3/30/2015

10 experimentos psicológicos en los que no te gustaría participar

Hemisferios del cerebro

La mayoría de los estudios psicológicos consisten simplemente en pedirles a las personas que tomen asiento y rellenen un cuestionario o respondan a una serie de preguntas realizadas por un amable entrevistador. Sin embargo, algunos psicólogos han decidido ir un paso más allá y añadirle un poco de emoción a sus experimentos. Así, a lo largo de la historia de esta ciencia, se han desarrollado algunos experimentos que han atemorizado, avergonzado o incluso asqueado a los participantes. 

1. Oler pañales sucios (Objetivo: estudiar el asco)

En este experimento, psicólogos de la Macquarie University, en Sidney y la Universidad de Washington, les pidieron a 13 madres que olieran diferentes cubos de basura que contenían pañales sucios, algunos eran de sus bebés, otros no. Los investigadores querían saber si las madres reaccionaban de manera diferente ante el olor de sus hijos. De hecho, fue así. Las madres calificaron el olor de los pañales de sus bebés como menos desagradable.

Según estos investigadores, el estudio demuestra que las madres están programadas, evolutivamente, para reaccionar con menos asco ante las necesidades fisiológicas de sus bebés, lo cual les permite brindarles todos los cuidados que necesitan. No obstante, otra posibilidad es que simplemente se hayan acostumbrado al olor, de forma que este resulte menos desagradable, algo que nos sucede a todos en la vida cotidiana.

2. Descansar en la cama de una celda, sin hacer nada durante días (Objetivo: estudiar la deprivación sensorial)

Corría la década de 1950, cuando a unos estudiantes de la Universidad de McGill, en Canadá, les pidieron que usaran gafas, guantes de algodón y se acostaran en una cama de una pequeña celda, sin hacer nada. Cada día le pagaban 20 dólares y debían permanecer allí durante la mayor cantidad de días que pudieran soportar. Por supuesto, podían hacer pausas para comer y hacer sus necesidades fisiológicas.

El principal objetivo de este experimento era ver cómo reaccionamos en situaciones en las que no pasa nada. Estos psicólogos pudieron comprobar que los estudiantes muy pronto comenzaron a irritarse y desarrollar paranoias, algunos incluso experimentaron alucinaciones auditivas y visuales. Así, la conclusión fue que la monotonía y la falta de estímulos pueden ser muy nocivas para nuestro equilibrio psicológico. Al parecer, necesitamos de los estímulos casi tanto como del aire que respiramos.

3. Tragar un balón para inflarlo dentro de la persona (Objetivo; estudiar el dolor)

En los últimos años se han realizado numerosos experimentos para comprender cómo las personas reaccionan ante el dolor y, por supuesto, desvelar los mecanismos que permiten paliar el sufrimiento en los enfermos. Muchos de estos estudios contemplan la exposición al frío o a descargas eléctricas. Sin embargo, en 2009 psicólogos y gastroenterólogos de la Universidad de Manchester unieron fuerzas para analizar el dolor visceral.

En esta oportunidad, los participantes debían tragar un balón que después se inflaría en su esófago. El experimentador se detendría cuando la persona no pudiera soportar más dolor. Después de esta “tortura”, los investigadores notaron que las personas que puntuaron más alto en la escala de neuroticismo, indicaban más dolor y un aumento de la actividad parasimpática. Al contrario, las personas menos neuróticas soportaban mejor el dolor y mostraban una activación fisiológica menor. 

4. Someterse a un escáner cerebral junto a una serpiente viva (Objetivo: estudiar los circuitos cerebrales del miedo)

Investigadores del Weizmann Institute of Science de Israel reclutaron a personas que tenían miedo de las serpientes y les pidieron que se sometieran a un escáner cerebral. La clave radicaba en que mientras estuvieran dentro, debían presionar un botón que acercaba una serpiente de 1,5 metros a sus cabezas. Las personas podían decidir, en todo momento, cuan cerca o lejos estaría el animal.

Al menos, el miedo de los participantes en este estudio sirvió para desvelar que una parte de la corteza frontal, escondida debajo del cuerpo calloso, es la principal responsable de la decisión de sucumbir ante el miedo o enfrentarlo. Y es que cuando las personas reportaban miedo pero decidían acercar la serpiente, la actividad de la corteza cingulada anterior aumentaba.

5. Imitar una rabieta de un niño de 5 años (Objetivo: Estudiar la vergüenza)

¿Sabías que cuando nos sentimos avergonzados somos más proclives a ayudar a los demás? Esas fueron las conclusiones a las que llegaron unos psicólogos de la Universidad de Harvard, en la década de 1970. En aquella ocasión, reclutaron a un grupo de estudiantes y les pidieron que pusieran en práctica diferentes actos ridículos, que podían avergonzarles, como imitar la rabieta de un niño de 5 años. Mientras tanto, otra persona les estaría observando.

Así, los investigadores pudieron apreciar que las personas que se sentían más avergonzadas, también eran más propensas a ayudar a alguien cuando este se los pedía. Al parecer, la demanda de ayuda generaba sentimientos positivos, que les ayudaba a mitigar la sensación de vergüenza.

