Una red, una ballena y un final asombroso: Un vídeo emocionante para reflexionar

>> 22 de agosto de 2014

Hay historias asombrosas, historias que nos emocionan y hasta nos sacan alguna que otra lágrima pero, sobre todo, nos hacen pensar. Nos hacen reflexionar sobre nuestros valores, sobre las cosas que creemos importantes y hasta nos brindan una nueva perspectiva del mundo.

Una de esas historias nos llega de la mano de Michael Fishbach, un neoyorquino que ha dedicado una buena parte de su vida a investigar las ballenas. Ha pasado más de 5.000 horas a bordo de un barco para poder observar la compleja conducta de los cetáceos en su propio hábitat pero ni siquiera este gran conocedor de la vida marina estaba preparado para la experiencia que le aguardaba en el Mar de Cortes.

Mientras surcaba estas aguas en un viaje de recreo con su familia y algunos amigos, distinguió a una ballena que parecía estar muerta. Navegó durante algunos minutos y no notó señales de vida. Sin embargo, repentinamente la ballena giró sobre sí.

Michael Fishbach se acercó y vio que la ballena estaba atrapada en una red de pescadores, a punto de morir. En ese momento no lo pensó dos veces y, aunque corría peligro, decidió que tenía que intentar salvarle la vida. Después de varias horas de trabajo, lograron liberarla.

Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente ocurrió cuando la ballena quedó libre.


Michael Fishbach cree que la ballena les muestra con estos movimientos tan inusuales y durante tanto tiempo (más de una hora) su alegría y agradecimiento. Muchos dirán que se trata de nuestra tendencia a traspolar los sentimientos humanos a los animales. Puede ser…

Sin embargo, yo estoy convencida de que entre los animales y el hombre se puede crear un vínculo muy estrecho sin necesidad de que medien las palabras. 

En los últimos años la Psicología ha tenido que repensar muchos de sus supuestos teóricos sobre los animales porque los nuevos experimentos han mostrado que tienen inteligencia, son capaces de resolver problemas, usan herramientas muy básicas y, por supuesto, experimentan emociones.

En realidad, creo que aún nos queda mucho por aprender sobre el mundo animal. Pero también creo que no lograremos avanzar si no nos despojamos de los estereotipos y las falsas creencias de que somos superiores.
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¿Cómo retomar el control de tu vida aplicando el Efecto Mariposa?

>> 20 de agosto de 2014

Eleanor Roosevelt afirmaba que “el hoy no es más que el resultado de las decisiones que tomamos ayer”. A algunos les puede parecer una verdad de Perogrullo pero lo cierto es que cuando nuestras emociones toman el control y la vida da un vuelco desagradable, olvidamos estas sabias palabras y ponemos la culpa en los otros o en factores externos.

Por eso, en esta ocasión me gustaría reflexionar sobre el Efecto Mariposa y sus implicaciones en la forma en que afrontamos nuestra vida.

El Efecto Mariposa, para aquellos que no lo conocen, se puede resumir de la siguiente manera: “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”, lo cual nos indica que en nuestro universo todo está conectado con hilos que a menudo no podemos ver pero que existen. 

En otras palabras, el Efecto Mariposa nos indica que pequeñas variaciones iniciales pueden producir grandes variaciones en el comportamiento de un sistema físico, a largo plazo. Y si pensamos en nuestra vida como en un sistema físico, podremos empezar a vislumbrar el gran alcance de esta idea. 


La vida es la suma de nuestras decisiones


Si aplicamos el Efecto Mariposa a nuestra vida, este nos indica que cada una de nuestras pequeñas decisiones cotidianas y nuestros hábitos dan lugar a grandes cambios con el paso del tiempo. El problema radica en que normalmente no se trata de una sino de muchas decisiones pequeñas, cuyas consecuencias a menudo pasan desapercibidas. El típico caso es el de una persona que se encuentra metida en un gran problema pero no sabe cómo ha llegado hasta ese punto.

