11/30/2009

La auto compasión. "¿Por qué me sucede a mi?"

Es muy probable que ante un hecho inesperado, de repercusiones emocionales altamente negativas, todos nos hayamos hecho en alguna que otra ocasión la pregunta: "¡Qué desgracia! ¿por que me ha ocurrido esto precisamente a mí?" o quizás: "¡Qué mala suerte tengo, siempre me sale todo mal!".

Estas y otras tantísimas quejas similares son portadoras de una amplísima gama de sentimientos negativos como el enfado, la ira, la desesperación, la resignación, la desesperanza y la auto compasión.

En algunos momentos, en los cuales nos sentimos particularmente vulnerables, no siempre podemos hallar el apoyo o la comprensión total de los que nos rodean; de ahí que sea comprensible que, ante ciertas situaciones difíciles, nos compadezcamos de nosotros mismos. Pero… hay personas que se exceden en su auto compasión y esto hace que terminen sumidas en un estado de desesperanza generada por la percepción constante de su incapacidad. En pocas palabras: comienzan a sentirse como perdedores y luego son incapaces de dejar de perder.

La pregunta más usual es: "¿Qué he hecho yo para merecer esto?". Una persona con determinado equilibrio psicológico, conocedora de sí misma y de su medio; intentaría buscar las explicaciones y causas en su comportamiento y creencias, intentaría entender cómo su acción sobre el medio condujo o facilitó la situación difícil y, de no ser posible, intentaría poner en práctica su resiliencia para enfrentar el infortunio. Esta persona presenta un locus de control interno; es decir, busca su nivel de responsabilidad en cada situación que acontece.

Sin embargo, otras personas tienen un locus de control externo, ponen la responsabilidad de lo sucedido fuera de sí mismas; la culpa siempre es de los otros, por lo cual ellas son sólo víctimas (del destino, de la suerte, de la sociedad…) a las cuales no les queda otro camino que auto compadecerse.

Las personas que constantemente se auto compadecen están convencidas de que son las únicas que sufren los sinsabores de la vida, que su destino nunca les deparará nada bueno y, ante la mínima dificultad o contrariedad, reaccionan con una larga lista de quejas y lamentaciones que no les servirá de nada para enfrentar las problemáticas. En fin, son especialistas en utilizar la "abstracción selectiva".

¿Cuál es el mecanismo de la abstracción selectiva? Centrémonos en un ejemplo: a cada uno de nosotros diariamente nos ocurren una serie de eventos que tienen matices positivos y negativos. La persona que se autocompadece deja simplemente de apreciar los aspectos positivos, la vida adquiere tonos grises. Por supuesto, este mecanismo es eminentemente inconsciente y se debe a que, en su rol de víctima, la persona siempre está centrada en observar los aspectos negativos de cada hecho que acontece.

Esto no quiere decir que estas personas realmente no vivencien hechos traumáticos o de fuerte impacto emocional sino que la estrategia que asumen para “enfrentarlos” es la auto compasión que los conduce al inmovilismo y a la desesperanza. Hasta que, con el decursar de los años, lo que fue una estrategia específica ante ciertos sucesos aislados se convierte en un estilo de afrontamiento para toda la vida y, lo que es más importante aún:  que matiza toda la vida.

Así, la autocompasión encierra varios peligros:

- Socava la confianza en sí mismo.

- Conduce a la soledad y al aislamiento del resto de las personas.

- Facilita el inmovilismo y la falta de creatividad.

- No nos permite analizar la vida desde sus múltiples perspectivas por lo cual terminará por cerrarnos muchos caminos hacia el éxito.

Todos vivimos reveses, algunos más difíciles de enfrentar o asumir, otros más sencillos; la clave para salir airosos de los mismos es comprenderlos como una experiencia de vida de la cual saldremos fortalecidos. ¿Es difícil? Si, no hay dudas, pero tampoco es una misión imposible siempre que se ame la vida y se desee mejorar como persona.

Entonces quisiera terminar el artículo con una frase de John W. Gardner: "La lástima por uno mismo, es uno de los narcóticos no farmacéuticos, mas destructivos. Es adictiva, da placer sólo al momento y separa a la victima de la realidad".

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Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras. Descubre mis libros

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