5/19/2010

¿Orden o desorden? La teoría de la "ventana rota".

No actuamos de la misma manera en una iglesia o en un club nocturno. El por qué de estas diferencias en nuestros comportamientos no estriba únicamente en el significado del entorno sino también en la disposición espacial de las cosas en ese entorno. O al menos así lo afirman psicólogos sociales de los Países Bajos: los entornos donde prima el desorden provocan que las personas no se plieguen a las normas convirtiéndose en una incitación a romperlas.

La idea en sí no es del todo nueva, puede rastrearse hasta Zimbardo, el benemérito profesor de la Universidad de Stanford. En aquella ocasión Zimbardo ubicó dos automóviles idénticos, sin matrícula, uno de ellos en una calle del Bronx y otro en una calle de Palo Alto en California. Probablemente esté de más decir que en menos de diez minutos el automóvil ubicado en el Bronx fue asediado por vándalos para después convertirse en una estación de juego para los niños mientras que el automóvil ubicado en Palo Alto se mantuvo intacto durante toda una semana. Por supuesto, hasta este punto no existe nada extraordinario ni inesperado en el experimento pero posteriormente Zimbardo rompió una ventanilla con un martillo del automóvil ubicado en Palo Alto. En pocas horas este automóvil corrió la misma suerte que el automóvil del Bronx. Vale aclarar que algunos de los vándalos daban la impresión de ser personas totalmente comunes y respetables. Este experimento fue la gota que faltaba para acuñar la teoría de la “ventana rota”.

Esta teoría surgió de la observación empírica de los edificios industriales: si una ventana se rompía y no se arreglaba inmediatamente, en poco tiempo el resto de las ventanas terminaban por correr el mismo destino. Así, una ventana rota se convertía en una incitación para romper el resto.

Vale aclarar que esta teoría ha tenido profundas implicaciones en la lucha contra el crimen. El ejemplo más conocido es el de Rudy Giuliani quien disminuyó considerablemente la tasa de crímenes en la ciudad de Nueva York a partir de tomar medidas severas contra las pequeñas fechorías.

Ahora nuevas investigaciones vienen a enriquecer esta teoría mostrándonos que el orden o el desorden del entorno pueden afectar de manera diversa nuestros comportamientos.

Keiser y su equipo se trasladaron a una zona comercial de Groninga. El experimento fue muy sencillo: se ubicó en un buzón un sobre con un billete de cinco euros de forma que el contenido fuera visible para los paseantes (la imagen original da inicio al artículo). El 13% de las personas que pasaron por el lugar robaron el sobre.

Posteriormente los investigadores decidieron darle un giro a la situación: pintaron todo el buzón con un graffiti. ¿Resultados? El 27% de las personas que pasaron por el mismo lugar robaron el contenido del sobre.

Sin embargo, el graffiti no fue el único elemento que fomentaba un comportamiento poco ético. Cuando el suelo cercano al buzón estaba cubierto de basura el 25% de las personas robó el dinero.

Idénticos resultados se obtuvieron con una serie de experimentos sucesivos. En uno de ellos a las personas se les añadía con una banda un volante a su bicicleta con el mensaje: “Le deseamos unas felices vacaciones” de forma que al regresar del supermercado debían quitarla para poder continuar su camino. En el escenario A las paredes estaban totalmente limpias con una señal muy visible que prohibía la realización de graffiti. En el escenario B se encontraba la misma señal pero las paredes estaba cubiertas de graffiti. No se encontraba ninguna papelera en las cercanías por lo cual la norma social de no tirar basura al piso implicaría que las personas debían llevarse consigo el volante. ¿Qué sucedió? En el escenario A solo el 33% tiró la banda al piso mientras que en el escenario B el mismo comportamiento fue observado en el 69% de las personas.


Sin embargo, los experimentadores deseaban ir más allá y comprobar si las personas también serían capaces de violar prohibiciones legales o realizadas por compañías privadas. Para esto crearon una cerca en la entrada principal del estacionamiento con dos señales muy visibles que prohibían la entrada y la ubicación de bicicletas en el interior. Sin embargo, la puerta se dejó entreabierta unos 60cm. La entrada alternativa se encontraba a unos 200 metros. Una vez más el orden o el desorden marcó una diferencia fundamental: cuando las personas no divisaron ninguna bicicleta en el interior del parqueo, solo el 27% se atrevió a pasar por la puerta; sin embargo, cuando existían bicicletas (obviamente alguien ya había inflingido la norma impuesta) el 82% de las personas decidió entrar por esa puerta.


Los investigadores concluyen que el desorden incita a comportamientos poco éticos, inaceptables no solo desde el punto de vista social sino incluso prohibidos por la ley. Particularmente, además del factor desorden, considero que el hecho de saber que alguien anterior a nosotros ha inflingido la ley nos hace más proclives a infringirla. Algo parecido a la sensación de que no estamos solos y no seremos los primeros pues ya otras personas lo han hecho. ¿Por qué yo no?

Más allá de las posibles hipótesis explicativas lo cierto es que estas investigaciones dejan bien claro algo a las personas encargadas de establecer las leyes y hacer respetar el orden: si cuidamos los detalles del entorno será más fácil que los demás cumplan con lo establecido.


Fuentes:
Keizer, K.; Lindenberg, s. & Steg, L. (2008) The spreading of disorder. Science; 322(5908): 1681-1685.
Wilson, J. Q. & Kelling, G. L. (1982, Marzo) Broken Windows. En: The Atlantic Monthly.

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Jennifer Delgado Suárez

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¡Hola!

La teoría de la ventana rota me recuerda a la ley del ojo por ojo: nadie quiere sacar un ojo a nadie, pero si alguien lo hace entonces está bien sacárselo al que lo hizo. Es decir, infligir una vez las normas nos incita a seguir infligiéndolas.

Interesante blog. Me lo apunto. Un saludo.

Hola Álvaro, es muy interesante la comparación que presentas. Creo que muchas personas tienen miedo de ser los primeros pero una vez que alguien tiene el coraje (o la desfachatez) pues también nos animamos nosotros.
Esto sucede porque sentimos como la responsabilidad se diluye al formar parte de un grupo de personas que ya ha hecho algo similar.
El poder de las masas es muy grande por lo cual en ocasiones suele acarrear consecuencias nefastas.
Un saludo y bievenido al blog.

hola AMIGO ALVARO la verdad que muy bueno me gusto lo expuesto y al mismo tiempo da una reflexión de la importancia de uno para hacer que una sociedad logre desarrollarse ya que muchas veces se piensa que un simple papel no afecta en gran medida pero la influencia de este acto es lo que se debe de tomar en cuenta ekab-Perú

Tambien podemos verlo de forma positiva, un ejemplo es cuando vamos a un pais que impone el orden en el transito vehicular en sus vias o el aseo en zonas publicas, nuestro comportamiento se adapta y ya no cometemos las imprudencias que realizamos en nuestros paises modificando nuestro Comportamiento. Att. Omar aldana

Omar,
En efecto, aunque la Teoría de la Ventana Rota hace referencia al desorden, su principio de base también se puede aplicar en sentido inverso. Por eso muchas personas (no todas) adecúan sus comportamientos al nuevo ambiente en que se encuentran.

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