6/07/2010

La historia de los tres Mesías: un viaje a la locura

Todos aquellos que se hayan acercado a un Hospital Psiquiátrico saben que, normalmente, al menos un Cristo siempre existe en sus salas y es que la figura de Jesús siempre ha atraído la atención pero… ¿qué sucedería si un día se encontrasen en un mismo sitio tres personas que afirman ser Cristo?

En la década del ’50 del siglo pasado tres Mesías coexistieron (o los hicieron coexistir) en el Hospital Estatal de Ypsilanti, tan interesante fue la coincidencia que Milton Rokeach, el psiquiatra que llevaba los casos, escribió un libro sobre el tema: “The three Christs of Ypsilanti”, aunque finalmente el mismo terminó fuera de impresión, entre otras causas por su carácter poco ético, pero sin lugar a dudas marcó un hito en la Psiquiatría.

Estos casos resultan sorprendentes porque los delirios, hablando en términos psicológicos, no son simples errores sino que se sustentan en creencias patológicas que reflejan una comprensión deformada de la realidad por lo que, en teoría, serían susceptibles de variarse a partir de la confrontación con ciertos aspectos antagónicos propios del ambiente. Pero como sabemos, la teoría no siempre se corresponde con la realidad y esta historia discurrió por caminos diversos.

¿Quiénes eran estos hombres que se creían Jesús?

Leon Gabor había crecido en Detroit. Su padre abandonó la familia y su madre era una fanática religiosa, tanto así que pasaba el día completo rezando en la Iglesia mientras abandonaba a los pequeños a su suerte. Gabor inició el Seminario pero después se enroló en el ejército. A os 32 años comenzó a escuchar voces que le decían que él era Jesús. Ingresó en el hospital psiquiátrico de Ypsilanti a los 38 años.

Clyde Benson creció en Michigan. A la temprana edad de 24 años su esposa y todos sus parientes murieron. Posteriormente volvió a casarse pero dado al alcohol, se hizo cada vez más violento hasta que perdió todas sus amistades y posesiones. Fue entonces cuando comenzó a pensar que era Jesús. Ingresó en el psiquiátrico a los 70 años.

Joseph Cassel nació en Quebec. Con fuertes rasgos misántropos, se enfrascó en la escritura de un libro y posteriormente comenzó a mostrar los primeros síntomas de locura al pensar que las personas a su alrededor deseaban envenenarlo. A los 29 años comenzó a delirar creyéndose hijo de Dios. Ingresó en el hospital a los 58 años.

Rokeach se dio inmediatamente a la tarea de probar los límites de la identidad, para esto confrontó a los tres Mesías poniéndolos frente a frente, inventó mensajes que ponían en duda sus identidades e incluso buscó ayuda en las terapias psicoanalíticas pero como era de esperar, a pesar de los intentos de los médicos, algunos de ellos verdaderamente poco éticos, más preocupados por saciar su curiosidad científica que por los pacientes, no se evidenciaron cambios significativos sino que las creencias se acentuaron.

¿Cómo hacían estos pacientes para explicar la existencia de tres Mesías? Muy sencillo: dos de ellos afirmaban que los otros pacientes estaban locos mientras que un tercero creía firmemente que los otros Mesías estaban muertos y que eran unas máquinas en su interior quienes le producían estas falsas creencias.

Después de dos años de convivencia, los delirios de los Mesías cambiaron muy poco y verdaderamente los aportes científicos fueron muy escasos, por no decir nulos pero el libro continua siendo un viaje a la experiencia de la locura de tres hombres (¿o cuatro?). Finalmente Rokeach concluye con una frase que expresa no solo sus conclusiones científicas sino también su estado de ánimo: “Mis creencias son mi identidad”.


Fuentes:
Bell, V. (2010, mayo) Jesus, Jesus, Jesus. En: Slate Magazine.
Schneider, R. U. (2009) A trinity of Chrits. En: Mad Science Experiments.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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1 opiniones... Comparte tus ideas

¡Muy interesante! Aunque era de imaginarse que los hombres no iban a dar su brazo a torcer.
Eso es lo que tienen las ideas delirantes, se basan en hechos irreales pero están muy arraigadas en los pacientes y a veces no basta la confrontación con la realidad.
Un saludo como siempre ;-)

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