5/28/2015

3 habilidades sociales indispensables que puedes desarrollar ahora mismo


Las habilidades sociales son imprescindibles, no solo para tener éxito en el mundo profesional sino para vivir de forma más plena y equilibrada. Una persona que no es capaz de defender sus derechos de forma asertiva, será pisoteada continuamente. Sin embargo, alguien que se enfade con frecuencia y responda agresivamente, tendrá una vida llena de conflictos, sin encontrar la serenidad.

Sin embargo, nadie nos enseña a manejar de manera asertiva las relaciones sociales, es algo que aprendemos fundamentalmente por imitación, primero viendo a nuestros padres y después, tomando apuntes de las figuras significativas con las cuales nos encontramos durante la adolescencia y la juventud.

No obstante, las habilidades sociales están en el centro del Crecimiento Personal. Como nadie es una isla en sí mismo, para lograr la felicidad y la paz espiritual, debemos adquirir al menos algunas competencias básicas que nos permitan lidiar con las personas que encontramos cada día. 

Curiosamente, las habilidades sociales más importantes, también son las más sencillas y fáciles de desarrollar. El problema es que no somos conscientes de su importancia y las pasamos por alto. Por eso, ahora os indico algunas habilidades sociales básicas, que podéis comenzar a desarrollar inmediatamente.

¿Cuáles son las habilidades sociales básicas más importantes?


1. Sonreír más

La sonrisa es una de nuestras armas más poderosas, y también una de las más infravaloradas. De hecho, a todos nos gusta ver una cara sonriente pero no somos plenamente conscientes del impacto que puede tener una sonrisa en las relaciones interpersonales.

Sin embargo, una sonrisa relaja la tensión que pude haber en el ambiente y hace que la otra persona se muestre más receptiva a nuestro mensaje. Cuando nos acercamos a alguien sonriendo, le estamos diciendo que no somos una amenaza y le transmitimos positividad. Es difícil que alguien se enfade cuando su interlocutor sonríe.

De hecho, psicólogos de la Universidad de Oxford pudieron apreciar que en un juego económico, cuando las personas sonreían, aumentaba en un 10% el nivel de confianza que los otros ponían en ellas. Otro experimento desarrollado en el Boston College demostró que cuando cometemos un error o nos saltamos una norma y después sonreímos, aumentan las probabilidades de que la otra persona se muestre condescendiente y nos perdone.

Obviamente, no se trata de andar todo el día con una sonrisa forzada, hay situaciones que no demandan una sonrisa. Aún así, intenta sonreír más, verás que acercarse a las personas con una sonrisa en los labios puede cambiar la situación.

2. Hablar más despacio

Cuando estamos nerviosos, nuestro ritmo cardiaco se acelera y la respiración se hace más entrecortada. En esta situación, es difícil mantener la calma por lo que el ritmo de nuestro discurso se acelera. Sin embargo, nuestro interlocutor lo percibe, aunque sea de manera inconsciente, y comprende que algo no funciona. De esta manera, se pone sobreaviso y adopta una actitud defensiva. En esta situación, es difícil convencer a alguien o llegar a un entendimiento. 

Sin embargo, hablar de manera pausada y con un tono de voz adecuado, transmite tranquilidad e indica que somos una persona segura de sí, que sabemos lo que queremos y tenemos la confianza necesaria para lograrlo. Cuando todos a tu alrededor se alteran y eres capaz de mantener la calma, podrás transmitir mejor tu mensaje y las personas estarán más dispuestas a escucharlo.

En este sentido, un estudio realizado en la Universidad de Georgia demostró que hablar rápido es una técnica eficaz solo cuando queremos confundir a nuestro interlocutor, cuando queremos convencerle de algo pero no tenemos suficientes pruebas a nuestro favor. Al contrario, hablar despacio le permite reflexionar y promueve un cambio de actitud más duradero, que es justo lo que necesitamos en nuestras relaciones interpersonales más íntimas.

De la misma forma, es importante aprender a dominar los silencios. De hecho, la mayoría de las personas se precipitan a romper el silencio porque se sienten incómodas y tensas, pero el silencio es un arma de comunicación a través de la cual se puede transmitir seguridad y confianza. 

3. Preguntar más

Suponer, sacar conclusiones a partir de hechos aislados o generalizar sin bases es uno de los principales errores que cometemos en la comunicación. De hecho, da lugar a muchísimos malentendidos. Por eso, una habilidad social fundamental es preguntar más. Ante las dudas, es mejor contrastar nuestras ideas, y eso solo podemos lograrlo hablando con la otra persona. 

El principal problema de las suposiciones es que casi nunca se detienen sino que tienen un efecto bola de nieve, que da lugar a otras conclusiones falsas o sin fundamento. De esta forma, se generan actitudes negativas o incluso prejuicios hacia la otra persona, que terminan dañando innecesariamente la relación.

Las suposiciones y las convicciones se convierten en una peligrosa arma de doble filo. Un curioso experimento realizado en la Universidad Estatal de Iowa desveló cuán fácil es manipular nuestras convicciones, hasta tal punto que el 50% de los testigos de un supuesto asesinato, estarían dispuestos a identificar erróneamente a un asesino.

Por eso, indaga siempre sobre el punto de vista de tu interlocutor, intenta comprender sus razones y pregunta todo lo que no quede claro. No te dejes llevar por las suposiciones porque a menudo estas son el resultado de una historia que hemos armado en nuestra mente.


Fuentes:
Scharlemann; J. et. Al. (2001) The value of a smile: Game theory with a human face. Journal of Economic Psychology; 22(5): 617–640.
Wells, G. L. & Bradfield, A. L. (1998) Good, you identified the suspect: Feedback to eyewitnesses distorts their reports of the witnessing experience. Journal of Applied Psychology; 83: 360-376.
LaFrance, M. & Hecht, M. A. (1995) Why Smiles Generate Leniency. Personality and Social Psychology Bulletin; 21(3): 207-214.
Smith; A. M. & Shaffer, D. R. (1991) Celerity and Cajolery: Rapid Speech May Promote or Inhibit Persuasion through its Impact on Message Elaboration. Personality and Social Psychology Bulletin; 17(6): 663-669.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/27/2015

Ladrones de recuerdos: ¿Por qué robamos historias de otras personas?


