Los rituales: ¿Por qué nos hacen sentir mejor?

>> 19 de junio de 2013

A lo largo y ancho del mundo existen muchísimos rituales, algunos son comunes a diversas culturas y otros son específicos de ciertas zonas pero todos tienen un punto en común: propician la esperanza, ayudan a lidiar con la tristeza y generan la sensación de control.

De hecho, cada vez más psicólogos han comenzado a considerar que el verdadero objetivo (quizás a nivel inconsciente) de los rituales es hacernos sentir más tranquilos y confiados puesto que aumenta la percepción del control que ejercemos sobre nuestro entorno (aunque en realidad no es así). Además, hay algunos profesionales que van un paso más allá y afirman que incluso las personas ateas se pueden beneficiar de los rituales.

Ahora investigadores de la Harvard Business School han reclutado a 247 personas con una edad media de 33 años y les han pedido que escriban sobre una pérdida que hayan sufrido en el pasado o una relación que haya terminado. A la mitad de ellos se les pidió además que escribiesen sobre un ritual que les hubiese ayudado a sobrellevar aquellos momentos. Los resultados fueron contundentes: quienes habían recordado los rituales se sintieron menos afectados por la pérdida. Es decir, experimentaron un dolor menos fuerte.

Sin embargo, los investigadores no se conformaron con estos resultados por lo que idearon otro experimento. En esta oportunidad reclutaron a 109 estudiantes a los cuales se les dijo que uno de ellos podía ganar un premio de 200 dólares y, con el objetivo de resaltar aún más el valor del premio, se les pidió que escribiesen brevemente qué significaría para ellos ser el vencedor y en qué utilizarían el dinero.

Rápidamente, se eligió a un vencedor y este abandonó la sala. A la mitad de los participantes se les pidió que realizaran un ritual compuesto de 4 fases: primero debían esbozar sus sentimientos sobre la pérdida en un papel, después debían espolvorear sal sobre este, romperlo y contar hasta diez. A los otros participantes no se les dio ninguna orientación ya que actuaron como grupo de control.

¿Qué sucedió? Que los estudiantes a los cuales se les había pedido que desarrollasen este extraño ritual reportaron sentirse menos enfadados y menos tristes que el resto.


Los investigadores consideran que el hecho de seguir ciertos pasos estructurados promueve la sensación de control, una necesidad muy fuerte que tenemos los seres humanos, sobre todo cuando nos enfrentamos a una pérdida. Así, sin importar si se trata de un ritual católico, budista, musulmán o simplemente una serie de pasos que nosotros mismos nos inventamos, podemos encontrar confort y aliviar la pena simplemente porque aumenta nuestra sensación de control sobre el entorno y eso hace que confiemos más en nuestras potencialidades y nos convierte en personas más optimistas ante el futuro.

Fuente:
Norton MI, and Gino F (2013) Rituals Alleviate Grieving for Loved Ones, Lovers, and Lotteries. Journal of Experimental Psychology.
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Cuando la motivación te abandona: Estrategias para reencontrarla

>> 18 de junio de 2013

En ocasiones emprendemos un nuevo proyecto y estamos llenos de energía. Trabajamos varias horas sin parar y somos muy productivos pero llega un punto en que esta energía se apaga, nos sentimos cansados y desmotivados. ¿Qué ha ocurrido?

Las causas pueden ser muchas pero las más comunes son tres:

1. Cuando empiezas un nuevo proyecto que te apasiona, tu cuerpo segrega una serie de hormonas que tienen un poderoso efecto estimulante. Estas no solo te permiten mantenerte más horas despierto sino que también estimulan la creatividad, agudizan la atención y mejoran la memoria. Sin embargo, es muy difícil mantener este estado durante varios días consecutivos por lo que lentamente nuestro organismo vuelve a la normalidad pero, debido al esfuerzo, experimentamos además una sensación de agotamiento, la cual se refleja en una desmotivación generalizada.

2. El proyecto es más duro o largo de lo que tenías planificado. Es decir, has pensado que te resultaría fácil lograrlo pero una vez que has comenzado a trabajar, te has dado cuenta de que no será tan sencillo como pensabas. Eso desmotiva, y mucho.

