9/23/2016

A veces de quien menos esperamos, es de quien más recibimos


La vida es una caja de sorpresas que espera pacientemente ser descubierta. Sin embargo, a veces vamos demasiado rápido, demasiado imbuidos en nuestros pensamientos y preocupaciones, como para mirar a nuestro alrededor y apreciar todo lo bueno y bello que nos rodea.

Lo mismo ocurre con las personas con quienes nos encontramos. A veces nuestros prejuicios, estereotipos o simplemente la prisa nos impiden apreciar los regalos que esas personas pueden darnos. Sin embargo, si fuéramos por la vida con la mente más abierta, si tan solo estuviésemos más dispuestos a recibir, descubriríamos con asombro que a veces de quien menos esperamos, es de quién más podemos recibir.

Los regalos llegan de las direcciones más inesperadas


La Segunda Guerra Mundial ya había comenzado y los nazis estaban avanzando por Europa. Una de sus armas secretas era la máquina Enigma, a través de la cual enviaban mensajes cifrados a los submarinos que hostigaban los convoyes de ayuda enviados desde Estados Unidos.

En este contexto, los ingleses reclutaron a uno de los mejores matemáticos y criptoanalistas de la época, Alan Turing, y le dieron una misión que parecía imposible: desencriptar Enigma. Turing decidió olvidarse del método de cifrado tradicional y se propuso crear una máquina que pudiese decodificar a Enigma. Todos pensaron que estaba loco.

Después de años de duro trabajo, sin poder demostrar la eficacia de su invención y a punto de ser apartado del proyecto, la idea del código para echar a andar su máquina provino de una mujer que no tenía nada que ver con la criptografía ni las matemáticas, una mujer que se limitaba a escuchar los mensajes y transcribirlos.

Gracias al arduo trabajo de Turing, que hoy es considerado el pionero de la computación, y a aquella conversación informal con la mujer, se estima que la guerra terminó de 2 a 4 años antes, ahorrando así muchísimas víctimas mortales.

Este ejemplo, que no es el único en la historia, nos indica que en muchas ocasiones, las personas que menos esperamos, pueden tener un regalo inmenso que darnos, solo tenemos que mantenernos abiertos y escucharlas. El problema es que a veces estamos demasiado encerrados en nosotros mismos, a veces nuestras creencias o incluso el propio conocimiento que hemos acumulado, nos impiden ver y aceptar esos regalos.

El error de pensar como los expertos


Un experimento muy interesante llevado a cabo en la Universidad de Cornell pone de manifiesto los riesgos de pensar como los expertos. Estos psicólogos reclutaron a un grupo compuesto por 100 expertos en diferentes materias, algunos eran geógrafos, otros economistas, filósofos, biólogos… Todos debían responder una serie de preguntas, algunas de las cuales estaban relacionadas con su especialidad.

Sin embargo, la trampa se hallaba en que algunas de estas preguntas contenían datos erróneos. Por ejemplo, una pregunta sobre geografía se refería a una ciudad inexistente y una de biología incluía términos inventados, que no existían en esa ciencia.

No obstante, los expertos fueron quienes más cayeron en esta trampa. ¿Por qué? Simplemente porque no querían reconocer su desconocimiento en un campo en el que se consideraban especialistas. Por tanto, lo que creían saber, se convirtió en una barrera que les impidió detectar los errores.

Es curioso porque, aunque no siempre lo reconocemos, a menudo nos comportamos como los expertos del experimento. Adoptamos esa actitud:

- Cada vez que nos creemos superiores a otra persona.

- Cada vez que pensamos que tenemos la verdad absoluta en nuestras manos.

- Cada vez que creemos que nadie tiene nada que enseñarnos.

- Cada vez que nos cerramos a las nuevas ideas debido a nuestros estereotipos.

Sin embargo, en muchas ocasiones, son precisamente las personas más ajenas a nosotros, quienes nos pueden proporcionar una visión más fresca del problema, una perspectiva más objetiva y novedosa. Por tanto, siempre vale la pena escucharlas.

Personas maravillosas que nos hacen grandes regalos sin pedir nada a cambio


A veces, hay personas que simplemente nos sorprenden. De hecho, a los padres les suele pasar a menudo con sus hijos. Pueden poner sus expectativas e ilusiones en un hijo y al final, es precisamente el otro quien cumple con esos sueños o sigue la tradición familiar.

Este fenómeno también se aprecia en las relaciones de pareja o en el círculo de amigos. Cuando todo parece desmoronarse a nuestro alrededor, el mayor apoyo y comprensión puede que no llegue precisamente de la familia, los amigos o la pareja, sino de un compañero de trabajo o un conocido.

De hecho, es algo que ocurre a menudo en los hospitales. Cuando las personas están hospitalizadas en la misma sala y pasan mucho tiempo juntas, suelen encontrar en ese “desconocido” de la cama de al lado el mayor consuelo, una comprensión que personas más cercanas no les pueden brindar ya que no han vivido esa misma experiencia. 

Muchas de estas personas desaparecerán luego de nuestras vidas, se bajarán en la próxima estación y cada quien seguirá su camino. Sin embargo, de vez en cuando, merece la pena recordarlas, recordar cuánto nos aportaron, a menudo sin esperar nada a cambio, sorprendiéndonos gratamente. ¿Quién sabe? Es probable que algún día, quizá ahora mismo, esas personas también recuerden el apoyo que les brindamos.

Sin duda, es muy grato que alguien nos sorprenda de esta manera. Nos reconforta el alma recibir algo de una persona que no espera nada a cambio. Sin embargo, no debemos olvidar que para recibir, primero debemos estar dispuestos a aceptar.

Recuerda que...


A veces quien menos crees, es quien más te enseña, y a quien menos das, es de quien más recibes… 

A veces de quien menos esperas, es quien más te entrega, y en quien menos piensas, es quien más te recuerda…

A veces el que más habla, es el que menos oye, y quién más promete, es quien menos cumple…

A veces los que se encuentran más lejos, son quienes a la hora de la verdad están más cerca, y los que en las buenas están más cerca, son quienes en las malas más rápido se alejan…

A veces simplemente nos cuesta entender esa dimensión de vida; ese sentir, pensar y creer que las cosas son menos, cuando realmente son más…


Fuente:
Atir, S. et. Al. (2015) When Knowledge Knows No Bounds. Self-Perceived Expertise Predicts Claims of Impossible Knowledge. Psychological Science; 26(8): 1295-1303.
Escrito por: Jennifer Delgado

9/22/2016

5 aceites esenciales para calmar la ansiedad y el estrés: El poder curativo del olfato


¿Recuerdas tu primer beso? ¿Recuerdas la primera vez que viste el mar? ¿Recuerdas ese momento especial en casa de tu abuela? Es probable que todas estas memorias vengan acompañadas de un aroma. De hecho, no hay nada como los aromas para despertar recuerdos particularmente vívidos.

