28 de noviembre de 2014

5 signos de que tu pareja es hipercrítica


Cuando pensamos en la crítica casi siempre le achacamos una impronta negativa pero lo cierto es que también es un instrumento que nos permite crecer como personas. Al resaltar nuestros errores o debilidades, la crítica nos motiva a mejorar. De hecho, cuando la crítica es constructiva y sabemos aceptarla, se convierte en un motor del cambio.

Sin embargo, la hipercriticidad nunca es buena consejera. Tener a nuestro lado a personas que nos critican constantemente no solo es agotador sino que, a la larga, puede terminar minando nuestra autoestima. La crítica, hecha de la manera adecuada y en el momento adecuado nos ayuda a crecer pero la crítica continua solo sirve para devaluarnos.

Desgraciadamente, hay personas que son hipercríticas por naturaleza, lo cual significa que no son plenamente conscientes de que sus palabras ejercen un efecto muy negativo sobre los demás. Cuando esta persona es nuestra pareja, el problema es aún peor porque las críticas se extienden a todas las áreas de nuestra vida y puede tener consecuencias nefastas para nuestra estabilidad emocional.

¿Cómo detectar a una persona hipercrítica?


1. Desafía constantemente tus ideas, opiniones y percepciones sobre cualquier argumento. Se trata de la típica persona que, digas lo que digas, tendrá preparada una estocada maestra para ir en tu contra. No importa el tema, siempre tendrá algo que objetar y encontrará una brecha en tu discurso por la cual atacarte.

2. Se niega a escuchar hasta que adoptes su estilo de comunicación. Esta persona no entiende razones, sobre todo si pretendes mantener la discusión en un plano racional y sosegado. Su principal objetivo es llevarte hacia su terreno para vencerte. Por eso a menudo recurre a las emociones, como hacen los manipuladores. Sabe que si hace que pierdas la paciencia o logra introducirte en su lógica, terminará venciéndote.

3. Asume los desacuerdos como ataques personales. Para las personas hipercríticas cualquier opinión diferente a la suya se convierte en un asunto personal, no puede entender que alguien tan cercano, como su pareja, no esté de acuerdo con sus opiniones. Como resultado, una simple opinión política diferente puede dar pie a una crisis de pareja en toda regla. Así, es común que al final, te encuentres pidiéndole disculpas, cuando en realidad la persona ofendida y criticada has sido tú.

4. Le resta importancia constantemente a tus opiniones. La persona hipercrítica también suele ser bastante egocéntrica, razón por la cual cualquier opinión que no sea la suya, no es digna de tener en cuenta. Por eso, a menudo hace caso omiso de las preocupaciones o las ideas que le plantea su pareja. Esta persona intenta implantar una verdadera dictadura emocional.

5. Se centra obsesivamente en los detalles. La persona hipercrítica a menudo tiene problemas para captar las situaciones como un todo por lo que se centra en los detalles, detalles que para la mayoría son insignificantes. Por eso, aunque el resultado final haya sido bueno, siempre tendrán aspectos que criticar. Se trata de la clásica persona que dice: "lo has hecho bien pero..."


¿Cómo mantener una relación de pareja con una persona hipercrítica?


Las personas hipercríticas son altamente tóxicas, son como vampiros emocionales, por lo que es muy difícil mantener una relación de pareja saludable y satisfactoria con ellas. En un momento te sentirás en las nubes, creerás que todo marcha a la perfección y, al instante siguiente, estallará una tormenta.

Lidiar con estas personas es como estar continuamente bajo las cámaras, como si siempre hubiese alguien evaluando tus comportamientos, palabras y hasta tu más mínimo gesto. Como resultado, te sientes como si fueras un jugador de ajedrez, que debe calcular concienzudamente no solo su próxima jugada sino incluso tres o cuatro jugadas más para no cometer un error que podría ser fatal. Obviamente, esto suele ser muy desgastante, tanto desde el punto de vista psicológico como físico.

Sin embargo, todo no está perdido.

En el fondo, las personas hipercríticas tienen un ego muy frágil y lo protegen con esa actitud de superioridad. Una opinión contraria representa una amenaza para su autoestima, por eso reaccionan de manera negativa y se encierran dentro de su caparazón. Por tanto, el primer paso para poder lidiar con ellas es hacerles comprender que no representamos un peligro, que aunque pensemos de manera diferente, eso no significa que le amemos menos o que su opinión no sea importante.

Es importante que comprenda que existen diferentes maneras de hacer las cosas y que lo que a él/ella puede parecerle la mejor forma, puede que para ti no lo sea. Aún así, debe respetar tu decisión. No dejes que esa persona te arrastre a su lógica, en vez de rebatir con argumentos racionales, explícale cómo te hace sentir su comportamiento. A menudo, cuando nos desnudamos emocionalmente, el otro comprende el daño que está causando, toma conciencia y da un paso atrás para replantearse su actitud. 

No luches contra molinos de viento


Hay casos en los que, por mucho que te esfuerces, no lograrás que la otra persona cambie, ya sea porque lleva muchos años comportándose de esa manera, porque no es consciente del problema o simplemente porque no quiere comprometerse con el cambio. Entonces, por mucho que duela, es mejor ponerle fin a la relación. 

