+ ArtículosEducación

1/18/2017

La negligencia emocional sufrida en la infancia crea adultos poco asertivos


La asertividad es una competencia esencial para la vida. No solo nos evitará numerosos problemas en el ámbito de las relaciones interpersonales sino que también nos permitirá perder menos la paciencia y vivir de manera más equilibrada y relajada. De hecho, Anthony Robbins afirmó que "la forma en que nos comunicamos con los demás y con nosotros mismos, en última instancia, determina la calidad de nuestras vidas".

La asertividad no es más que la capacidad para hacer valer nuestros derechos con claridad de manera adecuada, sin ser demasiado pasivos ni muy agresivos, respetando a su vez los derechos de los demás.

Sin embargo, aunque parece muy sencillo, ponerla en práctica es un poco más complicado. De hecho, la mayoría de las personas que nos rodean no son asertivas, o lo son en muy poca medida. ¿Por qué?

En muchos casos la razón se encuentra en su infancia. Si hemos crecido en un hogar donde se practicaba la negligencia emocional, donde las emociones eran ignoradas o incluso castigadas, simplemente no hemos tenido la oportunidad de desarrollar la asertividad.


Tus 10 derechos asertivos


1. Tienes derecho a juzgar tu propio comportamiento, pensamientos y emociones, así como asumir la responsabilidad por ellos.

2. Tienes derecho a no ofrecer excusas ni explicaciones por tus decisiones.

3. Tienes derecho a decidir si asumes la responsabilidad de resolver los problemas de los demás.

4. Tienes derecho a cambiar de opinión.

5. Tienes derecho a cometer errores, y asumir las consecuencias.

6. Tienes derecho a decir “no lo sé”.

7. Tienes derecho a actuar independientemente de la “buena voluntad” de los demás.

8. Tienes derecho a tomar decisiones ilógicas.

9. Tienes derecho a decir “no lo entiendo”.

10. Tienes derecho a decir “no me interesa”.

Sin embargo, las personas cuyos padres pensaban que expresar las emociones era algo negativo, probablemente no serán conscientes de sus derechos. Si tus padres ignoraban o incluso castigaban tus expresiones emocionales, te habrá llegado el mensaje de que tus sentimientos, emociones y necesidades no cuentan.

Por tanto, quizá a menudo te descubres diciéndote frases como: “no hables de cosas negativas”, “no puedes dejar que los demás sepan cómo te sientes o qué piensas en realidad” o “no provoques alteraciones”. Estas frases seguramente provienen del discurso de tus padres, pero se han enquistado tanto en tu inconsciente que siguen determinando tu comportamiento, aunque hayas crecido.

Los resultados de la negligencia emocional en la adultez


La negligencia emocional es la incapacidad para responder adecuadamente a las necesidades emocionales de los niños. De hecho, una de las tareas fundamentales de los padres es, precisamente, validar las emociones de sus hijos y enseñarles a encauzarlas de la manera más adecuada. Los padres son el modelo emocional de sus hijos, son las personas en quienes estos se reflejan y buscan apoyo cuando se encuentran desorientados.

Si los padres no son capaces de reconocer esas emociones o cuando estas afloran les restan importancia a través de frases como “no hay motivos para llorar” o “no ha pasado nada”, le estarán diciendo al niño que su reacción, que es completamente normal y comprensible, no es adecuada. Como resultado, ese pequeño no sabrá qué hacer, por lo que se convertirá en un adulto que:

- No confía en sus emociones e instinto, ya que le han enseñado a ocultarlos e ignorarlos.

- Tiene dificultades para reconocer sus emociones y sentimientos ya que nunca fueron validados.

- Tiene problemas para expresar de forma asertiva sus emociones, por lo que asume posturas extremas: permite que los demás le pisoteen o se muestra muy agresivo.

- Desarrolla una baja autoestima pues cree que no es digno de ser amado.

- Experimenta sentimientos de culpabilidad y cree que no tiene derecho a ser él mismo.

Las bases para desarrollar la asertividad en cualquier etapa de la vida


- Aprender a reconocer las emociones propias y etiquetarlas. Saber exactamente cómo te sientes y por qué te ayudará a gestionar mejor esas emociones, de manera más asertiva.