Sin embargo, lo cierto es que el olfato es uno de nuestros sentidos más subestimados, a pesar de que incluso tiene un poder curativo. También se trata de uno de los sentidos menos investigados, aunque se conoce que los receptores que se encuentran en la nariz envían mensajes químicos a través del nervio olfativo al sistema límbico, un área primitiva del cerebro vinculada con las emociones, el miedo y la memoria.

En el año 2013 investigadores de la Xiamen University descubrieron que las señales olfativas que generan los aceites esenciales tienen un efecto en la producción de neurotransmisores, especialmente en la serotonina y la dopamina. Esto significa que oler estos aromas en realidad tiene un impacto a nivel físico, no se trata simplemente de un efecto psicológico.

Aromaterapia: Curar a través del olfato


1. Lavanda. La lavanda tiene un aroma muy poderoso que ejerce un efecto calmante y relajante. También ayuda a conciliar el sueño, alivia la fatiga, sirve para lidiar con los síntomas de los ataques de pánico y relaja la tensión nerviosa. 

En un estudio realizado en la University of Central Lancashire se apreció que la administración por vía oral del aceite esencial de lavanda contribuía a disminuir el ritmo cardíaco de las personas mientras miraban una película que generaba miedo y ansiedad. Estos investigadores están seguros de que su aroma es útil para combatir la ansiedad y evitar los ataques de pánico. 

2. Aceite de rosas. Se trata de una esencia que también se usa desde hace siglos para aliviar la ansiedad, el estrés y la depresión. De hecho, es particularmente útil cuando la persona sufre ataques de pánico, está en shock o está atravesando un periodo de intenso sufrimiento. 

Un estudio llevado a cabo en la Iran University of Medical Sciences involucró a madres primerizas durante las horas previas al parto. Quienes recibieron un tratamiento de aromaterapia de 10 minutos, con aceite de rosas, reportaron una disminución notable de la ansiedad y el estrés.

3. Manzanilla. El poder calmante de la manzanilla es conocido. Sin embargo, lo cierto es que su aceite esencial también es beneficioso para disminuir la irritabilidad y deshacerse de los pensamientos rumiativos y las preocupaciones.

En un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania los psicólogos trabajaron con 59 personas, algunas diagnosticadas con ansiedad y depresión comórbida. Al terminar el experimento se apreció que la manzanilla tenía, efectivamente, un poder antidepresivo y ansiolítico.

4. Ylang Ylang. El Ylang Ylang mejora nuestro estado de ánimo, por lo que se utiliza para calmar la ansiedad y la depresión. De hecho, investigadores coreanos encontraron que una combinación de ylang ylang, bergamota y lavanda es particularmente eficaz para reducir los síntomas de la ansiedad, disminuir el nivel de cortisol en sangre e incluso bajar la presión en las personas que padecen hipertensión. 

5. Olíbano. Se trata de una resina aromática menos común que los aceites esenciales anteriores pero que tiene un efecto calmante muy potente para calmar la ansiedad y el estrés. De hecho, un estudio llevado a cabo en la Keimyung University con personas que tenían un cáncer terminal reveló que una mezcla de olíbano, lavanda y bergamota no solo era muy eficaz para reducir la tensión psicológica que sufren estas personas sino que también ayuda a aliviar el dolor. 

¿Cómo se aplica la aromaterapia?


Ante todo, es conveniente utilizar aceites esenciales puros, que no estén mezclados con aditivos químicos. También se recomienda aplicar el “tratamiento” todos los días, al menos durante 10 minutos, a lo largo de un mes.

En lo que respecta a las formas de aplicación, la más común es mediante la inhalación de los aceites esenciales. Lo usual es diluir unas gotas del aceite en agua caliente y aspirarlas mediante la vaporización. También puedes echar la esencia en el agua caliente de la bañera y darte un baño relajante, mientras aspiras el aroma.

Otra técnica consiste en aplicar los aceites esenciales directamente sobre la piel, dando un pequeño masaje. De hecho, ni siquiera necesitas a un masajista profesional, puedes darte un masaje relajante en las manos usando estos aceites esenciales, sobre todo en las palmas de las manos.

No obstante, debes tener en cuenta que algunos de estos aceites son muy potentes, por lo que el fabricante recomienda diluirlos con otros aceites. Sigue siempre sus indicaciones de uso.

¿Se puede curar la ansiedad con los aceites esenciales?


Depende del nivel de ansiedad. Si se trata de un estado de ansiedad puntual, como la que experimentamos ante una entrevista de trabajo, la presentación de un proyecto importante o un examen, los aceites esenciales pueden ser de gran ayuda ya que nos ayudarán a relajarnos y reencontrar la confianza. También son muy eficaces para aliviar el estrés.

Sin embargo, cuando se trata de una ansiedad que se arrastra durante años o de ataques de pánico, la aromaterapia debe ser un complemento de la psicoterapia. Los aceites esenciales para calmar la ansiedad ayudan a encontrar tranquilidad en momentos puntuales, pero es necesario trabajar a nivel psicológico los traumas, problemas y creencias que dan pie o apuntalan esa ansiedad. No hay fórmulas mágicas, solo el esfuerzo sistemático.


Fuentes:
Kheirkhah, M. et. Al. (2014) Comparing the Effects of Aromatherapy With Rose Oils and Warm Foot Bath on Anxiety in the First Stage of Labor in Nulliparous Women. Iran Red Crescent Med J.; 16(9): e14455.
Lv, X. N. et. Al. (2013) Aromatherapy and the central nerve system (CNS): therapeutic mechanism and its associated genes. Curr Drug Targets; 14(8): 872-879.
Amsterdam, J. D. et. Al. (2012) Chamomile (Matricaria recutita) may provide antidepressant activity in anxious, depressed humans: an exploratory study. Altern Ther Health Med;18(5): 44-49.
Bradley, B. F. et. Al. (2009) Effects of orally administered lavender essential oil on responses to anxiety-provoking film clips. Hum Psychopharmacol; 24(4): 319-330. 
Chang, S. Y. (2008) Effects of aroma hand massage on pain, state anxiety and depression in hospice patients with terminal cancer. Taehan Kanho Hakhoe Chi; 38(4): 493-502.
Hwang, J. H. (2006) The effects of the inhalation method using essential oils on blood pressure and stress responses of clients with essential hypertension. Taehan Kanho Hakhoe Chi; 36(7): 1123-1134.
Escrito por: Jennifer Delgado

9/21/2016

Las 5 heridas de la infancia de los padres que más dañan a sus hijos


Quizá, cuando miras al pasado, sientes nostalgia por tu infancia, por la increíble felicidad que experimentaste durante esos años y los buenos momentos que pasaste. También puede ser que tu infancia no haya sido precisamente un lecho de rosas y que no te apetezca para nada recordarla.

