+ ArtículosEducación

6/29/2017

Un precioso corto animado nos muestra cómo nacen y crecen las buenas ideas


Esta es una historia para cualquier persona que alguna vez haya tenido una idea, grande o pequeña”. Así nos presenta Google este corto de animación titulado “The story of an idea”, creado por FX Goby.

La historia comienza con unos trazos sencillos en blanco y negro, pero a medida que va avanzando y la idea va tomando forma, el corto se llena de color y adquiere profundidad.

Lo más interesante es que el cortometraje está lleno de pequeñas pistas y metáforas que se convierten en grandes y valiosas enseñanzas para quienes sepan captarlas y descifrarlas. El corto es una alegoría del proceso creativo, desde la fase de insight hasta la fase de culminación.


7 lecciones para que una buena idea no se quede en el limbo de la creatividad


1. Al inicio, una buena idea puede parecer insignificante. Puede parecer una verdad de Perogrullo, pero el primer paso para desarrollar un proyecto interesante consiste en ser capaces de captar una buena idea. Al inicio cualquier idea es pequeña, y puede parecer poco atractiva, descabellada o incluso banal. Es importante ir más allá de esa fase para poder descubrir su potencial. A veces una idea que parece insignificante, puede convertirse en algo más grande de lo que su creador pudo imaginar.

2. Déjate guiar por tu instinto. Las ideas más geniales suelen cocerse en el inconsciente, en esa parte de la mente donde se mezclan conceptos, formas y vivencias por debajo del umbral de la conciencia. Si una idea te ronda y no logras quitártela de la mente, es probable que sea buena, no la descartes inmediatamente, explórala. Muchas buenas ideas se han quedado relegadas al limbo de la creatividad simplemente porque las personas no le han prestado atención a su instinto.

3. Jamás te compares. Es probable que cuando comiences a darle forma a tu idea, descubras que hay otras personas trabajando en esa misma dirección. No dejes que las ideas de los demás te asusten, jamás te dejes intimidar por la competencia. Tu idea crecerá y brillará si haces las cosas bien y sabes cómo distinguirte.

4. No basta tiempo y esfuerzo, también es necesaria la pasión. Las buenas ideas que se convierten en grandes proyectos no tienen detrás solo muchas horas de trabajo y esfuerzo sino también mucha pasión. Para que una idea germine y dé frutos necesita amor y pasión, como si fuera un bebé. Y mientras lo haces, es importante que no olvides divertirte porque, al fin y al cabo, de eso se trata, de disfrutar lo que haces.

5. Seguir una idea es descubrir nuevos caminos. Seguir una buena idea siempre implica descubrir nuevos caminos, nuevas maneras de hacer las cosas y nuevas formas de pensar. Si no eres capaz de salir de tu zona de confort y atreverte a probar cosas nuevas, la idea morirá porque su potencial radica precisamente en el nuevo universo que puede crear. Por eso, seguir una idea siempre requiere una buena dosis de valentía y espíritu aventurero. Y lo había dicho Alfonso Rodríguez Castelao: "El verdadero heroísmo está en transformar los deseos en realidades y las ideas en hechos".

6. Cuando todo se hace cuesta arriba, pide ayuda. Habrá momentos difíciles, todo proyecto que vale la pena los tiene. Cuando los obstáculos son demasiado grandes, no temas en pedir ayuda, las grandes ideas a veces también necesitan grandes apoyos. Recuerda que no se es más débil por pedir ayuda, conocer tus limitaciones es señal de inteligencia, no de debilidad.

7. No te aferres. En los grandes proyectos, llega un momento en el que la idea cobra vida propia, crece y suele superar a su creador. Entonces es necesario aprender a fluir y dejar que el potencial de la idea continúe creciendo para que llegue a más personas, aunque eso signifique que debemos asumir un rol menos importante. Sin duda, esta es una de las partes más difíciles. La mejor manera de afrontarlo es sintiéndose orgulloso por lo que has logrado.
Leer Más

6/28/2017

Personas hipócritas: Hoy te abrazan y mañana te empujan


Me gusta la gente auténtica y directa, esa que si te extraña te busca, si te quiere lo expresa y si algo le molesta lo dice. Sin rodeos. Siempre he preferido las distancias honestas que las cercanía hipócritas.

Sin embargo, en el mundo hay personas hipócritas. Y tenemos que aprender a lidiar con ellas. La hipocresía es la inconsistencia entre lo que se dice y lo que se hace. De cierta forma, es una manera de esconder o reprimir los verdaderos deseos, pensamientos y emociones para adaptarse a las expectativas del entorno o sacar provecho.

Aunque quizá la mejor definición de la hipocresía proviene del político estadounidense Adlai E. Stevenson: "Un hipócrita es el tipo de persona que cortaría una secuoya, montaría un escenario y luego haría un discurso sobre la preservación de la naturaleza".


