¿Cómo superar una desilusión con un grano de café?

>> 25 de julio de 2014

Las desilusiones están a la vuelta de la esquina, un fracaso profesional, una mala calificación en un examen, una ruptura amorosa, la desidia de un amigo… Los motivos son varios pero casi siempre nos dejan un amargo sabor en la boca. ¿Cómo enfrentar las desilusiones sin derrumbarnos?


La zanahoria, el huevo y los granos de café


Una joven estaba atravesando un periodo particularmente difícil, lleno de continuas desilusiones. Una tarde, le comentó a su madre sus problemas. Le dijo que estaba cansada de luchar porque después de cada problema que lograba superar con mucho esfuerzo, surgía otro aún peor. Después de media hora de charla, la joven confesó que se iba a rendir.

La madre la escuchó, pacientemente, y le pidió que la siguiera en cocina. Sin decir nada más, llenó tres cazuelas de agua y las puso al fuego, en una de ellas echó una zanahoria, en otra un huevo y en la tercera, unos granos de café.

Después de un rato, que a la joven le pareció infinito, la madre apagó el fuego, sacó cada uno de los ingredientes del agua y echó el café en una taza. En ese momento le preguntó: “¿Qué ves?

Veo una zanahoria, un huevo y café”, respondió perpleja la joven.

La madre le pidió a la joven que tocase la zanahoria, que estaba muy blanda, que rompiera el huevo ya cocido, y que bebiese un poco del café. La joven seguía sin comprender.

La madre sonrió y le explicó: “Tanto la zanahoria como el huevo y los granos de café enfrentaron el mismo desafío: el agua caliente. Sin embargo, reaccionaron de manera diferente. La zanahoria, que antes era fuerte, luchó contra el agua y se volvió débil, blanda. El huevo, que era frágil, se volvió duro. Al contrario, los granos de café reaccionaron de manera diversa: siguen siendo idénticos y, además, han transformado el agua en una bebida irresistible.

La madre continúo hablando con dulzura: “Sé que has sufrido muchas desilusiones pero solo tú puedes elegir cómo enfrentarlas: puedes ser como la zanahoria, fuerte en apariencia pero terminar debilitada, puedes ser como el huevo, que reacciona endureciéndose y evitando las emociones o puedes ser como los granos de café que, incluso en la adversidad, no cambian y dan lo mejor de sí.” 


La enseñanza de la historia


Esta sencilla pero poderosa historia nos enseña que las personas más felices no son las que nunca han experimentado desilusiones y problemas sino aquellas que han sabido enfrentar la adversidad y la han transformado en una oportunidad para crecer.

Para actuar como los granos de café debes:

1. Reflexiona. Jim Rohn afirmaba que “puedes elegir si sufrir ahora por disciplina o más tarde, por una desilusión”. Con esta frase se refería a que muchas de las desilusiones que sufrimos no han surgido de la nada sino que están sustentadas en nuestras expectativas y, sobre todo, en decisiones que hemos tomado. La vida, tarde o temprano, nos presenta la cuenta y, en ese momento, debemos estar preparados para pagarla. Por eso es tan importante pensar en los errores que hemos cometido. Así no volveremos a cometerlos en el futuro.

2. Reacciona. A veces las desilusiones llegan de manera inesperada, ese factor sorpresa nos noquea y nos impide actuar por lo que nos quedamos regodeándonos en nuestro dolor. Sin embargo, al reaccionar le restamos parte de su impacto y nos volvemos más fuertes. No obstante, es importante reaccionar de la manera adecuada o correremos el riesgo de vernos sobrepasados por la situación y derrumbarnos, como la zanahoria, o acorazarnos, como el huevo. La idea es que no te resistas a la desilusión, acéptala, vive ese dolor y, después, pasa página. De esta forma también desarrollarás la resiliencia.