Tanto en uno como en otro caso, esas experiencias marcarán la forma en que eduques a tus hijos. Tu infancia se desvela en tu personalidad y en el estilo educativo que asumas como madre o padre. Todas esas experiencias, tanto las positivas como las negativas, te han convertido en la persona que eres y determinarán, en mayor o menor medida, cómo criarás a tus hijos.

Las creencias erróneas más comunes de los padres al educar a sus hijos


1. "Mis hijos tendrán todo lo que yo no tuve"

Esta creencia es común en las personas que atravesaron necesidades económicas durante su infancia, que no podían tener los mismos juguetes que sus compañeros del colegio o que no podían vestir de la misma forma y se sentían menospreciados o inferiores por ello. Así, al crecer, suelen prometerse que sus hijos nunca tendrán que pasar por lo mismo, que tendrán todo lo que ellos no tuvieron.

Sin duda, no hay nada de malo en proporcionarles a los niños juguetes, ropa y cualquier otra cosa que necesiten. Sin embargo, estos padres a menudo cometen el error de pensar que esas cosas son suficientes para que sus hijos sean felices. ¡Y no es así! Demasiados juguetes anestesian a los niños. Más importante que las posesiones materiales es que los niños pasen tiempo de calidad con sus padres y, sobre todo, que comprendan que son únicos y que no necesitan tener las mismas cosas que los demás para ser felices. Solo así se puede educar a un niño seguro de sí, que sabe lo que quiere y que no está dispuesto a seguir a los demás sin reflexionar.

2. "Nunca le haré eso a mis hijos"

Hay personas a las que los traumas de su infancia aún les persiguen. Quizá fue ese día en que sus padres le avergonzaron delante de sus compañeros de colegio, cuando se negaron a comprarle ese juguete con el que tanto había soñado o cuando se mudaron de ciudad y tuvo que cambiar de colegio sin que tuvieran en cuenta su opinión. Ese evento ha dejado una cicatriz tan grande en la persona que esta se asegura de que jamás le hará algo así a sus hijos.

El problema es que estos padres diseñan su estrategia educativa solo en base a lo que no deben hacer, utilizando como patrón un trauma infantil no superado. Lo usual es que este estilo educativo termine consintiendo demasiado al niño ya que, por el temor a causarle daño, los padres no establecen reglas y se convierten en los amigos de su hijo. Obviamente, no hay nada de malo en que los padres sean amigos de sus hijos y establezcan un vínculo de confianza, pero no deben olvidar que las normas y las reglas son importantes y le dan sentido al mundo infantil. Cuando un niño crece sin normas, no sabrá lo que se espera de él y aumentan las probabilidades de que desarrolle conductas desafiantes

3. "Si fue suficiente para mí, lo será para mis hijos"

Muchos padres tienden a pensar que deben replicar las condiciones en las que ellos crecieron. Generalmente se trata de personas que piensan que el carácter de los niños se forja a través de las pruebas, y mientras más duras, mejor. Estos padres imponen una educación autoritaria, marcada por límites y reglas muy estrictas, convirtiendo el hogar en un cuartel militar.

Obviamente, las reglas son importantes para asegurar la convivencia familiar, pero también es necesario que los niños tengan libertad y desarrollen su independencia y autonomía. Por otra parte, no debemos olvidar que cada persona es diferente y, por ende, las pautas educativas que funciona con unos pueden ser ineficaces con otros. A la vez, es importante recordar que han cambiado las condiciones sociales, lo cual significa que lo que hace algunas décadas era habitual, ahora podría ser anacrónico e incluso dañino para el niño.

4. "Mis hijos lograrán lo que yo no pude"

Esta creencia suele ser común en aquellas personas cuyos padres no apoyaron sus sueños y los empujaron en la dirección opuesta. Como resultado, creen que perdieron la "oportunidad de su vida" y no logran pasar página sino que siguen acumulando frustración y resentimiento. Así, intentan tener una segunda oportunidad a través de sus hijos y desde pequeños los animan a hacer las cosas que les gustan a ellos mismos, apuntándolos en actividades extraescolares que en realidad les interesan a ellos, no a los niños.

Vale aclarar que es probable que el niño realmente tenga cierto potencial y aptitudes en determinada área, pero quizá no le interese y le apasione otra cosa. Insistir por ese camino implica cometer el mismo error que sus padres, pero sin darse cuenta. Cada niño es único, y el papel de los padres es guiarle para que descubra sus potencialidades y pasiones, pero debe ser él quien decida qué camino quiere recorrer. Decidir en su lugar implica arrebatarle su oportunidad.

5. "Nunca dejaré que a mis hijos les pase algo malo"

Los padres que han tenido malas experiencias en su niñez suelen desarrollar un estilo de educación sobreprotector. Es algo comprensible, piensan que el mundo es un lugar hostil y que tienen que proteger a sus hijos. No quieren que sus hijos pasen por lo mismo, y tienden a quitar de su camino todos los obstáculos, para asegurarse de que tienen una infancia idílica. Se convierten en "padres helicóptero".

Obviamente, no se trata de traumatizar a los niños ni de exponerlos a riesgos innecesarios, pero no debemos olvidar que la resiliencia solo se desarrolla enfrentándose a situaciones difíciles. Esto significa que cuando existe un problema, en vez de ocultarlo y solucionarlo, los padres deben animar al niño a que busque soluciones y tome decisiones. Este es el mejor regalo que le pueden hacer ya que le están dando las herramientas psicológicas que necesita para enfrentar los desafíos que le depara la vida, que probablemente serán muchos y de los cuales no se le puede proteger siempre.

Aprende a pasar página


Muchas de estas creencias que se ponen de manifiesto en el estilo educativo de los padres esconden una herida que no ha cicatrizado adecuadamente. Estos padres no han logrado hacer las paces con su infancia, con las experiencias que vivieron o con las decisiones y comportamientos de sus progenitores. Como resultado, siguen arrastrando su influjo, muchas veces sin darse cuenta y pensando que le están haciendo un bien a sus hijos.

Para evitar estas creencias limitantes, el primer paso es darse cuenta de su existencia, y comprender cómo se expresan a través del día a día en la relación con tus hijos. Luego deberías dejar que esas heridas cicatricen, deja ir el resentimiento. Una técnica muy sencilla, "las hojas del río", te ayudará a lograrlo si el problema no está muy enquistado. Verás que poco a poco irás asumiendo la educación de tus hijos desde una perspectiva diferente.