- Ser consciente de tus derechos como persona, sabiendo que mereces ser tratado con respeto. Y ser consciente de que los demás merecen lo mismo.

- Valorar las opiniones de los demás, sabiendo que podemos disentir sin juzgar ni menospreciar al otro. Y exigir lo mismo a cambio.

- Desarrollar una autoestima sana, comprendiendo que los errores no disminuyen tu valía sino que son oportunidades para crecer. De esta forma no te sentirás amenazado por los demás y no responderás de manera agresiva ni dejarás que te pisoteen.

Por supuesto, también será de gran ayuda aprender algunas técnicas asertivas, para lidiar con las situaciones más complicadas.

En el caso de los niños, para desarrollar la asertividad es fundamental que los padres aprendan a respetar su individualidad y sus opiniones, aunque puedan parecer infantiles o poco prácticas. Estas preguntas podrán obrar milagros para educar a un niño seguro y asertivo:

- ¿Qué piensas?
- ¿Cómo te sientes?
- ¿Qué necesitas?
- ¿Qué tienes que decir?

De esta manera los niños aprenderán a:

- Descubrir lo que sienten y necesitan.
- Saber que sus emociones y necesidades son importantes
- Expresar sus emociones y necesidades de manera que la otra persona les respete.
Leer Más

1/16/2017

Si se te escapan “malas palabras” a menudo es porque eres una persona más sincera


Aún a riesgo de simplificar la riqueza humana, podemos atrevernos a afirmar que en el mundo existen dos tipos de personas: aquellas que se muerden la lengua para no dejar salir las “malas palabras” y aquellas que las sueltan, sin más. Quienes imprecan pueden llegar a parecer groseros y maleducados pues incluir algunas palabras catalogadas como “obscenas” en nuestro discurso no está bien visto. Sin embargo, este hábito puede sumar algunos puntos a tu favor.

Un estudio desarrollado en las universidades de Stanford, Cambridge, Maastricht y Hong Kong sugiere que las personas que encadenan una obscenidad tras otra en realidad podrían ser más honestas. 

Imprecar implica aplicar menos filtros mentales al discurso 


En la primera parte del estudio participaron 276 personas, las cuales refirieron las principales palabrotas que usaban en su vida cotidiana y con qué frecuencia. A continuación los investigadores pusieron a prueba su nivel de honestidad a través de una serie de tests.

En la segunda parte del estudio los investigadores analizaron unos 73.789 perfiles de Facebook, buscando indicadores linguisticos de engaños, como el uso de la tercera persona y la presencia de palabras negativas.

Al combinar los resultados se apreció que existe una fuerte correlación entre las imprecaciones y la honestidad; es decir, las personas que maldicen y usan palabrotas suelen ser más sinceras.

Los investigadores señalan que aunque en la mayoría de las culturas maldecir y decir palabrotas está mal visto, en realidad estas son una forma de expresión directa y honesta, sin tamices. De hecho, no son expresión de maldad o ira sino más bien de autenticidad ya que las personas pueden usar estas palabras en contextos sociales como si estuvieran hablando consigo mismas. En práctica, sería una externalización del diálogo interior que discurre en su mente.

Este tipo de lenguaje también implica que esa persona no filtra mucho su discurso social, lo cual indica que usa menos máscaras y no tiene miedo a mostrarse tal cual es. También puede considerarse un indicador de que a esa persona no le interesan tanto las convenciones sociales.

Además, un experimento llevado a cabo en la Universidad de Keele demostró que las imprecaciones nos ayudan a lidiar con el dolor. Cuando las personas podían maldecir libremente reportaban menos dolor, a pesar de que su ritmo cardíaco aumentaba. Esto significa que aumenta su umbral de percepción del dolor. Y por si fuera poco, también se ha descubierto que decir palabrotas incrementa nuestra tolerancia a la frustración. 

¿Por qué las “malas palabras” tienen ese efecto?


La clave se encuentra en que las “malas palabras”representan un tabú social, están prohibidas en ciertas situaciones. Por tanto, cuando nos damos permiso para decirlas, estamos rompiendo una regla implícita, lo cual nos hace sentir bien.

