7/28/2015

Energía Emocional Negativa: 10 claves para crear un escudo protector


La energía emocional negativa se encuentra prácticamente por doquier. La encuentras cada vez que hallas a alguien que se queja continuamente de la vida, cuando una persona intenta manipularte para que antepongas sus necesidades a las tuyas o cuando alguien descarga sobre ti su ira, frustración o resentimiento. 

La energía emocional negativa es toda aquella que nos quita la alegría, que nos roba la fuerza y el empuje y que termina desmotivándonos o haciendo que nos sintamos mal, ya sea porque nos deprimimos, nos ponemos ansiosos o nos enojamos.

Desgraciadamente, todos los días estamos expuestos a esa energía emocional negativa. Esta nos llega a través de las reacciones emocionales de las personas que nos rodean o incluso mediante los mensajes que transmiten los medios de comunicación.

De hecho, en una sociedad como la nuestra, es difícil mantenerse alejados de ese tipo de energía. El principal problema es que si no somos conscientes de ella y la absorbemos, terminará produciéndose un efecto acumulativo, que resulta muy dañino para nuestro equilibrio emocional y físico.

Por eso, es fundamental aprender a lidiar con la energía emocional negativa, de forma que no nos dañe o que su influencia sea lo más mínima posible. 

¿Cómo desarrollar tu escudo emocional?


Nadie es una isla completa en sí mismo, por lo que es prácticamente imposible no dejarse influenciar por la energía emocional negativa. Aún así, hay personas que logran lidiar con esa negatividad y mantener una actitud positiva, es como si usaran una especie de escudo emocional. 

¿Qué hacen estas personas de forma diferente?

1. Crean felicidad dentro de sí. Estas personas no son hojas movidas por el viento, no basan su felicidad en las circunstancias externas sino que comprenden que es un estado interior. De esta forma, no dejan que los demás arruinen su estado de ánimo, buscan la alegría y la paz dentro de sí. 

2. Tienen un pensamiento positivo. No se trata de ser optimistas ingenuos, sino de saber encontrar lo positivo en la adversidad, aprender a usar los prismas adecuados, en vez de mirar siempre a través de un prisma gris. Las personas que piensan de manera más positiva pueden darle la vuelta a las situaciones, impidiendo que estas las desestabilicen emocionalmente.

3. Evitan la impulsividad. Las personas “inmunes” a la energía emocional negativa no reprimen sus emociones ni las esconden, pero son capaces de dominar su impulsividad, permitiendo que predomine la reflexión. De esta forma, no caen en la tela de araña que suelen crear los manipuladores o las personas agresivas. Estas personas evalúan concienzudamente su próximo paso, priorizando su estabilidad emocional sobre todas las cosas.

4. Aceptan el fracaso. La energía emocional negativa no solo proviene de los demás, sino también de nuestro diálogo interior. Por eso, es fundamental no alimentar la frustración y aceptar el fracaso o los errores como parte de la vida, como pasos necesarios hacia el crecimiento. Se trata de aceptar los reveses sin derrumbarse, recomponerse y seguir adelante, sin perder el empuje, pensando que cada vez que caigas, estarás más cerca de tu meta.

5. No buscan la aprobación. Cuando tu vida gira en torno a la aprobación de los demás, cedes el control de tus emociones y permites que las opiniones de quienes te rodean sean las que dicten tu estado de ánimo. Por supuesto, no podemos desligarnos completamente de las opiniones de los demás, pero debemos impedir que nuestra autoestima y humor dependan de las buenas o malas críticas. Las personas “inmunes” a la energía emocional negativa son aquellas que no buscan la aprobación de los demás pues son conscientes de que una opinión siempre es una visión parcializada, que no les representa en su integridad.

6. Piensan que siempre hay una solución. Es cierto que en ocasiones la vida se tuerce y resulta difícil vislumbrar una salida, pero estas personas son conscientes de que, aunque no logren vislumbrar la solución, esta existe y, tarde o temprano, lograrán encontrarla. De esta forma pueden mantenerse positivas incluso en la adversidad, y logran mantener la mente abierta ante las nuevas oportunidades, dispuestos a aprovecharlas cuando se presenten.

7. Asumen su responsabilidad. Las personas que no se dejan contagiar con la energía emocional negativa son aquellas que no se culpan, sino que asumen su cuota de responsabilidad. De esta forma, tanto si tienen éxito como si fracasan, son conscientes de que sus decisiones, actitudes y comportamientos son los que las han llevado hasta ese punto. Al asumir esta perspectiva, estas personas tienen un mayor control sobre sus vidas y una mayor sensación de satisfacción que mantiene a raya la negatividad.

8. Creen en sí mismos. El mundo se encargará de darte mil razones por las cuales detenerte, tendrás que encontrar mil y una para avanzar. Para combatir la energía emocional negativa, tanto la que proviene de los demás como de tus propias inseguridades y miedos, no hay nada mejor que fomentar la confianza en uno mismo, para lo cual es necesario buscar continuamente razones para creer en tus potencialidades y fuerzas.

9. Se relajan. La relajación es fundamental porque nos permite aliviar las tensiones y evitar que estas se acumulen hasta el punto que lleguen a dañarnos. De hecho, recientemente se ha demostrado que la antigua idea de consultar los problemas con la almohada es muy eficaz porque mientras dormimos, nuestro cerebro se encarga de restarle impacto emocional a los problemas, de manera que al despertar, podemos verlos desde una óptica más objetiva y racional. Por eso, para crear un escudo contra la energía emocional negativa es fundamental dedicarle un tiempo al descanso y la relajación, que actúan como la corriente de un río, arrastrando a su paso la negatividad.

10. Crean un entorno positivo. Por muy resistente y emocionalmente estables que seamos, si nos rodeamos de personas negativas, es difícil que no terminen contagiándonos. Por eso, es importante limpiar nuestro entorno y asegurarnos de que pasamos la mayor cantidad de tiempo posible con personas positivas, que nos aportan algo, no con personas que se lamentan continuamente, que son pesimistas y que explotan ante cualquier cosa. Piensa en tus relaciones interpersonales como en un jardín y cultiva solo aquellas que realmente te hacen sentir bien.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/21/2015

5 buenas razones para alejarse de un narcisista


Todos conocemos a alguien que cree que es el centro del universo. Normalmente se trata de una persona arrogante que está convencida de que el mundo gira a su alrededor, y no duda en manipular a los demás para que así sea.

