21 de noviembre de 2014

Niños malcriados: 7 señales de alarma


Educar a un niño es uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos en la vida. De eso no hay dudas, sobre todo si tenemos en cuenta que los bebés no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo y que a menudo debemos recurrir a nuestro instinto, el cual, dicho sea de paso, no siempre nos conduce por los mejores derroteros. 

Sin embargo, rectificar es de sabios. Nunca es demasiado tarde para detectar qué estamos haciendo mal y reencontrar el camino porque una educación demasiado protectora o permisiva puede tener consecuencias terribles, no solo para el desarrollo del niño sino también para la dinámica familiar. 

Un niño malcriado no es un niño feliz, y su familia tampoco lo es. Por eso es tan importante aprender a detectar las primeras señales de peligro y ponerles coto lo antes posible.


¿Cómo detectar a un niño malcriado?


1. Las rabietas se convierten en pan cotidiano. Las rabietas son comunes cuando los niños son pequeños y pueden considerarse normales hasta los 3 o 4 años ya que son, esencialmente, una válvula de escape para que el niño exprese su frustración. Cuando el niño es pequeño le resulta difícil poner en palabras lo que siente por lo que lo expresa a través de su cuerpo. Además, su nivel de autocontrol aún es muy escaso. Sin embargo, a medida que crece aumenta su control y su capacacidad de expresión por lo que las rabietas no tienen cabida. Las rabietas en un niño en edad escolar suelen ser síntoma de que está mimado en exceso.

2. Nunca se siente satisfecho. Cuando siempre le has dado todo lo que ha querido y no ha escuchado un “no” en su vida, el niño crece creyendo que es el centro del universo, que todos viven para servirle. Como resultado, nunca se muestran conformes con lo que tienen y quieren siempre más. Por ejemplo, sus juguetes le satisfacen durante un periodo de tiempo muy corto e inmediatamente quiere que le compren otros, o pide un plato especial para la cena pero después no lo come.

3. Intenta controlar a los adultos. Los niños son excelentes manipuladores, aunque la mayoría de los adultos no suele darse cuenta de ello. No obstante, el niño malcriado va un paso más allá e intenta controlar el comportamiento de sus padres e incidir en sus decisiones. Esto se debe a que no establece una diferencia entre los adultos y sus coetáneos, él es el ombligo del mundo y todos deben plegarse a sus deseos. Para lograr su cometido recurre a todo tipo de estratagemas, desde las rabietas hasta fingirse enfermo o incluso la confrontación directa.

4. No sigue tus órdenes. Los niños no son pequeños soldados ni los padres generales de infantería. Sin embargo, los pequeños necesitan ciertas reglas, que no solo los mantendrán a salvo sino que también les harán sentirse más seguros y tranquilos. Por eso, los padres no tienen que rogarle al niño para que cumpla una orden sensata y tampoco tienen que sobornarlo para que lo haga. El niño debe comprender y aceptar que los padres tienen autoridad y deben obedecer cuando les piden algo.

5. No ayuda en casa. Cuando los niños son pequeños, son muy egocéntricos, creen que el mundo gira a su alrededor. Sin embargo, a partir de los 3 o 4 años el niño abandona esa actitud, se comienza a interesar por los sentimientos de los demás y se muestra más cooperativo. En este momento los padres deben irle dando diferentes responsabilidades, como recoger sus juguetes o guardar sus zapatos. No obstante, una de las características más distintivas del niño malcriado es que parece no importarle el trabajo que hagan sus padres, él no está dispuesto a ayudar y a menudo ignora tus peticiones.

6. Te avergüenza a propósito en público. Cuando el niño comprende que algunos de sus comportamientos te avergüenzan, los aprovecha para manipularte y llamar la atención en público. Por eso, es frecuente que sus rabietas tengan lugar en sitios públicos o que desvele cosas que te hagan sentir incómoda, incluso si le has advertido que no debe decirlas.

