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3/27/2017

¿Cómo conocer inmediatamente la personalidad de alguien con una sola pregunta?


Sabemos que la personalidad es compleja y que cambia a lo largo del tiempo, según las experiencias de vida que vamos enfrentando. Esto indica que conocer profundamente a alguien es difícil y es necesario pasar mucho tiempo a su lado, estableciendo una conexión íntima que nos permita darnos cuenta de los cambios que van ocurriendo.

Sin embargo, hay una pregunta muy sencilla que puede ser muy útil para formarnos una idea general de quién es la persona que tenemos delante. Solo tenemos que preguntarle qué piensa de los demás.

Dime lo que piensas de los demás y te diré cómo eres


Psicólogos de la Wake Forest University llevaron a cabo diferentes experimentos, en uno de ellos pidieron a los participantes que juzgaran las características positivas y negativas de otras tres personas. Luego debían completar un test de personalidad. 

Se apreció que mientras más positivamente juzgaban a los demás, más felices, entusiastas y equilibrados emocionalmente eran ellos mismos. Estas personas también mostraban una mayor satisfacción con sus vidas. Al contrario, quienes juzgaban a los demás de forma más negativa solían mostrar más rasgos narcisistas y antisociales, además de una mayor tendencia a la depresión

Los investigadores repitieron el experimento un año más tarde y obtuvieron los mismos resultados, lo cual nos indica que la manera en que juzgamos a los demás, dice mucho sobre quiénes somos. 



Proyectamos nuestra personalidad y nuestra forma de ver el mundo en los demás


Al preguntarle a alguien qué cree sobre los demás activamos un mecanismo inconsciente de proyección. En práctica, reflejamos en los demás nuestras propias características. Así, las personas generosas tendrán la tendencia a pensar que los demás también son generosos y los egoístas creerán que los otros también son egoístas. Vemos el mundo como somos.

En la base de este mecanismo también se encuentra un sesgo cognitivo denominado “efecto del falso consenso” según el cual, solemos pensar que nuestros hábitos, valores, creencias y opiniones son mucho más comunes y están más extendidos de lo que sería lógico.

Es la tendencia a creer que los demás piensan y sienten lo mismo que nosotros. De hecho, un estudio muy curioso llevado a cabo en la Universidad de Castilla-La Mancha reveló que las personas que consumen mucho alcohol creen que los demás beben tanto como ellos y los abstemios piensan que las otras personas beben muy poco. 

Por supuesto, esta relación no siempre es tan lineal. Hay casos en los que ocurre justo lo contrario, Por ejemplo, quienes tienen una personalidad narcisista suelen creer que los demás valen muy poco y son menos interesantes y listos. Por otra parte, quienes tienen tendencia a la paranoia verán en los demás a personas malévolas que no son de fiar.

En cualquier caso, siempre debemos tener en mente estas sabias palabras de Confucio: "Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo. Cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo".


Fuentes:
Wood, D. et. Al. (2010) Perceiver effects as projective tests: What your perceptions of others say about you. Journal of Personality and Social Psychology; 99(1): 174-190.
Yubero, s. et. Al. (2005) La percepción del consumo de alcohol: el análisis de los sesgos atributivos como orientación para la intervención social con jóvenes. Bits: Boletín Informativo Trabajo Social; 8.
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3/24/2017

¿Por qué siempre debes despedirte de tu hijo al salir de casa?


Si tienes un niño pequeño, sabrás que ese momento en el que debes salir de casa y dejarle es uno de los más difíciles. Despegarte de tu pequeño duele, sobre todo porque él tampoco quiere despegarse de ti, un fenómeno que se agudiza cuando atraviesa por la fase de la ansiedad de separación. Sin embargo, no puedes vivir eternamente a su lado y esas separaciones son útiles para desarrollar su independencia emocional, aunque en un primer momento sean difíciles.

Algunos padres, para evitar el llanto del niño, se escabullen de casa escondidos del niño. Sin embargo, nunca deberíamos irnos de casa sin despedirnos. Cruzar la puerta a hurtadillas no es lo mejor para tus hijos pues puede crear una herida emocional difícil de sanar.