La persona narcisista exagera sus logros con el objetivo de obtener elogios inmerecidos. Y no duda en anular los logros de los demás, porque le molesta estar a la sombra. Esta persona no suele ser muy empática, normalmente solo le interesa satisfacer sus necesidades y ven a los demás como un mero reservorio del cual debe extraer admiración.

El problema de lidiar con una persona narcisista es que esta cree que tiene derecho a todo, incluso a tu tiempo, tus emociones y tu autoestima.

Como resultado, muy pronto nos vemos envueltos en un círculo de negatividad y ansiedad, nos sumimos en una espiral donde se mezclan sensaciones como la impotencia, la frustración y la ira. De hecho, tener que lidiar con una persona narcisista día tras día puede ser extremadamente agotador porque tendremos que poner nuestras necesidades en un segundo plano para satisfacer las suyas, y la desilusión y el agotamiento no tardarán en sentar casa.

En cierto punto, es probable que te mires y te preguntes: ¿cuándo me he convertido en esta persona tan triste y amargada? ¿Por qué ya no hago las cosas que antes me apasionaban? ¿Por qué me siento culpable cuando soy mínimamente feliz?

Y es que lidiar con un narcisista te arrebata la energía.

1. Un narcisista no apreciará todo lo que haces por satisfacerle

Cuando debemos lidiar con una persona muy egoísta, a menudo es más fácil dejar que se salga con la suya que intentar que se ajuste mínimamente a las normas sociales. Por ejemplo, si os habéis dado cita a una hora, esta persona puede llegar dos horas más tarde sin dar siquiera una disculpa. Sin embargo, si hubiese ocurrido al revés, tendrías que disculparte hasta el fin de los tiempos, y aún así no bastaría para obtener su perdón.

Sin embargo, como debes lidiar con esta persona y discutir es inútil, simplemente intentas acomodarte a su forma de ser. Como resultado, siempre se sale a los lugares que esa persona elige, ven los programas que a esa persona le interesa y así sucesivamente. 

El problema es que el narcisista no apreciará ese esfuerzo porque considera que es tu obligación rendirle pleitesía. Así, la vida de la persona que vive con un narcisista puede ser altamente frustrante porque da todo sin recibir nada a cambio.

2. Nunca recordará lo que haces bien, solo se centra en lo que has hecho mal

La persona narcisista y el perfeccionista tienen mucho en común porque para ambos, nada de lo que hagas será suficiente. Como sus expectativas no son realistas y sus normas son imposibles de satisfacer, no importa cuánto te esfuerces, nunca estarás a la altura.

Esta persona solo se centra en los defectos y errores, pero nunca reconoce las virtudes y las cosas bien hechas. Como resultado, mantener una relación así puede ser muy desmotivador, hasta el punto de llegar a afectar la autoestima de la persona que es continuamente pisoteada y a la que siempre se le pide más.

Un narcisista es intolerante por naturaleza, pero lo curioso es que se fija solo en las imperfecciones de los demás, sin tener en cuenta las suyas. Con esta estrategia, logra manipular a las personas que se encuentran a su alrededor, haciéndoles sentir que son inferiores.

3. Un narcisista siempre pedirá más

La persona narcisista es muy controladora. Como su ego depende de las personas que lo alimentan, se aseguran de que los demás puedan satisfacer sus demandas, que serán cada vez mayores. De hecho, la relación con una persona narcisista es muy parecida a una adicción porque los niveles de entrega y sacrificio que demanda crecen desproporcionadamente.

De esta forma, es fácil encontrarse atrapado en una tela de araña de la cual resulta difícil salir. El narcisista primero comenzará a pedir pequeños favores, hasta que llegue el punto en el cual puede llegar a consumir todo el tiempo que tienes a tu disposición, haciendo que renuncies a cosas que son importantes para ti, solo para satisfacer pequeños caprichos.

Si no lo haces, te hará sentir culpable, manipulará tu capacidad de empatía para que hagas lo que desea, incluso recordándote aquel pequeño favor que una vez te hizo. Sin embargo, lo curioso es que cuando le pidas algo, nunca estará disponible e incluso te hará sentir mal solo por haberte atrevido a pensar que podías ocupar una parte de su tiempo.

4. Te hará perder el sentido del “yo”

Si llevas mucho tiempo bajo el yugo de un narcisista, es probable que en cierto punto descubras que antes de tomar una decisión, te preguntes qué pensará esa persona. En práctica, dejas de elegir por ti mismo, siguiendo tus gustos y necesidades, porque asumes que los criterios del narcisista y sus necesidades son más importantes que los tuyos.

Entonces se debe encender una señal de alarma en tu interior porque estás a punto de perder el sentido de ti mismo. De hecho, una de las tácticas de manipulación de la persona narcisista consiste precisamente en hacer que el otro pierda su autoestima, en hacerle desconfiar de su criterio para que asuma el suyo y le satisfaga siempre.

Poco a poco, el narcisista logra que las personas que tiene a su lado comiencen a verle como una prioridad. Dejas de pensar en ti, para pensar en lo que le agradaría al otro y tomas las decisiones solo para agradarle o para evitar una discusión. 

5. Te hará sentir culpable por ser feliz

La persona narcisista no espera que seas feliz, al contrario, la máxima prioridad es su felicidad. Por eso, te manipulará para que antepongas sus necesidades y generará un sentido de culpa si te sientes feliz. De hecho, después de pasar mucho tiempo junto a un narcisista, incluso puedes llegar a pensar que no tienes derecho a ser feliz, por lo que te sientes extremadamente culpable cuando, por alguna razón, te sientes alegre. 

El problema es que, contrariamente a la percepción común, las persona narcisistas no son felices, porque no se sienten bien consigo mismas. El hecho de que siempre busque el elogio y la atención desvela que tiene una autoestima artificialmente elevada y que necesita la aprobación de los demás para sentirse bien.

Como resultado, un narcisista te necesita más, de lo que tú le necesitas. Y por ello castiga a quienes están a su alrededor, proyectan sobre los otros sus insatisfacciones y no quieren que sean felices, si ellos no pueden serlo.

¿Tiene solución?

El narcisismo no es una característica inmutable. Sin embargo, no esperes que un día el narcisista se despierte y finalmente se comporte de manera considerada. No te llamará para darte las gracias por todo lo que has hecho y no va a mover montañas por ayudarte y probablemente nunca se pasará toda la noche escuchando tus problemas.

