12/22/2014

Dime qué tarjeta postal eliges y te diré quién eres


Nuestra personalidad se expresa prácticamente en cada uno de nuestros actos, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Por ejemplo, el simple hecho de elegir un parde zapatos refleja tu personalidad. Y es que nuestras creencias y peculiaridades se desvelan incluso en las decisiones más nimias. Por eso, escribir una tarjeta postal también deja entrever un pedazo de nuestra alma. 

Investigadores de la Universidad de Stanford se dieron a la tarea de analizar los contenidos de unas 700 tarjetas postales provenientes de personas de diferentes culturas. Así descubrieron que los estadounidenses usaban menos palabras negativas y solían elegir imágenes no relacionadas con la muerte (por ejemplo, evitaban la naturaleza muerta), en comparación con los alemanes. 

Ni cortos ni perezosos, reclutaron a un grupo de estudiantes de ambas culturas. A todos les pidieron que eligieran su postal preferida y que escribiesen un mensaje. Asombrosamente, el 72% de los alemanes eligieron tarjetas postales con alguna imagen “negativa” o incluyeron palabras “negativas” en su mensaje, una tendencia que se apreció solo en el 37% de los estadounidenses. 

En la búsqueda de una explicación 


Quizás lo más curioso de este experimento fue que mientras que los estadounidenses calificaban las tarjetas postales “negativas” como desagradables, para los alemanes no lo eran. 

En este punto, los investigadores les pidieron a los participantes que calificaran diferentes experiencias positivas y emociones negativas. Entonces se pudo apreciar que para los estadounidenses las emociones negativas (como la soledad, el miedo, la ira o la tristeza) eran extremadamente desagradables, algo a evitar, mientras que los alemanes aceptaban de buen grado este tipo de emociones. 

El sistema de valores y creencias siempre está presente 


Es interesante descubrir cómo nuestro sistema de valores y creencias se hace patente en cada uno de nuestros actos, incluso en el momento de elegir una tarjeta postal y escribir un mensaje. Estos psicólogos concluyen que las personas que suelen elegir tarjetas postales y mensajes más positivos son aquellas que prefieren evitar las emociones negativas a toda costa mientras que quienes eligen tarjetas y mensajes más “negativos” aceptan con mayor facilidad las situaciones adversas. 

En este punto se perfila una pregunta: ¿hasta dónde es saludable evitar las emociones negativas? Es lógico y saludable buscar las experiencias positivas porque estas nos hacen sentir bien pero no podemos olvidar que las emociones negativas también forman parte de la vida y se ha podido comprobar que la mejor manera para lidiar con ellas no consiste en negarlas o evitarlas sino en vivirlas y aceptarlas.

No obstante, de lo que no queda duda es que la próxima vez que vayas a elegir una tarjeta postal te lo pensarás dos veces ;)


Fuente: 
Koopmann-Holm, B. & Tsai, J. (2014) Focusing on the Negative: Cultural Differences in Expressions of Sympathy. Journal of Personality and Social Psychology.
Escrito por: Jennifer Delgado

12/20/2014

10 Pensamientos Positivos que te inspirarán


Me gusta pensar que hay puntos de inflexión, pequeños detalles que encienden una chispa dentro de nosotros. Es ese momento en que captas las cosas en su verdadera magnitud, en el que miras el mundo, a la persona que está a tu lado o a ti mismo, de otra forma, porque has adquirido una comprensión diferente. Se trata de ese instante en el que algo hace clic y te das cuenta de que algo ha cambiado, aunque aparentemente no haya cambiado nada. 

Por eso, ahora me gustaría compartir con vosotros algunos pensamientos positivos que nos harán reflexionar y tienen todas las cartas ganadoras para convertirse en la semilla del cambio o incluso hasta pueden ser el activador de ese clic interno.


1. No puede haber felicidad si las cosas en las que creemos son diferentes de las que hacemos. – F. Stark.

A menudo metemos nuestros sueños y metas en un cajón pensando que más adelante tendremos tiempo para ser felices. Sin embargo, la vida es lo que sucede mientras estás ocupado haciendo otras cosas. Tómate un tiempo y cerciórate de que estás haciendo lo que te gusta y apasiona, lo que realmente puede hacerte feliz. Si no es así, quizás es hora de cambiar de rumbo antes de que sea demasiado tarde.


2. En la vida, no debes buscarte a ti mismo, debes crearte a ti mismo. – G. B. Shaw

Es probable que en más de una ocasión hayas leído o alguien te haya dicho que debes buscarte a ti mismo. Y aunque es importante mirar en nuestro interior y conectar con nuestras pasiones y necesidades, no es menos cierto que no se trata de una mera búsqueda sino más bien de una recreación. No basta con conocernos y saber de qué pasta estamos hecho, es necesario ir un paso más allá, debemos cambiar cada día porque solo así logramos crecer. Por tanto, conocerse es solo el primer paso, y es ahí donde muchos se detienen porque no se atreven a cambiar realmente.


3. Emprender un nuevo camino nos asusta, pero después de haber dado los primeros pasos comprendemos cuán peligroso habría sido quedarse inmóvil. – R. Benigni

En la vida, nos movemos hacia adelante y avanzamos o nos atrapa el torbellino del pasado que nos succiona hacia atrás. Como todo está en continuo movimiento, la inmovilidad es la más falaz de las creencias porque cuando no te mueves hacia adelante, quedarte en el mismo sitio implica retroceder y formar parte del pasado. No obstante, independientemente de cuál sea tu decisión, asegúrate siempre de que es tuya porque no tomar partido, quedarse inmóvil al borde del camino, implica que otros decidirán por nosotros. Y ese es el camino más directo hacia el arrepentimiento.