Convivir durante años con una persona hipercrítica terminará haciéndote mucho daño. Cuando solo escuchas los errores que cometes y tus opiniones nunca son tenidas en cuenta, irá creciendo un profundo sentimiento de inseguridad. Además, tarde o temprano sentirás un profundo vacío emocional ya que la persona que tienes a tu lado no te apoya.
Escrito por: Jennifer Delgado

27 de noviembre de 2014

Cómo controlar la ira: La leyenda de los dos lobos


Aprender a controlar la ira no es sencillo, mucho menos saber utilizarla a nuestro favor para alcanzar nuestros objetivos. Cuando nos enfadamos se produce un secuestro emocional en toda regla. La amígdala toma el control y dejamos de pensar, las emociones negativas afloran y decimos o hacemos cosas de las que después nos arrepentimos. Ambrose Bierce, un escritor norteamericano no pudo expresarlo mejor: “Habla sin controlar la ira y obtendrás el mejor discurso del que podrás arrepentirte”.

Una historia demasiado bonita para ser cierta 


Por Internet circula una antigua leyenda Cherokee que hace referencia a cómo controlar la ira. La versión más difundida es esta:

Un viejo indio dijo a su nieto: "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión." 

El nieto preguntó: "Abuelo, dime ¿cuál de los dos ganará la pelea en tu corazón?" 

El abuelo contestó: "Aquel que yo alimente".

Sin embargo, en realidad es prácticamente imposible eliminar la ira de nuestro interior. Por ejemplo, a veces las injusticias nos enfadan, a veces somos tan empáticos con el dolor ajeno que sentimos rabia. Es algo perfectamente comprensible. Sin embargo, durante muchos años la sociedad nos ha animado a esconder las emociones negativas y a avergonzarnos de ellas pero en realidad nuestro objetivo no debe ser eliminar la ira o reprimirla sino aprender a controlarla y expresarla de manera más asertiva.

Por eso, en esta ocasión me gustaría compartir con vosotros una versión mucho más profunda y con mayores implicaciones prácticas de esta antigua leyenda Cherokee.


La leyenda de los dos lobos 


Un día un anciano Cherokee pensó que había llegado el momento de transmitirle una gran enseñanza de vida a su nieto. Le pidió que le acompañara al bosque y, sentados debajo de un gran árbol, comenzó a contarle la lucha que tiene lugar en el corazón de cada persona:

Querido nieto, debes saber que en la mente y en el corazón de cada ser humano existe una lucha perenne. Si no eres consciente de ello, tarde o temprano te asustarás y quedarás a merced de las circunstancias. Esta batalla existe incluso en el corazón de una persona anciana y sabia como yo.

En mi corazón habitan dos lobos enormes, uno blanco y el otro negro. El lobo blanco es bueno, gentil y amoroso, le gusta la armonía y combate solo cuando debe protegerse o cuidar a los suyos. El lobo negro, al contrario, es violento e iracundo. El más mínimo contratiempo desata su ira por lo que pelea continuamente y sin razón. Su pensamiento está lleno de odio pero su rabia es inútil porque solo le causa problemas. Cada día, estos dos lobos luchan dentro de mi corazón.

El nieto le preguntó al abuelo: “Al final, ¿cuál de los dos lobos gana la batalla?

El anciano le respondió: “Ambos, porque si yo alimentase solo al lobo blanco, el lobo negro se escondería en la oscuridad y apenas me distrajera un poco, atacaría mortalmente al lobo bueno. Al contrario, si le presto atención e intento comprender su naturaleza, puedo utilizar su fuerza cuando la necesite. Así, ambos lobos pueden convivir con cierta armonía”. 

El nieto estaba confundido: “¿Cómo es posible que venzan ambos?

El anciano Cherokee sonrió y le explicó: “El lobo negro tiene algunas cualidades que podemos necesitar en ciertas situaciones, es temerario y determinado, también es astuto y sus sentidos están muy aguzados. Sus ojos acostumbrados a las tinieblas pueden alertarnos del peligro y salvarnos.

Si le doy de comer a ambos, no tendrán que luchar encarnizadamente entre sí para conquistar mi mente y así yo podré elegir a qué lobo recurrir en cada ocasión”.

¿Cómo controlar la ira en la vida cotidiana?


Esta antigua leyenda nos deja una enseñanza muy valiosa: la rabia reprimida es como un lobo hambriento, muy peligrosa. Si no sabemos controlarla, en cualquier momento puede tomar el control. Por eso, no debemos esforzarnos por esconder o reprimir los sentimientos negativos sino que debemos aprender a comprenderlos y reencauzarlos. ¿Cómo hacerlo?

1. Observa cómo fluye la ira. Cuando colocas un dedo sobre la salida de agua de un grifo, obtienes un chorro más potente que puedes dirigir a tu antojo pero si haces demasiada presión u obstaculizas mucho la boca del grifo, el agua se expandirá en todas las direcciones, fuera de control. Lo mismo sucede con la rabia cuando intentas reprimirla o esconderla, llegará un punto en el que no podrás controlar sus consecuencias. ¿Cuál es la solución? Quita el dedo del grifo, deja que la ira fluya y obsérvala, como si fueras otra persona. Busca un lugar tranquilo en el que puedas desahogarte y dale rienda suelta a tu ira, sin causarle daño a nadie.