3. Resiste. Casi siempre los problemas no vienen solos, a una desilusión le sigue otra y después otra. Obviamente, esta situación puede ser descorazonadora pero no olvides que la famosa frase de Anthony Robbins: “cuando todo parece imposible y estás a un paso de rendirte, es porque la victoria está cerca”. Concéntrate en tus metas, date ánimos con experiencias positivas del pasado y recuerda que el futuro aún tiene muchas sorpresas agradables para ti, esta es solo una fase que pasará.
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5 regalos emocionales indispensables para los niños

>> 24 de julio de 2014

La infancia nos marca para toda la vida. Si te escuchas con atención, te darás cuenta de que muchas de las frases de tu diálogo interior son ideas que te transmitieron tus padres. Esa conversación con nosotros mismos puede ser positiva y nos puede dar ánimo recordándonos cuánto valemos o, al contrario, puede ser limitante y dañar profundamente nuestra autoestima. Por eso es tan importante que le prestes atención a la forma en la cual te relacionas con tu hijo.


Menos regalos materiales, más regalos emocionales


A raíz de los años de bienestar económico, comenzamos a equiparar la felicidad con las posesiones materiales. Y como queríamos que nuestros hijos fuesen felices, nos encargábamos de darles todo lo que pedían e incluso más. Sin embargo, en ese proceso de comprar cada vez más y de mejor calidad, nos imbuimos en un círculo vicioso que nos obligaba a pasar más horas en el trabajo. Como resultado, el tiempo con los niños se redujo y, cuando regresábamos a casa, estábamos demasiado agotados o muy estresados como para poder mostrar nuestra mejor cara. Por eso, los mejores regalos que le podemos hacer a un niño, son los regalos emocionales.

1. Amor, mucho amor. Los niños son muy susceptibles al rechazo ya que durante sus primeros años de vida no hay nada más importante que la aceptación de sus padres. Desgraciadamente, aún hay quienes piensan que es mejor no demostrar las emociones ya que estas son un síntoma de debilidad. Sin embargo, en la educación infantil, el desapego suele ser devastador y puede generar una persona dependiente e insegura. Al contrario, cuando el niño crece sabiendo que es amado, desarrollará una autoestima sana y se sentirá a gusto consigo mismo. Por eso los abrazos, los mimos y las palabras de afecto deben ser pan cotidiano en cualquier hogar.

2. Tiempo de calidad. Un estudio realizado recientemente en el Reino Unido desveló datos preocupantes: las familias pasan cada vez menos tiempo de calidad en compañía. Después de entrevistar a más de 2.000 padres descubrieron que estos pasan poco más de media hora diaria con sus hijos. ¿Qué es el tiempo de calidad? Ese momento en el que estamos plenamente presentes y nos dedicamos únicamente a disfrutar de la compañía. Más tiempo con los hijos equivale a organizar actividades donde ambos os podáis divertir, hablar y fortalecer el vínculo emocional que os une. A la larga, esos son los momentos que más cuentan, los que se quedarán grabados en nuestra memoria, tanto para ti como para el pequeño. 

3. Aceptación incondicional. Los niños no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo. Ser padres es algo que se aprende a trompicones, equivocándose y enmendando los errores. Uno de los asuntos más peliagudos y delicados son las reprimendas de los comportamientos negativos. La frase: “no te quiero porque has sido un niño malo” debería borrarse por completo del vocabulario. Debes reprobar el comportamiento, no a la persona. El niño debe saber que ha hecho algo mal, así le estarás ayudando a corregir sus errores, pero también debe saber que, a pesar de eso, le quieres. La aceptación incondicional le transmite seguridad y confianza y, al contrario de lo que muchos piensan, no genera a niños desobedientes o malcriados.

4. Límites seguros. Los niños necesitan límites, estos le dan un sentido a su mundo, le permiten orientar su comportamiento y sentirse más confiados. Cuando son pequeños, el entorno que les rodea es completamente nuevo y puede llegar a ser desconcertante o incluso atemorizante, sobre todo si tiene que tomar decisiones para las cuales no tiene la madurez suficiente o enfrentarse a consecuencias para las cuales no está preparado psicológicamente. Los límites le permiten saber qué hacer en determinadas situaciones y, con este guión en mente, pueden desenvolverse con más confianza, experimentando una sensación de contención y protección. Recuerda que un niño sin límites no es un niño feliz. 

