7/25/2016

Las personas que prefieren los gatos son más inteligentes, quienes prefieren los perros más felices


Se dice que el perro es el mejor amigo del hombre. También se dice que el tiempo que pasamos con un gato, nunca es tiempo perdido. Hay buenas razones para amar tanto a los perros como a los gatos pero, aún así, existen personas que se decantan por los perros y los defienden tenazmente. También existen aquellos que prefieren los gatos y no pueden imaginar su vida al lado de un perro. ¿Qué se esconde en la base de esa preferencia? ¿Es posible que estas personas tengan perfiles psicológicos diferentes?

Los dueños de los gatos son más inteligentes


Un estudio desarrollado en la Carroll University indica que los amantes de los gatos son más inteligentes que quienes prefieren los perros. Estos psicólogos analizaron a 600 estudiantes que preferían los gatos o los perros. Los participantes se sometieron a pruebas de personalidad e inteligencia. Así se pudo apreciar que quienes preferían los gatos solían obtener puntuaciones más altas en las pruebas de inteligencia.

Estos psicólogos apuntan que la diferencia se debe a las características de personalidad, así como a las actividades y los pasatiempos de cada persona. En las pruebas pudieron notar que las personas amantes de los perros suelen ser más activas, transmiten más energía y les gusta pasar más tiempo al aire libre. También son personas que suelen seguir las reglas al pie de la letra.

Al contrario, los amantes de los gatos suelen ser más introvertidos, sensibles y muestran una mente más abierta. También disfrutan más de la soledad, suelen tener una faceta inconformista y les resulta difícil seguir las reglas. Estas características potencian la creatividad y la inteligencia ya que les ayudan a pensar fuera de los límites.

Por supuesto, no se trata de que estos animales potencien ciertas características en detrimento de otras, la clave radica en que elegimos perros o gatos en dependencia de quiénes somos. Por ejemplo, a los amantes de los perros les gusta disfrutar de la compañía incondicional de su mascota mientras que a quienes prefieren los gatos les atrae precisamente la independencia que muestra este animal.

Elegimos un perro o un gato en dependencia de quienes somos, del estilo de vida que llevamos y, sobre todo, de las necesidades emocionales que pretendemos satisfacer a través de esa mascota.

Los dueños de los perros son más felices


En contraposición, un estudio realizado en el Mahattanville College desveló que quienes prefieren los perros son más felices. En esta ocasión los psicólogos analizaron a 263 personas y profundizaron en la relación que mantenían con sus mascotas y la sensación de bienestar.

Así descubrieron que quienes tenían perros indicaban sentirse más felices y experimentaban más emociones positivas. También referían sentirse más satisfechos con la vida, en comparación con las personas que tenían gatos en casa. 

En ese nivel de felicidad pueden incidir diferentes factores, entre ellos el hecho de que las personas que poseen perros suelen pasar más tiempo al aire libre, normalmente se mantienen más activos físicamente y suelen ser más extrovertidos. 

Sin embargo, estos psicólogos también apuntan al hecho de que los perros pueden brindarnos más apoyo emocional que los gatos, lo cual se revertiría en nuestro bienestar. De hecho, se ha demostrado que los perros liberan más oxitocina, la hormona del amor, que los gatos cuando interactúan con sus dueños. 

Para comprobarlo, los investigadores tomaron muestras de saliva de 10 perros y 10 gatos, diez minutos antes de una sesión de juego con sus dueños e inmediatamente después de que esta terminara. Los resultados desvelaron que en los perros el nivel de oxitocina había aumentado en un 57,2% mientras que en los gatos solo un 12%. 

Esto podría explicar por qué muchas personas establecen una conexión emocional tan especial con los perros, la cual puede generar auténtica felicidad a ambos.


Fuentes:
Bao, K. (2016) Is Happiness a Warm Puppy? Examining the Relationship between Pets and Well-Being. Open Science Framework.
Guastello, D. (2014) Personality Differences of Self-Identified Canine and Feline Lovers. 26th Annual Association For Psychological Science Meeting. San Francisco, California.
Beetz, A. et. Al. (2012) Psychosocial and psychophysiological effects of human-animal interactions: the possible role of oxytocin. Front. Psychol; 3: 234.
Kosfeld, M. et. Al. (2005) Oxytocin increases trust in humans. Nature; 435: 673-676.
Zak, P. J. et. Al. (2004) The neurobiology of trust. Annals of the New York Academy of Sciences; 1032: 224-227.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/22/2016

Para recibir, primero debes aprender a soltar


Cuenta una antigua leyenda que un famoso científico acudió a la casa de un maestro zen. Al llegar, se presentó enumerando todos los títulos que había alcanzado y lo que había aprendido a lo largo de sus años de estudio.

Después le pidió al maestro que le enseñara los secretos de su filosofía. Por toda respuesta, el maestro se limitó a invitarlo a sentarse y le ofreció una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de preocupación, el maestro virtió té en la taza del científico, y siguió echando té aunque la taza ya estaba llena.