7. No comparte sus cosas. Hasta los 4 años la mayoría de los niños no tienen un interés especial por los otros pequeños, juegan en paralelo. Sin embargo, a partir de esta edad comienzan a jugar juntos y comparten sus juguetes. Es normal que el pequeño no quiera compartir algunos juguetes, los que considera especiales y a los cuales está más apegado pero esta no puede ser la norma. El niño malcriado no solo se muestra reticente a compartir sus juguetes y propiedades sino que incluso exige que los demás compartan con él. Asume un comportamiento profundamente egoísta.
Escrito por: Jennifer Delgado

20 de noviembre de 2014

El lado oscuro de la empatía


Solemos asociar la empatía con características positivas. Una persona empática es aquella que sabe ponerse en el lugar del otro y que siente lo que el otro siente. No solo nos comprende racionalmente sino también emocionalmente. Sin embargo, la empatía también tiene un lado oscuro. Al contrario de lo que muchos piensan, la empatía no solo genera compasión sino que también puede llevar a cruentas agresiones.

Persona en problemas + Empatía = Agresión


Investigadores de la Universidad de Buffalo se preguntaron si la empatía podía tener un lado más oscuro. Ni cortos ni perezosos, idearon un experimento muy interesante para contrastar su hipótesis. 

Reclutaron a 231 voluntarios y les pidieron que leyeran un artículo que hacía referencia a una persona con problemas económicos. En algunos casos, el artículo se refería a una persona estresada por sus dificultades financieras, en otros casos se perfiló un escenario diferente dejando entrever que la persona tenía problemas económicos pero que no se sentía particularmente preocupada por ellos.

A continuación, a los participantes se les dijo que la persona con problemas económicos participaría en un concurso de matemática para ganar 20 dólares. Luego, les preguntaron si les gustaría darle al contrincante de esa persona un aperitivo que contenía una “salsa especial”, la cual fue definida como “una sustancia que provoca dolor y afecta el desempeño cognitivo”. 

De esta forma los investigadores se aseguraban de que los participantes comprendían que tomando esta decisión le darían ventaja a la persona con problemas económicos pero, a la misma vez, causarían daño a su contrincante. ¿Qué hicieron?


Los resultados mostraron que cuando los participantes creían que la persona con problemas económicos se sentía estresada, no solo decidían administrar la “salsa especial” sino que también elegían mayores cantidades. En otras palabras, la empatía por la persona que estaba atravesando una mala situación económica no solo les llevaba a actuar de manera inmoral (inclinando la balanza a favor de una persona y haciendo que la competencia fuera injusta) sino que también les inducía a provocar dolor. 

Todo parece indicar que la empatía nos hace asumir que “el fin justifica los medios”.

¿Por qué las personas capaces de sentir empatía también son capaces de provocar dolor?


La empatía es sentir el dolor del otro como propio, es experimentar el estrés y la preocupación en nuestra carne. Por consiguiente, no es extraño que se activen nuestras emociones y se acalle la razón. Como resultado, actuamos de manera más impulsiva, sin pensar demasiado en las consecuencias de nuestros actos. Esa falta de reflexión nos puede llevar a adoptar comportamientos agresivos y violentos.

Basta pensar que a lo largo de diferentes culturas y épocas ha habido cientos de casos en los cuales, con el pretexto de defender a una persona desvalida, se le ha causado un daño desproporcionado al “agresor”. 

Esto nos indica que la empatía también tiene su lado oscuro, que no es una panacea y que debemos mantenernos atentos cuando este sentimiento se despierta porque podría llevarnos a adoptar comportamientos que distan mucho de ser justos o nobles.

Cuando vemos a una persona sufrir, debemos aliviar su dolor. No causar más dolor y sufrimiento en su nombre.


Fuente:
Buffone, A. & Poulin, M. J. (2014) Empathy, Target Distress, and Neurohormone Genes Interact to Predict Aggression for Others–Even Without Provocation. Personality and Social Psychology Bulletin; 40(11): 1406-1422.
Escrito por: Jennifer Delgado

19 de noviembre de 2014

Libros sobre ansiedad: ¿Son eficaces?


