Seis reglas para realizar una crítica constructiva

>> 9 de diciembre de 2011


Criticar es fácil, realizar una crítica constructiva es un arte. A veces pareciera que tuviéramos incluido en nuestro ADN el “don” de criticar y es que evitar esta postura hipercrítica es sumamente difícil. De hecho, les motivo a que pasen un día entero sin criticar nada. De seguro antes de que pasen tres horas se encontrarán criticando algo.

No obstante, la crítica no tiene por qué ser negativa sino que puede convertirse en un punto de apoyo para crecer, en este caso me refiero a la crítica constructiva,

El objetivo esencial de la crítica constructiva es lograr un cambio favorable que beneficie a los otros (y esta es la idea que siempre debemos tener presente cuando vayamos a criticar). Con demasiada frecuencia cometemos el error de analizar únicamente nuestro punto de vista sin tener en cuenta las necesidades o propósitos que tienen los otros. Por eso, antes de criticar, es necesario abrir nuestra mente y preguntarnos si nuestra crítica realmente puede aportarle algo positivo a la otra persona.

En este punto podrás comprender que realizar una crítica constructiva que ayude a crecer al otro no es tarea fácil; sin embargo, existen algunas reglas que pueden ayudarte:

1. Ser autocrítico: ¿Estamos criticando un error que nosotros mismos solemos cometer? ¿Vamos a sugerirle a una persona que sea más flexible cuando nosotros no lo somos? Normalmente la crítica es aceptada con agrado cuando proviene de una persona confiable y madura. Esto quiere decir que la técnica: “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, no se aplica a las críticas constructivas.

2. Personalizar: mientras más personalizada sea la crítica, más probabilidades tendrá de llegar a buen puerto. Hablar en sentido general no ayuda, es mejor determinar adecuadamente el objetivo y hacerlo llegar de forma concisa y personalizada al caso que tenemos delante.

3. Criticar resultados y comportamientos, no personas: el hecho de que alguien haya hecho mal algo, no significa que la persona sea incompetente. El hecho de que se haya comportado de manera rígida ante una situación no significa que sea una mala persona. Por ende, cuando criticamos debemos tener cuidado con las palabras utilizadas. Una crítica constructiva no tiene el objetivo de hacer sentir mal al otro sino de ayudarle, por ende, no le criticamos como persona sino que apuntamos los errores de sus resultados o comportamientos.

4. Utilizar el tono adecuado: el objetivo de una crítica constructiva no es vencer al otro sino convencerlo de los problemas o errores. Por ende, el tono de sabelotodo o de prepotencia no es el más adecuado. Intenta asumir la postura del amigo o del compañero que desea sugerirle un cambio.

5. Buscar el momento adecuado: en ciertas ocasiones, sobre todo en los lugares públicos o cuando la persona está muy comprometida emocionalmente, es mejor posponer la crítica para otro momento. Si realmente deseamos que la otra persona cambie, debemos esperar a que tenga una disposición emocional adecuada para escuchar lo que deseamos decirle.

6. Brindar sugerencias y apoyo: a veces, por muy constructiva que sea la crítica, la soltamos cual “patata caliente”. Es decir, apuntamos lo que anda mal pero no le brindamos un posible camino para que solucione la problemática. Esto provoca desazón y angustia en la persona que es criticada ya que se siente perdido y sin brújula. Por eso, antes de criticar, es mejor pensar en cuáles podrían ser las posibles opciones para cambiar lo que está mal hecho. Si no tenemos ninguna solución a mano, entonces es importante brindarles nuestro apoyo para encontrar juntos una salida.

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