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¿Cómo ser inteligente emocionalmente? Responde estas 3 preguntas


La Inteligencia Emocional es un indicador más fiable del éxito profesional que el Cociente Intelectual, así como del nivel de felicidad que alcanzamos en la vida y el equilibrio emocional con el cual afrontamos la adversidad. Por tanto, no es extraño que cada vez más personas se pregunten cómo ser inteligente emocionalmente.

¿Qué es la Inteligencia Emocional? 


La Inteligencia Emocional es la capacidad para comprender y gestionar las emociones, tanto las propias como las ajenas. No debe comprenderse como el triunfo del corazón sobre el cerebro sino más bien como un punto de intersección entre las emociones y la razón en el que cada emoción y argumento se pondera. 

La educación emocional es la habilidad de escuchar casi cualquier cosa sin perder tus estribos y tu autoestima”, dijo Robert Frost. Por desgracia, a menudo este concepto se queda en un nivel teórico porque quienes desean desarrollar la Inteligencia Emocional no encuentran un camino bien delimitado que les permita crecer. Estas tres preguntas pueden servirte como punto de partida para ser más inteligente emocionalmente. 

Ser más inteligente emocionalmente: De la introspección a la práctica 


1. ¿Cuáles son las diferencias entre cómo te ves y cómo te ven los demás? 

El primer paso para ser más inteligente emocionalmente consiste en mejorar la autopercepción; es decir, desarrollar una imagen más precisa de ti mismo, lo cual implica comparar tu autoimagen con la imagen que proyectas y perciben los demás. 

Ser consciente de cómo te expresas y saber qué impacto tienen sobre los demás tus actitudes, palabras y comportamientos es un componente esencial de la Inteligencia Emocional. Puedes pensar, por ejemplo, que eres una persona comprensiva pero quizá quienes te rodeen no te vean así. En ese caso existe una disonancia. 

El problema es que si no eres conscientes de la imagen que transmites, no podrás identificar las características que necesitas cambiar para mejorar la Inteligencia Emocional. Si piensas que eres un buen orador, pero no es así, no harás nada para mejorar. 

Eso significa que necesitas abrirte a la retroalimentación y que no es conveniente que te pongas a la defensiva cuando alguien te hace una crítica. Contrasta la imagen que tienes de ti con la imagen que llega efectivamente a los demás. 

2. ¿Qué es importante para ti? 

El hecho de que tengas en cuenta las opiniones de los demás sobre ti no significa que debas renunciar a tu esencia para plegarte a sus expectativas. De hecho, uno de los pilares de la Inteligencia Emocional es la autoconfianza. 

Eso significa que debes escuchar a quienes te rodean pero también que debes tener claros tus objetivos. ¿Hacia dónde te diriges? ¿Cómo te ves en el futuro? ¿Qué te gusta de ti y qué querrías cambiar? ¿Qué características necesitas reforzar para lograr tus metas? 

Jamás pierdas de vista que ser inteligente emocionalmente no implica satisfacer a los demás sino también sentirte bien contigo mismo. Por eso, todo cambio debe partir de transitar los diferentes niveles de autoconocimiento y del deseo de mejorar como persona, no del deseo de contentar a los demás. 

Por ejemplo, si te dicen que no eres una persona muy comprensiva, en vez de asumir esas palabras como un ataque que entra en disonancia con la imagen que tienes de ti, da un paso atrás, asume una distancia psicológica y pregúntate si realmente es así. Luego, pregúntate cuán importante para ti es desarrollar la comprensión y la empatía y cómo estas pueden ayudarte a alcanzar tus metas. La idea es que encuentres una motivación intrínseca que sustente ese cambio. 

3. ¿Qué cambios necesitas poner en práctica para alcanzar tus metas? 

Muchas personas llegan hasta este punto del camino sin atreverse a dar el siguiente paso. Sin embargo, toda reflexión es inútil si no deja paso a un cambio, lo cual significa que debes ponerte manos a la obra. 

Una vez que has determinado qué habilidades necesitas desarrollar, debes identificar las acciones específicas a seguir. Si quieres convertirte en una persona más comprensiva, por ejemplo, puedes plantearte hablar un poco menos y escuchar más, prestar más atención a las reacciones de tu interlocutor e intentar ponerte en su lugar antes de emitir un juicio. 

