2/27/2015

10 frases de Dalai Lama que cambiarán tu concepción de la felicidad


Durante siglos nos han hecho creer que la felicidad es algo efímero. De hecho, incluso hay religiones que proclaman que no se consigue en este mundo. Como resultado de tantos años de adoctrinamiento, muchas personas adoptan un papel pasivo, esperan que la felicidad toque a su puerta y a veces cuando lo hace, ni siquiera son capaces de reconocerla e invitarla a pasar. 

Afortunadamente, en los últimos tiempos algo ha comenzado a cambiar. De la mano de la Psicología Positiva y de corrientes filosóficas como el budismo, la felicidad se ha vuelto a poner en el centro de nuestra existencia. Por eso, es recomendable echarle un vistazo a la antigua sabiduría para redescubrir lo que tiene que enseñarlos. Y nada mejor que hacerlo a través del pensamiento de Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano.

1. El propósito fundamental de nuestra vida es buscar la felicidad.

En un mundo donde cuentan más las posesiones materiales que el desarrollo espiritual, es fácil dejarse contaminar por ese espejismo y construir una vida cuyo único fin es acaparar riquezas, con el objetivo de alcanzar una supuesta seguridad. Sin embargo, esta frase tan sencilla se convierte en una declaración de intenciones que puede darle un vuelco radical a nuestra vida. 

2. La felicidad no es algo que venga hecho, es algo que construyes con tus acciones.

Muchas personas jamás llegan a ser felices porque piensan que la felicidad es como una lotería, un billete que simplemente les toca. Sin embargo, la felicidad es algo que se debe construir cada día, con cada una de nuestras acciones. Incluso el mayor golpe de suerte no nos convertirá en personas felices, generará euforia pero no felicidad, porque para ser felices debemos invertir en nuestro desarrollo personal.

3. Si deseas la felicidad de los demás, sé compasivo. Si deseas tu propia felicidad, sé compasivo. 

La compasión es uno de los principios que proclaman muchas religiones, pero también es una de las reglas más difíciles de aplicar. Ser compasivos no significa sentir lástima sino intentar eliminar el sufrimiento y promover el bienestar. La compasión implica comprensión, aceptación y cambio. Por tanto, uno de los secretos de la felicidad radica precisamente en desarrollar una actitud compasiva, tanto hacia los demás como hacia nosotros mismos. 

4. Cuando sufrimos una tragedia podemos reaccionar de dos formas: perdiendo la esperanza y sumiéndonos en hábitos autodestructivos o usando el desafío para encontrar nuestra fuerza interior.

Muchas personas se lamentan porque han llevado una vida desafortunada y no han tenido muchas oportunidades. Sin embargo, la verdad es que esgrimen su pasado como excusa, sin darse cuenta de que así están maniatando su presente y futuro. Todos tenemos historias de vida diferentes, pero el pasado no puede ser una excusa para dejar de buscar la felicidad. Es en la adversidad donde descubrimos de qué material estamos hechos realmente.

5. La mejor relación es aquella en la que el amor por cada uno excede la necesidad por el otro.

Nuestras mayores satisfacciones provienen de las relaciones interpersonales, nuestros mayores sufrimientos también. Por eso, para alcanzar la felicidad, es imprescindible replantearse las relaciones. Dalai Lama nos indica lo que ya había dicho Erich Fromm, el amor no es necesidad, es compromiso. Se trata de que cada persona cultive su propia felicidad y solo entonces, una vez que ha madurado, sea capaz de amar al otro por lo que es, no porque suple sus carencias emocionales.

6. Cuanto mayor sea el nivel de calma de nuestra mente, tanto mayor será nuestra capacidad para disfrutar de una vida feliz.

Uno de los secretos de la felicidad consiste en saber dominar la mente. De hecho, es en nuestra mente donde se generan la mayoría de las dudas y se agigantan los problemas. Una mente calmada nos permitirá encontrar la mejor solución y adoptar la distancia necesaria de los conflictos, para poder evaluarlos en su justa medida. Al contrario, una mente exaltada y sin control, puede inventar problemas y obstáculos que no existen y que nos hagan infelices.

7. Recuerda que no conseguir lo que quieres a veces significa un maravilloso golpe de suerte.

A menudo lloramos sobre la leche derramada, porque en ese momento solo podemos ver que hemos perdido el alimento. Sin embargo, todo problema es una oportunidad para crecer, para explorar nuevos caminos que de otra manera, quizás no habríamos descubierto. A veces son los reveses los que nos obligan a salir de nuestra zona de confort, ampliar las miras y encontrar la felicidad.

8. La mayoría de nuestros problemas tienen su origen en el apego a cosas que erróneamente creemos permanentes.

Uno de los principios que predica el budismo es el desapego. Según esta filosofía, gran parte de nuestro sufrimiento está provocado por el apego a cosas o a las personas, un apego que se convierte en un vínculo compulsivo que nos lleva a pensar que sin esa posesión no seremos felices. Para el budismo el desapego no significa dejar de amar sino dejar de experimentar esa necesidad compulsiva y, sobre todo, ser conscientes de que no podemos supeditar la felicidad a nuestras posesiones o al cariño de otras personas.

9. Juzga tu éxito por lo que tuviste que renunciar para conseguirlo.

El éxito tiene un componente social, implica cierto reconocimiento por parte de los demás. O al menos eso creemos. Sin embargo, el éxito que se vive de manera más íntima a menudo es el que genera una mayor felicidad. En ese caso, no debemos valorarlo por lo que hemos alcanzado o por cuán lejos hemos llegado, sino por cuánto nos hemos esforzado y por todo lo que hemos tenido que dejar atrás. Cada vez que renunciamos conscientemente a algo, crecemos, porque nos despojamos del pasado para viajar más ligeros.

10. Las personas emprenden diferentes caminos para buscar la plenitud y la felicidad. El hecho de que no estén en tu camino no significa que estén perdidas.

Somos seres sociales por lo que resulta muy difícil escapar a la valoración de los demás. Sin embargo, cada persona debe plantearse sus propias metas y buscar el mejor camino para alcanzarlas. De la misma manera en que no debemos obligar a los demás a seguir nuestro camino, tampoco debemos caer en la tentación de seguir el trayecto que han marcado los demás porque podría no ser el más indicado para nosotros. Recuerda que la felicidad es un viaje personal.

