7/01/2014

¿Por qué los niños olvidan las cosas?


Olvidan los materiales del colegio, los deberes escolares, los recados que les encomendamos… Los despistes de los niños son comunes y se convierten en uno de los principales motivos de consulta de los padres en los centros de Psicología y Psicopedagogía. Las causas de estos olvidos son múltiples y en algunas ocasiones se deben a un trastorno de base pero, afortunadamente, en la mayoría de los casos el problema radica en la inmadurez del sistema nervioso infantil.


El cerebro se desarrolla de manera desigual


Las capacidades cognitivas, como la atención y la memoria, se desarrollan con la edad y están condicionadas por el nivel de maduración neurológica. Poco a poco, los niños van logrando un mayor control de sus procesos atencionales de manera que, aunque a los 2 años atienden a un estímulo solo durante 7 minutos, a los 5 años logran concentrarse en ese mismo estímulo durante una media de 14 minutos.

De hecho, el desarrollo cerebral que tiene lugar durante los primeros años de la infancia es asombroso. Basta pensar que el peso del cerebro de los niños pasa del 25% al 75% de lo que será el cerebro adulto tan solo durante los dos primeros años de vida. Sin embargo, no todas las zonas del cerebro se desarrollan con la misma velocidad, en especial las que están implicadas en la memoria.

Por ejemplo, las células que componen el hipocampo, una estructura esencial para la formación de los recuerdos, ya están formadas al final del periodo prenatal pero las células del giro dentado, una estructura que vincula al hipocampo con las regiones corticales, no aparecen hasta el primer año de vida. 

Los niños recuerdan de manera parcial


Un estudio muy interesante realizado en la Universidad de Ohio nos ha desvelado nuevas pistas para comprender cómo funciona la memoria de los niños. Según estos investigadores, la clave de los olvidos radica en que los pequeños no tienen una buena memoria episódica.

De hecho, la memoria no implica recordar solamente los hechos sino también dónde y cuándo sucedieron. A esto se le conoce como memoria episódica, que se desarrollaría fundamentalmente después de los 7 años. Por tanto, los niños más pequeños podrían no tener dificultades para recordar hechos o eventos sencillos pero les resultaría difícil enmarcarlos en tiempo y espacio. 

En el experimento se trabajó con niños de entre 4 y 7 años, a los cuales les mostraron imágenes de diferentes pares de objetos. Lo interesante es que les mostraron algunas parejas mientras estaban dentro de una casa de juguete de color rojo y otras dentro de una casa azul. Los niños no solo debían recordar las parejas de objetos sino también en qué casas se los habían mostrado. Así se pudo apreciar que los pequeños no solían tener problemas para vincular dos objetos entre sí pero olvidaban el contexto donde los habían visto. 

Estos resultados nos indican que debemos re adecuar nuestras exigencias y expectativas sobre la memoria infantil. Por ejemplo, un niño pequeño podría recordar que las clases de matemáticas son por las mañanas y las de lectura por las tardes pero probablemente olvidaría que un día a la semana el horario de las clases se invierte. Para recordar este tipo de detalles se necesita una estructura de memoria mucho más compleja, que normalmente se desarrolla después de los 7 años.

Hoy también sabemos que los procesos de familiaridad y recuperación de la memoria siguen caminos diferentes dentro del cerebro. Por ejemplo, cuando el niño reconoce a una persona o identifica un sitio, ocurre un proceso automático que está listo para trabajar a la perfección alrededor de los 5 años. Sin embargo, cuando el niño debe buscar de manera consciente en su memoria para recuperar determinados detalles, este proceso de recuperación es más complejo y comienza a formarse alrededor de los 3-4 años pero termina su desarrollo en la adolescencia.

Debemos considerar que la memoria no es un simple reservorio de información que funciona de manera automática. También es necesario que seamos capaces de reforzar los recuerdos y que logremos acceder a ellos de manera consciente. Los niños no tienen muy desarrolladas estas capacidades y no cuentan con estrategias o técnicas que les permitan recordar con facilidad. Por tanto, la próxima vez que tu pequeño olvide algo, no te alteres. Ármate de paciencia y recuerda que la clave radica en no agobiarlo con diferentes órdenes porque es probable que no logre recordarlas todas.


Fuentes:
Yim, H. et. Al. (2013) The Development of Episodic Memory. Items, Contexts and Relations. Psychological Science; 24(11): 2163-2172.
Yonelinas, A. P. et. Al. (2005) Separating the brain regions involved in recollection and familiarity in recognition memory. Journal of Neuroscience; 25(11):3002-3008.
Seress, L. (2001) Morphological changes of the human hippocampal formation from midgestation to early childhood. En: Handbook of developmental cognitive neuroscience. Cambridge; MIT Press: 45-58.

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Jennifer Delgado Suárez

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