Establecer una serie de acciones específicas es lo que te permitirá ser más inteligente emocionalmente. Luego, se trata de aprovechar todas las oportunidades para poner en práctica esa habilidad ya que así entrenarás a tu cerebro para que responda de manera más comprensiva ante diferentes situaciones. Cada vez que lo haces, estarás reforzando las conexiones de la empatía. Poco a poco descubrirás que te resultará más natural comportarte de manera comprensiva y no tendrás que esforzarte tanto. 

Estas tres sencillas preguntas te ayudarán a establecer tu hoja de ruta para ser inteligente emocionalmente, según tus metas y prioridades en la vida.
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No te tomes nada personal: El mundo no conspira contra ti si no conspiras en tu contra


Cuando alguien te falta el respeto, no te trata bien o te decepciona, es fácil llevar ese comportamiento al plano personal. Es probable que te culpes por lo ocurrido o que pienses que esa persona tenía algo en tu contra. Sin embargo, tomarte las cosas de manera personal es emocionalmente agotador e implica un arduo trabajo cognitivo completamente innecesario que terminará dañando tu autoestima. 

Existe una enorme diferencia entre ser reflexivo y tomarse las cosas de manera tan personal que termine dañando tu equilibrio psicológico. Si aprendes a no tomarte nada personal, tendrás un mayor control sobre tus respuestas y emociones, no permitirás que estas dependan de los comportamientos de los demás. Sin duda, se trata de una gran conquista en tu camino de crecimiento personal que te reportará una enorme paz interior

¿Qué significa no tomarse las cosas como algo personal? 


Llevar las cosas al plano personal es una distorsión cognitiva bastante común que se denomina personalización. La personalización implica involucrarnos demasiado en las situaciones, viéndonos como el ombligo del mundo y pensando que absolutamente todo gira a nuestro alrededor. 

El problema es que esta forma de pensar y afrontar la realidad puede hacernos muy miserables, generando un estado de disconfort permanente y un gran sufrimiento mental. Es probable que terminemos experimentando emociones como la ansiedad, la ira o la culpa. Y eso no es bueno. 

No es menos cierto que resulta muy difícil no tomar las críticas, comentarios ofensivos o humillaciones de manera personal. Los comportamientos, palabras y actitudes de los demás nos afecta, no podemos evitarlo. Sin embargo, podemos aprender a gestionar esas primeras reacciones adoptando una distancia psicológica de la situación, para evitar que esta nos dañe o nos suma en un círculo vicioso de pensamientos negativos recurrentes. 

Los tipos de personalización más dañinas y cómo evitarlas 


1. Asumir las desilusiones y batallas de manera personal 

Todos experimentamos decepciones y tenemos que afrontar diferentes batallas en la vida. Sin embargo, cuando personalizamos tendemos a percibir esos eventos, que en muchas ocasiones son inevitables, como el resultado de un fallo nuestro o como la confirmación de que el universo conspira en nuestra contra. Si nos niegan el ascenso, por ejemplo, podemos pensar que el jefe no nos aprecia o que nos tiene manía, aunque en realidad podría deberse a otras mil razones. 

Cuando llevamos las cosas al plano personal, en vez de considerar todas las opciones posibles, nos limitamos a valorar aquellas alternativas directamente vinculadas a nosotros, llegando probablemente a conclusiones erróneas que luego determinarán nuestro comportamiento y se convertirán en una profecía que se autocumple. 

¿Cómo dejar de tomarse esas cosas de manera personal? 

- Concientiza tu tendencia a tomarte las cosas de manera personal, sobre todo cuando las situaciones se escapan de tu control o no ocurren como habías previsto. Toma conciencia de cómo reaccionas ante las situaciones que generan decepción y frustración. ¿Llegas inmediatamente a la conclusión de que es culpa tuya o piensas que el universo entero está en tu contra? Reconocer esa tendencia a tomarte las cosas de manera personal es el primer paso para cambiar este patrón de pensamiento. Solo cuando reconoces la personalización puedes preguntarte si tu respuesta es racional y buscar explicaciones alternativas. 