Además, en situaciones de estrés decir palabrotas implica romper el dique del autocontrol, por lo que imprecar se convierte en una válvula de escape que nos permite liberar un poco de tensión. Por eso las “malas palabras” tienen un poder catártico.


Fuentes:
Feldman. G. et. Al. (2016) Frankly, we do give a damn: The relationship between profanity and honesty. Social Psychological and Personality Science.
Stephens, R. (2009) Swearing as a response to pain. NeuroReport, 120: 1056-1060. 
Newman, M. L. et. Al. (2003) Lying Words: Predicting Deception From Linguistic Styles. PSPB; 29(5): 665-675.
Leer Más

1/13/2017

El amor no tiene que ser perfecto sino auténtico


Cada persona tiene su noción del amor, aunque es difícil desligarse por completo del imaginario popular. De hecho, las películas románticas de Hollywood y los cuentos infantiles nos han transmitido, de una u otra forma, una imagen idealizada del amor, una imagen que se encuentra en nuestro inconsciente y que determina nuestras elecciones. Así, sin darnos cuenta, buscamos a la persona “perfecta”, y ante el menor problema ponemos en duda la relación, pensando que nos hemos equivocado al elegir.

Por supuesto, no hay nada de malo en aspirar a encontrar a una persona que comparta nuestros intereses y valores, que mire en nuestra misma dirección. De hecho, no debemos conformarnos con menos. Pero eso no significa aspirar a la perfección, entre otras razones, porque no existe. 

Para disfrutar de un amor pleno no es necesario que este sea perfecto sino auténtico, y eso significa que ambas personas deben haber realizado un arduo trabajo interior. El amor necesita un lugar donde resguardarse, necesita de ambos para existir y sobrevivir, por eso, si cada quien no se ama lo suficiente, no será capaz de amar. 

El valor de la autenticidad en la pareja


La autenticidad es simplemente ser quienes somos, no usar máscaras. Una persona auténtica es una persona congruente, que actúa según sus ideas y emociones. Sin embargo, en la vida cotidiana no siempre es fácil ser auténticos ya que en ocasiones para adaptarnos tenemos que encarnar roles sociales que implican usar máscaras. 

De hecho, cuando conocemos a una persona que nos atrae e intentamos impresionarla mostrando nuestro mejor lado, estamos usando una máscara. Y estamos tan acostumbrados a encarnar diferentes roles que estos ya forman parte de nuestra vida y algunos incluso se han olvidado de su propio “yo”.

Sin embargo, en una relación de pareja la falta de autenticidad es mortal porque implica interpretar un papel continuamente, lo cual resulta agotador. 

Si necesitas interpretar un papel con tu pareja es porque, en el fondo, crees que no aceptará ni amará tu auténtico “yo”, de manera que prefieres ocultarlo, o al menos una parte.

Obviamente, una relación así es estresante y, a la larga, no te hará feliz ya que solo generará una profunda insatisfacción, la insatisfacción de no poder ser tú mismo/a porque crees que serás juzgado/a. Se trata de una sensación muy desagradable que, antes o después, dará al traste con la pareja.

La falta de autenticidad también es desconfianza


De cierta manera, no ser auténticos con la pareja implica que no confiamos plenamente en el otro, que tenemos una idea preconcebida de este y creemos que nos juzgará negativamente. Por eso preferimos esconder algunos aspectos de nuestro verdadero “yo”.

Sin embargo, de esta forma no le damos la oportunidad al otro de decidir, de conocernos íntimamente, con nuestras virtudes y defectos. Al interponer esa barrera también le enviamos la señal de que no queremos conocerle, por lo que es probable que la otra persona se sienta rechazada o incluso juzgada. 

Al contrario, cuando ambas personas se comportan de forma auténtica se envían un mensaje muy claro: "eres lo suficientemente importante para mí como para interactuar sin máscaras, para mostrarte mi esencia, sin miedos". Solo de esa interacción puede surgir la aceptación plena, que es la que da paso a un amor maduro y desarrollador.

