6/10/2015

10 habilidades esenciales para la vida que no te enseñan en la escuela

Niños científicos

En los últimos siglos, la escuela se ha convertido básicamente en un reservorio de información, un mero instrumento para transmitir el saber que la humanidad ha acumulado a lo largo del tiempo. De esta forma, en el colegio aprendemos Matemáticas y Física, Geografía e Historia, pero no nos transmiten los aprendizajes realmente importantes, no nos preparan para la vida.

De hecho, a menudo la escuela se convierte simplemente en un instrumento para limitar nuestra mente. En vez de potenciar el pensamiento autónomo y la búsqueda del conocimiento, se convierte en una serie de recetas compuestas por antiguas leyes y teoremas que debemos aprender de memoria. De esta forma, corremos el riesgo de perder algunas de nuestras capacidades más valiosas, como la creatividad y la imaginación.

Y mientras aprendemos teoremas y decimales, mientras desarrollamos el pensamiento lógico, algunas de nuestras capacidades más importantes se descuidan. Es como si contratásemos a un jardinero y este solo se dedica a podar las plantas, olvidando que también deben ser regadas, alimentadas y protegidas. Siguiendo esta estrategia, es muy poco probable que el jardín crezca y prospere, al máximo, podrá sobrevivir.

La escuela debe abrir nuevas ventanas a través de las cuales ver el mundo, no cerrarlas


1. Negociar. En los colegios convencionales prácticamente no hay margen para la negociación, es el maestro quien decide todo. De esta forma se transmite la idea de que hay ganadores y vencidos, personas que mandan y otras que deben acatar las reglas sin chistar; por lo que no es extraño que cuando somos adultos, afrontemos las relaciones interpersonales en términos de ganar/perder. Sin embargo, la habilidad para negociar es fundamental, y no solo para obtener un descuento en el precio sino, fundamentalmente, para poder relacionarnos y evitar las fricciones sociales. Hay una habilidad que podría ahorrarnos muchos enfados y dolores de cabeza: aprender a centrarnos en los puntos en común, en vez de acrecentar las diferencias. 

2. Seguir una pasión. Una de las palabras de orden de la escuela, y también una de las que más escuchamos a lo largo de nuestra vida como estudiante es: “deber”. Nos enseñan desde pequeños que hay cosas que se deben hacer, aunque no nos gusten. De esta forma, matan por completo nuestro sentido de la felicidad, nos hacen creer que el deber está reñido con el placer. Por eso, no es raro que haya millones de personas realizando un trabajo que no les gusta y viviendo una vida que no les satisface. Nadie nos enseñó que cuando uno encuentra su pasión, aquello que realmente nos motiva y sabemos hacer bien, antes o después terminará convirtiéndose en nuestro trabajo y en una enorme fuente de satisfacción.

3. Abrazar el error. La escuela penaliza duramente los errores, transmitiendo la idea de que equivocarse no está bien. Las calificaciones no tienen en cuenta el esfuerzo ni a la persona, tan solo los aciertos y los errores cometidos. Después de varios años, no es extraño que terminemos sintiendo una verdadera aversión por los errores. De hecho, algunas personas incluso son incapaces de avanzar porque el miedo a equivocarse ha aplastado su motivación. Sin embargo, en la vida real, la mayoría de los aprendizajes llegan a través del ensayo-error, debemos equivocarnos para aprender. Por tanto, los errores simplemente nos indican que estamos un paso más cerca de lograr nuestra meta, porque hemos descartado un camino. Los errores son aprendizajes que nos permiten crecer, no pesadas piedras que debemos arrastrar para que generen sentido de culpa

4. Manejar las emociones. La sociedad, en su conjunto, no nos enseña a manejar las emociones, sino más bien a ocultarlas o reprimirlas. Al catalogar las emociones como positivas o negativas, deseadas o indeseadas, asumimos que algo anda mal en nosotros cuando nos enfadamos e irritamos, o cuando nos sentimos tristes. La demonización de algunas emociones y la exaltación de la Psicología Positiva han hecho que muchas personas se sientan inadecuadas. Sin embargo, las emociones forman parte de nosotros y no son positivas ni negativas, simplemente son indicadores y, como tal, debemos asumirlas. Lo importante no es la reacción emocional, que en muchos casos es automática, sino cómo manejamos posteriormente esa ira o esa tristeza. Reconocer nuestras emociones y saber canalizarlas es una habilidad esencial que muy pocas personas logran desarrollar pero que determinará toda nuestra vida.