Por eso, la única estrategia para lidiar con un narcisista es establecer límites sanos en la relación y saber priorizar tus necesidades. También puedes aconsejarle que visite un psicólogo, después de todo, su vida no es tan fenomenal como la pinta.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/20/2015

Acalla tu crítico interior: Fomenta lo que amas, en vez de criticar lo que te disgusta


Todos tenemos un crítico interior que a menudo es implacable, tanto con nosotros mismos como con los demás. Ese crítico interior nace cuando aún somos pequeños, apenas nos convertimos en objeto de las críticas, más o menos bien intencionadas, de los adultos que nos rodean.

Cada vez que nuestros padres nos recriminan por algo que hicimos o dejamos de hacer, cada vez que un maestro se queja de nuestros resultados escolares, ese crítico interior crece. Así, no es extraño que cuando finalmente nos convertimos en adultos, en vez de liberarnos de una vez y por todas de esa tendencia crítica, la reforcemos aún más. 

¿Por qué caemos en una trampa que nos tendemos nosotros mismos? 

La respuesta es muy sencilla: porque tenemos la tendencia a reproducir los patrones que hemos visto en nuestra infancia, porque es mucho más fácil perpetuar lo que conocemos que negarlo y atreverse a hacer algo diferente.

De hecho, es probable que no puedas pasar ni siquiera una hora en compañía de alguien, sin haber realizado alguna crítica o sin haberte lamentado por algo. Lo curioso es que a medida que ese crítico interior crece, arrasa con todo rastro de positividad.

Así terminamos encerrados en un círculo vicioso, de forma que, mientras más critiquemos, menos aspectos positivos encontraremos, mientras más nos centremos en lo que nos disgusta, menos podremos apreciar lo que realmente nos gusta. Es un mecanismo macabro del cual no somos conscientes.

Los peligros de darle carta blanca al crítico interior


No establecer límites para el crítico interior implica dejar que crezca libremente, hasta el punto que puede escapársenos de las manos y hacernos mucho daño. De hecho, poner el foco de atención en el lugar erróneo puede acarrear varios riesgos, sobre todo para nuestro equilibrio emocional.

En este sentido, un estudio realizado en la Universidad de Stanford ha demostrado que pasar tan solo media hora al día quejándose o escuchando a alguien que lo hace, puede producir cambios en el funcionamiento cerebral. Según esta investigación, las quejas continuas afectan las neuronas del hipocampo, una zona que está relacionada con la consolidación de la memoria y el aprendizaje. Al parecer, el simple hecho de quejarse y criticar, sin la intención de buscar una solución, hace que esta zona se vaya atrofiando.

De la misma forma, otro estudio realizado en la Universidad de Missouri analizó a más de 800 adolescentes y jóvenes durante un periodo de seis meses. Descubrieron que quienes solían quejarse y criticar con frecuencia, tenían un mayor riesgo de sufrir depresión o ansiedad.

Y es que darle carta blanca al crítico interior puede tener enormes repercusiones:

- Hiperbolización del prisma negativo. Cuando nos centramos más en criticar lo que nos disgusta que en apreciar las cosas que nos agradan, corremos el riesgo de desarrollar una visión del mundo pesimista. De hecho, mientras más usamos el prisma de la crítica, más se atrofia el prisma que nos permite apreciar las cosas bellas y positivas. De esta forma, corremos el riesgo de terminar desarrollando una visión desesperanzadora que nos sume en la depresión.

- Desarrollo de un “yo” hipertrofiado. A medida que el crítico interior crece, va ocupando el espacio de esos otros aspectos de nuestra personalidad que nos permiten sonreirle a la vida, hasta que llega a ocultarlos por completo. De esta manera, terminamos desarrollando un “yo” hipertrofiado, nos convertimos en una persona que solo sabe señalar los errores y quejarse, nos convertimos en una sombra de lo que podríamos ser porque solo hemos alimentado a una parte de nuestro "yo".

- Pérdida de la capacidad de disfrute. Absolutamente todas las situaciones que enfrentamos a diario tienen un aspecto positivo y otro negativo, centrarse en la faceta más negativa a menudo nos impide apreciar las oportunidades y las facetas positivas, por lo que poco a poco vamos perdiendo la capacidad de disfrutar de las cosas. De esta forma no solo terminamos perdiendo el interés por los demás sino incluso nuestra capacidad para saborear la vida. En ese momento, comenzaremos a morir.

Tres estrategias para aprovechar el potencial del crítico interior


Por supuesto, el crítico interior no es un monstruo. De hecho, es necesario porque nos ayuda a notar lo que está mal y, de cierta forma, nos incita a superarnos. Cuando no nos sentimos satisfechos con una situación, nos motivamos a cambiarla. El problema comienza cuando el crítico interior se dedica solo a quejarse.

Por eso, la próxima vez que te quejes o critiques algo, asegúrate de seguir estos tres pasos:

1. No critiques por criticar, descubre tus razones. ¿Sabías que el 95% de los consumidores jamás se quejaría de un producto ante la compañía que lo fabricó pero la mitad de ellos se queja de la calidad de este con sus amigos? El problema no es la crítica en sí, sino la queja sin sentido. Por eso, cuando descubras que estás quejándote, pregúntate cuál es la motivación que se encuentra en la base. ¿Qué quieres alcanzar? ¿Cuál es tu objetivo con esa crítica?

2. Pregúntate qué quieres cambiar. Antes de quejarte, por el simple placer de hacerlo, pregúntate qué deseas cambiar realmente. Una estrategia consiste en ser más preciso. Si te tomas tu tiempo para expresar lo que sientes realmente y lo que te molesta, te quejarás menos y te resultará más fácil detectar el verdadero problema.

3. Abandona la actitud pasiva y adopta un papel proactivo. En vez de limitarte a nombrar todo aquello que te molesta, en un rosario interminable de críticas, abandona esa actitud pasiva propia de quien se lamenta y aprende a asumir un papel proactivo. En este punto, es posible que te des cuenta de que hay cosas que no puedes cambiar, acéptalas. También te darás cuenta de que existen cosas sobre las que sí puedes incidir, haz algo por cambiarlas, aunque sea un gesto pequeño.

Un día sin el crítico interior: ¿Podrías superar el reto?