3. Has perdido la brújula. Es decir, ha pasado tanto tiempo desde que comenzaste el proyecto que has olvidado tus objetivos y las razones que te motivaron al inicio. Dicho de esta forma puede parecer increíble pero lo cierto es que nos sucede continuamente ya que la rutina suele empañar las razones por las cuales decidimos comenzar un proyecto.  

La buena noticia es que todo no está perdido.

Estrategias para reencontrar la motivación


- Descansa. Es difícil encontrar la motivación cuando te sientes agotado física o mentalmente. Por tanto, quizás solo necesitas unos días de relax. Además, separarse durante un tiempo de los proyectos es muy beneficioso porque cuando regreses probablemente tendrás nuevas perspectivas y podrás valorar de forma más objetiva el trabajo que has hecho.

- Haz conscientes tus pensamientos. A veces pensamos muchísimas cosas de las cuales no somos totalmente conscientes. Es decir, se trata de un discurso interior qe gira como si se tratase de una música de fondo en nuestra cabeza. Este discurso no es totalmente consciente pero determina nuestro estado de ánimo.

Por ejemplo, si mientras estás trabajando piensas en que no te gusta lo que estás haciendo, que tu proyecto no tendrá éxito, que es una idea estúpida e ideas por el estilo, ¿cómo crees que puedes motivarte?

Por tanto, concientiza tu diálogo interior y piensa que la mayoría de estas ideas no son reales sino que provienen del miedo. Es decir, probablemente tienes miedo porque con tu proyecto estás haciendo algo nuevo y diferente. Y ya sabemos que las cosas nuevas nos atemorizan, por tanto, creamos estos pensamientos para detenernos en el camino, como una suerte de auto sabotaje que nos mantendrá seguros en nuestra zona de confort.

- Mantén siempre en mente tus objetivos iniciales. Para no olvidar los objetivos que te motivaron en un primer momento, quizás es oportuno que los escribas en algún lugar visible. Ya sé que puede parecer una verdad de Perogrullo y probablemente pienses que no lo necesitas pero recordar cada día por qué estás haciendo algo, quizás una tarea que no te gusta, te dará fuerzas y mejorará tu humor.

- No dejes de lado tus actividades preferidas, sobre todo las vinculadas con el bienestar. Es decir, continúa escuchando música, yendo de excursión, practicando deporte… Es importante que no te focalices exclusivamente en una actividad o proyecto porque no solo corres el riesgo de agotar tu fuerza física sino también tu creatividad. Lo ideal es que encuentres un equilibrio entre el trabajo y la diversión.
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La técnica del autobús para resistir las tentaciones

>> 17 de junio de 2013

Si alguien te diese una bolsa con chocolates para que la llevases permanentemente durante cinco días, ¿resistirías la tentación de comerte algunos? Este fue el desafío que le plantearon a 135 personas en un estudio cuyo objetivo era comparar la eficacia de algunas técnicas para combatir las tentaciones.

Lo interesante fue que los investigadores entrenaron a 45 de estas personas con una técnica en la cual le decían que imaginasen que eran los conductores de un autobús y que todos los pensamientos sobre los chocolates eran pasajeros. Cada cual debía elegir la mejor manera para controlar estos pensamientos/pasajeros.

Otro grupo fue instruído para que viese sus pensamientos como si fuesen olas de chocolate y, en vez de sumergirse en ellas, debían montarlas cual si fueran surfistas. Finalmente, el tercer grupo aprendió una técnica de relajación.

Obviamente, todos los participantes debían evitar comerse los chocolates y también se les pidió que llevasen un diario para que anotasen cuando se dejaban vencer por la tentación.

Después de cinco días los resultados no dieron lugar a dudas: la técnica del autobús fue la más eficaz para vencer la tentación. Estas personas fueron las que menos chocolates comieron, exactamente, solo el 27% de ellas sucumbieron a la tentación mientras que el 45% de las demás se comieron los chocolates.

¿Por qué esta técnica fue tan eficaz?