Amar no es estar hechos el uno para el otro, sino construirse mutuamente


El mito de la media naranja implica que existe alguien en algún lugar del mundo ideal para ti. Sin embargo, en realidad el amor no es encontrar a esa persona supuestamente perfecta, hecha a nuestra medida, sino ir cambiando a lo largo del camino, porque eres consciente de que esa es la persona que quieres a tu lado.

De hecho, este ilustrador no pudo expresarlo mejor con estas tiernas imágenes que nos demuestran que el amor radica en ser auténticos y disfrutar de lo que nos gusta en compañía del otro:






Leer Más

1/11/2017

Bostezar mucho es señal de un cerebro más grande y complejo


Si cuando ves a alguien bostezar no puedes reprimir el bostezo, si bostezas cuando tienes sueño, cuando estás aburrido y hasta cuando estás cansado, quizá no sea tan mala señal ya que, según un estudio realizado en la Universidad Estatal de Nueva York, es probable que tengas un cerebro más grande o más complejo. Al contrario, quienes tienen un cerebro más pequeño parecen bostezar menos.

Estos investigadores analizaron la duración del bostezo de 109 individuos pertenecientes a 19 especies diferentes, desde personas hasta elefantes, ratones, monos y conejos. Así descubrieron que cuánto más largo era el bostezo, mayor era el tamaño del cerebro y más conexiones corticales tiene.

Para probar esta teoría midieron la duración de los bostezos en diferentes especies animales y descubrieron que la clave no era el tamaño de sus bocas o mandíbulas. De hecho, el bostezo de los ratones dura una media de 0,8 segundos, el de los perros 2,4 segundos, el de los gatos 1,97 segundos, el de los camellos 4,8 segundos y el de las personas 6,5 segundos.

El bostezo como mecanismo para enfriar el cerebro


La relación entre la cantidad de bostezos y su duración con el tamaño del cerebro podría encontrar respaldo en una hipótesis lanzada en 2007 por estos mismos investigadores, quienes descubrieron que al bostezar se expanden y contraen las paredes del seno maxilar para bombear aire al cerebro, lo que hace disminuir su temperatura. 

La “teoría termorreguladora del bostezo”afirma que al bostezar aspiramos aire, el cual sirve para enfriar el cerebro. De hecho, no es casualidad que el maxilar sea una de las cuatro cavidades más grandes de nuestra cabeza.

Estos investigadores primero analizaron los cerebros de ratas y notaron que se producían cambios de temperatura en el cerebro antes, durante y después del bostezo. De hecho, la temperatura cerebral sufría cambios abruptos justo antes de un bostezo.

Posteriormente los investigadores les pidieron a unos pacientes que sufrían episodios crónicos de exceso de bostezos que midieran su temperatura antes y después de este. Los resultados mostraron que su temperatura corporal era elevada antes el bostezo y posteriormente bajaba.

Otra teoría de investigadores franceses sostiene que el bostezo sirve para sacar al cerebro de lo que se conoce como “modo por defecto”, un estado en el que no estamos completamente despiertos ni completamente dormidos, y lograr que pase a estar plenamente atento. 

De esta forma, el bostezo serviría como una especie de interruptor que nos permite activar nuestro nivel de alerta. Este mecanismo se pondría en marcha al aumentar la circulación del líquido cefalorraquídeo.

Desde esta perspectiva, sería lógico pensar que si el cerebro es más grande, la persona necesitará bostezar con más frecuencia o durante más tiempo para enfriarlo.De hecho, los neurocientíficos afirman que la duración del bostezo está vinculada con el tamaño y la complejidad cerebral ya que mientras más neuronas existan y más complejas sean las redes que forman, más flujo sanguíneo se necesitará.


Fuentes:
Gallup, A. C. (2016) Yawn duration predicts brain weight and cortical neuron number in mammals. Biology Letters; 12(10).
Shoup-Knox, M. et. Al. (2010) Yawning and stretching predict brain temperature changes in rats: support for the thermoregulatory hypothesis. Front. Evol. Neurosci.; 24(2): 108.
Gallup, A. C. & Gallup, G. G. (2007) Yawning as a Brain Cooling Mechanism: Nasal Breathing and Forehead Cooling Diminish the Incidence of Contagious Yawning. Evolutionary Psychology; 5(1):92-101.
Walusinski, O. (2014) How yawning switches the default-mode network to the attentional network by activating the cerebrospinal fluid flow. Clinical Anatomy; 27(2): 201–209.
Leer Más

1/10/2017

Lecciones para la vida que pueden enseñarnos los jugadores de póker


A veces en la vida las lecciones más importantes provienen de quienes menos esperamos. Solo es necesario mantenerse atentos y abiertos a la experiencia. De hecho, nadie es lo suficientemente pobre que no tenga algo que dar ni lo suficientemente rico que no tenga algo que recibir. 