Por último, pero no menos importante, Dalai Lama deja un consejo que encierra perfectamente el sentir de la filosofía budista y refleja su código moral: “Sé amable siempre que sea posible. Y ten en cuenta que siempre es posible”.
Escrito por: Jennifer Delgado

2/26/2015

7 tipos de desmotivación que te impiden avanzar


Cuando se trata de alcanzar una meta, nuestro peor enemigo no es la escasez de recursos, los obstáculos que nos pueden poner las personas que se encuentran a nuestro alrededor y ni siquiera la falta de habilidades sino la desmotivación.

La motivación es el principal motor impulsor de nuestra conducta, es una pieza angular de la productividad, la creatividad y la felicidad. Los motivos dirigen nuestro comportamiento y nos permiten mantener el rumbo. Si perdemos la motivación, perdemos la energía y nos quedaremos a mitad del camino.

La desmotivación es como la nieve


Se dice que los esquimales tienen diferentes palabras para referirse a la nieve ya que, como se trata de un fenómeno que les resulta tan familiar, son capaces de apreciar las sutiles diferencias entre los diferentes tipos de nieve. Así pueden reaccionar de manera diversa, adaptar su comportamiento y aprovechar las ventajas que ofrece cada tipo de nieve.

En el caso de la desmotivación, la mayoría de las personas no establece distinciones, simplemente asume que está luchando contra un mismo problema. Sin embargo, la desmotivación en realidad es como la nieve, existen sutiles diferencias que normalmente no notamos.

En esencia, la desmotivación es la falta de compromiso con determinadas metas, pero en su base se esconden diferentes causas. Si no sabemos a qué tipo de desmotivación nos enfrentamos, si no escudriñamos en sus orígenes, no podremos delimitar una estrategia eficaz que nos saque de ese estado de apatía.

Las causas de la desmotivación: ¿Cómo combatirlas?


1. Miedo. Aunque hayas tomado una decisión, cuando exploras un territorio nuevo y sales de tu zona de confort, es normal que una parte de ti experimente miedo. Hasta cierto punto, ese temor es beneficioso ya que hará que avances con cautela pero también puede generar incertidumbre y dudas, puede colocar trabas en el camino que en realidad no existen, solo porque intenta que te mantengas al seguro. Si el miedo es muy grande, aunque estés muy entusiasmado con el proyecto, el temor se encargará de desmotivarte.

¿Cómo reencontrar la motivación? Comienza por descubrir cuáles son tus miedos, ponles un nombre. El simple acto de reconocerlos ya les resta influencia. Además, diseña una estrategia detallada que te permita alcanzar la meta pero dando pasos pequeños, que no generen demasiada tensión para que no tengas la sensación de que has perdido por completo el control.

2. Metas erróneas. Todos tenemos un “yo esencial” y un “yo social”. El “yo esencial” es más soñador, creativo y espontáneo, mientras que el “yo social” se encarga de que sigas las reglas y te adaptes al medio. Sin embargo, en ocasiones ese “yo social” establece metas que van en contra del “yo esencial”, que no te satisfacen plenamente. Es lo que en Psicología se conoce como “motivos extrínsecos”. Esos motivos pueden darte energía durante una parte del camino pero antes o después, la desmotivación sentará casa. 

¿Cómo reencontrar la motivación? Revisa tus objetivos y pregúntate si realmente te satisface seguir ese camino. Considera que tu “yo esencial” no siempre utiliza el lenguaje verbal para indicarte lo que desea por lo que debes escuchar lo que dice tu cuerpo y lo que indica tu intuición. Si no te sientes cómodo con determinadas metas, deberías cambiar el rumbo. 

3. Falta de claridad. En la mayoría de los casos, las metas surgen como imágenes vagas de lo que deseamos alcanzar, poco a poco esa imagen se va haciendo más nítida y aumenta su poder movilizador sobre el comportamiento. Sin embargo, una imagen no basta, es necesario establecer objetivos a corto y mediano plazo, así como determinar las acciones necesarias para alcanzarlos. Si no sabes cuál es el próximo paso, te sentirás confundido y sobresaturado por lo que es fácil que aparezca la desmotivación. 

¿Cómo reencontrar la motivación? Dedica tiempo a planificar tu futuro, visualiza qué quieres lograr, establece objetivos y determina un plazo para cumplirlos. Cuando tienes un plan y sabes lo que debes hacer, no solo te sentirás más motivado sino que lograrás avanzar más rápido y con mayor seguridad.

4. Conflicto de valores. Tus valores te definen como persona, son una brújula que te orienta en medio de los conflictos. Por eso, cuando te ves obligado a renunciar a alguno de los valores que te identifican, en tu interior se genera una contradicción, luchan fuerzas que siguen direcciones opuestas. En esos casos, la desmotivación es una estrategia de tu “yo” para hacer que desistas de tu intento y lograr que seas fiel a esos valores.

¿Cómo reencontrar la motivación? Necesitas ser consciente de cuáles son los valores que están causando el conflicto y preguntarte si realmente te definen como persona. Piensa en cómo te sentirías si consiguieras tu objetivo a costa de obviar esos valores. Determina qué es más importante para ti y, en base a ello, mantén el rumbo o cambia la dirección. Recuerda que el fin no siempre justifica los medios.

5. Dolor por la pérdida. Todas las grandes metas demandan grandes sacrificios. Simplemente resulta imposible tener todo lo que deseas sin renunciar a nada. Sin embargo, no siempre somos conscientes de ello sino que nos damos cuenta a mitad del camino, cuando constatamos la pérdida. En ese momento, el dolor y el sufrimiento pueden llegar a ser paralizantes y surge la clásica pregunta ¿realmente vale la pena? Entonces aparecen las dudas, la sensación de culpa y la falta de confianza. 

¿Cómo reencontrar la motivación? Es importante que no intentes esconder ese dolor y seguir adelante a como dé lugar. Tómate tu tiempo para procesar la pérdida y aliviar el sufrimiento que esta ha provocado. Puede que necesites preguntarte qué estás dispuesto a perder para alcanzar esa meta, esa respuesta te servirá para clarificar tus límites. En este punto quizás necesites replantearte tus objetivos, o tal vez solo necesitas ir más despacio. 

