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5/23/2017

Los niños notan lo que los adultos no ven



A veces, la supuesta inmadurez y las limitaciones de la infancia pueden convertirse en el punto fuerte de los niños. De hecho, cada vez más investigaciones están haciendo que nos replanteemos la etapa infantil pues el desarrollo de algunas funciones cognitivas da lugar a la pérdida de otras habilidades o capacidades. Tal es el caso de la atención.

Mientras más desarrollamos la atención selectiva más detalles pasamos por alto


A medida que crecemos nuestras funciones cognitivas van madurando, como resultado de la creciente complejización y diferenciación de las estructuras del cerebro. Sin embargo, el desarrollo no es una línea recta y también se puede producir una especie de reversión evolutiva, sobre todo en el ámbito de la atención.

A pesar de que los adultos pueden tener un mejor desempeño que los niños en la mayoría de las tareas cognitivas, en ocasiones los límites que provienen de la inmadurez de las conexiones cerebrales que caracterizan el cerebro infantil pueden convertirse en un punto a su favor.

Así lo han demostrado psicólogos de la Universidad de Ohio, quienes apreciaron que los adultos somos muy buenos seleccionando y recuperando información, pero solo aquella a la que nos piden que le prestemos atención porque solemos hacer caso omiso a todo lo demás. En práctica, nos centramos en los árboles y perdemos de vista el bosque. En contraste, los niños de 4 y 5 años tienden a prestarle atención a todo lo que les muestran, sin importar si es relevante o no para la tarea.

El objetivo de los psicólogos era comparar la capacidad de procesamiento de la información de los adultos y los niños mediante diferentes tareas atencionales. En el primer estudio trabajaron con 35 adultos y 34 niños de entre 4 y 5 años de edad. Los investigadores les presentaron una imagen con dos figuras contrapuestas y más tarde, otra serie de imágenes en las que debían detectar el patrón "objetivo" que aparecía en la primera imagen.

Como era de esperar, los adultos fueron más hábiles para identificar el patrón objetivo al que le pidieron que le prestaran atención. El 94% de los adultos lo detectaron con precisión frente a 86% de los niños. Sin embargo, los niños fueron mejores reconociendo el otro patrón que en teoría debían ignorar. El 77% de los niños lo reconoció en algunas figuras, en comparación con el 63% de los adultos.

Lo que sucedió fue que los niños prestaron atención de manera distribuida a todos los detalles de la imagen, independientemente de la relevancia de los diferentes elementos. Al contrario, los adultos estaban enfocados en encontrar la mejor solución para resolver rápidamente la tarea.

No se trata del primer estudio que llega a estas conclusiones ya que en un experimento anterior bastante similar en el que compararon la memoria visual de niños de cinco años con la de estudiantes universitarios, los psicólogos apreciaron que los niños lograban un 31% de aciertos a la hora de reconocer patrones en los que no les habían pedido que se fijaran mientras que los jóvenes solo acertaron un 7% de las veces.

Atención selectiva vs. Atención distribuida


Este mecanismo natural permitiría que los niños se den cuenta de cosas que los adultos no somos capaces de ver debido a lo que se conoce como “atención selectiva”, la cual se desarrolla después de 7 años de edad, cuando la maduración de los lóbulos frontales permite implementar una selección más eficaz de la información proveniente del medio.

La atención selectiva es la capacidad para seleccionar y centrarse en un único estímulo de todos los que están presentes en el entorno. Este proceso se puede considerar como una especie de "filtro" que nos permite reducir la cantidad de información entrante, decidir qué debemos procesar y qué es relevante para la tarea y, por el contrario, que es irrelevante y debemos ignorar.

Los niños, con su curiosidad innata y su tendencia a explorar todo lo que les rodea, tienen un mecanismo atencional diferente, incluso cuando se les pide que se centren en un aspecto muy específico del medio. En algunos casos ese mecanismo puede ser muy útil y beneficioso. De hecho, la atención selectiva nos reporta ventajas como la capacidad para seleccionar información de forma rápida y eficiente, pero también implica una serie de costes ya que pasaremos por alto muchos detalles.

Al contrario, la atención distribuida que tienen los niños les permite notar mejor lo que les rodea, procesando simultáneamente la información procedente de diferentes fuentes. Obviamente, el procesamiento es más lento y menos eficiente ya que se requiere una gran cantidad de recursos cognitivos para captar y procesar cada estímulo.