Sin darnos cuenta, en muchas ocasiones dirigimos nuestro foco de atención hacia las cosas que nos desagradan o lo que nos gustaría cambiar. De esta forma, nuestro campo de atención se convierte, literalmente, en un detector de cosas negativas.

Obviamente, las cosas positivas existen, lo que pasa es que nos resulta más difícil detectarlas ya que no nos agobian ni nos molestan tanto. Sin embargo, te propongo un sencillo reto: pasar todo un día sin el crítico interior. Acállalo cada vez que intente criticar algo, cada vez que se active para encontrar algo negativo en tu rango de acción.

En su lugar, busca algo positivo, algo que te haga sentir bien. Puede ser un detalle sencillo, como una pequeña flor que acaba de salir, una cualidad que ames de tu pareja o algo que hayas logrado ese día en tu trabajo.

Se trata de destapar todas esas cosas bellas por las que sentirnos agradecidos y que normalmente tapamos con las críticas y la negatividad. Durante un día, enfócate solo en lo que te agrada, te conmueve y te apasiona.

Puede que al principio te resulte difícil ya que has pasado muchos años dejando que tu crítico interior lleve las riendas. Sin embargo, si al final de la jornada te has sentido bien, quizás sea el momento de comenzar a desarrollar otras facetas de tu personalidad, que te pueden hacer mucho más feliz, y atar más corto esa voz que encuentra defectos en todo.


Fuentes:
Winch, G. (2011) The Squeaky Wheel: Complaining the Right Way to Get Results, Improve Your Relationships, and Enhance Self-Esteem. Nueva York: Walker Publishing Company.
Rose, A. J. et. Al. (2007) Prospective associations of co-rumination with friendship and emotional adjustment: considering the socioemotional trade-offs of co-rumination. Developmental Psychology; 43(4):1019-1031.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/18/2015

Cerrar los círculos de la vida


Es fundamental saber cuándo termina una etapa de la vida porque si permanecemos demasiado tiempo en ella, perdemos la alegría y corremos el riesgo de que todas las cosas bonitas que hemos vivido, se tiñan de gris. Tal es el caso, por ejemplo, de las relaciones de pareja. Cuando una relación está herida de muerte, prolongar su final a menudo solo sirve para sacar lo más negativo de cada persona, haciendo que nos quedemos con un mal sabor en la boca.

Por eso, es importante aprender a cerrar círculos, o capítulos de nuestra vida, que es lo mismo. Se trata de dejar ir a personas o experiencias que en su momento tuvieron sentido pero que ya no lo tienen. Se trata de poner un punto final para poder pasar página y abrirse a las vivencias nuevas. Por supuesto, no es fácil.

El vértigo emocional del pasado


El pasado forma parte de nosotros, ha contribuido a que seamos lo que somos. No podemos simplemente enterrarlo porque, antes o después, resurgirá. Por eso, es fundamental aprender a hacer las paces con esa historia. Solo cuando asumimos y aceptamos esas experiencias, nos liberamos de su peso para continuar nuestro camino.

En este sentido, un experimento realizado en la Universidad de Harvard nos desvela el enorme poder que tienen las experiencias que no asumimos sobre nuestro bienestar. Estos psicólogos trabajaron con personas que habían sufrido un trauma y vieron cómo se graban las huellas dolorosas en nuestro cerebro.

A cada una de estas personas, le leyeron una descripción de su experiencia traumática. Mientras tanto, escaneaban su cerebro. Así se pudo apreciar que quienes sufrían estrés postraumático, reaccionaban de manera diferente. En práctica, se activaban zonas como la amígdala, relacionada con las respuestas emocionales de miedo, y la corteza visual. Sin embargo, el área de Broca, relacionada con el lenguaje, no mostraba una gran actividad.

Este y otros estudios similares nos desvelan que cuando no aceptamos un hecho doloroso, este se mantiene activo en nuestro cerebro y cada vez que lo recordamos, lo revivimos como si fuera una situación real. El problema radica en que no hemos cerrado ese capítulo, no le hemos encontrado un sentido a la experiencia y, por ende, no hemos podido convertirla en una experiencia narrativa más de nuestras vidas. 

Hasta que no logremos cerrar ese círculo, esa experiencia continuará provocando dolor y sufrimiento. De hecho, nos puede sumir en una especie de vértigo emocional que nos impide mirar con claridad al futuro y cicatrizar las heridas.

Aprender a desprendernos de lo que nos daña


Existen miles de razones por las cuales nos aferramos al pasado pero en su base siempre se encuentra el miedo a lo desconocido y nuestra tendencia a mantenernos en la zona de confort. Aunque suene contradictorio, nos asusta más dar el próximo paso, que seguir sufriendo en el punto en el que estamos.

Sin embargo, no podemos vivir el presente con un pie en el pasado. Lo que sucedió, sucedió, hay que desprenderse de su influjo porque de lo contrario, no podremos crecer como personas. 

De hecho, crecer no implica solamente apropiarse de nuevas habilidades, conocimientos y conocer nuevas personas sino que significa, fundamentalmente, desprenderse. Para ganar algunas cosas, debemos desprendernos de otras. Y eso significa que debemos tener el coraje para cerrar ciclos de nuestra vida y dejar atrás personas o experiencias que aunque en su momento nos brindaron mucha felicidad, pero que ahora no son más que un lastre para nuestro crecimiento.

¿Qué debemos dejar ir?

- Todo lo que nos daña y genera un sufrimiento innecesario.

- Todo lo que nos arrebata la felicidad y hace que muramos un poco cada día, apagándonos lentamente.

- Todo lo que nos mantiene atados al pasado a base de falsas esperanzas.

- Todo lo que no tiene sentido en nuestra vida y no encaja en nuestra nueva visión del mundo.

- Todas las personas que nos han abandonado y que no desean que formemos parte de su vida.

- Todos esos lugares en los que ya no nos sentimos a gusto y a los que solo acudimos por deber o por hábito.

- Todas esas costumbres, creencias y actitudes que son un obstáculo para la nueva etapa de la vida que vamos a afrontar.

Cerrar círculos de la vida no es un final, es más bien el principio de algo nuevo. 

Cerrar círculos duele, pero es necesario


Por supuesto, cerrar determinados capítulos de nuestra vida no es tan fácil. A menudo requiere tiempo y nos vemos obligados a pasar por una etapa de duelo en la que podemos experimentar muchas emociones, desde la rabia y el resentimiento hasta la tristeza y la nostalgia. Todas esas sensaciones son completamente normales y forman parte del proceso de desprendimiento. Lo importante es no quedarse estancados en ninguna, experimentarlas en su debido momento y después dejarlas ir, hasta que hayamos hecho las paces con nuestro pasado y en su lugar solo quede la serenidad.