5. Píldoras de consistencia. La inconsistencia educativa es una de las peores apuestas que pueden hacer los padres. Cuando dices una cosa hoy y otra al día siguiente, el niño se siente confundido y, a la larga, no respetará tus decisiones porque sabe que puedes cambiar de opinión rápidamente. Por otra parte, le estarás dando un pésimo ejemplo ya que no le transmitirás valores como la constancia, la importancia de respetar las promesas y la necesidad de mantener las decisiones tomadas. Ser consistentes en la educación le transmite al niño la seguridad que necesita y fomenta la confianza en sus padres dejándole espacio para que haga lo que mejor se le da: disfrutar de su infancia.
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¿Qué piensan los psicólogos de sus pacientes?

A veces, la psicoterapia puede llegar a ser un poco frustrante. Vas con frecuencia a la consulta, le cuentas a tu psicólogo tus problemas, preocupaciones y sentimientos pero en realidad conoces muy poco sobre su vida, no sabes a ciencia cierta quién es, ni siquiera sabes lo que piensa de ti.

Esta sensación se puede intensificar aún más con el paso del tiempo ya que el psicoterapeuta pasa a ocupar un lugar más importante en la vida del paciente por lo que muchos comienzan a sentir curiosidad. ¿Qué escribirá en sus notas sobre mí? ¿Cómo me verá?

Ahora un experimento muy interesante realizado en el Beth Israel Deaconess Medical Center de Boston se ha preguntado qué sucedería si los psicólogos le dejasen saber a sus pacientes qué piensan sobre ellos, específicamente, si les dejasen consultar las notas que toman durante las consultas. Por tanto, abrieron sus notas al 10% de las personas.

Algunos días después de la sesión, estas personas podían leer las notas relacionadas con su tratamiento a través de una aplicación. ¿Cuál era el objetivo? Según estos psicólogos, la transparencia mejoraría la comunicación y la confianza en la relación terapéutica.

¿Cuáles fueron los resultados?

En un primer momento, a la mayoría de las personas no les sentó muy bien leer lo que escribían sus terapeutas pero en un segundo momento, después de haber hablado al respecto, esta información sirvió para darle un empujón al tratamiento e incluso, en algunos casos, para aceptar el diagnóstico y comprometerse con el cambio. 

De hecho, no es el primer experimento de este tipo que se realiza. Estudios anteriores han mostrado que muchos pacientes se sienten confundidos y ofendidos por el contenido de las notas, lo cual se debe, en gran parte, a que los psicoterapeutas hacen apuntes que pueden llegar a ser alarmantes o descorazonadores para los pacientes.

No obstante, vale aclarar que también hubo pacientes que se quedaron gratamente sorprendidos por la prolijidad de las notas, confirmando así que el terapeuta les escuchaba y les tomaba en serio (una de las principales quejas de las personas respecto a la psicoterapia).


Razones a favor y en contra


A raíz de esta investigación una minoría de psicoterapeutas ha reconocido que comparte sus notas con los pacientes con el objetivo de clarificar algunos aspectos de la sesión o de planificar los objetivos para el próximo encuentro. Y reconocen que este enfoque participativo funciona muy bien. 

Sin embargo, la mayoría de los psicólogos y psiquiatras se resisten a mostrar sus notas. Las razones son diversas. En primer lugar, estas notas a menudo incluyen hipótesis de trabajo o de diagnóstico que quizás nunca se pongan en práctica y, por consiguiente, solo servirían para alarmar o preocupar innecesariamente al paciente. 

En segundo lugar, las notas del psicoterapeuta a veces van por delante de los avances del paciente por lo que podría ser contraproducente o incluso iatrogénico, darle un diagnóstico para el cual no está preparado o hacerle notar una característica que aún no quiere reconocer.

En tercer y último lugar, en estas notas a menudo se utiliza un lenguaje técnico que ha pasado a ser de dominio público pero que no está exento de connotaciones negativas, las palabras bipolar o borderline son algunos ejemplos. 

Tampoco podemos olvidar que probablemente el psicoterapeuta se vería muy cohibido en el momento de escribir estas notas. La psicoterapia también implica un mundo de sensaciones, ¿escribiría un terapeuta lo que ha sentido durante la una sesión o se limitaría a realizar un análisis más objetivo? ¿Esa supuesta objetividad afectaría el tratamiento o lo mejoraría?

Las dudas que despierta este nuevo camino son múltiples pero lo que sí es cierto es que podría ser una buena alternativa, al menos en algunos casos. Aunque considero que no es una buena opción en todos los casos ni en todas las fases del tratamiento. ¿Qué opináis? 

