11 de noviembre de 2009

Las correlaciones en Psicología: Un aviso esencial

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En este blog recojo muchas investigaciones desarrolladas en el campo de la psicología, por eso me gustaría alertarles sobre un fenómeno o error metodológico, desgraciadamente bastante común en la investigación psicológica: las correlaciones espurias.

Aquel que haya estudiado un tanto de metodología de la investigación social inmediatamente sabrá a qué se refiere el término pero para aquellos más alejados de la experimentación les explico detalladamente.

Cuando se realiza una investigación se intenta analizar, comprender o explicar una realidad pero como la realidad psicológica es tan compleja y multideterminada, en muchas ocasiones las investigaciones correlacionales no brindan una explicación del todo adecuada al fenómeno que se estudia.

Tomemos un ejemplo hipotético: un psicólogo desea determinar si existe una correlación entre la estatura y la inteligencia. Así, lógicamente, establecerá dos grupos: uno compuesto por personas altas y otro de personas de baja estatura y los someterá a diversos test de inteligencia. Casualmente cuando se analizan los resultados se observa que las personas más altas tienen un mayor CI. Sin embargo, no por esto podemos concluir que el CI aumenta según aumentan las pulgadas de estatura o que las personas más altas son más inteligentes. ¿Por qué? Porque existen otros factores que determinan el CI como el medio cultural en el cual se haya desarrollado la persona, su nivel educacional e incluso la motivación o interés que presentaba en la cumplimentación del test o la ansiedad que puede experimentar ante situaciones de prueba.

De esta manera, si los investigadores no controlan todas estas variables, no podrán concluir que existe una relación directa entre la inteligencia y la estatura.

Por supuesto, en este caso es bastante sencillo determinar las variables intervinientes que deben controlarse pero no siempre es tan simple. Así, retomemos el ejemplo de una investigación relativamente nueva realizada en coordinación entre la Universidad Estatal de Ohio y la Universidad Autónoma de Madrid.

Los investigadores a partir del análisis de 71 estudiantes concluyeron que sentarse rectos en la silla no solo ayuda a nuestra postura y brinda una mejor imagen a los otros sino que nos proporciona una mayor autoconfianza.

Los psicólogos le dijeron a los participantes que ellos participarían en dos estudios diferentes que se realizarían al unísono; uno organizado por una escuela de negocios y otro por una escuela de arte.

La escuela de arte examinaría las habilidades de actuación de los participantes a través de la posibilidad de mantener determinadas posturas mientras que desarrollaban otras actividades. Así, a los participantes les pedían que se sentaran rectos y sacaran el pecho o que se sentaran hacia delante, con la espalda encorvada y mirando a sus rodillas.

Por otra parte, la escuela de negocios examinaría los factores que contribuyen a la satisfacción laboral y la actuación profesional.

Mientras mantenían una u otra postura los jóvenes debían enumerar tres posibles habilidades que podrían demostrar en el desempeño de sus profesiones. Una vez completada esta tarea los estudiantes llenaron una encuesta donde debían evaluarse imaginando cómo se desempeñarían en su futuro profesional.

Los resultados fueron muy interesantes: se evidenció una elevada correlación entre el nivel de desempeño que se auto atribuían y las posturas que asumieron. En palabras sencillas: los estudiantes que se sentaban rectos, asumiendo posturas adecuadas tendían a evaluarse como más capaces para enfrentar los retos laborales; al contrario aquellos que asumían posturas desgarbadas se imaginaban menos capaces.

Algunas preguntas totalmente lógicas pueden surgir: ¿no es que las personas que tienen una mayor autoconfianza asumen posturas más adecuadas? ¿cómo puede una postura asumida por unos minutos interferir de manera tan evidente en nuestra propia autopercepción de desempeño profesional? Quizás, y remarco el término, quizás nos estamos refiriendo a un pez que se muerde la cola y evidentemente, estamos estableciendo una correlación espuria.

Así, la idea esencial de este artículo radica en el hecho de que ninguna investigación debe tomarse como una verdad absoluta sino como una guía que nos permita adentrarnos en el camino del conocimiento, siendo conscientes de que el conocimiento resulta muy variable. Por eso, lo mejor es leer, informarnos y luego sacar cada uno nuestras propias conclusiones sin parapetarnos en posiciones escepticistas.

El estudio referido fue publicado en: Ohio State University (2009, Octubre). Body Posture Affects Confidence In Your Own Thoughts, Study Finds. ScienceDaily. En: http://www.sciencedaily.com¬ /releases/2009/10/091005111627.htm

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