9/30/2016

El rasgo de la personalidad que aumenta en un 48% el riesgo de sufrir demencia


¿Te exaltas prácticamente por todo?

¿Te enfadas cuando algo no marcha como tenías previsto?

¿Te estresas por los pequeños contratiempos del día a día?

Cada una de estas emociones y estados de ánimo tienen un impacto sobre tu cuerpo y, obviamente, sobre el cerebro. Podemos comprender las emociones como pequeñas gotas. Por sí solas, no pueden causar un gran daño e incluso pueden pasar desapercibidas para el organismo, pero cuando se acumulan, día tras día, pueden llegar a colmar el vaso. 

La Medicina tradicional ha tardado mucho en reconocer el impacto de las emociones y las características de personalidad en la aparición y el agravamiento de las enfermedades, pero en la actualidad se están llevando a cabo numerosos estudios que demuestran el impacto que el estado emocional tiene sobre nuestra salud.

En este sentido, hace poco, un estudio desarrollado en el Instituto Karolinska dio a conocer cuál es el rasgo de personalidad que más aumenta las probabilidades de sufrir demencia. Sin duda, sus resultados son muy interesantes ya que, a diferencia de la genética, la expresión de la personalidad es algo que sobre lo que podemos influir, que podemos cambiar, para disminuir el riesgo de sufrir una enfermedad que ya afecta a 47,5 millones de personas en el mundo.

Demencia: La enfermedad que nos roba los recuerdos


Cada año se registran 7,7 millones de casos nuevos de demencia y se estima que para 2050 los casos se tripliquen. Se trata de una patología muy cruel ya que primero nos arrebata los recuerdos más preciados y luego, poco a poco, nos arrebata la posibilidad de reconocer a nuestros seres queridos, borrando las huellas de quienes fuimos y a quienes amamos.

Ahora un grupo de científicos estadounidenses y suecos han publicado un estudio en el cual les dieron seguimiento durante 28 años a 1.082 mellizos. A lo largo de ese tiempo, sometieron a los participantes a diferentes test de personalidad, cada tres años. Así descubrieron que la ansiedad rasgo era la característica que más influía en el riesgo de padecer demencia. Las personas ansiosas tenían , nada menos y nada más, que un 48% más de riesgo de padecer demencia.

¿Qué es la ansiedad rasgo?

La ansiedad rasgo es un término que se utiliza para hacer referencia a una característica relativamente estable de la personalidad a lo largo del tiempo. Es una tendencia de la persona a reaccionar de manera ansiosa ante diferentes situaciones, una predisposición a percibir los hechos como peligrosos o amenazantes, y a responder ante estos con gran ansiedad.

¿Por qué la ansiedad puede provocar demencia?


Los investigadores afirman que la clave de la relación entre la ansiedad y la demencia se encuentra en el cortisol, también denominada “la hormona del estrés”. De hecho, existe una vasta línea de investigación que demuestra los estragos que causan los niveles elevados de cortisol en el funcionamiento y la estructura del cerebro.

En este sentido, un estudio realizado en la Universidad de Islandia con 4.244 adultos mayores reveló que los niveles elevados de cortisol, medidos a través de la saliva apenas las personas se despertaban, están relacionados con una disminución de la cantidad de sustancia gris y el volumen del hipocampo, un área del cerebro que desempeña un rol fundamental en la memoria. Este y otros estudios apuntan a que el cortisol tiene un efecto tóxico sobre el cerebro, en especial sobre las zonas vinculadas a la formación de recuerdos y la memoria.

Sin embargo, una de las investigaciones más concluyentes en este sentido fue llevada a cabo en la Universidade Federal de Minas Gerais. Estos investigadores trabajaron con 309 adultos mayores y comprobaron que los niveles elevados de cortisol estaban relacionados con un mayor riesgo de sufrir demencia, con independencia de la APOE-ε4, una molécula que aumenta en más de un 50% las probabilidades de desarrollar Alzheimer. Esto significa que, más allá de la genética, en muchos casos los estados emocionales son determinantes para la aparición de numerosas patologías, entre ellas la demencia.

Ahora ya lo sabes, la ansiedad no es buena compañera de viaje. Por tanto, es mejor poner en práctica algunas de estas estrategias prácticas para combatir la ansiedad ;)


Fuentes:
Petkus, A. J. et. Al. (2016) Anxiety is associated with increased risk of dementia in older Swedish twins. Alzheimers Dement; 12(4): 399-406.
Geerlings, M. I. et. Al. (2015) Salivary cortisol, brain volumes, and cognition in community-dwelling elderly without dementia. Neurology; 85(11): 976-983. 
Lara, V. P. et. Al. (2013) High cortisol levels are associated with cognitive impairment no-dementia (CIND) and dementia. Clinica Chimica Acta; 423(23): 18–22.
Escrito por: Jennifer Delgado

9/28/2016

No importa si el vaso está medio lleno o medio vacío, sino si se está llenando


Durante décadas hemos usado el ejemplo del vaso lleno hasta la mitad para distinguir a las personas optimismas de las pesimistas. Si ves el vaso medio vacío, es porque tiendes a fijarte en las cosas negativas de la vida, porque usas un prisma gris para ver el mundo. Si ves el vaso medio lleno prefieres enfocarte en los aspectos positivos y si eres de los pocos que afirman que el vaso está por la mitad, entonces eres una persona que prioriza la objetividad, que puede ver las dos caras de la moneda.

Sin embargo, lo cierto es que esta percepción del vaso es típica de la mentalidad occidental. Nos encanta constatar los hechos, romper las cosas para ver cómo están hechas y seccionar la realidad para llegar a conclusiones “científicas”. No es nuestra culpa, nos han enseñado a ver lo que ocurre a nuestro alrededor como si fuera una serie de fotografías congeladas en el tiempo. 