Los 3 tipos de hipocresía


1. Duplicidad moral. Se refiere a las personas que citan continuamente motivos irreprochables pero en realidad no obran según esas reglas morales. Por ejemplo, una persona puede hablar continuamente de la importancia de ayudar al prójimo pero cuando llega el momento de tender la mano mira hacia otro lado. Esa persona puede ensalzar valores como la fidelidad y la importancia de decir la verdad pero luego le es infiel a su pareja.

2. Estándares de doble moral. Se refiere a quienes son laxos a la hora de juzgarse pero aplican un duro rasero moral a los demás. Por ejemplo, esa persona se enfadará muchísimo si cuando está en un cruce de peatones un conductor no se detiene pero cuando esté al volante y haga lo mismo, recurrirá a excusas para explicar por qué no se ha detenido. Es la clásica persona que puede ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el ojo propio.

3. Debilidad moral. Se trata de personas que entran en conflicto con sus actitudes debido a lo que se conoce como disonancia cognitiva. Por ejemplo, esa persona puede hablar de la importancia de ir a votar pero el día de la votación no acude a las urnas. En este caso lo que falla es el autocontrol, esa persona en realidad cree lo que dice, pero a la hora de llevarlo a la práctica no tiene la fuerza de voluntad suficiente, aunque no se atreve a reconocerlo públicamente, por lo que sigue dando lecciones morales.


¿Por qué las personas son hipócritas?


Es probable que en tu entorno conozcas a más de una persona hipócrita. Y también es probable que te preguntes cómo es posible que parezca no darse cuenta de la inconsistencia entre sus palabras y sus acciones.

La explicación a este fenómeno llega de la mano de la psicóloga Patricia Linville, quien trabajaba en la Universidad de Yale y a mediados de 1980 acuñó el término “autocomplejidad”. Su hipótesis es que mientras menos compleja sea la representación cognitiva del “yo”, más extremas serán las fluctuaciones del estado de ánimo y las actitudes de la persona. 

En otras palabras, algunas personas tienden a percibirse desde una perspectiva muy limitada, por ejemplo, se definen a través de una serie de roles que desempeñan, de manera que piensan que son una "madre abnegada" o un "directivo de éxito". El problema es que tener una definición de nosotros mismos tan limitada hace que seamos más inestables psicológicamente y nos impide lidiar con las contradicciones propias de la complejidad de la personalidad y el entorno.

Para entender mejor este fenómeno podemos echarle un vistazo a un experimento realizado en la Universidad de Miami. Estos psicólogos les pidieron a estudiantes universitarios que evaluaran la importancia de las habilidades de estudio. A continuación les pidieron que rememoraran todas las veces que habían descuidado el estudio, con el objetivo de desenmascarar la posible hipocresía detrás de las primeras respuestas.

Curiosamente, en ese momento los estudiantes que tenían una menor autocomplejidad fueron más propensos a cambiar sus primeras opiniones; es decir, rectificaron indicando que, después de todo, estudiar no era tan importante. 

Esto podría explicar por qué algunas personas dicen una cosa y hacen otra. Sus comentarios provienen de una representación del “yo” completamente separada del “yo” que actúa en otras circunstancias. En práctica, las personas hipócritas solo intentan mantener inmune la identidad simple que han construido separando sus palabras de sus acciones.

En el caso de los políticos, por ejemplo, es usual que mantengan un discurso conectado con su “yo político” mientras hacen algo diametralmente opuesto en su “yo empresarial” o “familiar”. De esta forma logran salvar sus diferentes "yos", porque no son capaces de integrarlos.

Estos estudios nos indican que muchas personas son hipócritas sin darse cuenta. De hecho, a menudo cuando las ponemos frente a frente con sus contradicciones no las reconocen y se escudan en excusas.

Obviamente, no todas las personas viven en ese estado de “desconocimiento hipócrita”. También hay quienes aprenden a sacarle partido a la hipocresía, sobre todo cuando se dan cuenta de que seguir ciertas ideas no es práctico ni ventajoso. Estas personas no tienen problemas en proclamar algo y hacer justo lo contrario, si piensan que es más conveniente. Pero tampoco reconocerán abiertamente su hipocresía ya que es demasiado doloroso y representaría un gran golpe para su “yo”, por lo que aducirán que han obrado movidos por las circunstancias.

5 comportamientos que delatan a las personas hipócritas


1. Siempre están dispuestas a castigar a alguien. Su “elevado” rasero moral hace que siempre apunten el dedo acusatorio contra alguien, e incluso pueden estar dispuestos a humillar a esa persona públicamente. Se trata de una estrategia de compensación a través de la cual intentan centrar la atención en el otro para que no caiga sobre sus discrepancias y comportamientos.