Los libros sobre ansiedad proliferan, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que se trata de uno de los trastornos psicológicos más comunes. Se estima que alrededor del 5% de la población mundial sufre un cuadro de ansiedad generalizada que demanda ayuda especializada.

Además, el camino para combatir la ansiedad no es sencillo y a menudo está lleno de baches y retrocesos que hacen que la persona pierda la confianza o quiera apostar por soluciones más sencillas y rápidas. En este escenario, los libros sobre ansiedad suelen representar una esperanza.

¿Son útiles los libros de autoayuda sobre la ansiedad?


Las estanterías de las librerías están llenas de libros sobre ansiedad, muchos encierran la promesa de ayudar a las personas a liberarse de su problema de una vez y por todas. Sin embargo, debe quedar claro que la ansiedad no desaparece por leer un libro.

¿Significa que estos libros son completamente inútiles?

No. 

Existen diferentes libros de autoayuda sobre la ansiedad, hay algunos que son más útiles que otros. Por ejemplo, no cabe dudas de que un libro escrito por un psicólogo que tiene una vasta experiencia en el tratamiento de la ansiedad probablemente será muy útil porque condensa todo su conocimiento sobre este trastorno. 

Sin embargo, la autoayuda es un género que se prostituye con facilidad por lo que es relativamente fácil encontrar libros sobre ansiedad escritos por personas que no son expertas en el tema. Estas obras no solo pueden ser ineficaces sino que incluso pueden tener un efecto iatrogénico y provocar daños a nivel emocional.

Por eso, el primer paso en el momento de comprar un libro sobre ansiedad consiste en conocer al autor y cerciorarse de que es un profesional que tiene un buen dominio sobre el tema. 

El segundo paso es clarificar tus expectativas porque en el mercado existen diferentes tipos de libros de autoayuda sobre la ansiedad. Hay algunos que profundizan mucho en las causas y la sintomatología del trastorno pero hacen muy poco énfasis en las técnicas. En este caso, el libro te será útil para comprender qué te sucede pero probablemente no será muy valioso para combatir la ansiedad. 

Sin embargo, también hay libros que se centran más en las técnicas, que tienen un carácter mucho más práctico. Esta no es una garantía de éxito pero, sin duda, con estas obras tendrás más probabilidades de aprender a manejar la ansiedad.

Por consiguiente, antes de comprar un libro, dedícale algunos minutos a leer el índice.

Cuestión de compromiso


Hay libros que nos pueden cambiar la vida, o al menos nuestra visión del mundo o de nosotros mismos. Para que esto suceda deben confluir dos factores: por una parte, el libro debe estar bien estructurado y transmitir un mensaje importante y, por otra parte, debemos ser muy receptivos. 

grosso modo un libro de autoayuda es como una película. Para que un filme despierte nuestras emociones y nos haga reflexionar no solo debe estar bien realizado sino que debe hacer resonancia con nuestra situación, debemos sentirnos identificados y, sobre todo, debemos ser receptivos al mensaje que nos intenta transmitir. Por eso, una película que puede ser iluminadora para algunos, puede ser completamente intrascendente para otros. De hecho, el mismo filme, visto en etapas diferentes de nuestra vida, suele tener una repercusión diversa porque el significado que le atribuimos no es el mismo.

¿Qué significa todo esto?

Que no basta con que el libro sobre ansiedad brinde información comprensible y técnicas prácticas, es necesario que la persona se comprometa con el cambio. El mejor libro de autoayuda del mundo, avalado por cientos de profesionales, puede ser perfectamente inútil si la persona no está dispuesta a cambiar y a asumir las riendas de su vida.

Un libro siempre es un mundo de posibilidades, cada persona puede interpretarlo de manera diferente y, al no tener a un terapeuta a su lado, existe el riesgo de emprender el camino erróneo o de desmotivarse a mitad del trayecto.

¿En qué casos son recomendables los libros sobre ansiedad?