En este sentido, los jugadores de póker pueden convertirse en una fuente de inspiración insospechada para nuestro desarrollo personal ya que muchas de las estrategias que usan en la mesa de juego también se pueden aplicar a la vida cotidiana. De hecho, psicología y póker siempre han ido de la mano. 

El éxito es cuestión de equilibrio

Investigadores de la Universidad de Cornell se dieron a la tarea de recopilar y analizar los datos de 27 millones de manos de póker. Descubrieron que a medida que los jugadores subían las apuestas solían desarrollar un estilo de juego más agresivo. Sin embargo, también apreciaron un patrón: los jugadores que más ganaban eran aquellos que sabían mantener un equilibrio entre la pasividad y la agresividad. Ni los jugadores demasiado agresivos ni aquellos que adoptaban un estilo pasivo lograban ganar grandes sumas. 

Esto nos demuestra que la clave en el juego, al igual que en la vida, radica en el equilibrio. De hecho, varias investigaciones han revelado que tanto el estilo de afrontamiento pasivo como el agresivo están relacionados con el desarrollo de diferentes patologías. La hostilidad, por ejemplo, se ha vinculado con un riesgo mayor de sufrir ictus e infartos mientras que la pasividad se ha relacionado con la aparición de enfermedades como la úlcera péptica y los problemas dermatológicos. 

Por consiguiente, debemos aprender que hay ocasiones en las que debemos mantenernos firmes y defender nuestros derechos y otras en las que lo más sabio es ignorar y pasar página. La clave de nuestro bienestar dependerá, en gran medida, de ese balance.

Hay que elegir qué batallas luchar

Los buenos jugadores de póker saben cuándo vale la pena subir la apuesta y llegar hasta el final en una mano y cuándo es momento de abandonar. Para tomar esta decisión no solo recurren a la lógica sino también a su intuición y experiencia.

En la vida también es fundamental saber cuándo es necesario ser perseverantes y cuándo ha llegado el punto en el que es más inteligente abandonar la partida ya que, de lo contrario, perderemos demasiado. De hecho, a menudo en nuestro día a día nos vemos inmersos en pequeñas batallas cotidianas de las que no sacamos ningún provecho sino que nos dejan exhaustos. Al contrario, cuando elegimos sabiamente las batallas que queremos luchar centramos nuestros recursos y alcanzamos mejores resultados con un menor esfuerzo. 

También es importante no caer en el error de seguir apostando por algo solo porque hemos invertido tiempo y esfuerzo en ello, haciendo caso omiso de las señales que nos indican que vamos por mal camino. No hay que desistir demasiado pronto ni aferrarse durante demasiado tiempo.

Si te olvidas de las personas no llegarás muy lejos

Hay quienes piensan que el póker se reduce a las probabilidades. Están equivocados. En el póker el jugador se enfrenta a otras personas y si lo olvida estará perdido. A diferencia del blackjack, en el póker se pueden perder o ganar fortunas debido al elemento humano. Un jugador experto, aunque tenga buenas cartas y las probabilidades a su favor, no puede ignorar a sus contrincantes. De hecho, si actúa con demasiada confianza y los demás lo notan, abandonarán la partida rápidamente. Phil Hellmuth no pudo resumirlo mejor: “Hay quienes piensan que el póker es un juego de cartas, pero en realidad es un juego de personas que se juega con cartas”.

En este sentido, un estudio realizado en la Universidad de Harvard reveló que los jugadores de póker son capaces de captar rápidamente las expresiones faciales de sus oponentes y usar esa información para tomar sus decisiones. De hecho, esa información se procesa en apenas 10 milisegundos, con la ayuda de la amígdala, una región del cerebro vinculada con las emociones y la toma de decisiones rápidas.

