8/09/2016

¿Te molesta usar cierta ropa? Quizá sufres "defensividad táctil"


Hay personas para quienes ponerse cierta ropa es una auténtica tortura. El mayor problema suele ser la textura de la tela, cuyo contacto sobre la piel se vuelve, literalmente, insoportable. En otros casos el problema radica en las costuras, aunque no sean particularmente gruesas, o el contacto de las etiquetas con la piel. La ropa nueva también puede ser muy desagradable porque su tela es “demasiado dura”. Estas personas refieren que cierta ropa les causa picor, ardor o les araña la piel.

Esa hipersensibilidad no es algo nuevo para ellos, de hecho, son así desde que tienen uso de razón. De niños, tenían que batallar constantemente con sus padres, que no entendían por qué se mostraban reacios a usar ciertas prendas y, en cambio, se aficionaban a otras, que querían usar siempre, en cualquier circunstancia u ocasión.

También tenían que soportar las recriminaciones ya que necesitaban más tiempo del habitual para vestirse. Estas personas necesitan cambiarse varias veces de ropa hasta encontrar las prendas con las que se "sintieran bien”. Sin embargo, lo cierto es que no se trata de un capricho sino de una condición especial denominada "defensividad táctil". 

Defensividad sensorial: Cuando los estímulos comunes causan irritación


La defensividad sensorial es una reacción negativa, normalmente desproporcionada e inusual, ante las sensaciones que genera una textura, un sonido, un sabor o incluso un olor. Existen diferentes tipos de defensividad sensorial, una de las más extendidas y problemáticas es la defensividad táctil.

Estas personas reaccionan de manera exagerada ante el contacto con cosas comunes, como pueden ser determinados tejidos de la ropa (fundamentalmente las fibras sintéticas) y ciertas texturas, sobre todo las cremas. También les puede molestar el sudor y se sienten muy incómodas cuando tienen las manos o los cabellos sucios. En otros casos, el simple hecho de que el chorro de agua sea más fuerte de lo habitual, puede resultar incómodo o incluso doloroso.

Estas personas también suelen evitar actos tan cotidianos como un simple apretón de manos o un beso. De hecho, les suele disgustar el contacto corporal, sobre todo si se trata de desconocidos, por lo que a menudo evitan las aglomeraciones o usar el transporte público, para no tener roces con otras personas. 

Este tipo de estímulos genera una reacción visceral de rechazo, que resulta muy difícil de controlar. De hecho, debemos tener en cuenta que el tacto es un sentido que no solo nos permite identificar diferentes objetos sino que desempeña un papel esencial en nuestro sistema de protección ante el medio. Por tanto, cuando percibimos una textura “extraña”, se desencadena una respuesta de excitación a nivel de sistema nervioso central similar a la reacción que se produce cuando estamos en peligro.

Esa es la razón por la que las personas que padecen defensividad táctil reaccionan de manera desproporcionada ante ciertas texturas y estímulos: estos activan una reacción de lucha/huida. En la práctica, esa reacción se traduce en una necesidad inmediata e imperiosa de apartarse lo más rápido posible del estímulo desagradable.

¿A qué se debe la defensividad táctil?


El término “defensividad sensorial” fue acuñado en 1979, aunque lo cierto es que esta condición no se ha investigado mucho. La teoría más extendida afirma que tiene un componente genético, ya que la mayoría de estas personas muestran los primeros signos de hiperreactividad desde edades muy tempranas.

No obstante, como ocurre en los trastornos psicológicos, el medio casi siempre actúa como un detonante. De hecho, se ha apreciado que el 80% de quienes sufren defensividad sensorial han estado sometidos a algún tipo de trauma físico, ya sea un nacimiento estresante, un accidente o una situación de abuso. Aunque las personas no guardan un recuerdo de lo sucedido, ese evento fue el detonante de la distorsión sensorial. 

El hecho de que los padres no comprendan esa hipersensibilidad y consideren que se trata de un mero capricho del niño, también puede agudizar el problema. Por ejemplo, si los padres obligan al pequeño a usar ropa con una textura "desagradable" o a besar a las personas cuando no quiere hacerlo, es probable que la asociación negativa se fortalezca y el pequeño desarrolle un rechazo aún mayor que recrudezca los síntomas. 

En cualquier caso, la defensividad táctil sería una falta de inhibición en el sistema de entrada sensorial, lo cual provoca esa reacción defensiva. En práctica, es como si el sistema nervioso de estas personas, específicamente los receptores táctiles, no pudieran calibrar adecuadamente la información que proviene del medio. Como resultado, un simple roce puede generar una sensación de presión, dolor o calor que puede llegar a ser muy desagradable.

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de California confirma de cierta forma esta teoría ya que se apreció que las personas altamente sensibles procesan la información de manera diferente. En su cerebro, las áreas de procesamiento cortical vinculadas con la atención y el procesamiento perceptual muestran una activación mayor de lo habitual ante todo tipo de estímulos. Esto significa que, efectivamente, esos estímulos son percibidos con mayor intensidad y, por ende, pueden provocar un mayor rechazo.

El pesado legado de la defensividad táctil


La defensividad táctil puede ser vivida tan solo una molestia que la persona puede controlar o puede llegar a ser un problema severo e incontrolable. En cualquier caso, la persona suele sentirse rara, sobre todo porque no comprende qué le sucede y por qué reacciona de esa manera pues es plenamente consciente de que su respuesta es exagerada e inusual. Por otra parte, también tiene que lidiar con la incomprensión de los demás.

A esto se le suma que la persona hipersensible se ve abrumada continuamente por estímulos que para los demás pasan desapercibidos. No solo tiene que lidiar con esos estímulos molestos sino también controlar su reacción. Como resultado, al final del día se siente agotada, abrumada y profundamente irritable. Ese estado no solo le pasa una elevada factura emocional sino que también afecta sus relaciones interpersonales.

Todo no es negativo: Podrías ser una persona más creativa


Aunque la defensividad táctil tiene su lado oscuro, también puede llegar a ser un don. De hecho, diferentes estudios han desvelado que el cerebro de las personas más creativas funciona de manera distinta. En práctica, su cerebro está más abierto a los estímulos, funciona con una atención atípica. ¿Qué significa esto?

Tenemos un sistema de entrada sensorial que nos permite eliminar todos esos estímulos innecesarios, para que nuestro cerebro no se sobresature. Sin embargo, el cerebro de las personas más creativas no filtra bien los estímulos irrelevantes, es como si tuviera una entrada sensorial con “fugas”.

Lo que a primera vista podría parecer un problema, en realidad es una bendición ya que esas “fugas” les permiten integrar ideas fuera del foco de atención y generar soluciones más creativas. Por tanto, si bien es cierto que la defensividad táctil puede causarte algunos problemas, también puedes sacarle partido dejando que las sensaciones te inunden.


Fuentes: 
Zabelina, D. L. et. Al. (2015) Creativity and sensory gating indexed by the P50: Selective versus leaky sensory gating in divergent thinkers and creative achievers. Neuropsychologia; 69: 77-84.
Acevedo, B. P. et. Al. (2014) The highly sensitive brain: an fMRI study of sensory processing sensitivity and response to others' emotions. Brain and Behavior; 4(4): 580–594.
Jagiellowicz, J. et. Al. (2011) The trait of sensory processing sensitivity and neural responses to changes in visual scenes. Soc Cogn Affect Neurosci; 6(1): 38-47.
Carson, S. H. et. Al. (2003) Decreased latent inhibition is associated with increased creative achievement in high-functioning individuals. J Pers Soc Psychol; 85(3): 499-506.

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Jennifer Delgado Suárez

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