4. No vemos las cosas tal y como son, hasta que no nos veamos tal y como somos. – Anais Nin

Vemos la vida y el mundo a través de nuestros filtros mentales, entiéndase nuestras creencias, estereotipos, patrones de pensamiento, expectativas y miedos. Sin embargo, nos empecinamos en pensar que nuestra visión es objetiva. De esta falacia surgen los mayores desencuentros en las relaciones interpersonales y los mayores fracasos porque intentamos adecuar el mundo a nosotros, en vez de aprender a adaptarnos al mundo. Comprender que nuestra visión es parcializada es el primer paso para convertirnos en personas más tolerantes y felices.


5. Nunca serás demasiado viejo como para plantearte una nueva meta o tener un nuevo sueño. - C.S Lewis

Si no supieras qué edad tienes, ¿cuántas cosas te propondrías? ¿Qué cambiarías ahora mismo en tu vida? La edad cronológica a menudo es un obstáculo porque acarrea una serie de limitaciones y expectativas impuestas por la sociedad. Sin embargo, en realidad la edad es más una cuestión psicológica, podemos sumar años al calendario pero no envejecer, la clave radica en alimentar los pensamientos positivos, los sueños y las esperanzas, en seguir asombrándose como el primer día. Recuerda que el día que dejes de soñar, comenzarás a morir.


6. Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento. – E. Roosevelt

Nuestras mayores alegrías provienen de las relaciones interpersonales, nuestras mayores tristezas y resentimientos también. Sin embargo, a menudo no nos damos cuenta de que somos nosotros quienes les conferimos a los demás el poder de herirnos. Solo cuando le damos importancia a algo, ese algo puede hacer resonancia en nuestras emociones y causar humillación o vergüenza. Recuerda que una persona no puede hacerte sentir inferior si en algún rincón dentro de ti, no te sentías ya de esa forma. Las personas, sus palabras y acciones, a menudo solo amplifican lo que se encuentra dentro de nosotros.


7. Solo puedes cambiarte a ti mismo, pero a veces eso lo cambia todo. - Gary W Goldstein

Luchar contra molinos de viento puede ser tentador pero, a la larga, es poco eficaz y nada inteligente. Al respecto, la sabiduría budista afirma que más vale usar pantuflas que alfombrar el mundo. Lo queramos o no, nuestra capacidad para cambiar la sociedad o las personas es muy limitada por lo que es mucho más importante adaptarnos nosotros mismos. No se trata de adoptar una actitud pasiva sino de cambiar nuestra postura, convertirnos en personas más flexibles y ampliar nuestras miras. A veces eso puede cambiarlo todo porque el problema a menudo no son los demás, sino nosotros mismos, aunque nos cueste reconocerlo.


8. Si quieres lograr un cambio permanente, deja de concentrarte en el tamaño de tus problemas y comienza a focalizarte en el tamaño de tus potencialidades. - T. Harv Eker

¿Has pensado alguna vez cuánta energía y tiempo dedicas a pensar en los problemas, a imaginar los peores escenarios posibles y a preocuparte? Sin embargo, preocuparse es como pagar por adelantado (y con intereses) una deuda que no sabemos si nos corresponde. Si utilizáramos esa energía y ese tiempo en buscar soluciones, en generar pensamientos positivos y en individuar nuestras potencialidades, avanzaríamos mucho más rápido y con menos esfuerzo. Se trata de un cambio de perspectiva que vale la pena.


9. No dejes que el miedo a perder te arrebate la felicidad de ganar. - Robert Kiyosaki

No hay nada peor que preguntarse qué habría pasado si nos hubiésemos atrevido a tomar ese camino que abandonamos por culpa del miedo. A veces deseamos estar seguros antes de tomar una decisión y, como resultado, perdemos la oportunidad. Sin embargo, la certeza al 100% nunca la tendremos por lo que siempre hay una dosis de riesgo. Las personas con coraje, que se atreven a cambiar su vida, no son aquellas que no tienen miedo sino las que valoran más su felicidad que ese temor, las que deciden sobreponerse a pesar de todo.


10. El único lugar en el que el éxito llega primero que el trabajo es en el diccionario. - Vidal Sassoon

Todo logro demanda un esfuerzo, las personas que han tenido éxito también han tenido que renunciar a muchas cosas y han debido fracasar muchas veces antes de alcanzar su sueño. Aunque a menudo lo único que vemos es el resultado. Comprender que el éxito es fruto de un trabajo constante y de varios intentos fallidos, nos ayudará a mentalizarnos y nos permitirá mantenernos motivados aunque las cosas vayan mal. Pensar que el éxito se debe a la fortuna implica no alcanzarlo jamás.


POSDATA: Leer estos pensamientos positivos no cambiará tu vida. Eso tienes que hacerlo tú. Pero la mecha ya está prendida :)
Escrito por: Jennifer Delgado

12/19/2014

¿Por qué la tristeza dura mucho más que otras emociones?


A veces mantener una actitud positiva es como emprender un camino cuesta arriba. Cuando nos enfrentamos al día a día y los problemas y preocupaciones nos inundan, tenemos la percepción de que la felicidad y la alegría son bastante efímeras mientras que la tristeza sienta casa y no da muestras de marcharse.

Por eso, no es extraño que cuando los psicólogos de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, les pidieron a más de 233 estudiantes que miraran al pasado y recordaran sus experiencias emocionales más recientes, la mayoría hizo hincapié en la tristeza. De las 26 emociones analizadas, entre ellas la alegría, el orgullo y el aburrimiento, la tristeza fue la más persistente. ¿Por qué?