Escaparte a hurtadillas genera la sensación de abandono


Escaparte a hurtadillas no evitará el sufrimiento del niño. El hecho de que no le escuches llorar no significa que sentirá menos tu presencia. De hecho, puede ser aún peor porque cuando llora al ver que te vas, siente tristeza, pero cuando llora porque nota tu ausencia puede experimentar una sensación de abandono, angustia y desesperación.

A los niños pequeños les resulta difícil lidiar con la separación de sus progenitores ya que ven en ellos una fuente de seguridad y satisfacción de sus necesidades. Por eso, pueden vivir la separación como un auténtico abandono, más aún si uno de sus padres desaparece improvisamente. 

Los efectos de la sensación de abandono que pueden experimentar los niños pequeños no se deben menospreciar:

- Shock. En un primer momento el niño suele reaccionar con llanto, enfado o con una rabieta. Más adelante es posible que experimente angustia y ansiedad.

- Inseguridad. Cuando el niño se da cuenta de repente sus padres no están, su mundo puede tambalearse, lo cual le genera una gran inseguridad. Si en vez de despedirte te escapas, el niño no sabrá cuándo puedes volver a desaparecer, por lo que se sentirá permanentemente confundido e inseguro.

- Miedo. Escabullirse, lejos de enseñarle al niño a lidiar con la separación, genera aún más ansiedad. Como resultado, es probable que cuando regrese esté aún más apegado a ti pues adoptará una actitud vigilante para evitar que le vuelvas a “abandonar”. Además, puede comenzar a temer que las otras personas también le abandonen.

- Culpa. Si te escabulles con frecuencia, es probable que el niño comience a sentirse culpable. Creerá que ha hecho algo mal por lo cual merece ser “abandonado” y es probable que su autoestima se afecte pues creerá que no es digno de ser amado.

Diferentes investigaciones también han analizado el impacto de la sensación de abandono en los niños. Un estudio desarrollado por psicólogos de las universidades de Columbia y Duke analizaron a 3.000 familias en las que la madre había abandonado en algún momento a sus hijos. Los investigadores les dieron seguimiento a los niños hasta que cumplieron cinco años y descubrieron que la separación temprana de la madre generaba comportamientos negativos en los pequeños de tan solo tres años de edad y mostraban comportamientos agresivos al llegar a los 5 años. Otro estudio realizado en la Universidad de Columbia halló una relación entre la separación del cuidador principal y los malos resultados académicos a la edad de ocho años.

Por supuesto, eso no significa que escaparte a hurtadillas tenga esos mismos efectos en tu hijo ya que estas investigaciones se refieren a periodos de separación largos. Sin embargo, si sueles escaparte sin despedirte y tu hijo lo experimenta como un abandono, esa situación puede desencadenar una cascada de emociones y sentimientos que terminen dañándole.

Al contrario, cada vez que te despides de tu hijo estás fomentando la confianza. Aunque al inicio es difícil, poco a poco irá comprendiendo que puede confiar en ti pues aunque salgas, luego regresarás. De esta forma también fomentas una comunicación abierta, que será fundamental cuando llegue a la adolescencia.

¿Cómo despedirte de tu hijo sin que se convierta en un drama?


- Ve preparando el terreno. De esta forma tu salida no le tomará por sorpresa y podrá ir reestructurándose, aunque tampoco es necesario que se lo digas demasiado pronto, 15 minutos de antelación serán más que suficientes. Puedes decirle “tu abuela vendrá pronto, cuando terminemos de merendar tendrás que decirle adiós a mamá”.

- Háblale de lo que hará en tu ausencia. Si le dejas un plan de acción, el niño se sentirá más seguro y menos confundido, e incluso es probable que se motive, si el plan le resulta interesante. Por ejemplo, puedes decirle: “Cuando llegue tu tía, te pondrá el pijama y te leerá el cuento que prefieras antes de dormir”.