Por una parte, aplicar el principio del Efecto Mariposa a nuestra vida nos permite comprender y aceptar que estamos donde estamos debido a nuestras decisiones. Esto nos ayuda a retomar el control y hacernos responsables de nuestros actos. No se trata de fomentar la sensación de culpabilidad sino de dejar de buscar responsables externos y asumir nuestros errores. Solo de esta manera podremos seguir adelante y crecer.

Por otra parte, este principio también significa que todo lo que hagamos hoy, determinará nuestro futuro. Esto implica que nosotros podemos cambiar aquí y ahora, para lograr los resultados que deseamos y acercarnos a nuestras metas.

Para comprender mejor cómo funciona el Efecto Mariposa, basta pensar en el funcionamiento del metro. Existen diferentes estaciones donde realizar los cambios para llegar a nuestro destino final. A menudo, no le prestamos demasiada atención a estos pequeños intercambios pero de esta forma corremos el riesgo de darle un giro radical a nuestro viaje e incluso, de terminar en otro sitio.

En la vida, si no le prestamos atención a esas pequeñas decisiones, después de meses o años, podemos llegar a un punto que no nos agrada y ni siquiera sabemos el por qué. De hecho, es obvio que nadie compraría un billete a la “Estación Fracaso” pero podemos terminar ahí si no estamos atentos a los  intercambios.


Hábitos y decisiones que nos indican que somos víctimas del Efecto Mariposa


- Cuando nos levantamos en el último minuto, maldiciendo al despertador y sin tiempo para disfrutar de los primeros minutos de la jornada, que deberían ser sagrados para tener un buen día.

- Cuando eliges quedarte solo delante de la tv en vez de dar un paseo al aire libre o leer un buen libro.

- Cuando fumas, bebes y comes en exceso, solo porque estos hábitos te dan la calma que necesitas.

- Cuando pasas gran parte del día consultando las redes sociales y usando el móvil en vez de hablar directamente con las personas.

- Cuando te pierdes en tareas “urgentes” pero del todo inútiles para tu proyecto de vida.

En fin, los pequeños malos hábitos y decisiones cotidianas son muchos y, de una forma u otra, determinan el rumbo de nuestra vida. Lo importante es aprender a detectarlos y eliminarlos para poner en su lugar hábitos que realmente nos conduzcan a dónde queremos. Recuerda además, que la peor decisión que podemos tomar es precisamente, no decidir.
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¿Mente llena o mente plena?

>> 19 de agosto de 2014

Tradicionalmente, la educación que transcurre entre las cuatro paredes de un aula se ha comprendido como un proceso de transmisión de conocimientos. Sin embargo, en las últimas décadas algo comenzó a cambiar y ahora más que nunca la educación se enfrenta a un dilema trascendental que puede determinar su derrotero: ¿seguir transmitiendo cada vez más conocimientos o enseñar a aprender y, sobre todo, enseñar a ser?

En la sociedad moderna el conocimiento caduca cada vez con mayor rapidez por lo que las grandes empresas ya no solo se preocupan por contratar a un profesional que domine determinadas habilidades y posea ciertos conocimientos, les interesa más que ese profesional sea versátil, que se adapte a los cambios y que tenga la capacidad para desarrollar nuevas competencias. 

La empresa moderna mira cada vez más al futuro mientras que algunas escuelas se han quedado rezagadas en el pasado limitándose a transmitir una serie de conocimientos que quedan obsoletos en poco tiempo. Sin embargo, un buen sistema de enseñanza podría marcar la diferencia entre una “mente llena” y una “mente plena”.


La mente llena


Un hombre que había dedicado toda su vida a leer sobre la filosofía budista, se enteró de que en la ciudad había un Gran Maestro y fue a conocerlo para recibir la iluminación. El gurú lo invitó a entrar y sentarse a su lado. El hombre le contó todo lo que había aprendido en los libros, exponiendo sus opiniones.

Al cabo de un rato, el Maestro le brindó un poco de té y comenzó a verter el líquido en la taza. Sin embargo, una vez que estuvo llena, el Maestro no se detuvo, siguió vertiendo el té hasta derramarlo por la mesa y el suelo. 

En cierto punto, el hombre, que no podía creer que un gran gurú fuese tan descuidado, le espetó: “¡Basta! ¿Acaso no te das cuenta de que estás derramando el té? La taza está llena.”

