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2/24/2017

Los 3 tipos de energía que alimentan tu "batería emocional"


Hay momentos en la vida en los cuales sentimos que las fuerzas nos abandonan. En esos momentos es como si nuestra “batería” personal se descargara. Puede deberse a un periodo intenso de trabajo, a una gran adversidad o simplemente al exceso de rutinas cotidianas. La buena noticia es que si nos mantenemos atentos al estado de carga de esa “batería”, podemos evitar llegar a ese punto en el que el cansancio, la desesperanza y el hastío se apoderen de nosotros.

Sin embargo, esa especie de "batería emocional" se alimenta de diferentes tipos de energía y debemos cerciorarnos de equilibrar las tres.


1. Energía emocional


Las emociones son una potentísima fuente de energía que solemos desestimar. De hecho, si te sientes alegre, feliz o entusiasta también sentirás que puedes con todo, creerás que puedes comerte el mundo y podrás enfrentar mejor los problemas que se presentan porque tienes la energía emocional adecuada.

Al contrario, si te sientes triste, te invade la nostalgia o la frustración o tienes miedo, es probable que te envuelva una desagradable sensación de parálisis y de agotamiento extremo que se convertirá en un obstáculo adicional a lo largo del camino, sea cual sea.

La buena noticia es que la energía emocional también depende de nosotros, podemos mejorar su calidad. Joseph Campbell nos da una pista: "Encuentra un lugar en tu interior donde haya alegría y esa alegría quemará el dolor".

- Cultivar las emociones positivas, como la diversión, la relajación, la gratitud… Es importante que aprendas a maximizar estas emociones y que planifiques actividades que te hagan sentir bien. De esta forma podrás “recargarte”positivamente.

- Darle un significado a las emociones “negativas”. Luchar contra las emociones negativas solo te servirá para perder una energía preciosa. En su lugar, debes aprender a aceptarlas y dejarlas ir. También te ayudará encontrarles un sentido, ya que un aprendizaje mitigará su impacto negativo.

2. Energía mental

"La energía de la mente es la esencia de la vida", afirmó Benjamin Franklin, y no andaba muy desacertado. Nuestros pensamientos e ideas no son gratuitos, consumen recursos y energía. De hecho, algunos psicólogos han llegado a afirmar que preocuparse equivale al mismo desgaste al que nos sometemos cuando intentamos realizar dos tareas al mismo tiempo. Sin embargo, rara vez nos percatamos de cómo nuestros pensamientos, preocupaciones, ideas catastrofistas y peores augurios nos roban la energía.

Obviamente, la energía mental también se escapa cuando nos vemos inmersos en demasiados proyectos y tareas ya que nuestros recursos mentales, como la capacidad de atención y el autocontrol, son limitados. Por eso, no es extraño que después de un gran desafío intelectual terminemos muy agotados.

Afortunadamente, podemos reducir esa “pérdida de energía mental”:

- Haz solo una cosa a la vez. El hecho de tener varias ventanas del navegador abiertas, ver la televisión mientras navegas por las redes sociales con el móvil o intentar abarcar demasiado provoca un gran desgaste que se convierte en un agujero negro por donde escapa tu energía. Por tanto, concéntrate en una sola cosa a la vez y elimina las distracciones.

- Alterna períodos de trabajo y descanso. Las pausas y los periodos de descanso te permiten “recargar” la energía, de manera que no te quedarás en “cero”. De esta forma te resultará más fácil retomar el trabajo o cualquier otra actividad y no llegarás al punto en el que el agotamiento mental te venza.

3. Energía espiritual


La energía espiritual es la gran olvidada, pero es fundamental porque es la que nos da la fuerza para levantarnos cada mañana y no desfallecer aunque la adversidad llame a nuestra puerta. Esa energía proviene de los proyectos, las causas, las ilusiones y los sueños que más nos apasionan. 

La energía espiritual está profundamente vinculada al sentido de la vida, nos da un gran impulso y se activa fundamentalmente en los momentos más difíciles para ayudarnos a recuperar la esperanza, la ilusión y las ganas de salir adelante. Desgraciadamente, al decir del escritor checo Václav Havel "La tragedia del hombre moderno no es que sabe cada vez menos sobre el sentido de su propia vida, sino que se preocupa cada vez menos por ello".

