9/07/2012

Introversión y asesinato: ¿Dos caras de la misma moneda?


Recientemente James Holmes irrumpió en un cine de Colorado y mató a tiros a 12 personas hiriendo a otras más. No es un caso aislado, son varios los episodios como este que han ocurrido a través de la historia y, desgraciadamente, de seguro contaremos con otros más. Lo curioso es que casi siempre, cuando se entrevista a vecinos y amigos, suele salir a la luz que se trataba de una “persona introvertida”, encerrada en sí misma, con pocos amigos.

Y entonces todos asienten tristemente con la cabeza, como si entre la introversión y el deseo de matar existiese una profunda e irrefutable relación. Sin embargo, lo cierto es que en el mundo existen millones de personas introvertidas (se piensa que alrededor de un 25% de la población) que no van por la calle con una pistola o un cuchillo en mano matando a los demás. Entonces… ¿será cierto que la introversión es un factor determinante para el desarrollo de una psicopatía o una psicosis?

A arrojar nuevas luces sobre este fenómeno acude un estudio realizado en el año 2010. Estos psicólogos estudiaron lo que se conoce como la “Tríada Oscura de la Vulnerabilidad”: un narcisismo hipersensitivo, una psicopatía y un trastorno de personalidad borderline. No obstante, lo curioso fue que esta tríada se ha relacionado con la emocionalidad negativa pero también se ha demostrado que es inversamente proporcional a la introversión y la desinhibición.

A sustentar esta idea acude otro estudio realizado en la Universidad de Oxford donde se demostró que las bases neurofisiológicas de la introversión descansan en el sistema inhibitorio que incluye la corteza orbitofrontal (relacionada con el procesamiento cognitivo en la toma de decisiones), razón por la cual las personas introvertidas suelen hablar menos y pensar más que los extrovertidos y motivo por el cual suelen demorarse más en tomar sus decisiones.

Otro experimento ha sacado a la luz un descubrimiento aún más interesante: en el cerebro de las personas introvertidas circula más sangre y esta viaja a través de caminos diversos (en comparación con el cerebro de las personas extrovertidas). De hecho, el “camino” por el cual circula a sangre en el cerebro de las personas introvertidas es mucho más complejo, lo cual podría explicar el hecho de que se le ocurran las ideas cuando ya es demasiado tarde.

Por si fuera poco, se ha visto que los introvertidos son muy sensibles a la dopamina por lo que, si en ciertas circunstancias su cuerpo produce cantidades por encima de la norma de este neurotransmisor, su organismo se sentirá sobreestimulado ya que realmente está más acostumbrado a la producción de la acetilcolina (relacionada con el sueño).

Sin embargo, otros estudios han demostrado que el aislamiento social puede amplificar las consecuencias negativas del estrés y aumentar el riesgo de desarrollar ciertas psicopatologías. Entonces… ¿dónde está la respuesta?

Realmente la personalidad es un constructo complejo que se va conformando a lo largo de la vida y a través de nuestras vivencias. Esto significa que la extroversión-introversión no son sino simples características que se añaden a un cuadro mucho más complejo. Además, la introversión no es un factor que existe per se sino que es un continuo que se puede manifestar en mayor o menor medida en diferentes situaciones.

Por otra parte, la introversión no es necesariamente una característica negativa. Muchos genios han sido introvertidos ya que el estar solos consigo mismo nos ayuda a explorar nuestras facetas más ocultas y creativas.

Todo esto implica que la introversión por sí sola no es un motivo suficiente para desarrollar ninguna patología mental. Puede ser un aliciente pero sin lugar a dudas no es la chispa que enciende las llamas.


Fuentes:
Miller, J. D. (2010) Searching for a Vulnerable Dark Triad: Comparing Factor 2 Psychopathy, Vulnerable Narcissism, and Borderline Personality Disorder. Journal of Personality; 78(5): 1529-1564.
Lieberman, M. et. Al. (2000) Introversion and working memory: central executive differences. Personality and Individual Differences; 28: 479-486.
Johnson, D. L. et. Al. (1999) Cerebral Blood Flow and Personality: A Positron Emission Tomography Study. American Journal of Psychiatry; 156: 252-257.
Gray, J. A. et. Al. (1970) The psychophysiological basis of introversion-extraversion. Behaviour Research and Therapy; 8(3): 249-266.

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Jennifer Delgado Suárez

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