Los buenos libros de autoayuda sobre la ansiedad siempre son recomendables, incluso aquellos que se centran solo en las causas y la sintomatología, porque brindan información sobre el problema que tenemos y nos ayudan a comprendernos mejor. Por otra parte, los libros que se centran en las técnicas también son útiles porque nos brindan herramientas prácticas para mantener bajo control los síntomas puntuales. 

Sin embargo, muchos de estos libros no representan una solución definitiva, son simplemente una herramienta de reflexión que te ayudará a identificar tus problemas y te dará el empuje que necesitas. Si estás experimentando los primeros síntomas de la ansiedad, un libro con técnicas prácticas probablemente será de gran ayuda, pero si ya tienes un cuadro de ansiedad instaurado desde hace años, es difícil que logres superar el problema solo con la ayuda de un libro, en estos casos la guía del psicólogo es fundamental.


Escrito por: Jennifer Delgado

18 de noviembre de 2014

La co-dependencia en la pareja: ¿Cuándo es patológica?


En la jerga técnica de la Psicología, el término "co-dependiente" se utiliza para definir el comportamiento de aquellos que están fuertemente ligados a una persona (puede ser la pareja, un hijo o un amigo), hasta tal punto que desarrollan una relación patológica. Obviamente, ser una persona co-dependiente genera sufrimiento.

La primera Conferencia Nacional sobre la co-dependencia se llevó a cabo en los Estados Unidos en el año 1989 y desde entonces este término ha asumido diferentes significados. Algunos expertos lo definieron como "un conjunto de comportamientos típicos que son característicos de los miembros de una pareja/familia de personas con adicciones, trastornos compulsivos o de la personalidad y otros trastornos psiquiátricos".

Sin embargo, lo cierto es que la co-dependencia no siempre está vinculada a los trastornos psiquiátricos. Por eso  es mejor definir este problema como "un modelo de dependencia dolorosa acompañado por conductas compulsivas y la necesidad de aprobación de los demás con el fin de encontrar la seguridad, la autoestima y la identidad ".

Desde esta perspectiva, se puede apreciar que la persona co-dependiente tiene profundos problemas para encontrar la satisfacción personal por sí sola. Depende de los demás porque ve en ellos la fuente que calma su sed, encuentra en los demás las respuestas a sus necesidades emocionales.


¿Quiénes son las personas co-dependientes? 


A menudo la co-dependencia se combina con un trastorno límite de la personalidad, la drogadicción, el alcoholismo, la adicción al sexo o los juegos de azar y otros trastornos psicológicos que  hacen que la persona se "deshaga" de su yo para dedicarse por completo a otra.

Sin embargo, en un gran número de casos, sobre todo cuando la co-dependencia se manifiesta en la relación de pareja, no se llega a diagnosticar. La falta de diagnóstico empeora la condición de la persona co-dependiente ya que experimenta un malestar constante que no es comprendido por quienes le rodean.

¿Qué sucede en la vida de un co-dependiente? 


Cuando la persona es co-dependiente pierde gran parte de su identidad y se centra por completo en el otro. Esto hace que sus pensamientos, recursos económicos, su tiempo y su vida social se limiten a la relación con la otra persona. Al final, invierte tanta energía y tiempo que prácticamente no deja espacio para sí mismo.

Si este estado persiste a lo largo del tiempo, puede provocar una alternancia de sentimientos ambivalentes hacia el supuesto "verdugo", sentimientos que van desde la ira por la falta de gratitud hasta la culpa que normalmente subsigue a la ira, creando así un círculo vicioso del que resulta muy difícil escapar. 

Esta condición emocional de "esclavitud" puede llegar a estados patológicos que se manifiestan a través de síntomas como la ansiedad, la depresión, la somatización o las alteraciones en la alimentación y el sueño. En los casos más severos incluso pueden aparecer pensamientos suicidas e ideación paranoide.

¿Cualquiera puede convertirse en co-dependiente? 


Sí. Aunque algunos tipos de personalidad son más propensos a desarrollar este tipo de simbiosis.