Perplejo por aquel desliz, el científico le advirtió al maestro que la taza ya estaba llena y que el té se estaba escurriendo por la mesa.

El maestro le respondió con tranquilidad:

- Exactamente. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría aprender algo?

Ante la expresión incrédula del científico, el maestro enfatizó:

- A menos que vacíe su taza, no podrá aprender nada.

Al igual que el científico, a menudo nos aferramos a algunas creencias, hábitos, personas o formas de pensar que nos impiden crecer. Sin embargo, si queremos aprovechar nuevas oportunidades, si queremos recibir los dones que el mundo aún tiene que ofrecernos, primero debemos aprender a soltar. No podemos asir las cosas nuevas si tenemos las manos llenas.

Dejar ir es parte de la vida


La vida es un cambio continuo, seguir adelante implica que debemos dejar algunas cosas atrás, si no lo hacemos y las acarreamos, solo terminarán siendo un peso inútil que nos impedirá continuar hasta la meta que nos hemos trazado. 

Por ejemplo, las personas que se mudan a un nuevo país pero siguen añorando el suyo, repitiendo sus formas de hacer sin aceptar las nuevas costumbres, terminarán siendo infelices. De la misma forma, quien inicia una relación de pareja sin haber olvidado a su ex, terminará condenando esa nueva relación al fracaso.

Por supuesto, todas las cosas del pasado no son negativas, algunos recuerdos pueden darnos fuerza en los momentos difíciles y vale la pena conservarlos, pero hay otros lazos emocionales que debemos deshacer, para prepararnos para una nueva etapa. De hecho, en muchos casos soltar no significa renunciar ni olvidar sino simplemente sentirse agradecido por lo vivido y pasar página de manera consciente, eligiendo quedarse con lo bueno y dejando atrás las emociones que no nos aportan nada sino que nos mantienen atascados y hasta nos hacen sentir mal.

Lo más interesante es que en la mayoría de los casos no es necesario quemar los puentes detrás de nosotros porque dejar ir no siempre significa cortar definitivamente con una persona o con nuestro pasado, sino hacer las paces con nosotros mismos. Implica reformular nuestras ideas y, sobre todo, nuestras emociones, soltando la añoranza, el miedo, el rencor o el apego excesivo.

En otros casos, soltar adquiere una connotación material. De hecho, sin darnos cuenta nos apegamos a muchas cosas que nos brindan una falsa sensación de seguridad. Por eso, un buen ejercicio para aprender a soltar implica deshacerse de todas esas cosas que realmente no necesitamos y que solo ocupan un lugar en nuestro hogar para hacer que no nos sintamos solos.

La magia de vaciar la taza de vez en cuando


Nuestra sociedad nos impulsa a consumir, y eso significa acaparar cosas e incluso relaciones. Sin embargo, de vez en cuando es necesario vaciar nuestra taza. Cuando lo hacemos de manera consciente ocurre un auténtico milagro porque al romper esos lazos que nos ataban podemos aprovechar realmente las nuevas oportunidades que se nos presentan. Cuando decidimos dejar atrás las cosas que nos limitan, nos estamos dando la oportunidad de ampliar nuestro "yo" hasta universos insospechados.

Piensa que si te mantienes atado a una relación de pareja dañina, no podrás conocer a una persona que realmente te complemente y te haga crecer. Si te mantienes atado a tus costumbres, no podrás descubrir nuevas formas de hacer las cosas. Si te aferras a los estereotipos, no podrás disfrutar de las maravillas que aporta la diversidad. Si te aferras al odio y el rencor, no podrás amar plenamente.

No olvides que la vida está en constante cambio y solo cuando tienes las manos vacías, podrás aferrar las nuevas oportunidades que se te presentan. 

Algunas de las cosas que debemos aprender a dejar ir son:

- La necesidad de controlarlo todo, fundamentalmente a las personas que nos rodean. Sé y deja ser. 

- La necesidad de tener siempre la razón, porque de esta manera no aprenderemos nada nuevo sino que nos aferraremos a nuestra forma de comprender el mundo.

- La necesidad de aferrarse al pasado, porque de esta manera no podremos caminar con paso ligero hacia el futuro.

- Los sentimientos dañinos, como el odio, la ira y el rencor, porque nos impedirán amar y disfrutar plenamente del presente.

Recuerda que la felicidad siempre es una decisión personal y que la vida está llena de oportunidades increíbles, pero debemos estar preparados para aprovecharlas.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/21/2016

Lo que lees importa más de lo que crees


La lectura es uno de los mejores hábitos que podemos desarrollar, uno de los mejores regalos que podemos hacernos. De hecho, una buena novela masajea nuestras neuronas. Sin embargo, no vale leer por leer, sumirnos en la lectura de cualquier cosa que caiga en nuestras manos no nos reportará los mismos beneficios, ni a nivel cognitivo ni emocional. Por tanto, es importante que seamos más selectivos a la hora de elegir lo que leemos.