Por eso, para hacer acopio de energía espiritual es conveniente que:

- Cultives tus sueños. La ilusión es el motor de la vida, sin ella poco a poco todo va perdiendo el sentido. Por eso, es fundamental que nunca dejes de soñar y te plantees continuamente nuevas metas que te ayuden a mantenerte vivo. 

- Formes parte de algo mayor. Varios estudios han puesto de manifiesto que las personas que se involucran en causas que van más allá de ellas mismas experimentan una mayor satisfacción con la vida y se sienten más felices. Por eso, es importante que te animes a encontrar ese proyecto que te permite trascender y conectar con los demás.
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2/23/2017

¿Por qué tardamos tanto en encontrar las llaves – o cualquier otro objeto que hayamos perdido?


A todos nos ha pasado alguna vez: tenemos prisa por salir porque vamos con retraso pero la casa parece haberse tragado las llaves. Nos lanzamos en una búsqueda desesperada pero, por más que busquemos, no logramos encontrarlas. Ahora un estudio llevado a cabo en la Universidad de Aberdeen revela qué hacemos mal y nos sugiere una solución que nos permitirá encontrar lo que estemos buscando con mayor rapidez.

Buscamos donde no vamos a encontrar


Los psicólogos idearon una tarea similar a buscar las llaves sobre un escritorio ordenado y otro lleno de papeles, libros y tazas de café. Obviamente, la mejor estrategia es comenzar a buscar en el escritorio desordenado ya que existen más probabilidades de que el objeto perdido esté ahí, escondido a la vista y sepultado tras el desorden. Sin embargo, al parecer hacemos justo lo contrario, y por eso tardamos más en encontrar lo que buscamos.

Los investigadores analizaron cómo los ojos de los participantes rastreaban un objetivo mientras realizaban la búsqueda. Para ello, les presentaron una pantalla dividida en dos: en una mitad aparecían líneas formando patrones ordenados y en la otra mitad las líneas estaban mezcladas. El objetivo era indicar si había líneas inclinadas 45 grados hacia la derecha.

Cuando los psicólogos analizaron los movimientos oculares de los participantes se dieron cuenta de que estos solían mirar continuamente hacia la mitad más fácil de la pantalla, a pesar de que esta no podía brindarle ninguna información nueva. De hecho, casi la mitad de los movimientos de los ojos se dirigían hacia el lado más organizado, aunque esa estrategia solo los ralentizaba. Obviamente, de esta manera los participantes también realizaban muchos más movimientos oculares de los necesarios.

Estos resultados sugieren que cuando buscamos algo, no miramos automáticamente hacia los lugares que pueden proporcionarnos más información, lo cual retrasa nuestra búsqueda. En práctica, somos más exhaustivos pero también perdemos más tiempo. De hecho, una superficie despejada se puede recorrer fácilmente con la visión periférica (con el rabillo del ojo), sin necesidad de centrar nuestra atención en ella.

Las mujeres encuentran las cosas más rápido que los hombres


Otro estudio, esta vez realizado en la Universidad de Glasgow, descubrió que aunque aplicamos la misma estrategia de búsqueda, las mujeres encuentran las cosas más rápido que los hombres. En este experimento les pidieron a las personas que intentaran encontrar unas llaves perdidas, pero mientras lo hacían sonaba el teléfono y debían mantener una conversación respondiendo a algunas preguntas de conocimiento general.

Se apreció que las mujeres encontraban las llaves con mayor rapidez y obtenían mejores resultados en las preguntas. Según estos psicólogos, la clave radica en que las féminas tienen una ventaja evolutiva sobre los hombres, la cual les permite realizar con mayor eficacia diferentes tareas a la vez que demanden un alto nivel de control cognitivo, sobre todo cuando se trata de planificar, monitorizar los resultados e inhibir ciertas respuestas o estímulos.

¿Cómo encontrar los objetos perdidos más rápido?


