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4/26/2017

Las 3 diferencias entre la tristeza y la depresión que todo el mundo debe conocer


La tristeza es una emoción de la que solemos rehuir, aunque no podemos escapar de ella ya que a lo largo de la vida tenemos que lidiar con muchas situaciones que generan una profunda tristeza, como las pérdidas. 

En realidad, la tristeza es una emoción, una reacción normal ante los eventos que nos afectan. Estar tristes no significa estar deprimidos, aunque a menudo las personas usan ambos términos indistintamente. Sin embargo, una tristeza profunda mantenida a lo largo del tiempo puede dar paso a un cuadro depresivo.

De hecho, aunque la depresión suele tener un condicionamiento genético, situaciones como la pérdida de una persona muy querida o un gran fracaso pueden generar una enorme tristeza que podría desembocar en una depresión. Eso significa que, en mayor o menor medida, todos somos susceptibles de caer en las garras de la depresión, por lo que es importante conocer en qué se diferencia de la tristeza.

¿En qué se diferencia la tristeza de la depresión?


1. La tristeza es una emoción, la depresión un trastorno

La tristeza es una emoción y, como tal, tiene un valor adaptativo. Psicólogos de la Universidad de Indiana descubrieron que la tristeza provoca un mayor grado de activación fisiológica, el cual nos ayuda a lidiar con la pérdida. De hecho, si lo pensamos bien, tenemos más motivos para actuar cuando estamos tristes que cuando nos sentimos felices y satisfechos. 

Por otra parte, la depresión es un trastorno psicológico y la tristeza es solo uno de sus síntomas. Un cuadro depresivo se acompaña de sentimientos de angustia, inutilidad, desesperanza y una profunda apatía. La persona también suele sentirse culpable, le cuesta tomar decisiones y tiene problemas para concentrarse. En muchos casos aparecen además ideas suicidas.

2. La tristeza es pasajera, la depresión es duradera

Una investigación realizada por psicólogos de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, ha demostrado que la tristeza es la emoción más duradera, tarda en desaparecer 240 veces más que el resto. Aún así, la tristeza sigue siendo una emoción “pasajera” pues no suele durar más de algunos días o, como mucho, pocas semanas. 

Sin embargo, la depresión es un estado crónico que se diagnostica después de que la persona ha estado al menos seis meses padeciendo los síntomas. En algunos casos se experimentan periodos de mejoría, pero estos no suelen ser muy largos.

3. La depresión nunca llega sola, se acompaña de abulia y anhedonia

Cuando nos sentimos tristes, es normal que no tengamos ganas de festejar e incluso podemos experimentar cansancio y falta de energía. Aún así, somos capaces de seguir adelante con nuestra rutina e incluso podemos disfrutar de pequeños placeres cotidianos que nos sacan durante un rato de nuestro estado de ánimo sombrío.

En la depresión se sufre de abulia y anhedonia, un estado de apatía, indiferencia y pesimismo que dura semanas o incluso meses. La persona siente que la tarea cotidiana más nimia, como hacer las compras, cepillarse los dientes o incluso comer, es una misión titánica carente de sentido. La persona deprimida pierde la iniciativa y no encuentra nada que la motive o le haga disfrutar.

¿Qué pasa cuando la tristeza no desaparece?


A lo largo de la vida atravesamos diferentes situaciones que generan tristeza y logramos salir de ellas. De hecho, muchas de esas situaciones sirven para fortalecernos y nos permiten enriquecer nuestro arsenal de herramientas psicológicas para la vida.

Sin embargo, cuando la tristeza se alarga y crees que no mejoras sino que cada vez te sientes peor, es recomendable pedir ayuda psicológica. La tristeza prolongada puede desembocar en una depresión. Si no logras volver a encontrar la alegría de vivir, te aíslas de los demás y te ensimismas en tus pensamientos negativos, puedes correr el riesgo de desarrollar un cuadro depresivo.

No es necesario que esperes a que la depresión siente casa, un psicólogo podrá ayudarte a superar la tristeza y retomar tu vida cotidiana. De hecho, debes tener en cuenta que mientras más esperes para buscar tratamiento, más aumentan las probabilidades de que aparezcan otros trastornos asociados que empeoren el pronóstico.