2. Tienen un aura de superioridad moral. Las personas hipócritas suelen estar a medio camino entre el narcisismo y la superioridad intelectual. Su nivel de arrogancia puede hacer que cuando te relacionas con ellas te sientas como alguien de nivel inferior, inmaduro o no lo suficientemente bueno. Estas personas no dudarán en reprender cualquiera de tus acciones, palabras o actitudes.

3. Las reglas nunca se aplican a ellas. Las reglas y las normas existen, pero solo para los otros. Las personas hipócritas creen que como tienen un sentido innato del derecho y la moral, están por encima de la ley. 

4. La culpa nunca es suya, siempre tienen una excusa a mano. Las personas hipócritas no suelen reconocer sus discrepancias y errores, incluso ante la evidencia. Estas personas no se disculpan ni admiten su responsabilidad sino que recurren continuamente a excusas. Para ellas, las circunstancias siempre son un atenuante, y los errores nunca son suyos.

5. Haz lo que digo, no lo que hago. Esta podría ser la máxima por la que se guían las personas hipócritas. Sus acciones casi nunca coinciden con su discurso. Esto se debe a que su principal motivación es quedar bien y cumplir con las expectativas.

¿Por qué nos molestan tanto las personas hipócritas?


La respuesta, o al menos una parte de ella, proviene de un estudio realizado en la Universidad de Yale. Estos psicólogos descubrieron que lo que más nos molesta de las personas hipócritas no es la inconsistencia entre sus palabras y sus acciones sino que sus proclamaciones morales son falsas y pretenden hacerse pasar por personas más virtuosas de lo que son.

En práctica, no nos gustan las personas hipócritas porque nos decepcionan. De hecho, se ha comprobado que solemos creer y preferir afirmaciones morales o que impliquen cierto grado de generalización para explicar los comportamientos. Por ejemplo, si una persona abandona un proyecto, preferimos la explicación “no tiene sentido gastar más energía” que “no quiero gastar más energía”. Por eso, cuando descubrimos la verdad nos sentimos más defraudados y engañados.

Esto significa que, de cierta forma, nosotros también contribuimos a que la hipocresía perdure a nivel social. De hecho, incluso en ciertas situaciones puede ser que nos hayamos comportado de manera hipócrita para intentar dar una mejor imagen de nosotros mismos. 

Por eso, la mejor manera de luchar contra la hipocresía consiste en ser auténticos y comprender que dentro de cada uno de nosotros existen muchas contradicciones. No necesitamos cumplir con las expectativas de los demás ni tenemos que convertirnos en predicadores de la moral. Vive y deja vivir :)


Fuentes:
Jordan, J. J. et. Al. (2017) Why Do We Hate Hypocrites? Evidence for a Theory of False Signaling. Psychological Science; 28(3): 1–13.
McConnel, A. R. & Brown, C. M. (2010) Dissonance averted: Self-concept organization moderates the effect of hypocrisy on attitude change. Journal of Experimental Social Psychology; 46(2): 361-366.
Linville, P. W. (1985) Self-Complexity and Affective Extremity: Don't Put All of Your Eggs in One Cognitive Basket. Social Cognition; 3: 94-120.
Leer Más

6/26/2017

No plantes flores en los jardines de personas que no van a regarlas


Nuestros recursos son finitos. Nuestra energía no es inagotable, de la misma manera en que no lo es nuestro tiempo y nuestra atención. Eso significa que debemos ser más cuidadosos cuando decidimos dónde los invertiremos.

Desgraciadamente, a menudo no somos plenamente conscientes de que nuestros recursos emocionales y cognitivos no son inagotables, por lo que terminamos desperdiciándolos, ya sea involucrándonos en tareas que no valen la pena o relacionándonos con personas que no los valoran.

No te esfuerces por alguien que no valora lo que haces


La compasión y la capacidad para ayudar a los demás son características que nos enaltecen y nos permiten crecer como personas. Sin embargo, todo tiene un límite, pasado el cual podrías comenzar a hacerte daño sin darte cuenta y sin que la otra persona siquiera lo valore.

¿Cómo saber cuándo estás esforzándote inútilmente?

- Cuando te esfuerzas más por la otra persona que ella misma.

- Cuando tu nivel de compromiso es mayor que el de la persona que intentas ayudar.

- Cuando arriesgas mucho por ayudar a alguien pero esa persona no arriesga prácticamente nada por sí misma.

- Cuando te estás desgastando demasiado en el camino pero esa otra persona no está dispuesta a invertir esa misma cantidad de energía.

- Cuando esa persona no valora tu tiempo, esfuerzo y dedicación.

- Cuando esa persona no estaría dispuesta a hacer lo mismo por ti.

En estos casos, sería conveniente que te preguntes si realmente vale la pena emplear tanta energía, tiempo y esfuerzo en plantar flores que nadie regará, puesto que a esa persona que estás ayudando no le interesa realmente.

