9/18/2014

A más nalgadas, menos materia gris

padre pegando hijo

En los últimos años se ha debatido mucho sobre cuál es la mejor forma de disciplinar a los niños. Hay quienes afirman que “una buena nalgada” hace maravillas y es conveniente de vez en cuando. De hecho, una encuesta a nivel nacional realizada en Estados Unidos desveló que más de la mitad de las madres considera que una nalgada es necesaria y alrededor del 94% de los padres reconoció que había puesto en práctica este método al menos una vez a lo largo del último año.

Por supuesto, también hay firmes partidarios de que se puede educar recurriendo únicamente a las palabras. Las investigaciones realizadas sobre este tema indican que el castigo corporal tiene consecuencias negativas y aumenta las probabilidades de que el niño desarrolle comportamientos antisociales y problemas psicológicos o termine recurriendo al alcohol y las drogas. También se ha descubierto una correlación entre el castigo físico y la violencia desde etapas muy tempranas de la vida.

Ahora un nuevo estudio vuelve a poner el dedo en la llaga ya que investigadores de la Universidad de Harvard afirman que el castigo físico altera el funcionamiento cerebral. Y no se trataría únicamente de sufrir un trauma psicológico sino de que estos niños tienen menos materia gris que el resto.



El castigo físico afecta la inteligencia


Estos neurocientíficos analizaron a 1.455 jóvenes, con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años, a los cuales sometieron a un escáner cerebral. Estos jóvenes debían haber recibido al menos una nalgada al mes durante más de tres años, preferentemente con objetos como un cinturón o una pala. A continuación, compararon sus resultados con los de 22 personas que no habían recibido castigos corporales frecuentes durante su infancia.

Así fue como hallaron que los niños a los que les daban nalgadas con regularidad tenían menos materia gris en algunas áreas de la corteza prefrontal (la zona vinculada al control del comportamiento y la toma de decisiones). Además, también apreciaron que mientras menos materia gris había, más bajos eran los resultados en las pruebas de inteligencia.

De hecho, no se trata del único estudio que ha llegado a estas conclusiones. Ese mismo año investigadores de la Universidad de New Hampshire trabajaron con más de 1.500 niños de entre 2 y 9 años y descubrieron que el castigo físico estaba vinculado con una disminución del Coeficiente de Inteligencia, sobre todo cuando este se continuaba infringiendo más allá de los 5 años.

¿Cómo debemos interpretar estos resultados?


Ante todo, debemos tener en cuenta que la violencia o la inteligencia no son aspectos unideterminados; es decir, en su desarrollo influyen muchos factores. Por tanto, es difícil establecer una relación directa entre el castigo físico y determinados comportamientos o capacidades. De la misma manera, es complicado determinar que determinadas conductas han provocado cambios específicos a nivel cerebral pues podría caerse en el riesgo de las correlaciones espurias. Por ejemplo, también se podría pensar que los niños que han necesitado más correcciones por problemas de autocontrol, ya presentaban determinadas “deficiencias” a nivel de la corteza prefrontal.

Por supuesto, esto no significa que el castigo físico sea una solución para los problemas que se presentan a lo largo de la educación infantil. También debemos tener en cuenta que la violencia genera violencia. ¿Cómo se puede enseñar el autocontrol si los padres, que son los modelos del niño, son los primeros que pierden la paciencia y recurren a los golpes? Los niños aprenden, básicamente, por imitación y, si no tienen un modelo de autocontrol a seguir y creen que la violencia es una conducta aceptable, es probable que cuando crezcan también recurran a la violencia.

Por otra parte, no podemos olvidar que la violencia genera una profunda frustración y una sensación de impotencia, sentimientos que no son positivos y que, a la larga, podrían expresarse a través del uso de drogas y la aparición de comportamientos antisociales o de problemas psicológicos como la depresión.

Por eso, la próxima vez que pienses que a ti te dieron unas nalgadas y que saliste bien, podrías preguntarte si prosperaste debido a las nalgadas... o a pesar de estas.


Fuentes:
(2013) Attitudes Toward Spanking. En: Child Trends.
Afifi, T. O. et. Al. (2012) Physical punishment and mental disorders: Results from a nationally representative U.S. sample. Pediatrics; 130(2): 1-9. 
Taylor, C. A. et. Al. (2010) Mothers' Spanking of 3-Year-Old Children and Subsequent Risk of Children's Aggressive Behavior. Pediatrics; 125(5): 1057-1065.
Tomoda, A. et. Al. (2009) Reduced Prefrontal Cortical Gray Matter Volume in Young Adults Exposed to Harsh Corporal Punishment. Neuroimage; 47(2): 66-71.
Straus, M. A. & Paschall, M. J. (2009) Corporal Punishment by Mothers and Development of Children's Cognitive Ability: A Longitudinal Study ofTwo Nationally Representative Age Cohorts. Journal of Agression, Maltreatment & Trauma; 18: 459-483.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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1 opiniones... Comparte tus ideas

Muy buena información, para desmitificar "mitos" muy arraigados en el inconsciente popular..
Cariños, Naty

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