Obviamente, la realidad no es así, la realidad cambia continuamente, todo lo que nos rodea está en transformación y movimiento. De hecho, el apego a nuestra visión estática de las cosas es una de las principales causas de nuestros miedos, preocupaciones y desequilibrios emocionales. No ser capaces de aceptar el cambio y la incertidumbre nos genera una enorme dosis de inseguridad y ansiedad, con la cual no somos capaces de lidiar.

El experimento que puso al descubierto nuestro pensamiento categorial


Un experimento muy interesante realizado por psicólogos de la Universidad de Michigan y la Universidad de Hokkaido reveló que tenemos la tendencia a agrupar los objetos formando "categorías", mientras que las personas de cultura oriental suelen agrupar los objetos en términos de "relaciones".

En el estudio participaron estudiantes universitarios asiáticos y estadounidenses. A todos les dieron una serie de fotografías en las que debían elegir qué objetos podrían corresponder entre sí, como en este ejemplo que aparece a continuación.

¿Qué figura combina mejor con el toro? Tómate un minuto para responder.


La mayoría de los estadounidenses eligieron el "pollo" porque incluyeron a ambos en la categoría: "animales", al igual que haríamos la mayoría de nosotros. Sin embargo, la mayoría de los asiáticos escogieron la "hierba" porque se centraron en la relación entre ambos: "el toro come hierba".

Este experimento, que forma parte de una serie de estudios muy interesante, demuestra cómo la cultura afecta nuestro pensamiento, nos desvela que tenemos la tendencia a centrarnos en los objetos, sus propiedades y categorías, como si fueran cosas inmutables. Al contrario, la cultura oriental prioriza las relaciones, el contexto y el medio.

Abrazar el movimiento nos ayudará a tomar mejores decisiones


Por supuesto, tanto el pensamiento categorial como el relacional son importantes, no se puede afirmar que uno sea mejor que el otro. No obstante, fijarse simplemente en que el vaso está medio lleno o medio vacío significa limitarse a constatar un hecho. Nada más. Esto nos permite tomar una instantánea de la situación actual, pero no nos ayuda a saber cómo proyectarnos al futuro.

En nuestro día a día, sin darnos cuenta, nos comportamos de esa manera. Nos limitamos a constatar los hechos, sin percatarnos del movimiento. Por tanto, solo vemos una parte de la realidad y, lo que es aún peor, pasamos por alto precisamente la parte que nos permitiría tomar buenas decisiones de cara al futuro.

¿Cuándo aplicamos el pensamiento categorial?

- Cada vez que llegamos a conclusiones inamovibles sobre las personas o las situaciones que vivimos. 

- Cada vez que nos limitamos a constatar un hecho, sin intentar buscar sus causas y sin vislumbrar qué podría pasar luego.

- Cada vez que somos víctimas de los estereotipos, que colocamos etiquetas y nos comportamos como si fueran la verdad absoluta.

- Cada vez que criticamos y juzgamos, sin brindar una solución o una posible salida.

- Cada vez que pensamos que un problema tiene una sola causa y una sola solución.

Para mejorar realmente nuestra vida deberíamos ir un paso más allá. No deberíamos limitarnos a constatar si el vaso está medio lleno o medio vacío, sino que deberíamos preguntarnos si, tal y como están las cosas, hay más probabilidades de que se llene o de que se termine de vaciar. Solo así podremos apreciar un cuadro más completo.

En la vida cotidiana, solemos dejar que las cosas que han pasado, que el pensamiento categorial, determine nuestras decisiones. Dejamos que un error del pasado determine toda nuestra vida. No obstante, lo que realmente deberíamos hacer es centrarnos en el futuro e intentar vislumbrar cómo será y qué podemos hacer para mejorarlo. Al mirar solo al pasado y constatar un hecho aislado, limitamos nuestra visión, es como si nos pasáramos toda la vida mirando una foto. Cuando miramos al futuro y somos capaces de ver las cosas en su conjunto y movimiento, las posibilidades que se abren ante nosotros son infinitas. 


Fuentes:
Nisbett, R. (2003) The Geography of Thought: How Asians and Westerners Think Differently. Nueva York: Free Press.
Nisbett, R. & Masuda, T. (2003) Culture and point of view. PNAS; 100(19): 11163–11170.
Escrito por: Jennifer Delgado

9/27/2016

¿Por qué las películas tristes son buenas para tu cerebro?


“La lista de Schindler”, “La vida es bella”, “One million dollar baby”, “La Tumba De Las Luciérnagas” y “Philadelpia” son algunas de las películas más tristes que se han producido en los últimos tiempos. Sin duda, son buenas películas desde el punto de vista cinematográfico, pero nadie en su sano juicio las recomendaría para mejorar el estado de ánimo.

Sin embargo, los estudios neuropsicológicos nos indican que andamos desacertados pues ver películas traumáticas puede tener un efecto positivo. Estos filmes no solo fomentan la empatía sino que también nos hacen más tolerantes ante el dolor e incluso pueden generar una sensación de felicidad y satisfacción con la vida.

Los efectos insospechados de las películas traumáticas sobre nuestro estado de ánimo


Investigadores de la Universidad de Oxford reclutaron a 169 personas, a quienes dividieron en pequeños grupos, junto a otros desconocidos. Todos vieron la película “Stuart: A Life Backwards”, que versa sobre la historia real de un joven discapacitado sin hogar, adicto a las drogas y el alcohol. A su vez, otras 69 personas vieron documentales sobre historia natural, arqueología o geología.