- Dile cuándo regresarás. Si le dices a qué hora regresarás, el niño se sentirá más seguro. Así también sabrá que cada vez que sales, vuelves, y evitarás que se sienta abandonado. Si todavía no conoce la hora, puedes explicarle que llegarás cuando la manecilla más corta del reloj llegue a tal punto. Cuando regreses, hazle notar tu puntualidad, así reforzarás la confianza que deposita en ti.

- Establece una rutina de despedida. Las rutinas ayudan a que los niños tengan cierta sensación de control sobre la situación, y le ayudan a transformar una experiencia pasiva en activa. No obstante, la rutina de despedida debe ser corta ya que de lo contrario es probable que el pequeño comience a llorar. Por ejemplo, puedes darle dos besos y animarlo a que los guarde en sus bolsillos para que los conserve cuando te hayas ido y te extrañe.


Fuentes:
Howard, K. et. Al. (2011) Early Mother-Child Separation, Parenting, and Child Well-Being in Early Head Start Families. Attach Hum Dev; 13(1): 5-26.
Leventhal, T. & Brooks-Gunn, J. (2000)“Entrances” and “Exits” in children’s lives: Associations between household events and test scores. New York: Teachers College, Columbia University.
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3/23/2017

"El monje equivocado": Después de este corto no volverás a ver la vida de la misma manera


A veces estamos demasiado imbuidos en los problemas de la vida cotidiana, los pequeños contratiempos nos absorben tanto que perdemos de vista las cosas realmente importantes y cuando nos damos cuenta, ya no podemos disfrutarlas.

Este maravilloso corto titulado “El monje equivocado” fue creado por Tom Long como proyecto final durante su especialización en animación en 3D en la Southampton Solent University. Versa sobre un monje eremita a quien un buen día, mientras practicaba sus ejercicios, le interrumpe un invitado inesperado. El viaje que nos propone es muy tierno y nos invita a reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestra vida y cómo empleamos el limitado tiempo que tenemos a nuestra disposición.



Aprovecha cada momento porque no siempre tendrás una segunda oportunidad

En muchas ocasiones nos comportamos como el monje de esta historia: dejamos que algunas cosas, como el trabajo o las pequeñas tareas de la vida cotidiana, absorban por completo nuestra vida, hasta tal punto que no dejamos espacio para nada más. Confundimos lo serio con lo importante y caemos en el error de pensar que lo que ocupa tiempo es significativo.

Al dejarnos llevar por el estrés y ensimismarnos en nuestra rutina cotidiana, terminamos reaccionando como el monje y después nos arrepentimos. No somos capaces de estar plenamente presentes cuando alguien a quien queremos nos necesita.

Sin embargo, debemos tener presente que no siempre tendremos tanta suerte como el monje. A veces no tenemos la oportunidad de reparar lo que hemos hecho mal porque la vida nos arrebata a las personas que queremos.

Por eso, es importante ser plenamente conscientes de que la vida es ahora. No esperes a mañana para demostrarle a alguien cuánto le quieres, no dejes que las tareas que no te aportan nada consuman todo tu tiempo y energía. Aprende a vivir cada momento junto a los demás de forma plena y valora a quien te regala su tiempo porque te está dando su posesión más valiosa. Asegúrate de estar plenamente presente para que ese regalo se convierta en un recuerdo especial.

La vida no puede ser un subseguirse de hábitos que no te aportan nada, cada día debes decidir qué es lo más importante para ti y priorizarlo. Piensa en tu vida como en un frasco de cristal que debes llenar. Si primero metes arena, no cabrá nada más. Sin embargo, si primero metes unas pelotas de golf, por ejemplo, habrá espacio para que sigas metiendo objetos más pequeños. Las pelotas de golf son las personas significativas y las cosas que nos apasionan, mientras que la arena representa todas esas tareas intrascendentes que debemos realizar pero que no nos aportan nada.

Solo siguiendo esta filosofía así podrás vivir sin arrepentimientos y, cuando llegue el momento de mirar atrás, encontrarás una vida rica de sentido.