En ese momento el maestro se detuvo y le dijo tranquilamente: “Al igual que esta taza, tu mente está llena de ideas preconcebidas y de opiniones. ¿Cómo es posible que aprendas algo si no vacías tu taza?"

Tener la “mente llena” puede ser un fardo muy pesado que nos impide descubrir nuevos problemas y apreciar aristas más enriquecedoras. Cuando asumimos como verdaderas muchas de las teorías que nos han transmitido en la escuela, le cerramos el paso a la duda y, por ende, a la creación. De hecho, los mayores descubrimientos del mundo se han llevado a cabo porque alguien no se dio por satisfecho con las respuestas de la ciencia y decidió explorar más allá del punto al que había llegado la comunidad científica.

La persona con una “mente llena” es aquella que maneja muchos datos pero no es capaz de darles un sentido, es la que lee mucho pero la lectura no le cambia la vida, la que se mantiene informada leyendo todos los diarios a su alcance pero no reflexiona sobre las noticias… Es una persona que se convierte en espectadora de su propia vida, que sabe pero no conoce.


La mente plena


La creación implica vaciar la mente de estereotipos e ideas preconcebidas, implica mirar la realidad desde otra perspectiva y encontrar conexiones inéditas que a los demás se les habían escapado. Una mente plena no está vacía, al contrario, atesora mucho conocimiento pero se trata de un conocimiento significativo y siempre está dispuesta a cambiar sus teorías. La mente plena es aquella que sabe discernir entre lo verdaderamente importante y las nimiedades, la que le da un sentido a lo que aprende y la que cambia con cada aprendizaje.

Obviamente, las diferencias entre la “mente llena” y la “mente plena” van mucho más allá de una simple variación en el adjetivo. Se trata de un cambio radical porque implica una actitud diferente ante el aprendizaje, ante la vida y, por supuesto, ante la manera de impartir la enseñanza.


Decálogo para una educación más plena


La enseñanza enfocada en potenciar mentes más plenas debería:

1. Comenzar desde la educación primaria ya que los niños pequeños tienen una mente ávida y creativa que solo espera ser potenciada, para lo cual es imprescindible complementar la Educación Primaria y la Psicología.

2. Fomentar la búsqueda autónoma de respuestas y, sobre todo, el planteamiento de preguntas porque es detrás de estas que se esconde la verdadera sed de saber.

3. Evaluar la capacidad del alumno para aplicar los contenidos y no la simple memorización de los mismos.

4. Conferirle un rol protagónico a los valores y las emociones, a la par del contenido. Después de todo, se ha comprobado que la Inteligencia Emocional es un mejor predictor del éxito profesional que la inteligencia lógico-matemática.

5. Dejar de centrarse exclusivamente en los resultados y comenzar a evaluar el esfuerzo del estudiante. No podemos olvidar la famosa frase de Albert Einstein: “el genio se hace con un 1% de talento y un 99% de trabajo”.

6. Devolverle a los errores su importancia en el proceso de búsqueda del conocimiento, de manera que los niños puedan desarrollar una mayor tolerancia a la frustración y aprender a ser perseverantes.

7. Aplicar el concepto de Desarrollo Próximo de Vigotsky según el cual, lo más importante no es el nivel actual del estudiante sino su nivel potencial, el desarrollo que puede alcanzar con la ayuda adecuada.

8. Fomentar el conocimiento personal, de manera que cada estudiante sea capaz de poner en práctica las estrategias de aprendizaje más eficaces y, en un futuro, sepa priorizar sus necesidades.

9. Generar experiencias a través del aprendizaje promoviendo una toma de postura personal respecto a los diferentes hechos que se estudian en las clases. 

10. Ser actual, la historia o la evolución natural no son temas del pasado sino que, de una u otra forma, están presentes en nuestros días. Es tarea de la educación encontrar esas implicaciones y mostrarle al estudiante que cada contenido realmente cuenta y no es una simple fecha anclada en una línea del tiempo.