2. Pon la situación en perspectiva. La ira tiene el poder para trastocar la importancia de las cosas, cuando nos enojamos hechos nimios se magnifican ante nuestros ojos y nos enfadamos aún más. Cuando sentimos ira perdemos la perspectiva y nos convertimos en personas más egoístas, lo cual afecta profundamente a quienes están a nuestro alrededor. Por eso, la próxima vez que te enfurezcas, pregúntate: lo que me está haciendo enfadar, ¿será importante dentro de 5 años? Se trata de una pregunta muy sencilla que te ayudará a reencuadrar la situación y adoptar una perspectiva más racional y objetiva.

3. Comprende el origen de la ira y úsala a tu favor. Escribir tiene un poder terapeútico por lo que puedes aprovecharlo para aprender a controlar la ira. Toma papel y lápiz y responde a estas tres preguntas: 1. ¿Qué o quién te está haciendo enfadar?, 2. ¿Por qué esa persona/situación te pone nervioso? y por último, 3. ¿Cómo puedes usar esa ira a tu favor? No olvides que también existe la agresividad positiva. Por ejemplo, si te sientes enfadado, puede ser un buen momento para practicar deporte, así no solo te relajarás sino que probablemente notarás que tu rendimiento mejora. Recuerda que la ira no es más que energía por lo que puedes usarla a tu favor y canalizándola a través de una actividad de manera que te resulte beneficiosa.
Escrito por: Jennifer Delgado

25 de noviembre de 2014

Vampiros emocionales: ¿Cómo identificarlos?


Hay personas que nos transmiten muy buenas vibraciones y nos llenan con su optimismo para alegrarnos el día. Sin embargo, hay otras que nos desgastan a golpe de pesimismo, inmadurez o egoísmo. Se trata de vampiros emocionales, personas que extraen nuestra energía vital y la usan para alimentar su negatividad.

El problema radica en que los vampiros emocionales no solo nos provocan una molestia momentánea sino que, a fuerza de relacionarnos con ellos día tras día, nos provocan un gran estrés y desgaste, no solo a nivel emocional sino incluso físico. De hecho, no podemos olvidar que las emociones son contagiosas y que los estados emocionales negativos mantenidos a lo largo del tiempo pueden dar pie a numerosas enfermedades. Por eso, el primer paso para lidiar con los vampiros emocionales, consiste en aprender a distinguirlos.

7 tipos de vampiros emocionales


Las personas que se alimentan de la energía de los demás suelen recurrir a la manipulación emocional para lograr sus objetivos. Se acercan al otro solo para extraer su energía y vaciar su carga de negatividad, una vez que lo logran, van a por su siguiente víctima sin sentir pena ni remordimientos. Y es que estas personas tienen muy poca empatía, son extremadamente egoístas y no son capaces de ponerse ni por un segundo en el lugar del otro. 

No obstante, existen diferentes tipos de vampiros emocionales, todos no operan de la misma manera:

1. Los vampiros pesimistas. Se trata de la típica persona que ve el mundo de color gris, para ella todo es negativo y hacerle ver que en realidad no es así es una misión imposible ya que siempre tiene a mano un argumento para demostrar que su vida y el mundo no merecen la pena. Si mantenemos una relación prolongada con esta persona puede terminar haciéndonos adoptar su perspectiva negativa y pesimista, robándonos nuestras ganas de vivir y esperanzas.

2. Los vampiros catastrófistas. Esta persona va más allá del pesimismo, para ella cualquier hecho adquiere proporciones negativas colosales. Su conversación gira exclusivamente sobre las catástrofes y desgracias que han ocurrido o pueden ocurrir, incluso si son bastante improbables. Para esta persona vivir significa enfrentar una larga cadena de peligros inminentes por lo que apenas diez minutos de conversación termina agotándonos y solo sirve para contagiarnos esa visión distorsionada del mundo.

3. Los vampiros quejicas. Se trata de la típica persona que se queja por todo, se queja cuando llueve y cuando hay sol también, cuando su economía va mal y cuando va bien. En ella nunca encontrarás apoyo porque cualquier problema que tengas, siempre será infinitamente menor que el suyo. De hecho, te usa como un paño de lágrimas pero nunca está dispuesta a escucharte cuando lo necesitas. Es probable que un día te acerques a ella con un problema pero termines consolándola porque se le ha secado la hierba del jardín.


4. Los vampiros criticones. Esta persona siempre tiene algo que objetar a todo lo que dices pero no lo hace con buenas intenciones sino tan solo para despertar en ti un sentimiento de inferioridad, aunque siempre afirma que lo hace “por tu bien”. Pasar un día con esta persona implica escuchar un rosario interminable de críticas porque nada le parece bien, desde la cena hasta la película, sin olvidar tu comportamiento. Su rigidez a la hora de valorar cualquier cosa es simplemente irritante y agotadora.

5. Los vampiros sarcásticos. Esta persona se esconde detrás de una broma para lanzar su dardo envenenado. A primera vista sus palabras pueden resultar chistosas pero en realidad encierran un comentario sarcástico y hasta cruel pero la trampa radica en que no puedes ofenderte porque “se trata solo de una broma”. Su principal objetivo es minar tu autoestima lanzando una serie de comentarios irónicos que terminan golpeando donde más duele. Relacionarse con este tipo de personas es como estar continuamente en una batalla, a la espera del próximo golpe.