Antes y después de ver los materiales, los participantes debían indicar su estado de ánimo, así como sus sentimientos hacia el resto de desconocidos que formaban parte de su grupo. Además, se sometieron a una prueba para evaluar su nivel de tolerancia ante el dolor, de forma que los investigadores podían hacerse una idea del nivel de endorfinas en su cerebro.

Los resultados mostraron que, como media, las personas que vieron la película triste mostraban un cambio considerable en su estado de ánimo. Obviamente, estos resultados eran previsibles. Lo que no esperaban los investigadores era que la tolerancia ante el dolor aumentara en un 13,1%, mientras que en quienes vieron los documentales disminuyó en un 4,6%. Esto significa que los participantes que vieron la película traumática eran capaces de soportar un dolor un 18% más intenso que quienes habían visto los documentales.

¿Por qué?

La clave radica en que la tragedia dispara la producción de endorfinas. De hecho, es interesante saber que nuestro cerebro no establece grandes distinciones entre el dolor físico y el emocional. Las áreas que se encargan de procesar el dolor físico, son las mismas que procesan el dolor psicológico. Por eso, los investigadores están convencidos de que las películas tristes generan un aumento de la producción de endorfinas a nivel cerebral, las cuales nos ayudan a soportar mejor el dolor. 

Lo curioso es que las endorfinas también nos hacen sentir mejor, nos ayudan a aliviar el estrés y promueven un estado de tranquilidad y felicidad. De hecho, un estudio anterior realizado por psicólogos de la Universidad Estatal de Ohio en el que involucraron a casi 400 personas confirmó que después del impacto inicial que provocan los filmes tristes, la mayoría de las personas se sienten mucho más contentas y satisfechas con su vida.

Más allá de los efectos bioquímicos, lo cierto es que a menudo este tipo de filmes provocan auténticos terremotos emocionales que nos llevan a valorar mucho más nuestra vida y todo lo bueno que tenemos y disfrutamos. Estas películas nos dan una dosis de realidad que nos permite sentirnos agradecidos simplemente por ser y estar. Y eso, es una razón más que suficiente para ver una película triste de vez en cuando, una terapia que, al igual que la música triste, puede hacer que nos sintamos mejor.


Fuentes:
Dunbar, R. I. et. Al. (2016) Emotional arousal when watching drama increases pain threshold and social bonding. Royal Society Open Science.
Knobloch, S. et. Al. (2012) Tragedy Viewers Count Their Blessings: Feeling low on Fiction Leads to Feeling High on Life. Communication Research; 39(4).
Escrito por: Jennifer Delgado

9/26/2016

Las mujeres heredan el "cerebro emocional" de sus madres


La infancia es fundamental para nuestro desarrollo, sobre todo desde el punto de vista emocional. La forma en que nuestros padres satisfagan nuestras primeras necesidades determinará en gran medida el tipo de apego que desarrollemos y, en última instancia, influirá en nuestro equilibrio emocional como adultos y en la forma de relacionarnos con los demás.

Si nuestros padres se mantuvieron atentos a nuestras necesidades y supieron brindarnos el apoyo adecuado, desarrollaremos un apego seguro y es probable que nos convirtamos en personas con una autoestima sana que confían en sus potencialidades y a las que no les asusta descubrir el mundo ni asumir retos.

Sin embargo, si nuestros padres no supieron satisfacer adecuadamente nuestras necesidades, ya sea porque se mostraron distantes emocionalmente o porque fueron demasiado sobreprotectores, es probable que desarrollemos un apego resistente, evasivo o desorganizado, lo cual significa que nos resultará más difícil establecer relaciones sanas con los demás, que tendremos una tendencia a la dependencia emocional o, al contrario, a la filofobia.

En este proceso, el sistema corticolímbico desempeña un papel esencial ya que desempeña un rol protagónico en nuestras reacciones emocionales, así como en los trastornos del estado de ánimo como la depresión y la ansiedad. Este sistema está compuesto por la amígdala, el hipocampo, la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal ventromedial.

Ahora un estudio realizado en la Universidad de Stanford revela que el sistema corticolímbico, que es el principal encargado de regular nuestras respuestas emocionales, tiene un componente hereditario, lo cual podría explicar por qué en diferentes estudios se ha apreciado que algunos trastornos, como la depresión, tienen una elevada incidencia en madres e hijas.

El sistema emocional de las madres y las hijas es similar


Este grupo de neurocientíficos escanearon los cerebros de 35 familias y descubrieron que el volumen de materia gris era bastante similar en algunas áreas vinculadas con las emociones, tanto en las madres como en sus hijas, así como la morfología del "cerebro emocional".

Esta correlación no se encontró con los padres. De hecho, todo parece indicar que el sistema emocional se transmite con mayor facilidad de madre a hija, no tanto de la madre a los hijos varones. Los padres, al contrario, son menos propensos a transmitir sus circuitos cerebrales emocionales a sus hijos.

Para comprender mejor las implicaciones de este hallazgo, podemos imaginar el sistema corticolímbico como una gran autopista construida a base de conexiones neuronales sobre la cual se mueven las experiencias, sobre todo las de índole emocional. En este sistema se almacenan los recuerdos significativos, es el encargado de custodiar la memoria episódica, aquella relacionada con los hechos autobiográficos, así como los momentos y lugares más importantes desde el punto de vista emocional.

Según estos neurocientíficos, la forma en que se estructure ese sistema, dependerá, en gran medida, de la estructura del sistema materno. Esto significa que las respuestas emocionales de las hijas serán bastante parecidas a la de las madres.

Por supuesto, no se trata del primer estudio que encuentra un vínculo entre las respuestas emocionales de las madres y las de sus hijos. Por ejemplo, se ha apreciado que el estrés materno durante el embarazo produce un aumento de la producción de corticotropina, la cual influye en el ARN mensajero que llega a la amígdala.

