9/25/2014

Rencor: Consumirse a fuego lento por voluntad propia

pájaro aislado

Dos hombres habían compartido una celda en prisión durante varios años. Ambos habían sido encarcelados injustamente y sufrieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Finalmente, fueron puestos en libertad. Al cabo del tiempo volvieron a encontrarse.

Uno de ellos le preguntó al otro:

- ¿Aún te acuerdas de los guardias?

- No, he podido olvidar todo. ¿Y tú?

- Yo sigo odiándolos con todo mi ser – respondió.

El amigo lo miró con tristeza y le dijo:

- Entonces aún te tienen preso.

Esta fábula nos indica que el rencor es un arma de doble filo, mientras sentimos un enfado profundo y persistente hacia otra persona, nos estamos haciendo daño a nosotros mismos. Al odiar y sentir sed de venganza, no lastimamos al objeto de nuestros sentimientos sino que nos impedimos reencontrar el equilibrio emocional y, a la larga, incluso podemos enfermar.


¿Por qué aparece el rencor?


El rencor es una desazón que se produce cuando creemos que otra persona nos ha ofendido, maltratado o humillado de alguna manera. Generalmente se debe a un insulto u ofensa o a un engaño y abuso de confianza. De una forma u otra, en la base del rencor se encuentra una expectativa incumplida. Creemos que una persona debe comportarse con nosotros de cierta manera y cuando hace justo lo contrario, a veces no solo nos sentimos decepcionados sino también frustrados y enfadados.

Cuando creemos que esa persona ha violado nuestros derechos y nos ha causado daño, aparece el resentimiento. Si esta sensación no se deja ir sino que se alimenta continuamente con el deseo de venganza, se convierte en un profundo rencor, en un sentimiento irascible que nos llena por completo y no deja espacio para nada más.

El rencor surge de una acción que consideramos ofensiva y que produce un profundo malestar pero somos nosotros quienes perpetuamos ese sentimiento, somos nosotros quienes decidimos consumirnos a fuego lento y permitimos que ese malestar se apodere de nuestra vida.

¿Cómo perpetuamos el rencor?


No siempre somos conscientes de que estamos alimentando el rencor, a veces lo hacemos de forma automática, dándole rienda suelta a nuestros pensamientos y dejando que se regodeen con sus ansias de venganza.

Los principales mecanismos a través de los cuales permitimos que el rencor se enquiste son:

- Resistirse a pasar página y recordar continuamente lo ocurrido. Las personas rencorosas se niegan a hacer las paces y a olvidar la afrenta, vuelven sobre el hecho una y otra vez, como si fuese un disco rayado. Obviamente, cuando el daño ha sido grave, no podemos olvidar en el sentido literal del término pero podemos aceptar emocionalmente lo ocurrido y, aún así, elegir seguir adelante. Cuando aceptamos una experiencia dolorosa, le restamos su impacto emocional negativo, cuando no la aceptamos le damos más poder para seguir causándonos daño.

- Fantasear continuamente con la venganza. A veces imaginar cómo habríamos podido responder en determinada situación tiene un poder catártico ya que nos permite liberar las tensiones sin hacer que la sangre llegue al río. Sin embargo, las personas rencorosas se regodean fantaseando con la venganza, hasta tal punto que esta se convierte en una obsesión. De esta forma se mantienen atados al rencor y lo alimentan.

- Asumir una visión parcializada del hecho. Cuando sufrimos una herida emocional, reaccionamos con dolor y el rencor puede sentar casa. En esos momentos nuestra mente se nubla y vemos la situación desde una perspectiva muy parcial. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, vamos captando más detalles y hasta llegamos a comprender por qué la otra persona actuó de cierta forma. Sin embargo, la persona rencorosa se parapeta en su visión de los hechos y cree que solo ella tiene la verdad, creyendo que el otro está equivocado y que el mundo es un lugar hostil. El rencor se convierte en un cristal a través del cual valora lo ocurrido y le conduce a ignorar cualquier aspecto positivo.

Los daños que provoca el rencor


La persona rencorosa piensa que le está haciendo daño al otro porque no le perdona pero en realidad, el mayor daño se lo está haciendo a sí misma. De hecho, aunque pueda parecer un contrasentido, a menudo causa más daño el rencor que la ofensa recibida.

El rencor hace que la persona:

- Se convierta en un reservorio de sentimientos negativos. El resentimiento no viene solo, se acompaña con tristeza, ira y frustración, estados que se autoalimentan y al crecer, no dejan espacio para sentimientos más positivos. De esta forma, la persona rencorosa no logra disfrutar de la vida, es como si arrastrara un fardo muy pesado permanentemente.

- Actúe de manera irascible. Las emociones intensas, como el rencor, terminan nublando la razón por lo que es más fácil que la persona se convierta en una víctima del resentimiento y este le conduzca a tomar malas decisiones, decisiones que incluso pueden apartarle de las persona que ama y conducirle a la soledad. 

- Enferme. Cuando las emociones negativas se convierten en pan cotidiano, no solo terminan provocando desequilibrios psicológicos sino también diferentes problemas de salud. El odio y el rencor pueden somatizarse y provocar problemas de salud. Una investigación que recogió los datos médicos de casi 10.000 personas descubrió que aquellas que solían guardar rencor también reportaban un mayor número de infartos, enfermedades cardíacas, hipertensión, úlceras, artritis y dolor crónico.

Recuerda que la única manera de vivir consiste en dejar el pasado en el pasado. No te conviertas en un juez irascible, aunque el daño infringido haya sido grande, intenta perdonar y mirar al futuro. 

Aprender a dejar ir el rencor vale la pena, el mayor beneficiario serás tú mismo.


Fuente: 
Messias, E. et. Al. (2009) Bearing grudges and physical health: relationship to smoking, cardiovascular health and ulcers. Journal Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology; 45(2):183-187.

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Jennifer Delgado Suárez

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