1/28/2015

3 contradicciones de la mente de las que no puedes escapar


La mente humana es asombrosa, mientras más escudriñamos en ella, más secretos nos desvela. Sin embargo, quizás lo más fascinante son sus contradicciones. Y es que nos gusta pensar que somos personas muy racionales y lógicas pero en verdad somos seres profundamente emocionales, llenos de contradicciones y altamente sensibles ante los estímulos aparentemente más irrelevantes del medio. De hecho, nuestras creencias, percepciones y deseos a menudo nos juegan malas pasadas y le tienden una trampa a nuestro cerebro, una trampa que urdimos nosotros mismos.

1. Lees más rápido cuando las líneas son largas, pero prefieres las líneas cortas

¿Alguna vez has elegido la longitud de una línea para leer en la pantalla? ¿Prefieres una línea larga de 100 caracteres o una corta, de aproximadamente 50? La mayoría de las personas prefiere leer las líneas cortas. Sin embargo, leemos más rápido cuando estas son largas.

Estudios realizados en la Universidad de Reading y de Wichita han demostrado que las líneas de aproximadamente 100 caracteres tienen la longitud ideal para leer a buena velocidad. No obstante, preferimos líneas mucho más cortas (entre 45 y 72 caracteres). Además, en este experimento también se apreció que leemos mucho más rápido cuando el texto tiene una sola columna que cuando está distribuido en múltiples columnas. Aún así, nos gustan más los textos de dos o tres columnas.

Aunque quizás lo más curioso es que las personas que participaron en el estudio estaban convencidas de que líneas cortas y las diferentes columnas facilitaban la lectura. Cuando en realidad los datos demostraban que no era así. Sin duda, se trata de un truco de nuestra percepción, que nos hace creer que lo que resulta más atractivo, también es más asequible.

2. Quieres tener más opciones de las que tu cerebro puede procesar

A todos nos gusta tener muchas opciones. Cuando vamos al supermercado nos encanta tener diferentes marcas y confecciones entre las cuales elegir. De hecho, si no tenemos muchas opciones, incluso podemos sentirnos frustrados. Sin embargo, varios estudios han demostrado que tenemos la tendencia a querer más opciones de las que podemos procesar.

Un estudio realizado en la Universidad de Columbia puso a prueba cuántas opciones podemos manejar a la vez. En una frutería, los investigadores colocaron primero una mesa con 6 tarros de mermelada, que más tarde se convirtieron en 24. Lo curioso fue que la mesa con la mayor cantidad de opciones recibió un 60% de visitas, la otra solo un 40%. Sin embargo, el 31% de las personas que se detuvo en la mesa con los 6 frascos de mermelada, compró. Solo el 3% de quienes se detuvieron ante la mesa con los 24 tarros compró alguno.

Esto significa que aunque nos sentimos atraídos por las opciones, en realidad nuestro cerebro solo puede manejar 3 o 4 a la vez. Por tanto, cuando tenemos demasiadas alternativas, nos bloqueamos, literalmente hablando. Entonces, si menos es más, ¿por qué queremos tener muchas opciones? Estos psicólogos están convencidos de que todo es una cuestión de dopamina ya que, al parecer, nuestro cerebro es un adicto a la información, aunque después tenga una capacidad limitada para procesarla.

3. Mientras más inseguro te sientas, más defenderás tus ideas

Nos ha sucedido a todos, aunque quizás no hemos sido conscientes de ello. Sin embargo, según la teoría de la disonancia cognitiva, nos sentimos muy incómodos cuando tenemos dos ideas que entran en contradicción entre sí. Como resultado, y para eliminar esa sensación que tanto nos molesta, nos aferramos a una idea y la defendemos. Este fenómeno se conoce como “negación de la disonancia cognitiva”. 

Un estudio realizado en la Universidad de Northwestern le pidió a un grupo de personas que comentara sus opiniones sobre las diferentes dietas y que indicaran cuán seguros se sentían. Sin embargo, antes de comenzar, a algunos les pidieron que evocaran una época de sus vidas en las cuales se habían sentido muy inseguros y a otros les pidieron lo contrario, que recordaran una etapa de seguridad. Así los psicólogos generaban la sensación de seguridad/inseguridad. Curiosamente, las personas que se sentían más inseguras fueron las que más defendieron sus posturas y las que más discutieron.

Sin duda alguna, la sensación de falta de control genera inseguridad y eso nos hace querer aferrarnos a cualquier cosa, incluso a opiniones que en otro contexto, quizás no defenderíamos con tanta vehemencia. Por otra parte, se ha apreciado que mientras más defendemos una idea, más se activan las regiones del cerebro vinculadas con las emociones y la recompensa. Por tanto, aferrarnos a esa idea nos hace sentir bien, aunque no estemos plenamente de acuerdo.


Fuentes:
Gal, D. & Rucker, D. (2010) When in Doubt, Shout! Paradoxical Influences of Doubt on Proselytizing. Psychological Science; 21(11): 1701-1707.
Van Veen, V. et. Al. (2009) Neural activity predicts attitude change in cognitive dissonance. Nature Neuroscience; 12 (11): 1469–1474.
Sheikh, A. D. (2005) The Effects of Line Length on Reading Online News. Usability News; 7(2).
Iyengar, S. S. & Lepper, m. R. (2000) When choice is demotivating: Can one desire too much of a good thing? Journal of Personality and Social Psychology; 79(6): 995-1006.
Dyson, M. C. & Kipping, G. J. (1997) The legibility of screen formats: Are three columns better than one? Computers & Graphics; 21(6): 703–712.
Escrito por: Jennifer Delgado

1/27/2015

10 imágenes que cambiarán tu visión del mundo

Hay dos tipos de cambios, el que ocurre por acumulación, día tras día y poco a poco. Y el que ocurre repentinamente y nos arrastra con su fuerza. Las experiencias directas y las imágenes tienen el poder de emocionarnos y sembrar la semilla del cambio, esa transformación profunda que le puede dar un vuelco al sentido de nuestra vida. 