Un estudio realizado en la Universidad de San Diego reveló algunos signos que podrían advertirte que la depresión está en curso. Según estos investigadores, el 74% de las personas diagnosticadas con depresión comenzaron a presentar problemas para conciliar el sueño desde las primeras fases del trastorno, un 38% también tenían problemas de memoria y dificultades para concentrarse y un 50% indicó que se sentían fatigadas desde hacía mucho tiempo.

El tratamiento de la depresión


Existen diferentes abordajes psicoterapéuticos de la depresión, uno de los enfoques más sólidos se conoce como Terapias Conductuales de Tercera Generación. Desde Actuo Psicólogos Barcelona ponen en práctica este abordaje, nos explican que a diferencia de las terapias de la primera y segunda ola, este conjunto de métodos y técnicas se enfocan en los pensamientos, sensaciones y emociones de manera que en vez de cambiar el contenido de los pensamientos, un proceso bastante difícil y no exento de frustración para la persona, se centra en cambiar la percepción y la relación con estos, de manera que dejen de ser un problema.

En contraste con otros abordajes psicoterapéuticos, estas terapias se concentran en potenciar una serie de habilidades que la persona puede aplicar en diferentes situaciones ya que no se trata simplemente de eliminar los síntomas sino de potenciar el bienestar y el desarrollo personal. 

Dentro de este enfoque se encuentran técnicas como la meditación mindfulness y el EMDR, que han demostrado su eficacia para aliviar los síntomas de la depresión y reducir la carga emocional de los eventos traumáticos. De hecho, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Oxford comprobó que la meditación mindfulness es tan eficaz para tratar la depresión y prevenir las recaídas como los antidepresivos.


Fuentes:
Verduyn, P. & Lavrijsen, S. (2015) Which emotions last longest and why: The role of event importance and rumination. Motivation and Emotion; 39(1): 119–127.
Hasse, M. et. Al. (2015) Eye movement desensitization and reprocessing (EMDR) therapy in the treatment of depression: a matched pairs study in an inpatient setting. Brain Behav; 5(6): e00342.
Kuyken, W. et. Al. (2015) Effectiveness and cost-effectiveness of mindfulness-based cognitive therapy compared with maintenance antidepressant treatment in the prevention of depressive relapse or recurrence (PREVENT): a randomised controlled trial. The Lancet; 386(9988): 63-73.
Jakobsen, J. C. et. Al. (2014) Third-wave cognitive therapy versus mentalisation-based treatment for major depressive disorder: a randomised clinical trial. BMJ; 4(8): e004903.
Seungio, L. (2007) Discrete emotion and motivation: Relative activation in appetitive and aversive motivational system as a function of anger, sadness, fear, and joy embedded in the content of televised information campaigns. Media Psychology; 12(2):148-170.
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4/25/2017

Un nuevo estudio lo confirma: Mientras más tiempo pases en Facebook, peor te sentirás


El usuario medio de Facebook pasa alrededor de una hora al día en esta red social, según reveló la propia compañía el año pasado. De hecho, muchas de las personas que tienen un smartphone lo primero que hacen apenas se levantan, incluso antes de salir de la cama, es revisar las redes sociales.

No hay dudas de que las relaciones interpersonales forman parte de nuestra naturaleza humana y son importantes para nuestro bienestar. De hecho, numerosos estudios indican que contar con una red de apoyo social es bueno para nuestra salud física y psicológica. Sin embargo, ¿esas relaciones online son igual de beneficiosas? ¿Qué impacto tienen en nuestro bienestar emocional?

¿Las redes sociales son realmente una fuente de apoyo emocional?


Algunos estudios han indicado que el uso de las redes sociales nos distancia de las relaciones cara a cara, hace que nos involucremos en menos actividades significativas, aumenten los comportamientos sedentarios, erosiona la autoestima y empuja a las personas a realizar comparaciones sociales que terminan haciéndoles daño.

De hecho, la comparación tiene una enorme influencia en nuestro comportamiento, esa es la razón por la cual solemos compartir solo los aspectos positivos de nuestra vida en las redes sociales. Muchas personas, al comparar sus experiencias con las de los demás, suelen sentirse peor.

Sin embargo, también hay quienes afirman que la clave radica en que las personas con problemas de autoestima son quienes más usan esta red social e incluso hay otros que están convencidos de que Facebook es una fuente de apoyo emocional importante.