En cierto punto llegarás a la conclusión de que las desilusiones son parte de la vida, no podemos obtener siempre lo que queremos porque muchas veces esas cosas no dependen exclusivamente de nosotros. Se trata de comprender que en ocasiones la vida es difícil, pero todo es aún más difícil cuando te tomas los baches del camino de manera personal. En realidad, todos tenemos que pasar por esos baches, no es nada personal. El universo no conspira contra ti. Tú conspiras contra ti cuando te lo tomas como algo personal. 

- Reconoce que no siempre conoces los motivos detrás del comportamiento de los demás. Cuando alguien te decepciona, en vez de tomarlo como algo personal e intentar adivinar los motivos de ese comportamiento, simplemente asume que no siempre puedes saber por qué las personas se comportan de cierta forma. El mundo no gira en torno a ti. Existen mil variables más que pueden estar determinando el comportamiento de esa persona. 

En muchos casos las críticas, los desaires o incluso las humillaciones dicen más de esa persona que de ti. De hecho, en muy pocos casos la magnitud y la intensidad de ese comportamiento son proporcionales a lo que has hecho o dejado de hacer sino que dependen del estado de ánimo anterior de esa persona, de las expectativas que tenía y de mil factores más que escapan de tu control. 

2. Asumir la felicidad, decepciones y batallas de otras personas de manera personal 

Esta es la segunda forma que toma la personalización que puedes poner en práctica. Crees que eres responsable de los demás, de sus comportamientos e incluso de sus sentimientos. Crees que la felicidad - o infelicidad - de los demás depende de ti, de manera que haces tuyas sus batallas y arrastras sus fracasos como si fueran propios. 

Este mecanismo de personalización no solo te hace daño a ti, puesto que te obligas a cargar con un pesado fardo que no te corresponde, sino que también daña a la otra persona ya que, al asumir sus responsabilidades, le impides madurar y hacerse cargo de su propia felicidad. 

¿Cómo dejar de tomarse esas cosas de manera personal? 

- Cuestiona la validez de tus creencias. ¿Hasta qué punto realmente eres responsable de los éxitos o la felicidad de los demás? Es obvio que cuando se trata de personas cercanas, tu comportamiento influirá en su bienestar, pero no debes olvidar que, en última instancia, esas personas deben tomar sus propias decisiones, por lo que tu influencia será bastante limitada. 

No puedes controlar su vida ni tomar decisiones en su lugar, no sería justo, por lo que tu nivel de control es limitado. Y eso te lleva a una conclusión: no eres responsables por sus éxitos ni fracasos, por lo que no debes tomarlos como algo personal. Puedes estar dispuesto a ayudar, pero aún así no puedes evitar que esas personas prueben las dos caras de la vida. Ocurre a todos. 

Superar esta segunda forma de personalización puede representar un enorme desafío para muchas personas, sobre todo cuando han asumido que son responsables de la felicidad de sus hijos, pareja u otras personas cercanas. Sin embargo, dejar de sentirte responsable por la vida de los demás no solo es liberador sino que probablemente también mejorará la relación con esa persona.De una forma u otra, si no te tomas nada personal, tú también serás más libre, retomarás el control de tu vida emocional y podrás tomar mejores decisiones desde una perspectiva más desapegada y objetiva. Es un cambio que vale la pena :)
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A esta edad tu autoestima se dispara


Una autoestima adecuada se ha relacionado con un mayor éxito y satisfacción en la vida mientras que una baja autoestima se ha vinculado con trastornos como la depresión y la indefensión aprendida. La autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos y los sentimientos que nos profesamos. En otras palabras: es cuánto te aprecias y gustas a ti mismo. 

Muchos piensan que la autoestima es un rasgo de la personalidad estable y duradero, pero en realidad no es así. De la misma forma en que podemos desarrollar una buena autoestima, también podemos perderla. La autoestima es más bien como una planta que debemos cuidar y proteger todos los días. 

¿Por qué la autoestima es tan importante? 


La autoestima desempeña un rol trascendental en la motivación y el éxito que tendremos en la vida. Una baja autoestima puede impedirte tener éxito simplemente porque piensas que no tienes las cualidades necesarias para triunfar. Al contrario, una autoestima adecuada te animará a esforzarte, te permitirá afrontar la adversidad con una actitud más positiva y te mantendrá motivado a lo largo del camino. 