Es probable que en algún momento, te hayas visto tentado a apropiarte de las experiencias de otros y contarlas como si fuesen tuyas. Lo más usual es que lo hagamos en el contexto de un grupo de conocidos o amigos. Cuando las personas que nos rodean cuentan historias tan fascinantes que llegamos a sentir el aguijón de la envidia, nos apropiamos de otras historias para no ser menos, contándolas como si fueran nuestras, como si las hubiésemos vivido.

Un curioso estudio realizado en la Southern Methodist University investigó por qué las personas roban las memorias de otras y descubrió que se trata de un fenómeno mucho más común de lo que pensamos.

Estos psicólogos reclutaron a 447 jóvenes y más de la mitad de ellos reconocieron que, en algún momento, habían robado las anécdotas de otras personas y las habían contado como si fueran suyas. Además, la mayoría lo había hecho más de una vez. El porcentaje aumenta a más de un 60% si se tienen en cuenta las personas que tomaron prestados detalles de otros para adornar sus historias y hacer que estas fueran más interesantes.

¿Por qué se produce el robo de recuerdos?


Por extraño que parezca, la razón más común por la cual las personas roban las experiencias de otros, es porque quieren formar parte de su pasado y compartir su identidad. Es decir, se identifican tanto con esa persona, que llegan a asumir algunas de sus vivencias como propias.

De hecho, es probable que después de haber contado una historia como propia, olvidemos la fuente original y ese recuerdo pase a formar parte de nuestra identidad, nos convencemos de que realmente nos pertenece. A confirmar esta teoría acude el hecho de que aproximadamente un 30% de las personas encuestadas reconocieron que solo después de haber contado la historia, se percataron de que no era suya. 

En algunos casos, el despiste llega a ser tan grande que algunos indicaron que habían discutido con la otra persona sobre la “propiedad” de la historia. Esto nos indica que realmente no recordaban que no habían vivido esa experiencia. Curiosamente, en este estudio también se apreció que los hombres eran más propensos a robar historias y detalles de estas, así como a discutir sobre su origen. Todo parece indicar que las mujeres se mantienen más fieles a sus recuerdos.

Otra investigación realizada en la Universidad de Arkansas desveló que, efectivamente, en ocasiones las memorias falsas pueden estar acompañadas de experiencias particularmente vívidas, que nos dificultan distinguir entre los sucesos reales y los que nunca hemos experimentado. 

De hecho, un experimento particularmente interesante nos demuestra cuán inexacto puede llegar a ser el proceso de memoria autobiográfica. En esta ocasión, psicólogos de la Western Washington University hicieron que dos personas vieran un vídeo, algunas partes las vieron juntos, luego, les mostraron partes diferentes a cada cual.

A continuación, la pareja debía trabajar para compartir la información que habían visto por separado y darle un sentido global a la historia. Más tarde, cada quien debía identificar qué información había visto y cuál había sido transmitida por el otro. De esta forma se pudo apreciar que tenemos grandes dificultades para desligar los recuerdos que hemos vivido en primera persona de aquellos que nos cuentan los demás, sobre todo cuando ya tenemos una base común.

No solo es cuestión de mala memoria...


Por supuesto, el hecho de que algunas personas se apropien de las historias de otros no se debe únicamente a la mala memoria. Muchos de los encuestados también reconocieron que robaban los recuerdos de los demás simplemente porque querían añadirle más impacto a la historia que estaban contando, porque les resultaba más conveniente en la situación en la que se encontraban o debido a que mejoraba su estatus dentro del grupo.


Fuentes:
Brown, A. S. et. Al. (2015) Borrowing Personal Memories. Applied Cognitive Psychology; 29(3): 471-477.
Hyman, I. E. et. Al. (2014) Collaboration inflation: Egocentric source monitoring errors following collaborative remembering. Journal of Applied Research in Memory and Cognition; 3(4): 293–299.
Lampinen, J. M. et. Al. (2005) Compelling untruths: content borrowing and vivid false memories. Journal of Experimental Psychology: Learning Memory and Cognition; 31(5):954-963.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/26/2015

10 preguntas para afrontar los momentos difíciles


De vez en cuando, todos afrontamos momentos difíciles, estos forman parte del ciclo de la vida. En algunas ocasiones esas dificultades provienen de situaciones que escapan de nuestro control, otras veces son una consecuencia directa de nuestras decisiones.

En ambos casos nuestra respuesta suele ser la misma: nos sumimos en la preocupación. Sin embargo, cuando nos hundimos en las experiencias negativas, pensamos únicamente en la respuesta que debemos dar en ese momento y es como si el resto de nuestra identidad desapareciera. 

Más allá de la situación que debemos afrontar, nos convertimos en nuestro peor obstáculo y nuestra principal fuente de preocupación.

Es evidente que hay muchas situaciones que no podemos cambiar, no tenemos control sobre lo que ya ha ocurrido. No obstante, podemos elegir cómo reaccionamos, podemos determinar el significado que le damos a la situación. De hecho, el principio 90/10 nos indica que “el 10% de la vida está relacionado con lo que nos pasa, y el 90% restante con la forma en que reaccionamos ante ello”.

Si no reflexionamos sobre la importancia de aprender a manejar nuestras emociones, pasaremos toda la vida reaccionando como unos autómatas, dejando que sean las circunstancias quienes dicten nuestro estado de ánimo y, por ende, nuestro bienestar. Por eso, la próxima vez que tengas que afrontar un momento difícil, es conveniente que te hagas una serie de preguntas que te permitirán cambiar tu perspectiva de la situación.

Cuando las circunstancias nos desbordan...


