12/05/2014

Olvidar un gran amor: ¿Es imposible?

Corazón con cerillas

Cuando una relación de pareja llega a su fin suele dejar tras de sí una estela de dolor. Sin embargo, con el paso del tiempo ese dolor se va mitigando hasta desaparecer por completo. De hecho, hay relaciones que incluso se pierden en la bruma del tiempo, pasan a ocupar un lugar gris en alguno de los cajones de nuestro armario mental. No obstante, hay relaciones cuyo recuerdo es mucho más resistente y nos ataca en cualquier momento, aunque hayan pasado años, se trata de los grandes amores.

Todo aquel que haya tenido un gran amor sabrá lo difícil que es olvidar esa relación. Puedes proponértelo conscientemente, puedes vivir nuevas experiencias o conocer a otras personas pero el recuerdo de esa relación continúa estando presente, como si todo hubiera ocurrido ayer mismo. ¿Por qué? ¿Acaso es imposible olvidar un gran amor?

Los grandes amores dejan profundas huellas cerebrales


Un gran amor nos deja marcados, y no se trata de una mera metáfora. Los neurocientíficos están convencidos de que la clave se halla en nuestro cerebro. En práctica, cuando una relación amorosa es muy intensa genera en nuestro cerebro una especie de “huellas” o “anclas” que se mantienen activas en nuestra memoria aunque pase el tiempo. Se trata de un circuito neurológico a través del cual fijamos con mayor intensidad aquellos recuerdos que tienen una fuerte impronta emocional.

Desde esta perspectiva, da igual que después de la relación nos quedemos solos para intentar sanar la herida o que encontremos inmediatamente a otra persona, nos resultará imposible evitar que nuestro cerebro siga activando los recuerdos de ese gran amor. Es lo que se denomina “conflicto cerebral” ya que, aunque la relación haya llegado a su fin y no queramos pensar más en ella, nuestro cerebro sigue activando los recuerdos, incluso contra nuestra voluntad.

Este fenómeno ocurre, principalmente, en el lóbulo temporal. En esta zona del cerebro se encuentra el hipocampo, un área que almacena la memoria declarativa (todos aquellos datos de carácter verbal vinculados a ese gran amor) y la amígdala (que contiene todas las emociones vinculadas a la relación).

El problema es que nuestro cerebro prioriza el almacenaje de todas aquellas experiencias que tienen un fuerte impacto emocional. De hecho, a nivel de laboratorio se ha podido apreciar que recordamos mejor las palabras que tienen un significado emocional mientras olvidamos con facilidad los vocablos neutros. También recordamos más detalles de una historia que nos emocione. 

En nuestro cerebro todo está pensado para darle importancia a las emociones. Por ejemplo, hay más conexiones neurales que van desde el sistema límbico (encargado de procesar las emociones) hasta la corteza cerebral (zona vinculada al pensamiento y la razón) que recorriendo el camino inverso. El sistema límbico actúa como el primer interruptor cuando llega la información del medio, a partir de ahí, si el estímulo es significativo emocionalmente, la amígdala se activa y se segregan una serie de neurotransmisores que estimulan el hipocampo. Entonces se produce la fijación del recuerdo y se crea un patrón, una huella mnésica.

Obviamente, mientras más intenso sea ese contexto emocional, más indeleble será el recuerdo. Se trata de un mecanismo de defensa ancestral que nos permite reconocer inmediatamente cuando estamos ante un peligro o, al contrario, cuando se trata de una situación que nos produce placer o alegría.

Por eso, cuando recordamos el gran amor, no solo se activa el hipocampo sino también la amígdala y todo el sistema límbico, de manera que volvemos a experimentar muchas sensaciones y continuamos reaccionando intensamente ante la otra persona. Estos recuerdos pueden ser activados por cualquier cosa, desde una canción hasta un aroma, una imagen o un simple pensamiento. Esa también es la razón por la cual, encontrar a la persona que fue ese gran amor, continúa generando una verdadera oleada de emociones aunque haya pasado mucho tiempo. En ese momento la amígdala toma el control y secuestra, al menos en parte, la razón.

En práctica, nuestros recuerdos son tan fuertes y están grabados con tal precisión en nuestro cerebro que resulta muy difícil borrarlos y, como consecuencia, pueden activarse incluso al cabo de los años. 

¿El tiempo nos permite olvidar un gran amor?


El hecho de que recordemos con intensidad un gran amor no significa que este siga siendo doloroso. Con el paso del tiempo el dolor se mitiga y comienzan a fluir las experiencias más positivas que se vivieron en pareja. 

Con el tiempo se produce una revisión automática de las conexiones cerebrales que habían sido creadas, nuestro cerebro comienza a comprender que existen algunos patrones que no es necesario activar constantemente por lo que, poco a poco, les brinda menos importancia y los va pasando a un segundo plano. Ese es el momento en el cual, ese gran amor pierde peso y podemos seguir adelante. 

Obviamente, para que ocurra ese proceso de redistribución de las redes neurales que ya habían sido creadas, no solo es importante que pase el tiempo sino también que creemos otros significados emocionales, de manera que las nuevas experiencias y relaciones puedan ocupar, poco a poco, el lugar que estaba destinado a ese gran amor.


Fuentes:
Fisher, H. E. et. Al. (2010) Reward, addiction, and emotion regulation systems associated with rejection in love. Journal of Neurophysiology; 104: 51-60.
Bartels, A. & Zeki, S. (2000) The neural basis of romantic love. Neuroreport; 11(17): 3829-3834.
McGaugh, j. L. & Cahill, L. (1998) Mechanisms of emotional arousal and lasting declarative memory. TINS; 21(7): 294-299.

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Jennifer Delgado Suárez

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