La educación no puede ser una camisa de fuerza, debe ser las alas que nos remonten.
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Estar a la defensiva: Mucho que perder y muy poco que ganar

>> 18 de agosto de 2014

Hay veces en que la más mínima frase, una simple mirada o un gesto torcido hacen saltar todas nuestras alarmas. Nos ponemos a la defensiva, nos agazapamos esperando un golpe bajo y, por supuesto, mientras tanto vamos preparando nuestra estocada maestra.

Este comportamiento es bastante habitual pero lo cierto es que no nos ponemos a la defensiva a propósito, se trata de una reacción prácticamente automática que se desencadena ante determinadas frases o gestos de otras personas. Sin embargo, eso no significa que no podamos notar esta actitud y cambiarla ya que, a la larga, solo es una fuente de malentendidos y problemas.


¿Por qué nos ponemos a la defensiva?


- Porque creemos que la actitud de la otra persona es amenazante. Cuando percibimos que la actitud de la persona que tenemos delante puede poner en peligro nuestro “yo”, adoptamos una postura defensiva para protegernos de un supuesto ataque. El problema radica en que en muchas ocasiones simplemente malinterpretamos esas supuestas señales de alarma y reaccionamos ante un peligro inexistente.

- Porque hemos tenido varias experiencias negativas en el pasado. Cuando a lo largo de la vida hemos experimentado diferentes situaciones negativas, como los abusos o las decepciones en las relaciones de pareja, vamos creando a nuestro alrededor una coraza para protegernos de situaciones similares en el futuro. Por eso, aunque una situación o persona no sean particularmente amenazantes, las valoramos con el prisma del pasado y reaccionamos poniéndonos a la defensiva. 

- Porque estamos pasando por una etapa muy estresante. Cuando somos víctimas del estrés, la angustia y la ansiedad, nos convertimos en personas irritables que se ponen a la defensiva ante la menor provocación. Se trata de una reacción “normal” ya que nuestro sistema neurovegetativo está permanentemente en alerta, esperando a que suenen las alarmas en cualquier momento.

- Porque no queremos que otra persona invada nuestra intimidad. Hay personas que son muy celosas de su intimidad y no dejan que ni siquiera los más cercanos irrumpan en ese espacio. De hecho, ponerse a la defensiva es muy común en las parejas de recién casados, cuando cada cual debe ceder una parte de ese espacio pero aún no están preparados para hacerlo y se preparan para defenderlo del otro, al cual perciben, inconscientemente, como si fuera un atacante. 

- Porque no tenemos una buena relación con determinada persona. Cuando en el pasado una persona nos ha herido o humillado, es normal que reaccionemos asumiendo una actitud defensiva. Se trata de un mecanismo de supervivencia que nuestro “yo” pone en marcha apenas distingue al otro, aunque no note ninguna señal de alarma evidente ya que el peligro es la persona en sí.

Sin embargo, estas causas son solo explicaciones a nuestro comportamiento, no excusas para mantenerlo. De hecho, estar siempre a la defensiva es una expresión de inseguridad y de escaso control emocional. Cuando respondemos demasiado a menudo poniéndonos a la defensiva es porque no confiamos en nuestras capacidades y porque no somos capaces de controlar nuestras respuestas emocionales ante determinadas personas o situaciones.


Una actitud con la que llevas las de perder


Estar a la defensiva no nos reporta prácticamente ninguna ventaja. Al contrario, es una postura con la que perdemos muchísimo. En primer lugar, genera un elevado nivel de ansiedad y tensión que no nos permite ver las cosas con claridad. Imagina a un soldado en el frente, dispuesto a combatir, con los niveles de adrenalina por las nubes. Así, más o menos, es como funcionamos cuando nos ponemos a la defensiva. Nos centramos en un solo aspecto obviando el resto, como si nuestra vida dependiese de ello.

En segundo lugar, estar a la defensiva cierra las puertas al diálogo, nos hace parapetarnos detrás de nuestra postura y cerrarnos a las razones de los demás. Es como si anduviésemos con anteojeras y solo le prestásemos atención a nuestros criterios y razones. 