Conectados pero solos


Psicólogos de la Universidad de Yale y de San Diego se propusieron descifrar este dilema, para ello recopilaron los datos de 5.208 adultos para analizar cómo variaba el bienestar en dependencia del tiempo de uso de la red social. Tuvieron en cuenta variables como la satisfacción con la vida, la salud mental y física así como el índice de masa corporal. También valoraron la amplitud y solidez de la red social en el mundo real de cada una de estas personas, así como su actividad en Facebook, desde sus comentarios hasta los “me gusta”.

A diferencia de otros estudios, en esta investigación los psicólogos les dieron seguimiento a los participantes a lo largo de dos años, lo cual les permitió formarse una visión más realista sobre el impacto de la red social en sus vidas. También tuvieron acceso a las cuentas de los participantes para analizar con mayor detalle cuánto tiempo pasaban en la red y cómo interactuaban. Por último, entrevistaron a las personas de su círculo social más íntimo.

Los resultados mostraron que las relaciones interpersonales en el mundo real mejoraban el bienestar , no así el uso de Facebook, el cual repercutía negativamente sobre todo en la salud mental. Estos psicólogos afirman que la cantidad de tiempo que le dedicamos a esta red a lo largo de un año, es un excelente predictor de la aparición de problemas de salud mental. También se apreció que el uso excesivo de Facebook afectaba la salud física y la satisfacción con la vida.

Estos resultados revelaron además que no existen grandes diferencias entre los distintos tipos de actividad, como dar un “me gusta”, publicar actualizaciones personales o hacer clic en los enlaces. Esto indica que no se trata de la actividad en sí misma sino más bien el tiempo que se le dedica a la red social. Los investigadores afirman que la clave no radica en la calidad sino en la cantidad.

Sin duda, el tiempo que pasamos delante de la pantalla es tiempo que le restamos a las personas significativas que están a nuestro alrededor, tiempo que le restamos a nuestros pasatiempos y tiempo que le restamos a la posibilidad de practicar actividad física o relajarnos.

Además, el engaño de las redes sociales es que nos hacen pensar que estamos implicados en relaciones sociales significativas, cuando en realidad esos vínculos no sustituyen el mundo real y, cuando apagamos el ordenador o el móvil, nos sentimos aún más solos.

Obviamente, no se trata de convertirse en ermitaños digitales, pero debemos cerciorarnos de que el mundo online no engulla el mundo real. No hay nada como disfrutar de una cena con los amigos, sentir el viento en la cara o simplemente escuchar buena música relajadamente. Cerciórate de vivir en el mundo real, no vivas para impresionar en el mundo virtual, vive cada día para impresionarte a ti mismo.

Fuente:
Shakya, H. B. & Christakis, N. A. (2017) Association of Facebook Use With Compromised Well-Being: A Longitudinal Study. Am J Epidemiol; 185(3): 203-211.
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4/24/2017

Las personas creativas ven y procesan el mundo de manera diferente


Si eres una de esas personas amantes de las aventuras y las experiencias nuevas, es probable que veas el mundo de manera diferente, literalmente. Las personas más abiertas a las nuevas experiencias, quienes siempre están en busca de cosas novedosas, son capaces de captar más información visual que los demás y combinarla de manera única, lo cual dispara su creatividad. De hecho, algunos psicólogos piensan que esta es la clave de la creatividad.

La apertura a la experiencia es un rasgo de la personalidad. Estas personas se caracterizan por ser más curiosas, más propensas a explorar nuevos terrenos, desarrollar una gama más amplia de intereses y son más originales. Estas personas suelen obtener excelentes resultados en las pruebas de creatividad, como aquellas en las que se les pide que encuentren diferentes usos a algunos objetos de la vida cotidiana, como puede ser un ladrillo o una pelota de tenis.

También existen evidencias de que las personas con mayor apertura a las experiencias son capaces de captar más pistas visuales del entorno. Por ejemplo, al centrarse en unas letras que se mueven en una pantalla, suelen notar con mayor frecuencia un pequeño cuadro gris que también aparece en la pantalla, un detalle que el resto de las personas no percibe.