1. ¿Estás respirando? En algunas ocasiones, lo único que puedes hacer es respirar. Cuando el estrés y la angustia son tan grandes que te paralizan, concentrarse en la respiración es el primer paso para reencontrar la serenidad. De hecho, ¿sabías que a través de una respiración acompasada y profunda puedes incidir sobre el sistema nervioso autónomo y hacer que la presión arterial y el latido cardíaco vuelvan a la normalidad? Si te sientes muy estresado, busca 10 minutos al día y respira profundamente.

2. ¿Cómo te sientes? Tomar decisiones, cuando estamos desbordados emocionalmente, no es sabio. Sin embargo, cuando tenemos que enfrentar situaciones difíciles, solemos sumirnos en el agujero negro de las emociones negativas, y a veces ni siquiera somos conscientes de ello. Por eso, es importante concienciar las emociones. El simple hecho de saber que están ahí ya les resta parte de su impacto negativo y te permite tomar mejores decisiones. 

3. ¿Qué grado de responsabilidad tienes? No se trata de buscar culpables sino de determinar responsabilidades. No es una mera disquisición terminológica sino que implica un profundo cambio de perspectiva. Céntrate en la responsabilidad que te corresponde, de esa forma podrás reducir el desafío y encontrar la parte de la situación sobre la cual puedes incidir realmente.

4. ¿Qué puedes controlar? Una de las mayores fuentes de ansiedad y agobio es pensar que todo depende de nosotros, que tenemos el control. Sin embargo, en realidad muchas cosas escapan de nuestro control, así que cuando te sientas desbordado por las circunstancias, pregúntate qué puedes controlar realmente de la situación que te preocupa. Céntrate en lo que puedes cambiar, por pequeño que sea.

5. ¿Qué cosas no puedes controlar? Se trata de identificar todas las cosas que escapan a nuestro control y aceptar que, por mucho que nos esforcemos, es normal que existe cierto grado de entropía. Toma el tiempo que necesites para evaluar la situación y después, deja ir todas las cosas que te preocupan pero que no puedes controlar. En este sentido, la técnica de visualización “las hojas del río”. Recuerda que preocuparte por cosas que no puedes resolver implica una pérdida de energía considerable que te impide centrarte en lo que realmente puedes solucionar.

6. ¿Qué es lo más importante que puedes hacer inmediatamente? Cuando una situación nos desborda y no sabemos cómo comportarnos, tenemos la tendencia a procrastinar. Sin embargo, mientras procrastinamos, el problema aumenta y las preocupaciones se agigantan. Por eso es tan importante actuar. En este sentido, el kaizen nos indica que no importa cuán pequeño sea el paso, basta que lo demos. Pregúntate qué puedes hacer ahora mismo y, sin dilaciones, hazlo. El simple hecho de ser proactivo mejorará tu estado de ánimo y aumentará tu autoconfianza.

7. ¿Cuáles son tus opciones? Ante una situación complicada, es comprensible que las emociones tomen el control y acallen a nuestro lóbulo frontal. Sin embargo, desbordados por las emociones no podemos pensar con claridad y no somos capaces de vislumbrar los posibles caminos. En esa bruma mental, no puede sino crecer la desesperación y el sufrimiento. Por eso, es fundamental preguntarse cuáles son nuestras opciones. Crea una lista de alternativas que puedan arrojar luz sobre las posibles soluciones que tienes a tu alcance.

8. ¿Te estás cuidando? Cuando estamos demasiado preocupados, estresados o agobiados, solemos descuidar nuestra salud física y mental. Dormimos mal, comemos mal y hacemos menos actividad física. Sin embargo, es en esos momentos cuando necesitamos estar al 100% de nuestra capacidad. Por eso, cuando los problemas toquen a tu puerta, asegúrate de que te estás cuidando, sigue una rutina saludable cada día. Recuerda que mente y cuerpo representan una unidad indisoluble y si descuidas uno, es probable que el otro se resienta.

9. ¿Lo que te preocupa, seguirá siendo importante dentro de 5 años? Ensimismados en nuestras preocupaciones actuales, perdemos la perspectiva de futuro. Cuando estamos ahogados en el mar de la desesperanza o el agobio, nos resulta difícil pensar que encontraremos una orilla para ponernos a salvo. Sin embargo, en realidad la mayoría de los problemas que nos preocupan hoy, no serán significativos dentro de 5 años, cuando seamos capaces de poner las cosas en perspectiva. Recuerda que somos especialistas en crear una tormenta en un vaso de agua así que siempre debes preguntarte si lo que te preocupa hoy, seguirá siendo igual de importante en el futuro. 

10. ¿Qué puedes aprender? Cada dificultad viene con una lección. Quizás en un primer momento no la veas pero cuando vaya pasando el tiempo te darás cuenta de que ese problema probablemente te ha servido para convertirte en una persona más resiliente. En vez de lamentarte y preguntarte por qué ha tenido que pasarte justo a ti, intenta centrarte en la enseñanza, en lo que puedes aprender de ese contratiempo.

Recuerda que los desafíos, los cambios y los problemas forman parte de la vida, no podemos evitarlos, pero podemos elegir cómo afrontarlos y qué importancia conferirles.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/25/2015

Comer con la mente: 5 hechos sorprendentes


En los últimos años ha aumentado considerablemente el interés de las personas por la comida. Ahora nos preocuparnos por los alimentos que ingerimos y nos aseguramos de seguir buenas pautas alimenticias que nos permitan tener una nutrición saludable. Sin embargo, la alimentación no es un proceso meramente fisiológico, nuestra mente desempeña un papel importante y determina nuestras preferencias.

De hecho, cuando comemos no solo nos estamos nutriendo, también experimentamos diferentes emociones. Sentimos placer cuando la comida nos agrada pero también podemos sentirnos culpables cuando rompemos nuestra dieta. Además, nuestro estado de ánimo no solo influirá en la cantidad de comida sino también en la elección de los alimentos.

Por eso, para seguir una dieta sana, es fundamental comprender los mecanismos psicológicos que se esconden detrás de la alimentación.