Como psicólogos, ¿daríais las notas a vuestros pacientes?

Como paciente, ¿te interesaría ver las notas que escribe tu psicoterapeuta sobre ti?


Fuentes:
Kahn, M. W. et. Al. (2014) Let’s Show Patients Their Mental Health Records. JAMA; 311(13): 1291-1292. 
Leveille, S. G. et. Al. (2012) Evaluating the impact of patients' online access to doctors' visit notes: designing and executing the OpenNotes project. BMC; 12:32. 
Bloch, S. et. Al. (1994) Can patients safely read their psychiatric records? Implications of freedom of information legislation. Med J Aust; 161(11-12):665-666.
Schwartz, H. I. et. Al.. (1985) Patient access to mental health records: Impact on clinical practice. New Directions for Mental Health Services; 25: 79-88.
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3 efectos de la Inteligencia Emocional sobre tu comportamiento

>> 22 de julio de 2014

Desde que en 1995 Daniel Goleman popularizase la Inteligencia Emocional, muchos estudios se han realizado para intentar desvelar el alcance de este concepto. Una de las investigaciones más interesantes se llevó a cabo en Oriente Medio e incluyó a más de 400 directivos que desempeñaban diferentes cargos dentro de sus organizaciones. Los investigadores concluyeron que la Inteligencia Emocional podía predecir con una fiabilidad del 58% las probabilidades de tener éxito en la carrera profesional.

Otro estudio realizado en Canadá con 372 estudiantes universitarios, constató que el 80% de los alumnos que habían alcanzado buenas calificaciones también tenían una elevada Inteligencia Emocional. 

Sin embargo, el hecho de que la Inteligencia Emocional esté vinculada al éxito y, de cierta forma, lo facilite, es tan solo una de las múltiples repercusiones de esta competencia ya que en realidad sus tentáculos se alargan a muchas otras esferas de nuestra vida e inciden en nuestro comportamiento.


¿Cómo influye la Inteligencia Emocional en nuestro día a día?


1. Nos ayuda a tomar mejores decisiones

Las emociones pueden sernos de gran ayuda cuando nos enfrentamos a un problema ya que pueden advertirnos de un peligro y hacernos asumir una postura más cauta. Sin embargo, a veces se convierten en un obstáculo, sobre todo cuando no guardan relación con la situación que debemos enfrentar. No obstante, la Inteligencia Emocional nos ayuda a tomar mejores decisiones, así lo desveló un estudio realizado en las universidades de Yale y Toronto.

Estos investigadores idearon un experimento muy curioso: hicieron que algunas personas se sintieran ansiosas al pedirles que prepararan un discurso improvisado. Luego, les preguntaron si estarían dispuestas a apoyar un proyecto de una clínica de salud.

Los resultados mostraron que las personas con mayor Inteligencia Emocional eran más conscientes de que la ansiedad que experimentaban no estaba relacionada con la decisión que debían tomar. Por eso, el 66% dio su apoyo al proyecto pero solo el 7% de quienes tenían una escasa Inteligencia Emocional lo dieron.

Lo que sucede es que, al contrario de la creencia popular, una buena toma de decisiones no implica eliminar las emociones porque estas también son una fuente de información ya que actúan como marcadores somáticos. La clave está en descubrir de dónde provienen esas emociones, qué las causa y saber cómo pueden influir en nuestra percepción del problema.

2. Nos hace confiar en los demás

Aunque en los últimos años la desconfianza se ha puesto de moda y ha llegado a instaurarse como un patrón de comportamiento social, lo cierto es que confiar en los demás tiene múltiples beneficios. Se conoce que la confianza no solo nos hace más felices e incrementa nuestro nivel de satisfacción sino que también está vinculada a una mejor salud física y a una mayor propensión a emprender nuevos proyectos.

Ahora un estudio realizado en la Universidad de Oxford nos desvela que las personas con Inteligencia Emocional tienden a confiar más en los demás. Estos investigadores están convencidos de que la clave se encuentra en su capacidad para empatizar y detectar con rapidez las características más positivas de las personas con las cuales se relacionan. ¿Por qué?