Recuerda que hay situaciones en las cuales, la mejor manera de ayudar consiste en no ayudar. Si tu intervención adquiere tintes sobreprotectores, puede impedir que esa otra persona crezca y aprenda la lección. Después de todo, no se madura con los años sino con los daños


Un equilibrio insano donde uno se desgasta y el otro no se compromete


En muchas relaciones interpersonales, ya sea en la pareja, entre padres e hijos o entre amigos, se establece un equilibrio malsano en el que uno siempre actúa como tabla de salvación mientras el otro se limita a aferrarse.

De esta forma, la persona que asume el rol de “salvador” termina desgastándose, sin recibir prácticamente nada a cambio. Y la persona que siempre es “salvada” no logra crecer porque se encuentra demasiado cómoda con su rol.

En práctica, es como si tuvieras que plantar flores continuamente porque como la otra persona no asume su parte de la responsabilidad y no las riega, estas siempre terminan secándose. Obviamente, es un comportamiento insano que nadie repetiría, pero en las relaciones interpersonales, sobre todo cuando están involucrados los sentimientos, no siempre es fácil percatarse de que estamos sembrando flores en terreno baldío.

Esto no significa que debas abandonar a esa persona a su suerte, pero sin duda es señal de que vas por mal camino. Quizá esa persona es demasiado egoísta como para reconocer tu apoyo, quizá no está preparada para asumir la responsabilidad y el compromiso que demanda la situación o quizá simplemente no se ha dado cuenta del esfuerzo que estás haciendo por ayudarle.

De hecho, el principal problema de este equilibrio insano es que tú das, te comprometes y te responsabilizas mucho más que la otra persona para resolver un problema que no es tuyo. 

Todos necesitamos y merecemos ser amados, reconocidos y apoyados


No se trata de un quid pro quo. Pero todos necesitamos saber que contamos con personas que nos quieren, apoyan y reconocen nuestro esfuerzo. Si damos continuamente, sin recibir nada a cambio, no debemos asombrarnos si un día miramos dentro de nosotros y percibimos un enorme vacío emocional.

Por eso, si bien no se trata de ayudar solo a quien nos puede devolver el favor, es importante que empleemos nuestro tiempo y energía en esas personas que realmente reconocen nuestro esfuerzo y, sobre todo, que están dispuestas a comprometerse y responsabilizarse, no con nosotros sino con ellas mismas, con su proceso de mejora y cambio.

¿Cuál es la solución? Simplemente no debes plantar, sino ayudar a plantar, dejando claro desde el inicio que estás dispuesto a ayudar pero que la responsabilidad última no es tuya y, por ende, esperas el mismo nivel de compromiso y esfuerzo por la otra parte.
Leer Más

La ciencia lo confirma: Las mujeres sienten más dolor que los hombres


El dolor es una experiencia muy subjetiva. Además, existen muchos factores que pueden aliviarlo o acrecentarlo. Por ejemplo, el estrés, la ansiedad y la depresión aumentan nuestra percepción del dolor mientras que sostener la mano de una persona que queremos o la meditación lo disminuyen.

Sin embargo, diferentes estudios han lanzado la idea de que las mujeres pueden experimentar más el dolor. Entre ellos, una investigación realizada en la Universidad de Stanford en la cual se analizaron unas 11.000 historias clínicas. Estos investigadores descubrieron que las mujeres solían reportar un dolor más intenso, sobre todo cuando sufrían problemas relacionados con la inflamación aguda.

Distintos datos corroboran esta hipótesis, entre ellos el hecho de que muchas de las enfermedades que provocan dolor crónico son más frecuentes en las mujeres.

La fibromialgia, por ejemplo, es seis veces más frecuente en el género femenino. Las cefaleas son cuatro veces más usuales y la hemicrania es tres veces más común en las mujeres. Las mujeres también tienen el doble de probabilidades de sufrir esclerosis múltiple, de dos a tres veces más posibilidades de desarrollar artritis reumatoide y cuatro veces más probabilidades de sufrir síndrome de fatiga crónica que los hombres. Además, las enfermedades autoinmunes que incluyen dolor debilitante, golpean a las mujeres tres veces más que los hombres.


¿Cómo funcionan los receptores del dolor?


¿Por qué la mujer siente con más intensidad el dolor? Investigadores de la Universidad de Milán piensan que es probable que el género femenino tenga un umbral diferente de dolor que los hombres.
Esta diferencia podría tener una causa biológica y depender de los mecanismos implicados en la regulación de la transmisión del dolor, en particular a nivel de las sinapsis.

Las sinapsis son las conexiones que permiten la transmisión de los impulsos desde las fibras nerviosas periféricas hasta las que llevan el impulso hacia el sistema nervioso central. Este proceso es esencial porque es en esas conexiones neuronales donde se puede modificar el curso del estímulo doloroso, tal y como ocurre en los procesos de dolor crónico.