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3/21/2017

¿Quieres pero no quieres? Los sentimientos contrapuestos no son signo de indecisión sino de riqueza emocional


Quieres pero no quieres, algo te entusiasma pero también hay algo te detiene, te gusta pero no del todo… Si has experimentado estos sentimientos en alguna ocasión y se lo has comentado a alguien para que te ayude a desenredar esa madeja emocional que tienes en tu mente, es probable que te haya dicho que eres una persona indecisa. Y que eso no es bueno.

Sin embargo, la ciencia tiene buenas noticias para ti: los sentimientos encontrados y contradictorios no son necesariamente sinónimo de indecisión sino de complejidad emocional. Las personas que tienen un universo emocional muy rico también son más propensas a experimentar esa gran variedad de sentimientos, a veces antagónicos. Además, son mejores gestionando sus emociones y tienen un menor riesgo de sufrir depresión.


Los sentimientos encontrados son signo de equilibrio


Psicólogos de las universidades de Waterloo y Michigan realizaron diferentes estudios, entre ellos uno compuesto por una muestra de 1,396 personas de 16 culturas diferentes. Estas personas debían indicar qué emociones habían experimentado en algunas situaciones de su vida, como cuando tuvieron un problema con algún miembro de su familia, cuando enfermaron, cuando estaban sobrecargados de trabajo o bloqueados en un atasco de tráfico.

Descubrieron que en la cultura occidental tenemos la tendencia a pensar en las emociones encontradas como algo negativo e indeseable, y las achacamos a la indecisión. También descubrieron que quienes tienen esos sentimientos antagónicos son mejores diferenciando sus estados emocionales y logran encontrar un mayor equilibrio en sus vidas. 

En cambio, como norma quienes viven en culturas excesivamente orientadas en el “yo” tienen un mundo emocional más plano, en comparación con culturas que ponen un mayor énfasis en los vínculos familiares y el deber social ya que estas personas son capaces de comprender y asumir diferentes perspectivas, lo cual enriquece su esfera emocional.

Por ejemplo, al no estar centrados obsesivamente en su “yo” pueden sentir que la pérdida de un proyecto laboral es decepcionante pero, a la vez, son capaces de valorar que es una oportunidad para pasar más tiempo con su familia o intentar algo nuevo. Una persona centrada en su “yo” solo vería la parte negativa del suceso, lo cual restringe considerablemente su universo emocional.

Granularidad emocional: Experimentar diversas emociones es signo de autocontrol y te augura una vida más larga


El universo emocional no suele ser lineal. Es probable que en más de una ocasión hayas deseado algo durante mucho tiempo y cuando finalmente lo tienes, no te sientes tan feliz como esperabas o incluso es probable que experimentes algunas sensaciones negativas. Suele ocurrir cuando finalmente terminas la universidad, te sientes feliz pero a la vez puedes experimentar nostalgia y tristeza por la época que dejas atrás o miedo e incertidumbre por la nueva etapa que comienza.

En la relación de pareja o con los hijos las emociones encontradas también suelen ser pan cotidiano. Un momento les quieres con todas tus fuerzas y al momento siguiente querrías “matarles” por algo que han hecho o dicho.

Esos sentimientos y emociones no te hacen peor persona, al contrario, son perfectamente normales y pueden reportarte algunas ventajas. De hecho, esa amplitud en la esfera afectiva se conoce como “granularidad emocional” y es una característica de las personas que son capaces de experimentar diferentes sentimientos y emociones a la vez y diferenciarlos.

Lo interesante es que, según un estudio de la Universidad de Kentucky, estas personas también tienen un mayor autocontrol y son menos propensas a responder con agresividad aunque estén muy enfadadas. Además, estos investigadores apreciaron que las personas con granularidad emocional solían tener una vida más larga y saludable, acudían menos al médico, recurrían menos a la medicación y pasaban menos días hospitalizados debido a una enfermedad. 