En resumen, la selectividad de los sistemas de atención más maduros es una ventaja para realizar algunas tareas pero también puede ser un inconveniente para otras. Sin duda, cuando damos un paseo, es más conveniente activar la atención distribuida ya que nos permitirá disfrutar más del entorno. De hecho, esa es la razón por la cual los niños suelen apuntar cosas a lo largo de un paseo, haciéndonos notar detalles que los adultos no habíamos visto, como una pequeña flor, una ardilla en el camino o simplemente una forma peculiar.


Fuentes:
Hanania, R., & Smith, L. B. (2010) Selective attention and attention switching: Towards a unified developmental approach. Developmental Science; 13(4): 622-635.
Plebanek, D. J. & Sloutsky, V. M. (2017) Costs of selective attention: when children notice what adults miss. Psychological Science.
Sloutsky, V. M. & Fisher, A. V. (2004) When development and learning decrease memory. Evidence against category-based induction in children. Psychological Science; 15(8): 553-558.
Plude, D. J. et. Al. (1994) The development of selective attention: A life-span overview. Acta Psychologica; 86(2): 227-272.
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5/22/2017

¿Qué puede revelar tu forma de caminar sobre ti?

Si vemos entrar a un hombre en un bar caminando con fanfarronería tipo John Wayne, podríamos suponer que se trata de una persona segura y confiada o incluso del clásico “tipo duro”. De hecho, no podemos evitar sacar conclusiones sobre la personalidad basándonos en pequeñas señales como la forma de caminar. Ni siquiera es algo negativo, es una estrategia que usamos de manera inconsciente para saber si estamos a salvo o corremos peligro. En práctica, nuestros sentidos rastrean constantemente las pequeñas pistas que envían los demás para enviarlas al cerebro y que este concluya si se trata de un amigo o un enemigo, es la base de la formación de la primera impresión.

Una de las primeras investigaciones sobre la forma de caminar y la personalidad data del año 1935. El psicólogo alemán Werner Wolff filmó a cinco hombres y tres mujeres sin que ellos lo supieran. Todos usaban monos, para evitar que las personas pudieran sacar inferencias a partir de la ropa, e incluso editó las imágenes para eliminar las cabezas.

A continuación, el investigador pidió a un grupo de voluntarios que vieran los vídeos y que intentaran predecir cómo era la personalidad de los caminantes. El psicólogo descubrió que los participantes se formaban fácilmente impresiones sobre los demás en base a su forma de andar, y lo que es aún más interesante: a menudo coincidían en sus juicios. 

Por ejemplo, algunas personas describieron a uno de los caminantes usando frases como: “pretencioso sin fundamento”, “alguien que quiere atraer la atención a cualquier precio”, “una persona vanidosa que desea ser admirada” y “una persona interiormente insegura que intenta parecer segura ante los demás”.

Sin duda, es sorprendente que los participantes se formaran impresiones tan similares. 

¿Qué nos dice el balanceo?


En los últimos años se han realizado experimentos más sofisticados recurriendo a la tecnología digital, de manera que se transforma la caminata de una persona en una serie de puntos que se mueven en la pantalla, eliminando cualquier otra señal adicional que pueda darnos pistas sobre su personalidad.

Usando este enfoque, un grupo de psicólogos estadounidenses a finales de los años ‘80 descubrieron que existen dos formas de caminar: un estilo de movimiento más joven y otro más viejo. El movimiento "joven" implica un ritmo más animado, un mayor balanceo de las caderas, movimientos más amplios de los brazos y pasos más grandes, mientras que el estilo "viejo" implica movimientos más rígidos y lentos con una mayor inclinación hacia delante. 

Sin embargo, lo interesante es que esos estilos de caminar no corresponden necesariamente con la edad real de la persona. Los observadores externos asumieron que las personas que caminaban con un estilo más joven eran más felices y seguras, una idea que se mantuvo incluso cuando les mostraron sus caras y cuerpos.

Esta investigación demuestra una vez más, la rapidez con la que realizamos inferencias acerca de los demás basándonos en su forma de caminar, aunque este estudio no comprobó si esas suposiciones eran ciertas. Para ello, debemos recurrir a otra investigación publicada hace poco en la que se comparaban los rasgos de personalidad con las suposiciones que las personas realizaban sobre ellos basándose solo en su forma de caminar.

Los resultados volvieron a sugerir que existen dos estilos: uno expansivo y suelto que se relacionó con características como el espíritu aventurero, la extraversión, la confiabilidad y la calidez; mientras el otro estilo era lento y relajado, lo cual se interpretó como un signo de equilibrio emocional. Sin embargo, la sorpresa llegó después porque esas características no describían fielmente a las personas.

Por tanto, los psicólogos concluyeron que somos mejores realizando evaluaciones en base a los rostros y la forma de vestir, pero podemos sacar conclusiones erróneas si nos fijamos solamente en la forma de caminar sin tener más datos de la persona.