La autoestima también es importante porque determina los sentimientos que nos profesamos. Una persona con una baja autoestima puede llegar a tener éxito en algunas esferas de su vida pero, aún así, no se sentirá satisfecha consigo misma, lo cual la hará desdichada e infeliz. Una persona con una autoestima saludable no se recriminará ni se culpará inútilmente, tomará nota de sus errores, aprenderá la lección y seguirá adelante. 

¿Cómo cambia la autoestima por edades?


La autoestima, al igual que la personalidad, cambia con el paso de los años. Lo usual es que a medida que afrontemos diferentes experiencias de vida, vayamos madurando, de manera que las diferentes piezas de nuestra personalidad van encajando mejor. 

Psicólogos de la Universidad de Bern descubrieron que, como regla general, la autoestima alcanza su punto máximo a los 60 años. Para llegar a esta conclusión analizaron más de 331 estudios realizados sobre la autoestima en personas de diferentes edades. Así lograron identificar un patrón que se mantuvo estable independientemente del año de nacimiento, el género y la nacionalidad: la autoestima va mejorando hasta alcanzar su esplendor a los 60 años, para luego ir disminuyendo paulatinamente a partir de los 70 años. 

También notaron que la autoestima suele aumentar desde los 4 hasta los 11 años, a partir de ese momento y hasta los 13 años se produce un ligero declino, vinculado con la difícil transición de la infancia a la adolescencia y los problemas de autoimagen y autoconcepto. Entonces se mantiene estable hasta los 15 años aproximadamente y, una vez que la persona resuelve los conflictos típicos de la adolescencia y juventud, la autoestima crece rápidamente hasta los 30 años, momento en el cual ese crecimiento se modera pero continúa ascendiendo hasta los 60 años.

Por supuesto, este estudio hace referencia a las oscilaciones de la autoestima de manera “natural”, lo cual no significa que no podamos desarrollar una autoestima sólida mucho más temprano en la vida y tampoco es una garantía de que al llegar a los 60 años nuestra autoestima será a prueba de balas. 

No obstante, lo usual es que a medida que enfrentamos diferentes experiencias en la vida vayamos ganando la madurez y la confianza que necesitamos para apuntalar las bases de una autoestima sólida. En la adolescencia y juventud solemos tener una autoestima artificialmente elevada, lo cual significa que hemos desarrollado una visión relativamente distorsionada de nuestras capacidades y potencialidades, pero a medida que van pasando los años las vamos poniendo a prueba y desplegamos una visión más realista de nosotros mismos. 

Los años nos traen la bendición de comprender mejor quienes somos, sentirnos bien con ese autoconcepto y aceptarlo sin condiciones ni recriminaciones. Con la edad nos vamos despojando de las influencias y presiones sociales, hasta llegar a ese maravilloso punto en el que sentimos que no tenemos que demostrar nada al mundo sino que podemos ser nosotros mismos sin temor a las críticas.

Llegamos a ese punto en el que no necesitamos impresionar a nadie, no nos apetece usar disfraces ni fingir que siempre somos fuertes o agradables. Ese maravilloso punto del camino en el que no queremos ser igual a los demás sino tan solo ser nosotros mismos, con nuestras virtudes y defectos, tan perfectamente imperfectos.

Nos reconocemos, nos aceptamos y nos gustamos así. Y esa es la clave para tener una buena autoestima :)


Fuente:
Orth, U. et. Al. (2018) Development of self-esteem from age 4 to 94 years: A meta-analysis of longitudinal studies. Psychological Bulletin.
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Tristeza e ira: El camuflaje emocional que nos mantiene atrapados


Tristeza e Ira llegaron a un estanque maravilloso de aguas cristalinas. Ambas decidieron darse un baño, se despojaron de su ropa y se sumergieron en el estanque. 

La ira, apurada como siempre, urgida sin saber muy bien por qué, se bañó rápidamente y más rápido aún salió del agua. Sin embargo, como la ira es ciega, o no distingue claramente la realidad, desnuda y apurada, se vistió con la primera ropa que encontró… 

No era la suya, sino la de la tristeza… Y así, vestida de tristeza, la ira se fue. 