Los contenidos “light” no aportan nada


Un estudio realizado en la Universidad de Florida ha sido la señal de alarma: ha encontrado que las lecturas de los estudiantes universitarios influyen directamente en su nivel de escritura. Estos psicólogos descubrieron que no solo cuenta la frecuencia con la que leemos sino también la calidad del contenido.

En práctica, los jóvenes que leían revistas académicas y literatura escribían con mayor sofistificación y cometían menos errores que quienes se limitaban a leer noticias y contenido web. Como resultado, estos psicólogos han hecho una diferenciación entre la “lectura profunda” y la “lectura light”. 

La lectura profunda es lenta y envolvente, rica en detalles sensoriales, emocionales y morales, es una lectura compleja que va más allá de la simple decodificación de las palabras. La lectura profunda se produce cuando el contenido tiene metáforas, alusiones y conceptos complejos, ya sea desde el punto de vista cognitivo o emocional. Cuando una novela es profunda podemos imbuirnos realmente en sus páginas, y promueve la reflexión y la empatía.

Sin embargo, la lectura “light” no nos reporta estos beneficios ya que se trata de una lectura veloz a la que se le presta poca atención y que se olvida al cabo de pocos minutos. Estos psicólogos creen que muchas noticias de los diarios, las revistas de entretenimiento y la mayoría de los contenidos intrascendentes que se pueden encontrar en Internet se pueden catalogar como “lectura light” ya que no promueven la reflexión ni generan una implicación emocional.

La lectura profunda, una explosión de sensaciones para el cerebro


La lectura profunda es una auténtica explosión de sensaciones para nuestro cerebro. De hecho, se ha apreciado que activa diferentes centros cerebrales, que deben trabajar de manera concertada para que podamos entender lo que leemos y vivir en carne propia esas experiencias. La lectura activa el área de Broca, que nos permite percibir el ritmo y la sintaxis, también activa el área de Wernicke, la cual interviene en nuestra percepción de las palabras y su significado, así como el giro angular, que es fundamental para la percepción y el uso del lenguaje. 

Por si fuera poco, la lectura profunda activa además otras áreas del cerebro vinculadas con la percepción y las emociones, lo cual indica que no solo estamos comprendiendo lo que leemos sino que estamos viviendo las aventuras a la par de los personajes. Una buena novela es capaz de activar las zonas del cerebro vinculadas con las sensaciones físicas y los sistemas de movimiento, así como el cerebro emocional, el cual nos permite llorar o reír junto con los personajes.

Por eso, no es extraño que se haya apreciado que después de que una persona lee una buena novela, aumenta su nivel de empatía, es capaz de comprender mejor las ideas de los demás, aunque sean diferentes de las suyas, y compartir sus estados emocionales.

La poesía es un ejemplo de “lectura profunda” muy especial. Hace poco los neurocientíficos comprobaron que todos los materiales escritos activan lo que se denomina “red de lectura”, la cual nos permite comprender el texto, memorizarlo y reflexionar al respecto. 

Sin embargo, en comparación con la prosa, la poesía activa áreas del cerebro completamente diferentes, sobre todo cuando se trata de poemas que nos gustan. De hecho, los poemas activaban la corteza cingulada posterior y medial de los lóbulos temporales, las partes del cerebro vinculadas con la introspección, así como algunas regiones específicas del hemisferio derecho, las mismas que responden ante la música. 

Por tanto, la próxima vez que vayas dedicarle unos minutos a la lectura, asegúrate de que valga la pena. Elige materiales que te emocionen, te hagan reflexionar, despierten curiosidad o te hagan disfrutar.

Fuentes:
Douglas, Y. & Miller, S. (2016) Syntactic Complexity of Reading Content Directly Impacts Complexity of Mature Students’ Writing. International Journal of Business Administration; 7(3).
Adam, Z. et. Al. (2013) By Heart An fMRI Study of Brain Activation by Poetry and Prose. Journal of Consciousness Studies; 20(9-10): 132-158.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/20/2016

Las personas que llaman, en vez de mensajear, son más espontáneas, seguras y relajadas


El móvil ha cambiado la forma de comunicarnos, sobre todo en las nuevas generaciones. De hecho, muchos jóvenes consideran que una llamada de teléfono es demasiado invasiva, casi como presentarse en casa de alguien sin avisar. Por eso, envían cada vez más mensajes. Sin embargo, la tendencia a enviar mensajes, cuando se puede llamar sin que ello represente un costo adicional, puede desvelar mucho sobre nuestra personalidad.

Mensajeamos más y hablamos menos


Las estadísticas indican que los usuarios de smartphones envían y reciben cinco veces más mensajes de texto que llamadas al día. De hecho, se estima que un usuario medio pasa 26 minutos al día enviando mensajes, aunque solo destina 6 minutos a las llamadas.

Sin duda, en algunos casos los mensajes de texto son muy eficaces, pero también tienen algo de antisocial y robótico. De hecho, es muy difícil saber exactamente cómo se siente una persona a través de un mensaje de texto. Sin embargo, escuchar su tono de su voz podría desvelarnos rápidamente su estado emocional.