Tu forma de caminar puede aumentar el riesgo de que te asalten


En Psicología las cosas nunca son en blanco y negro. En la vida real, no vemos una serie de puntos sobre el ordenador que imitan la forma de caminar sino que vemos a la persona como un todo. Por eso, otros estudios han indicado que al menos algunas personas son muy buenas detectando la vulnerabilidad a partir de la forma de caminar de alguien. El estilo "vulnerable" se caracteriza por un paso más corto, una oscilación más limitada del brazo y una caminata más lenta. De hecho, se ha apreciado que los psicópatas son particularmente precisos detectando a personas que han sufrido ataques en el pasado simplemente viendo cómo caminan a lo largo de un pasillo. 

Todo parece indicar que los reclusos también desarrollan esa habilidad y que muchos hombres la utilizan para descubrir a las mujeres que tienen rasgos de personalidad más vulnerables, como la introversión y la inestabilidad emocional. De hecho, algunas investigaciones sugieren que cuando las mujeres se sienten inseguras en algunos sitios tienden a dar pasos más largos, caminan más rápido y realizan movimientos de brazo más audaces.

Por tanto, tu estilo de caminar puede revelar algunas pistas sobre tu personalidad. Sin embargo, atribuir ciertos rasgos de personalidad a una persona centrándose solo en su forma de caminar puede llevarnos a desarrollar una perspectiva muy sesgada y desarrollar estereotipos que no se correspondan fielmente con la realidad.

Fuentes:
Gunns, R. E. et. Al. (2002) Victim Selection and Kinematics: A Point-Light Investigation of Vulnerability to Attack. Journal of Nonverbal Behavior; 26(3): 129–158.
Doyen, S. et. Al. (2012) Behavioral Priming: It's All in the Mind, but Whose Mind? PlosOne.
Argyle M. (1988) Bodily Communication. Londres: Routledge.
Grayson, B. & Stein, M. I. (1981) Attracting Assault: Victims' Nonverbal Cues. Journal of Communication; 31(1): 68.
Wolff, W. (1935) Involuntary self-expression in gait and others movements: An experimental study. Journal of Personality; 3(4): 327–344.
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5/19/2017

La vida cambia cuando dejas de esperar


La inmensa mayoría de las personas vive atrapada entre su pasado y el futuro, dejando que el presente se les escape entre las manos. Muchos creen que cuando obtengan ese añorado ascenso serán más felices, que cuando encuentren una pareja finalmente se sentirán completos, que cuando llegue la jubilación podrán hacer lo que les plazca…

De esta forma viven acumulando expectativas para el futuro. Dejan de pensar en cómo mejorar su situación actual para imaginarse viviendo en el mañana. Se centran en cómo tienen que vivir o cómo les gustaría vivir, sin darse cuenta de que así solo están hipotecando su presente. Como resultado, su conversación suele ser una queja continua que versa sobre todas las desgracias y frustraciones de su día a día. 

Así, esperar algo del futuro olvidándose del presente se convierte en la soga con la que se maniatan de pies y manos. Por eso, si queremos que nuestra vida cambie, el primer paso, aunque también es el más difícil de dar, es dejar de esperar.

¿Qué debes dejar de esperar?


- Deja de esperar algo de los demás. Aunque las personas que te rodean te amen y te valoren, tienen sus propias necesidades, sueños e ilusiones, por lo que no puedes pretender que respondan siempre a tus expectativas y satisfagan continuamente tus necesidades. De hecho, cuando las liberas del yugo de tus expectativas, te liberas a ti mismo. Cuando no les exiges nada, lo que te dan brotará por voluntad propia y aprenderás a valorarlo más. Por otra parte, al no esperar demasiado de los demás, aprendes a confiar en ti mismo y te sientes mucho más seguro.

- Deja de esperar que todo sea perfecto. Si esperas a que las condiciones sean perfectas para dar el paso o tomar la decisión, es probable que te quedes donde estás. El momento perfecto no existe, suele ser una creación del miedo que ronda tu mente. Cuando tenemos miedo o nos sentimos inseguros, nos excusamos con la idea de que las condiciones no son las más favorables. Por supuesto, no se trata de tirarse al vacío sin paracaídas, pero si hay algo que anhelas de verdad, no esperes más y da los primeros pasos. Dejar de esperar el momento perfecto y poner manos a la obra genera una increíble sensación de empoderamiento y te hace notar que el verdadero arquitecto de tu vida eres tú. 

