12/05/2009

Las falacias cotidianas o el autoengaño


En muchas ocasiones vivimos una buena parte de nuestra vida siendo prisioneros de las falacias cotidianas. ¿A qué me refiero? Al autoengaño, a aquellas creencias totalmente erróneas que determinan nuestro comportamiento pero que no tienen más base que nuestro desconocimiento y nuestra percepción inadecuada del mundo. En términos de la lógica una falacia sería un razionamento logicamente incorrecto pero psicologicamente hablando, muy persuasivo.

Las falacias cotidianas son esos pensamientos que nos dictan cómo actuar y cómo valorar, verdades en las que creemos a pies juntillas pero que se sustentan en una forma parcializada de comprender la realidad y nuestro rol en la misma.

Así, existe un buen número de pensamientos con los cuales nos autoengañamos, algunos de los más comunes son:

La falacia de control: en nuestra vida diaria, mal que nos pese, ejercemos muy poco control sobre el medio. Sin embargo, las ansias de control en ocasiones llegan a ser verdaderamente desmedidas: deseamos controlar la vida de nuestros hijos, de la pareja, de los amigos... entonces nos autoengañamos creyendo que nuestro poder de control se extiende más allá de sus verdaderas fronteras. Lo más perjudicial radica en el hecho de que intentar controlar, cuando realmente no poseemos esta posibilidad, genera una ansiedad enorme.

La falacia de justicia: tendemos a valorar como injusto todo aquello que no coincide con nuestras necesidades o deseos personales. Nos ubicamos en el centro del universo y a partir de allí decidimos lo que es justo o injusto, lo que es adecuado y lo que no. Quizás sería más sencillo pensar en términos de: "Esta ley no es justa para mi pero es justa para otras personas", un poco de empatía no le viene mal a nadie.

La falacia de cambio: "nuestra felicidad o bienestar depende del cambio de los demás". Desgraciadamente es una de las falacias más extendidas en la sociedad occidental, todo debe cambiar excepto nosotros mismos, así elaboramos una lista de culpables de nuestra infelicidad o estado de insatisfacción, cosas que sin lugar a dudas deben cambiar: el gobierno, nuestro jefe, el tráfico, nuestra pareja, el profesor de la escuela... la lista es interminable. Aunque en la mayoría de las ocasiones es mucho más sencillo variar nuestra percepción sobre los hechos, intentar comprender las situaciones desde una perspectiva descentrada; ponerse en el lugar del otro e intentar acercarnos a sus motivaciones.

La falacia de razón: "solo nosotros somos los poseedores de la verdad absoluta". Probablemente es una de las falacias más tontas de las cuales podemos ser objeto, primero porque no existe la verdad absoluta y segundo porque no podemos tener la certeza de que nosotros somos sus depositarios. Por lo tanto, erigirse en dueño de la verdad solo nos convierte en personas cerradas al diálogo y nos obstruye los caminos para el crecimiento personal. Comprender que las verdades que hoy vivimos son relativas y que dependen en gran medida del cristal con el cual se miren, aunque nos brinde cierto grado de incertidumbre, también nos convertirá en personas más abiertas y flexibles.

La falacia de la recompensa divina: supone la tendencia a esperar que los problemas se solucionen por sí solos en un futuro como resultado de la intervención divina, de la suerte o el destino. Baste decir que esta falacia es el extremo de la anulación de la voluntad y la responsabilidad individual.

Una de las principales problemáticas que entrañan las falacias es su gran poder dinamizador del comportamiento unido a su carácter subrepticio. Es decir, se encuentran mediando en todo momento nuestra relación con nosotros mismos y con los otros, determinan nuestras actitudes y por ende son mediadores del éxito que logremos alcanzar en ciertas actividades pero usualmente la persona no se cuestiona su existencia. Las falacias casi siempre han estado allí, en lo más profundo de la consciencia, por lo cual, nos parece "normal" juzgar lo que es adecuado y lo que no a partir de nuestro punto de referencia, nos parece "normal" el hecho de poseer la verdad absoluta y nos parece "normal" intentar ejercer cierto grado de control sobre las personas y el medio.

Desde esta posición oculta las falacias se van haciendo cada vez más fuertes o al contrario, cuando las cuestionamos, al no tener las herramientas psicológicas necesarias para enfrentarlas, nos conducen a verdaderas dificultades sin presentarnos un camino de salida.

Así, es hora de que cada uno pueda identificar esos pequeños engaños cotidianos y deshacernos de las ideas preconcebidas que los sustentan. Probablemente la vida no dará un vuelco de 180 grados pero sin lugar a dudas nos sentiremos mucho mejor con nosotros mismos.

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Las falacias cotidianas o el autoengaño
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Invert

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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