6. Los vampiros agresivos. En este caso, la persona reacciona de manera desproporcionada y violenta ante el menor estímulo. Cualquier palabra o el más mínimo gesto pueden provocar una tormenta por lo que sientes que estás caminando continuamente sobre la cuerda floja. Al verte obligado a medir cada frase y calibrar cada gesto, relacionarte con ella es profundamente agotador. 

7. Los vampiros indefensos. Se trata del vampiro emocional más difícil de reconocer ya que no resulta agresivo, al contrario, necesita constantemente que le ayuden porque no es capaz de valerse por sí mismo. Sientes tanta pena que te pones a tu disposición pero llega el punto en el que sus problemas han consumido todas tus energías. Se trata de una persona que roba tu tiempo, invade tu espacio y daña tus relaciones interpersonales pero cuando le necesitas, se olvida completamente de ti.


¿Cómo actúan los vampiros emocionales?


Para ejercer su poder, los vampiros emocionales necesitan dos condiciones esenciales: cercanía y tiempo. Es decir, necesitan establecer determinados lazos emocionales con la persona para conocer sus puntos débiles y poder guiarla por sus derroteros. Por eso los vampiros emocionales más dañinos son los que se encuentran en nuestro entorno más cercano, como los familiares, amigos o incluso la pareja. Además, mientras más cercanos y más estrecha sea la relación, más difícil nos resultará descubrirlos y más daño nos causarán.

A menudo estas personas humillan o ningunean a su víctima pero siempre tienen una excusa o una coartada a mano para explicar su propia versión de los hechos y hacerse pasar por buena gente. De hecho, ante los ojos de los demás incluso pueden adoptar el rol de víctimas, cuando en realidad son el verdugo.

No obstante, vale aclarar que en muchos casos este patrón de comportamiento no es consciente. Es decir, el vampiro emocional se comporta así de manera automática, sin pensar demasiado en las consecuencias de sus actos, porque es la única forma de relacionarse que conoce, un estilo relacional que quizás aprendió de sus padres o que desarrolló como un mecanismo de defensa a partir de situaciones traumáticas que vivió en el pasado.

Obviamente, el hecho de que no sean plenamente conscientes de que te están robando la energía no es razón para que dejes que continúen operando impunemente. Por eso, si rehúyes a una persona sin saber muy bien por que, si te cuesta devolver una llamada o si la sola idea de encontrar a alguien ya te resulta agotadora, es probable que te encuentres ante un vampiro emocional. Activa tu radar y no caigas en su tela de araña.
Escrito por: Jennifer Delgado

24 de noviembre de 2014

Morir cada día


En la novela “Fight Club” Chuck Palahniuk afirmaba a través de su personaje principal: “Esta es tu vida y se acaba a cada minuto”. Se trata de una verdad tan grande como el monte Everest pero lo cierto es que nos negamos a aceptarla. Nos negamos a tomar conciencia de que morimos con cada día que pasa.

Dicho de esta manera puede sonar bastante dramático o incluso deprimente pero en realidad es todo lo contrario. Ser conscientes de que morimos cada día nos debe infundir nuevas fuerzas para disfrutar más de la vida y para apropiarnos de nuestro tiempo que, al fin y al cabo, es la posesión más valiosa que tenemos.

Una carta del pasado que nos enseña el valor del presente


Durante los tres últimos años de su vida el filósofo romano Séneca escribió las célebres Cartas a Lucilio, un total de 124 misivas en las que abordaba diferentes cuestiones relacionadas con la vida, en una de ellas aborda de manera exquisita la importancia del tiempo:

“Reivindícate a ti mismo y también al tiempo del que hasta ahora fuiste despojado, desposeído o que te fuera escamoteado: reconquístalo y presérvalo. El tiempo nos es a veces arrebatado con violencia, otras usurpado, a veces simplemente se desvanece. Ignominiosa es sin embargo tal dilución cuando acontece por pura negligencia.

Gran parte de nuestra existencia transcurre o bien mediocremente vivida, o directamente no vivida, o de tal manera vivida que ni siquiera merece llamarse vida.

¿Quién puedes mencionar, capaz de poner un precio al tiempo, de evaluar el día, quién que comprenda que con cada día en parte muere?

En esto justamente nos equivocamos burdamente: en la percepción de la muerte como un acontecimiento sólo del futuro. Gran parte de ella se encuentra ya tras de nosotros: cualquiera de nuestras épocas pasadas, es la muerte quien ya las posee.

Amalgámate con cada una de tus horas, depende menos del mañana para tomar en tus manos el presente. Mientras la diferimos, la vida pasa.

Todo lo demás nos es ajeno: sólo el tiempo, objeto tan fugaz como esquivo, es nuestro. Es la única posesión con la que la naturaleza nos invistió. ¡Y sin embargo toleramos a quienquiera desposeernos del mismo!”

¿Cómo reconquistar el tiempo?


La mayoría de las personas piensa que mañana tendrá tiempo. Y así pasan toda su vida postergando decisiones y alegrías, pensando que mañana será mejor. Sin embargo, ¿sabías que vivimos una media de 30.000 días? Dicho así, no parece que tengamos tanto tiempo. Por tanto, es mejor no desaprovechar ni siquiera una jornada.