- Deja de esperar demasiado de ti. A menudo las expectativas que ponemos sobre nuestros hombros nos aplastan. Lo curioso es que suelen ser las expectativas que una vez pusieron nuestros padres u otros adultos sobre nosotros, por lo que quizá es hora de deshacerse de ellas. Está bien plantearse nuevos retos y metas, pero si estos te generan una gran tensión, hasta el punto que dañan tu bienestar, quizá estés esperando demasiado de ti. Vivir cada día y asegurarse de que lo disfrutas te restará una gran tensión y, curiosamente, justo en el momento en que te liberas de tus expectativas, alcanzas el máximo potencial porque te sientes mucho más libre para hacer lo que siempre has querido y soñado. Recuerda que eres una persona única y extraordinaria, no tienes que amoldarte a las expectativas ajenas.

- Deja de esperar demasiado del futuro. Vivir en el futuro significa ausentarse del presente, que es donde transcurre tu vida. Empieza a amar lo que tienes y a sentirte satisfecho con ello. Eso no significa que no trabajes para mejorar y alcanzar otras metas, pero si ya te sientes feliz, el camino hacia tus nuevos objetivos será mucho más agradable porque sabes que tu felicidad no depende exclusivamente de ello. No puedes saber lo que te deparará el futuro, pero sabes lo que tienes en el presente, asegúrate de sacarle el máximo provecho y siéntete agradecido por todas las pequeñas cosas de la vida

¿Qué cambios se producen cuando dejas de esperar?


- Retomas el control de tu vida, eres consciente de que tus decisiones, acciones y actitudes tienen consecuencias y determinan tu camino.

- Comienzas a dar pequeños pasos que te llevarán en la dirección deseada, en vez de quedarte estancado en un círculo vicioso de quejas.

- Te liberas de un peso enorme porque te deshaces de todas las expectativas que actuaban como un freno para tu desarrollo.

- Te das cuenta de que, aunque puedes obtener más cosas y tienes otras metas, puedes sentirte agradecido con lo que eres y tienes.

- Dejarás de sentirte frustrado porque al no albergar tantas expectativas, los reveses serán menos duros. También aprenderás a valorar más esos regalos inesperados.

- Comienzas a fluir con los cambios que ocurren a tu alrededor, lo cual significa que estás en sintonía con el mundo y que puedes aprovechar mejor las oportunidades que este te ofrece.

En cualquier caso, no esperes tenerlo todo para disfrutar de la vida, ya tienes la vida para disfrutar de todo.
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5/18/2017

El mejor regalo para los niños es nuestro TIEMPO


¿Recuerdas qué te hizo sentir especial cuando eras pequeño? Es probable que hayan sido esos momentos que compartiste con tus padres, en los que te sentiste querido, amado y aceptado. Sin embargo, el 70% de los padres de hoy afirman disponer de poco tiempo para jugar con sus hijos. Según un estudio realizado por Observatorio del Juego Infantil, los niños solo pasan un 10% del día en compañía de sus padres, a pesar de que el 60% de los más pequeños de la casa reclaman que sus padres estén presentes en sus actividades de ocio. Por eso, cuando pasemos tiempo con los niños, es importante asegurarse de que se trata de tiempo de calidad.

La infinita soledad de los niños 


La noche había caído pero el pequeño niño seguía luchando contra el sueño, quería permanecer despierto porque esperaba a su papá. Los traviesos ojos se iban cerrando cuando se abrió la puerta de la habitación.

- Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Sí, claro.
- Papá, ¿cuánto dinero ganas en una hora? – le preguntó con los ojos muy abiertos.

Su padre, entre enfadado y cansado, le dio una respuesta tajante.

- Eso no es asunto tuyo, ¿por qué me preguntas?
- Sólo quiero saber, por favor dime, ¿cuánto ganas por una hora?

El papá contrariado terminó contestándole. 

- 100$ por hora.

El niño se entristeció.

- Entonces, ¿puedo pedirte prestado 50$?

El padre se enfureció.

- Si quieres saber cuánto gano para pedirme dinero y comprarte un juguete tonto, entonces quédate en tu habitación, no salgas y piensa por qué estás siendo tan egoísta. Yo trabajo duro todos los días, como para lidiar con ese comportamiento tan infantil.

El niño se quedó en silencio. El padre salió de la habitación preguntándose cómo era posible que su hijo le hiciera tales preguntas.

A la mañana siguiente, más tranquilo, se dio cuenta de que en realidad no sabía para qué quería su hijo aquel dinero. Después de todo, el niño no le pedía dinero a menudo. Así que antes de irse para el trabajo, le preguntó. 

- Quizá fui demasiado duro contigo. Ayer tuve un día complicado en el trabajo. Aquí tienes los 50$ que me pediste.