El "don" de la percepción mixta


Un equipo de psicólogos de la Universidad de Melbourne ha comprobado que, en efecto, las personas más abiertas a las experiencias también son capaces de encontrar más oportunidades. Estos investigadores creen que tienen una puerta de entrada visual más flexible, la cual les permite captar más detalles de manera consciente.

Para llegar a estas conclusiones, los psicólogos reclutaron a 123 jóvenes, quienes se sometieron a un test en el que veían de manera simultánea una imagen roja con un ojo y una imagen verde con el otro, durante dos minutos.

Lo usual es que el cerebro solo perciba una imagen a la vez, por lo que la mayoría de las personas primero veía una imagen y luego la otra. Sin embargo, los investigadores descubrieron que había algunas personas que veían las dos imágenes como si estuvieran fundidas, un fenómeno que se conoce como “percepción mixta”.

Lo interesante fue que, mientras más alto puntuaban las personas en la escala de apertura a las nuevas experiencias, más propensas eran a presentar esa “percepción mixta”.

El resultado de la expansión del cerebro


Se piensa que el fenómeno de la percepción mixta se debe a la flexibilidad cerebral; es decir, la mente de estas personas es más propensa a buscar soluciones fuera de los parámetros convencionales, lo cual les lleva a un nivel de procesamiento de los estímulos diferente.

Esto podría explicar por qué las personas abiertas a las nuevas experiencias también suelen ser más creativas e innovadoras. Todas las pruebas parecen indicar que estas personas ven el mundo de una manera diferente, literalmente, por lo que la creatividad les fluye con mayor facilidad. 

Por tanto, si queremos desarrollar la creatividad, no hay nada mejor que abrirse a las nuevas experiencias, probar cosas nuevas y criticar mucho menos ya que cada vez que criticamos activamos la zona prefrontal, que es justo la que frena las ideas originales. Estos psicólogos también señalan que la meditación mindfulness puede ayudarnos a ser más creativos ya que facilita la percepción mixta, además de ayudarnos a sobrepasar la barrera que impone nuestra mente consciente.

Fuente:
Antinori, A. et. Al. (2017) Seeing it both ways: Openness to experience and binocular rivalry suppression. Journal of Research in Personality; 68: 15–22.
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4/21/2017

Caminar recablea tu cerebro para curar las penas y aliviar el estrés


Si te sientes triste, preocupado o ansioso, uno de los mejores remedios naturales es caminar. Aléjate, literalmente, de la fuente del problema y sumérgete en la naturaleza. No hay nada como un buen paseo para aliviar las penas, deshacerte de la tensión acumulada y recargar las pilas.

De hecho, se conoce que el ejercicio físico, y caminar en especial, son excelentes estrategias terapéuticas para tratar tanto la depresión como la ansiedad. Se ha demostrado que caminar a paso rápido potencia la liberación de endorfinas, unas hormonas que nos hacen sentir felices y relajados, mientras disminuye la producción de cortisol, la hormona del estrés.

Sin embargo, neurocientíficos de la Universidad de Princeton creen que los efectos de caminar van mucho más allá de estimular momentáneamente la producción de determinados neurotransmisores, creen que este hábito puede conducir a un recableado cerebral que nos ayudará a lidiar mejor con los problemas cotidianos, sin tanto estrés.


Las “neuronas calmantes” del cerebro


Estos investigadores trabajaron con dos grupos de ratones, un grupo se mantuvo activo y el otro fue destinado a una condición sedentaria. Después de caminar, los científicos analizaron su funcionamiento cerebral y descubrieron que en los animales que habían hecho actividad física se activaban algunas neuronas encargadas de inhibir la actividad de las células nerviosas demasiado excitadas.

A continuación añadieron un poco de estrés ambiental y apreciaron una activación de las neuronas excitables del hipocampo, una región del cerebro involucrada en las respuestas emocionales. Sin embargo, los animales que habían caminado fueron capaces de lidiar mejor con esa activación cerebral ya que también se activaron las “neuronas calmantes” para evitar que el impacto de la situación fuera excesivo y mantener el nivel de estrés bajo control.

Estos resultados, que los neurocientíficos consideran válidos para los seres humanos, podrían explicar por qué caminar nos ayuda a relajarnos y olvidarnos de las preocupaciones y las penas. Todo indica que cuando caminamos se activan las “neuronas calmantes” del cerebro para inhibir el nivel de excitación de aquellas neuronas que se encuentran en la base de las preocupaciones, las rumiaciones y el estrés.