Si tienes prisa, la mejor estrategia para encontrar lo que estás buscando en poco tiempo consiste en dirigirte a la zona más desordenada de la habitación. Mientras buscas, con el rabillo del ojo puedes explorar las áreas más limpias, aunque es poco probable que el objeto perdido esté ahí.


Fuentes:
Nowakowska, A. et. Al. (2017) Human visual search behaviour is far from ideal. Proceedings of the Royal Society B; 284(1849).
Stoet, G. et. Al. (2013) Are women better than men at multi-tasking? BMC Psychology; 1(18).
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2/21/2017

¿Sabías que tienes un sistema inmunitario psicológico?


El sistema inmunitario nos protege contra toda clase de agentes infecciosos que abundan en el medio. De hecho, es imposible controlar nuestra exposición a virus, bacterias y demás agentes patógenos, pero si tenemos un sistema inmunitario fuerte y sano, nuestras probabilidades de enfermar se reducen.

No obstante, psicólogos como Dan Gilbert, de la Universidad de Harvard, creen que también tenemos un sistema inmunitario psicológico. Y las personas que lo fortalecen pueden lidiar mejor con las adversidades y los problemas, sin que estos sumen demasiada ansiedad, depresión o desesperanza.

Según esta teoría, de la misma manera que existen personas que prácticamente son inmunes a los virus y casi nunca se enferman, también hay quienes pueden enfrentar las peores tragedias con mayor entereza de ánimo mientras otros se desmoronan, entristecen o estresan ante los problemas más nimios.

Sin embargo, lo cierto es que todos tenemos un sistema inmunitario psicológico. Los estudios indican que aproximadamente el 75% de las personas logran encontrar un nuevo equilibrio que les permite ser felices al cabo de los dos años después de haber sufrido una gran tragedia.

El sistema inmunitario psicológico se encargaría de construir una red de seguridad que nos proteja de los efectos del estrés crónico y nos dé fuerzas para soportar los eventos más terribles. Mientras que el sistema inmunitario biológico nos mantiene vivos para protegernos de las enfermedades, el sistema inmunitario psicológico amortigua el impacto de los golpes emocionales y nos permite seguir adelante.

Sobrevalorarse como estrategia para proteger la autoestima


El sistema inmunitario psicológico activa diferentes estrategias para protegernos, una de ellas consiste en evitar que nos odiemos por nuestros fracasos. Esa es la razón por la cual tenemos la tendencia a atribuir los problemas a factores externos, como el gobierno, un subalterno incompetente o simplemente la mala suerte. 

De esta forma preservamos nuestra autoestima y no nos sentimos tan deprimidos, frustrados o desesperanzados. De hecho, un estudio llevado a cabo en la Virginia Commonwealth University reveló que las personas con tendencia a la depresión en realidad tienen una perspectiva más objetiva del mundo y suelen ser más lógicas y reflexivas. Al contrario, quienes mantienen una actitud más optimista es porque ponen en práctica determinados sesgos que les ayudan a lidiar mejor con su realidad.

Por eso, no es extraño que cuando nos comparamos con los demás pensamos que somos más inteligentes, que tenemos menos prejuicios, que somos más éticos y que viviremos más años.

No se trata de algo negativo. De hecho, psicólogos de la Universidad de California afirman que los estados mentales de autoafirmación positiva, incluso las ilusiones positivas, contribuyen a disminuir nuestro nivel de estrés. Estos investigadores apreciaron que las enfermedades incurables avanzaban con mayor lentitud en las personas que albergaban ilusiones optimistas, aunque fueran poco realistas, ya que estas tienen un efecto protector. 

Desde el punto de vista biológico, esto se debe, en parte, a la acción del eje hipotalámico-pituitario-adrenal, que regula desde la digestión y la temperatura corporal hasta el humor, la energía física y el sistema inmunitario biológico. Este eje también modula nuestra respuesta ante el estrés, por lo que se ha apreciado que las personas con una percepción positiva tienen un eje hipotalámico-pituitario-adrenal más saludable que quienes tienen una percepción más negativa de la vida y de sí mismos.