6. Ausencia de desafíos. Los desafíos son fundamentales para mantener viva la motivación. Los retos son esa chispa que nos empuja a ir más allá y a no desfallecer aunque el camino se haga cuesta arriba. Sin embargo, para lograr una meta a menudo debemos realizar tareas que resultan tediosas y que pueden dar al traste con la motivación ya que no representan nuevas oportunidades para crecer y mejorar. Es ese momento en el que te das cuenta de que todo no es tan divertido como parecía. 

¿Cómo reencontrar la motivación? Plantéate nuevos desafíos, encuentra maneras diferentes de hacer esas tareas que te resultan aburridas. Recuerda que un simple cambio puede marcar la diferencia y que siempre existen diversos caminos para llegar a un mismo punto. Busca actividades que te inspiren y representen un reto.

7. Cansancio. Cuando te planteas una meta te sientes invadido por un estado de euforia que te brinda una dosis extra de energía. Sin embargo, a medida que la cuesta se hace más empinada, el cansancio no tarda en aparecer. Se trata de una extenuación a nivel mental y físico que se manifiesta bajo un tipo de desmotivación muy insidioso y te puede tentar a tirar la toalla. De hecho, es una situación muy común cuando no alcanzamos los objetivos tan rápido como pensábamos o cuando la tarea demanda más energía y recursos de los que habíamos contabilizado.

¿Cómo reencontrar la motivación? Descansa. El agobio y la fatiga son respuestas normales, sobre todo después de un esfuerzo sostenido. Una vez que has llegado a este punto, es necesario que tomes un respiro, no es conveniente que sigas a como dé lugar. De hecho, es recomendable que cambies de actividad durante un tiempo, el justo para reencontrar la pasión y ver la situación desde una perspectiva diferente. Cuando regreses al proyecto no solo tendrás más fuerzas sino también nuevas ideas.


Un coach puede ser la solución


Cuando pierdes la motivación por un proyecto, obligarte a seguir no es la solución. De hecho, es aún peor porque cada tipo de desmotivación encierra un mensaje que no debes ignorar. En esos casos, un coach puede ser de gran ayuda.

El coaching es un proceso dirigido a liberar tu potencial, para que logres alcanzar las metas que te has propuesto. Un coach te ayudará a analizar tu situación actual, a redefinir tus objetivos y a establecer un plan para lograrlos. A través del coaching entrarás en contacto con ese “yo esencial”, podrás redescubrir tus pasiones e intereses, aumentar tu autoconfianza y aprender a gestionar mejor tu tiempo y recursos.

Si necesitas ayuda, puedes echarle un vistazo a los diferentes profesionales del coaching personal y empresarial que se encuentran en MundoPsicólogos. Hallarás más de mil centros psicológicos y profesionales a lo largo y ancho de España. En sus respectivas fichas puedes consultar sus áreas de especialización, imágenes del centro y las opiniones de otras personas que han solicitado sus servicios.
Escrito por: Jennifer Delgado

2/25/2015

Una técnica para aliviar la ansiedad: Hablar en tercera persona


Estás sentado tranquilamente pero de repente comienzas a sentirte extraño. Se te dificulta respirar y sientes una sensación de agobio en el pecho. La intranquilidad sienta casa y no logras concentrarte, por más que lo intentes. 

Es una sensación que casi todos hemos experimentado porque, en mayor o menor medida, todos hemos sido víctimas de la ansiedad. El problema comienza cuando la ansiedad se convierte en un estado constante, que afecta nuestro desempeño y merma considerablemente nuestra calidad de vida.

Por eso, no es extraño que el consumo de ansiolíticos haya aumentado de manera alarmante en todo el mundo. De hecho, se estima que uno de cada tres españoles han recurrido a estos medicamentos a lo largo del último año.

Sin embargo, los medicamentos para la ansiedad deben ser el último recurso. Es mejor probar con otras técnicas, que no tienen efectos adversos y que están dirigidas a erradicar el problema de raíz, no a esconderlo. Una de las técnicas para aliviar la ansiedad llega de la mano de un estudio realizado en la Universidad de Michigan.

Hablar contigo mismo en tercera persona


Hablar con nosotros mismos, pero en tercera persona, utilizando los pronombres “ella” o “él”, o nuestro nombre, puede aliviar la ansiedad y mejorar nuestro desempeño en situaciones de tensión, como por ejemplo, cuando debemos dar un discurso en público o queremos causar una buena impresión en una entrevista de trabajo.

¿Cómo es posible?

Cuando nos referimos a nosotros en tercera persona, en vez de utilizar el clásico “yo”, podemos tomar distancia, establecemos un espacio entre el “yo” que observa y reflexiona y el “yo” que se deja invadir por la ansiedad. Este simple cambio en el discurso nos permite ver la situación con más perspectiva por lo que podremos enfrentarla más como un desafío que como un obstáculo.

En el estudio en cuestión se le pidió a las personas que imaginaran una situación en la que no se sentirían cómodos, que les generase mucha ansiedad. A continuación, se evaluó su nivel de ansiedad y les pidieron que escribieran los pensamientos que le venían a la mente.

Luego, les dieron diferentes afirmaciones para que manejaran la ansiedad, que debían repetir en su mente. Como por ejemplo: “Voy a pensar en otra cosa”, “Enfrentar esta situación me hará sentir bien” o “Voy a hacerlo bien”. El truco radicaba en que algunos participantes debían repetir estas afirmaciones en primera persona y otros en tercera persona. 

Así los psicólogos pudieron apreciar que quienes mantenían un diálogo interior en tercera persona, reducían sus niveles de ansiedad.

El poder del diálogo interior


Pequeños cambios en el lenguaje que utilizamos para referirnos a nosotros mismos pueden tener una influencia decisiva en nuestra habilidad para regular nuestros pensamientos, emociones y comportamientos en situaciones de estrés.

No se trata simplemente de pequeñas frases motivadoras del tipo “puedes hacerlo” sino de explotar al máximo el poder del diálogo interior. De hecho, un metaanálisis que recogió más de una docena de estudios llegó a la conclusión de que las auto-instrucciones son una técnica muy eficaz para aliviar la ansiedad y lidiar con las preocupaciones. 