Las vías descendentes modulan la actividad de estas sinapsis, que actúan como una especie de semáforo que transmite los impulsos. De los millares de impulsos pueden pasar solo doscientos o quizá mil, pero también podría ocurrir lo contrario, como en el caso del dolor crónico, y mil impulsos podrían ser percibidos como diez mil.

En este mecanismo de control también influye la información que llega desde la zona del cerebro involucrada en la vida emocional, la corteza límbica. Por eso se afirma que el dolor tiene un componente emocional muy importante. Existen conexiones neuronales específicas entre las áreas que regulan el dolor y las zonas emocionales del cerebro. Esto significa que un problema en la vida emocional podría afectar el funcionamiento de las vías descendentes y, por ende, la percepción del dolor.

El dolor es un mecanismo ancestral que advierte a las mujeres del peligro


La analgesia ante el estrés es un fenómeno muy interesante ya que en esos casos prácticamente no percibimos dolor, aunque la herida sea grave. Es común en los soldados en combate o en los bomberos en acción, quienes solo se dan cuenta de las heridas cuando están a salvo. Sin embargo, se ha comprobado que este fenómeno es más común e intenso en los hombres.

En el caso de las mujeres, la analgesia ante el estrés se presenta de manera relativamente diferente. De hecho, se ha apreciado que el estrógeno desempeña un rol activo en el sistema "analgésico" natural del cerebro. Cuando los niveles de esta hormona son elevados, el cerebro responde eficazmente liberando endorfinas para acallar las señales dolorosas pero cuando estos niveles bajan, aumenta la percepción del dolor.

También es interesante observar que las mujeres en edad fértil producen de manera endógena cannabinoides, unas sustancias que tienen un efecto analgésico natural pero que disminuyen durante ciertas fases del ciclo ovárico, lo cual produce un aumento de la sensibilidad al dolor. 

Estas diferencias en la forma en que el cerebro reacciona ante el dolor, según investigadores de la Universidad de Milán, podrían depender de factores relacionados con la conservación de la especie. En el pasado, el rol del hombre era luchar y conseguir el alimento, por lo que era importante que resistiera el dolor hasta que pasara el peligro. Al contrario, el rol de la mujer era más protector, por lo que es comprensible que haya desarrollado mecanismos naturales más específicos que le permitieran detectar rápidamente el dolor para saber cuándo su familia está en peligro.

Esta hipótesis cobra aún más sentido con los resultados de un estudio realizado recientemente en ratones en la McGill University. En este experimento se apreció que en la transmisión y cese del dolor intervienen células diferentes según el género. En los machos las microglías desempeñan un papel esencial en la transmisión y cese del dolor, pero en las hembras intervienen más las células-T.


Los médicos se toman menos en serio el dolor femenino


Desgraciadamente, los médicos se toman menos en serio el dolor femenino. Un estudio realizado en la Universidad de Maryland reveló que en Estados Unidos los hombres esperan una media de 49 minutos para recibir un analgésico para el dolor abdominal agudo. Las mujeres tienen que esperar una media de 65 minutos para recibir el mismo tratamiento por la misma causa. Y todo porque a menudo los médicos consideran que su dolor es “emocional”, “psicogénico” o incluso “irreal”.

Otro estudio realizado en la Universidad de Pensilvania halló que las mujeres tienen entre un 13-25% menos probabilidades de recibir un tratamiento con opioides para aliviar el dolor, mientras que a los hombres se les prescribe este tratamiento más rápido y con más frecuencia.


Fuentes:
Sorge, R. E. et. Al. (2015) Different immune cells mediate mechanical pain hypersensitivity in male and female mice. Nature Neuroscience; 18: 1081–1083.
Fornasari, D. (2012) Pain Mechanisms in Patients with Chronic Pain. Clinical Drug Investigation; 32(1): 45-52.
Ruau, D. et. Al. (2012) Sex Differences in Reported Pain Across 11,000 Patients Captured in Electronic Medical Records. J Pain; 13(3): 228–234.
Chen, E. H. et. Al. (2008) Gender disparity in analgesic treatment of emergency department patients with acute abdominal pain. Acad Emerg Med; 15(5):414-418. 
Hoffmann, D. E. & Tarzian, A. J. (2001) The girl who cried pain: a bias against women in the treatment of pain. J Law Med Ethics; 29(1): 13-27.
Leer Más

6/23/2017

5 lecciones que aprendes cuando te deshaces de lo innecesario en tu vida


Un profesor de Filosofía quería dar a sus alumnos una lección para la vida. Aquel día, llegó al aula y, sin decir palabra, tomó un frasco grande y vacío y lo llenó con pelotas de golf.

Luego se dirigió a los estudiantes y les preguntó si el frasco estaba lleno. Los estudiantes dijeron que sí.

Entonces el profesor tomo una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar a los alumnos si el frasco estaba lleno, ellos volvieron a decir que sí.

Luego el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos, así que el profesor pregunto nuevamente si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ‘sí’ unánime.