Por una parte, la Inteligencia Emocional les ayuda a formarse una imagen bastante precisa de la persona que tienen frente y esto les ayuda a minimizar la incertidumbre permitiéndoles adoptar una actitud más abierta. Por otra parte, la Inteligencia Emocional también implica cierto grado de autoconfianza, la cual, indiscutiblemente, se proyecta sobre los demás.

3. Disminuye el estrés

Numerosos estudios han encontrado una correlación positiva entre la Inteligencia Emocional y niveles de estrés más bajos. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Cincinnati reclutaron a 200 personas y las sometieron a diferentes tareas que generaban distintos grados de estrés. Así pudieron apreciar que quienes tenían una mayor Inteligencia Emocional también se estresaban menos. La clave radica en que estas personas ponen en práctica estrategias de manejo del estrés muy efectivas que le permiten regular la intensidad de las emociones negativas y controlar sus efectos.

Un estudio aún más interesante realizado en la Universidad de Yale fue un paso más allá para descubrir cómo responde el organismo de las personas emocionalmente inteligentes ante el estrés. En esta ocasión los investigadores pudieron notar que incluso ante situaciones estresantes, estas personas presentaban niveles más bajos de cortisol (la hormona del estrés) y una presión arterial más baja. Esto nos indica que enfrentar los conflictos y problemas recurriendo a la Inteligencia Emocional realmente nos ayuda a paliar los efectos del estrés, incluso a nivel físico y aunque no seamos conscientes de ello.


¿La Inteligencia Emocional se puede desarrollar?


La Inteligencia Emocional es un conjunto de competencias que nos permiten reconocer y regular tanto nuestras emociones como las de los demás. Eso implica que no se trata de una habilidad innata sino que se puede desarrollar a lo largo de la vida. De hecho, existen cursos de Inteligencia Emocional en los cuales se trabajan diferentes habilidades. Lo mejor de todo es que con estos talleres no solo se logran resultados muy rápidos sino que estos son estables a lo largo del tiempo.

No obstante, si decides apostar por alguno de estos cursos, será mejor que te cerciores de que son impartidos por una universidad o centro psicológico acreditado ya que estos temas son pasto fácil de los gurús que promueven recetas facilonas y sin fundamento científico. 

La mayoría de estos cursos le dedican algunas horas al análisis del concepto de Inteligencia Emocional y sus pilares fundamentales para después pasar a las actividades prácticas, donde te enseñarán a detectar tus emociones y sus causas así como a manejarlas para sacarles el máximo provecho. Desde el punto de vista social, se trabaja la empatía y la capacidad para enfrentar los conflictos sin que las emociones negativas se desborden.


Fuentes:
Carl, N. & Billari, F. C. (2014) Generalized Trust and Intelligence in the United States. PlosOne; 9(3).
Freedman, J.; Morrison, J. & Olsson, A. (2010) Leadership Success and Emotional Intelligence in the Middle East. 6 Seconds
Gerald, M. et. Al. (2006) Emotional intelligence, personality, and task-induced stress. Journal of Experimental Psychology: Applied; 12(2): 96-107.
Parker, J. et. Al. (2004) Emotional intelligence and academic success: examining the transition from high school to university. Personality and Individual Differences; 36(1): 163-172.
Salovey, P. et. Al. (2002) Perceived Emotional Intelligence, Stress Reactivity, and Symptom Reports: Further Explorations Using the Trait Meta-Mood Scale. Psychology & Health; 17(5): 611-627.
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5 sesgos cognitivos que limitan nuestro potencial

>> 21 de julio de 2014

Nos gusta pensar que somos personas racionales, que tomamos la mayoría de nuestras decisiones sopesando los pros y los contras. Esa creencia nos da una sensación de seguridad y nos reconforta. Sin embargo, día tras día somos víctimas de los sesgos cognitivos.

Los sesgos cognitivos son desviaciones del proceso del pensamiento que conducen a una distorsión, a un juicio inexacto o a una interpretación ilógica de los eventos. En muchos casos, estos sesgos se deben a la necesidad de asumir una postura ante determinados estímulos pero sin tener toda la información necesaria. Entonces podemos llegar a conclusiones erróneas.

