3/14/2014

Las costumbres que te atrapan: ¿Cómo se forman?


Albert Einstein afirmó que “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Y es cierto, sobre todo porque en muchas ocasiones no somos conscientes de la existencia de ese prejuicio pero este determina nuestras actitudes y comportamientos. ¿Por qué?

Los prejuicios, creencias y costumbres forman parte de nuestra visión del mundo, de un paradigma a través del cual analizamos las diferentes situaciones y respondemos ante ellas. Los paradigmas suelen tener un alcance social; es decir, engloban las experiencias, creencias y valores que comparte determinado grupo. Obviamente, una vez que se ha establecido, cambiar el paradigma es bastante complicado porque se trata de un sistema de valores y pensamientos estable que se ha ido consolidando a través de años o incluso durante décadas.

Cada paradigma supone una serie de costumbres que la persona debe seguir si desea ser aceptada dentro de cierto grupo. A menudo estas costumbres no se explican sino que se van transmitiendo de una generación a otra por lo que muchos las siguen sin comprender por qué. Cuándo les preguntamos su origen y motivo, simplemente nos dicen que “siempre se ha hecho así”. De hecho, el paradigma es un cinturón de fuerza tan estrecho que la mayoría de las personas ni siquiera se pregunta si las cosas se podrían hacer de otra manera.

El origen del paradigma


Muchas de las costumbres que hoy mantenemos se remontan a siglos atrás, cuando realmente tenían un sentido. En aquel tiempo, esos comportamientos tenían una razón de ser y respondían a la forma de pensar de la época. Tomemos como ejemplo las corridas de toros.

Todo se remonta a la antigua Roma, cuando en los coliseos se arrojaban uros a la arena para que una persona perteneciente a una familia noble mostrase su valentía y dotes como cazador. Se elegía precisamente a un toro porque se trataba de un animal al cual se solía sacrificar para contentar a los dioses, mucho antes de que se impusiese la fe católica, obviamente. Por otra parte, estos espectáculos también servían para entretener a la plebe y evitar sublevaciones por lo que tenían un doble carácter: religioso y político.

Esta tradición se exportó a la antigua Hispania, donde la pasión por las corridas de toros cobró fuerzas. Hoy los motivos que dieron origen a tal entretenimiento ya no existen y este ejercicio no se corresponde con los valores que sustenta gran parte de nuestra sociedad pero muchas personas siguen aferradas a la tradición, aunque ni siquiera conocen cómo surgió.

¿Por qué se mantiene el paradigma?


Ante todo, el paradigma se mantiene porque el grupo actúa como un agente represor. Es decir, las personas a nuestro alrededor siguen las tradiciones e imponen determinadas normas implícitas de manera tal que si alguien no las sigue, es aislado del grupo. Como a la mayoría de las personas les resulta difícil renegar del grupo, sobre todo si este es importante (como puede ser el grupo familiar o de amigos), prefiere adaptarse al paradigma y seguir las costumbres impuestas.

Por otra parte, hay casos en los cuales las personas han interiorizado tanto esas tradiciones que estas llegan a formar parte de su identidad. Eso implica que sin las tradiciones se sentirían perdidos, tendrían que verse obligados a reconstruir una parte de su identidad. Y ese proceso puede llegar a ser doloroso por lo que prefieren mantenerse en su zona de confort. Después de todo, “siempre se ha hecho así”.

Os dejo un vídeo muy simpático donde se explica cómo nace un paradigma, quedémonos con el mensaje final: "no porque las cosas siempre hayan sido así, deben seguir siendo así por siempre".


¿Quién soy yo para cambiar las cosas?


Los verdaderos cambios a nivel social se han realizado cuando un grupo determinado se ha atrevido a desafiar el paradigma imperante y proponer una vía nueva, cuando se han atrevido a ir más allá de las costumbres. Sin embargo, a nivel personal, también es importante que miremos dentro de nosotros y nos preguntemos si esa tradición, ese hábito o esa manera de comprender el mundo realmente tiene sentido. 

Algunas preguntas te servirán de guía: 

- ¿Tu manera de comprender el mundo te hace feliz?

- ¿Tu visión de la vida es tuya o ha sido impuesta por las personas que te rodean?

- ¿Los estereotipos y prejuicios a menudo te causan problemas o restringen tus potencialidades?

- ¿Es realmente eficaz ese comportamiento?

Recuerda que a veces, para seguir avanzando, es necesario detenerse, volver atrás y cambiar algunas cosas.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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