Las personas que envían más mensajes de texto necesitan mantener el control


Un estudio llevado a cabo en el Pew Research Center desveló que los mensajes de texto son una de las vías preferidas del 80% de los adolescentes para comunicarse con sus amigos. Sin embargo, los mensajes de texto no ganan terreno solo porque sean eficaces sino porque brindan una mayor sensación de control. 

Mensajear reduce la complejidad de las relaciones humanas. De hecho, muchos de esos jóvenes confesaron que no les gusta hablar por teléfono porque de esta manera no pueden controlar lo que van a decir y no pueden saber cuánto tiempo durará la llamada. Hablar por teléfono les hace sentir inseguros.

Curiosamente, esa sensación de control que generan los mensajes de texto está vinculada con la falta de seguridad y confianza en sí mismos. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Windsor comprobó que recurrir a los mensajes, en vez de a las llamadas, provoca lo que ya se ha bautizado como “efecto de superficialidad”. Este efecto se refiere a que las personas se comprometen menos con lo que escriben.

De hecho, investigadores de la Universidad de Winnipeg analizaron a más de 2.300 estudiantes universitarios y descubrieron que quienes enviaban más de 100 mensajes de texto al día, referían sentirse menos seguros de sus principios éticos en la vida.

Esto sugiere que mensajear, en vez de realizar una llamada, puede ser la alternativa que elijan las personas que padecen cierta ansiedad ante las relaciones sociales y que tienen la necesidad de mantener el control. Al contrario, quienes prefieren llamar pueden ser personas más espontáneas, extrovertidas y con mayor capacidad para lidiar con los imprevistos.

Los mensajes de texto permiten establecer una distancia emocional


En una sociedad cada vez más alienada, a muchas personas les asusta la implicación emocional. Los mensajes de texto son la herramienta perfecta para establecer una distancia entre quien lo envía y el destinatario. Esa distancia aleja a las personas de la realidad, les resta ansiedad y les permite decir cosas que nunca habrían dicho cara a cara.

De hecho, cada vez son más las parejas o los amigos que rompen a través de mensajes de texto. Esta forma de comunicación les permite liberarse rápidamente de sus responsabilidades, sin que medie una implicación emocional y sin tener que asumir las consecuencias de sus decisiones ante el otro.

En este sentido, un estudio muy interesante realizado en la Universidad de Carolina del Norte analizó el uso del móvil y la calidad de las relaciones de pareja, para evaluar el tipo de apego que habían desarrollado las personas. Estos psicólogos descubrieron que había parejas que se enviaban hasta 500 mensajes al día, los cuales representaban el 90% de su comunicación.

También descubrieron una relación entre el número de mensajes de texto y el apego:

- Estilo de apego inseguro. Estas personas no han desarrollado una imagen positiva de sí mismas, son inseguras y necesitan constantemente la aprobación de los demás. Por eso, son quienes envían más mensajes de texto a sus parejas y amigos ya que esta es una manera de encontrar la seguridad que necesitan.

- Estilo de apego evitativo. Estas personas han aprendido que expresar sus sentimientos es contraproducente, por lo que se desligan de ellos y asumen una distancia emocional de los demás. De esta forma evitan ser rechazados o abandonados. En estas personas, los mensajes de texto, que también son muchos, se convierten en una estrategia de control sobre los demás, además de ser una vía más sencilla que las llamadas para mantener esa distancia emocional que les permite sentirse a salvo. 

- Estilo de apego seguro. Estas personas son seguras de sí, no necesitan la aprobación constante de los demás y son capaces de establecer relaciones maduras, donde no existe dependencia emocional. Curiosamente, también envían menos mensajes de texto y prefieren comunicarse a través de las llamadas.

Recuperar la comunicación directa


Algunos psicólogos afirman que el abuso de los mensajes de texto está impidiendo que las nuevas generaciones desarrollen las habilidades sociales necesarias que les permitan enfrentar la vida con menos estrés y ansiedad. Sin duda, la conversación es una habilidad que debe ser cultivada ya que nos reporta extraordinarios beneficios y nos ayuda a construir una sólida red de apoyo social. 

Por muchos emoticones que usemos, es mucho más fácil contagiar la risa a través de una llamada que mediante un mensaje de texto. También es más fácil detectar el sarcasmo o el enfado a través del tono de voz. Por tanto, intentemos suplantar lo menos posible la comunicación directa con los mensajes de texto.


Fuentes:
Annisette, L. E. & Lafreniere, K. D. (2016) Social media, texting, and personality: A test of the shallowing hypothesis. Personality and Individual Differences.
Smith, A. (2015) U.S. Smartphone Use in 2015. En: Pew Research Center.
Luo, S. (2014) Effects of texting on satisfaction in romantic relationships: The role of attachment. Computers in Human Behavior; 33: 145–152.
Trapnell, P. & Sinclair, L. (2013) Texting Frequency and The Moral Shallowing Hypothesis. En: Universidad de Winnipeg.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/19/2016

Pato, muerte y tulipán: Una conmovedora reflexión ilustrada sobre el ciclo de la vida


La historia se encuentra en un libro. Dentro de este libro, hay un estanque. Cerca del estanque, un pato. Y cerca del pato... alguien más. 