También se ha apreciado que el cuidado que las madres les brindan a sus bebés tiene una influencia epigenética. Investigadores de la Universidad de Montreal descubrieron trabajando con animales que el cuidado materno influye en el mecanismo de metilación, lo cual significa que interviene en la regulación del silenciamiento de los genes, siendo capaz de provocar alteraciones en la transcripción genética sin que se produzca una alteración en la secuencia del ADN. Curiosamente, estos efectos son más intensos de madres a hijas. De hecho, el estrés materno durante la gestación provoca cambios en el volumen de la amígdala en las hembras, no en los varones.

Más allá de los genes 


Cuando un bebé nace, tiene millones de neuronas pero muy pocas conexiones neuronales, estas se formarán con el paso del tiempo. No obstante, las principales “autopistas neuronales” están trazadas biológicamente, lo cual significa que las bases están creadas, pero son las experiencias de vida las que consolidan esos caminos o, al contrario, los desdibujan.

Por eso, aunque las mujeres tienen más probabilidades de heredar el sistema corticolímbico de las madres, esta no es la única causa de los trastornos emocionales. Para que se desarrolle un cuadro depresivo, por ejemplo, no basta con que exista una predisposición genética, también influyen factores sociales y las experiencias de vida. El aporte hereditario de la madre es tan solo una pieza de un gran rompecabezas.

Sin embargo, tampoco podemos obviar el hecho de que las madres nos legan su forma de ver la vida, nos transmiten un sentido, a través del cual le daremos un sentido a nuestro mundo. Por eso, si hemos sido criados en las quejas y el pesimismo, existen mayores probabilidades de que desarrollemos una visión negativa de la vida. Al contrario, si nos han criado en la resiliencia y la perseverancia, es probable que seamos más abiertos a las experiencias y sepamos lidiar mejor con la adversidad.

Esto también significa que, a pesar del legado genético y psicológico que pueden habernos transmitido, en cualquier momento podemos cambiar nuestras respuestas emocionales. El condicionamiento genético seguirá existiendo, y para algunos será más difícil que para otros, pero nuestra respuesta ante los acontecimientos depende, en última instancia, del significado que le confiramos y, por ende, de la actitud que asumamos ante la vida.


Fuentes:
Yamagata, B. et. Al. (2016) Female-Specific Intergenerational Transmission Patterns of the Human Corticolimbic Circuitry. The Journal of Neuroscience; 36(4): 1254-1260.
Champagne, F. A. et. Al. (2006) Maternal care associated with methylation of the estrogen receptoralpha1b promoter and estrogen receptor-alpha expression in the medial preoptic area of female offspring. Endocrinology; 147:2909 –2915.
Ardila, R. & Bunge, M. (2002) Filosofía de la Psicología. Barcelona: Ariel.
Cratty, M. S. et. Al. (1995) Prenatal stress increases corticotropin-releasing factor (CRF) content and release in rat amygdala minces. Brain Res; 675:297–302. 

Escrito por: Jennifer Delgado

9/23/2016

A veces de quien menos esperamos, es de quien más recibimos


La vida es una caja de sorpresas que espera pacientemente ser descubierta. Sin embargo, a veces vamos demasiado rápido, demasiado imbuidos en nuestros pensamientos y preocupaciones, como para mirar a nuestro alrededor y apreciar todo lo bueno y bello que nos rodea.

Lo mismo ocurre con las personas con quienes nos encontramos. A veces nuestros prejuicios, estereotipos o simplemente la prisa nos impiden apreciar los regalos que esas personas pueden darnos. Sin embargo, si fuéramos por la vida con la mente más abierta, si tan solo estuviésemos más dispuestos a recibir, descubriríamos con asombro que a veces de quien menos esperamos, es de quién más podemos recibir.

Los regalos llegan de las direcciones más inesperadas


La Segunda Guerra Mundial ya había comenzado y los nazis estaban avanzando por Europa. Una de sus armas secretas era la máquina Enigma, a través de la cual enviaban mensajes cifrados a los submarinos que hostigaban los convoyes de ayuda enviados desde Estados Unidos.

En este contexto, los ingleses reclutaron a uno de los mejores matemáticos y criptoanalistas de la época, Alan Turing, y le dieron una misión que parecía imposible: desencriptar Enigma. Turing decidió olvidarse del método de cifrado tradicional y se propuso crear una máquina que pudiese decodificar a Enigma. Todos pensaron que estaba loco.

Después de años de duro trabajo, sin poder demostrar la eficacia de su invención y a punto de ser apartado del proyecto, la idea del código para echar a andar su máquina provino de una mujer que no tenía nada que ver con la criptografía ni las matemáticas, una mujer que se limitaba a escuchar los mensajes y transcribirlos.

Gracias al arduo trabajo de Turing, que hoy es considerado el pionero de la computación, y a aquella conversación informal con la mujer, se estima que la guerra terminó de 2 a 4 años antes, ahorrando así muchísimas víctimas mortales.

Este ejemplo, que no es el único en la historia, nos indica que en muchas ocasiones, las personas que menos esperamos, pueden tener un regalo inmenso que darnos, solo tenemos que mantenernos abiertos y escucharlas. El problema es que a veces estamos demasiado encerrados en nosotros mismos, a veces nuestras creencias o incluso el propio conocimiento que hemos acumulado, nos impiden ver y aceptar esos regalos.

El error de pensar como los expertos


Un experimento muy interesante llevado a cabo en la Universidad de Cornell pone de manifiesto los riesgos de pensar como los expertos. Estos psicólogos reclutaron a un grupo compuesto por 100 expertos en diferentes materias, algunos eran geógrafos, otros economistas, filósofos, biólogos… Todos debían responder una serie de preguntas, algunas de las cuales estaban relacionadas con su especialidad.

