9/08/2016

Las 5 fases del cambio: ¿Por qué nos estancamos en la segunda?


No hay Desarrollo Personal sin cambio. En algunos casos se trata de un cambio rápido, profundo y radical, en otros casos se produce una transformación lenta y gradual, pero lo cierto es que para crecer y alcanzar ciertas metas, es imprescindible cambiar. 

Sin embargo, aunque somos conscientes de la importancia del cambio, a menudo nos resistimos. En algunos casos incluso desarrollamos un pensamiento mágico y pensamos que determinadas metas se materializarán ante nuestros ojos como por arte de magia. Obviamente, eso no ocurrirá. La realidad no funciona así.

Por eso, Denis Waitley decía: "En la vida, siempre tenemos dos opciones: aceptarla como viene o aceptar la responsabilidad de cambiar”. 

Solo cuando decidimos cambiar y asumimos la responsabilidad, las cosas comienzan a tomar otro rumbo. Este es el primer paso, pero no es suficiente. Muchas personas se comprometen de dientes para afuera, hacen una declaración de intenciones y luego se olvidan del asunto. No obstante, para cambiar de verdad es necesario añadir otras variables a la ecuación y pasar por una serie de etapas.

El ciclo emocional del cambio


Quien más y quien menos, todos tenemos una idea de las cosas que deseamos cambiar en nuestra vida. Algunos desean dejar de fumar, otros perder esos kilos de más, empezar a realizar actividad física, estresarse menos, ser más carismático…

Sin embargo, normalmente olvidamos un detalle muy importante: todo cambio implica un camino de transformación. Si no conocemos ese camino, corremos el riesgo de volver al punto de partida una y otra vez.

En este sentido, en la década de 1970 los investigadores estadounidenses Don Kelley y Daryl Conner notaron que muchas personas que afrontaban un cambio pasaban a través de una serie de fases, cada una diferente y matizada por distintos estados emocionales. Así descubrieron el “ciclo emocional del cambio”, compuesto por cinco fases.

Fase 1 – Optimismo injustificado

Se trata de una fase en la que estamos esperanzados, tenemos mucha ilusión con el proyecto y nos entusiasma esa nueva meta. Durante esta etapa prácticamente creemos que somos invencibles, estamos dispuestos a comernos el mundo y pensamos que nada ni nadie nos podrá detener. Obviamente, se trata de una sensación engañosa, una especie de optimismo tóxico que puede llevarnos a cometer diferentes errores y tomar decisiones precipitadas.

Sin embargo, no es necesario alarmarse demasiado porque esta fase en la que estamos llenos de energía y altamente motivados no suele durar mucho. Aún así, se trata de una etapa esencial para cimentar el proyecto ya que podemos canalizar toda esa energía en sentar unas bases sólidas que nos permitan seguir adelante cuando las fuerzas vayan disminuyendo.

Fase 2 – Pesimismo justificado

Después de varios días o semanas, nos resulta imposible continuar desplegando ese nivel de energía. Por si fuera poco, nuestro proyecto choca con el muro que llamamos “realidad”. En ese momento, las dificultades que comenzamos a encontrar a lo largo del camino generan frustración y como los resultados todavía no llegan, también nos sentimos desmotivados.

En esta fase normalmente nos asaltan las dudas. Nos preguntamos si debemos continuar, si realmente alcanzaremos la meta, si no nos habremos equivocado o si tendrá sentido continuar por ese camino. Esta mentalidad negativa hace que entremos en lo que podríamos denominar: “el valle de la desesperación”, que es la tumba del cambio.

Es en este punto, de la motivación inicial no queda ni rastro, la fuerza de voluntad es un recuerdo lejano y el entusiasmo es una palabra carente de sentido. Delante de nosotros vemos solo un desierto árido, por lo que la mayoría de las personas se dan por vencidas.

Sin embargo, el problema no es que tiren la toalla, es perfectamente comprensible que cambiemos de rumbo si nos damos cuenta de que nos habíamos embarcado en un proyecto sin pies ni cabeza. El problema radica en que muchas de estas personas oscilan durante toda su vida de una etapa de exaltación provocada por una nueva meta, a la depresión y la frustración por no alcanzar el objetivo. Las personas que suelen abandonar sus proyectos en la etapa de pesimismo justificado viven en una montaña rusa emocional marcada por los fracasos.

Fase 3 - Realismo motivador

Una vez que se supera el valle de la desesperación, recurriendo fundamentalmente a la fuerza de voluntad, se instaura el mecanismo de realismo motivador. En práctica, se trata de una etapa en la que aprendemos a centrarnos en el trabajo duro, pero sin desmotivarnos y, sobre todo, encontrando un ritmo de trabajo que no sea agotador.

En la fase anterior solo veíamos la escalera que debíamos subir, pero en esta fase aprendemos a centramos simplemente en cada escalón, planeamos cómo subirlo y cuando lo logramos, nos sentimos satisfechos por ello. 

Esto significa que estamos atravesando una etapa marcada por pequeños logros, precisamente el tipo de trabajo que se necesita para alcanzar una gran meta y del que casi nadie habla. En esta fase es fundamental mantener una actitud pragmática, concentrarse en las tareas y felicitarse a cada paso, aunque sea pequeño.

Básicamente, se trata de una fase en la que aún no vemos el final, pero volvemos a recuperar la confianza en nuestras capacidades y, poco a poco, empezamos a ver pequeños resultados, lo cual nos mantiene motivados. 

Fase 4 - Optimismo justificado

Cuando permanecemos focalizados en las tareas cotidianas durante un periodo de tiempo suficiente, normalmente unos 90 días, que es el lapso que se necesita para consolidar un hábito, entraremos en una fase emocional muy positiva, que podemos llamar optimismo justificado.

En esta etapa finalmente nos damos cuenta de que todo fluye como debería. Las dudas que quedaban se diluyen porque aumenta la confianza en nuestras capacidades. Además, en esta fase ya conocemos los obstáculos que pueden aparecer y sabemos cómo superarlos.

Aún no hemos logrado la meta, pero ya podemos ver algunos resultados y estos nos llenan de satisfacción y optimismo. En esta fase suele ser muy útil ayudar a otras personas que están persiguiendo tu mismo objetivo y se encuentran en las primeras fases del camino. Al ayudar a los demás, cimentarás tu propio cambio y te darás cuenta de lo duro que has tenido que trabajar para llegar hasta ese punto.

Fase 5 – Conclusión

Se trata de la fase final, en la que finalmente podemos celebrar porque hemos logrado el cambio que perseguíamos. Sin embargo, es curioso que en muchos casos, después de un arduo periodo de entrega y sacrificio, muchas personas no sienten la alegría que pensaban y, en su lugar, experimentan una profunda sensación de vacío.

Esa sensación de vacío generalmente proviene del cansancio por el esfuerzo realizado, o de haber concentrado todas tus fuerzas en un solo objetivo por lo que ahora, de pronto, una vez alcanzado, puedes sentirte un poco desorientado.

Sin embargo, es importante que tu cerebro comprenda que has hecho algo genial y que mereces premiarte por ello. No dejes que esa sensación de vacío nuble lo que has conseguido. Es probable que muy pronto tengas un nuevo proyecto entre manos, así que limítate a descansar y disfrutar de lo que has logrado.

Recuerda que concluir un círculo virtuoso y recompensarte por ello te servirá de inspiración y motivación para futuros cambios o para alcanzar metas aún más ambiciosas.


Fuente:
Jones, J. & Pfeiffer, J. W. (1979) The 1979 Annual Handbook for Group Facilitators. California: Wiley.

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Jennifer Delgado Suárez

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