Esto nos indica que la actividad física reorganiza el cerebro, por lo que es menos probable que las personas que caminen y practiquen ejercicio con frecuencia sufran niveles elevados de ansiedad y el estrés interferirá menos en su funcionamiento normal. Básicamente, caminar fortalece el mecanismo de inhibición, impidiendo que las células nerviosas más excitables se disparen.

Para aprovechar al máximo la caminata, mejor que sea en la naturaleza


No es lo mismo caminar sobre una cinta dentro de las cuatro paredes de un gimnasio que caminar por la ciudad o rodeados de naturaleza. Neurocientíficos de la Universidad Heriot-Watt lo comprobaron manteniendo monitorizada la actividad cerebral de 12 personas mientras caminaban durante 25 minutos en un centro comercial, un espacio verde y una calle de una concurrida zona de negocios. La electroencefalografía móvil rastreó señales de emociones y estados como la frustración, la meditación, el entusiasmo y la atención.

Descubrieron que el estado de relajación y meditación era más intenso cuando se paseaba por espacios verdes. Estas personas también experimentaban menos frustración. Lo que sucede es que en los espacios verdes nuestro cerebro logra desconectarse realmente y poner en marcha lo que se conoce como atención involuntaria, teniendo la oportunidad de vagar con mayor libertad en un estado bastante parecido a la meditación mindfulness. Al contrario, en las calles y centros comerciales debemos mantenernos mucho más atentos, por lo que no tenemos la oportunidad de desconectarnos por completo de nuestras preocupaciones y no dejamos que el cerebro descanse.

Fuentes:
Roe, J. et. Al. (2015) The urban brain: analysing outdoor physical activity with mobile EEG. British Journal of Sports Medicine; 49(4): 272-276.
Gould, E. et. Al. (2013) Physical exercise prevents stress-induced activation of granule neurons and enhances local inhibitory mechanisms in the dentate gyrus. Journal of Neuroscience;33(18): 7770-7777.
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4/20/2017

Bibo: Este corto nos enseña que la vida no está hecha de grandes cosas sino de pequeños momentos


A lo largo del día nos vemos envueltos en diferentes rutinas, muchas de las cuales están tan automatizadas que prácticamente no nos damos cuenta de su existencia o no las valoramos lo suficiente. Sin embargo, cuando ya no están, las echamos en falta y pueden dejar un enorme vacío en nuestro interior.

Rutinas como el beso de despedida antes de salir para el trabajo, compartir un té o un café con un amigo, sacar a pasear a tu mascota o cenar todos los días con tu pareja son las pequeñas cosas que llenan nuestro día a día y, al final, también llenan nuestra vida. 

Por desgracia, no siempre somos conscientes de la importancia de esos pequeños detalles y ponemos la vida en pausa hasta que llegue ese gran golpe de suerte o alcancemos ese gran logro. No nos damos cuenta de que las cosas que ya tenemos son más que suficientes para hacernos felices.

Este maravilloso y multipremiado corto titulado “Bibo” se refiere a las pequeñas rutinas de nuestra vida. Creado por Anton Chistiakov y Mikhail Dmitriev, está basado en la historia “There will come soft rains” de Ray Bradbury. 

Se trata de la historia de un robot que fue concebido para vender helados. Sin embargo, la vuelta de tuerca que da al final de la historia nos permitirá identificarnos completamente con el personaje.



Después de ver el corto, podemos preguntarnos: si estuviéramos en el caso del robot, ¿cuál es el día que nos gustaría repetir?

Es probable que te asombre descubrir que se trata de un día común y corriente de tu vida, en el que todo marchaba bien. Y es probable que ese día ni siquiera hayas sido consciente de la suerte que tenías.

Quizá no puedas revivir ese día, pero recuerda que cada jornada tienes la posibilidad de crear esos días especiales. No los desaproveches.
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4/18/2017

Coherencia cardíaca: El concepto que cambiará tu manera de ver y enfrentarte a la vida


Hace algunos años se descubrió que no tenemos un solo cerebro. El intestino y el corazón tienen sus propios circuitos formados por decenas de miles de neuronas, que actúan como “pequeños cerebros” dentro de nuestro cuerpo; capaces de tener sus propias percepciones, modificar su respuesta en función de estas e incluso de transformarse a partir de sus experiencias. Es decir, de alguna manera, el corazón también forma sus propios recuerdos.