Solo es necesario asegurarse de que no perdemos demasiado el contacto con la realidad y que esas ilusiones no son tan irreales que terminen haciéndonos daño.

Nuestra mente piensa en positivo automáticamente


Varios estudios sugieren que las personas tienen un temor infundado a los eventos negativos. Solemos imaginar las peores consecuencias y suponemos que reaccionaremos muy mal aunque en realidad cuando nos enfrentamos a esos problemas solemos responder mejor de lo que pensábamos. Esto se debe a que normalmente subestimamos nuestra resiliencia. Por consiguiente, ni los eventos positivos ni los negativos cambian tanto nuestra vida como pensábamos.

De hecho, cuando se trata de lidiar con la adversidad, es mejor dejar que nuestro inconsciente tome las riendas. Un estudio llevado a cabo en la Universidad Estatal de Florida reveló que cuando irrumpen en nuestra mente pensamientos sobre la muerte, ya sea la propia o la de personas que queremos, nuestro cerebro no se queda paralizado en la negatividad o el miedo durante mucho tiempo sino que intenta moverse hacia pensamientos más positivos.

En el experimento, los psicólogos prepararon a más de 100 personas para que pensaran en su propia muerte. A otro grupo le pidieron que imaginaran un evento desagradable, como ir al dentista. Luego les presentaron algunas raíces de palabras que debían completar, como “go”, a partir de la cual podían escribir términos como “gobierno” o “gozo”. Así los investigadores evaluaban su estado emocional inconsciente. 

Descubrieron que quienes habían pensado en la muerte solían elegir palabras más positivas, como “gozo”. Este mecanismo que ocurre a nivel inconsciente es el sistema inmunitario psicológico en acción, intentando mitigar los efectos del dolor y el sufrimiento, llevándonos a ver la parte positiva de la vida, incluso cuando estamos ante los eventos más desoladores.

¿Cómo fortalecer el sistema inmunitario psicológico?


El sistema inmunitario psicológico está compuesto por dos elementos esenciales: el componente resiliencia, que significa enfrentar la adversidad sin desmoronarse y salir fortalecido, y el componente de eudaimonía, que señala que la felicidad sostenible no proviene del placer sino del significado de la vida. Por tanto, para fortalecer tu sistema inmunitario psicológico debes:

- Encontrar el sentido de la vida. Las personas que tienen un por qué, son capaces de encontrar el cómo incluso en las condiciones más difíciles. Si tienes un buen motivo para vivir, la adversidad te  golpeará pero saldrás más fuerte.

- Aprender a centrarse en lo positivo. Las personas resilientes son aquellas que, incluso en la adversidad, no se derrumban y son capaces de encontrar lo positivo en los problemas. Cada situación, por mala que parezca, encierra un aprendizaje, que se convierte a la vez en una oportunidad para crecer.

- Practicar el desapego. Se trata de comprender la vida como el curso de un río, en el que todo llega y todo se va. De esta forma logras aceptar tanto las cosas buenas como las malas, sabiendo que no son eternas y que, antes o después, el dolor y el sufrimiento desaparecerán.

- Dominar la atención. David Kessler, especializado en la muerte y el sufrimiento, cree que la mayoría de las enfermedades mentales están causadas por algo que capta de manera obsesiva nuestra atención. Por tanto, si somos capaces de dominar nuestra atención, desarrollaremos un sistema inmunitario más eficaz. De hecho, el gran maestro indio Shantideva afirmaba: “una persona distraída vive continuamente en las fauces de las aflicciones mentales”. 


Fuentes:
DeWall. N. & Baumeister, R. (2007) From Terror to Joy Automatic Tuning to Positive Affective Information Following Mortality Salience. Psychological Science; 18(11): 984-990.
Andrews, P. W. et. Al. (2007) The functional design of depression’s influence on attention: A preliminary test of alternative control-process mechanisms. Evolutionary Psychology; 5(3): 584-604.
Taylor, S. E. et. Al. (2000) Psychological resources, Positive Illusions, and Health. The American Psychological; 55(1): 99-109.
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2/17/2017

La palabra que arruina cualquier disculpa


Todos cometemos errores. No podemos evitarlos y, a veces, esas equivocaciones dañan a los demás. Entonces es momento de pedir disculpas.