Al niño se le dibujó una sonrisa en el rostro.

- ¡Oh, gracias papá!

Fue corriendo a su habitación y regresó con varias monedas y unos billetes arrugados. El padre, al ver que el niño ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero, y luego miró a su padre.

- ¿Por qué quieres más dinero si ya tenías bastante?
- Porque yo no tenía suficiente, pero ahora sí, –contestó entusiasmado. - Papá, ahora tengo 100$. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor, hoy ven a casa temprano, me gustaría jugar y cenar contigo.

El padre se sintió acongojado. Abrazó a e su pequeño hijo y le suplicó que le perdonase.

Recordemos que la mejor inversión de nuestro tiempo es en la familia, en las personas que tenemos a nuestro lado y en nuestros corazones. Si el día de mañana morimos, en pocos días habría alguien reemplazándonos en el trabajo; pero para la familia y los hijos que dejamos atrás, será una pérdida eterna. Valora el tiempo que pasas con los tuyos, porque no hay nada más valioso. Y asegúrate de transmitirle a tus hijos cuánto les quieres.

No basta con querer, es necesario demostrar ese cariño


1. Apaga el móvil. Cuando llegues a casa, apaga el móvil y dedícale a tus hijos al menos media hora. Los pequeños se sentirán muy satisfechos de saber que tienen tu completa atención, sin que te distraigas con los mensajes. De hecho, el 33% de los niños se quejan de que sus padres siempre están con sus móviles. Brindarles una atención plena hará que cada minuto valga la pena. Así le estás diciendo que para ti, son muy importantes. 

2. Apaga el televisor y todos los dispositivos a la hora de las comidas. Cuando toda la familia se sienta alrededor de la mesa, es importante que nada compita por la atención de los padres y los niños, como los anuncios de la televisión o los mensajes entrantes. Alrededor de la mesa se pueden crear momentos muy agradables, además de que desconectar todos los dispositivos os permitirá disfrutar más de los platos y de la compañía.

3. Haz que la hora de acostarse sea un momento mágico. Los niños pequeños, sobre todo, crearán preciosos recuerdos de esos minutos en los que le arropas en la cama y le lees una historia. No solo es reconfortante sino que también crea una conexión íntima muy especial y además, la lectura estimulará el desarrollo cerebral de los niños.

4. Que no falten los besos, abrazos y caricias. Los niños necesitan el contacto físico, sobre todo cuando son pequeños. A través de los besos, abrazos y caricias les demuestras tu amor y cariño. De hecho, los beneficios de los abrazos son enormes y estimulan la producción de neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina, que le harán sentir relajado y potencian la confianza y la conexión emocional. Un niño que se siente amado, será un niño que se ama y se estima, que no se avergüenza de mostrar su afecto.

5. Háblale mirando a los ojos. La mejor manera de comunicarse con los niños es mirarlos directamente a los ojos. El contacto visual es muy importante porque logra captar su atención, que durante los primeros años suele ser difusa. Además, también permite establecer una conexión más personal. Por eso, cuando los niños son pequeños, es conveniente que los padres siempre se agachen para hablar con ellos, de esta manera quedarán a su nivel.

6. Involúcrále en la toma de decisiones. Muchos padres creen que sus hijos son demasiado inmaduros para decidir. Si bien es cierto que no tienen mucha experiencia de vida, eso no significa que no tengan sus gustos y preferencias. Por tanto, siempre que puedas, pídele su opinión sobre aquellas decisiones que le afectan. Así el niño se sentirá valorado y desarrollará una autoestima sana, de manera que en el futuro será una persona más segura de sí, que no permitirá que los demás decidan en su lugar.

7. Solo juega. Uno de los recuerdos más bonitos de la infancia se refiere al juego. Aunque los niños crezcan y tengan compañeros de juego, el placer de jugar con los padres no se puede substituir. Curiosamente, muchos niños afirmaban que sentían que sus padres hacían demasiadas cosas y tenían las jornadas demasiado programadas. A veces, hay que dedicar un tiempo solo a jugar y divertirse, sin ningún plan, dejando que todo fluya. De hecho, jugar no solo es positivo para los niños sino también para los padres ya que les ayuda a aliviar la tensión y olvidarse de las preocupaciones cotidianas.

8. Déjale pequeñas muestras de amor. No hay que tener un motivo para decirle a tu hijo que le quieres. No te canses de decírselo y déjale pequeñas muestras de cariño. Escríbele notas simpáticas, hazle pequeños regalos hechos por tus propias manos… De esta forma el niño también aprenderá a valorar los pequeños detalles.