Por eso, en esta ocasión me gustaría compartir con vosotros imágenes que realmente valen más que mil palabras, imágenes tan poderosas que resultan inolvidables porque hablan de la condición humana y ponen en perspectiva algunos de nuestros mejores y peores momentos como humanidad.

Porque a veces, para crecer y madurar, es necesario dejar de mirar dentro de sí y comenzar a mirar a nuestro alrededor. 

1. Un niño y un misionero en Karamoja, Uganda



En 1980 esta imagen fue elegida como la mejor foto del año. Sin embargo, Mike Wells nunca quiso que participase en el concurso y mucho menos que ganase. Le parecía indigno ganar un premio con una foto de alguien que muere, literalmente, de hambre.

2. Una mujer que, en un instante, lo perdió todo en Natori, Japón



La expresión de esta mujer nos habla del dolor más profundo y la impotencia. La imagen se tomó después del terremoto y el tsunami de Japón del 2011, que provocaron la muerte de miles de personas y dejaron tras de sí una estela de sufrimiento y desolación. Aproximadamente 10.000 personas sufrieron lesiones graves o fueron dadas por perdidas.

3. Un hombre salva unos gatitos en medio de una inundación en Cuttack, India



En 2011 la ciudad de Cuttack se vio sumergida en el agua. Sin embargo, un hombre local arriesgó su vida para salvar a unos gatitos y los puso a salvo transportándolos en una cesta, sobre su cabeza. Porque a veces, los seres humanos también somos capaces de grandes sacrificios y de actos que podrían catalogarse como heroicos.

4. Tumbas de una mujer católica y su marido protestante en Roermond, Holanda



Ni siquiera los convencionalismos sociales pudieron separar a esta pareja. El esposo, un coronel del ejército holandés, murió en 1880. Ocho años más tarde murió su esposa pero antes de morir, había renunciado al panteón familiar y, aunque tenía que descansar al otro lado del muro ya que en aquella época no se permitía que católicos y protestantes fueran enterrados en el mismo cementerio, pidió que su tumba estuviera lo más cerca posible de la persona que tanto había amado.

5. Flores contra la violencia en Boston, Estados Unidos



Corría el año 1967 y las manifestaciones populares eran prácticamente pan cotidiano en Estados Unidos. El fotógrafo Bernie Boston estaba allí y tomó esta imagen icónica de un joven que protestaba contra la Guerra de Vietnam poniendo claveles en el cañón de los fusiles de los soldados. Porque a veces, la mejor protesta no es el grito sino el silencio, no es la violencia sino el gesto delicado.

6. Un bombero ayudando a un koala en Victoria, Australia



En 2009 se produjo el incendio más grande y destructivo de todos los que han azotado a Australia. De hecho, pasó a la historia como el "Black Saturday". Murieron casi 200 personas y los bomberos tuvieron que trabajar hasta la extenuación pero, aún así, encontraron tiempo y fuerzas para socorrer a los animales indefensos. Una imagen tierna que nos hace creer en el mejoramiento humano y en nuestra increíble capacidad para ayudar.

7. Cámara de gas en Auschwitz, Polonia


Hoy se cumplen 70 años de la liberación del campo de concentración pero no debemos olvidar nunca que allí murieron miles de personas. En aquel lugar había 4 crematorios con cámaras de gas que podían recibir hasta 2.500 personas en cada turno. Los prejuicios, la xenofobia y el racismo aún existen así que es conveniente recordar las atrocidades de la historia, para no volver a cometerlas nunca más.

8. Niño con zapatos nuevos, en Austria



Porque a veces basta muy poco para ser feliz, o para hacer felices a otros. En 1946, después de la II Guerra Mundial, Werfel, un niño huérfano de 6 años de edad, recibía su primer par de zapatos nuevos, gracias a la Cruz Roja Americana. Su rostro es un poema.

9. Defendiendo una barricada, en Amona, Cisjordania



En pleno conflicto israelí-palestino, esta mujer anónima se convierte en un ejemplo de coraje sin parangón. La foto fue tomada en 2006, cuando los palestinos demolieron las casas de algunos israelitas y estos eran obligados a evacuar la zona. 

10. Escalador contemplando el paisaje en California, Estados Unidos



A veces, la inmensidad y la belleza del mundo nos hacen sentir pequeños. Aunque también nos demuestra cuán poco puede bastar para ser feliz. Alex Honnold es el hombre que aparece en la foto, suele practicar la escalada libre y en esta ocasión su meta fue el Half Dome, una cresta granítica de más de 1.400 metros de altura ubicada en el Yosemite National Park.

Recuerda...


"Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas", afirmaba Paulo Coelho. Y para ello, es fundamental que seamos conscientes de que si queremos cambiar el mundo, debemos comenzar por cambiar nosotros mismos.
Escrito por: Jennifer Delgado

El hombre que perdió el rumbo: 5 lecciones de vida de una antigua leyenda noruega


Hace muchos años, un hombre abandonó su pueblo natal para reunirse con su prometida. Se iban a casar apenas llegara. 

Durante el viaje, el hombre pensó que le haría bien tomar un camino diferente al que solía recorrer para ir a casa de su prometida. Decidió emprender una ruta nueva, que fuera más cómoda y que prometiera nuevas aventuras. 

Poco a poco, sus pasos le llevaron muy lejos. Pasó por diferentes pueblos y conoció a muchas personas. Cada vez, descubría cosas más interesantes que le animaban a continuar adelante, sin mirar atrás.