Sin embargo, el corazón no solo cuenta con un sistema de neuronas semiautónomo sino que también es una pequeña fábrica de hormonas. Secreta su propia reserva de adrenalina, la cual utiliza cuando necesita funcionar al máximo de sus capacidades. También segrega y regula la liberación de ANF, una hormona que regula la tensión arterial. E incluso tiene su propia reserva de oxitocina, la hormona del amor. Obviamente, todas estas hormonas actúan directamente sobre el cerebro y tienen una influencia en nuestro organismo.

El corazón, un pequeño "cerebro" que late al compás de las emociones y pensamientos


Cuando aprendemos a controlar nuestro corazón, logramos regular nuestro cerebro emocional, y viceversa. La relación más fuerte entre el corazón y el cerebro emocional se establece a través del sistema nervioso periférico autónomo; es decir, la parte del sistema nervioso que regula el funcionamiento de todos nuestros órganos. 

El sistema nervioso autónomo está constituido por dos ramales que inervan cada uno de los órganos del cuerpo partiendo del cerebro emocional. El ramal simpático libera adrenalina y noradrenalina, controla las reacciones de lucha y huida y acelera el ritmo cardíaco. El ramal parasimpático libera un neurotransmisor diferente que acompaña los estados de relajación y calma, además de disminuir la velocidad cardíaca. 

Estos dos sistemas, uno actúa como freno y otro como acelerador, deben estar en constante equilibrio. De hecho, para lidiar con los problemas de la vida cotidiana necesitamos que el freno y el acelerador estén en perfecto estado para que se compensen mutuamente.

Sin embargo, el corazón no se contenta con sufrir la influencia del sistema nervioso central, también envía fibras nerviosas hacia la base del cráneo que controlan la actividad del cerebro. Más allá de su influencia hormonal y electromagnética, también actúa sobre el cerebro emocional mediante conexiones nerviosas directas. Esto significa que cuando el corazón se desajusta, arrastra consigo al cerebro emocional. 

El reflejo del vaivén entre el cerebro emocional y el corazón es la frecuencia entre los latidos cardíacos. Las dos ramas del sistema nervioso autónomo siempre están a punto de acelerar o disminuir la velocidad del corazón, razón por la cual el intervalo entre dos latidos sucesivos nunca es igual. Esa variabilidad es sana porque es señal de buen funcionamiento del freno y el acelerador y no tiene nada que ver con la arritmia, las taquicardias o los síntomas de los ataques de ansiedad; los cuales son signos de que el freno parasimpático ya no controla bien el corazón. 

De hecho, el corazón puede latir a una media de 60 latidos por minutos, pero en un instante puede aumentar a 70 y luego descender a 55, sin que podamos comprender por qué. Un mero ejercicio de matemáticas complicado puede generar tensión que termine provocando esos picos, aunque no lo percibamos.

Con las nuevas tecnologías se pueden percibir esas variaciones del ritmo cardíaco, lo cual se conoce como caos y coherencia. Por lo general, las variaciones son suaves y “caóticas”: acelerones y frenazos se suceden de forma dispersa e irregular. Al contrario, cuando la frecuencia de los latidos del corazón es fuerte y sana, las fases de aceleración y disminución de la velocidad muestran una alternancia rápida y regular. Eso produce la imagen de una onda armoniosa, conocida como “coherencia cardíaca”.

Las emociones negativas, como la cólera, la ansiedad, la tristeza, e incluso las preocupaciones banales, son las que más hacen caer la frecuencia cardíaca y siembran el caos. Al contrario, las emociones positivas, como la alegría, la gratitud y, sobre todo, el amor, las que más favorecen la coherencia. 

Obviamente, el caos o la coherencia cardíaca también influyen en nuestros ritmos fisiológicos. La frecuencia de la tensión arterial y de la respiración se alinean rápidamente con la coherencia cardíaca, y estos tres sistemas se sincronizan. Por tanto, aprender a desarrollar la coherencia cardíaca implica ahorrar energía. 