En la vida, al igual que en el póker, nuestra capacidad para conectar con las personas es esencial. De hecho, es uno de los pilares de la Inteligencia Emocional y del éxito. Por eso, es importante que no descuides a las personas que están a tu lado, que alimentes esas relaciones y que desarrolles tu fibra más sensible. Una actitud demasiado egocéntrica no te llevará muy lejos.

Para ganar, hay que saber perder

En el póker unas veces se gana y otras se pierde. Un buen jugador lo sabe y desarrolla una gran tolerancia a la frustración, aprende a lidiar con el fracaso porque comprende que cada mano que pierde es una oportunidad para aprender. Se pregunta: ¿dónde fallé? ¿Cómo podría haberlo hecho mejor? Los jugadores son conscientes de que solo pueden aprender jugando. De hecho, el jugador Mike Sexton afirmó: “En aprender cómo se juega al póker se tarda un minuto, en controlar los aspectos del juego, toda una vida”.

Desarrollar esa tolerancia a la frustración y aprender a lidiar con el fracaso también es fundamental en la vida. De hecho, si pasamos demasiado tiempo centrados en el problema, no tendremos tiempo para buscar la solución. Al contrario, si asumimos los errores como oportunidades de aprendizaje, no solo podremos crecer sino también vivir con menos estrés.

No lo tomes como algo personal

Científicos finlandeses les pidieron a diferentes jugadores de póker online que calcularan sus probabilidades de ganar en diferentes escenarios y que tomaran sus respectivas decisiones de juego. Los investigadores apreciaron que los jugadores más experimentados obtenían mejores resultados. ¿Por qué? 

Simplemente porque habían desarrollado un pensamiento más rápido que les permitía tomar mejores decisiones, mientras que los jugadores inexpertos se consumían en la rumiación. En práctica, los jugadores noveles pensaban continuamente en todo lo que podía salir mal y en sus consecuencias mientras que los jugadores experimentados asumían una distancia emocional que les permitía tomar mejores decisiones. William J. Florence resumió esta forma de pensar y actuar: “El punto clave en el póker es nunca perder la cabeza. Si la pierdes, seguro que perderás todas tus fichas”.

En la vida también es importante aprender a asumir una distancia emocional de los problemas ya que así podremos tomar mejores decisiones y, sobre todo, actuar con mayor rapidez, antes de que sea demasiado tarde. De hecho, esa distancia que adoptan los jugadores de póker es una lección muy antigua que sienta sus raíces en el taoísmo: el desapego.


Fuentes:
Laakasuo, M. et. Al. (2014) Emotional and Social Factors Influence Poker Decision Making Accuracy. J Gambl Stud; 31(3): 933-947. 
Palomaki, J. et. Al. (2013) “Don’t Worry, It’s Just Poker!’’- Experience, Self-Rumination and Self-Reflection as Determinants of Decision-Making in On-Line Poker. J Gambl Stud; 29(3):491–505.
Siler, K. (2010) Social and Psychological Challenges of Poker. J Gambl Stud; 26(3): 401–420.
Schlicht, E., et. Al. (2010) Human Wagering Behavior Depends on Opponents’ Faces. PLoS ONE; 5 (7): e11663. 
Leer Más

1/09/2017

Meditar conservará tu cerebro 7 años más joven


La meditación es una práctica milenaria que ha comenzado a llamar la atención de los neurocientíficos. De hecho, ahora sabemos que no solo nos ayuda a calmar la mente y reencontrar la paz sino que también tiene un increíble efecto sobre el cerebro, incidiendo en su estructura y funcionamiento.

La meditación previene el envejecimiento neuronal

Un estudio realizado en la UCLA reveló que si deseas cuidar tu cerebro y mantenerlo joven, la meditación es una excelente herramienta. Los investigadores analizaron cientos de imágenes de los cerebros de personas de diferentes edades para descubrir el patrón de envejecimiento normal, sobre todo en la materia gris y blanca.