5. Lidiar con la adversidad. Antes o después, la adversidad llamará a nuestra puerta. Cuando eso ocurra, es mejor estar preparados. Sin embargo, nadie nos ha enseñado a enfrentar los problemas poniendo buena cara ni nos ha dicho que cada crisis también encierra una oportunidad. La resiliencia es una capacidad esencial para no derrumbarse y salir fortalecidos de los problemas, pero es algo que aprendemos al azar, después de recibir los golpes de la vida. Sin embargo, se ha apreciado que las personas que perciben desde el primer momento los problemas como oportunidades para crecer, enfrentan mejor los obstáculos. De hecho, un estudio realizado en el King’s College Hospital de Londres desveló que, ante las mismas condiciones clínicas, las personas que enfrentan el cáncer con una actitud fatalista y de impotencia tienen peor pronóstico que quienes muestran un espíritu combativo y se comportan de forma resiliente. 

6. Automotivarse. La escuela nos incita a recurrir a la fuerza de voluntad. Sin embargo, nadie nos ha dicho que se trata de un recurso limitado. Un experimento muy interesante realizado en la Universidad de Ultrech nos lo demuestra. En este caso, sometieron a algunas personas que estaban a dieta a test psicológicos extenuantes, que requerían una gran dosis de fuerza de voluntad y autocontrol. Después, les dieron diferentes alimentos entre los cuales elegir. Quienes habían agotado la fuerza de voluntad, eligieron las opciones más calóricas, quienes realizaron los tests más sencillos apostaron por los alimentos más sanos. Por eso, más que apostar por el autocontrol y la fuerza de voluntad, es conveniente aprender a automotivarse, encontrar buenas razones que nos ayuden a mantenernos en el camino, sobre todo cuando este sea cuesta arriba.

7. Buscar el equilibrio. La escuela nos enseña a esforzarnos, a trabajar duro para obtener mejores calificaciones. Sin embargo, no nos enseña cómo balancear el resto de las esferas de nuestra vida, para sentirnos más satisfechos. Por eso, no es extraño que haya personas completamente dedicadas al trabajo, que no tienen tiempo libre y que descuidan a sus familias. Cuando no tenemos el sentido del equilibrio, no sabemos priorizar y corremos el riesgo de descuidar precisamente las áreas que más satisfacción nos pueden brindar. Sin embargo, vivir de forma equilibrada es una habilidad esencial para lograr la felicidad, para desarrollar al máximo todo nuestro potencial. De lo contrario, nos convertirmos en una versión triste y limitada de lo que podríamos haber sido.

8. Sentir gratitud. La gratitud es un secreto bien guardado, es uno de los caminos que nos conduce directamente a la felicidad, aunque la mayoría de las personas la subestima. Cuando somos capaces de experimentar gratitud y la expresamos, somos mucho más felices. No se trata simplemente de dar las gracias cuando alguien nos hace un favor, que es lo que nos enseñan en la escuela, sino de buscar activamente motivos para sentirnos agradecidos. Se trata de aprender a centrarse en lo que tenemos, más que lamentarnos por lo que no tenemos, de aprender a valorar las pequeñas cosas y sentirnos agradecidos por ellas.

9. Valorar el tiempo. El tiempo es la posesión más valiosa que tenemos pero, curiosamente, también es algo de lo que nos desprendemos con asombrosa facilidad. Por supuesto, es fácil olvidar el valor que tiene cuando acudimos todos los días a una escuela en la que aprendemos contenidos que no nos interesan y que no tienen aplicaciones prácticas. Sin embargo, cuando comenzamos a pensar en términos de tiempo, nuestra vida puede dar un vuelco radical ya que somos capaces de darle a cada cosa su justa medida. Saber organizar el tiempo y planificar el día a día es una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida, pero todo empieza siendo conscientes de la enorme importancia y el valor del tiempo.

10. Descubrirse. A lo largo de los años, vamos interpretando diferentes papeles sociales, nos convertimos en amigos, padres, profesionales, vecinos… De esta forma, es fácil perder nuestra identidad, olvidar cuáles eran nuestros sueños y aspiraciones. De hecho, no es inusual que uno de los roles sociales que interpretamos día tras día, termine creciendo tanto que se apropie de nuestro “yo”, debilitándolo y acallándolo. Sin embargo, para vivir de forma plena, es necesario estar en sintonía con ese “yo” más íntimo, que continúa acariciando pasiones y asombrándose ante la vida. Si perdemos ese “yo”, si dejamos que los roles sociales lo atrofien y dicten lo que debemos hacer, simplemente estaremos cavando nuestra propia tumba.


Fuentes:
Witt, J. C.; Evers, C. & Ridder, D. T. (2012) License to sin: Self-licensing as a mechanism underlying hedonic consumption. European Journal of Social Psychology; 42(4): 490-496.
Taylor, S. E.; Lichtman, R.R. & Wood, J.V. (1984) Attributions, beliefs about control and adjustment to breast cancer. Journal of Personality and Social Psychology; 46: 489-502.
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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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