Una buena disculpa puede remendar el daño causado y fortalecer el vínculo emocional entre dos personas. A través de una disculpa le decimos al otro que sentimos realmente lo que hicimos y que nos interesa reparar el daño y que se sienta mejor.

Sin embargo, una disculpa mal dada puede tener el efecto contrario: puede abrir aún más la herida y aumentar la distancia entre dos personas. De hecho, todos no saben disculparse adecuadamente. Disculparse es un arte que se debe aprender.

Obviamente, a muchas personas no les agrada disculparse porque se sienten incómodas. A nadie le gusta profundizar en sus equivocaciones ya que les hace sentirse vulnerables. Esas sensaciones hacen que a veces la disculpa sea torpe ya que queremos conseguir el perdón del otro pero sin reconocer que nos hemos equivocado.

Por eso, existe una palabra que jamás se debe utilizar en una disculpa ya que podría arruinarla por completo. Esa palabra es “Lo siento, pero

Añadir un “pero” al final solo sirve para contradecir la sinceridad del mensaje original. Ese “pero” es percibido como una excusa, por lo que la otra persona puede pensar que en realidad no lo sientes, que tu disculpa es falsa.

Las mejores disculpas son cortas y no incluyen explicaciones que puedan poner en tela de juicio la sinceridad y el arrepentimiento auténtico.

En este sentido, un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Stanford descubrió que una buena disculpa debe dejar claro estos tres puntos:

- Que entendemos lo que hemos hecho mal.

- Que asumimos plena responsabilidad por nuestro comportamiento, actitudes y/o palabras.

- Que ofrecemos un plan para arreglar las cosas, que encierre una promesa de mejora en el futuro.

Al contrario, una excusa ineficaz, que podría molestar al otro o incluso agravar aún más el daño, es aquella que incluye justificaciones o excusas dirigidas a minimizar la gravedad del error. Por ejemplo, una disculpa que diga: “Lo siento, pero usted me ofendió primero”, en realidad es solo un pedir perdón a medias, es lo que podríamos calificar como una disculpa “pasivo-agresiva” que puede enfadar aún más a la otra persona.


Fuente:
Schumann, K. (2014) An affirmed self and a better apology: The effect of self-affirmation on transgressors' responses to victims. Journal of Experimental Social Psychology; 54: 89–96.
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2/16/2017

¿Sabías que tu cerebro se encoge mientras duermes?


En cada momento, lo quieras o no, estás absorbiendo nueva información que cambia tu cerebro. Específicamente, algunas de tus neuronas se conectan con mayor fuerza, estableciendo sinapsis, una señal eléctrica que se encuentra en la base del aprendizaje y los recuerdos.

Por supuesto, este proceso tiene un límite ya que se necesita energía para mantener esas conexiones. Como no tenemos tanta energía, no podemos fortalecer indefinidamente nuestras sinapsis. De hecho, tampoco sería saludable ya que si las sinapsis fueran cada vez más fuertes, nuestras neuronas llegarían a un estado de hiperactividad que podría provocar convulsiones o epilepsia.

En teoría, el sistema podría llegar al punto de saturación total, de manera que no solo seríamos incapaces de aprender cosas nuevas sino que tampoco podríamos decodificar los estímulos del medio. 

No obstante, nuestro cerebro tiene una carta bajo la manga para evitar este desastre: las neuronas pueden reducir sus sinapsis en masa, debilitándolas para que su fuerza sea menor y consuman menos energía. Y aprovecha el mejor momento para hacerlo: cuando estamos dormidos, mientras nos desconectamos del mundo. 

Las sinapsis se debilitan para evitar una “sobrecarga” en el sistema neuronal


Ahora un nuevo estudio realizado en la Universidad de Wisconsin indica que durante el sueño las conexiones entre las neuronas retroceden casi un 20%. Mientras dormimos, las sinapsis descansan y se preparan para afrontar el nuevo día, cuando recibirán nuevos estímulos que le permitirán consolidar los patrones neuronales.