6. Mirar fotos de alimentos deliciosos mientras tienes hambre (Objetivo: estudiar la atención hacia la comida)

Investigadores de la Universidad de Rotterdam, reclutaron a 40 mujeres y les pidieron que no comieran nada durante 17 horas. Pasado ese tiempo, se les realizó un EEG y una prueba de eye tracking, mientras les presentaban imágenes de alimentos deliciosos. Para comparar sus resultados, a otras mujeres se les permitió beber un vaso de leche para calmar el hambre.

El estudio desveló diferencias entre las mujeres obesas y las que tenían un peso normal. Mientras que las mujeres con un peso normal mostraban ondas cerebrales que indicaban interés por las imágenes de comida, las mujeres con sobrepeso no lo hacían. Los investigadores consideran que se trata de un mecanismo de defensa que pueden haber puesto en práctica las mujeres obesas, en un intento por controlar la ingesta de comida.

7. Pensar en lo que sucederá cuando mueras (Objetivo: estudiar la amenaza existencial)

En 2007 psicólogos de la Universidad de Kentucky se preguntaron si todos tenemos un mecanismo de defensa psicológico que nos proteja del paralizante miedo a la muerte. Así, reclutaron a un grupo de estudiantes y les pidieron que imaginaran su propia muerte. Después debían describir qué habían pensado y sentido.

A continuación, los participantes debían completar una serie de palabras. Curiosamente, las personas que pensaron en su propia muerte, tuvieron la tendencia a crear más palabras positivas, en comparación con aquellos a los que se les había pedido que imaginara una visita dolorosa al dentista. Los investigadores creen que pensar en nuestra propia muerte desencadena un mecanismo automático de defensa en sentido contrario, que activa pensamientos más positivos. 

8. Dejar que escaneen el cerebro mientras la pareja provoca un orgasmo (Objetivo: estudiar la función de la glándula pituitaria) 

Once mujeres y once hombres participaron en un estudio para el cual, la condición principal era que no tuviesen mucha vergüenza ya que consistía en dejar que los investigadores escanearan sus cerebros, mientras su pareja les provocaba un orgasmo a través de la estimulación de los genitales.

Gracias a este inusual experimento, investigadores del Hospital de Groningen, en los Países Bajos, pudieron apreciar que durante el orgasmo de las mujeres, la glándula pituitaria regula la liberación de hormonas como la oxitocina y la prolactina. Durante el orgasmo femenino se produce un aumento significativo del flujo sanguíneo a la pituitaria, un cambio que no se apreció en los hombres. 

9. Resolver anagramas recibiendo reproches (Objetivo: estudiar los efectos de la provocación en la agresión)

Las personas que participaron en este experimento se enfrentaban a una tarea complicada: debían resolver anagramas mientras un investigador les repetía incesantemente que no decían las respuestas lo suficientemente alto. En un momento, el investigador se enfadaba y les recriminaba duramente. Todo esto ocurría mientras en el fondo se escuchaba el pasaje de la tormenta de la sexta sinfonía de Beethoven.

El objetivo de estos investigadores de la Universidad de California del Sur era ver qué efecto tendrían las provocaciones, en la relación de los participantes con una tercera persona ajena a lo sucedido. Así, hicieron pasar a otro investigador para que les diera retroalimentación sobre su desempeño. De esta forma se pudo apreciar que cuando el feedback era neutro, se reducía la tensión pero cuando era negativo, las personas reaccionaban de manera violenta y descontrolada. 

10. Completar un test psicológico con la vejiga llena

En este experimento, se le pidió a algunas personas que bebieran 5 vasos de agua durante 45 minutos, tiempo más que suficiente para que su vejiga se llenara y sintieran la necesidad de ir al baño. Después, les realizaron una serie de preguntas dirigidas a determinar si deseaban recibir una recompensa económica por su participación inmediatamente o si preferían postergarla y recibir una remuneración mayor.

El objetivo de estos psicólogos, de la Universidad de Leuven, era comprobar si la urgencia por orinar influiría en las decisiones de los participantes. Curiosamente, las personas que tenían la vejiga llena fueron las que más apostaron por aplazar la recompensa. Los investigadores consideran que la necesidad de controlar los deseos de orinar, se extiende al ámbito psicológico, lo cual nos llevaría a ejercer un mayor autocontrol y nos facilitaría postergar las gratificaciones, tomando así decisiones más racionales.


Fuentes:
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Nijs, I. et. Al. (2010) Differences in attention to food and food intake between overweight/obese and normal-weight females under conditions of hunger and satiety. Appetite; 54(2): 243–254.
Nili, u. et. Al. (2010) Fear thou not: activity of frontal and temporal circuits in moments of real-life courage. Neuron; 66(6):949-962. 
Paine, P. et. Al. (2009) Exploring relationships for visceral and somatic pain with autonomic control and personality. Pain; 144(3): 236-244.
DeWall, C. N. & Baurmeister, R. F. (2007) From Terror to Joy. Automatic Tuning to Positive Affective Information Following Mortality Salience. Psychological Science; 18(11): 984-990.
Case, T. I. et. Al. (2006) My baby doesn't smell as bad as yours. The plasticity of disgust. Evolution and Human Behavior; 27(5): 357–365.
Pederse, W. C. et. Al. (2000) The moderating effect of trivial triggering provocation on displaced aggression. J Pers Soc Psychol;78(5): 913-927.
Apsler, R. (1975) Effects of embarrassment on behavior toward others. Journal of Personality and Social Psychology; 32(1): 145-153.
Heron, W. (1956) The Pathology of Boredom. Scientific American; 52-57.

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Jennifer Delgado Suárez

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