Sin embargo, la trampa se hallaba en que algunas de estas preguntas contenían datos erróneos. Por ejemplo, una pregunta sobre geografía se refería a una ciudad inexistente y una de biología incluía términos inventados, que no existían en esa ciencia.

No obstante, los expertos fueron quienes más cayeron en esta trampa. ¿Por qué? Simplemente porque no querían reconocer su desconocimiento en un campo en el que se consideraban especialistas. Por tanto, lo que creían saber, se convirtió en una barrera que les impidió detectar los errores.

Es curioso porque, aunque no siempre lo reconocemos, a menudo nos comportamos como los expertos del experimento. Adoptamos esa actitud:

- Cada vez que nos creemos superiores a otra persona.

- Cada vez que pensamos que tenemos la verdad absoluta en nuestras manos.

- Cada vez que creemos que nadie tiene nada que enseñarnos.

- Cada vez que nos cerramos a las nuevas ideas debido a nuestros estereotipos.

Sin embargo, en muchas ocasiones, son precisamente las personas más ajenas a nosotros, quienes nos pueden proporcionar una visión más fresca del problema, una perspectiva más objetiva y novedosa. Por tanto, siempre vale la pena escucharlas.

Personas maravillosas que nos hacen grandes regalos sin pedir nada a cambio


A veces, hay personas que simplemente nos sorprenden. De hecho, a los padres les suele pasar a menudo con sus hijos. Pueden poner sus expectativas e ilusiones en un hijo y al final, es precisamente el otro quien cumple con esos sueños o sigue la tradición familiar.

Este fenómeno también se aprecia en las relaciones de pareja o en el círculo de amigos. Cuando todo parece desmoronarse a nuestro alrededor, el mayor apoyo y comprensión puede que no llegue precisamente de la familia, los amigos o la pareja, sino de un compañero de trabajo o un conocido.

De hecho, es algo que ocurre a menudo en los hospitales. Cuando las personas están hospitalizadas en la misma sala y pasan mucho tiempo juntas, suelen encontrar en ese “desconocido” de la cama de al lado el mayor consuelo, una comprensión que personas más cercanas no les pueden brindar ya que no han vivido esa misma experiencia. 

Muchas de estas personas desaparecerán luego de nuestras vidas, se bajarán en la próxima estación y cada quien seguirá su camino. Sin embargo, de vez en cuando, merece la pena recordarlas, recordar cuánto nos aportaron, a menudo sin esperar nada a cambio, sorprendiéndonos gratamente. ¿Quién sabe? Es probable que algún día, quizá ahora mismo, esas personas también recuerden el apoyo que les brindamos.

Sin duda, es muy grato que alguien nos sorprenda de esta manera. Nos reconforta el alma recibir algo de una persona que no espera nada a cambio. Sin embargo, no debemos olvidar que para recibir, primero debemos estar dispuestos a aceptar.

Recuerda que...


A veces quien menos crees, es quien más te enseña, y a quien menos das, es de quien más recibes… 

A veces de quien menos esperas, es quien más te entrega, y en quien menos piensas, es quien más te recuerda…

A veces el que más habla, es el que menos oye, y quién más promete, es quien menos cumple…

A veces los que se encuentran más lejos, son quienes a la hora de la verdad están más cerca, y los que en las buenas están más cerca, son quienes en las malas más rápido se alejan…

A veces simplemente nos cuesta entender esa dimensión de vida; ese sentir, pensar y creer que las cosas son menos, cuando realmente son más…


Fuente:
Atir, S. et. Al. (2015) When Knowledge Knows No Bounds. Self-Perceived Expertise Predicts Claims of Impossible Knowledge. Psychological Science; 26(8): 1295-1303.
Escrito por: Jennifer Delgado

9/22/2016

5 aceites esenciales para calmar la ansiedad y el estrés: El poder curativo del olfato


¿Recuerdas tu primer beso? ¿Recuerdas la primera vez que viste el mar? ¿Recuerdas ese momento especial en casa de tu abuela? Es probable que todas estas memorias vengan acompañadas de un aroma. De hecho, no hay nada como los aromas para despertar recuerdos particularmente vívidos.

Sin embargo, lo cierto es que el olfato es uno de nuestros sentidos más subestimados, a pesar de que incluso tiene un poder curativo. También se trata de uno de los sentidos menos investigados, aunque se conoce que los receptores que se encuentran en la nariz envían mensajes químicos a través del nervio olfativo al sistema límbico, un área primitiva del cerebro vinculada con las emociones, el miedo y la memoria.

En el año 2013 investigadores de la Xiamen University descubrieron que las señales olfativas que generan los aceites esenciales tienen un efecto en la producción de neurotransmisores, especialmente en la serotonina y la dopamina. Esto significa que oler estos aromas en realidad tiene un impacto a nivel físico, no se trata simplemente de un efecto psicológico.

Aromaterapia: Curar a través del olfato


1. Lavanda. La lavanda tiene un aroma muy poderoso que ejerce un efecto calmante y relajante. También ayuda a conciliar el sueño, alivia la fatiga, sirve para lidiar con los síntomas de los ataques de pánico y relaja la tensión nerviosa. 

En un estudio realizado en la University of Central Lancashire se apreció que la administración por vía oral del aceite esencial de lavanda contribuía a disminuir el ritmo cardíaco de las personas mientras miraban una película que generaba miedo y ansiedad. Estos investigadores están seguros de que su aroma es útil para combatir la ansiedad y evitar los ataques de pánico. 