Así, pasó años recorriendo un camino que en realidad no le llevaba a ninguna parte. Hasta que un día se sintió cansado y las aventuras dejaron de ser una novedad. Ver cada día rostros nuevos lo confundía y echó de menos el calor de un hogar. Entonces decidió volver.

Sin embargo, cuando regresó descubrió que su prometida se había casado. Después de tantos años sin tener noticias suyas, le había dado por muerto.

El hombre, ya viejo y pobre, se quedó solo, lamentando el momento en el que había decidido cambiar su rumbo.

Se trata de una antigua leyenda noruega que puede tener diferentes interpretaciones pero que también nos permite reflexionar sobre cuán importante es no perder el rumbo en la vida y no dejarnos tentar por las distracciones que aparecen en nuestro camino.

¿Qué nos enseña esta leyenda?


1. Es fundamental determinar lo que deseamos y concentranos en ello

A menudo vamos por la vida dejándonos llevar por las circunstancias, actuando por inercia y dejando que la situación o los demás decidan por nosotros. Sin embargo, de esta forma, un día nos despertaremos y nos daremos cuenta de que no hemos cumplido nuestros sueños o que estamos llevando una vida que no es la que deseamos. Por eso, si quieres lograr algo importante, debes plantearte tus propios objetivos, identificar tus metas con claridad y, sobre todo, estar dispuesto a luchar para conseguirlas. Ten siempre en mente esta genial frase de Séneca: “A quien no sabe a que puerto encaminarse, ningún viento le es propicio".

2. Si no obviamos los elementos distractores, no llegaremos a ningún sitio

A veces, comenzamos la jornada de trabajo con un objetivo preciso en mente pero cuando llega la noche, nos damos cuenta de que no lo hemos cumplido. Hemos estado ocupados con otras tareas, mucho menos importantes. En la vida, esos elementos distractores se multiplican. Por eso, si no nos mantenemos atentos, nos apartarán del camino que nos habíamos trazado, nos harán olvidar nuestras metas y, cuando queramos volver atrás, quizás será demasiado tarde. Por eso, es fundamental saber priorizar y tener bien clara nuestra jerarquía de necesidades. Descubre cuáles son los elementos distractores que te pueden apartar del camino y ten preparado un plan para contrarrestarlos. Recuerda que no basta con saber lo que quieres, también es importante saber lo que no quieres.

3. Solo las pasiones más auténticas tiene la fuerza necesaria para mantenernos en el camino

En algunas ocasiones nuestra mente nos juega malas pasadas. Por ejemplo, el hombre de la historia quizás no estaba lo suficientemente enamorado de su prometida como para correr a casarse y por eso decidió tomar un camino más largo. A veces la procrastinación es un mensaje de nuestro inconsciente, que nos indica que no estamos disfrutando el camino o que en realidad esa meta no es tan importante como queremos hacernos creer. Por eso, antes de plantearnos un objetivo que puede llevar años de sacrificio, es importante estar seguros de que es lo suficientemente motivador como para mantenernos concentrados a lo largo del camino. Solo las pasiones que nacen de nuestro “yo” más profundo pueden convertirse en un motor impulsor de nuestro comportamiento que nos brinde felicidad. 

4. Cada decisión tiene consecuencias

Nadie es una isla aislado en sí mismo. Nuestras decisiones siempre tienen repercusiones en las personas más cercanas, que pueden ser nuestros padres, pareja, hijos o amigos. El hombre de la historia, por ejemplo, no tuvo en cuenta las repercusiones que su decisión tendría en su prometida. Y aunque es triste reconocerlo, muchas veces actuamos como ese hombre, tomando decisiones y esperando que los demás las acaten, sin darnos cuenta de cuánto les pueden afectar. Por tanto, antes de tomar una decisión importante, es fundamental que valores el impacto que tendrá sobre las personas que amas. Pregúntate: ¿Es realmente necesario pedirles ese sacrificio? ¿Existe otra vía que pueda lastimar menos a las personas que están a tu alrededor?

5. Incluso las metas pueden caducar

John L. Mason afirmó: "Las ideas tienen una fecha de caducidad; por eso debemos actuar antes de esa fecha". Este inventor estadounidense se refería al hecho de que es importante actuar cuanto antes, aprovechar la ocasión, porque las condiciones favorables que tenemos hoy, pueden cambiar mañana. Postergar las decisiones, quizás por miedo o esperando a tener una mayor certeza, puede hacer que perdamos una oportunidad que no volverá a repetirse. Por eso, aunque determinados proyectos a veces pueden entusiasmarnos, es recomendable que te preguntes: ¿Qué alegrías te estás perdiendo al retrasar la decisión? ¿Qué sueños estás dejando atrás por tomar un camino diferente? ¿Vale realmente la pena?
Escrito por: Jennifer Delgado

1/26/2015

Dolor de cabeza emocional


¿Te duele la cabeza a menudo y no sabes por qué?

A veces, aunque tomes un analgésico, el dolor de cabeza persiste.

¿En las últimas semanas el dolor de cabeza se ha convertido en tu compañero permanente?

En esos casos, el dolor de cabeza podría ser emocional, podrías ser tú mismo quien lo causa.

De hecho, el dolor de cabeza es uno de los trastornos del sistema nervioso más comunes: se estima que un 47% de los adultos han sufrido por lo menos una cefalea a lo largo del último año. No obstante, existen diferentes tipos de dolor de cabeza, aunque el más común está vinculado con nuestro estado emocional, con las tensiones cotidianas. ¿Qué se encuentra realmente detrás de esos dolores de cabeza continuos que a veces nos dejan fuera de combate?

La cefalea tensional


La cefalea tensional es el dolor de cabeza más común. Ataca aproximadamente al 70% de la población, lo cual indica que en algún que otro momento, es probable que la hayas sufrido. Lo usual es que comience en la adolescencia y es más común en las mujeres.

¿Cuáles son sus síntomas principales?