En este sentido, el mito de la renovación del águila nos permite comprender mejor la necesidad de ir cerrando capítulos de nuestra vida:

“El águila es un ave longeva pero cuando llega a la mitad de su vida, debe tomar una decisión difícil.

En ese momento, sus uñas son demasiado curvas y flexibles, por lo que no le permiten capturar a sus presas. Su pico también se curva excesivamente y sus plumas se hacen muy gruesas, dificultando el vuelo.

Entonces el águila tiene solo dos alternativas: morir o afrontar un proceso de renovación particularmente doloroso.

Tendrá que volar hasta una montaña, hacer un nido y romper su pico contra la roca. Esperará hasta que crezca uno nuevo, con el cual se arrancará las uñas y las plumas. 

Se trata de un largo, doloroso y solitario proceso de renovación pero el águila que consiga llegar hasta el final, estará lista para remontar el vuelo y vivir muchos otros años”. 

Por supuesto, se trata tan solo de una metáfora pero, al igual que el águila, hay momentos en la vida en que debemos deshacernos de ciertas cosas para poder continuar adelante. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de morir aplastados bajo el peso de ese sufrimiento.


Fuente: 
Rauch, S. L. et. Al. (1996) A symptom provocation study of posttraumatic stress disorder using positron emission tomography and script-driven imagery. Archives of General Psychiatry; 53(5): 380-387.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/17/2015

Sanación emocional: ¿Cómo perdonarse después de un gran error?


No importa cuántos errores hayas cometido o cuán despacio estés progresando, aún así, estás por delante de aquellos que no lo intentan”. Esta frase de Tony Robbins enaltece la proactividad, no quedarse de brazos cruzados y atreverse a correr riesgos. 

Sin embargo, aún así, la perspectiva de cometer ciertos errores nos puede asustar mucho. A veces el miedo es tan grande que nos paraliza y decidimos no avanzar. En otros casos, nos arriesgamos pero fallamos. Entonces no logramos asumir el error sino que lo cargamos en el fardo de nuestras culpas, que se hace cada vez más pesado y nos impide seguir adelante.

Perdonarse: Más allá del simbolismo existe una razón práctica 


Un estudio muy interesante realizado en la Universidad de Carleton desveló que aprender a perdonarnos no es un acto meramente simbólico sino que tiene implicaciones prácticas para nuestra vida. Estos psicólogos les dieron seguimiento a 119 estudiantes universitarios a lo largo del primer año de sus carreras. Todos tenían algo en común: habían procrastinado demasiado durante el primer semestre, habían estudiado muy poco y, como resultado, obtuvieron pésimas calificaciones en los exámenes de esa etapa. 

Sin embargo, perdonarse ese error fue crucial para cambiar su forma de afrontar los exámenes del segundo semestre. Los psicólogos notaron que quienes seguían atascados en la culpa, obtuvieron peores calificaciones. Sin embargo, quienes lograron perdonarse y seguir adelante, adoptaron una actitud más proactiva, procrastinaron menos y, al final, mejoraron su rendimiento académico. 

Estos psicólogos están convencidos de que el perdón nos permite movernos más allá del comportamiento inadaptado y centrarnos en el futuro, sin que la carga de los actos pasados pueda obstaculizar el presente. 

También se debe tener en cuenta que el sentimiento de culpa genera la tendencia a evitar ciertas conductas, tareas y personas. En práctica, como esa culpa se encuentra activa, tendremos la tendencia a evitar situaciones similares en el futuro que puedan generar aún más culpa, ya que las asociaremos con algo negativo. Al contrario, cuando logramos perdonarnos, esas situaciones dejan de ser un problema y no tenemos razones para evitarlas sino que nos animamos a enfrentarlas.

Las 5 fases imprescindibles para perdonarse


1. Darse cuenta del error. La primera fase para perdonarse a sí mismo consiste en comprender la verdadera magnitud de lo que hemos hecho. No tiene sentido negar el error porque no desaparecerá. Tampoco tiene sentido inventar excusas para nuestro comportamiento porque esto solo nos mantendrá en un estado de negación permanente. Simplemente debemos asumir que hemos cometido un error. 

Ese momento puede ser doloroso porque es probable que, por primera vez, seas plenamente consciente del daño que has causado. Sin embargo, es importante que no le temas al sufrimiento. No niegues el dolor, siéntelo y asúmelo como una etapa necesaria en el camino hacia la sanación emocional.

2. Comprender nuestro papel. Una vez que somos conscientes del error, ha llegado el momento de evaluar las consecuencias del mismo, tanto para nosotros como para las personas que están involucradas. Sin embargo, no se trata de comenzar una cacería de brujas en la búsqueda de culpables sino tan solo de asumir nuestra cuota de responsabilidad en lo ocurrido.

Es una fase complicada porque lo usual es que tendamos a sobredimensionar nuestro papel. Embargados por la culpa, nos resulta difícil darnos cuenta de que aunque el error puede haber sido nuestro, probablemente han confluido diferentes circunstancias que nos han empujado en esa dirección. Por supuesto, el objetivo tampoco es buscar excusas, sino tan solo comprender por qué tomamos esa decisión. Es probable que nos percatemos de que hemos actuado de la mejor manera posible teniendo en cuenta las circunstancias, nuestro nivel de madurez y la información que conocíamos en ese momento.

3. Aprender la lección. Dan Sullivan afirmaba que todas las experiencias están compuestas por dos partes: la parte que funciona y la que no lo hace. Una vez que identificamos ambos aspectos, somos capaces de encontrar nuevas maneras para maximizar la parte que funcionó y eliminar lo que no funciona.

Esto significa que, incluso de los errores, podemos aprender algo. Cada experiencia encierra una lección de vida. Si solo nos limitamos a experimentar dolor y culpa, la experiencia habrá sido en vano. Al contrario, si somos capaces de encontrar la enseñanza, saldremos fortalecidos, seremos más resilientes y estaremos mejor preparados para afrontar el futuro. Por tanto, pregúntate qué puedes aprender de tu error de cara al futuro.