Escrito por: Jennifer Delgado

9/19/2016

¿Por qué nuestro cerebro necesita al menos 8 abrazos al día?


Los abrazos son una forma particularmente íntima e intensa de expresar emociones. A través de un abrazo podemos transmitir nuestra alegría o tristeza, podemos decirle a una persona que puede contar incondicionalmente con nosotros o que comprendemos su estado de ánimo, sin necesidad de recurrir a las palabras. Sin embargo, lo cierto es que los abrazos no solo nos ayudan a conectar con los demás y a expresar lo que sentimos, también son muy beneficiosos para nuestro equilibrio emocional y para la salud del cerebro.

¿Qué sucede cuando alguien nos abraza?


Cuando alguien nos abraza, ese contacto activa los receptores de presión que tenemos en la piel, los cuales se conocen como corpúsculos de Pacini, y responden fundamentalmente ante la presión profunda. Estos receptores envían señales inmediatamente al nervio vago.

En ese momento comienzas a sentirte bien porque ese nervio se conecta con fibras nerviosas que llegan a diferentes pares craneales y desempeñan un papel importante en la regulación de la mayoría de las funciones clave del organismo, incluyendo la presión sanguínea. Por eso, como resultado de un abrazo y de la estimulación del nervio vago, disminuye la frecuencia cardíaca y la presión arterial. De hecho, el nervio vago tiene un rol importante en el sistema parasimpático, que vendría siendo una especie de freno de mano cuando estamos sometidos a demasiado estrés o estamos sobreexcitados.

Otro cambio importante ocurre directamente en el cerebro. Un abrazo estimula la producción de dopamina, un neurotransmisor conocido como “la hormona del placer” ya que genera una agradable sensación de satisfacción que alivia el estrés y la tensión. También se ha apreciado que un abrazo basta para aumentar la producción de oxitocina, conocida como “la hormona del amor”, que nos permite conectar emocionalmente con otras personas y nos anima a confiar en ellas.

Lo mejor de todo es que los efectos de un abrazo son inmediatos. Un estudio llevado a cabo en el Advanced Telecommunications Research Institute International de Kioto hizo que un grupo de personas conversaran durante 15 minutos con sus parejas, luego algunas recibían un abrazo y otras no. Al evaluar los parámetros fisiológicos, los investigadores apreciaron que quienes habían recibido el abrazo mostraban una reducción significativa del nivel de cortisol en sangre, la hormona del estrés que tanto daño nos hace.

Los abrazos nos ayudan a sentirnos bien con nosotros mismos


Se ha descubierto que un abrazo, o una caricia suave cargada de afecto, influyen en la habilidad del cerebro para construir la imagen corporal, incluso en los adultos. Este tipo de contacto físico también es fundamental para desarrollar y mantener un sentido adecuado de nuestro cuerpo.

Según un estudio llevado a cabo en el University College of London, la clave radica en que este tipo de contacto corporal proporciona sensaciones táctiles muy agradables que generan una serie de señales propioceptivas, las cuales nos ayudan a sentirnos mejor en nuestro cuerpo.

En práctica, una caricia o un abrazo no solo le envía a nuestro cerebro señales propioceptivas que nos permiten ser más conscientes de nuestro cuerpo, sino que también le dicen que somos dignos de ser amados. Y esas sensaciones nos hacen sentirnos muy bien.

De hecho, según estos investigadores, la falta de abrazos y caricias podría ser un factor desencadenante o un agravante para los trastornos de la imagen corporal, como la anorexia y la bulimia.


¿Cuántos abrazos necesitamos al día?


En realidad, podríamos vivir sin abrazos, pero sería como morir lentamente, un poco cada día. Por eso, la psicoterapeuta familiar Virginia Satir afirmó: “Necesitamos 4 abrazos al día para sobrevivir, 8 abrazos para mantenernos y 12 abrazos para crecer”.

De hecho, en una investigación realizada en la UCLA los investigadores escanearon el cerebro de los participantes mientras recibían descargas eléctricas. Sus parejas les acompañaban durante la prueba y, en algunos casos, les permitieron sostenerle la mano. Así apreciaron que el contacto físico les ayudaba a lidiar con el estrés de la experiencia y que en estos casos las áreas cerebrales encargadas de atenuar el miedo se activaban.

Estas investigaciones ponen de manifiesto que los abrazos tienen un potente efecto sobre nuestro cerebro y que nos ayudan a lograr un estado de relajación y bienestar, a la vez que nos permiten afrontar mejor las situaciones estresantes y el miedo. Por eso, aunque no sean exactamente 8 abrazos, debes asegurarte una dosis cotidiana de ellos.


Fuentes:
Sumioka, H. et. Al. (2013) Huggable communication medium decreases cortisol levels. Nature; 3: 3024.
Crucianelli, L. et. Al. (2013) Bodily Pleasure Matters: Velocity of Touch Modulates Body Ownership During the Rubber Hand Illusion. Frontiers in Psychology; 4: 703.
Inagaki, T. K. & Eisenberger, N. I. (2012) Neural correlates of giving support to a loved one. Psychosom Med; 74(1): 3-7. 
Holt-Lunstad, J. et. Al. (2008) Influence of a “warm touch” support enhancement intervention among married couples on ambulatory blood pressure, oxytocin, alpha amylase, and cortisol. Psychosom. Med; 70: 976–985.
Escrito por: Jennifer Delgado

9/16/2016

No permitas que los demás proyecten sobre ti sus miedos, inseguridades y prejuicios


Todos, en alguna que otra ocasión, hemos recibido críticas injustas, críticas que incluso pueden llegar a ser ofensivas y que ni siquiera tienen una base firme. Es curioso que, en la mayoría de estos casos, esas críticas vienen acompañadas de fuertes sentimientos. Podemos notar que la persona que critica se siente profundamente enfadada y muestra una reacción emocional completamente desproporcionada, por lo que termina sacando nuestras palabras, acciones o actitudes de contexto. 

Esas críticas pueden hacer mucho daño, pueden convertirse en auténticos dardos envenenados que impactan contra nuestra autoestima y autoconfianza. No podemos evitar esas críticas, pero podemos hacernos inmunes a ellas. Para lograrlo, nuestra mejor barrera protectora es saber que detrás de muchas de esas palabras se suele esconder un enrevesado mecanismo de proyección. 

