2/15/2014

Actuar con ecuanimidad


Imagina que hay una persona mayor sentada en un parque viendo a unos niños jugar. No se trata de un joven sino de alguien que ha tenido una vida plena. Los niños juegan en la arena con un camión y una pala pero de repente la pala se les rompe y los niños se asustan, lloran, se molestan. ¿Qué crees que hará la persona mayor? ¿Cómo reaccionará?

¿Crees que esa persona les dirá: “no llores, no es un problema, en la vida tendrás que enfrentar problemas peores”? ¿Crees que la persona mayor se sentirá triste y llorará junto a los niños? ¡Pues no!

La mayoría de las personas mayores tienen la experiencia suficiente como para saber que se trata tan solo de una pala de juguete y que las palas se rompen, es algo normal. Sin embargo, también son capaces de comprender que en ese preciso instante los niños están vivenciando la rotura de su pala como un problema. ¿Qué significa esto? Lo que quiero decir es que las personas mayores entienden a los niños, comprenden lo que están sintiendo, pero aún así son capaces de tomar la distancia psicológica que se necesita para poder ayudarlos.

Esto, a grosso modo, es la ecuanimidad. De hecho, cuando vas a contarle a alguien tus problemas no querrás que se eche a llorar contigo, lo que deseas es que te comprenda pero también que te apoye, que sea más fuerte que tú, que te dé una perspectiva diferente de la situación por la que estás atravesando.

Aprender a actuar con ecuanimidad (preferentemente antes de llegar a la tercera edad), no solo nos permitirá ayudar a las personas que amamos sino a nosotros mismos, es la clave para lograr una vida más satisfactoria y equilibrada.


¿Cómo es una persona ecuánime?


La ecuanimidad implica armonía, es ofrecer una respuesta proporcionada ante los estímulos intentando mantener el equilibrio psicológico. La persona ecuánime sabe que todo es mutable y por eso no se aferra a las cosas pero tampoco las rechaza, simplemente las acepta. 

No obstante, eso no significa que la persona ecuánime no experimente emociones y sentimientos, todo lo contrario. Esta persona es compasiva y sensible pero también es equilibrada por lo que puede analizar las situaciones desde una perspectiva más objetiva. Esto le permite reaccionar de manera menos intensa ante los sucesos negativos y centrarse más en vivir el presente.

¿Cómo desarrollar la ecuanimidad?


Una buena estrategia que te ayudará a desarrollar la ecuanimidad es comprender que la mayoría de los problemas que enfrentamos en la vida son difíciles pero no horribles; son problemas, no catástrofes. Sin embargo, a menudo lo olvidamos e incluso utilizamos adjetivos para calificarlos que demuestran cuánto magnificamos un problema. 

Por tanto, si quieres desarrollar la ecuanimidad, el primer paso será tener bajo control tu vocabulario. Utiliza palabras como “desastre”, “horrible”, “espantoso” y “catástrofe” solo cuando sean realmente necesarias. Este simple cambio te ayudará a distanciarte un poco de los problemas y verlos en su justa perspectiva.

No obstante, aceptar plenamente la idea de que todo cambia es el pilar fundamental de la ecuanimidad. Cuando comprendes que el mundo que te rodea está en continua transformación, tu perspectiva cambiará porque te darás cuenta de que es más sencillo seguir la “corriente universal” que luchar contra ella.

Por supuesto, estos cambios no se logran de un día para el otro. A algunos les llevará semanas e incluso meses mientras otros necesitarán años. La ecuanimidad no promete un camino fácil sino una manera más equilibrada de enfrentar la vida.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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Una pregunta... ¿Una persona que se enfurece por un suceso injusto sería ecuánime? Está bien aceptar las cosas tal y como son. Pero en el caso de una injusticia creo que entraría también el factor del orgullo y seguro que alguno más. Por lo tanto no me queda del todo claro.

La respuesta a tu pregunta está en el texto, te cito algunas partes:
"La ecuanimidad implica armonía, es ofrecer una respuesta proporcionada ante los estímulos intentando mantener el equilibrio psicológico."
"(...) eso no significa que la persona ecuánime no experimente emociones y sentimientos, todo lo contrario."

Creo que las emociones como la furia o la ira son naturales en situaciones de interpretamos como injustas, pero pasado ese primer contacto inicial con esa situación debemos plantearnos si estas emociones nos ayudan a resolver el problema o si por el contrario debemos reconducirlas y elaborarlas hacia otra dirección, hacia otras emociones y sentimientos que nos ayuden a valorar la situación y nos ofrezcan soluciones constructivas. Creo que una pregunta muy importante que debemos hacernos es: "¿De qué me sirve pensar o sentirme así?" Si la respuesta es positiva y te hace sentir bien contigo mismo adelante; si, por el contrario, no consigues bienestar quizás debas plantearte algunos cambios en tu diálogo interno. Seguro que te hará sentir mucho mejor.

Silvia,
En efecto, emociones que socialmente catalogamos como negativas, como pueden ser la ira y la furia, son una respuesta ante determinada situación por lo que no podemos culparnos de experimentarlas.
El punto es ¿qué hacemos con ellas? Ante todo, aceptar que están ahí y, después, buscar una manera asertiva para expresarlas.
A veces estamos tan enojados que somos incapaces de enrolarnos en una conversación sin terminar discutiendo e hiriendo al otro. En esos casos, lo mejor es buscar una válvula de escape, como puede ser practicar actividad física, por ejemplo.
Las personas con Inteligencia Emocional no son aquellas que no experimentan emociones negativas sino las que saben encauzarlas y lograr que estas no le dañen ni afecten sus relaciones interpersonales.

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