Luego analizaron el cerebro de 50 personas que tenían una media de 51 años y que llevaban dos décadas practicando la meditación. Compararon las imágenes de sus escáneres cerebrales con las de personas sanas de su misma edad que nunca habían meditado.

Realizaron un descubrimiento asombroso: el cerebro de las personas que meditaban era, como media, 7,5 años más joven que el del resto de los participantes. Y lo más curioso es que este efecto era aún más pronunciado mientras mayores eran las personas. Es decir, mientras más pasaba el tiempo, más parecía proteger la meditación del envejecimiento y la atrofia neuronal, aumentando la brecha entre las personas que meditaban y quienes no.

¿Qué sucede en el cerebro a medida que envejece?


Con el paso de los años al igual que el resto de los órganos, el cerebro envejece, se va produciendo una atrofia neuronal, lo cual significa que ocurre una disminución del tamaño celular y del árbol dendrítico por lo que es más difícil establecer las conexiones neuronales.

Los estudios también han revelado que se produce una disminución sel peso y volumen del encéfalo, así como un incremento del tamaño de los surcos y una disminución en el grosor de la corteza cerebral. Además, se produce una muerte neuronal y disminuye el número de neurotransmisores, en especial la acetilcolina, que también está implicada en la enfermedad de Alzheimer y cuyo déficit afecta la memoria.

Todos estos cambios asociados a la edad son los principales responsables del declive de las funciones intelectuales y cognitivas que se produce en la vejez.

Mantener el cerebro joven significa retrasar los cambios propios del envejecimiento, de manera que no solo podremos preservar nuestras funciones cognitivas durante más tiempo sino que también podremos prevenir la aparición de las enfermedades neurodegenerativas.

¿Es realmente tan maravillosa la meditación?


No se trata de la primera investigación que pone de manifiesto los efectos de la meditación en el cerebro. De hecho, se han realizado diferentes metaanálisis en los que se han recopilado los datos de decenas de estudios, uno de ellos fue realizado por investigadores de la University of British Columbia, quienes se dieron a la tarea de sistematizar los resultados hallados en 21 estudios que incluían unas 300 personas que practicaban la meditación.

Estos investigadores concluyeron que, efectivamente, en las personas que meditaban se apreciaban diferencias en ocho zonas del cerebro:

- Cortex del cíngulo anterior, un área que no solo interviene en la regulación del ritmo cardíaco y la presión sanguínea sino también en la toma de decisiones y la empatía. 

- Corteza frontopolar, que interviene en la conciencia de sí mismo.

- Corteza sensorial y la ínsula, vinculadas con la percepción del cuerpo, tanto a nivel exteroceptivo como interoceptivo.

- Hipocampo, relacionado con la consolidación de los recuerdos y la memoria.

- Corteza orbitofrontal y giro cingulado anterior y medio, zonas relacionadas con el “yo” y la regulación emocional.

- Cuerpo calloso, una zona que facilita la comunicación entre los hemisferios, esencial para la creatividad. 

En cualquier caso, y a menos que sufras alguno de los efectos adversos de la meditación, algo que le ocurre a poquísimas personas, esta práctica es muy conveniente ya que te permitirá reencontrar el equilibrio psicológico y la serenidad en la vida cotidiana, ayudándote además a mantenerte más atento y relajado.

Fuentes:
Luders, E. et. Al. (2016) Estimating brain age using high-resolution pattern recognition: Younger brains in long-term meditation practitioners. Neuroimage; 134(1): 508–513.
Fox, K, C. et. Al. (2014) Is meditation associated with altered brain structure? A systematic review and meta-analysis of morphometric neuroimaging in meditation practitioners. Neurosci Biobehav Rev; 43: 48-73.
Leer Más

1/06/2017

La triada tóxica de las personas infelices


Las expectativas son uno de nuestros principales problemas, aunque casi nunca nos damos cuenta de ello. Surgen cuando dejamos de vivir en el mundo real y comenzamos a vivir en el mundo que hemos construido en nuestra mente, cuando dejamos de afrontar la realidad tal como es y comenzamos a reaccionar ante cómo desearíamos que fuera el mundo. Por eso, las expectativas pueden hacernos enormemente infelices.