Sin embargo, el profesor vertió dos tazas de café dentro del frasco, el cual llenó los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes rieron. 

Entonces el profesor les dijo:

- Este frasco representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos, todo lo que te apasiona. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto, seguirían llenando nuestra vida.

Las canicas son otras cosas importantes, como el trabajo, la casa, el coche…

La arena y el café son todo lo demás, las pequeñas cosas.

Si llenamos de arena todo el frasco, no habría espacio para las canicas ni para las pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida. Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos tiempo ni espacio para las cosas realmente importantes.

En ese momento, uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó que representaba el café.

El profesor sonrió y dijo: 

- Solo es para demostrar que no importa cuan ocupada pueda parecer tu vida, siempre hay lugar para compartir un café con una persona especial.

Si no te deshaces de lo innecesario, no habrá espacio para lo imprescindible


La sociedad nos ha hecho pensar que más es mejor. Nos ha hecho creer que la única medida del progreso es tener siempre más. Sin embargo, la mayoría de las veces no es así. Más suele significar más caos, más apegos, más miedo a la pérdida, más preocupaciones. Por eso, uno de los aprendizajes más valiosos de la vida es aprender a soltar, dejar ir, deshacerte de todo aquello que no necesitas. La sociedad te ha enseñado a acumular, desde posesiones hasta sentimientos negativos, la auténtica madurez llega cuando aprendes a soltar.

Y cuando logras deshacerte de todo aquello que no necesitas, habrás aprendido algunas lecciones:

1. Disfrutas de verdad de lo que tienes

Tener más no significa tener más opciones. ¿Cuántas cosas de las que has comprado están en el fondo de un armario, olvidadas y prácticamente nuevas? Deshacerte de los libros que nunca vas a leer, de la ropa que ya no usas, los objetos viejos que ya no tienen ningún valor y aquellos que solo están ocupando espacio, es extremadamente liberador.

A medida que liberas espacio en tu casa, descongestionas tu mente. Luego descubrirás que comienzas a disfrutar más intensamente lo que tienes, porque es algo que verdaderamente has elegido, no algo que has comprado porque la sociedad te lo ha vendido.

2. Comprendes que tú no eres tus cosas

Demasiado a menudo nos identificamos con nuestras posesiones. Eckhart Tolle explicó que uno de los niveles más básicos del ego es la identificación con las cosas: mi juguete más adelante se convertirá en mi coche, mi casa, mi ropa, mi móvil... La publicidad intenta vendernos cosas convenciéndonos de que añadirán algo a la manera en que nos vemos a nosotros mismos y a cómo nos ven los demás. Los objetos dejan de ser simples objetos para convertirse en "realzadores de la identidad". Pero intentar encontrarte a ti mismo a través de las cosas no funciona, solo te sume en el consumismo desmedido.


Por eso, cuando te deshaces de muchas de las cosas que has estado acumulando a lo largo del tiempo, te das cuenta de que esos objetos no eres tú, los has utilizado, pero no forman parte de ti y quizá ni siquiera reflejan lo que eres. Esos objetos no te dan ni te restan valor como persona. Entonces comienza la verdadera búsqueda de tu identidad.

3. Te lo piensas dos veces antes de comprar algo

Una vez que te deshaces de todo lo innecesario, te conviertes en un consumidor más consciente. En la tienda, cuando veas un producto, en vez de comprarlo casi automáticamente, comenzarás a preguntarte si realmente lo necesitas o si puede aportarte algo útil. De esta forma te desharás del influjo de la publicidad y te sentirás mucho más libre.

Cuando tu ego ya no se identifica con las cosas, dejas de obsesionarte con ellas, por lo que comienzas a relacionarte de una manera diferente con el mundo de las compras. En ese momento ocurre un "milagro" porque te liberas de la necesidad de trabajar cada vez más para comprar cosas que no necesitas para ser feliz. Eso le resta mucha tensión a tu vida.

4. Empiezas a vivir en el presente

Es probable que muchas de las cosas que acumulas se deben a un miedo al futuro y un apego excesivo al pasado. De seguro en tu casa guardas cosas que ya no usas o que incluso están rotas solo porque te recuerdan algo y te da pena deshacerte de ellas. Otras las guardas “por si acaso”, por si las necesitas mañana.

En la base de ese apego a las cosas también se encuentra una suposición inconsciente: creemos que poseer objetos sólidos y aparentemente permanentes le conferirá a nuestro ego y a nuestra vida una mayor solidez, seguridad y permanencia. Buscamos en los objetos una fuente de seguridad, es por eso que con la cercanía de la muerte, el concepto de propiedad pierde su sentido. Lo interesante es que cuando te das cuenta de eso y te deshaces de todos esos objetos, comienzas a valorar más el presente, las experiencias que estás construyendo ahora mismo. Al asumir la pérdida del pasado y la incertidumbre del futuro, empiezas a vivir conscientemente.