La crítica ofensiva dice más de quien critica que del criticado


La proyección es uno de los mecanismos de defensa más comunes en la vida cotidiana. Se trata de un mecanismo que le sirve a la persona para defenderse de aquellos impulsos, deseos o pensamientos que no quiere reconocer como propios. Como resultado, se produce una profunda negación y la persona los atribuye a otros, los proyecta sobre los demás.

Reconocer esos impulsos, deseos o pensamientos sería demasiado doloroso para la persona ya que van en contra de la imagen idealizada que tiene de sí misma. Como resultado, los proyecta continuamente sobre los demás, y los critica cuando los reconoce, de esta forma establece una distancia psicológica, los aleja inconscientemente de sí. Sin embargo, como se trata de impulsos propios, esa crítica siempre va acompañada de una fuerte reacción emocional.

Obviamente, la proyección no ocurre de forma arbitraria, lo que sucede es que la persona descubre una brecha en el otro (un supuesto defecto) y la exagera. Por eso, un pequeño desliz o simplemente unas palabras que puedan ser malinterpretadas suelen ser la mecha que detona esa crítica destructiva.

El mecanismo de proyección se basa en la idea de que analizamos y reaccionamos al mundo tal y como lo vemos. Es decir, por mucho que intentemos ocultar esos impulsos o prejuicios, estos siguen mediatizando nuestra vida psicológica y nuestras reacciones. 

Un ejemplo típico de proyección se da cuando una persona acusa a su pareja de serle infiel, aunque en realidad lo que sucede es que se siente culpable porque ha tenido esos pensamientos, pero se niega a aceptarlos ya que considera que la infidelidad es algo muy negativo.

De hecho, la sensación de culpa es uno de los sentimientos que más se proyectan sobre los demás, al igual que los estereotipos. Por eso, hay personas que se agarran de un clavo caliente o de una palabra dicha sin reflexionar demasiado para acusar a los demás de racistas, sexistas, homófobos… cuando en realidad lo que sucede es que está proyectando sus propios prejuicios, esa parte de sí que se niega a aceptar.

Los “yos” repudiados


También existe una teoría muy interesante según la cual, nuestra personalidad está integrada por una multiplicidad de yos que toman el mando según sea necesario, para protegernos del peligro, garantizar nuestra supervivencia y lograr que seamos menos vulnerables.

Con algunos de esos “yos” nos sentimos a gusto pero otros nos resultan extraños o francamente desagradables, se trata de los “yos” repudiados. Según esta teoría, esos yos se forman a partir de los comportamientos que han sido castigados y que no son aceptados socialmente. Sin embargo, las ideas, impulsos y emociones que se encuentran en su base no desaparecen sino que continúan existiendo, reprimidas en el inconsciente.

Para detectar esos “yos” repudiados basta pensar en aquellas características que más nos irritan en los demás. Cuando creemos ver nuestras características en los demás, se produce una reacción emocional intensa que nos impulsa a castigar o criticar al otro. De esta forma liberamos esa energía psicológica y no nos vemos obligados a integrar en nuestra personalidad esas cualidades que nos disgustan.

¿Cómo sobrevivir a un ataque verbal?


- Descubre las emociones que se encuentran en la base. Normalmente las críticas constructivas se realizan desde la racionalidad y el respeto. Esto significa que tienen una emocionalidad contenida. Cuando una crítica está desbordada de emociones, existen grandes probabilidades de que se trate de una proyección, de uno de esos “yos” repudiados. Por tanto, el problema no lo tienes tú, lo tiene quien te critica de esa forma.

- Recuerda que la crítica solo es una opinión. Hay demasiadas personas de palabra fácil y crítica pronta. En cualquier caso, recuerda que la crítica es tan solo una opinión, tan válida o inválida como cualquier otra. De hecho, es probable que esa persona que te critica se base en una imagen completamente sesgada de ti, sin conocerte como persona ni saber tu historia. No olvides que la crítica constructiva se basa en la comprensión y construye puentes, la crítica destructiva se basa en la incomprensión y levanta muros.

- Mantén la calma. En ocasiones es difícil mantener la calma, pero es la mejor arma que tenemos para enfrentar este tipo de críticas. Si pierdes el control y dejas que las emociones fluyan, el veneno de la crítica comenzará a entrar en ti. Por eso, intenta mantener una postura tranquila y racional. Pregúntate si puedes sacarle provecho a esa opinión, para crecer como persona y, si no es así, simplemente bórrala de tu mente. Una buena estrategia para evitar que te dañe consiste en encontrarle la faceta más absurda. Cuando nos reímos de las cosas que nos suceden les restamos impacto emocional y, por ende, logramos pasar página sin grandes consecuencias para nuestro equilibrio emocional.

¿Qué sucede si no aprendemos a defendernos de las críticas destructivas?


Tu autoestima y autoconfianza son las estructuras que más sufren con estas críticas. Si dejas que los demás proyecten sus miedos, inseguridades y prejuicios sobre ti, comenzarás a dudar de tus capacidades y luego experimentarás culpa y rechazo. Se trata de sentimientos que no conducen a ninguna parte y que solo te harán sentir mal.

Ese tipo de críticas te arrebatan uno de tus principales tesoros: la capacidad para sentirte bien contigo, de expresarte libremente y, en última instancia, la posibilidad de ser quien eres. Por tanto, es mejor protegerse de ellas.

Escrito por: Jennifer Delgado

9/14/2016

La ciencia lo confirma: Las personas que bailan son más felices


"Sin la música, la vida sería un error", afirmó el filósofo Nietzsche, y no andaba desacertado ya que tenemos un instinto natural que nos anima a seguir el ritmo de la música. De hecho, la mayoría de los niños se mueven y dan palmadas cuando escuchan una melodía que les agrada. Se trata de una respuesta espontánea relacionada con nuestra necesidad de comunicarnos y de expresar nuestras emociones a través del movimiento y de nuestro cuerpo. 

No hay duda de que la música es un lenguaje universal y todos, con excepción de las personas que sufren amusia, somos capaces de apreciarla y disfrutarla. De hecho, se ha descubierto que personas de diferentes culturas responden emocionalmente de la misma manera ante diferentes tipos de música. Por eso, no es casualidad que los estudios antropológicos señalen que los grupos que tenían más probabilidades de sobrevivir eran aquellos que habían desarrollado una danza propia y eran capaces de compartir sus sentimientos a través del baile.

Por supuesto, la música y el baile no solo fungen como pegamento social sino que también son muy beneficiosos para nuestra salud física y mental. Estudios recientes han desvelado que una de las claves de la felicidad y la satisfacción con la vida se encuentra precisamente en la pista de baile.