1. No sabes cuándo estás realmente saciado

Creemos que la cantidad de alimentos que ingerimos se corresponde con la magnitud del hambre que experimentamos. Sin embargo, en realidad el apetito es tan solo un factor de la ecuación. La cantidad de alimentos que podemos llegar a comer también depende del tamaño de la vajilla e incluso de la luz y los colores de la habitación.

En un estudio muy curioso realizado en la Universidad de Cornell los investigadores utilizaron un tazón para la sopa que se llenaba automáticamente a través de un mecanismo oculto. Las personas que usaron ese tazón comieron casi el doble de sopa, pero no se sentían más saciadas que quienes comieron en un plato normal.

Esto nos indica que la conexión entre el estómago y el cerebro funciona lentamente, la señal de saciedad tarda una media hora en ser procesada por nuestra mente. Por eso, la sensación de saciedad está íntimamente vinculada a las cantidades que vemos, más que a lo que comemos realmente.

2. Los alimentos pueden gustarte más o menos, según el momento del día

Tenemos la tendencia a pensar que los alimentos tienen un sabor intrínseco, que puede gustarnos más o menos. Sin embargo, en realidad no es así, un sencillo experimento nos demuestra que la percepción de los sabores no solo cambia a lo largo de la vida sino también durante un mismo día.

De hecho, aunque te guste la zanahoria junto a las verduras y la carne, a la hora de la cena, es probable que no logres comerla a las seis de la mañana, en el desayuno. Y es que el contexto en el que se presenta la comida, influye mucho en su sabor. 

A lo largo de los años hemos asociado determinados alimentos a ciertos horarios, de forma que cuando nos los presentan a horas poco habituales, oponemos cierta resistencia e incluso puede llegar a desagradarnos un sabor que normalmente nos gusta.

3. Intentar suprimir los pensamientos sobre la comida, conduce a atracones

Puede parecer un contrasentido pero se ha demostrado que intentar suprimir determinados pensamientos tiene un efecto rebote. En práctica, cuando intentamos eliminar un pensamiento de nuestra mente, esta adopta una actitud hipervigilante y se produce el efecto opuesto: la idea se hace aún más recurrente.

Lo mismo ocurre con la comida. En un experimento realizado en la Universidad de Florida los investigadores analizaron los hábitos de alimentación de personas con sobrepeso y sus pensamientos cotidianos. Así pudieron notar que las personas más propensas a ceder a los antojos y comer de forma compulsiva eran precisamente las que más intentaban reprimir los pensamientos sobre la comida.

De hecho, hoy se conoce que las dietas para perder peso que son demasiado restrictivas generan un descontrol emocional. Estas personas, una vez que abandonan el régimen, no solo recuperan los kilos perdidos sino que ganan un tercio más. 

4. El mal humor te hace optar por alimentos poco sanos

El concepto de “hambre emocional” es antiguo. De hecho, muchas personas no comen porque sienten hambre sino simplemente porque se sienten ansiosas. Por eso, el factor emocional es fundamental en cualquier dieta para adelgazar.

Sin embargo, también se ha apreciado que cuando nos ponemos de mal humor, tenemos la tendencia a elegir alimentos que en otras circunstancias no comeríamos. De hecho, cuando nos sentimos irritados, estresados, enojados o deprimidos, solemos apostar por refrigerios azucarados y alimentos con un alto contenido graso. 

El principal problema es que, cuando estamos de mal humor, no somos capaces de ejercer el autocontrol, que es un recurso limitado, y somos más propensos a ceder a las tentaciones. Además, este tipo de alimentos generan una respuesta muy intensa a nivel cerebral, que activa los centros del placer. Por tanto, se convierten en una especie de compensación natural.

5. Las etiquetas de los productos determinan cuánto te gustarán

La percepción de los sabores varía en dependencia de muchísimos factores, muchos de ellos psicológicos. Por ejemplo, se ha podido comprobar que cuando a las personas se les presenta el mismo vino pero con diferentes etiquetas, prefieren aquel que ha sido catalogado “socialmente” como mejor, aunque en realidad ambos vinos sean iguales.

Un experimento particularmente interesante realizado en la Universidad de Sussex demuestra fehacientemente este hecho. Los investigadores les dijeron a los participantes que estaban evaluando el sabor de un nuevo alimento y la aceptación que tendría en el mercado. A algunos les dijeron que era un helado con sabor a salmón ahumado, a otros les dijeron que era un mousse helado salado. Aunque se trataba del mismo producto, las personas a las que les dijeron que era un helado, lo rechazaron, a quienes les dijeron que era un mousse, les encantó.

Y es que las expectativas que tenemos sobre los productos, creadas en gran medida por las etiquetas, los críticos gastronómicos o incluso por las personas que se encuentran a nuestro alrededor, influirán en la aceptación o el rechazo de determinados sabores.


Fuentes:
Barnes, R. D. & Tanleff, S. (2010) Food for thought: Examining the relationship between food thought suppression and weight-related outcomes. Eating Behaviors; 11(3): 175–179.
Yeomans, M. R. et. Al. (2008) The role of expectancy in sensory and hedonic evaluation: The case of smoked salmon ice-cream. Food Quality and Preference; 19(6): 565–573.
Wansink, B. et. Al. (2007) Fine as North Dakota wine: Sensory expectations and the intake of companion foods. Physiology & Behavior; 90(5): 712-716.
Wansink, B. et. Al. (2005) Bottomless bowls: why visual cues of portion size may influence intake. Obesity Research; 13(1): 93-100.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/21/2015

10 signos de que estás creciendo emocionalmente, aunque no lo sepas


Los proyectos más ambiciosos a menudo son cuesta arriba, demandan una gran dosis de sacrificio y perseverancia. Por eso, es comprensible que perdamos la fuerza y el empuje a mitad del camino. Sin embargo, cuando la desmotivación sienta casa, estamos tentados a abandonar. En ese momento, solo miramos hacia adelante, solo percibimos el camino que nos falta por recorrer y por eso no nos percatamos del trayecto andado. No obstante, a veces es necesario mirar atrás para comprender la verdadera magnitud de lo que hemos alcanzado.