1. Concéntrate en lo esencial. Vivimos en un mundo de posibilidades infinitas pero muchas de ellas son tan solo una distracción que nos roban nuestro tiempo. No se trata de dejar de soñar pero sí de adoptar una actitud más realista, de concentrarse en las cosas realmente esenciales que nos pueden dar satisfacción y que llenan cada momento de significado. Detente y piensa en tu jornada de ayer, rememora tres actividades que hiciste y que pueden tener un impacto positivo en tu vida dentro de los próximos 5 años o que te hayan hecho feliz. Si no encuentras ninguna, es hora de que reorganices tu agenda cotidiana porque cada día que no cuente, es un día perdido. 

2. Aprende a decir no. No dejes que los demás abusen de tu tiempo, distribúyelo con inteligencia y si es necesario, di “no”. Niégate todas las veces que sea oportuno si ello significa que podrás dedicar más tiempo a las cosas que verdaderamente te apasionan y te hacen feliz. Recuerda que hay muchos vampiros emocionales que no valoran tu esfuerzo pero están dispuestos a robar no solo tu energía sino también tu tiempo. Tener una autoestima sana y tomar las riendas de la vida también implica poner límites, saber priorizar y decir “no” a los demás o a las tentaciones. Recuerda que si quieres tiempo para ti mismo, tendrás que estar decidido a crearlo. 

3. Desconéctate. Viajar no es hacer vídeos y tomar fotos para después subirlas a las redes sociales, viajar es imbuirse en la cultura, hablar con la gente y disfrutar de los aromas y sabores que encierra el destino. Si quieres retomar tu tiempo, es imprescindible que te desconectes porque estar pendiente de la última noticia, utilizar constantemente WhatsApp o actualizar el perfil en las redes sociales no es vivir, es desgastarse inútilmente, es dejar que el tiempo pase, sin hacer nada con el tiempo. En su lugar, medita, lee, descubre un sitio nuevo, habla con alguien, pasa tiempo contigo mismo… ¡Vive!

4. Haz cada día algo que te apasione. "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy", así reza un antiguo refrán que muchas veces olvidamos. Quizás ahora mismo estás involucrado en un gran proyecto que te roba mucho tiempo pero debes cerciorarte de guardar al menos 1 hora para dedicarla a tu pasión. De esta forma no solo te relajarás sino que te sentirás mucho mejor al acabar el día. Recuerda que los grandes éxitos no se han construido de un día para otro, tienen tras de sí una historia marcada por el sacrificio y el esfuerzo cotidiano. Empieza hoy mismo un proyecto personal que te ilusione, si le dedicas tan solo una hora al día, poco a poco irá creciendo y en un futuro no muy lejano podrás saborear sus frutos. 

5. Sigue la regla de las 3D. El principal problema de retomar el control de nuestro tiempo radica en que todos los días nos enfrentamos a decenas de tareas que nos dejan sin energía y consumen hasta el último minuto de la jornada. Para lidiar con este problema David Allen nos propone la regla de las 3D: Delete (elimina), Delegate (delega), Do (haz). Analiza cada una de las tareas que tienes por delante, elimina aquellas que son innecesarias, delega aquellas que no debes hacer tú (no caigas en la trampa de creer que eres Superman) y, por último, no dilates aquellas que debes hacer, pon manos a la obra sin excusas ni pretextos. Recuerda que la procrastinación es uno de los principales devoradores de tiempo.

No cuentes los días, haz que cada día cuente.
Escrito por: Jennifer Delgado

Los banqueros son deshonestos cuando les recuerdan su trabajo


Imagina un juego en el que una persona debe competir con otra tirando una moneda al aire varias veces. Aquel que logre tirar más veces la moneda, podrá ganar hasta 200 dólares. Sin embargo, cada persona tira la moneda en privado, sin ver a su adversario. Después debe reportar cuántos tiros ha hecho. Crees que si se tratase de un banquero, ¿mentiría para ganar más dinero?

Cuando investigadores de la Universidad de Chicago les hicieron esta pregunta a personas de la calle, la mayoría respondieron que creían que los banqueros serían capaces de mentir con tal de ganar más dinero, incluso más que un ladrón común. Los encuestados creían que los banqueros inflarían sus resultados hasta en un 27%.

¿Es realmente así? ¿Los banqueros se comportarían de forma más deshonesta en este juego? Estos psicólogos se dieron a la tarea de comprobar si la percepción que tienen las personas de la calle sobre los banqueros es cierta o no.

Ni cortos ni perezosos, reclutaron a 128 personas que trabajaban en un gran banco estadounidense, algunos de los cuales eran asesores financieros y especialistas en bolsa.

A continuación, a todos les explicaron las reglas del juego: debían tirar la moneda al aire tantas veces como pudieran y sin que cayera al suelo. Si al final lograban tirarla más veces que su contrincante, ganarían 200 dólares. Aunque no podrían saber cuántas veces la había tirado el supuesto competidor.

Lo curioso fue que a la mitad de estas personas les hicieron preguntas sobre su trabajo, como cuáles eran sus funciones dentro del banco. Al contrario, a la otra mitad les realizaron preguntas irrelevantes que versaban sobre programas de televisión y temas alejados de su profesión.

¿Qué sucedió?

Los banqueros a los que se les realizaron preguntas irrelevantes jugaron de manera más honesta, no hicieron trampas ni inflaron el número de veces que habían tirado la moneda al aire. 

Sin embargo, los banqueros a quienes se les había recordado su profesión se comportaron de manera deshonesta y exageraron en un 16% su desempeño con el objetivo de ganar el juego.



En la búsqueda de respuestas: ¿Todos nos comportamos igual?