Las auto-instrucciones no son más que esos comentarios que hacemos en nuestra mente cuando debemos enfrentarnos a una tarea complicada o nueva. En situaciones estresantes o que generan ansiedad, si dirigimos bien nuestro diálogo interior podremos:

1. Concentrar nuestra atención, focalizándonos en los elementos importantes de la actividad.

2. Regular el esfuerzo que realizamos tomando decisiones sobre lo que debemos hacer, cómo y cuándo.

3. Manejar las reacciones emocionales ante los contratiempos.

Por tanto, la próxima vez que experimentes ansiedad o nerviosismo, pon en marcha tu diálogo interior. Y asegúrate de referirte a ti en tercera persona. Es una manera de aprovechar tu coach interno.


Fuentes:
Kross, E. et. Al. (2014) Self-talk as a regulatory mechanism: How you do it matters. Journal of Personality and Social Psychology; 106(2): 304-324. 
Hatzigeorgiadis, A. et. Al. (2011) Self-Talk and Sports Performance. A Meta-Analysis. Science; 6(4): 348-356.


Escrito por: Jennifer Delgado

2/24/2015

5 errores que tu cerebro comete cada día


Solemos pensar que nuestro cerebro es una máquina perfecta pero lo cierto es que no es así, comete muchos errores y ni siquiera nos percatamos de ellos. Nuestra mente está llena de estereotipos y creencias, que mediatizan la manera en que comprendemos y vivimos el presente. Esas experiencias pasadas terminan convirtiéndose en una cárcel que nos limita y hace que cometamos errores.

La buena noticia es que si prestamos atención a estos patrones, podremos evitar muchos de los errores que nuestro cerebro comete cada día.

1. Prefieres mantener el confort antes que perseguir tus sueños

¿Eres de las personas que sigue viendo un filme, aunque no te guste, solo porque has pagado la entrada? La mayoría de nosotros decidimos quedarnos en el cine, aunque no disfrutemos de la película en vez de salir y hacer algo que nos resulte más agradable. ¿Por qué? Simplemente porque queremos que el dinero que hemos gastado valga la pena.

Este ejemplo indica que tenemos una tendencia natural a evitar las amenazas, en vez de a maximizar las oportunidades porque de esta forma tenemos más probabilidades de sobrevivir. Esa tendencia ha pasado de generación en generación, imprimiéndose en nuestro cerebro, por lo que preferimos minimizar las pérdidas antes que maximizar las oportunidades.

Una manera para escapar de esta tendencia consiste en preguntarnos qué queremos hacer realmente, qué nos produce verdadera satisfacción o felicidad.

2. Inclinas las probabilidades a tu favor, a despecho de las matemáticas

Imagina esta situación: lanzas una moneda al aire, que tiene 50/50 oportunidades de salir cara o cruz. Digamos que durante las últimas 25 veces consecutivas ha salido cruz. Sin duda, la próxima vez que tires la moneda saldrá cara. ¿No?

En realidad no es así. Sigue habiendo un 50/50 probabilidades de que salga cara o cruz. Las últimas 25 veces no afectan las probabilidades. Sin embargo, a pesar de eso, tenemos la creencia irracional de que las probabilidades cambian debido a los resultados pasados. Es por ello que muchas personas apuestan siempre por el mismo número.

La solución para esta creencia irracional es muy sencilla: no te dejes llevar por la emoción del momento, respira y reflexiona.

3. Prestas más atención a los datos que reafirman tus creencias

¿Te has percatado de que apenas te compras un coche o un vestido nuevo, lo ves por doquier? Por supuesto, no se trata de que de repente todas las personas han decidido comprarse el mismo artículo sino de que tú lo notas más. Esto se debe a que nuestro cerebro busca la información que le sirve para confirmar la realidad o las creencias ya existentes.

En el ámbito de la Psicología este fenómeno se conoce como “sesgo de confirmación” y hace referencia a nuestra tendencia a prestarle atención a aquellos datos que confirmen lo que ya sabemos y a obviar o evitar la información que puede generar un conflicto en nuestro sistema de creencias.

La mejor manera para combatir los sesgos cognitivos consiste en reconocerlos y decidir, conscientemente, explorar otros puntos de vista, cuanto más alejados del nuestro, mejor. 

4. Te convences de que tus malas decisiones son buenas

Entras a una tienda, te enamoras de un par de zapatos o de un bolso y lo compras. Sin embargo, apenas llegas a casa, comienzas a sentir remordimientos porque sabes que en realidad no lo necesitabas y que el gasto ha sido considerable. Sin embargo, inmediatamente buscas razones que apoyen tu decisión, que te hagan sentir bien. Es lo que se conoce como disonancia cognitiva.

Este fenómeno se produce cuando por nuestra mente pasan dos ideas opuestas con las que no podemos lidiar. Entonces nuestro cerebro escoge la que resulta más conveniente para mantener nuestro equilibrio emocional, la que nos disturba menos, aunque ello signifique cambiar un poco la realidad. 

Para lidiar con este error debemos ser conscientes de nuestra tendencia a racionalizar las malas decisiones. También es importante que aceptemos que una mala decisión no nos convierte en malas personas.

5. Confundes los criterios de selección con los resultados

¿Piensas que universidades como Harvard generan profesionales brillantes? ¿Crees que las personas que anuncian los productos adelgazantes están delgadas porque los utilizan? ¿Crees que las actrices tienen un cutis perfecto porque usan las cremas antiedad que promocionan? Si tu respuesta es positiva, probablemente estás confundiendo los criterios de selección con los resultados.

Tomemos el ejemplo de las universidades más famosas. Estas tienen criterios de selección muy rígidos gracias a los cuales solo permiten el acceso a estudiantes realmente brillantes. Por tanto, es cierto que su plan de estudios puede ser bueno, pero los estudiantes ya eran excelentes. Lo mismo ocurre con las personas que aparecen en los anuncios, no son bellas y delgadas porque usen el producto sino porque ya lo eran antes.

Se trata de un error muy importante, quizás uno de los más importantes de todos los que cometemos a diario, porque el hecho de atribuir erróneamente el éxito también implica que seguiremos un camino equivocado para alcanzarlo. Para escapar de este sesgo debemos aprender a leer más allá de los mensajes directos que nos envían continuamente y preguntarnos qué hay más allá de lo que vemos.
Escrito por: Jennifer Delgado

2/23/2015

Selfies: ¿Qué revelan de ti?


Llegas a un lugar, te parece bonito y mecánicamente, casi por inercia, levantas el móvil para hacerte un selfie y postearlo en tus redes sociales. 