5. Te sientes sumamente agradecido

Epicuro dijo: "No eches a perder lo que tienes deseando lo que no tienes. Recuerda que lo que tienes ahora fue una vez algo que solo deseabas". Es normal que sientas cierto “dolor” cuando intentas desprenderte de algunas cosas. Ese dolor es el apego. Sin embargo, cuando te deshaces de todo lo que no necesitas y descubres que te sientes más feliz que antes, más libre y más satisfecho, experimentas una enorme sensación de gratitud. En ese momento valoras más lo que tienes y descubres que no necesitas tantas cosas para ser feliz.

Leer Más

6/22/2017

A veces la mejor manera de ayudar, es no ayudar


Hay situaciones en las que debemos ayudar y otras en las que no. Hay situaciones en las que nuestra ayuda permite que la otra persona crezca y hay situaciones en las que podemos causar más daño. Por eso, a veces la mejor manera de ayudar, es no ayudar. 

Ser “cruel” para ser amable


La sociedad nos enseña que siempre debemos ayudar. Y hemos interiorizado hasta tal punto este mensaje que se ha convertido en una regla. Como resultado, pensamos que si no ayudamos a alguien, somos malas personas. Sin embargo, nada es blanco y negro, la vida está llena de matices, por lo que en algunas ocasiones la mejor ayuda que podemos ofrecer consiste en mantenernos al margen. 

A veces, no ayudar es la mayor muestra de amor o empatía. Lo confirman psicólogos de la Universidad de Plymouth, quienes comprobaron que cuando conectamos emocionalmente con alguien y somos empáticos, estamos dispuestos a inducir emociones negativas si creemos que estas pueden ser beneficiosas a largo plazo.

Estos psicólogos reclutaron a 140 personas, que debían participar en un juego a través del ordenador con un compañero al que no conocían, a quien denominaron “Jugador A”. Sin embargo, en realidad ese jugador no existía.

Aún así, los participantes recibieron una nota, aparentemente escrita por el Jugador A, en la que se refería a su reciente ruptura de pareja y lo mal que lo estaba pasando. Los psicólogos les dijeron a algunos de los participantes que intentaran imaginar cómo se sentía esa persona, con el objetivo de promover la empatía. A otras le dijeron que se olvidaran del asunto.

A continuación, a algunos les explicaron que el objetivo del juego era dispararle a los enemigos (estrategia de confrontación). Otros debían involucrarse en un juego diferente en el que la meta era escapar de un laberinto (estrategia de evitación).


Luego los participantes escucharon algunas piezas musicales y pequeñas lecturas que tenían como objetivo despertar diferentes emociones. Los investigadores les pidieron que eligieran qué piezas hacerle escuchar al Jugador A y cuán enojada, temerosa o neutral querían que esa otra “persona” se sintiera.

Los resultados mostraron que cuando los participantes conectaban emocionalmente con el Jugador A y sentían empatía, eran más propensos a generar emociones negativas específicas en dependencia de la meta final del juego. Cuando se trataba del juego de afrontamiento inducían ira y en el caso del juego de evitación, miedo.

Esto nos indica que cuando una persona nos importa, podríamos estar dispuestos a generar estados negativos si consideramos que serán beneficiosos a largo plazo. De hecho, es una estrategia a la que muchos padres han recurrido, quizá sin ser plenamente conscientes, como cuando ven que su hijo no estudia lo suficiente para un examen y les inducen miedo para motivarles a esforzarse más.

¿Cómo saber cuándo nuestra ayuda no ayuda?


Una relación interpersonal valiosa no es solo aquella que nos hace sentir bien y nos brinda apoyo sino la que nos permite crecer. La persona que más nos ayuda no es la que siempre nos facilita el camino sino la que más potencia nuestro crecimiento. Después de todo, maduramos con los daños, no con los años.

Para comprender esta dinámica, podemos basarnos en el concepto de Zona de Desarrollo Próximo, que se utiliza en el ámbito de la educación. Este concepto nos dice que para potenciar las habilidades de alguien, debemos darle el nivel de ayuda justo para que se produzca el salto cualitativo. Nuestra función se limita a ayudar a que la persona desarrolle sus potencialidades.

Por supuesto, no siempre es sencillo encontrar el punto justo. No obstante, estos principios pueden servirte para determinar cuándo tu ayuda no está ayudando al otro:

- Haces las cosas en su lugar, en vez de ayudarle a que las haga por sí solo.

- Asumes la responsabilidad, en vez de permitirle que enfrente las consecuencias de sus acciones.

- Tu ayuda le impide desarrollar sus potencialidades al máximo.

- Tu ayuda se convierte en una zona de confort para el otro que le impide crecer.

En cualquier caso, no se trata de abandonar a quienes quieres a su suerte, sino de dosificar tu grado de intervención, de manera que esa persona pueda encontrar su propio camino. Después de todo, la mayor muestra de amor, y también la más difícil, es permitir que los demás sean.