¿Cuáles son las emociones más duraderas y cuáles las más efímeras?


Cuando los investigadores profundizaron en los estados emocionales de los participantes descubrieron que los episodios de tristeza sumaban una media de 120 horas. En el extremo opuesto encontraron la vergüenza, que los inundó solo durante media hora. La sorpresa, el miedo, el disgusto, el aburrimiento, la irritación y la sensación de alivio también eran emociones de corta duración. 

Afortunadamente, la alegría era un poco más duradera, aunque tan solo una media de 35 horas, lo cual contrasta con la sensación de odio, que se instauraba durante un promedio de, nada más y nada menos, que 60 horas.

Al comparar diferentes pares de emociones, se pudo apreciar que la culpa era mucho más duradera que la vergüenza y que la ansiedad es más perecedera que el miedo.

¿Por qué la tristeza es más perecedera?


Estos investigadores también les preguntaron a las personas sobre los acontecimientos que habían desencadenado esas experiencias emocionales y la estrategia que seguían para manejar cada una de las emociones. En este punto surgió un patrón muy claro: las emociones más efímeras, por lo general, estaban precedidas por un evento de poca importancia para la persona, mientras que las emociones más duraderas estaban provocadas por eventos más significativos.

Por consiguiente, las emociones más perecederas, como la tristeza, solían venir acompañadas de la mano de rumiaciones; es decir, de pensar continuamente sobre los sentimientos y las consecuencias vinculadas al hecho. Por tanto, podemos concluir que en la duración e intensidad de las emociones no solo influye el significado del hecho que les dio origen sino también la cantidad de tiempo que le dedicamos a pensar en ello. 

Estos resultados nos desvelan algo que ya sabíamos o que al menos intuíamos: somos nosotros quienes le conferimos importancia a las diferentes situaciones por las que atravesamos y, en base al grado de significatividad, dejamos que influyan más o menos en nuestro estado de ánimo. 

No obstante, esta investigación también apunta el hecho de que tenemos cierto control sobre la intensidad y la duración de nuestras emociones, no somos respondedores pasivos ante el medio, o al menos podemos elegir no serlo. Si continuamos atascados en el suceso negativo, rumiando una y otra vez en lo ocurrido, acrecentaremos la tristeza. Al contrario, si somos capaces de controlar nuestro pensamiento y aprendemos a dejar ir, podemos hacer que la tristeza dure mucho menos.

Fuente:
Verduyn, P. & Lavrijsen, S. (2014) Which emotions last longest and why: The role of event importance and rumination. Motivation and Emotion.
Escrito por: Jennifer Delgado

12/18/2014

Resistencias psicológicas: ¿Cómo convertirlas en aliadas del cambio?


Si en alguna ocasión has intentado seguir una dieta, abandonar el cigarrillo, controlar la ira o desarrollar un nuevo hábito, es probable que te hayas percatado de cuán difícil es. Lo usual es que surjan algunas resistencias, las cuales fungen como si fueran un muro que se interpone en nuestro camino. De hecho, esas resistencias son las principales responsables de que muchos de nuestros mejores deseos jamás se conviertan en realidad.

Por una parte, se encuentra nuestra mente consciente, esa que quiere cambiar y que se propone nuevas metas y objetivos pero, por otra parte, está nuestra mente inconsciente, que quiere mantenerse inalterable, que no desea cambiar y que opone mucha resistencia. Dentro de nosotros coexiste la ambivalencia, nos apasiona el cambio pero, a la misma vez, nos resulta atemorizante.

¿Qué son las resistencias psicológicas?


Las resistencias psicológicas son obstáculos mentales que se interponen en la toma de conciencia. Son reacciones que se activan de manera automática cuando es necesario reconocer determinados sentimientos o dar un paso importante que conduzca a un cambio. Se ponen en marcha ante una situación que nos causa tensión pues nuestro inconsciente cree que no estamos suficientemente preparados para afrontarla. Entonces se activa esta especie de mecanismo de defensa.

En otros casos, la resistencia psicológica se debe a las ganancias secundarias; es decir, la situación actual nos reporta algunas ventajas que no estamos dispuestos a perder. No podemos olvidar que, aunque trastornos como la depresión, la ansiedad o las fobias son muy limitantes, también nos reportan algunas ventajas. Por ejemplo, quizás estos problemas nos han acercado emocionalmente a una persona importante para nosotros y, en lo más profundo, tenemos miedo de que al superar el trastorno, esa persona vuelva a distanciarse y nos quedemos solos.

Las ganancias secundarias no siempre se hacen conscientes ya que en muchos casos no las queremos reconocer. Sin embargo, estas ideas cobran fuerza en el inconsciente y generan una resistencia al cambio, cuya misión es lograr que el estado actual de las cosas perdure. La resistencia psicológica no solo nos impide cambiar sino también darnos cuenta de esos contenidos ocultos. 

¿Cómo actúan las resistencias psicológicas?


Imagina que debes presentar un proyecto muy importante en tu trabajo pero justo antes de salir de casa notas que tu hijo tiene fiebre. Sabes que le dejas en buenas manos pero, aún así, no logras quitarte esa preocupación de la mente. Por eso, tendrás que esforzarte más de lo habitual para concentrarte y hacer una buena presentación.