De hecho, otro estudio muy interesante realizado en 92 mujeres que padecían cáncer de mama descubrió que quienes eran capaces de detectar, etiquetar y entender sus emociones mostraban niveles más bajos de inflamación, uno de los procesos que se encuentra en la base de esta enfermedad y que se considera un mal pronóstico.

Por tanto, la próxima vez que experimentes emociones antagónicas, no desesperes ni pienses que es algo negativo o un signo de indecisión. Piensa que es tu universo afectivo expresándose en su complejidad, algo que, a la larga, te traerá beneficios.


Fuentes:
Grossmann, I. et. Al. (2016) Emotional complexity: Clarifying definitions and cultural correlates. Journal of Personality and Social Psychology; 111(6): 895-916.
Pond, R. S. et. Al. (2012) Emotion differentiation moderates aggressive tendencies in angry people: A daily diary analysis. Emotion; 12(2):326-337.
Stanton, Annette L. et. Al. (2000) Emotionally expressive coping predicts psychological and physical adjustment to breast cancer. Journal of Consulting and Clinical Psychology; 68(5): 875-882.
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3/20/2017

¿Qué revela lo que publicas en Facebook sobre tu personalidad?


Con 1.710 millones de usuarios y 934 millones de personas que entran cada día, Facebook se ha convertido en la red social por excelencia. En este espacio subimos las fotos de nuestros viajes, de las personas que queremos y compartimos lo que nos interesa. 

Sin embargo, no todos publicamos lo mismo. Hay quienes comparten fundamentalmente experiencias personales como los detalles de su última cena o su fantástico viaje, otros usan esta red social para expresar su amor por las personas de su entorno cercano e incluso hay quienes la usan como campo de batalla político.

Esa diversidad nos indica que nuestro perfil en esta red social se ha convertido, de cierta forma, en una extensión de nosotros y un reflejo de algunas de nuestras características de personalidad. Por eso, psicólogos de la Universidad de Brunel se dedicaron a evaluar la relación entre las publicaciones que compartimos en Facebook y nuestra personalidad. Analizaron a 555 personas y lograron establecer diferentes categorías íntimamente relacionadas con distintos rasgos personológicos. 


Los 5 tipos de publicaciones más comunes y los rasgos que esconden


1. Publicaciones sobre ejercicios, dietas y logros personales

Fotos sobre la rutina en el gimnasio, un primer plano de los músculos, imágenes de cada plato que compone la dieta de moda, la foto del último smartphone o del coche que se ha comprado... Este tipo de publicaciones están relacionadas con una personalidad narcisista ya que no se trata de información relevante para su círculo de amigos sino de publicaciones exclusivamente centradas en ellos mismos sobre sus "logros" personales. Normalmente estas personas no quieren conectar realmente con los otros sino tan solo captar su atención para recibir más “me gusta” y comentarios pues solo cuando alimentan su ego se sienten plenos.

2. Publicaciones sobre la pareja

Es normal que publiquemos fotos con nuestra pareja ya que a su lado vivimos muchas experiencias que nos gustaría compartir con los demás. Sin embargo, cuando el número de publicaciones es tal que ya no se sabe exactamente a quién pertenece el perfil pues la persona casi desaparece para darle protagonismo a su pareja, podría indicar una falta de autoestima. Además, si la red social se utiliza para ventilar asuntos privados, como es el caso de los mensajes llenos de despecho, rabia o frustración hacia un ex, podría revelar a una persona con un elevado nivel de neuroticismo, que probablemente está buscando apoyo social para poder lidiar con la situación. 

3. Publicaciones sobre los hijos

Una vez más, es perfectamente comprensible que los padres compartan experiencias que han vivido junto a sus hijos ya que estos son una parte importante de sus vidas. De hecho, esa tendencia podría indicar a una persona juiciosa, responsable y organizada. No obstante, si el número de publicaciones es excesivo y suele enfocarse en los problemas y los aspectos negativos, podría indicar a una persona con rasgos neuróticos, ansiosa y muy sensible ante el estrés. En caso de que el perfil de Facebook parezca un tablero de medallas donde se recopilan todos los logros del niño, por pequeños e insignificantes que sean, puede indicar a una persona muy competitiva que busca la validación de sus habilidades como madre o padre a través de esta red social.

