12/17/2009

Poner la responsabilidad en el otro: Una estrategia equivocada

O "echar el muerto al otro", como una vez se le solía llamar. Esta frase, que aún se escucha en algún que otro sitio, proviene de la Edad Media y tiene una curiosa explicación: en los feudos donde se hallase una persona muerta por causas no naturales, los habitantes debían pagar una contribución al señor feudal por haber matado a uno de sus "trabajadores". Como podrán imaginar, cuando se hallaba a una persona sin vida rápidamente se ponían de acuerdo, lo cargaban y lo llevaban a como diera lugar, a las fronteras del feudo más cercano. Así, quedaban eximidos de pagar el contributo.

Si bien esta historia hoy queda como un recuerdo algo simpático, lo cierto es que la costumbre de poner nuestras responsabilidades en el otro ha permanecido a lo largo del tiempo. Un amigo suele decir: "Si cometiste un error y sonríes es porque ya has hallado en quien poner la culpa".

Nos resulta bastante difícil asumir nuestras cuotas de responsabilidad, muchas veces no es ni tan siquiera un proceso malsano y consciente sino que transcurre por los oscuros vericuetos de las creencias y formas de pensar automatizadas. ¿A qué me refiero? Al hecho de que crecemos aprendiendo a poner la "culpa" en los otros, tenemos un locus de control externo que nos "impide" asumir nuestras responsabilidades. Así, las más variadas frases pueden escucharse por doquier: "la crisis económica es culpa del gobierno y de los potentes", "la contaminación ambiental es culpa de las grandes fábricas"...

En fin, que nuestro papel en cada cambio social o natural tiende a disminuir hasta anularse. Sin embargo, ¿alguna vez nos hemos sentado a reflexionar sobre cuál es nuestro pequeño rol en la sociedad? Pongamos un ejemplo clarificador: Creo que todos coincidimos en la idea de que es una locura pagar millones y millones de euros a cada futbolista cuando existen tantas personas que no tienen las condiciones mínimas para sobrevivir. Entonces... ¿qué hacemos? Nos lamentarnos por lo injusto que es el mundo; en otras palabras: ponemos la responsabilidad en el sistema socio-económico. Pero posteriormente vamos a disfrutar del espectáculo futbolista, compramos la camiseta de tal o cual equipo o escogemos la marca que es promocionada por el jugador de moda; entonces tantos millones de personas (de las cuales formamos parte) ayudamos a sostener un mundo injusto a partir de nuestras pequeñas decisiones diarias. Decía magistralmente Einstein que "El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad".

Esta forma de comprender el mundo se basa en la idea: "¿qué puedo hacer yo solo contra todos?" Sin percatarnos que esta es una manera de minimizarnos y eliminar todo compromiso. Poco a poco, usualmente sin darnos cuenta, vamos asumiendo esta actitud (que por demás es muy cómoda) para enfrentar otros problemas de la vida cotidiana: la ruptura de una relación, la pérdida de un trabajo, la discusión con un amigo...

Pero poner la responsabilidad en el otro acarrea múltiples dificultades:

1. Estamos tan ocupados buscando donde poner nuestra responsabilidad que olvidamos buscar las verdaderas causas de la situación.

2. Asumimos un papel de víctimas que nos asegura que no es necesario cambiar y nos conduce al inmovilismo más absoluto.

3. No podemos hallar una solución eficaz porque no vislumbramos cuál es nuestro verdadero rol en la situación y cómo podemos incidir sobre la misma.

4. Deteriora nuestras relaciones interpersonales en tanto asumimos un rol que le resulta incómodo e injusto a los que nos rodean.

5. A largo plazo es productora de sentimientos de indefensión, inseguridad personal y baja autoestima. Como percibimos que todo lo que nos rodea se escapa de nuestro control tendemos a asumir posiciones pasivas.

En resumen, poner nuestra responsabilidad en los otros es una estrategia muy cómoda pero puede convertirse en una peligrosa arma de doble filo. Debemos recordar que errar es humano pero asumir nuestra cuota de responsabilidad nos enaltece.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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