Las resistencias funcionan de manera similar, son como esa preocupación que ronda tu mente y que te impide dar lo mejor de ti. Sin embargo, el problema radica en que no somos conscientes de esas resistencias y, por tanto, las achacamos a otros factores, como puede ser nuestra falta de capacidad. Si nos planteamos una meta y no podemos alcanzarla, podemos pensar que no tenemos las habilidades necesarias, lo cual puede afectar nuestra autoestima y hacernos adoptar una actitud derrotista. No obstante, el verdadero responsable del “fracaso” podría ser una resistencia. Así, estas no solo nos roban energía sino también la confianza en nosotros mismos. 

Las resistencias como tesoros


Conócete a ti mismo”, reza un antiquísimo aforismo griego que, probablemente, es el mejor consejo psicológico que se haya dado jamás. Y es que las resistencias no son problemas en el sentido estricto del término sino oportunidades para crecer y conocerse mejor. Las resistencias pueden convertirse en un tesoro, siempre y cuando las saquemos a la luz.

Las resistencias psicológicas son una barrera para el desarrollo cuando nos empecinamos en hacer caso omiso, cuando intentamos esconderlas y negarlas, actuando como si no existiesen. Sin embargo, basta ser conscientes de su existencia para desarmarlas o, al menos, restarles parte de su impacto negativo.

De hecho, reconocer nuestras resistencias nos reporta dos ventajas fundamentales:

- Tendremos más energía para enfrentar el cambio ya que el simple hecho de descubrir una resistencia implica que comenzamos a asimilarla y esta deja de robarnos la energía, nos permite focalizarnos en lo que realmente queremos.

- Podremos crecer ya que no tendremos esos obstáculos interiores que antes nos limitaban, que alimentaban el miedo o nos mantenían atados al pasado. Recuerda que el principal obstáculo para lograr tus metas eres tú mismo.

En este punto la pregunta es: ¿cómo descubrir las resistencias psicológicas si estas actúan por debajo de nuestra conciencia?

Un ejercicio para descubrir las resistencias psicológicas


El principal objetivo de este ejercicio es mirar en nuestro interior para encontrar las principales resistencias que no nos dejan avanzar. La idea radica simplemente en ser conscientes de su existencia, de esta forma es como si les estuviésemos diciendo: “sé que existes pero no tienes poder sobre mí”. Es el equivalente a soltar lastre para poder seguir hacia adelante, más rápido y con menos fatiga. 

1. Busca un lugar tranquilo, donde nadie te moleste y donde no haya ruido.

2. Siéntate y respira profundamente. Es recomendable que practiques durante 10 minutos la respiración diafragmática o la relajación muscular progresiva. De esta forma estarás más relajado, tu mente consciente bajará la guardia y los contenidos ocultos podrán fluir con mayor libertad.

3. Mira a tu alrededor y habla de lo que te rodea pero sin juzgar, usando siempre los términos “aquí” o “ahora”. Por ejemplo, puedes decir “ahora estoy viendo mi ordenador”. Esta es una frase neutra. Sin embargo, no debes decir “ahora estoy viendo mi ordenador viejo/pequeño” porque esto ya implica un juicio. Focalízate en las cosas que te rodean. En este paso aprendes a centrarte en las cosas en sí, no en tu percepción de ellas.

4. Una vez que hayas logrado describir lo que te rodea sin juzgar, continúa con tus sensaciones. Cambia el focus de atención y céntrate en ti. Al inicio es más fácil que te concentres en las sensaciones físicas y más tarde puedes pasar a las sensaciones y emociones. Por ejemplo, puedes decirte “ahora me siento enfadado”, pero sin emitir ningún juicio al respecto.

Lo interesante es que al inicio aparecerán muchos juicios, es algo natural porque estamos acostumbrados a juzgar y nos resulta difícil evaluar las cosas desligándonos del significado que le hemos dado. Sin embargo, la parte positiva es que cada uno de esos juicios probablemente esconde una resistencia. Por tanto, en este punto no debes reprimirlos sino vivenciarlos y, después dejarlos ir. Para eliminar las resistencias lo más inteligente no es combatirlas sino ceder ante ellas, así les restamos poder sobre nuestro comportamiento y decisiones.

Mientras percibes esas resistencias, focalízate en tu cuerpo, es probable que notes algunas sensaciones particulares, casi siempre en la zona de la espalda, la frente o el estómago. Esto se debe a que las resistencias psicológicas a menudo se somatizan.

Cuando termines el ejercicio, anota las resistencias y las sensaciones vinculadas a estas. Después de varias sesiones notarás que algunas resistencias se repiten y que se expresan de la misma forma. De esta manera, la próxima vez que te plantees un objetivo y notes esas sensaciones, sabrás que hay algunas resistencias psicológicas que actúan como obstáculos. Encuéntralas y déjalas ir.

Con este ejercicio habrás convertido las resistencias en tus aliadas del cambio porque, no solo podrás seguir avanzando sino que habrás logrado conocerte mejor y aumentar tu autoconfianza.
Escrito por: Jennifer Delgado

12/17/2014

7 cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida


Mirar atrás, asumiendo cierta distancia emocional, puede ser muy constructivo. Cuando miramos al pasado unimos todos los puntos que antes parecían inconexos y muchas cosas que antes no comprendíamos cobran sentido. Sin embargo, este ejercicio puede ser una espada de doble filo, sobre todo cuando nos arrepentimos, cuando creemos que hemos tomado malas decisiones, que debíamos haber hecho las cosas de otro modo. Entonces surge el arrepentimiento.

Aunque quizás lo más curioso es que solemos tropezar varias veces con la misma piedra por lo que a menudo terminamos arrepintiéndonos de las mismas cosas. Creamos un patrón decisional y comportamental que nos lleva a cometer siempre los mismos errores. La buena noticia es que el simple hecho de ser conscientes de ese patrón nos permitirá tomar las riendas de nuestra vida.