En tercer y último lugar, estar a la defensiva también se puede convertir en un hábito, de manera que reaccionaremos de esta manera en todos los contextos y con todas las personas, lo cual, a la larga, dañará profundamente nuestra vida social. 


Las señales que indican que estás a la defensiva


- Interpretas negativamente frases neutras. Por ejemplo, tu pareja te indica que le gusta como cocina una amiga que tenéis en común y comienzas a pensar que eso significa que no le gusta como tú cocinas.

- Recurres al “pero” más de lo necesario. Cuando las razones del otro jamás te satisfacen y siempre tienes algún “pero”, es probable que éste surja de una resistencia, de una postura defensiva.

- No pides explicaciones, prefieres interpretar. Generalmente, cuando no pides explicaciones es porque no te interesa la opinión de la otra persona, en tu mente has creado una imagen de la situación y prefieres no cambiarla.

- Utilizas con frecuencia el sarcasmo. El sarcasmo no solo es hiriente sino que es una señal de inseguridad y miedo. Por eso, a menudo es la herramienta preferida para defendernos cuando creemos que estamos siendo atacados.

- Crees que una discusión es una batalla campal. Las personas que consideran que existen ganadores y perdedores en las discusiones suelen adoptar actitudes defensivas desde el inicio porque no quieren perder bajo ningún concepto.

- Das razones falsas para escapar a tu responsabilidad. Cuando te cierras al diálogo y recurres incluso al engaño para no dar tu brazo a torcer, es probable que estés asumiendo una actitud defensiva en la cual ves al otro como un adversario.
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La muerte no existe, lo demuestra la física cuántica

>> 14 de agosto de 2014

Una de las mayores preocupaciones del ser humano es qué sucederá después de la muerte. ¿Existirá vida o se tratará tan solo de la oscuridad más absoluta donde la conciencia deja de existir? Esta pregunta es tan trascendental que en algunas personas llega a desarrollar una intensa preocupación que desemboca en el miedo a la muerte. 

Sin embargo, según Robet Lanza, un biólogo que actualmente trabaja en el Advanced Cell Technology y se desempeña como profesor adjunto de la Wake Forest University School of Medicine, la muerte no existe, o al menos no como nosotros la concebimos. Este biólogo que ha incursionado en los últimos años en el mundo de la física, afirma que la muerte es tan solo una ilusión creada por nuestra propia conciencia. Para demostrarlo, recurre a la física cuántica.


Un guiño a la física cuántica


En el curso del último siglo hemos sido testigos de cambios trascendentales en los paradigmas científicos y numerosos descubrimientos han movido las bases de nuestra forma tradicional de ver y comprender la realidad. Algunos de estos descubrimientos han llegado a un punto tal que podrían parecernos ciencia ficción.

Sin embargo, hoy sabemos que la materia está constituida en un 99% por espacio vacío y que las partículas cuánticas son puntos de dimensión cero. Ahora sabemos que el viaje al futuro es posible siempre que se viaje a una velocidad enorme, que ya existen partículas que se pueden teletransportar a través de un muro y que incluso pueden estar en lugar en dos lugares al mismo tiempo.

Hoy la física cuántica es mucho más que una serie de leyes y teorías exclusivas de unas pocas mentes privilegiadas porque sus descubrimientos pueden tener un impacto en nuestra concepción del mundo y en nuestro día a día.


La clave es el Biocentrismo


Lanza propone una nueva disciplina, el Biocentrismo, en la cual lo biológico tenga un papel esencial ya que según este científico, es nuestra conciencia la que crea el universo y no al contrario. Lanza explica con detenimiento esta teoría en un libro que he estado devorando durante las últimas semanas (en inglés y con tantos experimentos de la física, reconozco que he tenido que volver atrás varias veces pero el esfuerzo ha valido la pena): “Biocentrismo”.

Según esta teoría, no han sido los fenómenos físicos los que han creado la realidad sino la propia vida. Esto nos sugiere que la conciencia determina la existencia de los objetos en el universo e incluso de fenómenos que damos por sentado, como el espacio y el tiempo.