- El dolor persiste durante varias horas pero en ocasiones puede durar incluso varios días. En algunos casos puede llegar a convertirse en un problema crónico y altamente discapacitante. De hecho, si el dolor de cabeza aparece al menos dos veces a la semana durante algunos meses, puede catalogarse como crónico.

- Sensación de opresión en la cabeza, se trata de un dolor sordo, no pulsátil.

- El dolor es generalizado; es decir, no se concentra en una sola parte de la cabeza sino a ambos lados. Aunque generalmente se irradia hasta el cuello y los hombros.

- No causan náuseas ni vómitos.

Esta cefalea suele estar provocada por problemas de índole osteomuscular en la zona del cuello, sobre todo debido a la tensión o contracción de los mismos. Como consecuencia, el dolor de cabeza tensional tiene un alto componente emocional ya que normalmente reaccionamos al estrés, la ansiedad o incluso la depresión con una tensión corporal.

¿Cuál es la relación entre las emociones y el dolor de cabeza?


A lo largo de una jornada experimentamos muchas emociones, aunque no siempre somos conscientes de ello y, por supuesto, no todas son beneficiosas. La tensión provocada por un contratiempo, la ansiedad, la ira y la tristeza no solo inciden en nuestro estado de ánimo sino que también generan cambios a nivel metabólico. 

Por ejemplo, se conoce que el estrés genera grandes picos de cortisol, una hormona que provoca cambios fisiológicos tales como un aumento de la presión arterial, una mayor tensión muscular y una dilatación de las venas. Además, cuando estamos tristes, ansiosos o tensos, disminuyen los niveles de endorfinas, unas hormonas vinculadas con la relajación que pueden prevenir la aparición del dolor de cabeza. A la misma vez, disminuye nuestra tolerancia emocional ante los problemas y nuestro umbral del dolor disminuye. Todos estos cambios a nivel físico y emocional causan el dolor de cabeza o lo acentúan.

En realidad, cada una de las emociones que experimentamos provoca cambios en nuestro cuerpo que se expresan a través de diferentes señales. Muchas de las emociones negativas se expresan a través del dolor físico y son una señal de alarma. Por eso, en ocasiones en vez de tomar simplemente un analgésico para aliviar el dolor, deberíamos preguntarnos qué está sucediendo.

Ese dolor de cabeza emocional es un signo que nos indica que debemos hacer un alto en nuestro estilo de vida cotidiano y replantearnos algunas cosas. Quizás estás trabajando más de lo que podría considerarse saludable, o te estás tomando alguna situación a la tremenda, o simplemente necesitas tomarte una pausa. De cualquier forma, el dolor de cabeza emocional no es algo que se deba obviar.

¿Cómo evitar el dolor de cabeza emocional?


Una pista nos llega de un estudio realizado en la Universidad de Ohio en el que se analizó el rol de los factores emocionales en la aparición del dolor de cabeza recurrente. Después de analizar a 291 personas, 117 de las cuales sufrían dolores de cabeza a menudo, descubrieron que estas estaban sometidas a situaciones cotidianas muy estresantes que escapaban de su control.

No obstante, lo más interesante es que las personas que no sufrían dolores de cabeza recurrentes, también vivían algunas de estas situaciones. Sin embargo, utilizaban estrategias de afrontamiento más eficaces y le restaban impacto emocional a los problemas. Al contrario, quienes sufrían dolores de cabeza, tendían a culparse por los problemas y a recluirse en sí mismos, negando la ayuda que les brindaban otras personas. Esto nos indica que no son las situaciones en sí las que provocan el dolor de cabeza sino nuestra interpretación de las mismas y nuestra reacción emocional ante ellas. 

De hecho, no es el único estudio que ha llegado a estas conclusiones. Psicólogos de la Universidad de Missouri-Saint Loui les dieron seguimiento a más de 500 jóvenes durante un periodo de seis meses y notaron que aquellos que reportaban más a menudo dolor de cabeza también eran quienes tenían mayores niveles de ansiedad y una tendencia a la victimización. Cuando la ansiedad y el sentimiento de culpa disminuían, también lo hacían los dolores de cabeza.

Por tanto, para evitar el dolor de cabeza emocional es necesario que:

1. Desarrolles un locus de control interno, lo cual significa que debes dejar de culparte y comenzar a tomar el control de tu vida, allí donde puedas.

2. Aprendas a manejar las emociones negativas, como la ira, de manera que no se acumulen y no te dañen. Para lograrlo, el primer paso es reconocerlas, vivenciarlas y, por último, dejarlas ir. La técnica “las hojas del río” te resultará muy útil.

3. Reencuadres los problemas, percatándote de que las situaciones en sí mismas no son estresantes, es el significado que les confieres. Es de gran ayuda que aprendas a distanciarte emocionalmente de las situaciones, como si fueras un espectador externo.

4. Destines cada día al menos dos horas a la relajación. Puedes practicar meditación, ejercicios de respiración o incluso escuchar música tranquilamente o leer un buen libro. Lo importante es que durante ese tiempo liberes tu mente de los problemas cotidianos.

5. Dejes de rumiar las preocupaciones y, en su lugar, adoptes una actitud más proactiva. Es importante que seas consciente que pensar en los problemas una y otra vez no lo solucionará. En su lugar, debes esforzarte por encontrar soluciones y ponerlas en práctica.


Fuentes:
White, K. S. & Farrell, A. D. (2006) Anxiety and Psychosocial Stress as Predictors of Headache and Abdominal Pain in Urban Early Adolescents. Journal of Pediatric Psychology; 31(6): 582-596.
Holm, J. E. (1986) The Role of Stress in Recurrent Tension Headache. Headache: The Journal of Head and Face Pain; 26(4): 160–167.
Escrito por: Jennifer Delgado

1/23/2015

Los 7 ladrones de energía


Cada día, cuando nos levantemos, tenemos una cantidad limitada de energía. Nuestra atención, memoria y percepción son limitadas, de la misma forma en que es limitada nuestra fuerza física, nuestra motivación e incluso nuestro autocontrol. Sin embargo, hay días en los que llegamos con energía hasta el final de la jornada y hay otros en los que nos quedamos sin fuerzas a media mañana. ¿Te ha sucedido?