Pasos que curan, movimientos que nos hace felices


En 2013 psicólogos de la Örebro University trabajaron con un grupo de adolescentes que sufrían ansiedad, depresión o estrés, además de presentar síntomas psicosomáticos como dolor de cuello y espalda. A la mitad se les pidió que asistieran a dos clases de baile a la semana, mientras el resto siguió su rutina cotidiana. 

Al cabo de dos años, quienes se mantuvieron asistiendo a las clases de baile (en las que se ponía énfasis en la alegría del movimiento más que en el desempeño), no solo mostraron una mejoría notable de los síntomas psicosomáticos sino que también refirieron sentirse más felices.

En otro estudio realizado en la Universidad de Derby los psicólogos trabajaron con personas que padecían depresión. Durante nueve semanas, estas personas recibieron clases de salsa. Las mejorías se comenzaron a apreciar al cabo de las cuatro semanas y, cuando terminó el estudio, los participantes reportaron menos pensamientos negativos, una mejoría en la concentración y una mayor sensación de paz y tranquilidad.

Sin embargo, lo cierto es que bailar no solo es un excelente recurso terapéutico. Un estudio llevado a cabo en la Deakin University desveló que bailar tiene un efecto muy positivo en nuestra vida cotidiana. Estos investigadores australianos entrevistaron a 1.000 personas y descubrieron que quienes bailaban con frecuencia no solo reportaban sentirse más felices sino también más satisfechos con su vida, en especial en sus relaciones interpersonales, su salud y los logros que habían alcanzado a lo largo de los años.

Curiosamente, psicólogos de la Universidad de Nueva York descubrieron un efecto similar en los niños pequeños. Estos investigadores trabajaron con 120 niños, de 2 a 5 años, a quienes expusieron a diferentes tipos de estímulos sonoros, algunos eran rítmicos e imitaban la cadencia de la música, otros eran completamente arrítmicos. Así apreciaron que los niños que se movían siguiendo los movimientos rítmicos, mostraban más emociones positivas, se sentían más felices. Por tanto, estos investigadores concluyeron que no solo tenemos una predisposición que nos lleva a movernos al ritmo de la música sino que bailar también mejora nuestro estado de ánimo.

¿Por qué bailar nos hace felices?


Cuando bailamos, en nuestro cerebro se liberan endorfinas, unos neurotransmisores que generan una sensación de bienestar, relajación, alegría y empoderamiento. La música y el baile no solo activan en nuestro cerebro los circuitos motores y sensoriales sino también los centros del placer.

De hecho, neurocientíficos de la Columbia University afirman que cuando nos movemos en sintonía con el ritmo, los efectos positivos de la música se amplifican. Por tanto, un pequeño secreto para sacarle el máximo partido a la música consiste en sincronizar nuestros movimientos con el ritmo, así obtendremos "placer por partida doble".

Sin embargo, lo cierto es que la magia del baile no se puede reducir simplemente a la química cerebral. Bailar también es una actividad social que nos permite estar en contacto con otras personas, compartir experiencias y conocer gente nueva, lo cual tiene un efecto muy positivo sobre nuestra salud mental.

Por si fuera poco, mientras nos movemos, nuestros músculos se distienden al compás de la música, lo cual nos permite liberar las tensiones cotidianas, sobre todo las que se acumulan en la musculatura más profunda.

¿Aún necesitas más razones para bailar? ;)

Fuentes:
Duberg, A. et. Al. (2013) Influencing Self-rated Health Among Adolescent Girls With Dance Intervention A Randomized Controlled Trial. Arch Pediatr Adolesc Med.; 167(1): 27-31.
Zentner, M. & Eerola, T. (2010) Rhythmic engagement with music in infancy. PNAS; 107(13): 5768-5773.
Birks, M. et. Al. (2007) The benefits of salsa classes for people with depression. Nursing Times; 103(10): 32-33.
Lesté, A. & Rust, J. (1984) Effects of dance on anxiety. Percept Mot Skills; 58(3): 767-772.

Escrito por: Jennifer Delgado

9/12/2016

¿Por qué a algunas personas les cuesta distinguir la derecha de la izquierda?


Para algunas personas indicar una dirección representa un gran desafío. El sentido de la orientación no es precisamente su punto fuerte e incluso les cuesta trabajo discernir automáticamente entre la izquierda y la derecha. Se trata de las típicas personas que cuando les dan una indicación e intentan seguirla, siempre tienen que escuchar: “esa derecha no: ¡la otra derecha!”. 

Si te sucede eso, debes saber que no estás solo. Se estima que el 20% de la población tiene dificultades para orientarse en el espacio y reconocer derecha e izquierda. También se conoce que este problema es más común en los zurdos, las mujeres y quienes tienen un elevado cociente intelectual.

Aprender a discernir la derecha de la izquierda es más complejo de lo que parece


A lo largo del desarrollo, el sentido de la orientación derecha e izquierda discurre a través de dos fases diferentes. En primer lugar, se produce un proceso intrapersonal, es decir, aprendemos a diferenciar la derecha e izquierda dentro de nuestro esquema corporal. Más adelante abandonamos esta postura “egocéntrica” y entramos en un proceso extrapersonal, que nos permitirá discriminar ambos lados desde la perspectiva de otra persona o delante del espejo.

La fase intrapersonal tiene lugar aproximadamente a los 5 años, y está asociada con el aprendizaje de la lectura y la escritura. De hecho, a esta edad es común que los niños inviertan la grafía de algunas letras y números. La fase interpersonal se desarrolla alrededor de los 9 años, pero se estima que a los 11 años solo el 50% de los niños ha adquirido esta habilidad.

En realidad no es un aprendizaje sencillo ya que involucra diferentes funciones cognitivas, desde la memoria hasta la capacidad para procesar e integrar la información visual, así como la conciencia espacial. A esto se le suma que se trata de un sistema de coordenadas cambiante ya que la izquierda y la derecha varían según el punto de referencia.

Cuestión de simetría cerebral e Inteligencia Espacial


Existen diferentes patologías, como la agnosia espacial, que provocan dificultades en la orientación y que están causadas por un daño a nivel cerebral. Por eso, los neurocientíficos creen que la explicación para esta dificultad podría encontrarse en el cerebro.

De hecho, se cree que la habilidad para detectar la derecha y la izquierda depende fundamentalmente del hemisferio izquierdo, específicamente del lóbulo parietal. No obstante, existe una teoría que vincula la dificultad para distinguir la derecha de la izquierda con la simetría cerebral. La mayoría de las personas tiene cierta asimetría cerebral, lo cual significa que uno de los hemisferios es ligeramente mayor que el otro y que ejerce un papel dominante en las funciones y actividades que se realizan.