De hecho, a menudo abandonamos nuestros sueños solo porque no somos plenamente conscientes de las cosas que hemos logrado, de los pequeños pasos que hemos ido dando. Cuando nos centramos únicamente en los fracasos, perdemos la motivación y corremos el riesgo de abandonar justo antes de llegar a la meta.

Esto se debe, en parte, a que nuestra sociedad nos ha enseñado a castigarnos por los errores, pero no a recompensarnos por cada logro. En el ámbito del Crecimiento Personal esta realidad resulta aún más evidente. Nos planteamos cambios trascendentales pero cuando se produce una involución, nos desmotivamos y abandonamos, sin darnos cuenta de todo lo que habíamos logrado. De hecho, muchas personas abandonan la psicoterapia porque no tienen la paciencia necesaria y no valoran los pequeños cambios.

Por eso, de vez en cuando es necesario hacer inventario de lo que hemos logrado. Puede que estés creciendo emocionalmente sin que te hayas dado cuenta.

¿Cuáles son las señales que indican que estás creciendo emocionalmente?


1. Dejas ir las cosas que te dañan

Aprender a dejar ir, centrarse en las cosas que realmente valen la pena y obviar aquellas que nos dañan o molestan, es una habilidad clave para tener éxito y, sobre todo, para alcanzar el equilibrio emocional. Sin embargo, también es una habilidad muy difícil de desarrollar. Por eso, el simple hecho de aprender a reconocer a las personas tóxicas y saber cómo lidiar con sus comportamientos, sin que generen culpa o ira, ya es un gran paso.

2. Aprendes de los errores

Nadie es perfecto, nadie puede afirmar que nunca se ha equivocado. Por eso, despojarse del perfeccionismo y aceptar que los errores forman parte del camino y que incluso son valiosos, es un signo inequívoco de que has madurado. Cuando comprendemos las equivocaciones como oportunidades para crecer, cambia por completo nuestra perspectiva y podemos emprender proyectos más ambiciosos sin temor a quedarnos a mitad del camino.

3. Dejas de quejarte

Las quejas suelen ser un agujero negro por el cual se escapa la energía porque no conducen a soluciones sino que tan solo generan un malestar aún mayor que nos hace ver el mundo bajo un prisma gris. Sin embargo, las personas más equilibradas y exitosas no tienen la costumbre de llorar sobre la leche derramada, se ponen inmediatamente manos a la obra e intentan darle la vuelta al problema. Si estás actuando más y quejándote menos, es porque estás creciendo emocionalmente.

4. Celebras el éxito de los demás

Aplaudir el éxito de las personas es una señal de madurez, indica que no les envidias y que comprendes que su éxito no significa que hayas fracasado. Ser capaces de reconocer el trabajo y el esfuerzo de los otros, en vez de lanzar críticas denigrantes, no solo contribuye a crear un buen clima sino que implica un cambio de actitud que te beneficiará.

5. Tus relaciones personales son menos conflictivas

El mundo no es conflictivo, solo hay egos demasiado grandes que chocan entre sí y dan lugar a conflictos que se podían haber evitado. Parte de la madurez significa dejar de ver las relaciones interpersonales como un campo de batalla en el que hay ganadores y vencidos. Cuando tus relaciones son más fluidas, logras trabajar mejor y te sientes más a gusto, es porque has madurado y has aprendido que es mejor tener paz que tener razón.

6. No temes pedir ayuda

Pedir ayuda no significa ser débil. De hecho, es una señal de fortaleza y confianza en sí mismo. Ninguna persona ha podido crecer y tener éxito aislada, necesita a los demás. Pedir ayuda significa que has reconocido que no puedes lograr algunas cosas por ti solo y que eres lo suficientemente humilde como para reconocerlo y apoyarte en los demás. 

7. Has alzado tus estándares 

A medida que maduramos, somos más conscientes de lo que queremos y de lo que no estamos dispuestos a permitir. Una persona madura es segura de sí y establece ciertos límites que los demás no deben traspasar. Por supuesto, no se trata de límites caprichosos sino de reglas que te permiten proteger tus derechos como persona y mantener tu equilibrio psicológico. 

8. Has aprendido a abrirte emocionalmente

El amor es arriesgado. Amar significa entregarse y, por consiguiente, exponerse a que alguien nos dañe. Por eso, muchas personas temen comprometerse y se cierran cuando alguien se acerca. Sin embargo, cuando maduramos emocionalmente nos damos cuenta de que la mejor apuesta es abrir nuestro corazón. Es cierto que podemos ser rechazados o salir dañados pero habremos vivido, atesorado experiencias y conectado emocionalmente con alguien.

9. No te importa lo que piensen los demás

Es obvio que la opinión de las personas que están a tu alrededor es importante pero, en cierto punto de la vida, estas deben convertirse solo en sugerencias, no en lineamientos que determinen tu vida. La madurez llega cuando eres capaz de convivir con los demás sin dejarte influenciar demasiado por las expectativas que tienen sobre ti, cuando logras encontrar tu lugar en el mundo, un lugar con el que te sientes a gusto y puedes realizarte.

10. Aceptas tus limitaciones y trabajas para mejorar

La madurez emocional no implica desarrollar un positivismo ilusorio. La persona madura es consciente de sus limitaciones, sabe que hay muchas cosas que no puede cambiar o que están fuera de su alcance. Sin embargo, eso no la deprime. Al contrario, le permite focalizarse en las situaciones sobre las cuales puede realmente incidir. De esta forma, es capaz de economizar sus fuerzas y usarlas allí donde realmente puede obtener frutos.