En esos casos, es probable que estemos siendo víctimas de algunos de los “ladrones de energía”, que no son más que esos malos hábitos que no solo nos hacen perder tiempo sino que también afectan nuestra productividad y nos ponen de mal humor. El problema es que muchos de esos hábitos se activan de manera automática y no nos damos cuenta de que nos roban una energía valiosa, que podemos emplear en actividades mucho más productivas o que nos generen una mayor satisfacción. 

¿Cuáles son los principales hábitos cotidianos que roban tu energía?


1. Las quejas incesantes. Lo hacemos por inercia o simplemente por encontrar un tema de conversación pero lo cierto es que solemos quejarnos por muchas cosas, hasta tal punto que a veces la queja se convierte en una manía. Por supuesto, en algunas circunstancias es normal que nos enfademos o que algo nos moleste, sobre todo cuando recibimos una mala noticia. Sin embargo, quejarse por todo implica que solo somos capaces de ver el lado negativo de las cosas. ¿Y quién puede estar lleno de energía si adopta una actitud tan pesimista? 

Por tanto, la próxima vez que pienses en quejarte, pregúntate si realmente tienes razones o se trata simplemente de un hábito que está robando tu energía y tu tiempo miserablemente. Recuerda que quejarse es tan inútil como una danza india para llamar la lluvia, en su lugar, cambia lo que puedes cambiar y aprende a pasar página si no puedes hacer nada.

2. Los recordatorios mentales. A primera vista puede parecer extraño pero obligarnos a recordar decenas de microtareas a lo largo del día es uno de los principales ladrones de energía. De hecho, hay pocas cosas que causen más estrés y frustración que las tareas pendientes. Además, también nos obligamos a repasarlas continuamente para no olvidarlas, como si fuera un disco que gira al infinito durante toda la jornada. Y eso, cuanto menos, es agotador.

Por consiguiente, toma lápiz y papel y escribe todo lo que debes hacer en el día. Una vez que hayas programado la jornada, limpia tu mente. Te darás cuenta de que estabas derrochando una cantidad de energía descomunal. Y lo que es aún mejor, te sentirás mucho más relajado y con más energías.

3. La falta de jerarquización. No se trata de convertirse en un autómata pero si no planificamos y jerarquizamos las diferentes tareas que debemos desarrollar en el trabajo y fuera de este, terminaremos olvidándolas, postergándolas o bloqueándonos. La costumbre de improvisar sobre la marcha, a la postre, no es beneficiosa sino que nos lleva contra las cuerdas, nos agota física y mentalmente y va en contra de la productividad.

Por eso, es conveniente que planifiques tu agenda con cuidado, incluyendo todas las tareas más importantes de la jornada. Planificar ahora, te ahorrará energía mental más tarde y te permitirá hacer más cosas en menos tiempo. Recuerda que cuando no jerarquizas, corres el riesgo de darle importancia a tareas irrelevantes y al final de la jornada, te darás cuenta de que has desperdiciado inútilmente tu energía, mientras que las tareas importantes aún están pendientes. 

4. El desorden. En realidad, la desorganización no es un problema hasta que no tienes que buscar algo. Entonces no solo pierdes un tiempo precioso poniendo patas arriba una habitación sino que comienzas a sentir cómo la frustración y el estrés van creciendo en tu interior. Y una vez que te has llenado de esas emociones negativas, es difícil volver a concentrarse o mantener una conversación sin irritarse.

Por tanto, intenta que cada cosa esté en su lugar. El tiempo que inviertes hoy, es tiempo ganado mañana. Haz del orden una máxima de vida y aplícala en tu hogar, oficina e incluso en la información que guardas en el ordenador.

5. La indecisión permanente. Es normal que cuando tengamos que tomar decisiones importantes, aparezcan las dudas y queramos más tiempo para pensar, pero a lo largo del día tomamos cientos de pequeñas decisiones que no nos pueden llevar más que pocos segundos o minutos de reflexión. La indecisión permanente es un gran ladrón de energía porque nos obliga a pensar en escenarios que probablemente nunca ocurrirán y nos sume en un estado de incertidumbre y caos que termina agotándonos.

Por eso, intenta librarte de todas esas pequeñas “batallas internas”. Concientiza el hecho de que no siempre puedes tener todos los datos para tomar la mejor decisión y es probable que a veces te equivoques, pero no pasa nada. Es aún peor no decidir, dejarse llevar por las circunstancias o gastar una energía preciosa decidiendo sobre algo intrascendente.

6. Los vampiros emocionales. Hay personas negativas que actúan como verdaderos vampiros emocionales y nos roban nuestra energía. Sin darnos cuenta, estas personas nos contagian su negatividad y nos pasan sus problemas. De esta forma, antes de que nos demos cuenta, vamos perdiendo energía. En muchas ocasiones esto sucede porque no sabemos establecer límites claros en las relaciones interpersonales.

No caigas en las redes de las personas negativas, sé consciente de que pasar tiempo con ellas tiene un precio muy alto, psicológicamente hablando, porque tendrás que estar a la defensiva todo el tiempo. Por eso, lo mejor es que dejes claro desde el principio qué esperas de esa relación y qué puedes dar a cambio. No permitas que rebasen tus límites y te contagien su negatividad manipulando tus emociones.