4. Tomarlo con sentido del humor. Cuando estamos inmersos en una situación complicada, o cuando nuestro error nos parece demasiado grande, es difícil encontrar el bis cómico. Sin embargo, aprender a reírnos de nosotros mismos es esencial para afrontar los problemas. De hecho, Shakespeare decía que “reírse de nuestros propios errores puede alargar nuestra vida”.

No se trata de minimizar el daño o el error a través de la risa, sino de ser capaces de verlo bajo otra perspectiva, de asumir la distancia emocional necesaria como para ser capaces de reírnos de nuestras preocupaciones, actitudes o comportamientos. De hecho, si miras atrás y recuerdas cuánto te asustaba un profesor o cuanto te preocupaba el primer beso, es probable que se dibuje una sonrisa en tu rostro porque ahora te resulta hilarante lo que en el pasado te preocupaba. De la misma forma, lo que hoy te preocupa, mañana será agua pasada. 

5. Pasar página y seguir adelante. Una vez que hemos aceptado el error y hemos aprendido la lección, no nos queda sino pasar página. No tiene sentido continuar atascados en ese mismo capítulo de nuestra vida. De hecho, de esta forma solo nos estaremos negando la oportunidad de seguir viviendo.

Es importante que seamos capaces de perdonarnos ese error y darnos permiso para seguir adelante. No somos nuestros errores, nuestros errores no nos definen como personas. Somos mucho más que eso. Lo que verdaderamente muestra nuestra valía es la manera en que enfrentamos esos errores.

En todo caso, recuerda siempre la frase del escritor alemán Gotthold Ephraim Lessing: “No hay nada peor que equivocarse por temor a errar”.


Fuente: 
Wohl, M. et. Al. (2010) I forgive myself, now I can study: How self-forgiveness for procrastinating can reduce future procrastination. Personality and Individual Differences; 48(7): 803–808.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/15/2015

Mi pareja me ha pedido tiempo: ¿Qué hago?


En los cuentos de hadas, y también en las películas románticas hollywoodenses, las personas se conocen, enfrentan mil obstáculos para estar juntas pero al final vence el amor. Así, viven felices por siempre y comen perdices.

En la vida real la situación es radicalmente diferente: la mayoría de las parejas no tienen que enfrentar grandes obstáculos para iniciar una relación, los obstáculos llegan después, con los roces y la convivencia cotidiana. 

Por eso, en algunas ocasiones llega el temido momento: “No eres tú, soy yo. Necesito tiempo para pensar”.

¿Es conveniente confiar en el otro y darle ese tiempo? ¿Es mejor terminar la relación o vale la pena esperar? Estas y otras preguntas rondan la mente de la persona a la que le han pedido un tiempo, pero hay una duda aún más grande que le atormenta: ¿Por qué me ha pedido ese tiempo?

¿Por qué tu pareja te pide tiempo para pensar?


Cada pareja es un mundo, son dos personas diferentes que han tenido experiencias de vida diversas y que ahora atesoran una historia en común. Por tanto, es difícil hacer conclusiones que puedan aplicarse a todos los casos. Sin embargo, como regla general, detrás de ese tiempo, se esconden algunas causas comunes:

- Tu pareja se siente agobiada. Cada persona es diferente, algunas necesitan muestras de amor a todas horas pero a otras esos detalles las saturan. Es normal que al inicio de una relación, cuando ambas personas aún no conocen bien los gustos del otro, puedan terminar agobiando a su pareja con atenciones que el otro considera innecesarias o que restringen excesivamente su libertad. En ese caso, la persona pide tiempo porque necesita tener un poco de aire para respirar. 

- Tu pareja necesita dar un paso atrás. Hay ocasiones en que la relación ha ido demasiado deprisa. Es probable que os hayáis dejado llevar por la euforia del enamoramiento y hayáis dado pasos demasiado grandes sin conoceros bien o sin estar preparados para asumir ese grado de responsabilidad. En ese caso, es probable que tu pareja quiera repensar esas decisiones. No se trata de falta de amor, sino simplemente de dar un paso atrás y tomarse las cosas con un poco más de calma, lo cual puede ser una decisión cauta

- Tu pareja no sabe lo que quiere. En este caso, la persona tiene serias dudas sobre vuestra relación. No sabe si desea continuar, si aún te ama o si es ese el tipo de relación en la que le apetece estar. En ocasiones esa inseguridad se debe a un miedo al compromiso, otras veces es el producto de una crisis vital o simplemente del hastío, después de una relación de años en la que se ha perdido la chispa. En este punto, la persona necesita replantearse una parte importante de su vida, y cree que si estás a su lado, no logrará encontrar las respuestas que busca. 

- Tu pareja quiere romper, pero no se atreve. Para algunas personas, romper una relación es difícil. Quizás teme a tu respuesta, no quiere herirte o piensa que rompiendo poco a poco será más llevadero, de forma que prefiere romper indirectamente dejando un resquicio para la esperanza. Obviamente, se trata de la peor perspectiva porque no suele haber vuelta atrás.

¿Cómo esperar sin desesperar?


A la mayoría de las personas les resulta difícil encajar el golpe de que su pareja les pida un tiempo. Sin duda, no es algo fácil de afrontar.

1. La información es poder, no te contentes con evasivas

La incertidumbre es difícil de soportar, sobre todo cuando nuestra pareja nos pide tiempo, porque inmediatamente nos acosa el miedo a perder a la persona amada. Por eso, mientras más información tengas, mejor. Así también podrás tomar una decisión más consciente. Tienes derecho a que tu pareja te explique por qué necesita un tiempo para reflexionar. Después de todo, tu vida también se pondrá en una especie de “pausa”. 

No te contentes con respuestas generales y evasivas. Pídele que te explique sus motivos. Si tu pareja te respeta y valora como persona, encontrará justo explicarte sus razones. No obstante, es importante que no hagas segundas interpretaciones, no siempre existe una tercera persona en el medio ni se ha acabado el amor, a veces simplemente es necesario darse un descanso.

2. Vida pactada, hasta el último detalle

Si crees que la relación tendrá futuro, es conveniente que habléis sobre cómo viviréis a partir de ese momento. Algunas parejas pactan no verse más durante un tiempo y tampoco mantienen el contacto, otras simplemente necesitan un poco más de espacio y deciden seguir viéndose. En todo caso, es conveniente que te comprometas solo con aquellas normas que puedes seguir porque si decidís cortar la relación durante un tiempo y luego comienzas a acosarle, tu pareja sentirá que no has respetado su espacio y podría alejarse definitivamente de ti.