¿De qué nos arrepentimos más a menudo?


1. No haber tenido coraje. No hay nada peor que mirar atrás y pensar “si hubiera hecho…”. Rememora durante unos instantes todas esas cosas que pudiste haber hecho pero que nunca hiciste. ¿Cómo te sientes ahora? ¿Qué crees que hubiera pasado si hubieras tomado otra decisión? Desgraciadamente, no puedes viajar en el tiempo y cambiar el pasado pero puedes cambiar el presente y tu futuro por lo que la próxima vez que quieras hacer algo, no lo dejes de lado. Arriésgate porque solo así sabrás si vale la pena. Recuerda que tener coraje no significa no tener miedo sino continuar adelante a pesar del temor.

2. No haberse esforzado lo suficiente. A veces, en un alarde de entusiasmo, nos atrevemos a embarcarnos en proyectos que nos apasionan. Sin embargo, dentro de nosotros una voz nos dice que fracasaremos. Por eso, nos rendimos ante el primer obstáculo. Todos, cuando miramos atrás, encontramos un momento en el cual nos dimos por vencidos. Sin embargo, ¿qué habría pasado si hubiésemos continuado esforzándonos, si hubiésemos creído en nuestro sueño? Probablemente nunca lo sabremos pero lo más importante es hacer de ese “fracaso” una experiencia. La próxima vez que estés a punto de abandonar algo que te apasiona, pregúntate si lo haces motivado por una decisión racional o por el miedo.

3. No haber sido flexible. La familiaridad y la rutina nos transmiten seguridad, creemos que nos mantienen a salvo de los problemas. Sin embargo, hay ocasiones en la vida en las que debemos abandonar nuestra zona de confort para lanzarnos a explorar otros territorios. No tener la flexibilidad suficiente como para cambiar y abrirse a nuevas experiencias será una de las cosas de las que, tarde o temprano, te arrepentirás. Por eso, comienza desde hoy a romper rutinas y ábrete a pequeñas propuestas que representen un cambio en tu forma de ver y experimentar la vida. 

4. No haberse disculpado. A muchas personas les resulta difícil pedir disculpas, ya sea porque se avergüenzan de ello o porque creen que implica rebajarse ante el otro. Sin embargo, cuando cometemos un error o le hacemos daño a una persona significativa, no hay nada peor que no pedir perdón, sobre todo si después, por alguna circunstancia de la vida, no vuelves a tener la oportunidad de decir cuánto lo sientes. Por eso, nunca retrases una disculpa, si has tenido la culpa, reconócelo y haz las paces. 

5. Haber sido demasiado orgulloso. Cuando debemos tomar una decisión importante, a menudo estamos embargados por distintas emociones. Casi siempre somos capaces de detectar la ira o la tristeza pero el orgullo o la soberbia se camuflan y no los notamos, aunque suelen estar en la base de algunas de las decisiones más importantes que hemos tomado en nuestra vida. Sin embargo, comportarse de forma soberbia implica parapetarse detrás de un escudo, pensar que solo nosotros tenemos la razón e incluso ir en contra de nuestros verdaderos deseos. Hay ocasiones en las que, para tomar una buena decisión de la cual no arrepentirnos, necesitamos dejar el orgullo a un lado y dejar hablar a la razón o al corazón.

6. No haberse detenido a tiempo. Hay ocasiones en las que tenemos una alarma interior que se dispara para decirnos que debemos detenernos. Sin embargo, a veces no le prestamos atención y hacemos oídos sordos a su llamado. Cuando nos empecinamos en un proyecto o en una relación desarrollamos una dependencia tóxica que nos impide aprovechar otras oportunidades, es como condenarnos al anquilosamiento o encarcelarnos por voluntad propia. Por eso, a veces no importa cuánto tiempo, dinero o esfuerzo hayas invertido en algo, lo más inteligente es parar. No olvides que para poder seguir, a veces hay que empezar de nuevo. 

7. Haber sido demasiado descuidado. El rechazo, la tristeza y el fracaso duelen, pero este dolor no es para toda la vida. Hay momentos en los que no puedes seguir por el camino que habías emprendido y necesitas hacer un alto para cuidar de ti mismo. Si no lo haces, es probable que un día te despiertes lleno de ira y resentimiento, sin saber siquiera cómo has llegado hasta ese punto. Lo mismo vale para la salud física. Hoy mismo es un buen día para cambiar los malos hábitos y cuidar más de ti. Mañana, cuando quieras hacerlo, quizás ya no tengas tiempo.    
Escrito por: Jennifer Delgado

12/16/2014

¿Por qué las revistas de las salas de espera siempre son viejas?


Llegas a la sala de espera de un dentista o un doctor y, un poco para controlar los nervios y otro poco por curiosidad, sueles lanzarte sobre esa mesilla donde colocan las revistas. Coges la primera que tienes a mano pero muy pronto te das cuenta de que es vieja, así que intentas con otra. Hasta que confirmas que todas las revistas que tienes a tu disposición tienen varios meses de antigüedad y conoces al dedillo todas las noticias que cuentan. ¿Por qué? ¿Los propietarios de las consultas son tacaños, perezosos o existe alguna otra explicación al fenómeno de las revistas viejas en las salas de espera?

Esta misma pregunta se la plantearon investigadores de la Universidad de Auckland y, ni cortos ni perezosos, decidieron descubrir qué sucedía. Para ello, contaron con 87 revistas, colocadas en tres pilas en una sala de espera. Los temas de las revistas eran muy variados ya que incluían ediciones del National Geographic, Time, The Economist, BBC History y varias dedicadas al gossip. Su antigüedad oscilaba entre los 2 y los 12 meses.