7. El perfeccionismo. Hay pocas cosas que roban tanta energía como el afán de que algo sea perfecto. Es cierto que la dejadez no es buena consejera y que es recomendable esmerarse en cada proyecto que emprendemos pero el perfeccionismo a veces se convierte en un agujero negro que succiona nuestro tiempo y energía. De hecho, el perfeccionismo nos hace más lentos e ineficientes, nos llena de dudas y nos bloquea, generando una sensación de agobio creciente.

Sin embargo, hay muchas tareas de la vida cotidiana que no tienen que ser perfectas, basta con que sean hechas. Intenta detenerte antes de caer en el perfeccionismo patológico y obsesionarte. Establece tus propios límites para las diferentes tareas y determina cuáles son los pasos o las “imperfecciones” que te puedes permitir.
Escrito por: Jennifer Delgado

1/22/2015

Niños difíciles: ¿Cómo poner reglas sin convertirse en un tirano?


A medida que los niños van creciendo su autonomía e independencia aumentan notablemente, poco a poco logran valerse por sí mismos casi sin la ayuda de los adultos. Para ese entonces es natural que sientan que son capaces de hacer cualquier cosa y que lo intenten cada vez que tienen una oportunidad, incluso si va en contra de las reglas establecidas en casa o en la escuela. Para ellos no hay nada más importante que lo que quieren y pueden hacer. 

Como imaginarás, esta actitud es muy positiva para favorecer su conocimiento del mundo, sin embargo, en ocasiones puede convertirse en un gran problema, sobre todo para los padres, a los que les puede ser muy difícil controlar el comportamiento del niño. De hecho, este es uno de los motivos principales de consultas en el área de la Psicología Infantil. Cuando las ansias de independencia del niño crecen y los padres no son capaces de establecer determinados límites, la situación se les puede ir de las manos e incluso pueden dar lugar a situaciones que son peligrosas para el propio pequeño.

No obstante, una de las primeras cosas que debes saber es que ninguna estrategia para educar y manejar el comportamiento de un niño difícil es totalmente eficaz, pues lo que puede funcionar para algunos pequeños para otros puede ser del todo contraproducente. Es por ello que deberás ir probando poco a poco cuáles son los mejores mecanismos para lograr que tu hijo respete las normas, partiendo de una serie de principios básicos que te permitan sembrar buenos cimientos. He aquí algunos criterios que resultan esenciales.


8 consejos para manejar la conducta del niño


1. Establece límites claros. Poner límites a las demandas del niño es fundamental, y mientras antes lo hagas mejor. Sin embargo, establecer límites no significa poner reglas a tontas y a locas, si no en función de la edad y los valores que se quieren desarrollar en el niño. Es importante que le dejes claro por qué se establece cada límite y que seas específica dando las instrucciones, pues no es lo mismo decir: “Deberás portarte bien” a expresar esta misma idea en situaciones más concretas: “No tires los juguetes”, “No grites” o “No le pegues a tu hermanito”.

2. Préstale solamente la atención necesaria. Los niños siempre necesitan la atención de los adultos por eso harán hasta lo impensable para ganársela. Sin embargo, necesitan aprender que no siempre pueden recibir la atención que demandan, sobre todo si son niños difíciles que se comportan de manera negativa. Es lo que se conoce en psicología infantil como la técnica de tiempo fuera o retirada de atención y se trata de que los adultos le retiren la atención al pequeño cuando éste se comporta de manera inadecuada, y solo lo vuelvan a atender cuando se comporte bien. Es una estrategia muy eficaz para enseñarle al pequeño cuáles son los comportamientos que debe eliminar y cuáles potenciar.

3. Explícale las decisiones y permite que tome partido en el asunto. Explicarle al niño cuáles son las razones por las que le pides hacer o evitar algo es fundamental pues de esta manera comprenderá que no se trata de un simple capricho. Además, las probabilidades de que desobedezca serán menores si intentas involucrarlo con la demanda o si puede elegir otra alternativa. Por ejemplo, si vas a pedirle que recoja sus juguetes, explícale por qué debe hacerlo y luego propónle algunas opciones para que pueda elegir libremente: “Haz terminado de jugar, ahora vamos a guardar los juguetes para que la habitación esté recogida. Mamá te va a ayudar a recoger, dime cuáles prefieres guardar tú”. 

4. Sé coherente con lo que le pides al niño y busca complicidad en las demás personas. De nada servirá que intentes establecer normas que el niño no aprecia en su entorno o que nadie más cumple. El caso más típico es cuando le pides que hable en voz baja pero en casa las personas acostumbran a gritar todo el tiempo. Por tanto, antes de imponer una regla, es importante que esta sea compartida por los demás, que el niño comprenda que no se aplica solo a él. De esta forma estará más motivado a cumplirla.

5. Aprende a controlar tus emociones. Gritarle al niño, enfadarse con él o recriminarlo fuertemente no ayudará en nada en su educación. Si se trata de un niño difícil y tu propósito es enseñarle cuáles son las conductas que debe evitar, deberás calmarte cuando las repita una y otra vez. Quizás puede ser una tarea complicada, sobre todo si estás inmersa en otras funciones, no obstante, siempre será la mejor solución porque cuando te dejas vencer por la ira y el enfado, difícilmente podrás darle a tu hijo un buen consejo o una explicación coherente.

6. Sé constante y firme en las decisiones que tomes respecto al niño. La adopción de nuevas reglas y límites por lo general traen aparejada una actitud negativa en los niños, siendo muy común que durante los primeros tiempos esa conducta que quieres evitar aparezca incluso con más frecuencia e intensidad que antes. Se trata de una reacción totalmente normal que indica que vas por el camino adecuado, por lo que no debes desesperarte, ni cejar en el empeño. Mantente firme en las decisiones que tomes en relación con el niño, quizás al inicio no surtan efecto, pero con el paso del tiempo terminarán por ser efectivas. 

