5/08/2012

Nuestro segundo cerebro: ¿Dónde está y cómo funciona?

Todos tenemos nuestro propio “gurú de la inteligencia emocional” y se encuentra nada menos y nada más que en nuestro intestino. Por muy improbable que pueda parecer, los psicólogos han hallado que el sistema intestinal puede explicar por qué buscamos algunos alimentos y no otros cuando estamos estresados, deprimidos o ansiosos.

Científicos como Michael Gershon, profesor de patología y biología celular de la Universidad de Columbia, piensan que nuestro intestino funciona como un segundo cerebro y que incluso tiene cierta independencia de la actividad neuronal.

Después de cinco décadas de trabajo en este campo de investigación, algunos científicos han propuesto un nuevo término: “el sistema nervioso entérico”, con el cual se indicarían las funciones del sistema intestinal como regulador del comportamiento. Por supuesto, tampoco faltan quienes consideran al intestino como un engranaje más del sistema nervioso autónomo pero Gershon cree que es mucho más. De hecho, el intestino envía señales directamente al cerebro que afectan directamente los sentimientos de tristeza o estrés e incluso afecta la memoria, el aprendizaje y el proceso de toma de decisiones.

Quienes proponen que el intestino es nuestro “segundo cerebro” se basan en el hecho de que aquí se producen más de 30 neurotransmisores, incluyendo la serotonina. Además, también se ha demostrado que incidiendo sobre la actividad del intestino se puede mejorar los síntomas de la depresión e incluso los del autismo.

¿Cómo comenzó todo? Esta idea partió del descubrimiento de que criaturas como los gusanos, poseen un único sistema nervioso que es muy parecido a nuestro sistema nervioso entérico. Así, los investigadores hipotetizaron que los ganglios, los circuitos nerviosos e incluso el propio cerebro se desarrollaron a partir de órganos mucho más primitivos como podría ser el intestino. Por supuesto, pensar en nosotros mismos asociándonos a los gusanos no es muy reconfortante pero quizás esta idea no anda del todo desacertada.


Los alimentos y el estado de ánimo

Todos sabemos que los alimentos influyen en nuestros estados de ánimo pero no fue hasta hace poco que esta relación se pudo demostrar irrebatiblemente. Hoy se conoce que algunos componentes específicos de los alimentos ejercen un efecto directo sobre las neurohormonas en el intestino que, a continuación, envía una señal al cerebro.

En un curioso experimento los investigadores lograron que los voluntarios accedieran a no comer sino a alimentarse mediante una sonda nasogástrica que enviaba los alimentos directamente a su estómago. En el mientras, escanearon sus cerebros para saber qué sucedía. La diferencia estribó en que a algunas personas le pasaron una solución salina y a otros una mezcla de ácidos grasos.

Así los investigadores pudieron apreciar que apenas los ácidos grasos llegaron al estómago, en el cerebro se activaron las regiones relacionadas con las emociones, se apreció un aumento del flujo sanguíneo en el tronco cerebral y la mayoría de las zonas del sistema límbico se activaron. En fin, que las grasas (aunque no sean muy saludables) nos hacen sentir más satisfechos y felices.

No obstante, aunque las neurohormonas son particularmente potentes, no son los únicos “jugadores” en el eje intestino-cerebro. Cada día se descubren nuevas evidencias de que los 100 billones de bacterias que viven en nuestros intestinos hacen mucho más que digerir la comida.

Por ejemplo, Jane Foster, una neurocientífica canadiense, está convencida de que desde el mismo momento en que nacemos existe una conexión directa entre intestino y cerebro. Durante la infancia, esta comunicación juega un papel determinante en cómo se conforman las conexiones neuronales afectando la memoria y los estados de ánimo puesto que induciría cambios en la amígdala (el regulador central del miedo) y el hipocampo (la región que controla la memoria y el aprendizaje).

Uno de los estudios más recientes que brinda nuevas evidencias sobre el papel de las bacterias en nuestro estado de ánimo fue realizado en la UCLA. En este caso se apreció que un tipo específico de lactobacillus normalmente contenido en el yogurt y el queso, altera los receptores del neurotransmisor GABA reduciendo la ansiedad.

Obviamente, nuestro segundo cerebro no es racional pero nos podría ayudar a tomar decisiones ya que nos indica respuestas básicas ante algunas situaciones. Por eso sentimos “mariposillas” en el estómago cuando estamos frente a una persona que nos resulta atractiva o sentimos “revoltura” cuando debemos enfrentar una situación que nos desagrada. Y es que el sistema nervioso entérico sería una respuesta muy básica y ancestral ante las situaciones de la vida cotidiana.


Fuente:
Hurley, D. (2011, Noviembre) Yor backup brain. En: Psychology Today.

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6 opiniones... Comparte tus ideas

me parece una aportacions muy interesante

Comoflorenprimavera delete 12 de mayo de 2012, 9:18

¡Vaya! Realmente curioso, gracias por la información.

Sabemos de la gran relación de nuestro cerebro con todos los órganos, me encanta que compartan información tan importante y más aún cuando deseamos más información relacionada a la gastritis emocional.

Gracias a todos por su retroalimentación.
La relación entre nuestro cerebro y el resto de los órganos internos recién se esta descubriendo así que no dudo que el futuro nos depare grandes sorpresas en este ámbito.

Estoy estudiando las emociones y créanlo nunca pensé en esta relación, gracias por el dato.

Es una relación básica. Te recomiendo los trabajos de Ardila, son muy interesantes y rigurosos.

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