9/18/2014

Si siempre se ha hecho así, por algo será…

carabelas pintadas de colores

“Sixto Martínez cumplió el servicio militar en un cuartel de Sevilla.

En medio del patio de ese cuartel, había un banquito. Junto al banquito, un soldado hacía guardia. Nadie sabía porqué se hacía la guardia del banquito. La guardia se hacía porque se hacía, noche y día, todas las noches, todos los días, y de generación en generación los oficiales transmitían la orden y los soldados obedecían. Nadie nunca dudó, nadie nunca preguntó. Si así se había hecho, por algo sería.

Y así siguió siendo hasta que alguien, no sé que general o coronel, quiso conocer la orden original. Hubo que revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar, se supo. Hacía treinta y un años, dos meses y cuatro días, un oficial había mandado montar guardia junto al banquito, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre pintura fresca.”

Esta original historia se encuentra en el “Libro de los Abrazos” de Eduardo Galeano (que recomiendo a todos los que no lo hayan leído, dicho sea de paso) y es perfecta para comprender cómo surgen y se mantienen las tradiciones y, junto a ellas, los estereotipos y los hábitos.


Víctimas de nuestras tradiciones


Frases como “si siempre se ha hecho así, por algo será”, “es una tradición” o “nos viene de familia” son muy frecuentes e incluso es probable que en alguna ocasión hayas echo uso de ellas para intentar excusar un comportamiento que ha sido puesto en entredicho. Sin embargo, estas frases encierran una falacia, conocida como argumentum ad antiquitatem.

La apelación a la tradición es una falacia de la lógica que implica que porque algo se ha hecho de cierta forma desde hace mucho tiempo, está bien o es verdadero. Es decir, se piensa que el hecho de que siempre se haya hecho así, es razón más que suficiente para continuar perpetuando el hábito, aunque no conozcamos los motivos que lo sustentaron en un primer momento y si estos continúan siendo válidos en las circunstancias actuales.

Según esta falacia, las mujeres deberían quedarse en casa, a cuidar del hogar, el marido y los niños, porque así se ha hecho en el pasado. O una idea nueva podría ser mala simplemente porque nadie la ha puesto en práctica antes. O la tauromaquia es buena porque corresponde a una tradición ancestral. 

Las personas que caen en esta falacia no se dan cuenta de que los tiempos han cambiado y probablemente las razones que dieron lugar a determinados hábitos y estereotipos ya no existen. Por tanto, la tradición deja de tener sentido. Que algo sea antiguo no significa que sea bueno y, sobre todo, no significa que deba perpetuarse.

¿Por qué nos apegamos a las tradiciones?


A medida que crecemos, las tradiciones van integrándose en nuestra identidad, contribuyen a formar hábitos que nos brindan estabilidad y nos hacen sentir seguros, nos ayudan a construir nuestra zona de confort. Como la mayoría de las personas no tiene los recursos psicológicos necesarios para lidiar con la incertidumbre y suelen presentar una fuerte resistencia al cambio, tienden a aferrarse a lo conocido, a las tradiciones.

Curiosamente, mientras más cambia la sociedad y el mundo a nuestro alrededor, más nos aferramos a las tradiciones, estas se convierten en verdaderas tablas de salvación en un mar agitado que nos confieren esa dosis de certeza que necesitamos. Cuando percibimos un peligro externo, también recurrimos a las tradiciones porque estas son como el pegamento que da sentido y aglutina a determinadas comunidades o grupos sociales.

Las tradiciones, aunque no sepamos de dónde surgieron ni por qué las seguimos, le dan un orden inmediato a nuestro mundo y eso nos hace sentir seguros. Por eso las perpetuamos. 

Lo curioso es que podemos calificar de “salvajes y báraras” las tradiciones de otros pueblos pero no somos capaces de analizar con objetividad nuestras propias tradiciones. Como hemos nacido con ellas, simplemente las aceptamos sin cuestionarlas.

¿Significa eso que debemos desligarnos de las tradiciones?

No.

Significa simplemente que debemos reflexionar sobre la pertinencia de determinadas tradiciones. 

Significa que no debemos escudarnos detrás de la frase: “Si siempre se ha hecho así, por algo será”.

Significa que debemos estar abiertos a otras opciones y a la posibilidad de cambiar para adaptarnos a las nuevas circunstancias.

La señal de alarma se debe activar cuando, en vez de dar argumentos lógicos y coherentes, te parapetas en tu posición y no quieres escuchar razones, cuando asumes determinados hábitos sin cuestionarlos y sin saber de dónde provienen. 

No olvides que dejar de pensar es muy peligroso porque siempre hay quienes están dispuestos a pensar por nosotros.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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Muy buen artículo. El ejemplo más claro que me viene a la cabeza respecto a lo que aquí se expone es la explotación animal en su conjunto. Vivimos en una sociedad donde se vulneran diariamente los derechos de un sinfín de individuos, esclavizándolos, asesinándolos y sometiéndolos en definitiva a nuestra entera voluntad para satisfacer nuestros más superfluos caprichos de gastronomía, moda o entretenimiento por el único motivo de no pertenecer a nuestra especie y bajo la principal excusa de que es algo que se ha hecho siempre.

Superar nuestros más arraigados prejuicios y los patrones educacionales que heredamos y nos son establecidos sin cuestionamiento es lo que nos ha permitido en el pasado superar atrocidades tan perfectamente asumidas como la esclavitud humana o el sexismo, e igualmente, debemos ahora cuestionarnos si la barrera de la especie tiene algún tipo de fundamento racional en nuestra consideración moral.

Igor,
No puedo estar más de acuerdo contigo. A menudo las personas no reflexionan sobre el hecho de que las tradiciones no siempre se adaptan a los tiempos modernos y, sobre todo, a veces pueden ser dañinas, ya sea para nosotros mismos o para los demás, como pueden ser los animales, un tema con el que me siento muy comprometida.

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