Por tanto, cuando aceptamos que el espacio y el tiempo son solo instrumentos de nuestra mente, que nos sirven para orientarnos, la muerte deja de tener sentido porque no es un punto al que se llega, no es un final en sí misma. El problema radica en que nos han transmitido la idea de que la muerte está asociada al cuerpo físico y este, antes o después, muere. Sin embargo, nuestra conciencia es mucho más que proteínas y ácidos nucleicos.


Un experimento asombroso


Lanza afirma que lo que vemos no podría existir sin la conciencia, la cual tiene su propio significado del mundo. Por consiguiente, comprender el universo desde el biocentrismo implica considerar que nuestra experiencia sensorial no es más que un vórtice de informaciones que se verifican en nuestra mente. Si aceptamos esta concepción del espacio y el tiempo, entonces la muerte no existe ya que esta sería una forma de trascender nuestra forma cotidiana de pensar.

A lo largo de su libro, Lanza cita numerosos experimentos realizados en el ámbito de la física cuántica que los científicos aún no han logrado entender pero que encajarían como las piezas de un gran rompecabezas con la teoría del Biocentrismo. 

Uno de los experimentos más interesantes es el de la doble rendija. A grandes rasgos, en este experimento los físicos emitieron un haz de luz contra una pantalla que tenía dos rendijas. Lo curioso fue que cuando los físicos centraban su atención en una partícula, esta pasaba a través de una rendija u otra comportándose. Al contrario, si no se observaba, la partícula atravesaba ambas rendijas contemporáneamente. 

Según Lanza, esto significa que el comportamiento de esa partícula está determinado, de alguna manera, por el observador externo, lo cual, a su vez, indica que la materia y la energía tienen un nexo común y que su comportamiento depende de la percepción de la persona.

Las implicaciones del Biocentrismo son muchas, en el caso de que esta teoría que está íntimamente vinculada con los preceptos del budismo, sea aceptada por la comunidad científica. Por el momento, siembre muchas preguntas: ¿Cómo vivirías si tu percepción sobre la muerte cambiase y dejases de pensar en esta como en un fin? ¿Qué harían las personas si supiesen que tienen la capacidad de influir aún más sobre la realidad? ¿Sería el fin de la supuesta objetividad de la que hacemos gala?


Fuente:
Lanza, R. & Berman, B. (2009) Biocentism: How life and consciousness are the keys to understanding the true nature of the universe. BenBella.
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¿Qué se esconde detrás de las críticas?

>> 12 de agosto de 2014

¿Te has detenido a pensar cuántas veces juzgas a alguien al día? ¿Cuántas críticas escuchamos y cuántas lanzamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos? Seguramente serán muchas o, en todo caso, un número demasiado alto como para poder vivir con la serenidad mental que necesitamos. 

Uno de los secretos a voces del budismo para reencontrar la paz espiritual consiste en no criticar. Sin embargo, probablemente se trata de uno de los principios más difíciles de seguir porque somos 'criticones' por naturaleza. Vemos algo que no nos gusta o que no calza con nuestras expectativas y valores, e inmediatamente lo criticamos. 

Hay personas que son verdaderas especialistas en esta materia, son gente que prácticamente viven para criticar lo que hacen los demás. Sin embargo, ¿te has preguntado qué se esconde detrás de las críticas?

Muchas de las personas que se dedican a criticar a los demás simplemente intentan distraer su mente del malestar que sienten con su vida. Critican a los otros para no verse obligados a criticarse a sí mismos y a tener que tomar medidas para solucionar sus problemas. Así, se mantienen entretenidos viendo la paja en el ojo ajeno e ignorando la viga en el ojo propio. 

De esta forma se quedan en su zona de confort, ignorando sus defectos a costa de minimizar los errores de los demás. Es lo que en el refranero popular se conoce como “mal de muchos, consuelo de todos”. Aunque personalmente prefiero una variación de esta idea: “Mal de muchos, consuelo de TONTOS”.


Criticar y juzgar: Dos caras de una misma moneda


Nuestra naturaleza nos lleva a realizar comparaciones y a decidir lo que es mejor o peor para nosotros. A través de esas comparaciones juzgamos las cosas, fenómenos o personas siguiendo determinadas reglas. Este es un proceso natural que incluso es beneficioso porque nos permite tomar distancia de los hechos, asumir una postura más objetiva y, eventualmente, tomar mejores decisiones.