Por ejemplo, la coherencia cardíaca contribuye a que nuestro cerebro sea más rápido y preciso, lo cual se traduce en que nuestras ideas fluyan de manera natural y sin esfuerzo. También somos más popensos a adaptarnos a todo tipo de imprevistos, pues estamos en equilibrio y abiertos a todo lo que pueda pasar.

¿Cómo desarrollar la coherencia cardíaca?


Es necesario cambiar la perspectiva: hay que afrontar el problema al contrario. En vez de esperar que las circunstancias externas sean ideales, debemos empezar por controlar el interior. Cuando acabamos con el caos fisiológico, nos sentimos mejor de manera automática y mejoraremos nuestros resultados.

Uno de los métodos más eficaces para potenciar la coherencia cardíaca es la meditación.

1. Dirigir la atención hacia el interior. Debemos abstraernos del mundo exterior y apartar toda preocupación durante unos minutos. Es importante aceptar que nuestras preocupaciones pueden esperar un poco, el tiempo necesario para que el corazón y el cerebro recuperen su equilibrio. La mejor manera de lograrlo es comenzar realizando respiraciones lentas y profundas ya que así estimulamos el sistema parasimpático e inclinamos ligeramente el equilibrio del lado del “freno” fisiológico. Para maximizar su efecto debemos centrarnos plenamente en la respiración, hasta que esta se vuelva más natural y suave.

2. Concentrarse en el corazón. Al cabo de un minuto, aproximadamente, es importante que nos centremos en el pecho. Podemos imaginar que respiramos a través del corazón. Continuaremos respirando lenta y profundamente y visualizando el corazón. Podemos imaginar que la inspiración nos proporciona el oxígeno que necesitamos y que la espiración nos permite deshacernos de los residuos. Podemos imaginar esos movimientos lentos y flexibles, mientras el corazón se tranquiliza.

3. Conectarse a la sensación de calor o expansión en el pecho. Al inicio será muy ligera, una manera de potenciarla consiste en evocar directamente un sentimiento de reconocimiento o de gratitud y permitir que invada nuestro pecho. El corazón siempre es especialmente sensible a la gratitud, a todo sentimiento de amor.

Fuente:
Servan, D. (2003) Curación emocional. Barcelona: Editorial Kairós.
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4/17/2017

Gritar a los niños daña su cerebro


Alzar la voz no hará que tengamos más razón. Además, utilizar esta estrategia como recurso educativo puede ser completamente contraproducente. De hecho, cuando le gritamos a los niños solo estamos reconociendo que los pequeños están fuera de control, y nosotros también. Gritar es una señal de que la situación se nos ha ido de las manos y no tenemos estrategias para resolverla.

En Estados Unidos se dice que gritar a los hijos es como usar el claxon para conducir el coche, y suele generar los mismos resultados. Además, normalmente no gritamos después de una cuidadosa y profunda reflexión porque consideremos que se trata de la táctica más eficaz, simplemente gritamos porque no sabemos qué otra cosa hacer.

Las situaciones que provocan los gritos son muchas y diversas, pero se ha apreciado que el aislamiento materno y el agotamiento son las causas principales. De hecho, muchos padres reconocen que detrás de sus gritos se esconde el estrés y el cansancio. En práctica, lo que nos lleva a gritar no es tanto el mal comportamiento del niño, sino nuestra incapacidad para lidiar con la situación, probablemente porque nuestros recursos cognitivos y emocionales están agotados.

Los gritos afectan el desarrollo psicológico y cerebral de los niños


Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Pittsburgh reveló que gritar a los niños con regularidad, como una forma de disciplina, encierra numerosos riesgos para su desarrollo psicológico, entre ellos la posibilidad de que desarrollen conductas agresivas o, al contrario, híper tímidas.

Estos psicólogos analizaron a 976 familias y sus hijos durante dos años, y descubrieron que los gritos cotidianos, que formaban parte de la crianza, podían predecir la aparición de problemas de conducta en los adolescentes de 13 años o de síntomas depresivos a los 14 años. 

Además, descubrieron que en vez de minimizar los problemas, los gritos solían agravar la desobediencia. Y también constataron que la “calidez” de los padres; es decir, su amor y el grado de apoyo emocional no disminuían el impacto psicológico de los gritos. Esto significa que la marca que dejan los gritos no se borra después con un abrazo o un gesto de cariño.