Para descartar que recordar cualquier tipo de profesión pueda tener un efecto sobre nuestro sentido moral, estos investigadores repitieron el mismo experimento involucrando a una gran cantidad de profesionales, desde farmacéuticos hasta informáticos. Lo curioso fue que ninguno de ellos se comportó de manera más deshonesta cuando les recordaron su profesión.

Entonces, ¿por qué los banqueros se comportan de forma deshonesta cuando sacan a colación su trabajo?

Lo más lógico sería pensar que recordarle a un banquero su profesión implica activar una asociación con el dinero, la cual le llevaría a actuar de manera más competitiva y egoísta. Sin embargo, si asumimos esta perspectiva, todos deberíamos tener la tendencia a mentir cuando realizamos una asociación con el dinero.

Para descartar esta hipótesis los psicólogos repitieron el experimento con estudiantes universitarios, a los cuales se les nombraron diferentes bancos y se les describían las funciones de los banqueros. En este caso tampoco se apreció que los estudiantes adoptaran comportamientos más deshonestos al hacer una asociación con el dinero.

¿Cuál es el resorte que dispara la falta de honestidad en los banqueros?


Después de varios experimentos y de manejar diferentes hipótesis estos investigadores opinan que los banqueros se comportan de manera más deshonesta porque están demasiado imbuidos en la cultura materialista que se genera en el mundo de los bancos y las finanzas. De hecho, más tarde constataron que la mayoría de los banqueros que participaron en el estudio pensaban que el estatus social de una persona dependía en gran medida del éxito económico que había alcanzado.

De una forma u otra, lo que ha quedado claro con este estudio es que recordarles a los banqueros su identidad profesional y sus funciones laborales les hace actuar de manera más deshonesta, mintiendo si es necesario para alcanzar su objetivo. Probablemente esto se debe a que en ese momento impera su "yo profesional", un "yo" que ha dejado los sentimientos en casa, que convierte a las personas en cifras y que no juzga en términos de bien o mal sino considerado lo que es rentable y lo que no.

De hecho, esa separación entre el "yo" y el "yo profesional" no es un fenómeno exclusivo de los banqueros, también se ha apreciado en los militares, los políticos y los burócratas. Ese desdoblamiento les permite ser coherentes con lo que les exige su trabajo (que muchas veces no es ético o va en contra de sus principios morales) sin tener demasiados remordimientos de conciencia cuando ponen la cabeza en la almohada.

Obviamente, no se trata de resultados muy halagüeños, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestros ahorros están en las manos de los banqueros y que incluso el destino de muchos países se juega en las bolsas.

De hecho, muchos afirman que la crisis actual es un problema económico pero en realidad, sus raíces son mucho más profundas. Aunque el poder político no lo quiera reconocer, hoy estamos enfrentando una crisis de valores, una crisis de deshonestidad que comienza en las altas esferas de la economía mundial y se desparrama por cada uno de los gobiernos. No hay más que echarle un vistazo a la prensa y leer los escándalos de corrupción, los dobles raseros que aplica la "justicia" y los vergonzosos movimientos bursátiles.


Fuente:
Cohn, A. Fehr, E. & Marechal, M. (2014) Business culture and dishonesty in the banking industry. Nature.
Escrito por: Jennifer Delgado

21 de noviembre de 2014

Niños malcriados: 7 señales de alarma


Educar a un niño es uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos en la vida. De eso no hay dudas, sobre todo si tenemos en cuenta que los bebés no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo y que a menudo debemos recurrir a nuestro instinto, el cual, dicho sea de paso, no siempre nos conduce por los mejores derroteros. 

Sin embargo, rectificar es de sabios. Nunca es demasiado tarde para detectar qué estamos haciendo mal y reencontrar el camino porque una educación demasiado protectora o permisiva puede tener consecuencias terribles, no solo para el desarrollo del niño sino también para la dinámica familiar. 

Un niño malcriado no es un niño feliz, y su familia tampoco lo es. Por eso es tan importante aprender a detectar las primeras señales de peligro y ponerles coto lo antes posible.


¿Cómo detectar a un niño malcriado?


1. Las rabietas se convierten en pan cotidiano. Las rabietas son comunes cuando los niños son pequeños y pueden considerarse normales hasta los 3 o 4 años ya que son, esencialmente, una válvula de escape para que el niño exprese su frustración. Cuando el niño es pequeño le resulta difícil poner en palabras lo que siente por lo que lo expresa a través de su cuerpo. Además, su nivel de autocontrol aún es muy escaso. Sin embargo, a medida que crece aumenta su control y su capacacidad de expresión por lo que las rabietas no tienen cabida. Las rabietas en un niño en edad escolar suelen ser síntoma de que está mimado en exceso.

2. Nunca se siente satisfecho. Cuando siempre le has dado todo lo que ha querido y no ha escuchado un “no” en su vida, el niño crece creyendo que es el centro del universo, que todos viven para servirle. Como resultado, nunca se muestran conformes con lo que tienen y quieren siempre más. Por ejemplo, sus juguetes le satisfacen durante un periodo de tiempo muy corto e inmediatamente quiere que le compren otros, o pide un plato especial para la cena pero después no lo come.