7. Aprende a ser flexible según las circunstancias. A primera vista puede parecerte un contrasentido; sin embargo, se trata de que puedas flexibilizar las normas y demandas que has establecido. Evidentemente, deberás ser firme y constante en su aplicación, pero no debes olvidar que existen circunstancias especiales en las que el niño necesita romper con esas normas, como puede ser un día de fiesta, de excursión o la tarde que pasa con los amigos. Recuerda que no hay nada más excitante para violar una regla que la extrema rigidez. Se trata de promover comportamientos positivos y desarrolladores, no de convertirte en un tirano con puño de hierro.

8. Ten siempre a mano algunas alternativas. Tener determinados límites que orienten el comportamiento del niño es positivo para su educación, sin embargo, negarle todo el tiempo las cosas que le gustan solo logrará un efecto contraproducente. Por eso, es oportuno que tengas a mano varias alternativas cuando el NO sea demasiado frecuente, por ejemplo, si luego de haberlo regañado varias veces te pide ir a jugar con sus amigos, puedes decirle: “No puedes ir a jugar con tus amigos porque te has portado mal, en cambio puedes quedarte en tu habitación y jugar con tu hermano”. Se trata de minimizar el efecto negativo que pueden tener los límites y reglas y que el niño no se sienta bombardeado.
Escrito por: Jennifer Delgado

1/21/2015

Lo que nunca debes hacer por los demás


“Un hombre encontró un capullo de mariposa tirado en el camino y se lo llevó a casa para protegerlo. Lo puso a buen resguardo pero al día siguiente notó que había un pequeño agujero, se fijó mejor y vio que la pequeña mariposa estaba luchando por salir del capullo.

Estuvo así durante varias horas, viendo cómo la mariposa forcejeaba intentando que su cuerpo pasara a través de aquel pequeño orificio. Sin embargo, de repente dejó de luchar, parecía como si se hubiese rendido o atascado. Al hombre le dio mucha pena y, con gran delicadeza, agrandó el hueco para que la mariposa pudiera salir.

Finalmente, la mariposa salió pero tenía el cuerpo hinchado y unas alas muy pequeñas y dobladas. El hombre pensó que aquello era normal y continuó observando, esperaba que la hinchazón remitiese y que la mariposa abriese sus alas y echara a volar. Pero no fue así, la pobre mariposa solo se arrastraba haciendo círculos. Jamás llegó a volar.”

Lo que el hombre de la historia no sabía era que la lucha de la mariposa por salir del capullo era necesaria para que los fluidos de su cuerpo pasasen a sus alas. Durante este proceso, un líquido llamado hemolinfa es bombeado desde el cuerpo hacia las alas, haciendo que estas se estiren progresivamente, hasta alcanzar un tamaño adecuado. Solo de esta forma la mariposa puede estar lista para volar. Así, en un intento de ayudar, el hombre le arrebató a la mariposa la posibilidad de volar.

A veces, para ayudar, debemos mantenernos al margen


Esta fábula nos indica que algunos obstáculos a veces son necesarios pues nos ayudan a convertirnos en personas resilientes. A lo largo de la vida cada cual debe cometer sus propios errores para aprender de ellos y madurar. Si intervenimos y resolvemos los problemas en su lugar, estaremos quitándoles una oportunidad de aprendizaje que después puede ser muy valiosa. Por eso, en algunas circunstancias, la mejor ayuda es mantenerse al margen.

Como regla general, la vida nos va planteando diferentes retos que desafían nuestras capacidades actuales pero que, a la misma vez, nos obligan a crecer y a desarrollar nuestras potencialidades. Cada etapa de nuestra existencia nos plantea desafíos diferentes que nos van preparando para la próxima fase. Sin embargo, si siempre tenemos a alguien que resuelva los problemas por nosotros, corremos el riesgo de que al quedarnos solos, sin ese asidero, no tengamos los recursos necesarios para enfrentar determinado problema y este termine engulléndonos.

Por ejemplo, la madre que siempre sale en defensa de su hijo cuando este tiene problemas con otros niños, le está haciendo un favor a corto plazo pero a la larga le impide desarrollar sus habilidades sociales, de forma que cuando crezca, será un adulto con una escasa Inteligencia Emocional y con dificultades para relacionarse con los demás.

De la misma manera, hay situaciones que no demandan nuestra intervención directa sino simplemente nuestro apoyo emocional. Hay problemas que no podemos solucionar por los otros pero podemos apoyarles mientras lo hacen, haciéndoles saber que estamos a su lado. De hecho, por mucho que queramos a una persona, no podemos cargar con su sufrimiento ni elaborar el duelo en su lugar, es algo que deben hacer ellas mismas. 

¿Cuándo es preciso intervenir?


Si una persona siempre tiene a alguien que resuelve los problemas en su lugar, se convertirá en un inválido emocional. Una vida sin obstáculos no le permite crecer, de hecho, ni siquiera le permite conocerse bien a sí mismo ya que descubrimos quiénes somos en realidad y hasta dónde somos capaces de llegar cuando estamos en situaciones límite. Coger un atajo, dejando que sean los otros quienes resuelvan nuestros problemas, casi nunca es el mejor camino. Es cierto que llegaremos antes y más frescos, pero si la próxima carrera es más intensa, abandonaremos a mitad del camino porque no estaremos preparados. 

Por tanto, no hagas por los demás lo que pueden hacer por sí solos. Si te comportas de forma sobreprotectora, contribuirás a que esa persona nunca extienda sus alas y le robarás uno de sus tesoros más valiosos: conocer y poner a prueba sus potencialidades. 

Además, estar siempre dispuestos para los demás y resolver sus problemas incluso a costa de nuestras propias necesidades puede ser una espada de doble filo ya que contribuimos a crear personas egoístas que esperan que siempre estemos a su disposición. Por tanto, es probable que ni siquiera sepan apreciar los grandes sacrificios que hemos hecho. 