9. Celebra sus logros y su esfuerzo. Jamás demerites sus logros, por pequeños que sean, celébralos y anímale a que se siga esforzando. No obstante, recuerda que algunos elogios pueden destruir la autoestima infantil, por lo que es esencial que le des importancia al esfuerzo realizado, más que a las capacidades de base. Este es uno de los mayores regalos que puedes hacerle para la vida.

10. Disciplina con amor. Los niños necesitan ciertas reglas y normas ya que estas no solo lo mantienen seguro sino que también le dan un sentido a su mundo y le indican qué se espera de él. No obstante, debes asegurarte de castigar el mal comportamiento, no al niño. Jamás condiciones tu amor a sus comportamientos con frases como “si eres un niño malo, no te querré más”. Hazle saber que le quieres, aunque lo que ha hecho está mal. Es posible disciplinar con amor.
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5/16/2017

Ser emocionalmente fuerte no es cuestión de resistir más sino de saber "recargarse"


Nos han hecho creer que ser fuerte significa ser capaces de soportar más. Cuanto más trabajamos y nos esforzamos, más resistentes nos hacemos. Así, llega el punto en el que las fuerzas nos abandonan pero siempre hay algo que nos dice que debemos seguir, que no podemos desfallecer. De hecho, en los últimos años incluso la publicidad ha comenzado a jugar con esta idea recomendándonos tomar reconstituyentes prácticamente para todo porque detenerse no está bien visto. De esta manera todo a nuestro alrededor nos transmite el mensaje de que no podemos parar, que necesitamos seguir adelante, porque eso significa que somos fuertes.

¡El mensaje es erróneo!

Las personas más fuertes no son aquellas que más resisten sino quienes han aprendido a recargarse. Si nos privamos de la relajación y no nos damos tiempo para recuperarnos, nos volveremos cada vez más débiles y menos productivos. Para mantener el equilibrio y no dañar nuestro cerebro, necesitamos relajarnos y tomar un descanso. Si nos llevamos hasta el límite, terminaremos pagando las consecuencias, tanto a nivel físico como emocional. 

Si no descansas, disminuye tu productividad y eficacia


En realidad, la clave no radica simplemente en producir sino en ser eficaz, lo cual significa cumplir con las tareas y obligaciones sin que estas representen un peso excesivo. Para lograrlo es fundamental que tanto nuestro cuerpo como nuestra mente estén descansados. Si te privas de las horas de sueño necesarias, por ejemplo, es probable que puedas sacar adelante ese proyecto pero la calidad no será la misma ya que no estarás dando el 100% de ti. 

Además, si no descansas lo suficiente, el cansancio se irá acumulando y disminuirá tu rendimiento cognitivo, de manera que todas las tareas diarias te parecerán titánicas. La falta de descanso también afecta el proceso decisional, haciendo que tomes decisiones precipitadas sin evaluar adecuadamente sus consecuencias.

Al contrario, si descansas lo suficiente no solo rendirás más sino que también podrás hacer las cosas con menos esfuerzo y, obviamente, te sentirás mucho mejor.

Desconecta de tu trabajo y de las preocupaciones


La recuperación verdadera no solo implica salir de la oficina, llegar a casa y recostarse. Tienes que dejar que tu mente se recupere, lo cual significa que debes liberarte de las preocupaciones. De hecho, las preocupaciones son un pesado fardo que mantiene tu cerebro activo, impidiendo que la red neuronal por defecto tome el mando, la cual es fundamental para que se produzca un auténtico descanso.

Por eso, es conveniente que para desconectar de las preocupaciones, le des un descanso a tu mente. Puedes hacer una actividad divertida, involucrarte en alguna tarea creativa, practicar la meditación mindfulness o dedicar al menos una hora al día a una pasión. Cuando haces algo que te agrada en tu cerebro se libera dopamina, la cual te ayuda a relajarte y te reporta una increíble sensación de bienestar. Y eso es fundamental para seguir adelante y enfrentar los retos o adversidades que depara la vida.

Tómate el tiempo que necesites para recuperarte y comenzar de nuevo


A menudo, cuando pasamos por una situación difícil, como una ruptura de pareja o la muerte de un ser querido, las personas a nuestro alrededor nos animan a retomar la vida rápidamente. Sin embargo, cada quien tiene su ritmo, y antes de tomar decisiones importantes, es mejor dejar pasar un tiempo hasta que las heridas sanen. Lanzarse al ruedo con las heridas frescas aumenta el riesgo de que estas se abran ante el menor percance. Es sentido común, aunque a veces nos vemos obligados por la presión de los demás a "recuperarnos" demasiado rápido.