2. Aceite de rosas. Se trata de una esencia que también se usa desde hace siglos para aliviar la ansiedad, el estrés y la depresión. De hecho, es particularmente útil cuando la persona sufre ataques de pánico, está en shock o está atravesando un periodo de intenso sufrimiento. 

Un estudio llevado a cabo en la Iran University of Medical Sciences involucró a madres primerizas durante las horas previas al parto. Quienes recibieron un tratamiento de aromaterapia de 10 minutos, con aceite de rosas, reportaron una disminución notable de la ansiedad y el estrés.

3. Manzanilla. El poder calmante de la manzanilla es conocido. Sin embargo, lo cierto es que su aceite esencial también es beneficioso para disminuir la irritabilidad y deshacerse de los pensamientos rumiativos y las preocupaciones.

En un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania los psicólogos trabajaron con 59 personas, algunas diagnosticadas con ansiedad y depresión comórbida. Al terminar el experimento se apreció que la manzanilla tenía, efectivamente, un poder antidepresivo y ansiolítico.

4. Ylang Ylang. El Ylang Ylang mejora nuestro estado de ánimo, por lo que se utiliza para calmar la ansiedad y la depresión. De hecho, investigadores coreanos encontraron que una combinación de ylang ylang, bergamota y lavanda es particularmente eficaz para reducir los síntomas de la ansiedad, disminuir el nivel de cortisol en sangre e incluso bajar la presión en las personas que padecen hipertensión. 

5. Olíbano. Se trata de una resina aromática menos común que los aceites esenciales anteriores pero que tiene un efecto calmante muy potente para calmar la ansiedad y el estrés. De hecho, un estudio llevado a cabo en la Keimyung University con personas que tenían un cáncer terminal reveló que una mezcla de olíbano, lavanda y bergamota no solo era muy eficaz para reducir la tensión psicológica que sufren estas personas sino que también ayuda a aliviar el dolor. 

¿Cómo se aplica la aromaterapia?


Ante todo, es conveniente utilizar aceites esenciales puros, que no estén mezclados con aditivos químicos. También se recomienda aplicar el “tratamiento” todos los días, al menos durante 10 minutos, a lo largo de un mes.

En lo que respecta a las formas de aplicación, la más común es mediante la inhalación de los aceites esenciales. Lo usual es diluir unas gotas del aceite en agua caliente y aspirarlas mediante la vaporización. También puedes echar la esencia en el agua caliente de la bañera y darte un baño relajante, mientras aspiras el aroma.

Otra técnica consiste en aplicar los aceites esenciales directamente sobre la piel, dando un pequeño masaje. De hecho, ni siquiera necesitas a un masajista profesional, puedes darte un masaje relajante en las manos usando estos aceites esenciales, sobre todo en las palmas de las manos.

No obstante, debes tener en cuenta que algunos de estos aceites son muy potentes, por lo que el fabricante recomienda diluirlos con otros aceites. Sigue siempre sus indicaciones de uso.

¿Se puede curar la ansiedad con los aceites esenciales?


Depende del nivel de ansiedad. Si se trata de un estado de ansiedad puntual, como la que experimentamos ante una entrevista de trabajo, la presentación de un proyecto importante o un examen, los aceites esenciales pueden ser de gran ayuda ya que nos ayudarán a relajarnos y reencontrar la confianza. También son muy eficaces para aliviar el estrés.

Sin embargo, cuando se trata de una ansiedad que se arrastra durante años o de ataques de pánico, la aromaterapia debe ser un complemento de la psicoterapia. Los aceites esenciales para calmar la ansiedad ayudan a encontrar tranquilidad en momentos puntuales, pero es necesario trabajar a nivel psicológico los traumas, problemas y creencias que dan pie o apuntalan esa ansiedad. No hay fórmulas mágicas, solo el esfuerzo sistemático.


Fuentes:
Kheirkhah, M. et. Al. (2014) Comparing the Effects of Aromatherapy With Rose Oils and Warm Foot Bath on Anxiety in the First Stage of Labor in Nulliparous Women. Iran Red Crescent Med J.; 16(9): e14455.
Lv, X. N. et. Al. (2013) Aromatherapy and the central nerve system (CNS): therapeutic mechanism and its associated genes. Curr Drug Targets; 14(8): 872-879.
Amsterdam, J. D. et. Al. (2012) Chamomile (Matricaria recutita) may provide antidepressant activity in anxious, depressed humans: an exploratory study. Altern Ther Health Med;18(5): 44-49.
Bradley, B. F. et. Al. (2009) Effects of orally administered lavender essential oil on responses to anxiety-provoking film clips. Hum Psychopharmacol; 24(4): 319-330. 
Chang, S. Y. (2008) Effects of aroma hand massage on pain, state anxiety and depression in hospice patients with terminal cancer. Taehan Kanho Hakhoe Chi; 38(4): 493-502.
Hwang, J. H. (2006) The effects of the inhalation method using essential oils on blood pressure and stress responses of clients with essential hypertension. Taehan Kanho Hakhoe Chi; 36(7): 1123-1134.
Escrito por: Jennifer Delgado

9/21/2016

Las 5 heridas de la infancia de los padres que más dañan a sus hijos


Quizá, cuando miras al pasado, sientes nostalgia por tu infancia, por la increíble felicidad que experimentaste durante esos años y los buenos momentos que pasaste. También puede ser que tu infancia no haya sido precisamente un lecho de rosas y que no te apetezca para nada recordarla.

Tanto en uno como en otro caso, esas experiencias marcarán la forma en que eduques a tus hijos. Tu infancia se desvela en tu personalidad y en el estilo educativo que asumas como madre o padre. Todas esas experiencias, tanto las positivas como las negativas, te han convertido en la persona que eres y determinarán, en mayor o menor medida, cómo criarás a tus hijos.