¿Qué descubrieron estos investigadores?


- Cada día desaparecían 1,32 revistas por lo que en apenas 31 días se desvanecieron 41 revistas. Esto implica que en un mes desaparecen el 47% de las revistas que se colocan en una sala de espera.

- Las revistas de gossip eran las más codiciadas. Al cabo del mes, solo quedaba un ejemplar de los 27 que se habían colocado.

- Las personas preferían llevarse a casa las revistas más nuevas. De hecho, desaparecieron el 60% de las revistas que tenían menos de dos meses mientras que de las más antiguas solo desapareció el 29%.

Por consiguiente, la razón por la cual las revistas de las salas de espera son viejas es muy sencilla y no tiene nada que ver con los propietarios de las consultas: los visitantes se llevan las revistas más recientes.

La razón de ser del estudio


Aunque puede parecer una investigación con muy poco sentido, lo cierto es que sus autores afirman que los centros médicos del Reino Unido pierden, nada más y nada menos que 12,6 millones de libras al año por el simple hecho de tener que reponer las revistas que desaparecen continuamente. Por tanto, se trata de un gasto nada despreciable.

En este punto recomiendan colocar revistas de temas históricos, económicos o sociales ya que, además de que las personas no suelen llevárselas a casa, también pueden aprovechar esos minutos para involucrarse en una lectura más seria que realmente les aporte algo (con perdón de los fieles lectores de las revistas de gossip).

¿Por qué se colocan revistas en las salas de espera de las consultas?


Algunos centros son más eficaces que otros pero como norma, los pacientes esperan una media de 24 minutos. Además del hecho de que todos somos bastante reacios a las esperas, durante esos minutos nos centramos en nuestras preocupaciones y miedos, que pueden verse exacerbados por el procedimiento al que nos someteremos. En el caso de que decidamos entablar una conversación con la persona más cercana, esos miedos se pueden ver confirmados. 

Obviamente, mientras más esperemos, menos contentos estaremos y probablemente más nerviosos. La clave radica en mantenernos ocupados. Por eso, desde hace muchos años, se colocan revistas en las salas de espera. 

¿Son un medio eficaz para reducir la ansiedad?


Un estudio realizado en la Universidad de Stanford profundizó en las tácticas que prefieren usar las personas para calmarse en las salas de espera. De hecho, podemos asumir dos caminos, sentarnos y leer una revista para distraernos de lo que nos espera o mantener un diálogo interior que nos recuerde que hemos vivido experiencias peores y que la situación a la que nos vamos a exponer es por nuestro bien.

¿Cuál de las dos técnicas es más eficaz?

Los investigadores reclutaron a un grupo de personas y les dijeron que les darían algunas descargas eléctricas pero debían esperar su turno. A algunos les dijeron que las descargas eran apenas perceptibles y a otros les indicaron que serían dolorosas. 

En este punto los psicólogos apreciaron que las personas que tenían que hacerle frente a emociones negativas muy intensas, preferían recurrir a cosas que los distrajeran, como leer una revista. Al contrario, quienes estaban menos nerviosos, preferían reevaluar su situación y decirse a sí mismos que lo que estaban por enfrentar no era tan malo. 


Fuentes:
Arroll, B.; Alrutz, S. & Moyes, S. (2014) An exploration of the basis for patient complaints about the oldness of magazines in practice waiting rooms: cohort study. BMJ; 349.
Sheppes, G. & Levin, Z. (2013) Emotion regulation choice: selecting between cognitive regulation strategies to control emotion. Frontiers in Human Neuroscience; 7: 179.
Escrito por: Jennifer Delgado

5 señales que vaticinan una adicción


Cuando pensamos en una adicción casi siempre acude a nuestra mente la imagen de las drogas, el alcohol y el cigarro. Sin embargo, las adicciones no terminan ahí, solo comienzan. En teoría, los seres humanos podríamos ser adictos prácticamente a cualquier cosa, por lo que no es extraño que hoy también se hable de la adicción al sexo, a Internet, a los ejercicios, a las compras o a la comida basura.

En realidad, cualquier cosa que provoque un gran placer tiene un potencial adictivo. No obstante, se debe aclarar que no hay nada negativo en experimentar placer y alegría. De hecho, la clave de la felicidad también radica en buscar activamente aquellas experiencias que nos llenen de satisfacción. Sin embargo, la línea entre la búsqueda activa de la felicidad y la búsqueda de placeres es muy fina y puede desembocar en la adicción. 

La adicción es algo de lo cual nadie está a salvo. Deberíamos mantener nuestros comportamientos continuamente monitorizados porque detenerse a tiempo es la clave para que el problema no se convierta en un trastorno en toda regla. 

Cuando la adicción toca a la puerta


1. Grado de importancia conferida. ¿Cuán importante se ha convertido ese objeto o situación para ti? Analiza cuánto tiempo de tu jornada le dedicas a esa actividad o cuánto tiempo pasas pensando en ella. ¿Has notado que tu jerarquía de necesidades ha cambiado y que esa actividad ha pasado a ocupar el primer lugar, en detrimento de otras cosas que antes eran importantes para ti? Cuando estamos a las puertas de una adicción, una de las principales señales de alarma es el cambio en nuestras necesidades porque ese objeto o acción pasa a ocupar un lugar cada vez más importante en nuestra vida. El problema radica en que se trata de un proceso gradual por lo que no siempre es fácil darse cuenta.