Este acto que hoy es tan común, en el pasado era la excepción de la regla. Entonces solíamos pedirle a la persona más cercana que nos sacase una foto porque hacérsela uno mismo era la última opción, a la que casi nadie quería recurrir. Sin embargo, hoy los selfies están de moda, son tendencia. 

Así, podemos encontrar selfies de gente caminando, comiendo, compartiendo con sus amigos, mirando algo “interesante”, acabadas de levantar, a punto de irse a dormir… Y una infinita serie de puntos suspensivos…

No obstante, ¿te has preguntado cómo los selfies pueden cambiar tu vida y qué dicen sobre ti?

Debemos tener en cuenta que la tecnología no se limita a hacer las cosas por nosotros, hace las cosas en nuestro lugar y, como resultado, no solo cambia lo que hacemos sino también lo que somos.

La vida a través del lente


Los selfies, al igual que cualquier otra foto, interrumpe la experiencia que estamos viviendo, sobre todo si empleamos un tiempo adicional para subirlos a las redes sociales. El selfie implica ponernos “en pausa” y a veces también significa poner en stand by a quienes nos rodean, por el afán de documentar nuestras vidas.

Por supuesto, el deseo de inmortalizar determinados momentos de nuestra existencia siempre ha existido, el problema radica en que ahora las cámaras digitales nos acompañan allá donde vamos, por lo que también son mucho más invasivas que antaño. Por eso, hay personas que han comenzado a ver el mundo a través del ojo digital, olvidando cómo se disfruta la experiencia.

Personalidad con rasgos narcisistas y psicopáticos


Un estudio realizado recientemente por investigadores de la Universidad Estatal de Ohio ha desvelado que los hombres que publican más selfies en sus redes sociales también tienen rasgos narcisistas y psicopáticos. 

Por supuesto, no es sorprendente que los hombres que publican más selfies y pasan más tiempo editando sus imágenes tengan una vena narcisista, pero esta es la primera vez que se ha confirmado a través de un estudio científico. Y vale aclarar que aunque la investigación se realizó en hombres, sus resultados bien podrían aplicarse a las mujeres.

No obstante, lo más curioso del estudio es que también desvela rasgos de una personalidad antisocial. Aunque en estos casos, los hombres no solían editar las imágenes sino que las subían directamente a las redes sociales, lo cual tiene sentido ya que una de las características de las psicopatías es precisamente la impulsividad.

Cuando la autoestima depende del físico


En ese estudio también se pudo apreciar que editar las fotos estaba relacionado con elevados niveles de auto-objetivación, un concepto que hace referencia a aquellas personas que se valoran a sí mismas predominantemente por su apariencia física, más que por rasgos de su personalidad o por sus habilidades y logros. En otras palabras, muchas de las personas que solían publicar en sus redes sociales selfies editados, basaban su autoestima en su físico.

En este punto se cierra un círculo vicioso que puede llegar a ser muy dañino. Las personas que tienen una tendencia a la auto-objetivación suben más selfies a las redes sociales y, al recibir comentarios positivos sobre su aspecto físico, estos refuerzan su conducta. A la larga, se trata de una autoestima artificialmente elevada, que no tiene en cuenta otros factores de su personalidad.

De hecho, otro estudio realizado en la Universidad de Buffalo desveló que las personas que más fotos comparten en sus redes sociales son aquellas cuya autoestima se basa principalmente en las opiniones de los demás. Esto significa que están muy expuestas a la valoración de los otros, que su estado emocional depende en gran medida del nivel de aceptación que tengan sus fotos.

Las relaciones interpersonales se resienten


Uno de los estudios más interesantes sobre el fenómeno de los selfies fue realizado en la Universidad de Birmingham. Estos psicólogos descubrieron que mientras más selfies se hacen, más se afectan las relaciones interpersonales. ¿Por qué?

En primer lugar, porque las personas que están a tu alrededor pueden sentirse acomplejadas o relegadas a un segundo plano, mientras pones el énfasis en ti mismo.

En segundo lugar, porque están sometidos a la tensión de tener que estar listos en todo momento para sonreír a la cámara pues no saben cuándo puede llegar el próximo flash. Esa tensión desemboca, irremediablemente, en irritabilidad.

En tercer lugar, porque se genera una sensación de competencia entre amigos, que no es beneficiosa para ganar en intimidad.

¿Cuál es la solución?


No se trata de que los selfies sean malos en sí mismos. De hecho, existen desde hace varias décadas. El problema radica en que hoy son la expresión de una sociedad obsesionada con la imagen que ha abrazado el narcisismo. 

Por tanto, es importante aprender a disfrutar de cada uno de los momentos y dosificar el uso de la tecnología. Nos lo agradecerán las personas que se encuentran a nuestro alrededor y nuestro equilibrio psicológico se beneficiará. Recuerda que a veces es más importante disfrutar de la experiencia que inmortalizarla en una imagen. La imagen probablemente se perderá entre miles de fotos más, pero las experiencias y las emociones que vivas se quedarán para siempre en tu memoria.


Fuentes:
Fox, J. & Rooney, M. C. (2015) The Dark Triad and trait self-objectification as predictors of men’s use and self-presentation behaviors on social networking sites. Personality and Individual Differences; 76: 161-165.
Houghton, D. J. et. Al. (2013) Tagger’s delight? Disclouser and liking in Facebook: The effects of sharing photographs amongst multiple known social circles. En: University of Birmingham.
Stefanone, M. A. (2011) Contingencies of Self-Worth and Social-Networking-Site Behavior. Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking; 14(1-2): 41-49.
Escrito por: Jennifer Delgado

2/20/2015

Generosidad: Un caldo de verduras y 3 cajas de analgésicos


En un barrio de Bangkok, un niño desesperado robó unas cajas de analgésicos para su madre enferma. La farmacéutica lo descubrió, lo tomó por un brazo y le pegó, provocando un gran alboroto que atrajo la atención de los vecinos. 

El propietario de un pequeño restaurante que se encontraba justo enfrente fue testigo de toda la escena. Sin embargo, en vez de tomarle por un delincuente común, se acercó al niño para preguntarle por qué había robado. Este le contó que su madre estaba enferma, tenía la cabeza baja y estaba visiblemente avergonzado por lo que acababa de hacer. Entonces el hombre sacó dinero de su bolsillo y le pagó a la farmacéutica los medicamentos. Se los dio al niño, junto a un caldo de verduras.