Cuando atravieses por una situación difícil, recuerda que no hay necesidad de correr ni de demostrarle nada a nadie. Tómate el tiempo que necesites para sanar, reencontrar tus pasiones, replantearte algunos aspectos de tu vida y, en resumen, aprender a vivir con esa pérdida o superar la adversidad. 

Por último, recuerda que para cuidar tu salud mental y física, el descanso es esencial. No estamos obligados a seguir un ritmo de vida frenético ni a conducir siempre por el carril rápido. Cada vez que lo necesites, haz un alto y recárgate. Empujarte siempre al límite no es una buena idea, hay que saber mantener un equilibrio. El hecho de que necesites un descanso no significa que seas más débil. Recuerda que lo importante no es llegar más lejos o más rápido, sino disfrutar del camino. Y para eso, a veces hay que detenerse o incluso dar un paso atrás.

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5/15/2017

5 diferencias entre el estrés y la ansiedad que todos deben conocer


Muchas palabras del “diccionario psicológico” han pasado a formar parte de la cultura popular, de manera que no es extraño escuchar frases como “estoy estresado” o “tengo ansiedad”. A menudo incluso los médicos y otros profesionales de la salud utilizan indistintamente los términos estrés y ansiedad, aunque no son lo mismo.

El problema es que tanto el estrés como la ansiedad causan los mismos síntomas, por lo que no siempre es fácil reconocer las diferencias entre un estado y otro. De hecho, tanto la ansiedad como el estrés son respuestas adaptativas ante el medio. El problema surge cuando estos estados se mantienen a lo largo del tiempo.

¿En qué se diferencia el estrés de la ansiedad?


1. La causa del estrés es fácilmente identificable, la de la ansiedad no. Como regla general, el estrés aparece en presencia de factores estresantes, como puede ser un exceso de trabajo, una ruptura de pareja, conflictos interpersonales o problemas de enfermedad. Al contrario, la ansiedad es un estado de carácter más difuso, que sigue estando presente aunque el factor estresante haya desaparecido. En práctica, sabemos de dónde proviene el estrés porque hay una o varias situaciones que nos preocupan, pero resulta más difícil determinar qué nos causa la ansiedad.

2. En la ansiedad prima el miedo, en el estrés la preocupación. Otra diferencia entre el estrés y la ansiedad radica en los sentimientos y sensaciones que ambos estados generan. Si bien a primera vista pueden parecer idénticos, lo cierto es que la ansiedad actúa como una bola de nieve y tiende a convertirse en un miedo de carácter generalizado, cuya máxima expresión son los ataques de pánico. Al contrario, cuando padecemos estrés lo que suele primar son las preocupaciones, que generalmente giran en torno a la situación desencadenante, así como una sensación de nerviosismo y frustración. En la ansiedad, esas preocupaciones tienen un carácter más vago y general.

3. La ansiedad es un exceso de futuro, el estrés un exceso de presente. Una de las diferencias entre el estrés y la ansiedad es su proyección en el tiempo. La ansiedad suele ser la respuesta ante la anticipación de situaciones, la idea de que algo malo pueda ocurrir, por lo que es más un mirar con miedo hacia el futuro, un temor por algo que aún no ha ocurrido. De hecho, el miedo a sentirse ansiosos es uno de los principales factores que dispara la ansiedad. Al contrario, el estrés suele ser un exceso de presente ya que normalmente se acompaña de la sensación de no poder lidiar con las situaciones que estamos atravesando, se dispara cuando creemos que no tenemos los recursos para hacerle frente a determinado evento. Un ejemplo muy sencillo para comprender la diferencia: la persona se estresa cuando va con retraso a una reunión importante y se le derrama el vaso de café justo al salir de casa, al contrario, padece ansiedad cuando piensa continuamente en que se le podría caer el vaso de café encima.

4. El estrés suele estar provocado por factores externos, la ansiedad se alimenta de factores internos. Aunque es difícil establecer una distinción entre los factores externos e internos, el estrés suele ser el resultado de eventos que nos resultan difíciles de gestionar. La situación que los causa suele escaparse de nuestro control. Al contrario, la ansiedad se alimenta más de los factores internos ya que implica una anticipación angustiosa de hechos que aún no han sucedido, es una expresión de pensamientos anticipatorios catastróficos. La diferencia entre los factores e internos y externos es importante ya que si conoces exactamente qué te preocupa y angustia, podrás emprender los pasos necesarios para lidiar con esa situación, ya se trate de un evento externo o un problema que alimentas en tu mente.