Los 3 monstruos que nos conducen al neuroticismo


Albert Ellis, el creador de la Terapia Racional Emotiva, afirmó que existen tres monstruos que nos impiden avanzar y ser felices. Se trata de expectativas poco racionales que nos conducen a funcionar en “modo neurótico” y que son típicas de los adictos a la infelicidad.

1. Tengo que hacerlo bien

Esta expectativa está dirigida a nosotros mismos, es un mandato a nuestro ego y, de cierta forma, nos la ha inculcado la sociedad. De hecho, desde muy pequeños, cuando comenzamos la escuela, nos transmiten el mensaje de que no somos valiosos por nosotros mismos sino por nuestros logros. Por tanto, es comprensible que tengamos altas expectativas sobre nuestro desempeño.

El problema es que esas expectativas a menudo son irreales e inalcanzables ya que se pretende la perfección. La persona que piense que tiene que hacerlo bien, tener éxito, ser competente y alcanzar todo lo que se proponga simplemente se está añadiendo una dosis de estrés innecesaria que le conducirá a la sensación de fracaso y frustración ante el menor revés.

De hecho, este tipo de expectativas no conducen al crecimiento personal sino que son la base para el pensamiento autodenigrante, la abnegación sin sentido y el odio hacia uno mismo.

2. Tienes que tratarme bien

Esta expectativa se refleja sobre los demás, expresa lo que esperamos de los otros. Es obvio que todos deseamos ser tratados con respeto y justicia, pero no siempre ocurre así, y debemos estar preparados para lidiar con ello.

En el mundo existen muchas personas, todas son diferentes y no siempre se comportan de manera amable o cívica. Sin embargo, si esperas que lo hagan y siempre te traten bien, te enfadarás y angustiarás cada vez que alguien no respete su turno en la fila, aparque mal o te alce la voz.

Liberarse de estas expectativas no significa permitir que pisoteen tus derechos, pero te permitirá adoptar la suficiente distancia emocional como para comprender qué batallas merece la pena luchar y cuáles no. Cuando no esperas nada de nadie no podrán decepcionarte y, lo que es aún mejor, cada gesto positivo será un increíble regalo.

3. El mundo debe ser fácil

En el mundo occidental las nuevas generaciones han crecido en un entorno relativamente cómodo y seguro, han sido criadas bajo las alas protectoras de sus padres, por lo que es normal que al crecer alberguen grandes expectativas sobre el mundo y piensen que todo debe ser fácil, que pueden tener lo que desean cuando lo desean y sin renunciar a nada. 

Hay personas que creen que deben alfombrar el mundo para ellas, que pretenden no tener que lidiar con los atascos, no esperar su turno en la fila y no tener que lidiar con todos los pequeños inconvenientes de la vida cotidiana. Se trata de personas que tienen una bajísima tolerancia a la frustración por lo que cualquier contratiempo que no encaje con su imagen idealizada del mundo se convertirá en un problema.

Este tipo de expectativas no están relacionadas con la fe en el mejoramiento humano, la esperanza ni una actitud positiva sino que se sustentan en una visión irreal del mundo, por lo que solo puede causarle dificultades a quienes las alimentan. 

Revisa tu “armario de las expectativas”


Alimentar expectativas irreales que rozan lo descabellado es muy sencillo ya que, en el fondo, nos hacen sentir que el mundo es un sitio más amable, seguro y organizado. Sin embargo, también nos impiden desarrollar nuestro arsenal de herramientas psicológicas para la vida. De hecho, la resiliencia solo se desarrolla cayéndonos, asumiendo la responsabilidad y volviéndonos a levantar, esta vez con la lección aprendida, más fuertes y sabios.

Por eso, es recomendable que cada cierto tiempo revises tu “armario de expectativas” y deseches todas las que no necesitas y que están ocupando un lugar innecesariamente. Pregúntate qué expectativas albergas sobre ti, los demás y el mundo. ¿Hasta qué punto son realistas? ¿Esas expectativas te ayudan a ser más feliz y mejoran tu vida o, al contrario, a menudo hacen que te sientas mal? 

Quizá todo puede resumirse en una frase muy sencilla: “espera lo mejor planea para lo peor y prepárate para sorprenderte” :)

Leer Más