En primer lugar, debes saber que esta técnica forma parte de lo que se denomina “defusión cognitiva”, que no es más que reducir las funciones de nuestros pensamientos alterando el contexto en el que estos ocurren. Al desligar a la persona de sus pensamientos, se logra que estos sean percibidos como menos creíbles y, como resultado, incidirán menos sobre sus decisiones.

Es decir, esta técnica implica que nos distanciemos de nuestros pensamientos, que nos alejemos desde el punto de vista racional y emocional. De esta forma, no los vemos como ideas peligrosas sino como simples hechos que debemos controlar utilizando las estrategias más eficaces. Básicamente, de una manera divertida, las técnicas de defusión cognitiva nos obligan a detenernos, dar un paso atrás, observar objetivamente la situación y tomar las riendas.

Por tanto, la próxima vez que tengas que resistir una tentación, imagina que eres el conductor de un autobús y tus pensamientos son pasajeros. ¿Cómo los controlarías?




Fuente:
Jenkins, K. & Tapper, K. (2013) Resisting chocolate temptation using a brief mindfulness strategy. British Journal of Health Psychology.
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La importancia de buscar en el lugar adecuado

>> 14 de junio de 2013

Un borracho está buscando con afán bajo un farol. Se acerca un policía y le pregunta qué ha perdido. El hombre responde: “Mi llave”. Ahora son dos los que buscan. Al fin, el policía pregunta al hombre si está seguro de haber perdido la llave precisamente aquí. Este responde: “No, aquí no, sino allí detrás, pero allí está demasiado oscuro”.

De seguro esta historia (que aparece en el libro “El arte de amargarse la vida” de Paul Watzlawick) te parecerá absurda, sin pies ni cabeza. ¿Quién es tan tonto como para estar buscando un objeto perdido en un sitio donde no hay la más mínima posibilidad de encontrarlo? ¿Por qué gastar energía y tiempo en una búsqueda que no producirá ningún resultado?

Pues bien, la noticia es que todos, en algún que otro momento y en menor o mayor medida, hemos actuado como el borracho de la historia. Me atrevería a decir que aproximadamente un 70% de los casos que he atendido llegaban planteando un problema (que aparentemente querían resolver) pero en realidad su dificultad era otra.

Cuando nos movemos al plano psicológico el sitio donde cayeron las llaves es aún más oscuro y nos da mucho más miedo. Por eso a veces preferimos buscar en otro lugar, aunque sepamos, de manera más o menos consciente, que nuestra búsqueda será infructuosa, que es más de lo mismo, en resumen, que es una receta segura para no avanzar.

¿Por qué nos comportamos así?


En primer lugar, encontramos a las personas que son muy poco introspectivas. Es decir, aquellas que si se enojan simplemente se desquitan con todo el mundo porque no tienen una buena conciencia de su mundo interior. Por tanto, no se preguntan si existe algo en ellas que no funciona como debería, no se plantean siquiera la posibilidad de que una parte del problema sean ellas mismas.

En segundo lugar, hallamos a las personas que no quieren reconocer dónde cayó la llave. Es decir, aquellas que sospechan que una parte de la responsabilidad es suya pero se niegan a aceptarla, normalmente porque la verdad es demasiado dura como para poder enfrentarla de manera eficaz.

Ya se trate de uno u otro caso, en la base de este mecanismo están nuestros patrones mentales. En nuestro cerebro intentamos darle un orden lógico al mundo que nos rodea y nos encanta que este orden se mantenga inalterable porque así nos sentimos seguros y confiados. Siguiendo con el ejemplo inicial: si tenemos en mano la llave del coche nos sentimos seguros, si la llave se nos pierde entramos en pánico.

El problema es que el lugar donde se nos perdió la llave (que pueden ser nuestras emociones o nuestro sistema de valores y creencias) nos asusta aún más porque si nos ponemos a hurgar en ese sitio probablemente descubriremos cosas que no nos gustan, cosas que entran en contradicción con la imagen que nos hemos formado de nosotros mismos, por tanto, para evitar la disonancia cognitiva, hacemos de todo por eliminarlas, aunque eso signifique buscar la llave donde no está.

¿Cuál es el resultado?