Con la parsimonia que caracteriza a la tristeza, esta terminó de bañarse sin apuro, o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo, y salió con pereza del estanque. Descubrió que su ropa ya no estaba. 

Dado que a la tristeza le avergüenza quedarse al desnudo, se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la ira. 

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la ira, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si miramos bien encontramos que es tan solo un disfraz tras el cual está escondida la tristeza.

Esta preciosa historia de Jorge Bucay se refiere a cómo a veces tristeza e ira se entremezclan y confunden, no solo para los demás sino también para nosotros mismos. Saber diferenciarlas es fundamental o no podremos gestionarlas asertivamente y terminarán afectando nuestro equilibrio emocional. 

Tristeza e ira: Dos emociones básicas y necesarias entrelazadas por la frustración 


La tristeza y la ira son emociones básicas, generalmente percibidas de manera negativas y censuradas socialmente, hasta tal punto que hemos olvidado que se trata de emociones sanas, normales e incluso necesarias. Es perfectamente comprensible que vivamos con tristeza la pérdida de una persona querida o que nos enfademos cuando somos víctimas o testigos de una injusticia. 

Por desgracia, nos han educado para censurar y reprimir las emociones "negativas", en vez de enseñarnos a comprender su mensaje y gestionarlas. Como resultado, nos sentimos aún peor cuando las experimentamos y, en el intento de esconderlas a nosotros mismos, negamos su existencia, dejando que ejerzan su influjo desde el inconsciente. Por eso, no es extraño que muchas veces tristeza e ira se confundan. 

En muchos casos la línea que une ambas emociones es la frustración. Cuando nos sentimos tristes por algo que nos ha ocurrido pero que no podemos remediar, como puede ser la pérdida de algo o alguien valioso, es normal que sobrevenga la frustración. Nos sentimos frustrados porque no podemos hacer nada, y es fácil que esa frustración se transforme en ira. 

Por eso, tristeza e ira suelen ser dos caras de una misma moneda, una aparece ocultando a la otra, entramos en una para evitar la otra. No queremos estar tristes y nos “anestesiamos” alimentando la ira, enfadándonos con el mundo. 

En otros casos sucede justo lo contrario, nos tragamos la ira pues hemos asumido que se trata de una emoción “negativa” indeseada y la escondemos detrás de la tristeza, una tristeza que también surge de esa sensación de frustración por no poder expresar abiertamente lo que sentimos. 

Por supuesto, estos mecanismos ocurren por debajo del nivel de nuestra conciencia, pero si desarrollamos la granularidad emocional podremos aprender a reconocer cada emoción, el primer paso para gestionarla mejor. 

Aprender a diferenciar la tristeza de la ira también nos permitirá ser más asertivos en nuestras relaciones interpersonales. Podremos mirar más allá del disfraz y darnos cuenta, por ejemplo, de que las respuestas de enfado de una persona en realidad son una máscara para esconder su tristeza o su miedo.
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Regreso a casa: El cuento ilustrado que nos anima a ver lo que no vemos


Hay libros que dicen poco pero transmiten mucho. Tal es el caso de “Regreso a casa”, una tierna historia ilustrada para niños que se revela como una auténtica fiesta para los sentidos. Es un viaje visual que evoca sonidos y olores a través de nostalgias y reflexiones. 

Su creadora, Akiko Miyakoshi, acompaña a una pequeña conejita de regreso a casa en brazos de su madre. Es de noche, una hora en la que apenas hay nadie en la calle pero la vida bulle en el interior de las casas. 


"Regreso a casa" es un paseo por ese mágico momento en que el día está por acabar, por el ritual de una ciudad que despide la jornada y despliega sus hábitos más íntimos, solo disponibles para quien tiene el ojo atento y la sensibilidad necesaria para captar no solo su existencia sino también su belleza. 


A medida que acompañamos a la protagonista en su aventura, vemos cómo los comercios empiezan a cerrar y a través de las luces que iluminan las ventanas de las casas podemos adivinar muchas historias, si dejamos volar la imaginación.

Alguien habla por teléfono, otro parece que está preparando la cena porque huele realmente bien, hay quienes descansan frente al televisor y en la ventana de al lado se adivina una fiesta muy animada. Otros se preparan para irse a dormir… 


A lo lejos, alguien se encamina hacia la estación para tomar un tren y probablemente regresar a casa tras otro largo día de trabajo. 