Curiosamente, mientras mayor sea la simetría de ambos hemisferios, más difícil le resultará a la persona discernir la derecha de la izquierda. Esta teoría explicaría por qué las mujeres suelen confundir ambos lados, ya que suelen tener una mayor simetría cerebral que los hombres. De hecho, se estima que el 8,8% de los hombres confunden frecuentemente la derecha y la izquierda, mientras que la cifra asciende al 17,5% en el caso de las mujeres.

Por suerte, no se trata de un problema, sino tan solo de que esa persona no ha desarrollado lo suficiente su Inteligencia Espacial, la capacidad para orientarse en el espacio. De hecho, cada persona es única, es como si estuviera formada por una “fórmula” especial en la que las inteligencias se mezclan en diferentes medidas. Por eso, quienes tienen dificultades para orientarse en el espacio, suelen mostrar una inteligencia brillante en otras áreas de la vida.

¿Qué papel juega la concentración?


Lo cierto es que incluso las personas que han automatizado esta habilidad pueden equivocarse al identificar la izquierda o la derecha. En este sentido, hace poco investigadores del Royal Victoria Hospital llevaron a cabo un estudio con 234 estudiantes de Medicina y comprobaron que cuando estaban distraídos, les resultaba más difícil discriminar la izquierda de la derecha y aumentaban considerablemente las probabilidades de que se equivocaran en su trabajo.

Obviamente, no se trata de una buena noticia para los pacientes, sobre todo si tenemos en cuenta que las personas que trabajan en los hospitales suelen estar sometidas a un gran estrés. De hecho, los estudios indican que 1 de cada 112.994 intervenciones se realiza en el lado equivocado del paciente, dando lugar a la extirpación de órganos sanos. En Medicina este fenómeno se conoce como “cirugía en lado erróneo”.

¿Hay solución?


La mayoría de las personas que tienen este pequeño problema suelen recurrir a diferentes recursos para recordar rápidamente cuál es la derecha y la izquierda. A algunos les basta recordar la mano con la que escriben, otros recuerdan dónde está el corazón.

En cualquier caso, se debe aclarar que no se trata de un déficit sino tan solo de una dificultad. De hecho, más bien es de un problema de automatización ya que estas personas son capaces de reconocer la derecha y la izquierda, pero les lleva más tiempo que al resto porque el proceso de base no se ha automatizado y, antes de tomar cualquier decisión, deben pensar.


Fuentes:
McKinley, J. et. Al. (2015) ‘Sorry, I meant the patient's left side’: impact of distraction on left–right discrimination. TOC; 49(4): 427–435.
Hirnstein, M. et. Al. (2009) Sex differences in left–right confusion depend on hemispheric asymmetry. Cortex; 45; 891–899.
Mulloy, D. F. et. Al. (2008) Wrong-Site Surgery: A Preventable Medical Error. Patient Safety and Quality: An Evidence-Based Handbook for Nurses. Rockville: Hughes RG.
Hausmann, M. et. Al. (1999) Sex differences in functional cerebral asymmetries in a repeated measures design. Brain and Cognition; 41: 263–275.
Hannay, H. J. et. Al. (1990) Self-report of right-left confusion in college men and women. Percept Mot Skills; 70(2): 451-257.
Escrito por: Jennifer Delgado

9/09/2016

Pequeños tiranos: Niños que dominan a sus padres


Solemos asociar la infancia con un estado de ingenuidad y sinceridad. Sin embargo, no siempre es así. El hecho de que los niños absorban la información del mundo como si fueran una esponja también significa que pueden aprender a mentir muy rápido y a manipular a los demás para obtener lo que desean.

En la mayoría de los casos no lo hacen de forma consciente, al menos no al inicio. Sin embargo, llega un punto en el que se dan cuenta de que ese comportamiento disruptivo les permite alcanzar ciertas cosas, por lo que este se vuelve cada vez más frecuente, hasta que se convierte en el patrón de comportamiento habitual.

Aún así, lo cierto es que se habla muy poco de los niños que dominan a sus padres, a pesar de que este problema ha cobrado fuerza en los últimos años, fundamentalmente debido a una educación extremadamente permisiva en la que los pequeños crecen sin reglas ni límites claros.

Los niños pueden asumir diferentes estilos para lograr ese control sobre los padres, es importante detectarlos a tiempo para ponerles freno antes de que se convierta en un problema mayor.

1. Acosador desafiante


¿Tu hijo siempre se opone a ti?

¿A menudo intenta ponerte una zancadilla?

¿A veces te asustan sus ataques de ira?

Estos niños muestran una actitud profundamente desafiante ante sus padres. Su principal herramienta es llevarles la contraria en todo. Si les dicen que pueden irse, dirán que prefieren quedarse, y si les pides que se queden, se irán.

Normalmente se trata de niños impulsivos, impacientes y desafiantes que pretenden vivir según sus propias reglas, obviando las normas de los adultos. De hecho, estos niños rechazan los intentos de los padres de ponerle coto a sus conductas disruptivas. Cuando la educación corre a cargo de un solo progenitor, normalmente la madre, estos niños pueden llegar a comportarse de forma muy agresiva, hasta que la situación llega a ser insostenible. 

Estos pequeños también adoptan una actitud autosuficiente y, a primera vista, parecen tener una gran autoconfianza, aunque en realidad suele tratarse de una máscara para esconder su miedo e inseguridad. Aún así, disfrutan de llevar la contraria, de generar discusiones y no se muestran dispuestos a dar su brazo a torcer. Para ellos, tener la razón es más importante que respetar a los demás o llevarse bien con los otros.

Buenas y malas noticias

Ser desafiante no es necesariamente un rasgo problemático. Muchos artistas, inventores, diseñadores y pensadores tienen una vena desafiante. Estas personas se oponen a los convencionalismos y precisamente por eso logran desarrollar nuevas perspectivas y formas de pensar, utilizan ese rasgo como una fuerza creativa. 

Los niños desafiantes tienen mucha energía que necesita ser enfocada y canalizada para que encuentre una salida positiva. De hecho, si los niños se muestran demasiado complacientes y dóciles, si siempre están de acuerdo con sus padres, significa que no han desarrollado ideas, opiniones y puntos de vista propios, lo cual no es positivo.

Sin embargo, no es menos cierto que encauzar esa energía desafiante suele ser difícil, sobre todo si no se ataja a tiempo ya que los hábitos instaurados son difíciles de romper. Por eso, en algunos casos esa actitud puede causar graves problemas en la familia.

¿Qué le sucede al niño desafiante?

En la base de esa actitud desafiante suele esconderse un niño que, por alguna razón, se siente poco reconocido o incluso infravalorado. Ese niño suele vivir con el temor de que los demás lo olviden, razón por la cual, busca la atención, aunque para ello tenga que recurrir a un comportamiento disruptivo.

