5/29/2013

Poniéndole precio a las emociones


¿Estarías dispuesto a pagar más por experimentar felicidad o por evitar la sensación de vergüenza? Pues bien, tu respuesta dependerá en gran medida de la cultura en la cual hayas crecido.

Ahora un equipo de investigadores de las universidades de Hong Kong y de Cambridge realizó un experimento muy curioso en el cual analizaban cuánto estaríamos dispuestos a pagar por experimentar diferentes emociones.

En la primera parte del experimento reclutaron a 97 estudiantes británicos y les dijeron que tenían hasta £150 para comprar todas las emociones positivas que quisieran y evitar todas las negativas. El primer resultado que saltó a la vista fue que los estudiantes estaban dispuestos a pagar más por vivir experiencias positivas que por evitar las negativas.

En el top de la lista se encontraban la felicidad y la tristeza mientras que en la posición más baja se encontró el disgusto.

Sin embargo, cuando los investigadores repitieron el experimento con estudiantes chinos, no se apreció un desnivel tan acuciado. Es decir, ellos estaban dispuestos a pagar sumas de dinero bastante similares lo mismo por experimentar emociones positivas que por evitar las emociones negativas.

¿Qué significan estas diferencias?

En primer lugar que, como parte de una cultura, tendemos a compartir ciertos valores y a percibir algunas emociones como más valiosas que otras. En las últimas décadas, el desenfreno de la Psicología Positiva ha llevado a colocar la felicidad en un pedestal y la ha equiparado con el éxito por lo que no es extraño que la mayoría de nosotros estemos dispuestos a pagar mucho por conseguirla.

Sin embargo, en una cultura diferente, el deseo de evitar las emociones negativas es tan fuerte como la necesidad de experimentar emociones positivas, sobre todo si hablamos de una sociedad donde el sentido de grupo aún es muy fuerte. Por eso no es extraño que los estudiantes chinos estuviesen a pagar casi la misma cantidad de dinero por la felicidad que por evitar el rechazo social.

Más allá de los datos estadísticos y de las conclusiones generales, creo que lo verdaderamente importante sería preguntarse a sí mismos: ¿cuánto estaría dispuesto a pagar por cada emoción? No hagas trampa, a lo mejor te sorprenden tus respuestas. De una forma u otra, siempre te darán una buena pista para reflexionar sobre tus objetivos en la vida.


Fuente:
Lau, H.; White, M. & Schnall, S. (2012) Quantifying the Value of Emotions Using a Willingness to Pay Approach. Journal of Happiness Studies.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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