De hecho, ciertas personas parecen tener una tendencia natural a involucrarse continuamente en relaciones en las cuales son sometidos. Aunque no lo hacen de manera consciente, lo cierto es que estas personas suelen elegir a parejas propensas a adoptar el papel del "verdugo". Esto se puede deber a que tenían modelos de relación que seguían este patrón (como el de sus padres), o porque pueden sentirse bien eliminándose a sí mismos, quizás  para evitar hacerle frente a sus dificultades personales.

¿Qué hacer? 


Salir de una relación de co-dependencia es muy complicado. El primer paso radica en reconocer la condición emocional de "esclavitud". Luego, lo ideal es que la persona reciba ayuda especializada.
Escrito por: Jennifer Delgado

17 de noviembre de 2014

La venganza: ¿Realmente nos hace sentir mejor?


Una de las emociones que prácticamente todos hemos experimentado pero de la que menos hablamos es el deseo de venganza. Cuando le hacen daño a nuestros seres queridos o somos víctima de una gran humillación, nos resulta más fácil llenarnos de odio y clamar venganza que perdonar. 

Para muchos, aplicar el “ojo por ojo” es normal, tan normal que ni siquiera se lo cuestionan. Sienten que tienen el “derecho” a vengar el ultraje o a devolver el daño recibido. Detrás de esta sed de venganza se esconde la idea de que, una vez logrado nuestro objetivo, nos sentiremos mejor. 

Sin embargo, Confuccio afirmó “antes de que te embarques en el viaje de la venganza, cava dos tumbas”.

Gandhi, que también coincidía con este punto de vista, afirmó: “ojo por ojo y toda la humanidad terminará ciega”.

¿Qué es realmente la venganza?


La venganza parece ser uno de nuestros instintos más profundos. Y como los instintos casi siempre tienen un propósito evolutivo, existe la teoría de que la venganza tiene una función protectora dentro del contexto social. Por ejemplo, imagina que tienes un vecino que suele hacer fiestas con la música a todo volumen hasta altas horas de la noche. 

Si crees que se trata de una persona racional que no tomará represalias, es probable que le pidas educadamente que baje el volumen de la música. Sin embargo, si crees que se trata de alguien irracional y peligroso, es más probable que tomes un camino diferente y te vengues de él, pero ocultándote. 

De esta forma, la venganza te ayudaría a evitar un enfrentamiento directo en el que puedes terminar mal parado. Por consiguiente, sería una especie de mecanismo de defensa con el que puedes asegurarte de que no se vulnerarán nuevamente tus derechos y, a la misma vez, que no sufrirás más daños.

Sin embargo, en la mayoría de los casos la venganza no reporta ningún beneficio, solo sirve para causarle dolor a los demás. De hecho, no podemos olvidar que la venganza no es sinónimo de justicia, la venganza siempre esconde sentimientos negativos como el rencor y el odio. Su principal objetivo no es resarcir el daño sino hacerle daño al otro. La persona vengativa quiere que corra la sangre porque cree que así se sentirá mejor, cree que el dolor del otro aliviará su propio dolor.


¿La venganza sana las heridas?


Esta pregunta se la realizaron investigadores de las universidades de Virginia y de Harvard, quienes reclutaron a un grupo de personas para que participaran en un curioso experimento. Estas se involucraron en un juego de inversión en el cual, si todos cooperaban, todos ganarían la misma cantidad de dinero. Sin embargo, si alguien se negaba a invertir su dinero, esa persona tendría derecho igualmente a llevarse una parte de las ganancias. El truco radicaba en que los investigadores habían preparado a una persona para que se negase a invertir, como resultado, esta persona se llevaba el doble de dinero que los demás.

¿Cómo se sentirían los demás? Si les daban la oportunidad de vengarse de esa persona, ¿lo harían?

Los investigadores siguieron con la segunda parte del experimento. Les dijeron a algunos de los participantes que podían involucrarse en otro juego, en el cual podían invertir una parte de sus ganancias para castigar a quien se había negado a invertir. No obstante, antes de hacerlo, los investigadores les pidieron que estimaran cuán bien les haría sentir la venganza. Todos afirmaron que se sentirían mucho mejor.