4. Publicaciones sobre la vida social y detalles cotidianos

Las publicaciones sobre las experiencias que tenemos, los pequeños detalles del día a día y los eventos que estamos planificando suelen indicar que se trata de una persona extrovertida, que utiliza esta red social realmente para comunicar y conectar con los demás. Estas personas suelen ser habladoras y alegres, les gusta socializar y participan activamente en Facebook comentando en los perfiles de los demás. 

5. Publicaciones intelectuales

Quienes suelen compartir noticias, investigaciones y temas de actualidad o reflexión suelen ser personas con mayor apertura mental, más creativas, atentas al mundo, con mayor curiosidad intelectual y preocupadas por su desarrollo personal. Estas personas usan Facebook para compartir la información que consideran más valiosa y relevante, y rara vez comentan las actualizaciones de estatus personales pues generalmente prefieren los encuentros cara a cara.

¿Cuán fiables son estas correlaciones?


La personalidad es una construcción muy compleja, no es la simple unión de varios rasgos y cambia a lo largo de la vida. Esto significa que al encasillar a las personas o ponerles etiquetas, vemos solo una pequeña parte, obviando el resto.

Sin embargo, no es menos cierto que cada vez vivimos más en Internet y nos proyectamos a través de la red, por lo que cada vez que indicamos un “me gusta” o compartimos algo, estamos reflejando nuestros intereses, preocupaciones y, por supuesto, dejamos entrever un pedacito de quiénes somos.


Fuente:
Marshall, T. C. et. Al. (2015) The Big Five, self-esteem, and narcissism as predictors of the topics people write about in Facebook status updates. Personality and Individual Differences; 85: 35–40.
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3/18/2017

Cuando las personas te dicen que ya no eres el mismo, es porque dejaste de ser como querían que fueras


Ya no eres el mismo, has cambiado mucho”, es uno de los reproches más frecuentes que podemos escuchar e incluso es probable que en alguna ocasión lo hayas hecho o te lo hayan dicho. Detrás de estas palabras se suele esconder el desencanto y la desilusión. La persona siente que, de alguna forma, ha sido traicionada, engañada o burlada por lo que termina acusando al otro, echándole la culpa de la transformación. Con esas palabras está diciendo que el otro no es digno de fiar o de amar porque las premisas iniciales a partir de las cuales se construyó la relación ya no existen.

Obviamente, cuando nos dicen algo así, sobre todo si proviene de una persona que queremos o estimamos, nos sentimos mal y hacemos examen de conciencia. El problema es que al mirar dentro de nosotros nos daremos cuenta de que, efectivamente, hemos cambiado. Entonces, automáticamente, nos sentimos culpables. Y de repente cae sobre nosotros el peso de los problemas que tiene la relación. Aunque no debe ser así.

Todos cambiamos, lo extraño sería seguir siendo los mismos


Hay quienes piensan que la personalidad es inmutable. Incluso los psicólogos lo pensaron durante algún tiempo. Según esta concepción, si eres extrovertido o introvertido, seguirás siéndolo hasta el final de tus días.

Un estudio realizado recientemente por psicólogos de la Universidad de Edimburgo echó por tierra este mito al revelar que somos una persona completamente diferente a los 14 años y a los 77 años. Estos investigadores recopilaron los resultados de las pruebas de personalidad realizadas a 174 adolescentes en 1947 y volvieron a aplicar el test 60 años después, para evaluar los cambios que habían sufrido en su personalidad.

Se evaluaron seis características fundamentales: autoconfianza, perseverancia, equilibrio emocional, autoconciencia, creatividad y la voluntad de superación. Descubrieron que la personalidad había cambiado enormemente con el paso del tiempo, hasta el punto que en algunos casos era prácticamente imposible establecer paralelismos. De hecho, solo dos características mostraron cierta estabilidad: el equilibrio emocional y la autoconciencia.