Las creencias erróneas más comunes de los padres al educar a sus hijos


1. "Mis hijos tendrán todo lo que yo no tuve"

Esta creencia es común en las personas que atravesaron necesidades económicas durante su infancia, que no podían tener los mismos juguetes que sus compañeros del colegio o que no podían vestir de la misma forma y se sentían menospreciados o inferiores por ello. Así, al crecer, suelen prometerse que sus hijos nunca tendrán que pasar por lo mismo, que tendrán todo lo que ellos no tuvieron.

Sin duda, no hay nada de malo en proporcionarles a los niños juguetes, ropa y cualquier otra cosa que necesiten. Sin embargo, estos padres a menudo cometen el error de pensar que esas cosas son suficientes para que sus hijos sean felices. ¡Y no es así! Demasiados juguetes anestesian a los niños. Más importante que las posesiones materiales es que los niños pasen tiempo de calidad con sus padres y, sobre todo, que comprendan que son únicos y que no necesitan tener las mismas cosas que los demás para ser felices. Solo así se puede educar a un niño seguro de sí, que sabe lo que quiere y que no está dispuesto a seguir a los demás sin reflexionar.

2. "Nunca le haré eso a mis hijos"

Hay personas a las que los traumas de su infancia aún les persiguen. Quizá fue ese día en que sus padres le avergonzaron delante de sus compañeros de colegio, cuando se negaron a comprarle ese juguete con el que tanto había soñado o cuando se mudaron de ciudad y tuvo que cambiar de colegio sin que tuvieran en cuenta su opinión. Ese evento ha dejado una cicatriz tan grande en la persona que esta se asegura de que jamás le hará algo así a sus hijos.

El problema es que estos padres diseñan su estrategia educativa solo en base a lo que no deben hacer, utilizando como patrón un trauma infantil no superado. Lo usual es que este estilo educativo termine consintiendo demasiado al niño ya que, por el temor a causarle daño, los padres no establecen reglas y se convierten en los amigos de su hijo. Obviamente, no hay nada de malo en que los padres sean amigos de sus hijos y establezcan un vínculo de confianza, pero no deben olvidar que las normas y las reglas son importantes y le dan sentido al mundo infantil. Cuando un niño crece sin normas, no sabrá lo que se espera de él y aumentan las probabilidades de que desarrolle conductas desafiantes

3. "Si fue suficiente para mí, lo será para mis hijos"

Muchos padres tienden a pensar que deben replicar las condiciones en las que ellos crecieron. Generalmente se trata de personas que piensan que el carácter de los niños se forja a través de las pruebas, y mientras más duras, mejor. Estos padres imponen una educación autoritaria, marcada por límites y reglas muy estrictas, convirtiendo el hogar en un cuartel militar.

Obviamente, las reglas son importantes para asegurar la convivencia familiar, pero también es necesario que los niños tengan libertad y desarrollen su independencia y autonomía. Por otra parte, no debemos olvidar que cada persona es diferente y, por ende, las pautas educativas que funciona con unos pueden ser ineficaces con otros. A la vez, es importante recordar que han cambiado las condiciones sociales, lo cual significa que lo que hace algunas décadas era habitual, ahora podría ser anacrónico e incluso dañino para el niño.

4. "Mis hijos lograrán lo que yo no pude"

Esta creencia suele ser común en aquellas personas cuyos padres no apoyaron sus sueños y los empujaron en la dirección opuesta. Como resultado, creen que perdieron la "oportunidad de su vida" y no logran pasar página sino que siguen acumulando frustración y resentimiento. Así, intentan tener una segunda oportunidad a través de sus hijos y desde pequeños los animan a hacer las cosas que les gustan a ellos mismos, apuntándolos en actividades extraescolares que en realidad les interesan a ellos, no a los niños.

Vale aclarar que es probable que el niño realmente tenga cierto potencial y aptitudes en determinada área, pero quizá no le interese y le apasione otra cosa. Insistir por ese camino implica cometer el mismo error que sus padres, pero sin darse cuenta. Cada niño es único, y el papel de los padres es guiarle para que descubra sus potencialidades y pasiones, pero debe ser él quien decida qué camino quiere recorrer. Decidir en su lugar implica arrebatarle su oportunidad.

5. "Nunca dejaré que a mis hijos les pase algo malo"

Los padres que han tenido malas experiencias en su niñez suelen desarrollar un estilo de educación sobreprotector. Es algo comprensible, piensan que el mundo es un lugar hostil y que tienen que proteger a sus hijos. No quieren que sus hijos pasen por lo mismo, y tienden a quitar de su camino todos los obstáculos, para asegurarse de que tienen una infancia idílica. Se convierten en "padres helicóptero".

Obviamente, no se trata de traumatizar a los niños ni de exponerlos a riesgos innecesarios, pero no debemos olvidar que la resiliencia solo se desarrolla enfrentándose a situaciones difíciles. Esto significa que cuando existe un problema, en vez de ocultarlo y solucionarlo, los padres deben animar al niño a que busque soluciones y tome decisiones. Este es el mejor regalo que le pueden hacer ya que le están dando las herramientas psicológicas que necesita para enfrentar los desafíos que le depara la vida, que probablemente serán muchos y de los cuales no se le puede proteger siempre.

Aprende a pasar página


Muchas de estas creencias que se ponen de manifiesto en el estilo educativo de los padres esconden una herida que no ha cicatrizado adecuadamente. Estos padres no han logrado hacer las paces con su infancia, con las experiencias que vivieron o con las decisiones y comportamientos de sus progenitores. Como resultado, siguen arrastrando su influjo, muchas veces sin darse cuenta y pensando que le están haciendo un bien a sus hijos.

