7/06/2015

Rechazos que duelen: 5 perspectivas inusuales para curar la herida

Dibujo de aves negras

Rechazamos cosas todos los días. Rechazamos productos que no nos satisfacen, ideas que no encajan con las nuestras, oportunidades que no nos gustan y hasta personas que no comparten nuestros valores. Cada día, cuando salimos a la calle, activamos una especie de sistema de control de la calidad, que nos hace funcionar en “modo rechazo”. Y es que cada elección trae implícito un rechazo.

Sin embargo, cuando somos nosotros las víctimas del rechazo todo cambia. Podemos sentir un dolor punzante, porque lo percibimos como un ataque a nuestro “yo”. El rechazo afecta directamente nuestra autoestima, daña nuestra autoeficacia y, sin duda, nos hace sentir mal.

De hecho, estas sensaciones no son extrañas ya que un estudio realizado en la Universidad de Michigan ha descubierto que el rechazo y el dolor comparten las mismas redes neuronales. Es por ello que podemos vivir algunas situaciones de rechazo de forma particularmente intensa, sobre todo cuando se trata de un rechazo social. En ese caso, incluso podemos experimentar un dolor físico.

¿Cómo reaccionamos ante el rechazo? 


Las personas no reaccionan ante el rechazo de la misma forma. De hecho, incluso nosotros mismos podemos reaccionar de manera diferente, en dependencia de la situación y de lo significativa que resulte ante nuestros ojos. 

Las reacciones más comunes son:

- Oleadas de rabia. La ira es una de las reacciones más habituales ante el rechazo. De hecho, suele ser la primera respuesta, una reacción automática. Un rechazo puede echar por tierra nuestros planes, y eso no nos gusta, como consecuencia, nos enfadamos. Sin embargo, ese enfado no es momentáneo, como solemos pensar. Diferentes estudios han demostrado que después de un rechazo, la ira se mantiene, solo que la reorientamos hacia las personas que nos rodean. Por eso, sin darnos cuenta, podemos reaccionar de manera exagerada ante un comentario banal de otra persona, horas después del rechazo. 

- Sensación de culpa. La culpa suele aparecer en un segundo momento, cuando reflexionamos sobre lo ocurrido y, en vez de asumir tan solo la cuota de responsabilidad que nos corresponde, nos sentimos culpables por todo lo sucedido. Lo más habitual es que reaccionemos con enfado, perdamos el control y, más tarde, nos sintamos culpables por ello. Entonces hacemos una lista mental de todos nuestros errores y nos flagelamos por ellos.

- Obsesión enfermiza. En algunos casos, el rechazo hace que nos obsesionemos aún más. En práctica, lo que nos ha sido negado se convierte en una “fruta prohibida” que queremos alcanzar a toda costa, incluso pasando por encima de nuestra estabilidad psicológica. Es algo que sucede a menudo cuando una persona es rechazada por alguien a quien ama.

Obviamente, ninguna de estas reacciones es positiva. Todas nos sumen en un círculo vicioso de emociones y comportamientos negativos. De hecho, el rechazo afecta nuestra capacidad para concentrarnos, como si de un dolor de muelas se tratara. Tanto es así que psicólogos de la Case Western Reserve University descubrieron que el simple hecho de pensar en una situación en la que fuimos rechazados despierta tantas emociones negativas y resulta tan desestabilizador que nuestro Cociente de Inteligencia disminuye nada menos y nada más que un 30%. 

Cinco creencias para lidiar de forma más sana con el rechazo


La mayoría de las personas piensa que reacciona ante las cosas que le suceden, que si rechazan su currículum para un puesto de trabajo o si su pareja decide poner fin a la relación, esa es la causa de su sufrimiento. En realidad esta no es más que una parte de la historia. No reaccionamos ante los eventos sino ante la percepción que tenemos de estos, reaccionamos según nuestras expectativas y, sobre todo, en dependencia de la importancia que le conferímos a esa situación. 

Por eso, para lidiar mejor con el rechazo y minimizar sus consecuencias negativas, urge cambiar algunas creencias. 

1. No es algo personal

La única razón por la cual sufrimos a raíz de un rechazo, es porque nos importa mucho. Porque en verdad, solo puede dañarnos aquello a lo que le conferimos valor. Por eso, si aprendes a practicar el desapego, lograrás que el rechazo te duela menos, hasta que llegue un momento en el que prácticamente no te importe, porque no estarás atado a las personas y las cosas de forma enfermiza, no las verás como una extensión de tu “yo”. 

De hecho, otro de los errores de apreciación que cometemos es asumir el rechazo como una afrenta personal, pero la mayoría de las veces no es así. Lo que sucede es que cuando somos rechazados tenemos la tendencia a sobregeneralizar, y nos convencemos de que no somos lo suficientemente buenos, capaces o listos como para merecer la atención. Sin embargo, recuerda que la persona que te rechaza, solo conoce una parte de ti, pero eres mucho más que eso.