Comprométete solo con aquellas normas que puedes seguir y que tienen sentido para ti. Si tu pareja demanda cosas que te parecen irracionales o que no se corresponden con tus expectativas, es mejor que habléis hasta encontrar la mejor solución para ambos, que en algunos casos puede ser la separación definitiva.

3. Tiempo sí, pero no eterno

Para una persona que se siente confundida y que debe tomar una decisión importante en su vida, puede ser difícil determinar con precisión el tiempo que necsitará. Sin embargo, no es conveniente que la pareja se dé un tiempo eterno. Lo ideal es pactar un tiempo prudencial, de forma que la situación no se eternice. Al cabo de ese tiempo, tu pareja debe tomar su decisión. Determina cánto tiempo puedes esperar y si tu pareja no da el paso, debes tomar las riendas de la situación y decidir el futuro de la relación.

4. No al victimismo

El primer impulso de la persona a la que su pareja le pide un tiempo es asumir el papel de víctima y regodearse en el sufrimiento. Sin embargo, de esta forma te estás haciendo daño. No tienes un rol pasivo, después de todo, tú has aceptado esa pausa, aunque tenías la posibilidad de negarte o poner fin a la relación. Por eso, sé firme y no pierdas la perspectiva. Tu pareja tiene ciertas necesidades insatisfechas y por eso te está pidiendo un tiempo, pero tú también tienes tus necesidades y expectativas, que son igualmente válidas y dignas de ser tenidas en cuenta. No te están dejando, te están pidiendo un tiempo, quien decides eres tú.

5. La vida sigue

Es conveniente que no pongas tu vida, literalmente, “en pausa”. Aunque puede ser difícil y te demandará un gran esfuerzo, intenta seguir con tu vida cotidiana. Busca nuevas actividades que te motiven o comienza un proyecto nuevo. La idea es que no pienses en tu pareja durante las 24 horas del día sino que aproveches esa pausa en la relación para reencontrar tu individualidad, para retomar cosas que habías dejado y para disfrutar de la soledad.

Escrito por: Jennifer Delgado

7/14/2015

¿Qué nos pueden enseñar dos monjes zen sobre la rumiación?


Dos monjes zen, Tanzan y Ekido, iban de camino al monasterio. Sin embargo, el día antes había llovido y los senderos estaban llenos de lodo. Cuando pasaron cerca de un pequeño pueblo, encontraron a una joven que vestía un espléndido kimono dorado. 

La joven intentaba atravesar un charco de agua pero estaba paralizada, pensando que si mojaba su kimonio, podría arruinarlo y la madre la reprendería duramente. 

Sin dudar, Tanzan se acercó a la joven para ayudarla. La cargó y la llevó sobre su espalda hasta el otro lado del charco. Después, los dos monjes prosiguieron su camino.

Cuando llegaron al monasterio, Ekido, que se había mostrado inquieto durante el resto del viaje, le reprochó en tono áspero a su compañero:

- ¿Por qué has tomado a esa joven en tus brazos? ¡Sabes bien que nuestros votos nos lo prohíben!

Tanzan no se turbó, miró a su compañero de viaje y le respondió con una sonrisa:

- Yo cargué aquella joven hace algunas horas. Tú, al contrario, aún la llevas sobre tu espalda.

En la vida cotidiana, nos comportamos en muchas ocasiones como Ekido: no actuamos cuando es necesario pero después, seguimos rumiando la situación. Como le insuflamos vida al pasado, seguimos alimentando la preocupación y nos impedimos pasar página.

Fluir: El secreto para salir del “modo rumiación”


Las rumiaciones son uno de los principales agujeros negros de la mente por el cual se escapa gran parte de nuestra energía. Cuando rumiamos una idea, no tenemos espacio para nada más, y nos agotamos física y mentalmente. Además, nuestro estado de ánimo empeora porque traemos a colación eventos desagradables que generan ira, frustración y resentimiento.

La mayoría de las personas intenta detener el curso de esos pensamientos a la fuerza. Sin embargo, lo interesante es que controlar esos pensamientos a menudo no solo es una tarea inútil sino contraproducente porque mientras más intentemos alejar esas ideas, con más fuerza volverán, es lo que se conoce en la Psicología como “Efecto Rebote”. 

En práctica, cuando queremos dejar de pensar en algo, nuestro cerebro se pone a trabajar en “modo rastreo”, y esa idea o pensamiento se hace aún más fuerte. Por eso, la mejor manera para combatir las ideas indeseadas es fluir.

Fluir no solo significa aceptar sino adoptar una distancia emocional, para ver el problema como si fuéramos un observador externo. Una persona que fluye, cuando tiene un pensamiento indeseado, no reacciona negativamente sino que lo abraza y lo deja ir.

¿Cómo aprender a fluir?

1. Deja de pensar en extremos. No pienses en términos de “positivo” o “negativo”, “bueno” o “malo”. No intentes catalogar esos pensamientos indeseados como negativos o malos, simplemente anota su existencia. La rumiación te roba tanta energía precisamente porque te asusta y preocupa. 

2. Busca un lugar tranquilo en tu mente. Se trata de una técnica de visualización muy sencilla, en la que debes imaginar un lugar que te haga sentir seguro y relajado. Imagina ese sitio con sus mínimos detalles y deja que las sensaciones que te transmite te embarguen. Mientras lo haces, respira profundamente.

3. Retoma la idea. Retoma esa idea indeseada, ahora con un estado mental más tranquilo. Notarás que ya no te causa la misma ansiedad. Pregúntate de dónde ha surgido esa idea y si vale la pena que sigas pensando en ella o si se trata de una preocupación que no te conducirá a nada. Luego, déjala ir a través de la técnica “las hojas del río”.

El principal objetivo de estos pasos es restarle impacto emocional a la idea que te preocupa para que puedas pensar con mayor claridad y tomar buenas decisiones. 

Sin embargo, ten en cuenta que la mejor manera para evitar las rumiaciones es comportarse como Tanzan: haz lo que tengas que hacer, cuando lo tengas que hacer. Esto significa que si actúas cuando es necesario, dando el máximo de ti, después no tendrás que recriminarte y volver sobre tus pasos. 