Treinta años después, el dueño del restaurante se desmayó y, al caer, se golpeó la cabeza con un bordillo. Su situación era grave y necesitaba una intervención quirúrgica pero la hija no tenía el dinero necesario para costearla. Su padre nunca había sido avaricioso y no había amasado una gran fortuna. En su desesperación, pensaba que si hubiese sido menos generoso y hubiera pensado más en sí mismo, quizás ahora tendría el dinero para pagar el hospital.

Sin embargo, cuando estaba al borde de la desesperación, recibió un documento que decía: “todos los gastos médicos han sido saldados con 3 cajas de analgésicos y un caldo de verduras”. 

El niño que había robado los medicamentos para su madre se había convertido en un médico, trabajaba en aquel hospital y al enterarse de la situación del anciano que le había ayudado, decidió devolverle el gesto de generosidad.

Esta es la historia que narra un vídeo publicitario denominado “Giving”, de una compañía de teléfonos tailandesa, en el cual se intenta motivar a las personas a abrazar la generosidad.

El mejor remedio para la depresión y el estrés


Los beneficios de la generosidad han sido estudiados a nivel de laboratorio y no dejan lugar a dudas. Una investigación realizada en la Universidad de Michigan analizó a 423 parejas de personas mayores durante un periodo de cinco años. Así se descubrió que la esperanza de vida se duplicaba en quienes se involucraban en actividades de voluntariado o brindaban apoyo emocional. 

Otro estudio, esta vez realizado en la Universidad de Buffalo, analizó los eventos estresantes a los que estuvieron sometidas 846 personas a lo largo de cinco años. Al terminar la investigación estos psicólogos pudieron apreciar que quienes estaban acostumbrados a ayudar a los demás sufrían menos estrés y tenían un sistema inmunológico más fuerte.

La guinda del pastel llega de la mano de un análisis realizado por investigadores de la Universidad de Manchester. Estos psicólogos analizaron un total de 74 estudios y llegaron a la conclusión de que la generosidad y las actividades de voluntariado podían prevenir la depresión e incluso aliviar sus síntomas, una vez que se instauraba. De hecho, concluyeron que la generosidad es mucho más eficaz que la psicoterapia para tratar la depresión.

¿Cómo ser más generosos?


En una sociedad como la nuestra, que potencia los valores individualistas y la competencia, la generosidad no es pan cotidiano. Sin embargo, podemos aprender a ser generosos. De hecho, un estudio muy interesante realizado en la Universidad de Harvard nos brinda un maravilloso insight sobre cómo decidimos si ser generosos o actuar de manera más egoísta.

En este experimento participaron 2.000 personas de gran parte del mundo. Se formaron grupos compuestos por 4 personas, a las cuales se les pidió que donaran una parte de lo que se les había pagado por participar en el experimento. El dinero se invertiría en un proyecto grupal.

El dilema radicaba en que lo que representaba una buena inversión para el grupo, no lo era para cada uno de los individuos. En algunos casos les pedían que decidieran inmediatamente y en otros casos, se les daba más tiempo para que valoraran sus opciones.

En este punto los psicólogos notaron que cuando nos dejamos llevar por el primer impulso, tenemos la tendencia a pensar más en los otros y ser generosos. Sin embargo, si nos detenemos a pensar, encontraremos razones para no ayudar. De hecho, en el experimento se pudo apreciar que bastan 10 segundos para cambiar de decisión y lograr que la razón acalle ese primer impulso de generosidad.

El 67% de las personas que decidieron inmediatamente donaron parte de su dinero. Cuando se les dio más tiempo para pensar, solo el 53% accedió a donar. Se trata de una diferencia significativa, sobre todo teniendo en cuenta que el único factor que ha cambiado es el lapso de tiempo.

En este experimento se pudo apreciar que cuando nos encontramos ante una situación en la que debemos poner por delante los intereses de otra persona, se activan dos sistemas cerebrales: uno es rápido e intuitivo y nos impulsa a cooperar y ser generosos, el otro es más lento y racional y nos lleva a actuar de manera más egoísta. Por tanto, si quieres cambiar hábitos y actuar de manera más generosa, déjate llevar más a menudo por ese primer impulso.

Recuerda que la generosidad no implica simplemente donar o hacer voluntariado, también es brindar apoyo emocional. No siempre está a nuestro alcance realizar grandes gestos pero pequeños gestos cotidianos puede ayudar a las personas y hacer que su mundo sea mejor


Fuentes:
Coventry, P. A. (2014) Characteristics of Effective Collaborative Care for Treatment of Depression: A Systematic Review and Meta-Regression of 74 Randomised Controlled Trials. PLoSOne; 9(9). 
Solis, M. (2013) Rational Thought Can Override a Generous Intuition. Scientific American Mind; 24(14).
Poulin, M. J. et. Al. (2013) Giving to Others and the Association Between Stress and Mortality. Am J Public Health; 103(9): 1649–1655.
Brown, S. L. et. Al. (2003) Providing Social Support May Be More Beneficial Than Receiving It. Results From a Prospective Study of Mortality. Psychological Science; 14(4): 320-327.
Escrito por: Jennifer Delgado

2/19/2015

5 relaciones tóxicas que debes evitar a toda costa


Nuestras mayores satisfacciones y alegrías provienen de las relaciones interpersonales. Nuestras mayores desdichas también. 

Inmersos en diferentes grupos sociales desde que nacemos, no es extraño que a menudo surjan conflictos que alteran nuestro equilibrio psicológico y que incluso nos pueden llevar al límite. Sin embargo, en algunos casos el problema es aún peor porque no se trata de situaciones puntuales sino de conflictos recurrentes.

De hecho, no es extraño encontrar a personas que se lamentan continuamente porque, de una forma u otra, siempre terminan siendo víctimas de los demás. Son personas que, aunque cambien de trabajo, ciudad o grupo de amigos, al final terminan cayendo en los mismos patrones de relaciones tóxicas. Estas personas no son tóxicas en sí, el problema es que con sus comportamientos y actitudes atraen a quienes sí lo son.

¿Qué son las relaciones tóxicas?


Una relación es tóxica cuando te impide desarrollar tu potencial y te hace sentir mal. Desde esta perspectiva, no solo se pueden establecer relaciones tóxicas con la pareja sino también entre padres e hijos, con los amigos e incluso con los compañeros de trabajo.