El libro capta con extrema sensibilidad ese abanico de rutinas que se producen todos los días en las ciudades, en ese momento en el que el día se apaga y nos preparamos para decir adiós, ese momento en el que la vida prácticamente se extingue en las calles pero renace en el interior de los hogares. 


Este cuento nos recuerda que cada quien tiene su propia historia. Aunque está concebido para niños de entre 3 y 7 años de edad, también evoca la nostalgia en los adultos y, a su manera, es un recordatorio de que a nuestro alrededor la vida bulle, que existen miles de pequeños detalles que no vemos porque caminamos con paso rápido, sumergidos en nuestras preocupaciones.

Sin embargo, si aprendemos a estar plenamente presentes y dejamos volar nuestra imaginación, algunas noches pueden llegar a ser especiales sin que ocurra nada especial. Nos rodea un mundo maravilloso que espera ser redescubierto.

Por eso, este libro es, de cierta forma, una oda a la curiosidad y a los pequeños detalles. También nos invita a reflexionar sobre esos hilos invisibles que nos unen. Las ventanas iluminadas son un símil de esos universos pequeños universos autónomos, esas vidas e historias paralelas, que forman una inmensa y maravillosa constelación.


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Necesidad de amor: El anhelo de amor es sabiduría, no debilidad


"La necesidad más profunda del hombre es la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad", dijo Erich Fromm. Por desgracia, una sociedad que alimenta valores como el individualismo y la competitividad nos hace sentir inadecuados si reconocemos que necesitamos ser amados. Entumecer emocionalmente a los individuos y condenarlos a la soledad como símbolo del éxito es uno de los caminos que conduce a la alienación y desesperación.

Sin embargo, la necesidad de amor no es una debilidad, y reconocerla es símbolo de sabiduría y madurez emocional. De hecho, una de las creencias más limitantes y dañinas que podemos alimentar consiste en pensar que la necesidad de ser amados es una debilidad. 

El amor como fuente de fortaleza interior


No es casualidad que se "ataque" al amor ya que es una de las principales fuentes de empoderamiento. Hace siglos el filósofo chino Lao-Tse dijo: "Ser profundamente amado por alguien te da fuerza, amar a alguien profundamente te da valor".

En realidad, el anhelo de amor no es una debilidad. No estamos concebidos para vivir como ermitaños en la sociedad y ser plenamente autosuficientes. Una vida sin amor implica marchitarse por dentro porque la intimidad, ya sea en términos de pareja, amistades, familiares o de cualquier otro tipo, se convierte en una especie de oxígeno psicológico. El poeta Rainer Maria Rilke lo resumió perfectamente: "El amor consiste en esto: dos soledades que se encuentran, se protegen y se saludan".

Por eso, necesitamos reconocer nuestra necesidad de amor y dejar de pensar en ella como en una debilidad o algo de lo cual avergonzarse. 

De hecho, una investigación realizada en la Northwestern University reveló que el nivel de satisfacción con la relación de pareja y la intimidad que hemos establecido es el mejor predictor de nuestro nivel de felicidad.

Una relación enriquecedora impacta el doble en nuestra felicidad que nuestra carrera profesional, amistades e incluso nuestra salud. No es casualidad que otro experimento realizado en la Johns Hopkins University descubriera que cuando la persona amada sostiene nuestra mano, puede aliviar el dolor y contribuye a que nuestras funciones fisiológicas vuelvan a la normalidad. 

En este punto es importante realizar una distinción entre una necesidad saludable y la necesidad que genera dependencia. La necesidad que engendra dependencia proviene de la falta de seguridad y confianza en uno mismo. Esa necesidad no reporta felicidad sino al contrario, es causa de infelicidad y a menudo nos impulsa a caer en las redes de personas manipuladoras.

Sin embargo, una necesidad saludable de amor, cuando es reprimida porque no queremos aceptarla, puede convertirse en una necesidad enfermiza que genera dependencia.

Al contrario, la necesidad de amor saludable, aceptada y canalizada, impulsa a la conexión y permite que ambas personas se retroalimenten y crezcan.  Cuando reconocemos la necesidad de ser amados y de establecer una conexión emocional profunda, podemos intentar satisfacerla de la manera más saludable, preservando nuestra identidad y aportando auténtico valor a la relación.