Esto demuestra que las circunstancias de la vida, así como nuestra manera de enfrentarlas, nos va moldeando a lo largo de los años. Por tanto, es perfectamente normal que cambiemos, que deseemos otras cosas, que alberguemos nuevos sueños y que modifiquemos nuestras opiniones e incluso nuestras creencias. Lo verdaderamente extraño sería quedarnos anclados en un “yo” pues eso significaría que no hemos aprendido de las experiencias, que no hemos madurado.

No permitas que te culpen, tienes derecho a cambiar


La vida es movimiento. Si una persona espera que nada cambie, está albergando una expectativa ilusoria e irreal. De hecho, muchos se aferran a la inmovilidad porque la idea del movimiento y el cambio les resulta aterradora. A estas personas la perspectiva de que el otro pueda cambiar les causa sufrimiento, desean que todo sea permanente porque así tienen una false sensación de seguridad.

Por eso, cuando te dicen que has cambiado y que ya no eres la misma persona, lo que realmente están diciendo es que has dejado de cumplir con sus expectativas, que has dejado de alimentar sus necesidades y que ya no encajas en la imagen que tenían de ti.

¿Por qué ocurre?

Lo más probable es que tú hayas seguido creciendo, mientras esa persona se ha quedado anclada en el pasado. Por tanto, ahora vuestras diferencias son aun más notables pues tus expectativas, ilusiones y metas son otras, así como tu manera de reaccionar ante la vida.

Obviamente, ese cambio no ha ocurrido de la noche a la mañana, por lo que el reproche suele estar motivado por la falta de atención. En algún punto de la relación se perdió la intimidad y la conexión que teníais, por lo que te has convertido prácticamente en un extraño para esa persona, que no ha sabido ver a tiempo tus transformaciones y adaptarse.

¿Cómo lidiar con este reproche?


- No dejes que te culpen. No permitas que esta recriminación te haga sentir culpable. Tienes derecho a cambiar y a no vivir para satisfacer las expectativas de los demás. El cambio forma parte de la vida.

- Pídele que precise. Decir que “ya no eres el mismo” es un reproche generalista que no conduce a ninguna parte. Pídele a esa persona que especifique qué echa en falta en ti. Quizá realmente necesites dedicarle más tiempo a la relación o recuperar algunos de los gestos y detalles que tenías antes.

- Conócete mejor. A veces cambiamos tan rápido que no somos plenamente conscientes de esas transformaciones, por lo que es necesario un ejercicio de autoconciencia para reconectar con esas partes nuevas de nuestro “yo”. De esta forma sabrás exactamente lo que quieres y hacia dónde te diriges.

- Cierra una etapa de tu vida. La vida es cerrar algunos círculos y abrir otros. Cuando la brecha es muy grande, hay ocasiones en que la única solución es separar los caminos. Más que hacerse daño mutuamente, alimentando reproches e insatisfacciones, si cada quien mira en una dirección diferente, lo mejor es que sean libres para perseguir sus propios sueños.

Dejamos de conocer a alguien en el mismo momento en que dejamos de prestarle atención


Es importante no dar nunca nada por sentado. Si en tu vida has encontrado a personas especiales que quieres mantener a tu lado, asegúrate de dedicarles tiempo y crear momentos de intimidad que te permitan conocerla e ir descubriendo sus nuevas facetas. Así podrás estar a su lado a cada paso de ese camino de transformación y crecer juntos.


Fuente: 
Harris, M. A. et. Al. (2016) Personality Stability From Age 14 to Age 77 Years. Psychology of Aging; 31(8): 862–874.
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3/17/2017

Las terribles cicatrices que deja el abuso emocional en los niños


Cuando pensamos en el abuso y el castigo, casi siempre lo asociamos con la violencia física. Sin embargo, en la infancia el castigo físico no es el más común sino el abuso emocional. Y este es tan dañino como los golpes.