En una relación sana, cada persona aporta una parte de sí, dándole cierta libertad al otro y contribuyendo a su crecimiento. En una relación tóxica una persona intenta dominar y manipular, incluso a despecho de las necesidades e intereses del otro. Como resultado, la víctima se siente infeliz. Si esta situación no se resuelve, con el paso del tiempo incluso puede generar problemas de índole psicológica, como la depresión o daños profundos a la autoimagen y la autoestima.

¿Cuáles son los tipos de relación más peligrosos?


1. Las relaciones cuyo objetivo es “llenar” a una persona

Hay quienes piensan que su vida será más completa y maravillosa si encuentra a otra persona con la cual compartir sus sueños y desventuras. Es cierto que encontrar a alguien con quien compartir nuestras ilusiones, a alguien que nos apoye en los momentos más difíciles, es reconfortante. Sin embargo, para que una relación sea sana y madura, primero deben serlo cada una de las personas, por separado.

La idea de que el otro llenará el vacío es errónea. En realidad, estas personas no logran despojarse de su miseria y aburrimiento por lo que terminan sintiéndose frustradas y culpando al otro. No es una buena idea lanzarse a vivir una relación para suplir carencias personales. Solo cuando nos amamos a nosotros mismos, seremos capaces de amar plenamente a otros.

Además, en estas relaciones, una persona carga con la responsabilidad de “completar” a la otra. Y a la larga ese rol resulta muy agobiante y repercute negativamente en la calidad de la relación, haciendo que se deteriore.

2. Las relaciones en las que una persona toma el control

En la mayoría de las relaciones interpersonales se producen luchas de poder, algunas pueden ser más visibles, otras transcurren de manera implícita. Sin embargo, una vez que la relación se asienta, cada cual asume un rol y el poder queda distribuido lo más equitativamente posible. No obstante, hay casos en los que una persona asume las riendas de la relación.

En un primer momento, esta situación incluso puede resultar cómoda ya que la otra persona es quien decide y asume la responsabilidad. No obstante, este tipo de relación resulta muy limitante ya que una de las partes pierde el derecho a opinar y a decidir, pierde su autonomía, la independencia, la autoestima y la autoconfianza. Por tanto, esa persona se sentirá atrapada, sin posibilidades de crecer.

Toda relación de pareja implica cooperación, es necesario que ambas personas se involucren y se sientan libres para expresar sus opiniones y que estas sean tenidas en cuenta. Las decisiones se deben tomar de común acuerdo, no por imposición o por dejación de derechos.

3. Las relaciones sustentadas en expectativas irreales

Hay personas que no aceptan a los demás sino que intentan cambiarles, quieren que se conviertan en alguien a su imagen y semejanza y que cumplan con todos sus requisitos. En estos casos, la relación no se ha iniciado con la persona “real” sino con la persona “ideal”. Por ejemplo, alguien puede comenzar una relación de pareja pensando que las características que no le gustan del otro desaparecerán. 

Sin embargo, la base de toda relación interpersonal es la aceptación. Las relaciones basadas en expectativas irreales, a la larga, provocan frustración y sufrimiento porque el desencanto no tarda en aparecer. 

Por otra parte, la persona a la que se le demanda el cambio se sentirá inadecuada ya que percibe que no es valorada por lo que es realmente, sino que es objeto de críticas constantes. A la larga, este tipo de relaciones terminan siendo muy dañinas ya que una persona no logra aceptar y la otra, por mucho que cambie, nunca podrá satisfacer las expectativas.

4. Las relaciones co-dependientes

En este tipo de relación las dos personas son dependientes, adoptan un rol pasivo y pierden su individualidad. Es curioso porque ninguna adopta el papel dominante sino que ambas necesitan la aprobación del otro para tomar cualquier decisión, hasta la más mínima. Esto se debe a que priorizan constantemente las necesidades del otro sobre las suyas.

En esta relación, cada persona se diluye en la otra, hasta tal punto que ambos prácticamente se convierten en adictos a la relación. Aunque a primera vista esta forma de relacionarse incluso puede parecer ideal, el problema radica en que estas personas suelen acumular mucho resentimiento ya que, aunque han sido ellas quienes han elegido ese tipo de relación, terminan culpando al otro de sus descalabros y malas decisiones.

En realidad, en una relación ambas personas deben responsabilizarse por sus acciones. Es importante contar con el otro para tomar decisiones pero eso no significa que perdamos nuestra identidad. 

5. Las relaciones chantajistas

En este tipo de relación siempre existe un manipulador, alguien que conoce perfectamente los puntos débiles del otro y que no duda en usarlos a su favor para obtener lo que desea. Esta persona mantiene la relación solo porque le resulta conveniente pero no dudará en deshacerse de ella cuando no la necesite.

En esta relación uno se somete al otro, porque experimenta una sensación de culpa. La persona se siente atrapada en una tela de araña emocional y tiene miedo a escapar, por las consecuencias que podría tener su decisión.

A la larga, la relación con un chantajista termina siendo muy costosa, sobre todo en el plano afectivo. Por lo que es mejor cortar por lo sano ya que estas personas no dejarán de hacer demandas cada vez más abusivas.
Escrito por: Jennifer Delgado

2/18/2015

7 signos que indican que la psicoterapia no te está ayudando


La psicoterapia es el arte de usar la palabra para sanar. A lo largo de las sesiones se establece una relación de colaboración que proporciona un espacio de apoyo para que la persona pueda hablar abiertamente de los problemas que le preocupan. El psicólogo y el paciente trabajan juntos para identificar y cambiar los patrones de pensamiento y comportamiento que están afectando el equilibrio mental. 

Los estudios sobre la eficacia de la psicoterapia han demostrado que alrededor de un 80% de las personas manifiestan cambios psicológicos positivos y significativos. De hecho, se ha podido apreciar que en algunos trastornos, como la depresión, las fobias y los ataques de pánico, la psicoterapia es mucho más eficaz a largo plazo que los medicamentos.

Sin embargo, no podemos engañarnos, la psicoterapia no es un proceso sencillo por lo que no siempre transcurre por los cauces previstos. Hay ocasiones en que el tratamiento no ayuda e incluso puede llegar a ser iatrogénico.

¿Cómo saber si el tratamiento no está funcionando?