El secreto radica en ayudar cuando alguien realmente necesita esa ayuda, cuando sus recursos psicológicos o físicos no le permiten avanzar. E incluso así, la ayuda casi nunca debe ser solucionar el problema, sino darle las herramientas para que lo solucione o ayudarle a encontrar el camino. Recuerda que si le das un pescado a un hombre, matas su hambre por un día pero si le enseñas a pescar, no tendrá hambre nunca más.

Puede ser que en un primer momento la persona que cree necesitar ayuda no entienda tu posición e incluso te lo eche en cara pero más tarde, la comprenderá y te agradecerá. Mientras tanto, simplemente dale tu apoyo emocional.
Escrito por: Jennifer Delgado

1/20/2015

Dime cómo tomas decisiones en pareja y te diré cuán feliz serás


Si dos personas están saliendo, viven en la misma ciudad, duermen varias noches a la semana juntos y se encaminan hacia el matrimonio, ¿no tiene sentido compartir piso y, de paso, ahorrar un poco de dinero? La mayoría de las parejas responden con un "sí". Sin embargo, ¿sabías que vivir juntos antes del matrimonio aumenta el riesgo de divorcio?

De hecho, antes de firmar un contrato de arrendamiento juntos, cada cual debería preguntarse: ¿Nos estamos dejando llevar por las circunstancias o hemos decidido realmente irnos a vivir juntos? No se trata de una mera diferenciación terminológica, de la forma en la que hayas decidido este paso dependerá cuán feliz será en tu vida en pareja.

A demostrar esta idea llega un estudio realizado en la Universidad de Virginia, en el cual se analizaron diferentes factores relacionados con el matrimonio en aras de predecir su estabilidad y nivel de felicidad. Más de 1.000 personas con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años que mantenían una relación de pareja estable formaron parte de este estudio.

A lo largo de 5 años, 418 de estas personas contrajeron matrimonio. Los psicólogos escudriñaron en su relación de pareja, analizando cada una de las etapas trascendentales de esta, como la primera cita, la primera relación sexual o la decisión de irse a vivir juntos. Después evaluaron su nivel de satisfacción y felicidad con la vida que llevaban.

Más libertad para elegir, más probabilidades de equivocarse


En el pasado, los hitos por los que pasaba una pareja estaban bastante bien establecidos, podemos afirmar que estaban ritualizados. Las personas comenzaban a conocerse, el hombre se declaraba, pasaban a la fase de noviazgo, cada cual en su casa, luego llegaba el matrimonio y más tarde los hijos. Esta estructura era muy rígida por lo que no es extraño que en la actualidad la mayoría de las parejas decida alterar el orden de esos factores.

Hoy cada pareja tiene mayor libertad para elegir cuándo irse a vivir juntos, cuándo tener hijos y cuándo casarse. Obviamente, esa libertad es beneficiosa pero también encierra más riesgos ya que algunas personas podrían tomar decisiones de manera menos reflexiva. De hecho, en realidad muchos no toman decisiones sino que se van dejando llevar por las circunstancias.

Los datos de este estudio demuestran que las parejas que simplemente se dejan llevar mantienen relaciones más pobres y su nivel de felicidad es menor, en comparación con aquellas que toman decisiones intencionales sobre sus principales hitos. Por eso, estos psicólogos afirman que la manera en que una pareja tome una decisión cuenta mucho para su futura satisfacción.

En la investigación se pudo apreciar que solo el 28% de las parejas que se fueron a vivir juntas movidas por las circunstancias eran felices, mientras que esta cifra ascendía al 42% en aquellas parejas que habían pensado seriamente la decisión. También se pudo apreciar que 1/3 de las personas que reconocían que habían iniciado una relación sin reflexionar mucho sobre ella, dejándose llevar por las situaciones, se sentían infelices con sus matrimonios.

¿Por qué es mejor decidir que dejarse llevar?


Cuando debemos tomar una decisión, pensamos cuidadosamente en los detalles, no nos dejamos llevar solo por la pasión sino que también analizamos aspectos más prácticos, como los intereses comunes con la otra persona o qué queremos realmente de la vida. Tomar decisiones en pareja implica comunicarse con el otro, comprender sus puntos de vista y exponer los nuestros. Por tanto, estas parejas asumen una actitud más proactiva y reflexiva, la cual les ayudará en otros momentos de su vida, cuando tengan que enfrentar verdaderos problemas. Esa actitud puede ser la clave para sentirse satisfechos y felices en el matrimonio.

Sin embargo, las parejas que simplemente se dejan llevar, pueden terminar casándose con la persona errónea o sin la madurez necesaria. Actuar por inercia puede conducirnos a tomar decisiones que, si las hubiésemos pensado un poco más, no habríamos tomado o habríamos postergado hasta que llegase un momento más adecuado. Por tanto, no es difícil comprender por qué muchas de estas parejas se sienten insatisfechas e infelices en su vida conyugal. 

Decidir en vez de dejarse llevar implica un verdadero acto de compromiso, no solo con la otra persona sino con nosotros mismos y con la decisión. De hecho, varios estudios han demostrado que cuando tomamos una decisión, nos obligamos a ser consecuentes con esta y solemos sentirnos más satisfechos. 

Moraleja: Si quieres que la relación de pareja funcione, es mejor tomar decisiones con conocimiento de causa. No actúes por inercia, reflexiona y habla con tu pareja.


Fuentes:
Rhoades, G. et. Al. (2014) Before “I Do” What Do Premarital Experiences Have to Do with Marital Quality Among Today’s Young Adults? En: National Marriage Project.
Jose, A. et. Al. (2010) Does Premarital Cohabitation Predict Subsequent Marital Stability and Marital Quality? A Meta-Analysis. Journal of Marriage and Family; 72(1): 105-116.
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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