Este reajuste se conoce como "homeostasis sináptica" y sirve para que las neuronas encuentren un equilibrio, sobre todo aquellas redes que podrían estar demasiado sobrecargadas, así se evitaría que se "quemasen", algo similar a la sobrecarga que puede ocurrir en un sistema eléctrico.

El sueño es el momento perfecto para que se produzca una renormalización sináptica porque cuando estamos despiertos siempre existen estímulos que captan nuestra atención y activan diferentes zonas del cerebro, por lo que este no logra relajarse por completo.

Según estos investigadores, el sueño es el precio que debemos pagar para aprender cosas nuevas. De hecho, en estudios anteriores se había apreciado que durante el sueño se produce una actividad compleja en algunas zonas del cerebro ya que no solo se consolida la memoria, los hechos que vivimos durante el día, sino que también se les resta impacto emocional y se borran todos los detalles que no son importantes, haciendo espacio en la memoria.


El cerebro protege las conexiones más importantes


Los investigadores usaron un nuevo microscopio electrónico a través del cual pudieron apreciar los minúsculos cambios que se producen cuando las sinapsis se expanden o contraen. Así descubrieron que apenas unas horas de sueño pueden provocar una disminución del 18% en el tamaño de las sinapsis.

Sin embargo, lo más interesante es que esa reducción no afecta a todas las sinapsis por igual. Solo el 80% de las conexiones sinápticas se debilitarían durante el sueño, el 20% restante corresponde a las conexiones más fuertes, que el cerebro “perdona” durante este proceso. 

Las conexiones más fuertes son nuestros hábitos más antiguos y mejor establecidos, los aprendizajes más consolidados y nuestras memorias más valiosas. Así, de alguna forma el cerebro comprende que esa información no se debe perder y, por ende, esas conexiones no se exponen al proceso de debilitamiento.


Fuentes:
Kuhn, M. et. Al. (2016) Sleep recalibrates homeostatic and associative synaptic plasticity in the human cortex. Nature Communications; 7: 12455.
Cirelli, C. (2013) Sleep and synaptic changes. Curr Opin Neurobiol; 23(5): 841–846.
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2/14/2017

Padres jardineros vs. padres carpinteros: ¿Cómo la crianza moderna pone una camisa de fuerza a los niños?


En 2011, un equipo de psicólogos realizó un experimento muy interesante con niños de edad preescolar. Los investigadores les dieron un juguete hecho a partir de diferentes tubos de plástico, cada uno con una función distinta: uno emitía una especie de chirrido, otro se iluminaba, de otro salía música y el último tenía un espejo oculto. 

En algunos casos, un experimentador entraba en la habitación y se golpeaba, aparentemente de manera accidental, con el tubo que emitía un chirrido. En otros casos el experimentador se comportaba más como un maestro y les mostraba a los niños cómo funcionaba el juguete, enseñándole solamente cómo activar el tubo que emitía el chirrido. A continuación, dejaron solos a los pequeños con el juguete.

Los psicólogos comprobaron que los niños a quienes les habían “enseñado” jugaban de manera más limitada y repetitiva, se aburrían más rápido del juguete y ni siquiera descubrieron todas las funciones de los tubos. Al contrario, los niños a quienes simplemente les dejaron el juguete, sin darles orientaciones, jugaron con mayor libertad, de manera más creativa y descubrieron todas las funciones de los tubos. 

Para Alison Gopnik, profesora de Psicología de la Universidad de California, este experimento pone de manifiesto uno de los peores errores que cometemos en la educación infantil: pensar que la tarea de los padres es ayudar a los niños a desarrollar con éxito una serie de tareas a lo largo de la vida.

Afirma que “en los últimos treinta años el concepto de la paternidad y la industria que lo rodea han transformado el cuidado de los niños en algo obsesivo, aprensivo y controlador que no es bueno ni para los padres y mucho menos para los niños”.