Lo curioso es que a menudo los padres no se dan cuenta de lo vulnerable que son estos niños pues son maestros escondiendo sus inseguridades. Sin embargo, en última instancia, esta actitud desafiante es una forma de dependencia ya que, para sentirse completos, estos niños necesitan tener a una persona a quien desafiar. Estos niños solo se sienten fuertes cuando pueden luchar con alguien. 

¿Qué ganan los niños desafiantes con esta actitud? El desafío es una barrera protectora contra la inseguridad que generan las relaciones interpersonales, les proporciona una identidad temporal con la que el niño se siente más seguro.


2. Acosador ansioso


¿Tu hijo siempre está nervioso?

¿Necesita que lo reconfortes y tranquilices continuamente?

¿Su discurso está lleno de angustia?

Los niños ansiosos son muy difíciles de manejar ya que lo mismo se aferran a sus padres en busca de apoyo que los rechazan. Por supuesto, es natural que los niños busquen en sus padres la validación de sus emociones, pero el niño ansioso va un paso más allá y llega a ser extremadamente agotador. 

Los niños ansiosos no son capaces de calmarse, cuando se sienten amenazados o tienen miedo corren a sus padres en busca de protección. Sin embargo, una vez que ven satisfecha esa necesidad, rechazan esa relación. Ese ciclo de búsqueda/rechazo se repite constantemente, lo cual confunde a los padres.

En realidad, lo que sucede es que estos niños no quieren depender de sus padres, pero no son capaces de romper el cordón umbilical. Normalmente no son tan agresivos como los niños desafiantes, pero eso no significa que la relación sea menos intensa y agotadora desde el punto de vista emocional. En estos casos, los niños dominan a sus padres atándolos al rol de cuidadores eternos, pero les niegan el placer de sentirse retribuidos y amados plenamente. 

Buenas y malas noticias

A diferencia de los niños desafiantes, que son extremadamente rebeldes, los niños ansiosos normalmente tienen demasiado miedo como para exponerse a situaciones peligrosas. De hecho, los padres a menudo tienen que motivarlos a salir de su habitación para que pasen tiempo con sus amigos. 

Sin embargo, estos niños ansiosos tienen problemas para crecer y, si no se estimula la independencia y autonomía, seguirán siendo niños pequeños durante toda su vida, sufrirán el Síndrome de Peter Pan. El problema es que no están dispuestos a asumir riesgos y prefieren mantenerse en su zona de confort por lo que arrastran a sus padres a ella, limitando también su vida.

¿Qué le sucede al niño ansioso?

En algunos casos esa ansiedad puede ser un rasgo de su personalidad. De hecho, es probable que otras personas de su familia también padezcan ansiedad. Además, se debe tener en cuenta que la ansiedad y el miedo también se “contagian”, lo cual significa que puede ser un reflejo de uno de los padres.

En otros casos esa ansiedad puede estar causada por un evento traumático que el niño haya vivido, o puede deberse a inseguridades que en su momento no fueron debidamente abordadas y superadas. También puede ser el resultado de una educación sobreprotectora, que ha limitado las oportunidades del niño para poner a prueba su fuerza y destrezas, impidiéndole desarrollar la confianza necesaria.

En cualquier caso, eso no significa que el niño deba vivir con esa ansiedad y miedo durante toda su vida, estos problemas se solucionan dándole más responsabilidades y desarrollando su independencia y autonomía.

3. Acosador manipulador


¿Tu hijo miente a menudo?

¿Sabe cómo sacarle partido a tus miedos e inseguridades?

¿Te manipula diciendo que se hará daño o amenazándote con contar tus secretos?

Estos niños son muy buenos mentirosos, no dudan en falsear la verdad para evadir sus responsabilidades y lograr sus propósitos. Por otra parte, suelen tener una habilidad especial para descifrar las emociones de los demás y, obviamente, la utilizan a su favor.

Estos pequeños pueden inventar falsas enfermedades para no acudir al colegio y no dudan en usar el amor de los padres o su sentimiento de culpa si pueden sacar algún beneficio. Pueden recurrir a historias muy elaboradas que hacen leva en las emociones, y no dudarán en echar mano a la extorsión y el chantaje cuando las mentiras ya no funcionen.

Los niños manipuladores aprovechan las dudas y ansiedades de los padres para obtener lo que desean. Pueden recurrir a estrategias muy sutiles, como inspirar pena, pero también pueden mostrar su peor cara y llegar a la amenaza si ven peligrar sus planes.

Buenas y malas noticias

Los niños manipuladores tienen una capacidad especial para detectar las emociones de los demás, el problema es que la usan a su favor, sin tener en cuenta las necesidades y deseos de las personas. Sin embargo, bien encauzada, esta habilidad les permitiría desarrollar una gran Inteligencia Emocional, que es fundamental para tener éxito en la vida.

Sin embargo, los padres deben tener cuidado porque si no les ponen coto a tiempo a este tipo de comportamientos, quedarán en manos de sus hijos, les cederán el mando de la relación. Como resultado, estos pequeños pueden llegar a ser muy egocéntricos y demandantes, y nunca se darán por satisfechos.

¿Qué le sucede al niño manipulador?

Al contrario de la ansiedad, la manipulación es un comportamiento aprendido. Esto significa que quizá el niño ha aprendido a mentir, engañar y manipular de una persona cercana. En otros casos, el pequeño simplemente se ha percatado de que la manipulación funciona ya que los padres siempre ceden a sus demandas.

No obstante, en la base de estos comportamientos normalmente se encuentra un niño frágil que necesita reafirmarse. El niño manipulador no es más maduro, a pesar de la complejidad de las historias que crea y de cómo sabe halar los hilos de las emociones, sino todo lo contrario, es inmaduro porque es incapaz de asumir las consecuencias de sus acciones o de defender sus puntos de vista con argumentos razonables, por eso se ve obligado a usar la manipulación emocional.

¿La solución? Reglas claras y límites precisos


Un niño que recurre a estas estrategias, no es un niño feliz. Por eso, es importante que los padres sean conscientes de que las reglas y los límites no significan una restricción de la libertad infantil sino que son necesarias para que los niños sepan exactamente que se espera de ellos.

Las reglas y los límites se pueden entender como una especie de puntos cardinales que los niños utilizan para orientar su comportamiento. Cuando no hay normas o son muy laxas, aumentan las probabilidades de que los pequeños desarrollen conductas disruptivas y terminen creando problemas en la familia. La disciplina y el amor no son antónimos, se puede disciplinar con amor.

Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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