2. Sensación de control que genera. ¿Ese comportamiento te hace sentir seguro, con el control de la situación? Es normal que cuando hacemos las cosas que nos gustan nos sintamos bien pero la adicción comienza cuando estos comportamientos se convierten en la principal fuente de satisfacción, en la única manera que tenemos para sentirnos completos y con el control de la situación. En este caso, la adicción se convierte en un parche que intenta esconder un problema mucho más grave de base, que puede ser la inseguridad o una escasa autoestima.

3. Prevalencia del comportamiento. ¿A menudo te encuentras realizando esa actividad durante más tiempo del que tenías planificado? Si te dices a ti mismo: “solo un poco más”, es porque estás delante de una compulsión. La adicción encierra a las personas en un círculo vicioso porque va ocupando cada vez más espacio, desplazando otras actividades que también son importantes para nuestra salud física y mental. ¿En cuántas ocasiones ese comportamiento se ha convertido en un impedimento en tu vida cotidiana o en tus relaciones interpersonales?

4. Sentimientos ante el cese del comportamiento. ¿Sientes ansiedad o angustia cuando no puedes llevar a cabo ese comportamiento? Es probable que antes ni siquiera te importaba mucho pero ahora ese comportamiento ha pasado a ser una parte importante de ti y si tan solo imaginas que no podrás realizarlo, entras en pánico. Ese profundo displacer, que va más allá de lo racional, es una señal de que existe o se está instaurando una adicción. El próximo paso será un Síndrome de Abstinencia, en el sentido más literal del término. De hecho, se ha demostrado que incluso las personas que sufren de adicción al móvil o a Internet tienen todos los síntomas de este síndrome.

5. Imposibilidad de parar. ¿En alguna ocasión te has dicho “esta será la última vez” o “no lo haré más hasta la semana próxima” pero al poco tiempo te sorprendes haciendo de nuevo lo mismo? Uno de los principales problemas de la adicción es que nos impulsa a repetir los mismos comportamientos una y otra vez, nos hace perder el control y, aunque lo deseemos, no podemos parar. En ocasiones estos comportamientos se convierten en un hábito y los realizamos de manera casi mecánica pero es importante distinguirlos para después pedir ayuda. 

¿Qué hacer? 


Todos estos signos no indican, necesariamente, que ya existe una adicción pero sí vaticinan que muy pronto estará tocando a tu puerta, indican que en tu cerebro ya se han activado todos los mecanismos que te harán perder el control de tus impulsos sumiéndote en un bucle de negatividad. 

Por consiguiente, si estás un paso antes de caer en la adicción, ese es el momento de parar. El primer paso consiste en detectar qué está causando ese comportamiento. Normalmente en la base de las adicciones se encuentra una carencia, el comportamiento adictivo no suele ser más que una escaramuza de nuestra mente que nos impide centrarnos en aquello que realmente nos molesta y nos hiere. De hecho, no es extraño que las adicciones aparezcan o se recrudezcan después de una ruptura de pareja, la pérdida del trabajo o un proyecto fracasado. 

La mejor manera para detener a tiempo la adicción consiste en sentirse a gusto consigo mismo y aceptarse. Cuando no tenemos nada que demostrarle a los demás ni a nosotros mismos, cuando hemos saldado las cuentas con nuestro pasado y podemos mirar con confianza hacia el futuro, la adicción no tiene cabida.
Escrito por: Jennifer Delgado

12/15/2014

10 películas motivadoras que debes ver una vez en la vida


El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”, afirmó en una ocasión Winston Churchill. Sin embargo, a menudo lo olvidamos y nos damos por vencidos antes de alcanzar nuestra meta. 

Como el camino suele ser cuesta arriba, es comprensible que a veces nos fallen las fuerzas o que las dudas minen nuestra confianza. En esos casos, conviene tener a mano algunas películas motivadoras, filmes en los que sus protagonistas han sabido saltar los obstáculos que han encontrado a su paso y que se convierten en verdaderos ejemplos a seguir. 

Por eso, en esta ocasión me gustaría compartir con vosotros algunas películas motivadoras que nos transmiten un gran mensaje, algunas de las cuales están basadas en hechos reales.

Una película, una historia, una enseñanza para atesorar


1. En busca de la felicidad (2006) Esta película, del director italiano Gabriele Muccino, es una verdadera oda a la perseverancia. En el papel protagónico encontramos a un Will Smith que fue nominado a los Premios Óscar en la categoría mejor actor. No podemos negar que se trata de un filme con un archiconocido retrogusto a “sueño americano” pero la historia es real y narra la vida de Chris Gardner, un hombre que se quedó sin hogar junto a su hijo pequeño y después se convirtió en un emprendedor millonario. Sin embargo, más allá del dinero, esta obra nos deja un excelente mensaje: “Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello".

2. La vida es bella (1997) Este filme, del gran Roberto Benigni, ganó tres Premios Óscar. Y no es para menos porque su mensaje no puede ser más conmovedor y su puesta en escena es impecable. La historia versa sobre un hombre que está encerrado en un campo de concentración nazi junto a su hijo pequeño. Lo interesante es cómo, a pesar del entorno y la desesperanza, ese hombre hace todo lo posible para mantener su sentido del humor y alimentar la esperanza del niño. Se trata de “una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor, y como una fábula, está llena de maravillas y de felicidad”. Es una de esas películas que no ves una sino dos o tres veces.