Sin embargo, una vez consumada la venganza, se apreció que quienes no habían tenido la oportunidad de vengarse se mostraban más felices y satisfechos. Al contrario, quienes se habían vengado no se sentían tan bien como esperaban sino que experimentaban más ira. ¿Por qué?

Los psicólogos están convencidos de que las personas que no buscan venganza, intentan comprender el comportamiento del otro, minimizan las consecuencias de sus actos y, en última instancia, se centran en el perdón. Sin embargo, quienes buscan venganza se concentran en la ira, lo cual hace que ese sentimiento crezca aún más, sumiéndolas en un círculo vicioso marcado por las emociones negativas.

Por consiguiente, la venganza no solo le hace daño a la otra persona sino también a nosotros mismos. Alimentar la sed de venganza equivale a alimentar sentimientos negativos que pueden terminar causándonos más daño que la propia afrenta. 

Por tanto, de una forma u otra, la venganza siempre es una apuesta perdedora


Fuente:
Carlsmith, K. et. Al. (2008) The paradoxical consequences of revenge. Journal of Personality and Social Psychology; 95(6): 1316-1324.
Escrito por: Jennifer Delgado

14 de noviembre de 2014

Las causas de la depresión: 5 nuevas teorías


Durante años se pensó que la depresión era un trastorno únicamente psicológico. Sin embargo, con el paso del tiempo han llegado nuevos estudios que han profundizado en las causas de la depresión. Estos investigadores han escudriñado dentro del cerebro, en nuestro código genético e incluso en nuestro plato, para intentar desvelar todos los factores que, ocultos en la sombra, podrían desencadenar un cuadro depresivo.

¿Cuáles son las teorías más verosímiles que pueden explicar la depresión?


1. Cableado defectuoso del cerebro. En los estudios en los que se ha escaneado el cerebro de personas que padecen de depresión se ha descubierto que el lóbulo frontal, la zona encargada del procesamiento cognitivo, el pensamiento y el control de los impulsos, muestra niveles de actividad muy bajos.

Por otra parte, también se ha podido apreciar un desajuste en las redes neuronales vinculadas con el procesamiento emocional, lo cual le impide a las personas deprimidas manejar sus emociones y suprimir aquellas que son negativas. Además, se ha notado un nivel anormalmente elevado de actividad en la amígdala, una parte del cerebro vinculada con el miedo. 

Con estos resultados en mano, los neurocientíficos creen que la depresión implica un problema en el cableado del cerebro, es como si las conexiones neuronales no funcionaran de la misma manera que para el resto de las personas, lo cual les impide modular sus emociones y, como consecuencia, aparece la depresión.


2. Atrofia cerebral. En las investigaciones más recientes también se ha podido apreciar que algunas de las personas con depresión muestran una pérdida del volumen en algunas zonas del cerebro, entre ellas el hipocampo, un área involucrada en el procesamiento de las emociones y la consolidación de los recuerdos. Lo más sorprendente es que mientras más severa es la depresión, mayor es la pérdida de volumen cerebral. 

Esta atrofia no solo afecta las zonas del sistema límbico sino también el lóbulo frontal, en especial la corteza prefrontal, que es aquella que regula la intensidad de los estados emocionales y la forma de expresarlos. También se ha podido comprobar que la depresión inhibe el desarrollo de nuevas células nerviosas, afecta el proceso de neurogénesis. 

Por esta razón, algunos neuropsicólogos están convencidos de que la atrofia cerebral es una de las causas de la depresión, aunque no faltan quienes afirman que esta pérdida de volumen en algunas zonas del cerebro es una consecuencia, más que un factor desencadenante de la patología.

3. Desbalance hormonal. Se conoce que el sistema endocrino desempeña un rol importantísimo en las causas de la depresión. Diferentes estudios apuntan hacia el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, que controla las reacciones ante el estrés. En práctica, este sistema es el encargado de liberar una serie de hormonas, entre ellas el cortisol, que determinarán nuestro nivel de alerta ante diferentes situaciones del medio.