Recuerda que "la vida no se trata de encontrarte a ti mismo, la vida es crearte a ti mismo", según el escritor irlandés George Bernard Shaw.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/20/2015

Insatisfacción Crónica: Personas que nunca están satisfechas


La insatisfacción es la sombra de la ambición”, afirmó hace ya varias décadas Henry H. Haskins. Y lo cierto es que no andaba equivocado. En la sociedad actual, somos testigos de excepción de este fenómeno, que se manifiesta como nunca antes. De hecho, la insatisfacción personal y laboral prácticamente se ha convertido en una enfermedad crónica. ¿Por qué?

Una sociedad que genera insatisfechos crónicos


Una parte de la responsabilidad de las elevadas cuotas de insatisfacción que hemos alcanzado recae en la sociedad. De hecho, cada día los periódicos y noticieros nos bombardean con noticias del adolescente que se hizo millonario gracias a una aplicación móvil, de la artista que se convirtió en una estrella a través de su canal de YouTube o del joven futbolista que ha sido fichado por un gran equipo y ahora tiene un contrato millonario. Sin embargo, junto a estas noticias también aparecen titulares que resaltan los estragos de la crisis, el desempleo y las injusticias.

Así, vivimos en una época en la que, en teoría, todo es posible. Sin embargo, en la práctica, solo una pequeña minoría logra alcanzar esos sueños. Ese contraste tan grande, entre las posibilidades casi infinitas y una realidad anónima puede generar un profundo sentimiento de insatisfacción. Cuando la persona compara sus resultados con los de los demás y no se siente orgullosa de lo que ha logrado, suele sentar casa la insatisfacción. 

Obviamente, la insatisfacción crónica no solo es un fenómeno social sino también personal. De hecho, hay personas que podríamos catalogar como “insatisfechos permanentes”. Estas personas no son capaces de alegrarse por lo que han logrado y siguen pensando en el camino que aún tienen por delante, se centran en lo que no tienen, más que en lo que tienen, y por eso nada les satisface.

Resulta curioso porque su meta final es la satisfacción pero, al mismo tiempo, esta se convierte en una quimera escurridiza que cada vez está más lejos. Por eso, estas personas se fijan objetivos cada vez más ambiciosos, con la esperanza de que cuando los alcancen, finalmente puedan sentirse satisfechos.

Sin embargo, lo que ocurre es que estas personas no buscan su satisfacción personal sino la aprobación y el aprecio de los demás. La insatisfacción crónica realmente sienta sus bases en una profunda inseguridad. De esta forma, esas personas pasan gran parte de su vida sintiendo envidia, amargadas y experimentando un sentimiento de incapacidad. Creen que la vida es injusta y minimizan sus logros e incluso están convencidos de que han fracasado, aunque no sea así.

Las dos caras de la insatisfacción


La insatisfacción es uno de los motores impulsores de la conducta. De hecho, Oscar Wilde afirmó que “la insatisfacción es el primer paso en el progreso del hombre”. 

La insatisfacción es una señal, nos indica que algo no funciona bien, que estamos siguiendo referentes erróneos y pautas equivocadas, o que estamos involucrados en una relación disfuncional. En todo caso, nos avisa de que debemos cambiar algo, en aras de lograr un estado de mayor plenitud.

Desde esta perspectiva, la insatisfacción no es negativa, todo lo contrario, nos anima a cambiar y a mejorar. Nos impulsa a activar nuestros recursos para reconducir nuestros pasos. 

Sin embargo, la insatisfacción crónica es negativa ya que nos sume en un estado de displacer permanente, nos impide centrarnos y vivir con plenitud el presente porque sentimos que no estamos integrados, no nos sentimos satisfechos con nuestro ser, no aceptamos completamente nuestra identidad. 

La insatisfacción crónica implica una fractura entre nuestro “yo” ideal y la persona que somos. Obviamente, si no logramos aceptarnos, tampoco lograremos ser felices.

¿Cómo desprenderse del estado de insatisfacción crónica?


1. Distingue el deseo de la necesidad. Nuestra sociedad no solo nos impulsa al consumismo sino que también pretende hacernos creer que la satisfacción y la felicidad provienen de nuestras posesiones. De esta forma, nos tiende una trampa mortal que nos obliga a correr continuamente detrás de cosas que no necesitamos. Por eso, la próxima vez que te sientas insatisfecho, simplemente pregúntate si realmente estás necesitado o tan solo estás experimentando un deseo. 

2. Echa la vista atrás. De vez en cuando, es conveniente mirar atrás para recordar cuánto camino hemos recorrido. A veces, cuando estamos demasiado centrados en la meta, olvidamos cuánto hemos logrado y cuántos sacrificios hemos hecho para llegar al punto en el que estamos. Recuerda que en ocasiones no es tan importante lo que has logrado sino la persona en la que te has convertido a lo largo de ese camino, el esfuerzo que has realizado. Es probable que tengas más razones para sentirte satisfecho de las que imaginas.

3. Mira a tu alrededor. Es cierto que cada persona es única y que compararse con los demás no tiene mucho sentido pero los insatisfechos crónicos tienen una visión limitada de la realidad porque siempre comparan sus logros con otros mayores. Esta perspectiva restringida les lleva a sentirse inferiores e insatisfechos ya que, ante sus ojos, siempre habrá alguien más exitoso. Por eso, también es conveniente mirar en otra dirección. Así podremos percatarnos de lo afortunados que hemos sido y sentirnos agradecidos por lo que tenemos. 

4. Centra tus esfuerzos. Un refrán latino dice: Lepores duo qui insequitur, is neutrum capit / Quien persigue dos liebres, no caza ninguna. A menudo los insatisfechos crónicos se ven envueltos en una serie de proyectos demasiado ambiciosos que roban sus fuerzas y energía, condenándoles de antemano al fracaso. Sin embargo, tantos objetivos suele indicar que la persona no sabe a ciencia cierta, qué quiere de la vida y no ha descubierto qué le satisface realmente. Por eso, un paso esencial para alejarse de la insatisfacción perenne consiste en conocernos, saber qué nos hace realmente felices y focalizarnos en ello.