Obviamente, los sesgos cognitivos nos permiten actuar con rapidez pero no siempre nos hacen tomar la mejor decisión. De hecho, a menudo nos mantienen atados a nuestra zona de confort, allí donde nos sentimos a salvo, y nos impiden desarrollar todo nuestro potencial.

La buena noticia es que una vez que aprendemos a reconocer los sesgos cognitivos, dejamos de estar a su merced.


Los sesgos cognitivos más limitantes


1. Sesgo de confirmación. Se trata de la tendencia a favorecer los datos que confirman nuestras creencias y a desechar aquellos que las desmienten, un fenómeno que se aprecia con más intensidad cuando se trata de contenidos de índole emocional o cuando las creencias están muy arraigadas. Este sesgo también nos conduce a interpretar las pruebas ambiguas a favor de nuestra postura. Por ejemplo, una persona que esté en contra del aborto tendrá la tendencia a buscar las pruebas que confirmen sus ideas. 

Al ser víctimas de este sesgo, nos cerramos a las nuevas ideas o a posturas que sean diferentes de la nuestra, con lo cual nos parapetamos en nuestra posición y nos negamos a ir un paso más allá, aunque sea para lograr un entendimiento con la otra persona o para ampliar nuestros horizontes. 

2. Sesgo del anclaje. Se trata de una tendencia a “anclarse” en un rasgo o en una parte de la información y obviar el resto. Somos víctimas de este sesgo cuando, por ejemplo, vamos a comprar y tenemos en cuenta solamente el precio del producto o cuando nos enfadamos con nuestra pareja por un hecho aislado y nos concentramos exclusivamente en el defecto, haciendo que sus cualidades desaparezcan.

El Efecto Anclaje nos lleva a adoptar una visión muy parcializada de la realidad, es como si anduviésemos por la vida llevando unas anteojeras que no nos dejan ver más que algunos detalles. De esta forma, nunca logramos analizar las situaciones en su conjunto, no tenemos una visión global de los eventos y, a la larga, esto nos lleva a tomar malas decisiones.

3. Aversión a la pérdida. Una vez que somos propietarios de algo o que hemos establecido una relación con alguien, preferimos evitar la pérdida antes que tener una ganancia. Por ejemplo, en términos económicos, una persona pediría más dinero para renunciar a una de sus posesiones que lo que estaría dispuesta a pagar por ese mismo objeto antes de que fuese suyo. Esto se debe al hecho de que extendemos nuestro “yo” a nuestras posesiones y relaciones por lo que, ante nuestros ojos, su valor aumenta. 

Se trata de un sesgo cognitivo muy difundido que en el imaginario popular se ha traducido con la frase: “Más vale un malo conocido que un bueno por conocer”. Obviamente, este prejuicio nos puede hacer muy infelices ya que nos mantiene atados al pasado, a las cosas y a las personas que conocemos, y nos cerramos a las nuevas posibilidades. 

4. Sesgo retrospectivo. Es la tendencia a mirar atrás y recordar las decisiones propias como mejores de lo que fueron en realidad. Se trata de una recapitulación que realizamos para sentirnos a gusto con nosotros mismos, para lo cual modificamos el recuerdo de las ideas en contra de la decisión que hemos tomado que antes rondaban nuestra mente. Como no podemos volver atrás y cambiar la decisión, ponemos en práctica este mecanismo a través del cual nos autoconvencemos de que hemos apostado por la mejor alternativa.

Sin embargo, el autoengaño nunca es la mejor solución porque nos impide aprender de nuestros errores y nos encierra dentro de un círculo vicioso. Asumir una postura objetiva respecto a nuestras decisiones nos permite crecer y desarrollar al máximo nuestras potencialidades, quizás cambiando el camino que hemos emprendido o eligiendo una ruta diferente la próxima vez.

5. Efecto laguna de exposición. Se trata de la tendencia a expresar preferencias por determinados hechos o cosas, simplemente porque estos nos resultan familiares. Sin duda, la impronta que tenemos de nuestra infancia es muy fuerte y se manifiesta a lo largo de la vida porque nos transmite la sensación de seguridad. Obviamente, este sesgo cognitivo no solo se aplica a las experiencias infantiles. Por ejemplo, una persona puede votar por un partido político solo porque es el más publicitado y le resulta familiar o puede asumir determinada postura únicamente porque ciertos argumentos le “suenan”.