Muchos padres ven en sus hijos una proyección de ellos mismos por lo que vierten sobre ellos sus propios sueños, ilusiones y planes. Sin darse cuenta, su educación se enfoca en moldear la personalidad de sus pequeños vástagos para que estos realicen los sueños que ellos mismos no pudieron cumplir. Según Gopnik, estos progenitores serían los “padres carpinteros”.

¿Cómo reconocer a los padres carpinteros?


Estos padres, al igual que los carpinteros, creen que es su misión darle forma a la madera/niños. De esta manera, se esfuerzan por moldearlos para que sigan sus normas, adopten sus valores y persigan sus mismos sueños. 

Algunas de las características que permiten distinguir a estos padres son:

- Organizan hasta el más mínimo detalle de la vida de sus hijos ya que no soportan la idea de que quede algún cabo suelto. De hecho, a menudo se convierten en sus agendas, un resultado de su obsesión por controlar la vida de sus hijos.

- Se encargan de condenar y restarle valor a todos los sueños e ilusiones de sus hijos que no se correspondan con los suyos. De hecho, se aeguran de tener siempre la última palabra.

- Transmiten los valores como doctrinas, de manera que los hijos no tienen espacio para la reflexión y la libertad de pensamiento.

- Se aseguran de apuntar a sus hijos a la mayor cantidad de actividades extraescolares posible y de facilitarles todos los juguetes educativos que puedan ya que piensan que así estimulan mejor sus capacidades.

- Piensan que sus hijos tienen una deuda con ellos y, por ende, se creen con derecho a manipular sus vidas, aunque esos niños ya se hayan convertido en adultos.

- Ven a sus hijos como su posesión más valiosa, por lo que a menudo los encierran debajo de campanas de cristal de manera que terminan aislándolos del mundo real y les impiden desarrollar su caja de herramientas para la vida.

Existe otra forma de educar: Los padres jardineros


Los padres carpinteros se preocupan por el material que utilizan en la educación de sus hijos y le confieren un papel protagónico, hasta tal punto que en muchas ocasiones se convierten en sustitutos del amor y la atención que los niños deben recibir de sus progenitores.

Al contrario, los padres jardineros saben que aunque las herramientas son importantes, no son lo esencial. Estos padres son plenamente conscientes de que es la habilidad, el cuidado, el amor y la atención los detalles que marcan la diferencia en la educación infantil. 

Mientras que los padres carpinteros pretenden crear piezas “perfectas”, diseñadas al milímetro, los padres jardineros se preocupan de sembrar, regar y dejar que las plantas crezcan. Estos progenitores no se obsesionan con el control sino que dejan cierta libertad a sus hijos para que exploren el mundo y descubran sus aficiones. Por supuesto, también les permiten equivocarse y les dejan enfrentar sus problemas, para que desarrollen la capacidad de resolución de conflictos y la tolerancia a la frustración.

Los padres jardineros respetan las decisiones y opiniones de sus hijos, aunque no las compartan. De hecho, se preocupan por estimular el libre pensamiento y la reflexión, porque saben que solo así podrán educar a personas autónomas y autodeterminadas.

Sin embargo, la diferencia más importante estriba en que los padres jardineros no pretenden moldear a sus hijos sino acompañarles a lo largo de su desarrollo, dejando que expresen su unicidad. De hecho, el desorden y la variabilidad son los principales enemigos de los padres carpinteros. Al contrario, en un jardín el cambio es una constante y el jardinero solo tiene que preocuparse por crear un espacio protegido para que las plantas crezcan.

El objetivo de la educación infantil no es moldear a los niños para alcanzar un prototipo preconcebido. Los niños son personitas activas, curiosas, imaginativas y lúdicas, por lo que la tarea de los padres no es cortar esas ramas sino brindarles un espacio protegido para que afloren todas esas características. 

De hecho, Gopnik afirma que “nuestro trabajo como padres no es moldear la mente infantil sino dejar que esas mentes exploren el mundo de posibilidades”. 