Fuente:
López-Pérez, B. et. Al. (2017) Cruel to Be Kind: Factors Underlying Altruistic Efforts to Worsen Another Person’s Mood. Psychological Science; 1:956797617696312.
Leer Más

6/21/2017

Si eres perfeccionista vivirás menos, si eres optimista vivirás más


La esperanza de vida está determinada por muchísimos factores. El hecho de que vivamos más o menos no depende exclusivamente de nuestra genética, la alimentación, el nivel de actividad física y los factores medioambientales a los que nos exponemos sino también de factores psicológicos. Por tanto, no es suficiente con descontaminar nuestro entorno y adoptar un estilo de vida saludable si nos olvidamos de hacer limpieza mental.

La tendencia al perfeccionismo y el neuroticismo pasa factura


Investigadores canadienses de la Trinity Western University se preguntaron si determinadas características de personalidad influyen en nuestra esperanza de vida. Para descubrirlo, reclutaron a 450 adultos mayores, a quienes les dieron seguimiento durante un periodo de 6 años y medio.

Al inicio de la investigación, estas personas no padecían enfermedades graves. Sin embargo, el riesgo de morir fue más elevado en unos que en otros. Al realizar pruebas de personalidad, estos psicólogos descubrieron que las personas que tenían una tendencia al perfeccionismo y el neuroticismo tenían mayores probabilidades de morir. Al contrario, el riesgo era mucho más bajos en las personas que tenían una personalidad más optimista, extrovertida y responsable.

El perfeccionismo y el neuroticismo tienen muchos puntos en común ya que implican una tendencia a la persistencia obsesiva. En el caso del perfeccionismo la obsesión se produce por alcanzar los resultados “mejores” mientras que en el neuroticismo suele versar sobre las preocupaciones.

Sin embargo, en ambos casos la incapacidad para desconectarse de tareas o pensamientos estresantes puede provocar cambios incluso a nivel inmunológico, como han indicado varios estudios. 

Optimismo, extroversión, autoeficacia y apertura a las nuevas experiencias: Las claves para vivir más


Una investigación realizada en el prestigioso Instituto Karolinska confirmó los resultados anteriores. En esta ocasión, los investigadores reclutaron una muestra mayor compuesta por 2.298 adultos de más de 60 años, sin síntomas de ningún tipo de trastorno psicológico o neurológico. Les dieron seguimiento a lo largo de 11 años.

Al cabo de ese tiempo comprobaron que las personas más extrovertidas tenían un índice de mortalidad un 65% más bajo. La apertura a las nuevas experiencias también fue un factor positivo que reducía en un 26% el riesgo de morir.

Sin embargo, lo más interesante es que estos investigadores analizaron otros factores más allá de la personalidad, como el índice de masa corporal, el número de enfermedades crónicas que padecían los participantes, el nivel de actividad física que realizaban y sus hábitos de vida. Sin embargo, concluyeron que el estado de salud inicial solo era determinante en el 5% de los casos de fallecimientos.

De hecho, otro estudio muy interesante realizado en la Universidad de Kentucky en el que se les dio seguimiento a 180 monjas que vivían en idénticas condiciones, desde que tenían 22 años hasta los 75 o 95 años, llegó a la conclusión de que rasgos de personalidad como el optimismo y los recursos de afrontamiento que poseemos son un mejor predictor de la longevidad que el estatus socioeconómico y las condiciones de vida. 

Retomando el estudio realizado por los investigadores suecos, estos apuntaron que las personas extrovertidas no solo se caracterizaban por un elevado nivel de optimismo sino también por una gran autoeficacia. La autoeficacia es la confianza en nuestras capacidades, en que podemos organizarnos y llevar adelante diferentes acciones que nos permitan influir positivamente sobre el entorno y alcanzar los resultados que deseamos. 

Este conjunto de características de personalidad, según estos investigadores, es lo que impulsa a las personas a desarrollar hábitos de vida más saludables y adoptar estrategias de afrontamiento más positivas que, a la larga, les permiten vivir más.


Fuentes:
Rizzuto, D. et. Al. (2017) Personality and Survival in Older Age: the Role of Lifestyle Behaviors and Health Status. The American Journal of Geriatric Psychiatry.
Fry, P. S. et. Al. (2009) Perfectionism and the Five-factor Personality Traits as Predictors of Mortality in Older Adults. J Health Psychol; 14(4):513-24. 
Segerstrom, S.C. et. Al. (2003) Optimism effects on cellular immunity: testing the affective and persistence models. Personality and Individual Differences; 35(7): 1615–1624.
Danner, D. D. et. Al. (2001) Positive Emotions in Early Life and Longevity: Findings from the Nun Study. J Pers Soc Psychol; 80(5): 804-813.
Leer Más