Sin embargo, elegir determinadas experiencias o apostar por ciertos tipos de relación solo porque estos nos resultan familiares nos impide salir de nuestra zona de confort. Cuando no somos capaces de valorar otras alternativas y nos quedamos con aquello que conocemos, no estaremos explotando nuestro potencial al máximo y, al final del camino, es probable que nos preguntemos: ¿qué habría pasado si…?

Posdata: Y si crees que nunca has sido víctima de estos prejuicios cognitivos, probablemente estás sufriendo lo que se conoce como “sesgo de punto ciego”, que implica no darse cuenta de los propios prejuicios y verse a sí mismo como una persona menos sesgada que los demás.
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Las personas prefieren un electroshock antes que estar a solas consigo mismas

>> 18 de julio de 2014

Estar a solas con nosotros mismos puede llegar a ser una actividad peligrosa, sobre todo en una época donde podemos estar conectados durante las 24 horas del día. Y es que, según psicólogos de la Universidad de Virginia, preferimos que nos administren pequeñas dosis de corriente a estar sentados sin hacer nada, buceando en las profundidades de nuestro “yo”.

Este curioso experimento demuestra que la mayoría de las personas odia quedarse a solas con sus pensamientos, aunque sean tan solo 15 minutos. De hecho, si nos dejan solos, sin el móvil, el tablet, un libro o la música, nuestra mente comienza a vagar y esta experiencia puede llegar a ser tan desagradable que el 67% de los hombres y el 25% de las mujeres se decantaron por recibir una descarga eléctrica.


¿Qué sucedió en el experimento?


Para llegar a estos resultados los investigadores reclutaron a un grupo de personas y, después de guardar sus posesiones, les pidieron que se quedaran a solas en una habitación donde no había ningún tipo de adorno que pudiese convertirse en una distracción. Los investigadores simplemente les pidieron que se entretuvieran con sus pensamientos, durante un periodo de 6 a 15 minutos. Después de ese tiempo, los participantes debían evaluar cómo se habían sentido con la experiencia. La mitad de las personas respondió que no había disfrutado de esos minutos a solas consigo mismo.

Ante estos resultados, los psicólogos se preguntaron si su aversión a la soledad sería tan grande como para preferir un estímulo doloroso. Por eso fueron un paso más allá y les preguntaron a las personas si preferían quedarse un rato a solas o experimentar impulsos eléctricos dolorosos a forma de pequeños electroshock, que se podían auto administrar presionando ellos mismos un botón. En este punto no quedaron dudas: muchas personas prefieren tener algo que hacer, aunque sea desagradable, antes que quedarse a solas con sus pensamientos.


¿Por qué rehuimos estar a solas con nosotros mismos?


Los investigadores afirman que esta especie de miedo al vacío no es una consecuencia de los cambios en la sociedad actual ya que se apreció, lo mismo en personas adultas que en los más jóvenes. No obstante, es difícil pensar que el ritmo frenético que nos ha impuesto la sociedad actual y el influjo de los gadgets tecnológicos que nos permiten mantenernos entretenidos en todo momento, no tengan nada que ver.

Algunas razones por las que podemos sentir que esta experiencia es desagradable son:

- Porque nos han enseñado que “el tiempo es oro” y que estar sin hacer nada no es productivo ni beneficioso

- Porque no estamos acostumbrados y, como muchas cosas nuevas, al principio pueden asustar o ser molestas

- Porque implica un proceso de introspección y puede que lo que descubramos de nosotros no nos agrade

- Porque aparecen preocupaciones, dudas y temores que nos hacen sentir mal y no sabemos cómo controlarlos

- Porque no logramos concentrarnos en nada particularmente interesante y nos aburrimos, lo cual, de cierta forma, también implica que nuestro mundo interior es muy aburrido

Cada cual que saque sus propias conclusiones…


Fuente:
Wilson, T. D. et. Al. (2014) Just think: The challenges of the disengaged mind. Science; 345(6192): 75-77.
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5 señales que indican que no vas por buen camino

>> 16 de julio de 2014

Muchas personas suelen asociar el éxito con la suerte. De hecho, la mayoría de nosotros cuando encontramos a un emprendedor solo vemos sus resultados y raras veces pensamos en las cosas que esa persona tuvo que sacrificar, a cuánto tuvo que renunciar y cuánto debió esforzarse para llegar hasta ese punto. Precisamente en este detalle, aparentemente intrascendente, radica la gran diferencia que separa a una persona que ha tenido éxito de aquellas que lo han intentado pero se han quedado a mitad del camino: se trata de la capacidad para emprender y sobreponerse a los obstáculos, sobre todo cuando parece que son un muro insalvable.