3. Forrest Gump (1994) Se trata de una de las películas más emblemáticas de nuestra época, que no solo fue un éxito de taquilla sino que le valió a Tom Hanks el Óscar al mejor actor. El filme versa sobre un personaje con un cociente intelectual inferior a 75. Sin embargo, su carácter entrañable, su ímpetu y su inocencia le llevan a lograr cosas que para la mayoría de las personas son solo sueños. En el filme se exageran al máximo las situaciones pero nos deja una pregunta muy interesante para reflexionar: si no estuviéramos condicionados por la sociedad, si no nos plegásemos a los convencionalismos y si actuásemos siguiendo nuestros sueños, ¿hasta dónde podríamos llegar?

4. Precious (2009) No es una película convencional, o al menos no es la clásica película motivadora donde el protagonista se hace rico y logra todos sus sueños. Sin embargo, es un filme desgarrador que nos demuestra cómo las creencias limitantes que nos han transmitido durante la niñez pueden determinar de manera negativa toda nuestra vida haciéndonos creer que no somos lo suficientemente valiosos o que no tenemos derecho a ser amados y a aspirar a una vida mejor. No obstante, también es una oda a la esperanza y nos enseña lo importante que es ayudar a los demás. Dicho sea de paso, el filme narra la vida de Claireece "Precious" Jones, una adolescente obesa y analfabeta que ha sido víctima de diversos abusos por parte de sus padres. La película ha recibido más de 50 premios internacionales y le valió a Mo’nique el Óscar a la mejor actriz de reparto.

5. Antes de partir (2007) Si Jack Nicholson une fuerzas con Morgan Freeman el resultado no puede ser mediocre, tal es el caso de este filme, en el que narra el último año de vida de dos enfermos terminales de cáncer. Ambos personajes se conocen en el hospital y deciden realizar una lista de las cosas que quieren experimentar antes de morir. Aunque son dos perfectos desconocidos, se embarcan en la aventura de sus vidas, una aventura que los cambiará. De hecho, a pesar del tema, no se trata de una película triste sino que tiene muchos momentos hilarantes, aunque también nos hace reflexionar. Nunca es tarde para hacer aquello que realmente amas. No malgastes tu vida quedándote en una zona de confort que anestesia tus sentimientos. 

6. Mi pie izquierdo (1989) Se trata de una de las películas más motivadoras de esta lista y sobresale por su marcado realismo. Narra la vida de Christy Brown, un niño que nació aquejado de parálisis cerebral y solo podía controlar su pie izquierdo. Con mucha tenacidad y con la ayuda de su madre y una terapeuta, logró demostrarle al mundo que podía integrarse en la sociedad. De hecho, se convirtiró en un pintor y escritor. Daniel Day-Lewis, el actor que dio vida al personaje de Christy Brown, ganó un Óscar por su interpretación. La película queda abierta, con un final feliz. Desgraciadamente, Christy Brown murió a los 49 años y todo parece indicar que sufría abusos físicos y psicológicos por parte de su esposa. No obstante, su vida es un ejemplo de tenacidad y de lucha contra los mayores obstáculos.

7. El club de los poetas muertos (1989) Se trata de un clásico entre los clásicos, de la mano de un gran Robin Williams, que interpreta a un profesor de literatura poco ortodoxo. Este maestro despierta en sus estudiantes, en una época (finales de los años ’50) que estaba marcada por el sometimiento a las reglas sociales, el deseo de seguir sus sueños y luchar por ellos. Les enseña que lo más valioso que tenemos es el tiempo y que no debemos desperdiciarlo siguiendo metas que no son las nuestras. Es una de esas películas motivadoras que deberíamos ver una y otra vez, hasta que logremos hacer nuestro ese “carpe diem”.

8. Un ángel en mi mesa (1990) Este filme de factura neozelandesa es bastante largo, os lo advierto, pero vale cada minuto. Narra la vida de la escritora Janet Frame, interpretada por Kerry Fox, cuya infancia estuvo marcada por varias tragedias que la llevaron a sentirse diversa a los demás. Estuvo recluída en una institución psiquiátrica, donde le diagnosticaron esquizofrenia, a raíz de un intento suicida, y recibió 200 electroshock. Estuvo a punto de ser sometida a una lobotomía pero la salvó el premio literario que ganó por su primer libro. Frame salió del psiquiátrico y continuó escribiendo hasta labrarse una brillante carrera literaria.

9. Una mente maravillosa (2001) Con cuatro premios Óscar a sus espaldas, se trata de una de esas películas imprescindibles para los amantes de la Psicología. Sin embargo, Russell Crowe no solo nos enseña los entresijos de la esquizofrenia paranoide sino que también nos da una excelente lección de vida. Después de haber sido hospitalizado en varias ocasiones y sufrir electroshock, John Nash logró convivir con las alucinaciones eliminando la medicación, que era la que nublaba su mente y le impedía dedicarse a su mayor pasión: las matemáticas. Después recibió un Premio Nobel de Economía.

10. La lista de Schindler (1993) Pocas personas se atreverían a catalogarla como una película motivadora, al menos desde el punto de vista convencional, pero si logramos mirar más allá de los desastres, la violencia y la tristeza del trasfondo, encontraremos muchos ejemplos de héroes cotidianos que traen esperanza en medio de la desolación. El filme narra la historia real de un empresario alemán llamado Oskar Schindler (interpretado por Liam Neeson), que decide pagar por los judíos para evitar que terminen en un campo de concentración nazi, poniendo en riesgo todo lo que había logrado y hasta su propia vida. De hecho, esta película no solo resalta las atrocidades de la época sino que es un llamado a la humanidad y la solidaridad. Cuando pienses que el mundo va mal y que hay personas horribles, piensa que también hay gente dispuesta a ayudar. Conviértete en una de esas personas dispuestas a ayudar.
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

Libros de Psicología y Autoayuda

Todo cambio empieza con el primer paso