2. No eres tú, son tus miedos

Ante un rechazo, no solemos reaccionar de forma madura, nuestros miedos e inseguridades son quienes toman el control y responden generando esa sensación de incomodidad y sufrimiento. Sin embargo, la persona herida en la que nos convertimos cuando somos rechazados, no somos nosotros, es tan solo un reflejo de nuestras insatisfacciones, temores e incapacidad para lidiar con el mundo tal cual es. 

Recuerda que esa voz que te habla, no eres tú mismo sino tan solo un reflejo de una parte del “yo” que se centra exclusivamente en los fracasos y los rechazos. Pero tú eres mucho más que eso. Por tanto, es importante que aprendas a recomponer los trozos lo más rápido posible. Ante un rechazo, nunca reacciones inmediatamente, tómate un tiempo para reflexionar sobre tu próximo paso. Cuando te obligas a reflexionar, el cerebro racional toma el mando y acalla esas emociones que no te permiten analizar la situación con objetividad.

3. No es la primera vez que experimentas el rechazo

El rechazo es algo que prácticamente todos experimentamos en algún momento a lo largo de la infancia. En esa etapa de la vida, en la que somos muy dependientes de los adultos, el rechazo deja huellas muy profundas ya que nos indica que debemos cambiar algo, en aras de lograr la aceptación y garantizar nuestra sobrevivencia social. Por eso, es probable que esa experiencia se haya quedado grabada con fuego en algún lugar recóndito de tu memoria y se reactive cada vez que vuelves a experimentar el rechazo. 

En ese caso, es probable que reacciones de manera exagerada ante el rechazo, mostrándote extremadamente sensible, enfadado o rencoroso. Por consiguiente, será necesario que mires atrás hasta encontrar la fuente primaria que genera esa reacción desproporcionada, más propia de un niño que de un adulto maduro. De la misma forma, considera que el rechazo forma parte de las relaciones sociales. No serás la primera persona en ser rechazada y mucho menos la última. Conocer un poco de historia puede ser útil, te permitirá saber que los grandes éxitos no se construyen a golpe de suerte sino de perseverancia, con la fuerza suficiente como para ir de rechazo en rechazo sin perder la esperanza. Muchas personas exitosas han tenido que probar el sabor del rechazo.

4. No es una puerta que se cierra, sino mil más que se abren

Solemos pensar en el rechazo como en una puerta que se cierra, una oportunidad que perdemos. Y es así. Sin embargo, en el universo de las posibilidades, una puerta cerrada no es necesariamente algo negativo sino que implica la oportunidad para escudriñar algunas de las mil puertas restantes. Nuestra vida no es más que la concatenación de una serie de decisiones, algunas de las cuales hemos tomado a causa de un rechazo. Sin embargo, un rechazo puede convertirse en la oportunidad para emprender algo nuevo, tomar otro camino y volar en una dirección diferente, que no es peor ni mejor, simplemente diversa. 

Piensa en el rechazo como en un tapiz tejido, visto desde abajo. Si lo miras desde esa perspectiva, solo verás un enredo de nudos sin ningún sentido. Sin embargo, si le das la vuelta y lo miras de frente, verás el tapiz en todo su esplendor y encontrarás el sentido que antes se te escapaba. Darle la vuelta puede tomar tiempo, porque no siempre contamos con las herramientas psicológicas para hacerlo, o quizás porque estamos demasiado saturados por las emociones, pero serenarse y cambiar la perspectiva es algo que, sin duda, vale la pena. En todo caso, un rechazo implica una oportunidad para crecer, ser más resiliente y madurar.

5. Tienes tanto derecho a rechazar, como los demás a rechazarte

Si algo no te agrada, no tienes por qué comprarlo. De la misma manera, si una persona no te gusta, no tienes por qué cultivar su amistad. Las personas que encuentras cada día, tienen ese mismo derecho, lo cual significa que el rechazo es una de las cartas que tienen bajo la manga y que pueden jugar en cualquier momento. No podemos molestarnos por ello.

Si una persona no quiere hacerte un espacio en su vida, es mejor no insistir, es probable que nuestros sueños, ideas y valores no coincidan con los suyos. En todo caso, insistir será tan solo una pérdida de energía y tiempo. Lo más inteligente es encontrar a personas que puedan valorarnos, nos acepten tal cual somos y nos hagan sentir especiales. El hecho de que alguien te rechace no significa que valgas menos, sino tan solo que sois diferentes. Si alguien no sabe valorar tus cualidades o no quiere tomarse el tiempo para conocerte, no es tu problema, es el suyo.

En todo caso, recuerda siempre que un rechazo no es una negativa rotunda a nuestros sueños y metas, simplemente es una señal de que no vamos por el camino adecuado.


Fuentes:
Hsu, D. T. et. Al. (2013) Response of the μ-opioid system to social rejection and acceptance. Molecular Psychiatry; 18: 1211-1217.
Baumeister, R. F. et. Al. (2002) Effects of social exclusion on cognitive processes: Anticipated aloneness reduces intelligent thought. Journal of Personality and Social Psychology; 83(4): 817-827.
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Jennifer Delgado Suárez

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