5. Abraza lo esencial. Estamos cegados por la cantidad de posibilidades, así como por el sinfín de objetos y actividades, de forma que queremos siempre más. Hemos desarrollado una especie de "hambre nerviosa" que no logramos satisfacer. Por eso, de vez en cuando es importante volver a lo esencial, abrazar la tranquilidad y los momentos de relax absoluto. Para lograr una vida más satisfactoria es importante aprender a detectar lo superficial y centrarse solo en lo esencial.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/18/2015

Resiliencia: 10 frases de Frida Kahlo que te inspirarán en los momentos difíciles


La mujer de los bordados llenos de colores, las flores en la cabeza y el pincel atrevido, también es un ejemplo de resiliencia. Frida Kahlo amaba el arte y encontró en ella un refugio ante un cuerpo atenazado por el dolor y una mente demasiado adelantada para su época.

La pintora mexicana no solo se convirtió en uno de los grandes exponentes del arte de su país sino que su vida nos puede servir de inspiración en los momentos más difíciles. Se sometió a más de 32 operaciones y, aún así, hizo acopio de fuerza para seguir adelante. Su alma no corrió mejor suerte ya que mantuvo durante muchos años un amor casi enfermizo y volátil que le causó profundas heridas emocionales.

En la actualidad, Frida Kahlo sigue siendo ejemplo de inteligencia y carácter, de pasión y orgullo, de trabajo incansable y resistencia, fue una persona que no permitió que la encasillaran y que supo vivir intensamente, a despecho de las circunstancias. Por eso, su forma de pensar y comprender la vida, puede servirnos de apoyo en esos momentos en los cuales las fuerzas nos abandonan y vemos todo gris a nuestro alrededor.

Cuando el dolor conduce a la resiliencia


1. Pies para qué os quiero, si tengo alas para volar.

Frida Kahlo sufrió un accidente de tráfico que fracturó su columna vertebral en tres partes, la clavícula y el hueso púbico, además de varias costillas. Se vio obligada a guardar cama, usar corsés de yeso y moverse en silla de ruedas durante varias fases de su vida. Sin embargo, encontró la fuerza y la motivación que necesitaba en la pintura. Frida Kahlo sabía que cuando una ventana se cierra, otras se pueden abrir, incluso cuando la adversidad adquiere los tintes más negros. La pintora decidió refugiarse en la esperanza, en lo que tenía, más que lamentarse por lo que había perdido.

2. Amurallar el propio sufrimiento, es arriesgarte a que te devore desde el interior.

Frida Kahlo era una mujer fuerte pero no guardaba sus sentimientos, al contrario, los vertía sobre las personas o los expresaba a través de su obra. De hecho, en más de una ocasión dijo que dibujaba su vida, que en sus lienzos expresaba lo que sentía. La pintora sabía que cuando se intenta reprimir la rabia o el sufrimiento, este termina devorándonos desde el interior. Por eso, siempre es conveniente hallar una forma constructiva para canalizar nuestras emociones.

3. Al final del día, podemos aguantar mucho más de lo que pensamos.

Solemos subvalorar nuestra resistencia, nuestra capacidad para hacerle frente a los problemas. De hecho, un estudio realizado después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York desveló que pasado un mes, el 7,5% de la población sufría estrés postraumático. No obstante, seis meses más tarde solo el 0,6% mantenía los síntomas, lo cual significa que la mayoría de las personas pasó por un proceso de recuperación natural. Por eso, cuando estamos atravesando momentos difíciles, es importante confiar en nuestra fortaleza y en nuestra capacidad para afrontar con éxito la adversidad. Confiar en que podremos salir de esa situación es fundamental para mantener la esperanza y seguir luchando.

4. Nada es absoluto. Todo cambia, todo se mueve, todo gira, todo vuela y desaparece.

Cuando estamos sufriendo, tenemos la tendencia a pensar que esa sensación durará por siempre, que ese dolor jamás desaparecerá. Sin embargo, en realidad la vida está en constante cambio, por lo que las situaciones que estamos viviendo hoy, no serán permanentes sino que darán paso a otras vivencias. Ser conscientes de que la vida implica un cambio constante no solo nos permite lidiar mejor con el sufrimiento sino que también nos facilita practicar el desapego y aceptar con mayor ecuanimidad los cambios. 

5. Cada "tic-tac" es un segundo de la vida que pasa, huye, y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es solo saberla vivir.

No solemos valorar el tiempo pero en realidad, es nuestra posesión más valiosa. Cada segundo que pasa forma parte del pasado, se convierte en algo que no podemos cambiar. Por eso, es fundamental aprender a vivir plenamente el presente, ser conscientes de que cada paso que damos, nos puede alejar o acercar a nuestras metas. No dejes que la vida pase mientras haces otros planes porque en un abrir y cerrar de ojos, estarás en la recta final, lamentando todo lo que no hiciste.

6. Lo que no me mata, me alimenta.

Cada error, cada caída, cada fracaso, es simplemente una enseñanza. De nada vale lamentarse sobre la leche derramada y adoptar el papel de víctimas, en su lugar, debemos aprender la lección y seguir adelante. Sin embargo, no se trata simplemente de recomponer los pedazos rotos sino de mezclarlos de una manera diferente para crear algo nuevo, que nos permita crecer como personas. El dolor y los errores nunca son bienvenidos pero, como parte de la vida, tienen su objetivo y son grandes maestros.

7. Donde no puedas amar, no te demores.

Amar las personas y amar  lo que haces, esas son las claves de la felicidad. Sin embargo, a menudo lo olvidamos y pasamos demasiado tiempo de nuestras vidas dedicados a cosas que no nos hacen felices ni nos apasionan, o seguimos ligados a personas simplemente por la costumbre. Frida Kahlo, una mujer que vivió de manera particularmente intensa, sabía muy bien de qué hablaba, por eso afirmaba que en las cosas que no valen la pena, es mejor no detenerse demasiado tiempo porque si nos descuidamos, pueden llegar a succionar toda nuestra vida. 