¿Cómo dignificar la necesidad de amor? 


Dignificar nuestra necesidad de ser amados puede ser un proceso complicado, sobre todo si nos han educado para que nos avergoncemos de esa necesidad, si pensamos que el éxito es sinónimo de completa independencia y autosuficiencia y que el anhelo del amor es una debilidad. En ese caso, será necesario armarse de paciencia e ir desmontando las concepciones que nos impiden aceptar esa profunda necesidad. 

1. Acepta y explora la necesidad de amor

El primer paso consiste en validar ese sentimiento que probablemente has experimentado desde hace mucho tiempo pero que has reprimido. Búscale un sentido a esa necesidad y, sobre todo, navega por ella sin expresar juicios de valor, asumiendo una actitud mindfulness. 

2. Usa el amor como un medio para conectar

Imagina esa misma necesidad en las personas más cercanas. Ese pequeño ejercicio te ayudará a desarrollar una actitud más empática y generará una mayor intimidad y conexión. Comprender que los demás albergan tus mismos miedos e inseguridades te acercará a ellos. Cuando en una relación ambos se avergüenzan de su necesidad de amor, es probable que esa relación termine mal porque esa necesidad no será satisfecha y ambos se encerrarán tras una máscara de frialdad y seguridad. Sin embargo, la vulnerabilidad es lo que nos acerca, no la extrema confianza o la superioridad. 

3. El amor que no se expresa, se marchita

Piensa en cómo llevarás a la práctica ese descubrimiento. ¿Cómo puedes expresar tu amor? Ten en cuenta que algunas personas no están preparadas para recibir tanto amor porque mantienen levantadas sus barreras emocionales, pero puedes dosificarlo en pequeños gestos que vayan derrumbando, ladrillo a ladrillo, ese muro.

No obstante, recuerda las palabras de Fromm: "Solo existe un acto de amar [...] que implica cuidar, conocer, responder, afirmar y gozar de una persona, un árbol, una pintura, una idea. Significa dar vida, aumentar su vitalidad. Es un proceso que se desarrolla e intensifica a sí mismo". Ese nivel de amor pleno y maduro se alcanza cuando nos amamos y aceptamos, cuando dejamos atrás el miedo y estamos dispuestos a conectar desde nuestra esencia.

Prestar atención a tus necesidades, en vez de avergonzarte y reprimirlas, te conducirá a una vida más plena y feliz. Ya lo había dicho el periodista Franklin P. Jones: "El amor no hace girar al mundo, pero hace que el viaje valga la pena". 

Fuentes: 
Goldstein, P. et. Al. (2018) Brain-to-brain coupling during handholding is associated with pain reduction. Proc Natl Acad Sci; 115(11): 2528-2537. 
Finkel, E.J. et. Al. (2013) A brief intervention to promote conflict reappraisal preserves marital quality over time. Psychol Sci; 24(8): 1595-1601.
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¿Cómo soportar a las personas insoportables?


En la vida tenemos que lidiar con muchas personas, algunas son maravillosas y dejan una impronta positiva indeleble, otras no lo son tanto. Hay personas insoportables que nos estresan, crispan o enfadan, que intentan manipularnos o descargan su energía emocional negativa sobre nosotros. 

Por el bien de nuestro equilibrio psicológico, debemos aprender a lidiar con esas personas. Si siempre huimos de ellas, es probable que terminemos en una restringida zona de confort compuesta por personas que comparten nuestra mentalidad, lo cual podría conducirnos al tribalismo y la intolerancia. Por eso, podríamos ver a las personas insoportables como una maravillosa oportunidad para crecer emocionalmente. 

¿Quiénes son las personas insoportables? 


Ante todo, es importante tener en cuenta que todos podríamos convertirnos en personas insoportables debido a que algunas de nuestras características podrían ser difíciles de tolerar para alguien. Más allá de las personas que humillan, descalifican e insultan, existen otras actitudes y comportamientos que pueden ser potencialmente insoportables para los demás. 