Nadie ha dicho que el camino al éxito es fácil pero si cuando comienzan a surgir los primeros contratiempos piensas: “No he tenido suerte”, es porque ya has claudicado. Sin embargo, el éxito no es cuestión de suerte, es cuestión de esfuerzo, sacrificio y perseverancia. Es cuestión de saber lidiar con los fracasos y aprender de los errores para salir fortalecidos y ponernos lo antes posible manos a la obra. 


¿Cómo saber cuándo has perdido el rumbo?


Existen algunas señales que te indican que no vas por buen camino al éxito y que deberías replantearte algunas cosas antes de continuar con tus metas. 

1. Te planteas tantas tareas que eres incapaz de terminarlas. Las grandes metas implican ejecutar numerosas tareas, no es un secreto para nadie. Sin embargo, el problema comienza cuando no eres capaz de estructurar lógicamente esas tareas en función de su nivel de complejidad, del tiempo con que cuentas y de los recursos que tienes a tu disposición. Cuando no eres capaz de jerarquizar puedes llegar a estresarte demasiado y tu proyecto se tambaleará, te sentirás como si estuvieses estancado, como si tus fuerzas no fueran suficientes para alcanzar el objetivo que te propusiste.

¿La solución? Plantearte pequeñas tareas que vayan aumentando poco a poco su complejidad hasta que llegues a tu meta final. Calibra el tiempo que tienes a tu disposición, los recursos con los que cuentas y prioriza. Sin pequeños objetivos no podrás avanzar.

2. Quieres hacerlo todo solo. Algunas personas, cuando emprenden un proyecto, piensan que no necesitan la ayuda de nadie, que son auto-suficientes. Por suerte o por desgracia, detrás de los grandes éxitos siempre ha habido un grupo de personas que han servido de apoyo. Cuando se trata de un proyecto ambicioso, es necesario contar con los demás, aunque solo sea para alimentarse de nuevas perspectivas y beber ideas frescas. Para desarrollar un proyecto no solo necesitas abrirte a los otros sino también aprender a confiar en ellos y delegar tareas.

3. Preguntas a los demás, pero no tienes en cuenta su criterio. El clásico ejemplo es el de la persona que reúne a su equipo de trabajo para pedir ideas pero después concluye que ninguna era buena y continúa adelante con su proyecto inicial, no porque es el mejor sino simplemente porque es el suyo. Esta es la manera más directa para ir al fracaso porque a menudo estamos tan involucrados emocionalmente con nuestra meta que no pensamos con objetividad. Escuchar a los demás siempre es beneficioso porque donde menos lo esperes, puedes encontrar una idea que le dé un vuelco radical a tu proyecto.

4. Tú siempre tienes la razón. Un proyecto implica trabajar en equipo, no es una lucha de poder ni una batalla campal. Cuando enfrentas a los demás obsesionado por tener la razón, poniéndote a la defensiva porque crees que tus ideas son las mejores, estarás condenado a la soledad y de ahí al fracaso hay solo un paso. Recuerda la genial frase de Winston Churchill: “el éxito consiste en aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”. Lo cual implica aprender a reconocer que no siempre tenemos la razón y que podemos equivocarnos. Así podremos superar los reveses más rápido y continuar el camino. De lo contrario, solo lograremos quedarnos estancados. 

5. Siempre tienes a mano una buena excusa para no seguir adelante. Puede que no sea el momento adecuado, que tu economía vaya mal o que tengas problemas personales que no te permitan concentrarte en tu nuevo proyecto. Todas son razones de peso para posponer un proyecto pero considera que las personas de éxito también han enfrentado situaciones similares y han seguido adelante porque las han usado para potenciar su fuerza, no como excusas para detenerse. Después de todo, la elección siempre es tuya.
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