1/25/2010

Quiero cambiar pero no puedo... ¿Por qué?

Debo reconocer que una buena parte de las personas a las cuales he ayudado a lo largo de mi experiencia profesional tenían un problema común: "deseaban cambiar pero no sabían cómo". O al menos eso decían, ese era su problema manifiesto porque lo cierto es que la mayoría de nosotros somos suficientemente inteligentes desde el punto de vista emocional como para saber cuando un cambio es imprescindible y cómo llevarlo a cabo solo que... muchas veces nos falta el coraje o si se quiere decir en términos menos duros: nos faltan las herramientas psicológicas para enfrentar el cambio.

Particularmente debo confesarles que soy una persona bastante resistente al cambio, por eso me esfuerzo cada día por cambiar y romper con todas las normas que me parecen absurdas.

Entonces, pongamos manos a la obra, enviemos el "cambio" al diván para psicoanalizarlo:

Cambiar, el verdadero cambio, es una tarea difícil. Podemos variar el corte de pelo, nuestro estilo de vestir, podemos apuntarnos en el gimnasio... incluso podemos terminar con una mala relación... pero estos cambios son solo superficiales. Existen transformaciones más profundas que implican variar nuestra forma de pensar y comprender el mundo y también la manera en la cual nos percibimos a nosotros mismos.

Entonces el cambio se hace doloroso. ¿Por qué? Simplemente porque cuando nos enfrentamos ante la idea del cambio a la misma vez nos estamos enfrentando la necesidad de variar algo que nos caracteriza, algo que forma parte de nuestro "yo" y por lo tanto muchas veces asumimos la necesidad del cambio como un ataque a nuestra identidad.

Anatole France sintetizó magistralmente esta idea: "todos los cambios, incluso aquellos que más se han demorado en el tiempo, tienen su cuota de melancolía derivada de aquello que dejamos atrás y es una parte de nosotros mismos. Debemos morir en una vida antes de entrar en la otra".

Terminar una relación de pareja no solo indica que debemos despojarnos de los hábitos creados en dos y aprender a lidiar con el vacío emocional; también implica que, de alguna forma, nosotros mismos nos hemos equivocado, hemos errado en algún punto del camino. Aceptar esa realidad suele ser difícil porque demanda comprender la situación desde perspectivas diversas, implica abandonar nuestro papel de víctimas y asumir el control de nuestra vida. Expresado de esta manera muchos podrían pensar que es maravilloso asumir el control de nuestra vida y, ciertamente, lo es pero... también reporta su cuota de miedo. Cuando no tenemos a nadie a quien culpar aparece el miedo a errar y muchas veces sentimos que nuestros hombros se doblegan ante una responsabilidad a la cual no estábamos acostumbrados.

El cambio implica aprendizaje y casi por añadidura, cometer nuevos errores. Cuando cambiamos algo necesitamos aprender una nueva forma de enfrentar la situación y en muchas ocasiones los aprendizajes indican caídas, errores y su respectiva cuota de esfuerzo. Muchas personas sienten pavor ante la idea de cambiar algo en sus vidas porque no saben cómo enfrentar un nuevo aprendizaje y temen equivocarse. Entonces prefieren que las cosas continúen tal cual son, se encierran en el refrán: “Mejor un mal conocido que un bueno por conocer”. Realmente no existe una idea más inmovilista que ésta.

Echemos un vistazo a un pequeño pero muy ilustrativo experimento:

A unos estudiantes universitarios se les mostró una jarra llena de café y se les preguntó cuánto pagarían por la misma. El promedio fue de 2 dólares.

A la otra mitad de los estudiantes se les dio la misma jarra con café solo que esta vez los investigadores les dijeron que podían quedarse la jarra como regalo. Apenas un minuto después los experimentadores les preguntaron a los jóvenes cuánto estarían dispuestos a pagar por aquella jarra. El precio medio fue de 8 dólares.

¿Qué cambió? Al segundo grupo no solo le pedían que compraran sino que además le estaban proponiendo un cambio. Ellos sintieron que la jarra era suya y por lo tanto estaban dispuestos a pagar más para no cambiar ese status. Se resistían al cambio de la misma forma en que nosotros mismos muchas veces nos resistimos ante la posibilidad de variar el más mínimo hábito, costumbre, forma de pensar o enfrentar los problemas.

Pero no todo está perdido, aunque el verdadero cambio necesita un nuevo marco mental de apertura a lo incierto y de aceptación y toma de responsabilidad por los posibles errores; las competencias necesarias para enfrentar la vida desde una actitud flexible y abierta a las variaciones pueden desarrollarse.

Terminemos entonces con una frase de Einstein: “si deseas que las cosas cambien, no las hagas siempre de la misma forma”.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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Hola, me gustó mucho su artículo, tengo una pequeña consulta, qué pasa si una persona sabe que su actitud le causa problemas y debe cambiarlo pero simplemente no quiere hacerlo puesto que de cierto modo le gustan sus hábitos aunque ante la sociedad le causen problemas en todos los ámbitos? Su conducta es en muchas ocasiones grocera o muy seria, le cuesta relacionarse con las personas muestra poco interés en ellas y tampoco le gusta compartir nada, pero aun así también puede ser muy tranquila.
No se si me expliqué adecuadamente pero de verdad agradecería mucho sus comentarios.

Karla Monroy

Hola Karla,
Te has explicado perfectamente, comprendo lo que quieres decir. Particularmente, creo que es importante lograr un equilibrio entre lo personal y lo social. Es importante que nos gustemos y nos sintamos cómodos siendo quienes somos, pero también es importante mantener un mínimo de contacto social, para lo cual debemos aprender a limar ciertos aspectos de nuestro carácter.
Pienso que la plenitud y la satisfacción máxima no se encuentran en los extremos sino en un equilibrado punto medio.

Yo estoy cambiando ya que he fracturado una relación que me importa mucho que encontro mails en mi cuenta que no debio ver pero que desgraciadamente vio y que iban dirigidos a otra mujer desde Febrero no tengo contancto con la otra pero esos mails me perjudicaron y no quiere saber mas de mi, hoy estoy con terapia para mejorar todo en mi y empezar por mi para después intentar algo que al parecer se ve imposible, que me recomiendan?

Si ya estás yendo a terapia, vas por el camino correcto.
Es fundamental que sepas bien qué deseas cambiar de ti y, sobre todo, que lo hagas por los motivos adecuados, es decir, no por los demás sino porque te convertirás en la mejor versión de ti mismo.
También es importante ser conscientes de que el cambio lleva tiempo y no siempre es una línea recta sino que a veces nos equivocamos y hay retrocesos. Entonces debemos tomar un respiro, recuperar fuerzas y persistir.

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