Cuando estás seguro de que has hecho lo mejor que has podido, con la experiencia y los recursos que tenías a tu alcance, la rumiación no tiene cabida.
Escrito por: Jennifer Delgado

¿Cómo tomar decisiones sin arrepentirse? El secreto está en el inconsciente


Tomar buenas decisiones no es fácil, sobre todo cuando tenemos que lidiar con un alto grado de incertidumbre y no podemos vislumbrar a ciencia cierta las consecuencias de nuestras acciones. Por eso, a veces es conveniente dejar que hable nuestro sexto sentido, dejarnos llevar por esa corazonada que nos indica lo que sería mejor en la situación en la que estamos.

De hecho, Sigmund Freud solía decir: “Cuando se trata de tomar una decisión trivial, siempre he encontrado ventajoso considerar los pros y los contras. Sin embargo, en asuntos vitales, la decisión debe venir desde el inconsciente, desde algún lugar dentro”.

Lo que nos enseña la elección de un cuadro 


Imagina que tu jefe te pide que vayas a comprar un cuadro de arte moderno para la oficina. Sin embargo, cuando llegas a la galería, solo encuentras cinco cuadros, ¿cómo elegirías? 

Una posibilidad es pensar en los pros y los contras de cada pieza, teniendo en cuenta la personalidad de tu jefe, la imagen que quiere transmitir la empresa, así como la decoración ya existente en la oficina. O podrías podría confiar en tu instinto y elegir el cuadro que “te hace sentir bien”. 

Según las investigaciones más recientes, esta última es la mejor opción.

De hecho, hace algunos años psicólogos de la Universidad de Ámsterdam llevaron a cabo ese mismo experimento: le pidieron a un grupo de personas que miraran cinco cuadros y eligieran uno. Al primer grupo se le pidió que estudiaran los cuadros durante un minuto y medio, enumeraran algunas de las razones clave por las cuales les gustaba o disgustaba cada uno, analizaran cuidadosamente, y luego eligieran. 

Al segundo grupo simplemente se le pidió que miraran los cinco cuadros y eligieran uno inmediatamente.

Al tercer grupo le mostraron rápidamente los cuadros, les pidieron que resolvieran una serie de anagramas durante cinco minutos y, a continuación, volvieron a mostrarle los cuadros para que decidieran.

Después de tomar sus decisiones, a todos los participantes les pidieron que indicaran cuánto les gustaban los cuadros. A continuación, el experimentador tuvo un arranque de generosidad y les regaló su cuadro preferido. Sin embargo, antes de que cada persona abandonase el laboratorio, les pidió su número de teléfono.

Un mes más tarde, los investigadores contactaron a los participantes y les preguntaron cuán satisfechos se sentían con sus cuadros, si estarían dispuestos a venderlos y por qué cantidad. Los resultados fueron, cuando menos, sorprendentes.

Las personas que habían elegido valorando atentamente los pros y los contras se habían mostrado muy seguros de su elección en el laboratorio. Sin embargo, cuatro semanas más tarde el panorama cambió: quienes habían pasado unos minutos resolviendo anagramas antes de seleccionar los cuadros fueron los que reportaron una mayor satisfacción con su selección y los que pedían un mayor precio por el cuadro, como muestra de que no estaban dispuestos a desprenderse de la obra de arte con tanta facilidad.

El inconsciente es un aliado muy poderoso que te conoce a la perfección


En práctica, todo parece indicar que para tomar una buena decisión (entiéndase una decisión con la cual nos sentimos satisfechos con el paso del tiempo, una decisión de la que no nos arrepentimos), es importante no pensar demasiado, al menos no de manera racional, y dejar que el inconsciente vaya elaborando sus conclusiones. Es lo que se conoce como “Inteligencia Intuitiva”. 

De hecho, muchos psicólogos creen que debemos aprovechar más el poder de nuestra mente inconsciente, no solo como una fuente de creatividad sino también para tomar mejores decisiones. ¿Por qué?

En práctica, cuando debemos decidir entre distintas alternativas que difieren entre sí en pocos aspectos, nuestra mente consciente es nuestra mejor aliada ya que puede evaluar la situación de manera racional e indicarnos el mejor camino.

Sin embargo, cuando las cosas se complejizan, como nuestra mente consciente tiene una capacidad de procesamiento limitada y no puede hacer malabares con un gran número de hechos y cifras, el resultado que nos arroja no es tan bueno.

En ese caso, lo que sucede es que, en vez de valorar la situación en su conjunto, la mente consciente tiende a centrarse en los elementos más evidentes y, al hacerlo, obvia el cuadro más grande. Al contrario, la mente inconsciente funciona mejor cuando se trata de tomar decisiones complejas que abarcan muchos aspectos de nuestra vida porque es capaz de valorar el cuadro general.

Además, no podemos olvidar que nuestra mente inconsciente está en contacto con nuestros impulsos reprimidos y con partes de nuestro “yo” que apenas conocemos. Por tanto, se encuentra en una posición aventajada desde la que puede equilibrar nuestro sentido del deber con nuestros deseos e impulsos. Como resultado, es probable que, a largo plazo, nos sintamos mejor con la decisión.

Para poner en marcha el inconsciente y escuchar lo que tiene que decir, es necesario darle un margen de tiempo para que escrute todos los factores y arribe a una decisión más equilibrada. Una excelente estrategia consiste en enfrascarnos en otra actividad, mantener la mente consciente ocupada con otra tarea y después volver a la decisión.

¿Elegir siempre con el inconsciente?


Las decisiones de la vida real suelen ser mucho más complicadas que elegir un cuadro. Por tanto, también podría ser un error dejarse llevar por ese impulso que nace desde lo más profundo de nuestro “yo”.

Lo ideal es encontrar un punto medio entre la mente consciente y la inconsciente. Valora las alternativas de manera racional pero asegúrate de escuchar lo que tu inconsciente tiene que decir. Si tu instinto te empuja en una dirección, no lo desatiendas, investiga por qué te atrae esa alternativa.

Quizás no se trate de una mala decisión y, a la larga, aunque no ganes mucho desde cierto punto de vista, podrías ganar en satisfacción y motivación.

Fuentes:
Wiseman, R. (2009) 59 seconds.Think a litle, change a lot. Nueva York: Alfred A. Knopf.
Dijksterhuis, A., & van Olden, Z. (2006) On the benefits of thinking unconsciously: Unconscious thought increases post-choice satisfaction. Journal of Experimental Social Psychology; 42: 627–631.
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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