3. Intenta controlar a los adultos. Los niños son excelentes manipuladores, aunque la mayoría de los adultos no suele darse cuenta de ello. No obstante, el niño malcriado va un paso más allá e intenta controlar el comportamiento de sus padres e incidir en sus decisiones. Esto se debe a que no establece una diferencia entre los adultos y sus coetáneos, él es el ombligo del mundo y todos deben plegarse a sus deseos. Para lograr su cometido recurre a todo tipo de estratagemas, desde las rabietas hasta fingirse enfermo o incluso la confrontación directa.

4. No sigue tus órdenes. Los niños no son pequeños soldados ni los padres generales de infantería. Sin embargo, los pequeños necesitan ciertas reglas, que no solo los mantendrán a salvo sino que también les harán sentirse más seguros y tranquilos. Por eso, los padres no tienen que rogarle al niño para que cumpla una orden sensata y tampoco tienen que sobornarlo para que lo haga. El niño debe comprender y aceptar que los padres tienen autoridad y deben obedecer cuando les piden algo.

5. No ayuda en casa. Cuando los niños son pequeños, son muy egocéntricos, creen que el mundo gira a su alrededor. Sin embargo, a partir de los 3 o 4 años el niño abandona esa actitud, se comienza a interesar por los sentimientos de los demás y se muestra más cooperativo. En este momento los padres deben irle dando diferentes responsabilidades, como recoger sus juguetes o guardar sus zapatos. No obstante, una de las características más distintivas del niño malcriado es que parece no importarle el trabajo que hagan sus padres, él no está dispuesto a ayudar y a menudo ignora tus peticiones.

6. Te avergüenza a propósito en público. Cuando el niño comprende que algunos de sus comportamientos te avergüenzan, los aprovecha para manipularte y llamar la atención en público. Por eso, es frecuente que sus rabietas tengan lugar en sitios públicos o que desvele cosas que te hagan sentir incómoda, incluso si le has advertido que no debe decirlas.

7. No comparte sus cosas. Hasta los 4 años la mayoría de los niños no tienen un interés especial por los otros pequeños, juegan en paralelo. Sin embargo, a partir de esta edad comienzan a jugar juntos y comparten sus juguetes. Es normal que el pequeño no quiera compartir algunos juguetes, los que considera especiales y a los cuales está más apegado pero esta no puede ser la norma. El niño malcriado no solo se muestra reticente a compartir sus juguetes y propiedades sino que incluso exige que los demás compartan con él. Asume un comportamiento profundamente egoísta.
Escrito por: Jennifer Delgado

20 de noviembre de 2014

El lado oscuro de la empatía


Solemos asociar la empatía con características positivas. Una persona empática es aquella que sabe ponerse en el lugar del otro y que siente lo que el otro siente. No solo nos comprende racionalmente sino también emocionalmente. Sin embargo, la empatía también tiene un lado oscuro. Al contrario de lo que muchos piensan, la empatía no solo genera compasión sino que también puede llevar a cruentas agresiones.

Persona en problemas + Empatía = Agresión


Investigadores de la Universidad de Buffalo se preguntaron si la empatía podía tener un lado más oscuro. Ni cortos ni perezosos, idearon un experimento muy interesante para contrastar su hipótesis. 

Reclutaron a 231 voluntarios y les pidieron que leyeran un artículo que hacía referencia a una persona con problemas económicos. En algunos casos, el artículo se refería a una persona estresada por sus dificultades financieras, en otros casos se perfiló un escenario diferente dejando entrever que la persona tenía problemas económicos pero que no se sentía particularmente preocupada por ellos.

A continuación, a los participantes se les dijo que la persona con problemas económicos participaría en un concurso de matemática para ganar 20 dólares. Luego, les preguntaron si les gustaría darle al contrincante de esa persona un aperitivo que contenía una “salsa especial”, la cual fue definida como “una sustancia que provoca dolor y afecta el desempeño cognitivo”. 

De esta forma los investigadores se aseguraban de que los participantes comprendían que tomando esta decisión le darían ventaja a la persona con problemas económicos pero, a la misma vez, causarían daño a su contrincante. ¿Qué hicieron?


Los resultados mostraron que cuando los participantes creían que la persona con problemas económicos se sentía estresada, no solo decidían administrar la “salsa especial” sino que también elegían mayores cantidades. En otras palabras, la empatía por la persona que estaba atravesando una mala situación económica no solo les llevaba a actuar de manera inmoral (inclinando la balanza a favor de una persona y haciendo que la competencia fuera injusta) sino que también les inducía a provocar dolor. 

Todo parece indicar que la empatía nos hace asumir que “el fin justifica los medios”.

¿Por qué las personas capaces de sentir empatía también son capaces de provocar dolor?


La empatía es sentir el dolor del otro como propio, es experimentar el estrés y la preocupación en nuestra carne. Por consiguiente, no es extraño que se activen nuestras emociones y se acalle la razón. Como resultado, actuamos de manera más impulsiva, sin pensar demasiado en las consecuencias de nuestros actos. Esa falta de reflexión nos puede llevar a adoptar comportamientos agresivos y violentos.

Basta pensar que a lo largo de diferentes culturas y épocas ha habido cientos de casos en los cuales, con el pretexto de defender a una persona desvalida, se le ha causado un daño desproporcionado al “agresor”. 

Esto nos indica que la empatía también tiene su lado oscuro, que no es una panacea y que debemos mantenernos atentos cuando este sentimiento se despierta porque podría llevarnos a adoptar comportamientos que distan mucho de ser justos o nobles.