El ilustrador y escritor Wolf Erlbruch nos invita a habitar el libro “Pato, muerte y tulipán”, una obra de una belleza serena que nos hará caminar junto a los personajes, reflexionar con ellos, experimentar sus emociones y compartir sus preocupaciones. 

Sus ilustraciones tienen el poder de transmitirnos el calor y el frío, la sorpresa de los encuentros y lo amargo de las despedidas. Y aunque es un libro pensado para los niños, los adultos también podrán apreciarlo desde una perspectiva diferente.

Aceptar con serenidad lo inevitable


La muerte es nuestra amiga, precisamente porque se convierte en una presencia apasionada y absoluta que llena todo lo que existe; eso es natural, eso es amor”. Sin duda, este ilustrador alemán se inspiró en las palabras del poeta Rilke, que nos indican que enfrentar y aceptar la mortalidad también puede hacer que nos sintamos más vivos y nos anima a aprovechar hasta la última gota.

Aún así, lo cierto es que nos resulta difícil lidiar con la muerte, sobre todo cuando llega el momento de explicársela a un niño. Sin embargo, si les enseñamos desde pequeños que se trata de un proceso natural, podremos restarle parte de su carácter luctuoso y lograr que la persona como una despedida. Entonces este libro será de gran ayuda.

Pato, muerte y tulipán


Desde hacía tiempo el pato notaba algo extraño.

- ¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?

La muerte le contestó:

-Me alegro de que por fin me hayas visto. Soy la muerte. 

El pato se asustó. Quién no lo habría hecho. 

-¿Ya vienes a buscarme? 

-He estado cerca de ti desde el día en que naciste… por si acaso. 



La muerte le sonrió con dulzura. Si no se tenía en cuenta quién era, hasta resultaba simpática.


Con gran economía de palabras e ilustraciones minimalistas pero muy expresivas, Erlbruch transmite la camaradería que se desarrolla entre ambos personajes.

De hecho, en cierto punto el pato invita a la muerte a bañarse junto a él en un estanque, al salir, la muerte siente frío y el pato se ofrece para calentarla. La muerte pensó que nunca nadie se había ofrecido a hacer algo así por ella.


Al día siguiente, el pato despertó feliz por no haber muerto. A partir de ese momento entabla una relación muy especial con la muerte, y aparecen preguntas trascendentales que todos nos hemos hecho en alguna ocasión.

Sin embargo, con la llegada del otoño, un buen día el pato comenzó a sentir frío. Le pidió a la muerte que le calentara un poco, como él había hecho con ella.

La nieve caía. Los copos eran tan finos que se quedaban suspendidos en el aire.

Algo había ocurrido. La muerte miró al pato.

Había dejado de respirar. Se había quedado muy quieto.

Lo acarició para colocar un par de plumas ligeramente alborotadas, lo cogió en brazos y se lo llevó al gran río. 

Cuando le perdió de vista, la muerte incluso se sintió un poco triste. Pero así era la vida.


Al final del libro se ve a la muerte acompañando a otros animales, un sutil recordatorio de que el río de la vida no se detiene. Y precisamente por ello, debemos aprovechar cada segundo, aquí y ahora.

No olvidemos que la muerte existe para que valoremos la vida.

Escrito por: Jennifer Delgado

7/18/2016

El estrés de las madres altera la genética cerebral de sus hijos


Desde hace décadas se dice que los niños son como esponjas. Ahora la ciencia demuestra que esta afirmación es cierta. Sin embargo, esa enorme capacidad para adaptarse al medio es un arma de doble filo. Durante los primeros años de vida las neuronas tienen una plasticidad enorme, lo cual significa que el cerebro puede alcanzar un gran potencial o, al contrario, puede sufrir daños difíciles de reparar. Y los padres juegan un papel determinante para inclinar la balanza en uno u otro sentido. 

La relación que los padres establezcan con su hijo, su capacidad para satisfacer sus necesidades emocionales e incluso su estado de ánimo a lo largo de los primeros años influirá en el desarrollo psicológico del pequeño y dejará una huella profunda que probablemente le acompañará durante toda su vida.

De hecho, diferentes investigaciones han relacionado la depresión materna con la aparición de trastornos mentales en los niños. También se conoce que cuando los padres tienen problemas de pareja y discuten mucho, sus hijos se vuelven emocionalmente inseguros y tienen dificultades para establecer relaciones saludables en la adultez. Además, se ha comprobado que cuando los padres están sometidos a un gran estrés, es más probable que sus hijos desarrollen algún problema emocional. 

