11/21/2014

Niños malcriados: 7 señales de alarma

niño desobediente

Educar a un niño es uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos en la vida. De eso no hay dudas, sobre todo si tenemos en cuenta que los bebés no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo y que a menudo debemos recurrir a nuestro instinto, el cual, dicho sea de paso, no siempre nos conduce por los mejores derroteros. 

Sin embargo, rectificar es de sabios. Nunca es demasiado tarde para detectar qué estamos haciendo mal y reencontrar el camino porque una educación demasiado protectora o permisiva puede tener consecuencias terribles, no solo para el desarrollo del niño sino también para la dinámica familiar. 

Un niño malcriado no es un niño feliz, y su familia tampoco lo es. Por eso es tan importante aprender a detectar las primeras señales de peligro y ponerles coto lo antes posible.


¿Cómo detectar a un niño malcriado?


1. Las rabietas se convierten en pan cotidiano. Las rabietas son comunes cuando los niños son pequeños y pueden considerarse normales hasta los 3 o 4 años ya que son, esencialmente, una válvula de escape para que el niño exprese su frustración. Cuando el niño es pequeño le resulta difícil poner en palabras lo que siente por lo que lo expresa a través de su cuerpo. Además, su nivel de autocontrol aún es muy escaso. Sin embargo, a medida que crece aumenta su control y su capacacidad de expresión por lo que las rabietas no tienen cabida. Las rabietas en un niño en edad escolar suelen ser síntoma de que está mimado en exceso.

2. Nunca se siente satisfecho. Cuando siempre le has dado todo lo que ha querido y no ha escuchado un “no” en su vida, el niño crece creyendo que es el centro del universo, que todos viven para servirle. Como resultado, nunca se muestran conformes con lo que tienen y quieren siempre más. Por ejemplo, sus juguetes le satisfacen durante un periodo de tiempo muy corto e inmediatamente quiere que le compren otros, o pide un plato especial para la cena pero después no lo come.

3. Intenta controlar a los adultos. Los niños son excelentes manipuladores, aunque la mayoría de los adultos no suele darse cuenta de ello. No obstante, el niño malcriado va un paso más allá e intenta controlar el comportamiento de sus padres e incidir en sus decisiones. Esto se debe a que no establece una diferencia entre los adultos y sus coetáneos, él es el ombligo del mundo y todos deben plegarse a sus deseos. Para lograr su cometido recurre a todo tipo de estratagemas, desde las rabietas hasta fingirse enfermo o incluso la confrontación directa.

4. No sigue tus órdenes. Los niños no son pequeños soldados ni los padres generales de infantería. Sin embargo, los pequeños necesitan ciertas reglas, que no solo los mantendrán a salvo sino que también les harán sentirse más seguros y tranquilos. Por eso, los padres no tienen que rogarle al niño para que cumpla una orden sensata y tampoco tienen que sobornarlo para que lo haga. El niño debe comprender y aceptar que los padres tienen autoridad y deben obedecer cuando les piden algo.

5. No ayuda en casa. Cuando los niños son pequeños, son muy egocéntricos, creen que el mundo gira a su alrededor. Sin embargo, a partir de los 3 o 4 años el niño abandona esa actitud, se comienza a interesar por los sentimientos de los demás y se muestra más cooperativo. En este momento los padres deben irle dando diferentes responsabilidades, como recoger sus juguetes o guardar sus zapatos. No obstante, una de las características más distintivas del niño malcriado es que parece no importarle el trabajo que hagan sus padres, él no está dispuesto a ayudar y a menudo ignora tus peticiones.

6. Te avergüenza a propósito en público. Cuando el niño comprende que algunos de sus comportamientos te avergüenzan, los aprovecha para manipularte y llamar la atención en público. Por eso, es frecuente que sus rabietas tengan lugar en sitios públicos o que desvele cosas que te hagan sentir incómoda, incluso si le has advertido que no debe decirlas.

7. No comparte sus cosas. Hasta los 4 años la mayoría de los niños no tienen un interés especial por los otros pequeños, juegan en paralelo. Sin embargo, a partir de esta edad comienzan a jugar juntos y comparten sus juguetes. Es normal que el pequeño no quiera compartir algunos juguetes, los que considera especiales y a los cuales está más apegado pero esta no puede ser la norma. El niño malcriado no solo se muestra reticente a compartir sus juguetes y propiedades sino que incluso exige que los demás compartan con él. Asume un comportamiento profundamente egoísta.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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