Si buscamos la solución donde no podemos encontrarla, no solo perderemos tiempo y energía sin obtener ningún resultado sino que estaremos alimentando el problema. Si no solucionamos un problema pero pensamos continuamente en él, terminará por convertirse en un gran monstruo que nos devora poco a poco conduciéndonos al inmovilismo y generando una sensación de inseguridad y desdicha.

Ya sé que en muchas ocasiones buscar en el lugar adecuado nos asusta pero… ¿no te asusta aún más la idea de pasarte una buena parte de tu vida dando vueltas sin resolver nada porque estás buscando en los lugares erróneos?

Por supuesto, la solución no está en lanzarse de lleno en la oscuridad arriesgándonos a que nos de un infarto del miedo sino en tomar una vela y, poco a poco, ir despejando las tinieblas hasta que encontremos la causa del problema y, con ella, la solución. 

Fuente:

Watzlawick, P. (1984) El arte de amargarse la vida. Barcelona: Herder.
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Mindfulness: El camino para vivir de una manera más plena

>> 12 de junio de 2013

El mindfulness es una cualidad de la mente que implica estar presente en cuerpo y alma en un instante determinado.  El psicólogo Daniel Goleman la definió como “estar frente a la desnuda realidad de la experiencia, observando cada evento como si estuviera ocurriendo por primera vez”.

El estado de mindfulness se logra fundamentalmente a través de la meditación, una práctica milenaria que sienta sus raíces en la tradición budista y que se concentra en la experiencia como una fuente válida del conocimiento. De hecho, la palabra mindfulness es muy difícil de traducir al español porque significa tanto plenitud como atención plena, conciencia de sí mismo y aceptación. Particularmente, prefiero el término “plenamente presente” que indica que estamos concentrados en el aquí y el ahora, aunque nos faltaría añadirle que estamos contemplando la vida sin emitir juicios, embargados por un estado de bienestar.

Ya sé que cuando se explica qué es el mindfulness la primera idea que viene a la mente de la persona es que jamás lograrán alcanzar un estado así. Sin embargo, con las herramientas adecuadas y la motivación justa, lograr este estado es mucho más fácil de lo que puede parecer.

Ya no estamos en las cavernas: Las bases del mindfulness


El mundo que nos rodea está lleno de situaciones, situaciones que para nosotros son estímulos, es decir, que despiertan una reacción en nosotros. Los estímulos son básicamente de tipo físico (la lluvia que nos baña, el sol que nos acaricia, el ladrido de un perro…) y social (la conversación con un amigo, la discusión de pareja, la fiesta a la que fuimos invitados…).

Estos estímulos provienen del medio que nos rodea pero llegan hasta nuestro cerebro y allí los procesamos. La cuestión es que cuando llegan a nuestro cerebro, encuentran nuestro sistema de creencias, valores, estereotipos, experiencias, expectativas, necesidades. Todos estos patrones determinan cómo comprendemos el estímulo y, como consecuencia, cómo reaccionaremos ante él. En algunos casos estos patrones se convierten en barreras que limitan nuestra libertad y que nos dañan emocional y físicamente.

Por ejemplo, en el pasado una persona ha tenido una mala experiencia con un perro. Por eso, cuando escucha el ladrido de este animal, reacciona involuntariamente con miedo. Todo su cuerpo se activa, aumenta la circulación sanguínea, sus pupilas se dilatan y comienza a sudar, las señales típicas del miedo que nos preparan para echarnos a correr. Sin embargo, es muy probable que ese perro realmente no represente un peligro y que nuestra reacción de miedo no sea necesaria. Pero nuestro cerebro no lo sabe porque ya ha creado esa conexión entre el perro y el miedo.

Este ejemplo es muy banal pero explica a la perfección cómo nuestras experiencias anteriores determinan la manera en que reaccionamos ante los estímulos. De hecho, es un mecanismo de supervivencia ancestral. El hombre de las cavernas ponía en peligro su vida casi a diario por lo que era importante que estos mecanismos funcionasen a la perfección. Es decir, que recordase dónde estaban los peligros y que su cuerpo respondiese automáticamente a la más mínima señal.

