7/16/2011

Cómo ser creativos: La clave está en la actitud

Ser inteligentes puede bastar para que una persona sea creativa una o dos veces en un punto u otro de su vida pero no es suficiente para llevar una vida creativa ni para sostener la creatividad durante cierto periodo de tiempo.

Según la teoría triárquica de Sternberg, la inteligencia tiene tres partes y cada una de ellas participa activamente en la creatividad. La parte sintética permite definir problemas y proponer ideas, la parte analítica permite reconocer ideas, estructurarlas, asignarles recursos y evaluarlas, y la parte práctica está relacionada con la capacidad de presentar ideas frente a otras personas y realizarlas.

En este modelo sólo las dos primeras partes se encuentran dentro del dominio intelectual (la inteligencia en el sentido clásico) pero la tercera supone actitudes y rasgos de personalidad. Cuando una persona se enfrenta a un problema puede ser capaz de seleccionar, codificar, comparar, analizar o procesar información pero nada de eso garantiza que pondrá en acción sus ideas o que será creativo.

Precisamente por eso se hace referencia a algunas actitudes esenciales para desarrollar la creatividad como por ejemplo: sensibilidad ante los problemas, tolerancia a la ambigüedad, tolerancia a la frustración, manejo de la incertidumbre, voluntad de obrar, motivación intrínseca, autoestima positiva, apertura a la experiencia, atracción por la complejidad, identidad personal, sentido lúdico, aceptación del riesgo, aceptación del error, voluntad de crecer, perseverancia ante los obstáculos, independencia de pensamiento y sentido del humor. En fin, la lista es enorme pero dentro de ella (¡afortunadamente!) existen algunos factores más importantes que otros.

La apertura a la experiencia es un factor esencial y se refiere a una disposición interna para ampliar los límites de la conciencia. en otras palabras, tener curiosidad por el entorno e iniciativa para explorar y conocer.

Se pueden distinguir cinco tipos de apertura:

En primer lugar, la apertura a la fantasía que hace referencia a la voluntad de entrar en el mundo interno y dejar que la mente deambule libremente. En segundo lugar, la apertura a la estética que hace referencia al despliegue de los sentidos y la voluntad para valorar la diversidad de tipos de expresión artística. En tercer lugar, la apertura a los sentimientos que se traduce en la comprensión y aceptación de las propias emociones. En cuarto lugar, la apertura a las acciones que se expresa en nuevas actividades. Y en quinto lugar, la apertura a las ideas que implica curiosidad intelectual y disposición para examinar tanto cuestiones de carácter teórico, como ético y valórico.

Esta concepción está relacionada básicamente con una disposición para explorar, cruzar barreras, ir más allá de lo establecido y romper el cerco de lo familiar.

Otro factor que ayuda a ser creativos es la tolerancia de la ambigüedad. Muchos problemas importantes no pueden ser resueltos en forma rápida y por tanto exigen un proceso largo. En estos casos la persona debe permanecer mucho tiempo en una situación incierta y sin una salida visible.

La capacidad para convivir con estas situaciones sin renunciar es lo que se asocia a esta actitud. Si una persona es víctima de la impaciencia durante un proceso de búsqueda (ya sea porque se encuentra ante un abanico de posibilidades o porque se halla en medio de una multitud de elementos sin orden ni estructura), tiene pocas probabilidades de progresar. La solución de un problema complejo demanda períodos de incubación prolongados, a veces cercanos a la intuición, en donde la mente recorre nuevos caminos, salta a distintos planos y se detiene en detalles de aparente insignificancia por lo que es esencial aceptar y convivir con la ambigüedad.

Junto a la ambigüedad propia de los procesos creativos también es frecuente la experiencia de la frustración. Muchos intentos resultan fallidos y los obstáculos que se interponen en el camino casi siempre son más numerosos y poderosos de lo esperado. En síntesis, con frecuencia la realidad no se acomoda a nuestras expectativas y ello acarrea sensaciones desagradables e ideas de fracaso. La capacidad para soportar y superar estas situaciones es lo que se llama tolerancia a la frustración.

La creatividad no tiene sus logros asegurados. Habitualmente se conserva la historia de las búsquedas exitosas, pero sabemos muy poco de los esfuerzos que no llegan a buen camino. De hecho, son varias las investigaciones que demuestran que las personas más creativas debieron enfrentar desde su infancia numerosos desafíos y tomar decisiones significativas.

Así, si tuviese que resumirse las actitudes que ayudan a responder a la pregunta cómo ser creativos, podría decirse que son: el manejo de la incertidumbre, la apertura a las nuevas experiencias, la tolerancia a la frustración y la aceptación del error y el riesgo.


Fuente:
López Pérez, R. (1999) Prontuario de la creatividad. Santiago: Bravo y Allende.

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