12/22/2009

Doce leyes que gobiernan las emociones

Las emociones han sido las cenicientas de la Ciencia Psicológica por muchos años. El camino andado por la Psicología en relación con los procesos cognoscitivos es muy largo y amplio pero las emociones siempre han sido relegadas a un segundo plano en tanto su estudio muchas veces nos conduce a los vericuetos de la subjetividad más profunda. No obstante, en la actualidad su estudio está cobrando nuevos auges. Tanto es así que uno de sus principales investigadores, Fridja, nos proponen también algunas leyes para comprender nuestras emociones cotidianas.

1. Ley del significado situacional. Esta ley nos indica que las emociones derivan de las situaciones que vivimos pero va un paso más allá para afirmar que generalmente las situaciones similares generarán respuestas emocionales muy parecidas. Es decir, las cosas que nos enfadan, probablemente nos continuarán enfadando durante mucho tiempo; si tememos a los insectos probablemente nos continuaremos asustando ante los mismos... aunque variemos la intensidad de la respuesta emocional, existe una gran posibilidad de que idénticas situaciones despierten siempre la misma emoción.

2. Ley de la preocupación. Nosotros sentimos porque nos preocupamos, porque mostramos cierto interés hacia algo o alguien. Las emociones se despiertan porque algo nos resulta particularmente significativo y halla un eco en nuestro sistema de valores.

3. Ley de la realidad aparente. Todo lo que a nosotros nos parezca real, despertará respuestas emocionales reales. En otras palabras, la forma en la cual interpretamos las más diversas situaciones determinará nuestra emocionalidad. Esta es la razón por la cual los filmes o los libros de mala calidad no despiertan nuestras emociones, porque los asumimos como hechos irreales mientras que un buen libro o un excelente filme nos hace vivenciar la ficción cual si fuese un hecho real en el cual nos involucramos emocionalmente.

4. Ley de la habituación. Nuestra respuesta emocional decrece cuando nos vamos acostumbrando a los eventos, es como si desarrollaramos cierto umbral de sensibilidad que aumenta con la repetición. Tal es el caso del personal médico que se acostumbra a la muerte.

5. Ley del cambio. Al contrario de la ley de la habituación, esta ley hace referencia a que, cuando vivenciamos un cambio, respondemos de manera altamente emociógena ante el mismo.

6. Ley de las emociones comparadas. A lo largo de la vida desarrollamos un marco de referencia emocional con el cual, muchas veces de manera inconsciente, comparamos nuestras respuestas emocionales y la intensidad de las mismas. De esta forma controlamos la intensidad emocional y no mostramos un overreacted.

7. Ley de la asimetría hedónica. Aunque según la ley de la habituación la recurrencia debe minimizar el impacto emocional de los hechos; hay algunas circusntancias que se escapan a esta regla. Así, hay cosas a las cuales no nos acostumbramos y cada vez que nos debemos enfrentar a las mismas activamos una emoción igualmente fuerte. Sin embargo, estos hechos suelen tener implicaciones negativas como puede ser la pérdida de un ser querido o la pérdida del trabajo mientras que aquellos hechos que despiertan emociones positivas son más influenciados por el hábito, observándose respuestas cada vez más pobres ante los mismos. En resumen: tenemos una tendencia a acostumbramos a los hechos felices pero ante el dolor nos mostramos igualmente emocionales.

8. Ley de conservación de los momentos emocionales. Los eventos mantienen su poder emocional a través de los años si no los revaloramos nuevamente a la luz de las nuevas experiencias. Así, a menos que reflexionemos sobre la verdadera importancia de haber desaprobado un antiguo exámen, éste seguirá acechándonos desde nuestra memoria para activarse en cualquier momento como un recuerdo vergonzoso o doloroso.

9. Ley del cierre. Tendemos a responder de forma absoluta ante nuestras emociones y éstas nos guían a un camino u otro totalmente antagónico. En otras palabras, cuando estamos tomados emocionalmente vemos las cosas en blanco y negro por lo cual nuestros comportamientos o posibles decisiones no tendrán matices. De ahí que el conocimiento popular aconseje tomar las decisiones cuando pase la borrasca emocional.

10. Ley del cuidado y las consecuencias. Las personas normalmente tienen la posibilidad de reconsiderar sus emociones y modificarlas en relación con sus posibles consecuencias. Por ejemplo, la ira puede provocar sentimientos violentos dirigidos hacia otras personas pero somos capaces de valorar lo que sentimos, delimitar responsabilidades y reorganizar nuestro comportamiento. Desgraciadamente esta es una de las leyes que no siempre se cumple.

11. Ley de la descarga brillante. Sabemos que el impacto emocional de los acontecimientos depende en gran medida de nuestra interpretación de los mismos. Así, las personas tienden a reinterpretar las situaciones para disminuir el impacto emocional negativo de las mismas. El problema radica en que usualmente generamos una reinterpretación ilusoria.

12. Ley de la gran ganancia. Cuando una situación negativa puede brindarnos una ganancia emocional, tendemos a reinterpretarla y utilizarla a nuestro favor. Quizás el ejemplo más común es cuando nos percatamos de que con nuestro enojo podemos hacer que las demás personas respeten nuestra orden.

Por supuesto, podemos discrepar de algunas de estas leyes pero les pido que las analicen como el primer intento de brindarle una sistematización al complejo mundo de las emociones. Así, aunque no las tomemos al pie de la letra, pueden servirnos como punto de partida para reflexionar sobre cómo se manifiestan en cada uno de nosotros.


Fuente:
Fridja, N. (1988) The law of emotion. American Psychologist; 43: 349-358.

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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