1/15/2014

¿Por qué los niños se tapan los ojos para ocultarse?


Es adorable ver cómo los niños pequeños creen que están ocultos para los demás tan solo con taparse los ojos. Es como si al cerrar los ojos o llevarse las manos a ellos, una capa de invisibilidad se extendiese a su alrededor. ¿A qué se debe este comportamiento? ¿Cómo es posible que los niños no sepan que los demás los siguen viendo?

Estas mismas preguntas se las plantearon investigadores de la Universidad de Cambridge, quienes trabajaron con niños de entre dos y cuatro años de edad. De decenas de pequeños, solo uno pudo llegar a comprender que las personas a su alrededor lo podían ver aunque se tapase los ojos.

Estos psicólogos diseñaron un experimento muy sencillo y original: le pedían a los niños que se pusiesen una máscara con gafas oscuras que no les permitían ver y después les preguntaban si la otra persona que se encontraba en la habitación los podía ver. Así se pudo comprobar que los pequeños piensan que el simple hecho de que ellos no puedan ver, es sinónimo de que son invisibles.

En este punto los investigadores se preguntaron si la creencia de invisibilidad estaba vinculada a la imposibilidad de ver o al hecho de ocultar los ojos. Ni cortos ni perezosos, idearon una segunda versión del experimento en la cual los niños usaban las mismas máscaras con gafas oscuras pero con estas podían ver (como las clásicas gafas de sol). Una vez más, los pequeños pensaron que al ocultar sus ojos, eran invisibles, lo cual nos indica que no se trata de que puedan ver o no, sino tan solo de la acción de ocultar los ojos.


La Teoría de la Mente


Todo parece indicar que los niños realizan una asociación entre el “yo” y los ojos, lo cual les lleva a pensar que cuando se tapan los ojos, son invisibles. Los investigadores pusieron en práctica un tercer experimento en el cual, la otra persona de la habitación intentaba entablar contacto visual con el niño cuando este llevaba la máscara con las gafas con las cuales podía ver.

En este punto se apreció que cuando se entablaba contacto visual, los niños dejaban de sentirse invisibles. Sin embargo, cuando la otra persona no establecía un contacto visual directo, los pequeños seguían creyendo que eran invisibles. ¿Por qué?

Ante todo, se debe especificar que a esta edad los niños aún no se han apropiado de la Teoría de la Mente. Es decir, son muy egocéntricos y no son capaces de ponerse en el lugar del otro, de comprender sus pensamientos. 

Para entender mejor este fenómeno, podemos remitirnos a un experimento clásico en el cual, se le presenta a un niño una especie de historieta. En ella se aprecia a otro niño escondiendo un juguete y después sale de la habitación. Acto seguido, entra una persona y cambia de lugar el juguete, escondiéndolo en otro sitio. En este punto, entra nuevamente el niño en la habitación y va a buscar su juguete, ¿dónde irá a buscarlo?

Lo más lógico es que el niño vaya a buscarlo donde lo escondió ya que no sabe que ha entrado otra persona y lo ha cambiado de lugar. Sin embargo, los niños pequeños suponen que el personaje maneja la misma información que ellos por lo que se equivocan e indican el lugar correcto en el que se encuentra el juguete. Esto significa que no son capaces de desligarse de su conocimiento para entrar en la mente del otro niño y comprender que este no conoce los mismos datos que ellos.

Por tanto, sería lógico suponer que cuando los niños piensan que están escondidos, también presuponen que son invisibles para el resto del mundo, aunque no sea así. Sin embargo, esta es solo una parte de la explicación, la otra parte se encuentra en la teoría de la Atención Conjunta.

La Atención Conjunta


La Atención Conjunta implica la posibilidad de prestarle atención a un objeto, fenómeno o actividad mientras se comparte la atención con otra persona. Es decir, cada persona no solo es consciente del objeto sino que también sabe que el otro es consciente de su existencia, lo cual implica un encuentro entre las mentes para dirigirlas a un foco de atención que ha despertado el interés de ambas.

El ejemplo clásico de este fenómeno es cuando una persona mira hacia un lugar y después dirigimos nuestra atención hacia allí. Antes de que se uniese la atención de ambos, el objeto existía solo en la mente de uno de ellos pero después ha pasado a ser un objeto compartido, un objeto que existe para el otro. Para los adultos se trata de algo muy sencillo pero no para los niños. De hecho, los niños comienzan a seguir la mirada solo a partir de los 6-18 meses. 

Pues bien, según los experimentos llevados a cabo por estos investigadores, los niños aplican el principio de la Atención Conjunta a sí mismos. Es decir, no comprenden que son visibles para la otra persona hasta que no se cruzan sus miradas, hasta que no existe ese momento de Atención Conjunta.

Diez fantásticos ejemplos de cómo los niños pequeños se esconden


Y para terminar, nada mejor que hacerlo con algunas de las imágenes más tiernas de niños que intentan esconderse pero… lo logran solo a medias.

1. De la serie, si nos escondemos juntos, puede ser que no nos pillen, o que nos confundan con dos columnas en la pared.


2. Este niño no se ha dado cuenta de que el árbol es demasiado estrecho como para taparlo. Pero bueno, al fin y al cabo, lo que cuenta es esconder los ojos.


3. De la serie imposible que me descubran, mis padres solo miran a la pantalla del ordenador.


4. Olvidé esconder la mitad del cuerpo, pero lo que es la cabeza, no la encontrarán :)


5. ¡Buen intento de camuflarse con los juguetes!


6. Algo similar quiere hacer este niño, solo que intenta camuflarse con el edredón.


7. ¡Casi lo logra! Si no llega a ser por los pies...


8. ¿Por qué habrán dejado tan alta esta maldita toalla?


9. Ha sido un escondite improvisado, supongo.


10. Este niño no ha tenido en cuenta que los cocodrilos no suben por las paredes de una habitación infantil. A menos que se trate de una película de terror, claro está.



Fuente: 
Rusella, J. et. Al. (2012) Why Do Young Children Hide by Closing Their Eyes? Self-Visibility and the Developing Concept of Self. Journal of Cognition and Development; 13(4) 550-576.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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