Para evitar estas creencias limitantes, el primer paso es darse cuenta de su existencia, y comprender cómo se expresan a través del día a día en la relación con tus hijos. Luego deberías dejar que esas heridas cicatricen, deja ir el resentimiento. Una técnica muy sencilla, "las hojas del río", te ayudará a lograrlo si el problema no está muy enquistado. Verás que poco a poco irás asumiendo la educación de tus hijos desde una perspectiva diferente.

Escrito por: Jennifer Delgado

9/19/2016

¿Por qué nuestro cerebro necesita al menos 8 abrazos al día?


Los abrazos son una forma particularmente íntima e intensa de expresar emociones. A través de un abrazo podemos transmitir nuestra alegría o tristeza, podemos decirle a una persona que puede contar incondicionalmente con nosotros o que comprendemos su estado de ánimo, sin necesidad de recurrir a las palabras. Sin embargo, lo cierto es que los abrazos no solo nos ayudan a conectar con los demás y a expresar lo que sentimos, también son muy beneficiosos para nuestro equilibrio emocional y para la salud del cerebro.

¿Qué sucede cuando alguien nos abraza?


Cuando alguien nos abraza, ese contacto activa los receptores de presión que tenemos en la piel, los cuales se conocen como corpúsculos de Pacini, y responden fundamentalmente ante la presión profunda. Estos receptores envían señales inmediatamente al nervio vago.

En ese momento comienzas a sentirte bien porque ese nervio se conecta con fibras nerviosas que llegan a diferentes pares craneales y desempeñan un papel importante en la regulación de la mayoría de las funciones clave del organismo, incluyendo la presión sanguínea. Por eso, como resultado de un abrazo y de la estimulación del nervio vago, disminuye la frecuencia cardíaca y la presión arterial. De hecho, el nervio vago tiene un rol importante en el sistema parasimpático, que vendría siendo una especie de freno de mano cuando estamos sometidos a demasiado estrés o estamos sobreexcitados.

Otro cambio importante ocurre directamente en el cerebro. Un abrazo estimula la producción de dopamina, un neurotransmisor conocido como “la hormona del placer” ya que genera una agradable sensación de satisfacción que alivia el estrés y la tensión. También se ha apreciado que un abrazo basta para aumentar la producción de oxitocina, conocida como “la hormona del amor”, que nos permite conectar emocionalmente con otras personas y nos anima a confiar en ellas.

Lo mejor de todo es que los efectos de un abrazo son inmediatos. Un estudio llevado a cabo en el Advanced Telecommunications Research Institute International de Kioto hizo que un grupo de personas conversaran durante 15 minutos con sus parejas, luego algunas recibían un abrazo y otras no. Al evaluar los parámetros fisiológicos, los investigadores apreciaron que quienes habían recibido el abrazo mostraban una reducción significativa del nivel de cortisol en sangre, la hormona del estrés que tanto daño nos hace.

Los abrazos nos ayudan a sentirnos bien con nosotros mismos


Se ha descubierto que un abrazo, o una caricia suave cargada de afecto, influyen en la habilidad del cerebro para construir la imagen corporal, incluso en los adultos. Este tipo de contacto físico también es fundamental para desarrollar y mantener un sentido adecuado de nuestro cuerpo.

Según un estudio llevado a cabo en el University College of London, la clave radica en que este tipo de contacto corporal proporciona sensaciones táctiles muy agradables que generan una serie de señales propioceptivas, las cuales nos ayudan a sentirnos mejor en nuestro cuerpo.

En práctica, una caricia o un abrazo no solo le envía a nuestro cerebro señales propioceptivas que nos permiten ser más conscientes de nuestro cuerpo, sino que también le dicen que somos dignos de ser amados. Y esas sensaciones nos hacen sentirnos muy bien.

De hecho, según estos investigadores, la falta de abrazos y caricias podría ser un factor desencadenante o un agravante para los trastornos de la imagen corporal, como la anorexia y la bulimia.


¿Cuántos abrazos necesitamos al día?


En realidad, podríamos vivir sin abrazos, pero sería como morir lentamente, un poco cada día. Por eso, la psicoterapeuta familiar Virginia Satir afirmó: “Necesitamos 4 abrazos al día para sobrevivir, 8 abrazos para mantenernos y 12 abrazos para crecer”.

De hecho, en una investigación realizada en la UCLA los investigadores escanearon el cerebro de los participantes mientras recibían descargas eléctricas. Sus parejas les acompañaban durante la prueba y, en algunos casos, les permitieron sostenerle la mano. Así apreciaron que el contacto físico les ayudaba a lidiar con el estrés de la experiencia y que en estos casos las áreas cerebrales encargadas de atenuar el miedo se activaban.

Estas investigaciones ponen de manifiesto que los abrazos tienen un potente efecto sobre nuestro cerebro y que nos ayudan a lograr un estado de relajación y bienestar, a la vez que nos permiten afrontar mejor las situaciones estresantes y el miedo. Por eso, aunque no sean exactamente 8 abrazos, debes asegurarte una dosis cotidiana de ellos.


Fuentes:
Sumioka, H. et. Al. (2013) Huggable communication medium decreases cortisol levels. Nature; 3: 3024.
Crucianelli, L. et. Al. (2013) Bodily Pleasure Matters: Velocity of Touch Modulates Body Ownership During the Rubber Hand Illusion. Frontiers in Psychology; 4: 703.
Inagaki, T. K. & Eisenberger, N. I. (2012) Neural correlates of giving support to a loved one. Psychosom Med; 74(1): 3-7. 
Holt-Lunstad, J. et. Al. (2008) Influence of a “warm touch” support enhancement intervention among married couples on ambulatory blood pressure, oxytocin, alpha amylase, and cortisol. Psychosom. Med; 70: 976–985.
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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