2/26/2014

La falta de sueño: ¿Cómo afecta a nuestro cerebro?


La falta de sueño incide sobre nuestro cerebro y puede provocar desde demencia hasta obesidad, patologías metabólicas e incluso, en los casos más extremos, la muerte. En nuestro día a día, la privación del sueño se manifiesta retardando nuestra reacción ante los estímulos, alterando nuestra capacidad de raciocinio y provocando dificultades para concentrarnos en aquellas tareas que nos resultan monótonas. Diversos estudios han demostrado además que el sueño deteriora nuestro rendimiento en las pruebas de memoria y afecta profundamente nuestra capacidad de aprendizaje.

Induce comportamientos irreflexivos


Un estudio desarrollado en la Universidad de Minnesota, ha descubierto que la falta de sueño hace que nuestro cerebro se comporte como el de un adolescente. ¿Por qué? La razón es muy sencilla: la privación del sueño obstaculiza el funcionamiento de los lóbulos frontales, que son los principales responsables del juicio ejecutivo; o sea, la capacidad de prestar atención y tomar buenas decisiones.

Estos investigadores notaron que cuando las personas están muy cansadas y necesitan un sueño reparador, el flujo de sangre hacia las áreas de la zona frontal del cerebro es menor y las ondas cerebrales se mueven con mayor lentitud. Como resultado, se afecta nuestra capacidad para responder de forma asertiva ante los estímulos del entorno y es más probable que nos equivoquemos o que hagamos cosas que jamás nos hubiésemos atrevido a hacer.



Perdemos tejido cerebral


Un estudio muy reciente realizado en la Universidad de Uppsala, en Suecia, sugiere que la falta de sueño hace que perdamos tejido cerebral. Estos investigadores analizaron a 15 personas jóvenes y sanas, la mitad de ellos no durmió durante una noche y la otra mitad tuvo un sueño reparador de 8 horas. Al día siguiente, los investigadores les hicieron exámenes de sangre y lo que descubrieron fue asombroso.

En la sangre de las personas que no habían dormido, había concentraciones más elevadas de NSE y S-100B, dos moléculas que normalmente se encuentran en las neuronas y las células gliales. Este incremento del 20% en los niveles de NSE y S-100B hace pensar a los investigadores que la falta de sueño conduce a la pérdida de tejido cerebral. De hecho, en estudios anteriores ya se había podido apreciar que las personas que sufren una enfermedad neurodegenerativa presentaban niveles muy elevados en sangre de estas moléculas.

¿Por qué el sueño es tan importante para nuestro cerebro?


Durante un ciclo de sueño normal, los niveles de glucosa del metabolismo cerebral caen en un 30%, en comparación con el estado de vigilia. Esto se debe a que durante el sueño se reduce drásticamente la cantidad de información que nuestro cerebro procesa. Al contrario, cuando nos mantenemos despiertos en la noche, seguimos procesando esta información por lo que nuestro cerebro continúa consumiendo glucosa. 

¿Qué significa todo esto a nivel de metabolismo?

A grosso modo, el hecho de seguir despiertos demanda más energía, que nuestro organismo extrae de la glucosa. En ese proceso, que se denomina fosforilación oxidativa, se desprende una pequeña cantidad de subproductos que se conocen como especies reactivas del oxígeno (ROS). Obviamente, mientras menos durmamos, más especies reactivas del oxígeno produciremos y estas terminarán causando daños a las neuronas o incluso produciendo su muerte.

En este sentido, hace poco un estudio realizado en el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos descubrió que mientras estamos despiertos y nuestro cerebro se mantiene activo, estos productos de desecho se van acumulando. Sin embargo, durante el sueño logramos deshacernos de ellos a través de una red de pequeños canales que corren a través del líquido cefalorraquídeo y que se encarga de llevar todas esas toxinas al hígado, donde se eliminarán por completo de nuestro organismo.

Por tanto, la falta de sueño no solo aumenta el volumen de productos de desecho del metabolismo cerebral sino que también nos impide eliminarlos. Por eso no es descabellado hipotetizar que la falta de sueño puede ser un factor determinante para la aparición de patologías neurodegenerativas como el Alzheimer, que no es más que la acumulación de placas producidas por la beta-amiloide, una proteína que comienza destruyendo las sinapsis y termina atacando a las neuronas.


Fuentes:
Xie, L. et. Al. (2013) Sleep Drives Metabolite Clearance from the Adult Brain. Science; 342(6156): 373-377.
Benedict C et al. Acute sleep deprivation increases serum levels of neuron-specific enolase (NSE) and S100 calcium binding protein B (S-100B) in healthy young men. Sleep; 37(1):195-198.
Howell, A. J. et. Al. (2008) Relations among mindfulness, well-being, and sleep. Personality and Individual Differences; 45(8): 773–777.

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Jennifer Delgado Suárez

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