Hoy cuando salimos de casa no enfrentamos grandes peligros por lo que estos mecanismos nos pueden ser útiles en ciertas situaciones pero la mayor parte de las veces son innecesarios. Además, si tomamos en cuenta que reaccionamos con miedo y tensión a muchísimas de las situaciones cotidianas de nuestro medio, entonces podremos comprender por qué casi siempre estamos estresados, ansiosos, listos para escapar. Y esta situación de tensión permanente desencadena daños a nivel emocional y físico.

¿Qué hacer?


El mindfulness nos propone que nos liberemos de estas experiencias, que concienticemos que el pasado ya pasó y que el futuro nunca llegará. Lo único que cuenta es el presente, el momento en el que estamos viviendo aquí y ahora.

Para lograr este estado tenemos que concentrarnos simplemente en nuestra respiración. De esta manera reducimos al máximo los estímulos externos y nos vamos quedando solos con nuestra mente. Así podemos, por una parte, adoptar el papel de observador externo (en la medida de lo posible, obviamente) del mundo que nos circunda y, por otra parte, darnos cuenta de los prejuicios e ideas preconcebidas que hemos estado cargando durante muchísimos años.

Cuando se practica este estado de observación activa durante un tiempo, poco a poco vamos desarrollando otra manera de relacionarnos con nuestra realidad. Aprendemos a concentrarnos más en el aquí y ahora y juzgamos mucho menos.

Los conceptos clave del mindfulness


El mindfulness es, básicamente, una forma de vivir que promulga algunos principios muy sencillos:

- Centrarse en el presente. En el mindfulness concentrarse en el presente significa sentir las cosas tal y como suceden, sin intentar controlarlas o juzgarlas a través de nuestro tamiz de experiencias. No intenta cambiar un pensamiento negativo por uno positivo sino que simplemente se centra en el pensamiento en sí. ¿Qué utilidad tiene esto? La de aceptar las experiencias y las sensaciones tal y como ocurren, sin sesgos a la realidad. En resumen, se trata de no perderse la experiencia presente por lo que tendría que suceder o lo que ya sucedió.

- Abrirse a la experiencia. Concentrarse en lo que sucede nos permite priorizar las emociones y los hechos frente a la interpretación que hacemos de ellos. En práctica, cuando se experimenta algo, no se intenta poner en palabras ni se juzga, simplemente se focaliza en el fluir de las emociones. De esta manera evitamos que los prejuicios interfieran en la experiencia.

- Aceptación total. Se trata de focalizarse en el momento actual sin hacer ningún tipo de valoración y aceptando la experiencia tal como es. En punto no se hace referencia a las emociones positivas o negativas sino simplemente a lo que estamos experimentando, aunque sea desagradable. De hecho, en el mindfulness se acepta el enfado y el malestar porque no son emociones de las que tengamos que huir sino que es necesario aceptarlas y comprenderlas.

- Renunciar al control directo. En el ámbito de la Psicología conocemos que la tendencia al control es una de las principales fuentes de displacer y problemas. Sin embargo, en el mindfulness la persona no intenta controlar sus sentimientos y emociones sino que los experimenta tal y como se producen. El simple hecho de renunciar al control ya es de por sí liberador porque nuestra sociedad nos induce de manera casi enfermiza a intentar controlarlo todo y, en ese intento desesperado por controlar lo que no podemos, surge el estrés.

- Elegir las experiencias. En realidad el mindfulness no consiste simplemente en aceptar todo lo que sucede. Una vez que hemos aprendido a liberarnos del tamiz de nuestras creencias limitantes, podemos decidir en qué implicarnos, sobre qué actuar y sobre qué focalizarse. Una persona que practica el mindfulness también tiene planes de futuro y, obviamente, no se desliga por completo de sus experiencias pasadas sino que aprende a darle a cada cosa su justa medida.

¡Es un gran cambio!


Fuentes:
Goleman, D. (1997) Healing Emotions: Conversations with the Dalai Lama on Mindfulness, Emotions, and Health. Boston: Shambhala.
Vallejo, M. A. (2006) Mindfulness. Papeles delPsicólogo; 2(27).
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