8. No creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr.

La pintora se refería a su relación amorosa con Diego Rivera, y a las múltiples infidelidades de este. Con esta frase nos desvela una gran sabiduría y madurez, cualidades que son difíciles de poner en práctica cuando amamos. De hecho, puntualiza la necesidad de aceptar a las personas que amamos tal y como son, sin pretender cambiarlas. El verdadero amor no es aquel que intenta cambiar al otro sino el que se entrega e incluso llega a apreciar los defectos, entendiéndolos como peculiaridades que hacen única a la otra persona.

9. La belleza y la fealdad son un espejismo porque los demás terminan viendo nuestro interior.

Lo esencial es invisible a los ojos. Por eso, es importante cultivar nuestro interior, aprender a relacionarnos y desarrollar en nosotros aquellas cualidades que nos gustaría encontrar en los demás. Las posesiones son efímeras, de la misma forma que la belleza, lo verdaderamente importante son nuestros valores y sentimientos. 

10. Escoge una persona que te mire como si quizás fueras magia.

Es importante elegir bien a las personas que tenemos a nuestro lado, sobre todo a nuestra pareja porque las relaciones tóxicas pueden dar al traste con la seguridad y la autoconfianza. Una mentira repetida mil veces puede llegar a convertirse en una verdad por lo que es fundamental que quienes estén a nuestro lado nos hagan sentir especial y confíen en nuestras capacidades.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/15/2015

3 factores que hacen que tengas pesadillas frecuentes


Prácticamente todos hemos tenido pesadillas. Estos malos sueños nos despiertan a mitad de la noche, con el corazón palpitando y la sensación de que algo horrible ha sucedido. De hecho, las pesadillas generan intensas sensaciones de miedo, que en algunos casos se puede convertir en verdadera angustia o incluso terror. Por eso, desencadenan una serie de respuestas neurovegativas, como la sudoración o la respiración entrecortada. 

Sin embargo, lo más usual es que las pesadillas ocurran de manera puntual. No obstante, hay periodos en los que las pesadillas se convierten en pan cotidiano. ¿Por qué?

Los problemas que vaticinan la aparición de las pesadillas


Un estudio realizado en el Centre for Cognitive Neuroscience de la Universidad de Turku, en Finlandia, ha desvelado cuáles son los factores más comunes que descansan en la base de las pesadillas y que contribuyen a que tengamos malos sueños.

De hecho, en esta investigación, realizada con 13.922 personas, se encontró que el 3,9% de los participantes sufrían pesadillas frecuentes. Estas personas rellenaron cuestionarios en los que se indagaba sobre sus hábitos de vida y estado psicológico en general, así como en el contenido de los sueños que habían tenido durante el último mes.

De esta forma, el 45% de las personas reportó pesadillas ocasionales. También se apreció que los malos sueños son más comunes entre las mujeres que en los hombres.

Además, se pudo apreciar una correlación clara entre el bienestar psicológico y las pesadillas. En práctica, mientras más tranquilos y serenos estemos, más dulces serán nuestros sueños.

Así, los tres factores que pueden predecir la aparición de las pesadillas son:

1. Actitud negativa hacia sí mismo. La depresión fue uno de los indicadores más fiables de las pesadillas. De hecho, se apreció que un 28,4% de las personas que padecían depresión severa, tenían pesadillas frecuentes. En realidad, no se trata de una correlación extraña ya que los pensamientos negativos recurrentes que suelen tener las personas deprimidas pueden mantenerse activos en el inconsciente y son la base sobre la cual se entreteje el contenido de las pesadillas. De hecho, las pesadillas son más usuales en periodos de grandes preocupaciones y estrés, cuando no logramos mantener un estado de tranquilidad y bienestar.

2. Insomnio. No poder conciliar el sueño también fue uno de los indicadores que vaticinaban la aparición de pesadillas. De hecho, un 17,1% de las personas con insomnio crónico, también tenían malos sueños a menudo. Es importante tener en cuenta que las pesadillas suelen ocurrir durante la fase REM del sueño, que representa entre un 20 y un 25% del total del sueño. Curiosamente, en las personas que sufren insomnio y que no duermen bien, se produce lo que se conoce como “efecto rebote de fase REM”. Es decir, estas personas, apenas concilian el sueño, caen casi directamente en la fase REM, sin que se produzca ese periodo de latencia de unos 90 minutos. Por tanto, aumentan considerablemente las probabilidades de tener pesadillas y recordar su contenido al despertar.

3. Cansancio mental. Solemos pensar que, mientras más cansados estemos, mejor descansaremos. Sin embargo, esta ecuación solo se refiere solo a la fatiga física, cuando se trata del cansancio mental, este juega en nuestra contra y nos impide tener un sueño reparador. De hecho, no debemos olvidar que la fatiga mental suele estar vinculada al estrés, la ansiedad y las preocupaciones, por lo que no es extraño que estos estados afloren en forma de pesadillas. Y es que los problemas del día, continúan acechándonos durante la noche.


Evitar las pesadillas recurriendo a la imaginación


Existen diferentes estrategias para evitar las pesadillas. De hecho, realizar una técnica de relajación antes de dormir o aprender a manejar el estrés, puede ser de gran ayuda. Sin embargo, cuando se trata de pesadillas que versan sobre un tema recurrente, estos psicólogos descubrieron una solución mucho más sencilla: se trata de imaginar un final feliz o incluso surrealista y divertido para el sueño que nos atemoriza.

En práctica, el principal problema de las pesadillas es que nos resultan angustiosas y aterradoras, son la expresión de algún miedo interior. Sin embargo, si imaginamos esa misma situación y le damos un final simpático e incluso feliz, le restaremos parte de su influjo negativo y disminuirán las probabilidades de que vuelvan a atormentarnos durante la noche.

Fuente:
Sandman, N. et. Al. (2015) Nightmares: risk factors among the Finnish general adult population. SLEEP; 38(4):507–514.
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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