Cuando vemos a una persona sufrir, debemos aliviar su dolor. No causar más dolor y sufrimiento en su nombre.


Fuente:
Buffone, A. & Poulin, M. J. (2014) Empathy, Target Distress, and Neurohormone Genes Interact to Predict Aggression for Others–Even Without Provocation. Personality and Social Psychology Bulletin; 40(11): 1406-1422.
Escrito por: Jennifer Delgado

19 de noviembre de 2014

Libros sobre ansiedad: ¿Son eficaces?


Los libros sobre ansiedad proliferan, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que se trata de uno de los trastornos psicológicos más comunes. Se estima que alrededor del 5% de la población mundial sufre un cuadro de ansiedad generalizada que demanda ayuda especializada.

Además, el camino para combatir la ansiedad no es sencillo y a menudo está lleno de baches y retrocesos que hacen que la persona pierda la confianza o quiera apostar por soluciones más sencillas y rápidas. En este escenario, los libros sobre ansiedad suelen representar una esperanza.

¿Son útiles los libros de autoayuda sobre la ansiedad?


Las estanterías de las librerías están llenas de libros sobre ansiedad, muchos encierran la promesa de ayudar a las personas a liberarse de su problema de una vez y por todas. Sin embargo, debe quedar claro que la ansiedad no desaparece por leer un libro.

¿Significa que estos libros son completamente inútiles?

No. 

Existen diferentes libros de autoayuda sobre la ansiedad, hay algunos que son más útiles que otros. Por ejemplo, no cabe dudas de que un libro escrito por un psicólogo que tiene una vasta experiencia en el tratamiento de la ansiedad probablemente será muy útil porque condensa todo su conocimiento sobre este trastorno. 

Sin embargo, la autoayuda es un género que se prostituye con facilidad por lo que es relativamente fácil encontrar libros sobre ansiedad escritos por personas que no son expertas en el tema. Estas obras no solo pueden ser ineficaces sino que incluso pueden tener un efecto iatrogénico y provocar daños a nivel emocional.

Por eso, el primer paso en el momento de comprar un libro sobre ansiedad consiste en conocer al autor y cerciorarse de que es un profesional que tiene un buen dominio sobre el tema. 

El segundo paso es clarificar tus expectativas porque en el mercado existen diferentes tipos de libros de autoayuda sobre la ansiedad. Hay algunos que profundizan mucho en las causas y la sintomatología del trastorno pero hacen muy poco énfasis en las técnicas. En este caso, el libro te será útil para comprender qué te sucede pero probablemente no será muy valioso para combatir la ansiedad. 

Sin embargo, también hay libros que se centran más en las técnicas, que tienen un carácter mucho más práctico. Esta no es una garantía de éxito pero, sin duda, con estas obras tendrás más probabilidades de aprender a manejar la ansiedad.

Por consiguiente, antes de comprar un libro, dedícale algunos minutos a leer el índice.

Cuestión de compromiso


Hay libros que nos pueden cambiar la vida, o al menos nuestra visión del mundo o de nosotros mismos. Para que esto suceda deben confluir dos factores: por una parte, el libro debe estar bien estructurado y transmitir un mensaje importante y, por otra parte, debemos ser muy receptivos. 

grosso modo un libro de autoayuda es como una película. Para que un filme despierte nuestras emociones y nos haga reflexionar no solo debe estar bien realizado sino que debe hacer resonancia con nuestra situación, debemos sentirnos identificados y, sobre todo, debemos ser receptivos al mensaje que nos intenta transmitir. Por eso, una película que puede ser iluminadora para algunos, puede ser completamente intrascendente para otros. De hecho, el mismo filme, visto en etapas diferentes de nuestra vida, suele tener una repercusión diversa porque el significado que le atribuimos no es el mismo.

¿Qué significa todo esto?

Que no basta con que el libro sobre ansiedad brinde información comprensible y técnicas prácticas, es necesario que la persona se comprometa con el cambio. El mejor libro de autoayuda del mundo, avalado por cientos de profesionales, puede ser perfectamente inútil si la persona no está dispuesta a cambiar y a asumir las riendas de su vida.

Un libro siempre es un mundo de posibilidades, cada persona puede interpretarlo de manera diferente y, al no tener a un terapeuta a su lado, existe el riesgo de emprender el camino erróneo o de desmotivarse a mitad del trayecto.

¿En qué casos son recomendables los libros sobre ansiedad?


Los buenos libros de autoayuda sobre la ansiedad siempre son recomendables, incluso aquellos que se centran solo en las causas y la sintomatología, porque brindan información sobre el problema que tenemos y nos ayudan a comprendernos mejor. Por otra parte, los libros que se centran en las técnicas también son útiles porque nos brindan herramientas prácticas para mantener bajo control los síntomas puntuales. 

Sin embargo, muchos de estos libros no representan una solución definitiva, son simplemente una herramienta de reflexión que te ayudará a identificar tus problemas y te dará el empuje que necesitas. Si estás experimentando los primeros síntomas de la ansiedad, un libro con técnicas prácticas probablemente será de gran ayuda, pero si ya tienes un cuadro de ansiedad instaurado desde hace años, es difícil que logres superar el problema solo con la ayuda de un libro, en estos casos la guía del psicólogo es fundamental.


Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

Libros de Psicología y Autoayuda

Todo cambio empieza con el primer paso