6/16/2011

Los trastornos sensoriales: Una breve mirada

En el cuerpo humano cada tipo de sensación posee desde el punto de vista morfológico y funcional un analizador particular que es el que identifica la sensación en particular: auditivas, visuales, gustativas, olfativas, táctiles, de temperatura, de dolor. Sin embargo, en determinados casos la capacidad de nuestro cuerpo para percibir lo estímulos externos no funciona adecuadamente como consecuencia de disímiles alteraciones en estos analizadores. Entonces hacemos referencia a los trastornos sensoriales.

Entre estos trastornos se encuentra la anestesia, que es la pérdida total de las sensaciones ya sea por causa orgánica o psicógena como ocurre en la histeria. También suele encontrarse la hiperestesia que consiste en el aumento o exageración de las sensaciones cuando actúa un estímulo particular (Por ejemplo cuando la luz diurna resulta cegadora, cuando la ropa no se soporta o cuando se presenta la intolerancia a los ruidos).

También es común encontrarse personas que sufren de hipoestesia, que es la disminución de la sensibilidad esperada ante un estímulo en particular (por ejemplo, cuando los objetos se perciben como faltos de color; no se sienten los dolores ante los golpes o lesiones o los sonidos no se perciben adecuadamente).

Otro trastorno sensorial es la parestesia, la presencia de sensaciones anormales o inadecuadas provocadas por la acción de estímulos que deberían suscitar otras sensaciones, como por ejemplo cuando la persona refiere mucho calor y el ambiente es frío.

Con una menor incidencia se presenta la cenestesia, caracterizada por sensaciones imprecisas y desagradables procedentes de los órganos internos o de los músculos. En estos casos la persona generalmente no puede precisar el estímulo que las provoca y siente estas sensaciones dentro de sí mismo. Este trastorno suele aparecer en las personas con síndromes hipocondríaco, asténico, delirante o de automatismo psíquico.

En relación con los trastornos sensoriales, se recomienda mantener un extremo cuidado con las personas que lo padecen, sobre todo en aquellas cuyo nivel de sensibilidad haya disminuido y no pueden percibir los estímulos agresivos del ambiente por lo que podrían causarse daño.


Fuentes:
APA (1995) DSM IV: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson.
Hamilton, M. (1986) Psicopatología clínica. Signos y síntomas en Psiquiatría. Madrid: Emalsa.

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Jennifer Delgado Suárez

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