Fuentes:
Gopnik, A. (2016) The Gardener and the Carpenter: What the New Science of Child Development Tells Us About the Relationship Between Parents and Children. Nueva York: Farrar, Straus and Giroux.
Cook, C. et. Al. (2011) Where science starts: spontaneous experiments in preschoolers' exploratory play. Cognition; 120(3):341-349.
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2/13/2017

El sonido del silencio: Un maravilloso libro ilustrado para escuchar nuestra voz interior en el ruidoso mundo moderno


"Hay muchas cosas buenas que no podemos decir si nos vemos obligados a gritar", afirmó el filósofo estadounidense Henry David Thoreau. Un año antes había escrito en su diario: “Quiero oír el silencio de la noche, porque el silencio es algo positivo que merece ser escuchado”. 

Hoy, un siglo y medio después, nos encontramos inmersos en una sociedad que confunde los gritos con la autoridad y la voz con la esencia. Parece que hemos olvidado lo que Susan Sontag dijo hace medio siglo: "el silencio permanece, ineludiblemente, como una forma de comunicar", con su propio discurso.

Sin duda, existen muchos tipos de silencio pero "el silencio fértil de la conciencia, pastoreando el alma", en palabras del sociólogo Paul Goodman, es el que más necesitamos porque solo este nos permite encontrar el necesario equilibrio para vivir.

Esa es precisamente la idea que inspiró a la escritora Katrina Goldsaito, con la ayuda de la ilustradora Julia Kuo, a realizar este maravilloso libro titulado "El sonido del silencio". Se trata de la historia de un niño llamado Yoshio, que descubre la belleza evasiva del silencio en medio del bullicio de la ciudad de Tokio.



Seguimos a Yoshio mientras sale de su casa una mañana lluviosa y se zambulle en la sinfonía de sonidos urbanos de la ciudad, las "gotas de agua golpeando su paraguas", las "botas pisando los charcos". El niño disfruta todos y cada uno de esos sonidos.


Sin embargo, mientras recorre este camino plagado de maravillas auditivas, de repente le cautiva un sonido precioso. Sin dudarlo, sigue esas notas hasta encontrar a una anciana que afina su koto.


La anciana tocó para el niño. ¡Las notas le hicieron cosquillas en los oídos a Yoshio! Cuando terminó, Yoshio reconoció: “¡Me encantan los sonidos, pero nunca había escuchado un sonido igual!"

La anciana se rió.

"¿Tienes un sonido favorito?”, le preguntó Yoshio.

"El sonido más hermoso", dijo la anciana, "es el sonido del silencio".

“¿El silencio? - preguntó Yoshio. Pero la anciana se limitó a dedicarle una sonrisa y volvió a su trabajo."

Asombrado por el críptico mensaje, el niño se puso en marcha decidido a encontrar el sonido del silencio.


Se encaminó al sitio más tranquilo que conocía, el bosque de bambú que se encontraba detrás de la escuela, pero incluso allí el silencio era interrumpido por el sonido de las cañas de bambú mecidas por el viento.


Mientras Yoshio regresaba a casa, siguió buscando el silencio, en la estación de tren, cuando se sentó a la mesa a comer con sus padres… Pensó que lo encontraría en el cuarto de baño pero incluso allí sus dedos hacían ruido mientras jugueteaban con el agua.


Espero pacientemente hasta que cayó la noche pero incluso en ese momento escuchaba el sonido distante de la radio de un vecino.


A la mañana siguiente, llegó a la escuela antes que los demás y se sentó a leer una historia, que lo absorbió por completo, transportándolo a ese lugar que había estado buscando infructuosamente durante el día anterior.

De repente, en medio de una página, lo oyó.

No había ruidos de pasos, ni gente parloteando, ni radios, ni cañas de bambú entrechocando, ni las notas del koto.

En ese breve instante, Yoshio ni siquiera podía oír el sonido de su propia respiración. Todo estaba dentro de él. Pacífico, como el jardín después de nevar, como las mantas rellenas de plumas que se secan al sol.

El silencio había estado allí todo el tiempo”.


En ese momento Yoshio comprendió algo que olvidamos con facilidad: el silencio no es la ausencia de sonido sino la presencia plena, la conciencia de escucha interior, una sintonía del oído con la mente y una orientación del espíritu hacia la calma interior.

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