Ahora un nuevo estudio realizado en la Universidad de Wisconsin desvela que los problemas no se limitan al ámbito psicológico, el estrés de los padres también puede alterar la genética de sus hijos y hacer que en su cerebro se formen conexiones que terminarán influyendo en su reacción ante la adversidad.

De hecho, es la primera vez que los científicos encuentran una relación entre el estrés de los padres y el ADN de los hijos. Este estudio comprueba que la crianza, y nuestras experiencias en sentido general, pueden afectar nuestra genética. 

La respuesta ante el estrés también está determinada por los genes

La idea de que el estrés puede afectar el ADN y el desarrollo cerebral proviene de una investigación llevada a cabo en el año 2004 en la Universidad McGill. Estos investigadores trabajaron con un grupo de ratones y comprobaron que cuando las madres cuidaban bien a sus crías, en estos se activaba un gen que desencadenaba un mecanismo a nivel cerebral gracias al cual los pequeños ratones desarrollaban una mayor tolerancia ante el estrés, eran capaces de adaptarse mejor a los cambios, se mostraban menos temerosos y eran más propensos a explorar su entorno.

Más adelante, un estudio realizado con personas en el Douglas Mental Health University Institute desveló que el abuso infantil y la negligencia paterna también pueden silenciar los receptores de las hormonas del estrés en el cerebro. Se apreció que en los niños que sufrieron abusos durante su infancia y que después se habían suicidado, el gen que debía activar los receptores de las hormonas del estrés se mantenía apagado. 

El problema es que cuando este gen se silencia, el sistema natural de respuesta ante el estrés no funciona adecuadamente, por lo que resulta más difícil lidiar con los problemas y las adversidades, haciendo que esas personas sean más susceptibles a desarrollar trastornos psicológicos y cometer suicidio.

De hecho, otro estudio realizado en la Universidad de Columbia Británica desveló que cuando las madres estaban deprimidas o ansiosas, el gen que se encarga de activar los receptores de las hormonas del estrés también solía silenciarse en los recién nacidos. Esto hacía que esos pequeños se mostraran más temerosos, que les resultara más difícil adaptarse a los cambios y que tuvieran problemas para lidiar con las situaciones estresantes.

Madres estresadas, hijos menos resilientes

Este nuevo estudio desvela que para que se produzcan cambios a nivel de ADN no es necesario que los niños hayan sufrido abusos físicos. Estos investigadores analizaron a cientos de padres durante más de una década. Los padres respondieron una serie de cuestionarios en diferentes momentos de la vida de sus hijos: cuando estos eran apenas unos bebés, a los 3 y 4 años y más tarde, al llegar a la adolescencia. A través de esos cuestionarios los investigadores evaluaron el nivel de estrés de los padres. Al llegar a los 15 años, los científicos analizaron el ADN de esos 109 adolescentes. 

Encontraron diferencias en el ADN de los niños cuyos padres habían puntuado más alto en la escala de estrés. También se apreció que el estrés de ambos padres no incidía de la misma forma. De hecho, un nivel de estrés elevado en las madres durante los primeros años de vida de sus hijos estaba vinculado con alteraciones en 139 genes. El estrés paterno incidía menos, aunque se pudo vincular con cambios en 31 genes. Esta diferencia puede deberse a que muchos padres se implican menos en la crianza de los hijos, por lo que es probable que el impacto de su estado emocional sea menor.

Otro hallazgo importante indica que el estrés de las madres y los padres no provocaba cambios significativos en la expresión de los genes infantiles cuando ocurría después de los 3 años de vida. Es probable que esto se deba a que desde el nacimiento hasta los tres años es la etapa de máxima plasticidad del cerebro, cuando las regiones cerebrales pueden adaptarse más e incluso asumir las funciones de otras zonas si estas sufrieran algún daño. A partir de esa edad el cerebro sigue cambiando pero lo hace a un ritmo más lento.

Entre los genes alterados (normalmente silenciados) por el estrés se encontraban dos particularmente importantes para el desarrollo del cerebro y el comportamiento ya que están relacionados con la comunicación celular y las membranas de las neuronas. Uno de los genes afectados es el NeuroG1, que estimula el crecimiento de nuevas neuronas, lo cual es fundamental para el desarrollo, el aprendizaje y la memoria.

Los investigadores explican que estos cambios en la expresión del ADN influyen sobre la forma en que se establecen las conexiones neurales y, por ende, en el funcionamiento cerebral. En práctica, al silenciarse el gen encargado de activar los receptores de hormonas del estrés, el niño no tendrá las herramientas a nivel neurológico que necesita para lidiar con las situaciones difíciles. Cuando en el cerebro no hay suficientes receptores para estas hormonas, como el cortisol y la adrenalina, estas se mantienen activas, causando daños en el cuerpo, mientras el cerebro es incapaz de buscar una solución adecuada. Por eso, es probable que el niño se muestre más irritable, impulsivo y temeroso. 