Sin embargo, la crítica a menudo solo incluye una censura, es una forma para vituperar las acciones o el comportamiento de una persona, por el mero placer de hacerlo, sin sacar de ello ningún provecho o una lección que nos sirva para mejorar nuestra vida o, al menos, para evitar esos errores. En estos casos, la crítica es totalmente contraproducente porque nos impide mirar dentro de nosotros mismos, hace que nos centremos tanto en los demás que nos impide solucionar nuestros problemas.

Por tanto, observar la vida de los demás y la forma en que solucionan sus problemas puede ser un ejercicio muy provechoso o, al contrario, puede ser un hábito malsano que nos conduce al inmovilismo y a llenarnos de resentimiento contra el mundo.

Tú decides, pero ten siempre en cuenta que no somos jueces y no tenemos el derecho a sentar en el banquillo de los acusados a nadie. 
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5 hábitos de las personas emocionalmente inteligentes

>> 11 de agosto de 2014

En los últimos años se ha hablado mucho de la Inteligencia Emocional ya que es un factor clave, no solo para tener éxito en el plano profesional sino también en el ámbito de las relaciones interpersonales e incluso para llevar una vida más plena. Sin embargo, ¿qué hacen las personas inteligentes emocionalmente que las diferencia del resto?

1. No se pierden en palabras, actúan

Hablar es importante. De hecho, es vital para cerrar un trato, para consolidar las relaciones con las personas e incluso para sentirse bien con uno mismo. Sin embargo, después de las palabras deben venir las acciones. Las personas con Inteligencia Emocional no se limitan a hablar sino que llevan a la práctica lo que dicen. Esta tendencia a la proactividad hace que sean más confiables ante los ojos de los demás, hace que sean personas con las cuales nos gustaría contar.

2. Se mantienen centradas en el objetivo final

Una de las principales razones por la cual las personas fracasan en los negocios o en su vida personal es porque a menudo el cúmulo de tareas que tienen que realizar les resulta muy agobiante. Sin embargo, las personas inteligentes emocionalmente no solo saben dividir los objetivos en pequeñas tareas sino que son capaces de mantenerse motivadas hasta el final.

Esto les permite enfocar su energía en las cosas verdaderamente importante y obviar el resto. De esta manera no se agobian tanto y sus relaciones interpersonales no se resienten. Estas personas tienen bien claras sus metas y saben cuál es el camino a seguir para alcanzarlas.

3. Expresan lo que sienten de manera asertiva

Hemos crecido en una sociedad represora, desde pequeños nos han enseñado a ocultar nuestras emociones o a ignorarlas, como si no existiesen. No obstante, la verdadera Inteligencia Emocional consiste en comprender lo que estamos sintiendo y aprender a expresarlo de la manera más asertiva posible. Lo ideal no es esconder las emociones negativas sino aprender a canalizarlas. Las personas que tienen esta habilidad son capaces de expresar lo que quieren y no dejan que los demás pisoteen sus derechos pero, a la misma vez, se muestran respetuosas y solícitas. 

4. Se liberan de los pensamientos tóxicos

Las personas inteligentes emocionalmente saben nutrirse de buena energía y mantener a distancia a quienes se comportan como camiones de basura. Además, monitorizan continuamente sus sentimientos para liberarse de aquellas emociones que no le hacen bien.

Por otra parte, son capaces de detectar los pensamientos negativos que son contraproducentes y ponerles coto cuanto antes. Podría decirse que estas personas se encargan de mantener limpio su almacén mental, eliminando todos los desechos que no sirven y que podrían generar estrés, ansiedad o depresión.

5. Permanecen conectadas

El hecho de que una relación llegue a su fin no significa que se deba destruir el puente. Las personas emocionalmente inteligentes se esfuerzan por mantener viva la conexión que han creado en el pasado e intentan que las separaciones o discusiones no dejen al otro con un mal sabor en la boca. Esto hace que tengan muchas amistades, personas que estarán disponibles para ayudarles cuando más lo necesiten.
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