos.

Archiatric: La serie que muestra cómo se reflejarían los trastornos psicológicos en las casas


1. Depresión: La depresión no es una simple tristeza multiplicada por diez, es un estado en el que casi todo pierde su sentido, incluyendo la vida. La persona deprimida se siente invadida por una profunda apatía y desesperanza, no tiene fuerzas para seguir adelante. 


2. Ansiedad: La ansiedad no es sentirse simplemente estresado o nervioso, es un estado de expectación y angustia de carácter difuso en el que se teme que algo malo pueda ocurrir de un momento a otro. La persona necesita estar a la defensiva y protegerse, aunque no se sabe exactamente de qué. Por eso, resulta un trastorno agotador. 


3. Trastorno bipolar: El trastorno bipolar no es un capricho, son profundas y constantes fluctuaciones del estado de ánimo que la persona no puede controlar en las cuales pasa de periodos de manía con una extraordinaria energía a etapas de depresión y apatía. 


4. Demencia: La demencia no son simples despistes, es un trastorno lento pero inexorable que provoca un deterioro de la pérdida de memoria y la capacidad para razonar, como si el mundo interior de la persona se fuera difuminando en pequeños cuadros. 


5. Fobia: La fobia va mucho más allá del miedo, haciendo que la persona se cree una coraza protectora que la ayude a mantenerse alejada de los peligros que la acechan. Como resultado, se va aislando cada vez más. 


6. TOC: La persona que padece un trastorno obsesivo-compulsivo siente una profunda tensión interior que normalmente solo puede aliviar poniendo en marcha determinados rituales, las compulsiones. Normalmente necesita que su mundo sea muy estructurado, hasta tal punto que esa estructuración le arrebata su espacio vital. 


7. Esquizofrenia: La esquizofrenia puede llegar a ser un trastorno muy discapacitante que implica una pérdida de contacto con la realidad, marcada por un mundo interior caótico donde la lógica ha dejado de gobernar. 


8. Paranoia: La paranoia hace que los pensamientos se conviertan en la realidad de la persona, una realidad distorsionada y amenazante donde no se siente a salvo y de la que necesita protegerse constantemente. 


9. Autismo: La persona con autismo está volcada en su mundo interior, el cual se convierte en su realidad, aislándola de los demás. 


10. Alzheimer: El Alzheimer no se limita a los problemas de memoria, también ataca la capacidad de la persona para pensar y planificar, así como sus habilidades para gestionar las emociones. Es un trastorno en el que el “yo” se resquebraja, literalmente.
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