El abuso emocional asume diferentes formas. De hecho, es tan común que se estima que un tercio de los niños en el mundo sufren alguna forma de abuso emocional.

- Negligencia, se trata de padres que asumen una distancia emocional de sus hijos y no satisfacen sus necesidades, de manera que estos crecen en un hogar en el que no encuentran apoyo ni validación emocional.

- Humillación, la forma más común consiste en avergonzar al niño cuando se equivoca o no entiende algo, de manera que se fomenta una imagen negativa de sí mismo.

- Denigración, los padres demeritan los intereses, opiniones y deseos de sus hijos, transmitiéndoles la idea de que no son importantes ni dignos de ser tenidos en consideración. 

- Presión, se refiere a los padres que presionan demasiado a sus hijos para que cumplan con sus expectativas, sin tener en cuenta sus capacidades, necesidades y deseos. 

El abuso emocional es más dañino que el castigo físico


Psicólogos de las universidades de Minessota y McGill estudiaron a 2.292 niños que habían acudido a un campamento de verano y les dieron seguimiento durante un periodo de 20 años. En el momento en que se inició la investigación tenían entre 5 y 13 años de edad.

Los investigadores analizaron el impacto de las diferentes formas de maltrato infantil en niños y niñas. Comprobaron que tanto el castigo físico como el abuso emocional provocan daños a nivel psicológico y que no existían diferencias en las reacciones entre niñas y niños.

El castigo físico y el abuso emocional generaban ansiedad, depresión y baja autoestima. Sin embargo, el abuso psicológico estuvo más vinculado con la aparición de síntomas depresivos, trastornos de ansiedad y de apego, abuso de sustancias al llegar a la adolescencia, problemas de conducta y dificultades en el aprendizaje.

Las cicatrices quedan grabadas en el cerebro


Otro estudio llevado a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Berlín analizó el cerebro de mujeres que durante su infancia habían sufrido diferentes tipos de abusos. Los neurocientíficos descubrieron que el abuso físico y el emocional dejan diferentes huellas en el cerebro.

Mientras el abuso físico afecta fundamentalmente las zonas motoras de la corteza, las consecuencias a nivel cerebral del abuso emocional son aún más preocupantes ya que este se refleja en las zonas de la corteza prefrontal y el lóbulo temporal medial, áreas relacionadas con la decodificación y el control de las emociones, la autoimagen y la empatía. 

En estas zonas se apreció una reducción de volumen y densidad sináptica. Esto significa que estas áreas no fueron potenciadas adecuadamente durante la etapa infantil y, como resultado, la corteza no se engrosó lo suficiente.

La densidad sináptica aumenta con el uso. Cuando aprendemos una habilidad, ya se trate de escribir o de reconocer las emociones de los demás, se crean nuevas conexiones en las zonas del cerebro relacionadas con esas competencias. Obviamente, si durante la infancia no tenemos la oportunidad de desarrollar determinada habilidad, esas conexiones no se crearán.

El abuso emocional altera los patrones de señales sinápticas que normalmente tendrían que activarse, haciendo que los niños, y posteriormente los adultos, tengan dificultades para gestionar sus emociones, sean menos empáticos y tengan una autoimagen negativa.

No podemos olvidar que el apego seguro es esencial para un desarrollo adecuado del cerebro, en especial de las zonas vinculadas con el control emocional. Un niño sometido a un estrés continuo puede terminar sufriendo daños a nivel cerebral que después serán difíciles de revertir. Por tanto, recuerda que es más fácil educar a niños emocionalmente fuertes que reparar a "adultos rotos".


Fuentes:
Vachon, D. D. et. Al. (2015) Assessment of the Harmful Psychiatric and Behavioral Effects of Different Forms of Child Maltreatment. JAMA Psychiatry; 72(11):1135-1142.
Heim, C. M. et. Al. (2013). Decreased cortical representation of genital somatosensory field after childhood sexual abuse. American Journal of Psychiatry; 170(6): 616-623.
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