5/11/2016

Cuando los niños ríen aprenden más y mejor


La educación es una cosa seria. O al menos eso pensamos. Por eso en la mayoría de las escuelas los niños deben estar debidamente sentados en sus pupitres, serios y atentos a la lección que se está impartiendo. Sin embargo, quizá nos estamos equivocando, o no lo estamos haciendo tan bien como deberíamos. Quizá el aprendizaje debe ser algo más divertido, quizá entre dato y dato no vendría mal una sonrisa.

Reír es una cosa seria, sobre todo para los niños pequeños


Hace poco un equipo de psicólogos franceses de la Université Paris Ouest Nanterre La Défense descubrieron que el humor, además de ser una excelente medicina para el alma y el cuerpo, también contribuye a que los niños pequeños aprendan nuevas tareas.

Estos psicólogos idearon un experimento muy sencillo para evaluar si el uso del humor podría beneficiar la capacidad de aprendizaje de los niños. Trabajaron con pequeños de 18 meses. Primero estos niños se limitaban a observar a un adulto que estaba intentando agarrar un juguete lejos de su alcance, valiéndose de una herramienta.

En un grupo el adulto se limitó a jugar con el juguete cuando lo tuvo en su poder pero en el otro grupo el adulto arrojó el juguete inmediatamente al suelo haciendo muecas cómicas, lo que hizo que la mitad de los niños se rieran. Luego, se instó a los niños a que alcanzaran el juguete ellos mismos. 

Se pudo apreciar el 93,7% de los niños que se habían reído de las travesuras de los adultos eran capaces de repetir la acción por sí mismos, usando la herramienta adecuadamente para alcanzar el juguete. Sin embargo, solo el 25% de los pequeños que no rieron o que formaban parte del grupo de control en el que no hubo ninguna situación hilarante fueron capaces de alcanzar el juguete, lo cual demuestra que muy pocos aprendieron a usar la herramienta.

¿Por qué la risa estimula el aprendizaje?


Es probable que la explicación se encuentre en el cerebro. De hecho, las emociones positivas, como la risa, aumentan los niveles de dopamina en el cerebro, activando el sistema de recompensa. Esto significa que la risa nos ayuda a motivarnos, lo cual tiene un efecto positivo en el aprendizaje.

De hecho, también se ha apreciado que la risa potencia la memoria facilitando la integración de la nueva información ya que hace que esta sea más memorable. Los adultos solemos recordar mejor los detalles de aquellas noticias que nos han presentado de forma hilarante, en comparación con la misma noticia leída en la prensa convencional.

Un experimento realizado en la Sam Houston State University en estudiantes universitarios comprobó este hecho. Los jóvenes podían recordar mejor los datos estadísticos y el material de estudio cuando en la conferencia el profesor incluía el sentido del humor.

No obstante, más allá de su efecto a nivel cerebral, el sentido del humor también es útil para el aprendizaje ya que contribuye a crear un ambiente más distendido, restándole tensión y ansiedad al momento de la lección. Además, hay pocas cosas más eficaces para captar la atención que el sentido del humor.

Los bebés aprenden el sentido del humor de sus padres


Enseñar de manera divertida no es una tarea exclusiva de los profesores, los padres también tienen su cuota de responsabilidad. Así lo demuestra un estudio llevado a cabo en la Universidad de New Hampshire en el que se desveló que entre los seis meses y el año de vida los pequeños aprenden lo que es divertido y lo que no observando la reacción de sus padres.

En práctica, a partir de los 6 meses los bebés comienzan a mirar a sus padres en la búsqueda de pistas sobre cómo reaccionar ante diferentes situaciones, para saber si se trata de una amenaza o pueden estar tranquilos. 

A partir de ese momento los padres se convierten en una fuente de información emocional para sus hijos, son una especie de asesores del sentido del humor, por lo que al año de vida, si los padres ríen a menudo y enfrentan el mal tiempo con una sonrisa en los labios, es probable que sus hijos ya hayan aprendido a reaccionar de la misma manera.

Todo con moderación


Por supuesto, no se trata de convertir las escuelas en aulas para comediantes. De hecho, el exceso de humor puede interferir con el aprendizaje convirtiéndose en una distracción innecesaria que hace que los niños pierdan el hilo del contenido y no sean capaces de separar lo esencial de lo intrascendente.

Sin embargo, cuando el humor se utiliza en su justa medida es una herramienta excelente para convertir el aprendizaje en una experiencia realmente agradable.


Fuentes:
Esseily, R. et. Al. (2015) Humour production may enhance observational learning of a new tool-use action in 18-month-old infants. Cognition and Emotion; 30(40): 817-825.
Mireault, G. et. Al. (2012) Infant Humor Perception from 3- to 6-months and Attachment at One Year. Infant Behav Dev; 35(4): 797–802.
Garner, R. L. (2006) Humor in Pedagogy: How Ha-Ha can Lead to Aha! College Teaching; 54(1): 177-180.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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