3/14/2016

Di lo que te molesta cuando te moleste, no esperes a que sea demasiado tarde

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Normalmente, cuando algo me molesta, irrita o daña, lo digo inmediatamente. Expresar esa incomodidad me permite liberarme de ella, al menos en parte. Al contrario, si lo callo, termino sintiéndome doblemente molesta. 

Obviamente, todas las personas no reaccionan de la misma manera. Hay quienes prefieren callar. Sin embargo, lo cierto es que el mejor momento para indicar que algo te molesta es ahora mismo. Si esperas, quizá será demasiado tarde y termines recriminándote por lo que no dijiste o dejaste de hacer, encerrándote en un bucle de pensamientos recursivos que te harán daño.

¿Por qué es importante expresar nuestra incomodidad inmediatamente?


- Porque nadie debe hacernos sentir mal. Si alguien traspasa nuestros límites y nos hace sentir mal, no debemos permitir que siga ocurriendo. De hecho, cuanto antes tomemos cartas en el asunto mejor porque así no echaremos leña al fuego de las emociones negativas. Recuerda que nadie puede hacerte daño sin tu consentimiento, no se lo des.

- Porque es importante hacer valer nuestros derechos. Todos tenemos unos derechos elementales, y los demás no deben pisotearlos. Si una persona nos ignora sin motivo, se comporta de manera agresiva o nos humilla, tenemos el derecho a detenerla.

- Porque es la forma más rápida de solucionar un problema. Un refrán antiguo dice que “cuando se cae el burro, se le dan los palos”. Cuando indicamos un comportamiento que nos incomoda, el asunto normalmente no tiene mayor trascendencia, se soluciona y termina ahí. Al contrario, si callamos pero seguimos ofendidos, seguiremos acarreando ese problema con nosotros.

Recuerda que todo aquello que nos molesta y callamos termina acumulándose en nuestro interior. Si en una relación tragamos un trago amargo detrás de otro, la rabia y la frustración terminarán estallando en el momento más inapropiado y nos harán decir o hacer cosas de las que nos arrepintamos. 

La capacidad de autoafirmarse sin herir a los demás


La asertividad es una capacidad que nos permite autoafirmarnos sin dañar a los demás. Cuando somos asertivos logramos defender nuestros derechos y expresar lo que sentimos sin herir los sentimientos de las personas que nos rodean. Se trata de defender nuestro espacio, respetando a la vez el espacio ajeno.

El principal problema es que cuando algo nos molesta, inmediatamente nos irritamos, nos enfadamos o nos sentimos frustrados. Entonces dejamos que sean esas emociones las que hablen por nosotros y, al reclamar nuestros derechos, terminamos agrediendo a los demás. En vez de autoafirmarnos, terminamos atacando. Y ese no es el objetivo.

Por eso, cuando algo nos molesta, irrita o daña, debemos intentar ser lo más asertivos posible. Da un paso atrás, metafóricamente hablando, e intenta desligarte de tus emociones y convertirte en un observador externo. Solo entonces puedes expresar lo que no te gusta.

Por ejemplo, puedes decir: “No me gusta que me grites, me hace sentir incómodo. Creo que nos entenderíamos mejor si bajases la voz”. De esta manera no solo expresas tu incomodidad sino que también brindas una solución.

Cuando te conduces con ecuanimidad, la otra persona se da cuenta de que ha traspasado ciertos límites. De hecho, es probable que lo haya hecho sin darse cuenta. Pero si te irritas y le gritas, solo lograrás que la situación degenere rápidamente.

5 reglas para expresar lo que te incomoda


1. Usa expresiones que denoten tu forma de sentir, como “quiero”, “me gusta” o “me siento”. De esta forma logras establecer un vínculo emocional más profundo con la otra persona. Por ejemplo, en vez de decir: “estoy harto de que me grites”, puedes decir: “no me gusta que me grites, cuando lo haces me siento mal”.

2. Reconoce lo positivo de tu interlocutor. No se trata de elogiarle porque sí, pero puedes resaltar alguna cualidad positiva, así lograrás que sea más receptivo a tu mensaje. Por ejemplo, puedes decirle: “Normalmente eres una persona muy tranquila, pero ahora me estás gritando”.

3. No uses reproches, ironías ni desprecios. Si quieres que los demás respeten tus derechos, también tú debes respetarlos. Eso significa que debemos tratar a los otros como nos gustarían que nos trataran. No recurras a la humillación, las recriminaciones y el sarcasmo para herir a tu interlocutor. Son golpes bajos que no te hacen mejor persona y no conducen a ninguna parte.

4. Sé conciso. Muchas personas tienen miedo a perder la aprobación de los demás, por lo que terminan dando vueltas sobre el asunto y, al final, no logran su cometido. Si algo te molesta, preocupa o inquieta, clarifícalo inmediatamente. No tengas miedo a expresar tu opinión. De hecho, es mejor que seas directo para que no des pie a malos entendidos. Por ejemplo, en vez de decir: “siempre te comportas así” puedes ser más específico: “me molesta que me grites”. Recuerda que no se trata de atacar a la persona sino de señalar un comportamiento o actitud que no te agrada.

5. Brinda una solución. En muchas ocasiones expresamos cómo nos sentimos pero no somos capaces de vislumbrar una vía de escape, por lo que el problema se queda en un callejón sin salida. De hecho, debemos tener en cuenta que es probable que nuestro interlocutor también se sienta agobiado o frustrado. Por eso, cada vez que indiquemos algo que nos molesta, sería conveniente proponer una solución, indicar otra forma de hacer las cosas. Por ejemplo, puedes decir: “No me gusta que me grites. Te propongo dar un paseo y hablar tranquilamente”.
Rincón de la Psicología ~ 10:00

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