Aún así, se debe aclarar que nuestro cerebro tiene una plasticidad increíble, por lo que los cambios en la expresión de los genes eso no significa que esos niños no puedan aprender a lidiar de forma asertiva con el estrés y desarrollar una actitud más resiliente al llegar a la juventud o a la adultez, pero les resultará más difícil.

En cualquier caso, el mensaje para los padres es claro: el estrés no solo es dañino para los adultos sino también para los niños, sobre todo si son muy pequeños.


Fuentes:
Essex, M. J. et. Al. (2013) Epigenetic Vestiges of Early Developmental Adversity: Childhood Stress Exposure and DNA Methylation in Adolescence. Child Development; 84(1): 58-75.
McGowan, P. O. et. Al. (2009) Epigenetic regulation of the glucocorticoid receptor in human brain associates with childhood abuse. Nature Neuroscience; 12: 342-348.
Oberlander, T. F. et. Al. (2008) Prenatal exposure to maternal depression, neonatal methylation of human glucocorticoid receptor gene (NR3C1) and infant cortisol stress responses. Epigenetics; 3(2): 97-106.
Preston, S. L. & Scaramella, L. V. (2006) Implications of timing of maternal depressive symptoms for early cognitive and language development. Clin Child Fam Psychol Rev; 9(1): 65-83.
Weaver, I. C. (2004) Epigenetic programming by maternal behavior. Nature Neuroscience; 7(8): 847-854.

Escrito por: Jennifer Delgado

7/15/2016

5 ventajas insospechadas de ser el hermano menor


El orden en el que nacemos influye en nuestras características de personalidad. De todos los hermanos, los más pequeños generalmente son señalados como más problemáticos, irresponsables y demandantes de atención. De hecho, a menudo los padres no esperan mucho de los hijos menores y ponen sus esperanzas en sus vástagos mayores. A esto se le suma que durante toda su infancia y parte de la adolescencia son un blanco fácil de las bromas y travesuras de sus hermanos mayores. Sin duda, esto terminará moldeando su personalidad y su forma de reaccionar ante las situaciones.

Sin embargo, investigaciones recientes demuestran que los hermanos menores en realidad no son la oveja negra de la familia y pueden tener mucho éxito, un éxito que podría estar determinado en gran medida por las situaciones familiares con las que ha tenido que lidiar durante su infancia. 

1. Tienen un espíritu más aventurero

A diferencia de los primogénitos, quienes normalmente asumen el rol de líder frente a sus hermanos, los más pequeños se ven obligados a encontrar su propio papel, primero en el seno de la familia y más tarde en la vida. 

Lo interesante es que para encontrar su lugar y hacer valer sus talentos, los hermanos más pequeños se ven obligados a experimentar y salir de su zona de confort desde muy temprano. Por eso, es probable que se conviertan en personas más abiertas a las nuevas experiencias, dispuestas a asumir retos y a explorar. 

2. Son más simpáticos

Eddie Murphy, Stephen Colbert, Jennifer Lawrence y Tina Fey tienen dos cosas en común: son los hermanos más pequeños de la familia y son muy simpáticos. Sin embargo, no se trata de una coincidencia.

Un estudio realizado en el Reino Unido desveló que los hermanos menores suelen considerarse más divertidos mientras que los mayores se ven a sí mismos como más serios. Una teoría apunta a que esa capacidad para hacer reír a los demás se debe a que los hermanos más pequeños necesitaban llamar la atención de los padres y los demás miembros de la familia, y es probable que aprendieran a hacerlo a base de simpatía.

3. Suelen sentirse más relajados

Los hermanos menores suelen abrazar un estilo de vida más relajado y lidian mejor con el estrés, lo cual se debe, al menos en parte, a que los padres han adoptado con ellos un estilo educativo mucho más relajado, muestran una actitud laissez-faire que no tuvieron con el primer hijo.

De hecho, los padres suelen comportarse de forma sobreprotectora con los hijos mayores y les sobrecargan de responsabilidades mientras que asumen un estilo más permisivo con los hijos menores. Esto hace que los pequeños se sientan más libres y puedan asumir la vida desde una perspectiva más relajada.

4. Son excelentes en las relaciones interpersonales

Los primogénitos suelen ser más asertivos, pero los hermanos más pequeños suelen ser más sociables y amantes de la diversión. Una vez más, esta característica se la deben al hecho de que se vieron obligados a encontrar su papel en la familia, a que han tenido que aprender a gestionar por sí solos diferentes situaciones y hasta se han visto obligados a "manipular" un poco a sus padres.

Por eso, los hermanos más pequeños suelen ser muy buenos haciendo amigos y hacen gala de una excelente Inteligencia Interpersonal. De hecho, también tienen un don especial para lograr poner a las personas de su parte, lo cual no es extraño ya que en las peleas con sus hermanos probablemente tuvieron que luchar mucho para convencer a sus padres de que la culpa no era suya.

5. Son más creativos

Como norma, los hermanos mayores suelen tener un cociente intelectual ligeramente superior, pero sus hermanos más pequeños tienen la ventaja creativa. Los últimos que han llegado a la familia a menudo evitan los caminos que ya han recorrido los hermanos mayores, por lo que necesitan desplegar toda su creatividad.