El perfeccionismo llevado al extremo, por ejemplo, puede llegar a ser insoportable pues implica pedirle siempre más a los demás, sin estar nunca satisfecho con lo que recibimos. El exceso de control también puede arrebatar el oxígeno psicológico, hasta el punto de convertirse en una prisión insoportable. Quejarse continuamente contagiando a los demás de una visión pesimista de la vida puede tener un efecto acumulativo sobre los demás que termine haciendo que la presencia de esa persona sea insoportable. Quienes pretenden convertirse en jueces máximos, critican todo y siempre quieren tener la razón también pueden ser insoportables. 

Eso significa que la próxima vez que tengas que lidiar con una “persona insoportable”, debes tener en cuenta que ese calificativo también depende de tu grado de tolerancia. Lo que es insoportable para ti, podría no serlo para alguien más. El simple hecho de asumir esta perspectiva te ayudará a lidiar mejor con las características de esa persona que te molestan. 

Personas insoportables: ¿Cómo lidiar con ellas sin perder tu equilibrio psicológico? 


1. Diseña un plan claro y ensáyalo mentalmente. La posibilidad de predecir lo que va a suceder a continuación, así como la sensación de tener el control, disminuye considerablemente el nivel de estrés y los sentimientos de malestar. Por eso, si ya sabes de qué pata cojea una persona, puedes prepararte mentalmente para el encuentro. ¿Cuánto puede durar? ¿Qué podría decirte y qué puedes responderle? ¿Qué vías de escape tienes si la situación degenera? ¿Cómo lidiarás con esa característica que tanto te irrita? 

2. Protege tu paz interior. La paciencia y el autocontrol no son cualidades infinitas, se agotan rápidamente cuando estamos agotados o irritados. Por eso es importante que protejas tu equilibrio psicológico a lo largo de la jornada. Si te sientes relajado y en paz contigo mismo, es menos probable que la negatividad de los demás hagan mella en ti y podrás gestionar mucho mejor a esas personas complicadas. 

3. Desarrolla una actitud mindfulness. Muchas veces no reaccionamos a la situación sino a la película que proyectamos mentalmente sobre lo que está ocurriendo. Eso significa que podemos darle un sentido a las palabras, actitudes y comportamientos de la otra persona que realmente no tienen. Por eso, lo mejor para lidiar con personas insoportables es asumir una actitud mindfulness, que implica no juzgar. Ante la duda, no saques conclusiones precipitadas, mejor pregunta y clarifica. 

4. No personalices. Si llevas la situación al plano personal, te resultará más difícil soportar la situación. De esta manera es más probable que te sientas humillado o avergonzado. Y todo lo que te lastima, suele generar una reacción defensiva. Por eso, cuando tengas que relacionarte con una persona insoportable, intenta no llevarlo al plano personal. Asume una distancia psicológica que te permita desligarte de las emociones que estás experimentando. 

5. Sé empático. Cuando estás frustrado, irritado o enojado es difícil ser empático con la persona que generó esos sentimientos. Al contrario, desarrollar la empatía es una estrategia excelente para lidiar con las personas insoportables. En vez de alimentar los pensamientos de rencor e ira, intenta poner en su lugar pensamientos de compasión. Quizá esa persona se comporta así porque ha tenido una vida difícil, porque tiene problemas personales o porque padece algún problema psicológico. No se trata de excusar su mal comportamiento sino de evitar que este genere una intensa reacción emocional n ti que termine desestabilizándote. 

6. Pon límites a tu diálogo mental. Una de las peores cosas que puedes hacer es seguir dándole vueltas en tu mente a lo sucedido, pensando en lo que podías haber dicho pero callaste, culpándote por no haberte defendido lo suficiente. Esos pensamientos rumiativos no te harán ningún bien, al contrario, alimentarán emociones como la frustración y el enojo. Por tanto, si crees que has cometido un error, aprende la lección pero pasa página lo antes posible. Si no lo haces, le estarás dando un enorme poder a esa persona porque aunque no esté presente, seguirá desequilibrándote. 

7. Sé claro. Las personas insoportables suelen tensar mucho la cuerda, hasta llegar al punto de ruptura. No permitas que lo hagan. Conoce tus límites y sé claro respecto a ellos. Habla con firmeza, de manera que la otra persona tenga claro cuáles son las líneas rojas que no debe traspasar.
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