1. No mejoras. La psicoterapia no suele brindar resultados inmediatos, no se puede esperar que los problemas se resuelvan como por arte de magia en unas pocas sesiones. De hecho, se estima que solo el 50% de las personas experimenta una mejoría notable después de seis meses de tratamiento, algunas deben esperar un poco más.

Sin embargo, el psicólogo debe realizar un cierre adecuado en cada sesión, de manera que la persona perciba que está avanzando. Incluso en las primeras consultas, que normalmente están dirigidas al diagnóstico, se intenta que la persona confíe en que va a solucionar la dificultad que le ha motivado a pedir ayuda. Por tanto, si han pasado varias semanas y sientes que no has hecho ningún progreso, quizás sea hora de comentárselo a tu psicólogo para que cambie de estrategia.

2. No te sientes cómodo hablando de tus problemas. El psicólogo es un completo desconocido para la persona que solicita ayuda por lo que es comprensible que durante las primeras sesiones no se sienta del todo cómoda hablando de sus dificultades. No obstante, a medida que se va consolidando la relación con el terapeuta, se produce una desinhibición y la persona logra hablar libremente de sus problemas. 

Si sientes que no conectas con tu psicólogo, es probable que se haya producido un fallo en el momento de crear el rapport o que este no muestre suficiente empatía. Por tanto, si esta situación no se resuelve rápidamente, la psicoterapia no llegará a buen puerto ya que uno de los factores que predice el éxito es precisamente el grado de apertura de la persona.

3. Te sientes criticado o juzgado. Uno de los principios fundamentales de la terapia es no juzgar. Cuando el psicólogo juzga, termina enviando pequeñas señales extraverbales que la persona puede captar y que la harán sentirse incómoda. En el peor de los casos, el paciente no se atreverá a desvelar sus secretos por temor a que el psicólogo le critique.

Sin embargo, en una psicoterapia se debe establecer un clima de aceptación, solo así la persona podrá hablar abiertamente de los problemas que le preocupan. De hecho, los estudios sobre la eficacia de la psicoterapia han descubierto que la similitud entre el psicólogo y la persona, en términos de personalidad, valores y actitudes, es un indicador que puede predecir el éxito del tratamiento. Por eso, siempre se recomienda que antes de elegir un psicólogo, la persona valore si ha “conectado emocionalmente” con el profesional.

4. Experimentas más emociones negativas. En algunos casos, en la terapia es necesario traer a colación determinadas experiencias negativas o dolorosas, para que la persona las pueda procesar y aceptar. A veces, estas sesiones son muy intensas y pueden generar cierto desasosiego o desconcierto pero el psicólogo debe cerciorarse de que, al final, permitan que la persona crezca. Caso contrario, será simplemente iatrogenia. 

Por eso, si te sientes peor después de varias sesiones y emociones como la ira o la frustración han ido en aumento, es probable que la terapia no esté yendo por buen camino. Lo usual es que al salir de una sesión, aunque no siempre te sientas feliz o contento, te sientas tranquilo y tengas confianza en que vas a resolver el problema.

5. Comienzas a tener problemas en otras áreas de tu vida. En ocasiones, la psicoterapia abre nuevas puertas, hace que la persona adopte perspectivas diferentes que pueden sacar a la luz insatisfacciones en determinadas áreas de la vida, como puede ser la relación de pareja o el trabajo. 

Sin embargo, la mayoría de los psicólogos están obligados a seguir una norma: no se debe enfrentar a la persona a nuevos problemas que no estén preparadas para solucionar. Por tanto, si te sientes más confundido que antes y han aparecido nuevos problemas en tu vida, es probable que se deba a que la psicoterapia no está funcionando o a que el psicólogo ha sacado a colación conflictos que aún no puedes afrontar.

6. Te culpas por las cosas que salen mal en la psicoterapia. La terapia es un proceso complejo y aunque el terapeuta intenta mantener el control de lo que sucede, algunas situaciones pueden escapársele de las manos. No obstante, si las cosas salen mal en la terapia y te culpas por ello, es probable que el tratamiento no esté yendo por buen camino.

Si te sientes culpable por los problemas que surgen a lo largo de las sesiones, es conveniente que lo hables con tu psicólogo para que podáis explorar qué está sucediendo. De hecho, no es terapéutico que la persona se culpe por la falta de habilidad de su terapeuta. No obstante, se debe aclarar que hay casos en los que ese sentido de culpabilidad se debe a una resistencia o transferencia, en todo caso, es tarea del psicólogo evitar que suceda. 

7. No te fías de las técnicas. Desgraciadamente, alrededor de la Psicología se han creado numerosos mitos populares por lo que muchas personas acuden a terapia con recelo. Por ejemplo, una de las creencias más comunes consiste en pensar que durante la hipnosis, la persona queda a merced de la voluntad del hipnotizador. En realidad no es así pero si la persona tiene esta idea, no se sentirá cómoda sometiéndose a esta técnica, percibirá que están violando su intimidad. Lo mismo puede ocurrir con técnicas como el tapping, la EMDR, la terapia de grupo o la visualización. 

Por eso, un buen psicólogo debe ser capaz de convencer a la persona de la eficacia de la técnica y, si esta se resiste, debe recurrir a otras técnicas. No debe presionar para que el paciente se someta a técnicas con las que no se siente cómodo.

¿Buscar otro psicólogo? 


El hecho de que la psicoterapia no esté yendo bien no significa que no se pueda corregir el rumbo. Lo más recomendable es hablar con el psicólogo al respecto y tomar juntos una decisión. Debes tener en cuenta que el 70% de las personas abandona entre la cuarta y la décima sesión simplemente porque los resultados no llegan tan rápido como esperaban. Por tanto, antes de interrumpir el tratamiento, debes preguntarte si lo estás haciendo porque la psicoterapia realmente no funciona o porque tenías expectativas irreales sobre los resultados. 

Si decides cambiar de psicólogo, busca concienzudamente y valora el perfil de los diferentes profesionales antes de elegir. Existen plataformas como Doctuo, en la cual podrás encontrar a psicólogos y centros médicos de más de una decena de países, entre ellos España, México y Argentina. Además de acceder a sus fichas para conocer su especialidad y métodos de trabajo, podrás leer opiniones de otros pacientes y realizar preguntas online sobre temas específicos que te preocupen. 

Fuente: 
Castro, A. (2001) ¿Son eficaces las psicoterapias psicológicas? Psicodebate; 3: 59-90.
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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