Los más pequeños desarrollan nuevos intereses y conocimientos que no se miden en las pruebas de inteligencia convencionales. Por eso, se ha apreciado que los hijos más pequeños prefieren profesiones más creativas, como el diseño, la arquitectura, la escritura o el arte, mientras que los mayores optan por profesiones más convencionales.


Fuentes:
(2015) It's true: birth order shapes personality. YouGov Survey Results
Sulloway, F. J. (1999) Birth Orden. Encyclopedia of Creativity: 189-202.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/14/2016

¿Hablas dos idiomas? Entonces tienes más materia gris


En las últimas décadas nuestra comprensión del bilingüismo ha cambiado mucho. Al principio se pensaba que dominar dos vocabularios provocaría trastornos del lenguaje en los niños. Sin embargo, se ha demostrado que no es así. De hecho, las personas bilingües alcanzan mejores resultados en las tareas que requieren una buena dosis de atención, memoria a corto plazo e inhibición de los impulsos, es lo que en Psicología se conoce como "control ejecutivo".

Se cree que esa "ventaja bilingüe" no solo se debe al aprendizaje de un nuevo idioma sino, sobre todo, al uso sistemático de ambos. Sin embargo, aún hay muchas personas que lo ponen en duda, por lo que neurocientíficos del Georgetown University Medical Center decidieron comprobar si realmente hablar dos idiomas es tan beneficioso para el cerebro.

En el experimento comprobaron el volumen de materia gris de personas bilingües y monolingües. Así constataron que, efectivamente, las personas que hablan dos idiomas tienen más materia gris en los lóbulos frontales y parietales, que son las zonas del cerebro involucradas en el control ejecutivo.

¿Cuál es la función de la materia gris?


La materia gris se encuentra fundamentalmente en la corteza cerebral, la zona más compleja del sistema nervioso. Las células que componen la sustancia gris no tienen mielina, por lo que no pueden transmitir rápidamente los impulsos nerviosos. Su función es otra: procesar la información y facilitar el razonamiento. Por eso, se ha asociado la cantidad de materia gris con la inteligencia y la capacidad para resolver problemas.

Sin embargo, lo más interesante es que el volumen de materia gris que existe en el cerebro depende en gran medida de las experiencias que viven las personas a lo largo de su vida. De hecho, un estudio realizado en el University College London había descubierto que los taxistas tienen más materia gris en las áreas del cerebro implicadas en la navegación espacial, lo cual no es extraño ya que por su profesión se ven obligados a usar mucho más estas zonas cerebrales.

¿Por qué hablar dos idiomas es tan beneficioso para el cerebro?


Estos neurocientíficos se preguntaron si el mayor volumen de materia gris se debía al hecho de hablar dos idiomas o si dependía únicamente del vocabulario aprendido. Para encontrar una respuesta, no se limitaron a analizar el cerebro de personas monolingües y bilingües sino que además trabajaron con personas que dominaban su idioma materno y conocían además el lenguaje de señas. 

Así descubrieron que solo quienes hablaban dos idiomas tenían un mayor volumen de materia gris. Estos resultados sugieren que los cambios a nivel cerebral no se deben simplemente a adquirir un vocabulario más extenso sino que dependen del esfuerzo que hace nuestro cerebro a la hora de hablar, ya que se ve obligado a desconectar un idioma para activar el otro, involucrando para ello diferentes áreas.

De hecho, un estudio anterior realizado en la Universidad de Kentucky había demostrado que las personas bilingües son mejores en la multitarea ya que pueden conectarse y desconectarse rápidamente. También son más flexibles y pueden adaptarse con mayor rapidez a los cambios inesperados. Por si fuera poco, se conoce que estas habilidades se conservan en la edad adulta, por lo que aprender un segundo idioma también protege el cerebro de la demencia.

Estas investigaciones desvelan que nuestro cerebro tiene una enorme plasticidad y que cambia en dependencia de la estimulación, incluso en la edad adulta. Por tanto, si aún no conoces un segundo idioma, aún estás a tiempo para aprenderlo y, sobre todo, practicarlo ;)


Fuentes:
Olulade, O. A. et. Al. (2016) Neuroanatomical Evidence in Support of the Bilingual Advantage Theory. Cerebral Cortex; 26 (7): 3196-3204.
Gold, B. T. et. Al. (2013) Lifelong Bilingualism Maintains Neural Efficiency for Cognitive Control in Aging. The Journal of Neuroscience; 33(2): 387-396.
Fergur, I. M. et. Al. (2010) Delaying the onset of Alzheimer disease. Bilingualism as a form of cognitive reserve. Neurology; 75(19): 1726-1729.
Maguire, E. A. et. Al. (2006) London taxi drivers and bus drivers: a structural MRI and neuropsychological analysis. Hippocampus;16(12): 1091-1101.
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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