5/06/2015

¿Somos demasiado optimistas sobre el optimismo?

Mono y elefante en columpio

“Nuestra actitud, al inicio de una tarea difícil, determina, más que nada, los resultados”. Esta es una idea que se ha vuelto a poner de moda, de la mano de la Psicología Positiva y los gurús del Crecimiento Personal. Sin embargo, en realidad no es algo novedoso ya que sus orígenes se pueden rastrear hasta William James, un psicólogo pionero en el análisis de las emociones y su impacto en nuestra vida. 

Tomando como base esta idea, se han escrito cientos de libros de autoayuda, se han compuesto canciones y, por supuesto, no faltan las películas motivadoras. Sin embargo, ¿cuánto hay de cierto en esa afirmación? ¿Realmente la actitud es determinante para el éxito de un proyecto?

¿Ser optimistas mejora nuestro desempeño?


Esta pregunta se la plantearon investigadores de las universidades de California y de Utah, querían averiguar cómo incidía el optimismo en el resultado que las personas obtenían en una serie de tareas, en comparación con los resultados que alcanzaban quienes eran más pesimistas.

En el primer experimento, las personas simplemente debían realizar una serie de tareas matemáticas. El truco radicaba en que a algunos participantes se les daba una retroalimentación muy positiva sobre su desempeño, mientras a otros se les decía que no lo estaban haciendo tan bien. Obviamente, se trataba de retroalimentaciones falsas, solo para generar la sensación de optimismo o para potenciar el pesimismo.

En teoría, las personas que recibían retroalimentaciones positivas y que se sentían más optimistas sobre su desempeño, debían hacerlo mejor. Pero no fue así. El optimismo no fue mejor acompañante de viaje que el pesimismo.

Los investigadores quisieron corroborar estos resultados, así que organizaron otro experimento. En esta ocasión, las personas debían estudiar una imagen compleja, hasta descubrir la imagen oculta, y podían emplear todo el tiempo que quisieran. 

En este caso, como la tarea no tenía nada que ver con los conocimientos matemáticos previos sino más bien con la perseverancia, era posible que las personas más optimistas fueran capaces de resolver mejor la tarea.

En efecto, las personas a las que se les había dado una retroalimentación positiva, para ensalzar el optimismo, se mantuvieron concentradas un 20% más de tiempo en la tarea. Aún así, esa tenacidad no se tradujo en mejores resultados (no fueron estadísticamente significativos). Es decir, el hecho de que pasaran más tiempo observando la imagen, no se tradujo en un mejor desempeño.

Una vez más, se apreció que el optimismo no mejoraba los resultados.

En un último experimento, los investigadores les pidieron a una serie de personas que estimaran cuáles serían los resultados de los participantes al solucionar determinadas tareas. En esta ocasión su objetivo era evaluar el peso que le damos al optimismo.

Así, le dieron a cada persona un perfil de los participantes en los experimentos anteriores, incluyendo su nivel de optimismo. Curiosamente, muchas personas le confirieron una gran importancia al optimismo, indicando que este era un factor que mejoraba el rendimiento. Sin embargo, cuando el optimismo no se indicaba en los perfiles, las personas evaluaban con mayor precisión los resultados de los participantes.

Todo esto nos indica que estamos sobrevalorando el poder del optimismo.

¿Es realmente útil el optimismo?


Este no es el único estudio que ha puesto en el centro de mira el optimismo. Por ejemplo, otro estudio realizado en la Universidad de Michigan desveló que mientras que los pensamientos positivos eran beneficiosos para mejorar el estado de ánimo de algunas personas, en otras tenía el efecto opuesto. Es decir, el optimismo y los pensamientos positivos generaban emociones negativas.

En realidad, estos experimentos no sugieren que el optimismo sea una estrategia negativa para afrontar la vida, todo lo contrario, nos puede hacer sentir mejor a lo largo de una tarea complicada y tediosa e incluso puede fomentar la perseverancia. Sin embargo, eso no siempre se traduce en mejores resultados. 

Por ende, el optimismo y pensar en positivo no son una varita mágica con la cual resolveremos nuestros problemas, y ni siquiera son el pilar más importante, sino tan solo, una de las múltiples columnas con las cuales debemos apuntalar nuestra vida.

Así, cuando te plantees un proyecto, no solo debes asegurarte de que estás motivado y tienes la actitud correcta, sino que también debes dedicar tiempo a desarrollar las habilidades necesarias para ponerlo en práctica. Dejarse llevar por un optimismo ingenuo no solo es negativo sino que puede ser contraproducente e incluso puede conducir a la frustración.


Fuente:
Tenney, E., Logg, J., & Moore, D. (2015) (Too) optimistic about optimism: The belief that optimism improves performance. Journal of Personality and Social Psychology; 108 (3): 377-399.

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Jennifer Delgado Suárez

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