Otra investigación realizada por un grupo de psiquiatras de la Escuela de Medicina de Harvard fue un paso más allá: sus resultados alertan que el maltrato verbal, como los gritos y la humillación, puede alterar de forma significativa y permanente la estructura del cerebro infantil.

Estos investigadores analizaron el cerebro de 51 niños que recibían tratamiento psiquiátrico y los compararon con el de 97 niños sanos. Descubrieron que el abandono, el castigo físico e incluso la disciplina verbal causaban una reducción significativa en el cuerpo calloso, una especie de “cable” compuesto por células nerviosas que conecta ambos hemisferios del cerebro.

Un cuerpo calloso más pequeño conduce a una menor integración de las dos mitades del cerebro, lo que puede causar cambios dramáticos en el estado de ánimo y la personalidad. En el estudio también apreciaron una disminución de la actividad en partes del cerebro relacionadas con las emociones y la atención. Estos niños tenían menos flujo sanguíneo en una parte del cerebro conocida como vermis cerebeloso, el cual es fundamental para mantener un buen equilibrio emocional.

¿Por qué los gritos pueden afectar tanto a los niños?

Cuando los niños son muy pequeños, no son capaces de identificar la diferencia entre los gritos y el cariño. En práctica, no comprenden que si sus padres les gritan, no significa que no les quieran sino que pueden estar estresados o que están reprendiendo un mal comportamiento. No conocer esa diferencia puede generar una gran sensación de angustia y estrés. De hecho, los investigadores creen que los cambios en la estructura del cerebro se deben a la liberación excesiva de cortisol, la hormona del estrés, durante los primeros años de vida.

Es curioso, pero los niños y adolescentes que han crecido en un ambiente donde los gritos son pan cotidiano, también tienen el doble de probabilidades de presentar una actividad eléctrica cerebral anormal. En algunos casos esta actividad incluso se ha llegado a comparar con la de personas que sufren epilepsia.

¿Cómo dejar de gritarles a tus hijos?


- Asume que gritar es sinónimo de perder el control. Los gritos no son una estrategia educativa  ni disciplinaria sino el signo de que la situación se te ha ido de las manos. Si eres consciente de esa diferencia, lograrás regularte mucho mejor.

- Descubre cuáles son las situaciones o momentos en los que más gritas. Los investigadores han descubierto que los padres suelen gritar más durante algunos momentos específicos del día, como a la hora del desayuno antes de ir al colegio o por la noche. Detectar ese patrón te permitirá descubrir la causa que se encuentra en la base de los gritos, que generalmente suelen ser las prisas, el estrés o el cansancio.

- Tómate el tiempo que necesites para calmarte. Es importante que los padres se mantengan atentos a las señales que indican que están perdiendo el control. Antes de dejar que el cerebro emocional asuma el mando, tómate unos minutos para calmarte. Respira profundamente y, si lo necesitas, sal de la habitación.

- No alimentes expectativas demasiado elevadas. A veces la frustración proviene de la diferencia entre tus expectativas y la realidad. Puedes frustrarte porque esperabas que tu hijo hiciera solo los deberes, por ejemplo, y no los ha hecho. Por eso, a veces es conveniente que recuerdes que es solo un niño y que no hace las cosas para molestarte sino porque aún necesita madurar.

- No te culpes. En cualquier caso, no te culpes porque sentirte mal solo aumentará la tensión. A cualquiera se le puede escapar un grito de vez en cuando, solo tienes que asegurarte de que no se convierta en la norma. Ser padres no es fácil, y tampoco es necesario que seas perfecto/a, solo asegúrate de intentar mostrar siempre la mejor versión de ti.


Fuentes:
Wang, M. T. & Kenny, S. (2014) Longitudinal Links Between Fathers’ and Mothers’ Harsh Verbal Discipline and Adolescents’ Conduct Problems and Depressive Symptoms. Child Developmental; 85(3): 908–923.
Teicher, M. H. et. Al. (1993) Increased prevalence of electrophysiological abnormalities in children with psychological, physical, and sexual abuse. J Neuropsychiatry Clin Neurosci; 5(4): 401-408.
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