5. El estrés desaparece con la situación estresante, la ansiedad suele perdurar. Lo usual es que cuando se soluciona la situación que nos preocupa, el estrés desaparezca o al menos disminuya. Por ejemplo, cuando finalmente terminamos el proyecto y lo entregamos, nos deshacemos del pesado fardo de tensión y agobio que cargábamos sobre nuestros hombros. Sin embargo, con la ansiedad no ocurre así ya que, al no estar causada por un hecho puntual, a veces es necesario recurrir a la terapia  psicológica para aprender a lidiar con este estado y relajarse.

¿Cuándo preocuparse?


Es importante saber que el eustrés, como se le llama al estrés positivo, no es dañino. Al contrario, nos da la dosis extra de energía que necesitamos para enfrentar la tarea que tenemos por delante. La ansiedad tampoco es negativa, ese estado de aprehensión que se desarrolla fundamentalmente cuando nos sentimos vulnerables también prepara nuestro cuerpo para la acción. Esa es la razón por la cual ambos estados generan un aumento de adrenalina, aumentan la frecuencia cardíaca y producen tensión muscular.

El problema comienza cuando estos estados, que deben ser transitorios, sientan casa. En este punto nuestro organismo se sobrecarga y los sistemas endocrino y nervioso comienzan a dar las primeras señales de saturación o incluso pueden llegar a colapsar.

Por eso, aunque se trata de respuestas normales ante ciertas situaciones, es importante ponerles freno cuanto antes. De hecho, en muchos casos, cuando el estrés se mantiene a lo largo del tiempo, puede convertirse en ansiedad, y esta puede terminar provocando ataques de pánico, los cuales limitan seriamente la vida de la persona.

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5/12/2017

Este corto nos muestra que "las abuelas especiales dejan huellas imborrables en el alma de sus nietos"


En la vida hay personas que nos marcan para siempre, personas que dejan su huella en nuestro corazón y a las que recordamos continuamente, tanto en los momentos de infinita alegría como en aquellos de profunda tristeza. Una de esas personas suelen ser las abuelas, un pozo excepcional de sabiduría, amor y comprensión.

Las abuelas simbolizan para los nietos la complicidad, la comprensión y también la libertad que llega de la mano de un estilo educativo más permisivo que el de los padres. Por eso, y por mil razones más, las abuelas que cuidan de sus nietos suelen dejar marcas imborrables en su personalidad.

Los cuentos y las enseñanzas que nos transmiten, así como las tradiciones e historias familiares, se quedan grabados en nuestra mente. Por otra parte, las abuelas suelen tener más paciencia y menos estrés, por lo que suelen poner en práctica una escucha más empática y desarrollan un estilo educativo más adaptado a las necesidades de sus nietos.

También suelen centrarse más en las características positivas de los pequeños y son menos críticas que los padres, por lo que su rol es fundamental para reforzar la autoconfianza y la autoestima infantil. Y no podemos olvidar que a menudo se convierten en excelentes abogados frente a los padres, por lo que también contribuyen a validar los sentimientos infantiles y a resolver los conflictos de convivencia.

Este maravilloso corto titulado “Au fil de l’age” fue creado por estudiantes de la Ecole Supérieure des Métiers Artistiques y nos muestra cómo las abuelas inspiran, educan y acompañan a sus nietos durante una etapa de sus vidas. 


Las abuelas no mueren, viven para siempre en nuestro corazón


Este corto hace referencia a una ley de vida: los abuelos tienen el privilegio de ver nacer y crecer a sus nietos, mientras nosotros tenemos el privilegio de acompañarles durante sus últimos años, ver cómo envejecen y le dicen adiós al mundo. De hecho, en muchos casos, su pérdida es la primera a la que nos exponemos en nuestra infancia. Otros tienen suerte y sus abuelos les acompañan durante más años.

En cualquier caso, esa pérdida siempre es dolorosa, pero podemos consolarnos sabiendo que aunque las abuelas ya no estén, seguirán estando presentes en nuestras vidas y estarán con nosotros en todos esos lugares que compartimos. No están en las viejas fotografías sino que viven a buen recaudo en nuestros recuerdos.

Cada quien tendrá sus propios puentes a la memoria, ya sea ese árbol que plantamos juntos, la forma en que nos atamos los cordones de los zapatos o incluso esa manía tan peculiar que heredamos o copiamos de ellas. Y lo cierto es que mientras más avancemos en el calendario, lejos de olvidarlas, nos pareceremos más a ellas porque su influjo nunca desaparece.

Este tierno corto nos enseña que los abuelos sostuvieron nuestras manos durante un tiempo mientras nos enseñaban a andar, pero luego se convierten en pilares de nuestra alma, donde vivirán eternamente como un faro de luz.

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