Cuando liberamos cortisol durante mucho tiempo, el estrés suele dejar paso a la depresión, razón por la cual algunos investigadores están convencidos de que muchos de los cuadros depresivos en realidad se pueden explicar a través de este mecanismo. De hecho, hace poco investigadores de la Universidad de Cambridge idearon un simple test de saliva a través del cual se pueden predecir las probabilidades de sufrir depresión. En este test se evalúa es un solo biomarcador: el cortisol.

4. Genética. Por el momento no se ha encontrado el “gen de la depresión” pero los genetistas son optimistas ya que afirman que este puede estar vinculado con el mismo gen que provoca el trastorno bipolar. Los datos que se manejan hasta el momento indican que puede existir una base genética. Por ejemplo, se conoce que en los familiares de primer grado la incidencia de la depresión es del 15%, cuando en el resto de las personas es de apenas un 5,4%. Por otra parte, en estudios realizados con gemelos se ha podido apreciar que si uno de ellos sufre depresión y el otro comparte la mayoría de sus genes, tiene un 46% de probabilidades de desarrollar la depresión.

Por el momento hay varios genes bajo el microscopio, uno de ellos está vinculado con la síntesis de dopamina y el otro con el transporte de la serotonina, lo cual no es extraño ya que las personas deprimidas tienen un déficit de ambos neurotransmisores.

Aún así, se debe aclarar que la depresión forma parte de lo que se conoce como “enfermedades genéticamente complejas”, lo cual significa que en su aparición influyen tanto los factores genéticos como los ambientales. De hecho, la predisposición genética no significa que la persona vaya a desarrollar un cuadro depresivo, solo que es más vulnerable.

5. Inflamación cerebral debido a la dieta. En los últimos años cada vez más investigadores están mirando la dieta como una causa de la depresión. Según los nutricionistas, una dieta inadecuada podría ser la principal responsable de la inflamación en el cerebro que han revelado los escáneres.

Unos de los principales factores que promueven la inflamación son el azúcar y el gluten. El problema radica en que no somos capaces de notar la inflamación cerebral como en otras partes del cuerpo por lo que esta sigue inexorablemente su curso. De hecho, se ha podido apreciar que un 52% de las personas que presentan una sensibilidad al gluten también sufren depresión.

Diferentes estudios realizados a lo largo y ancho del mundo coinciden en el hecho de que la comida chatarra potencia la depresión y, mientras más comamos este tipo de alimentos, más severos serán los síntomas. Además, hoy se conoce que existen algunos alimentos que potencian la depresión, una vez que esta se ha instaurado.


Escrito por: Jennifer Delgado

13 de noviembre de 2014

Agorafobia: El miedo a los espacios abiertos y las multitudes


La agorafobia es una fobia social, un problema que afecta aproximadamente al 3,5% de la población mundial. Este trastorno se caracteriza porque la persona experimenta un miedo muy intenso cuando se encuentra en situaciones o lugares en los cuales le puede resultar difícil o embarazoso escapar.

Esta ansiedad conduce a comportamientos evitativos. Es decir, la persona restringe su radio de acción a los lugares en los cuales se siente segura y comienza a permanecer cada vez más tiempo en casa. Lo usual es que evite mezclarse con la gente, que se resista a viajar en coche, autobús o avión, que no quiera entrar en un ascensor o atravesar un puente y que incluso desatienda algunas de las responsabilidades básicas del hogar, sobre todo cuando estas equivalen a salir de casa.

Obviamente, evitar estas situaciones, que son tan comunes para el resto de las personas, va limitando cada vez más sus relaciones interpersonales.

Cuando la persona se ve obligada a enfrentarse a las situaciones temidas, puede desarrollar una crisis de angustia, en la cual experimenta fuertes palpitaciones, sudoraciones, escalofríos, siente que le falta el aire y tiene problemas para respirar. Estos síntomas se acompañan con una sensación de irrealidad, el miedo a volverse loco e incluso a morir. En los casos más graves, ni siquiera es necesario que la persona se exponga a la situación temida, el solo hecho de recordarla o imaginar que puede llegar a enfrentarla ya desencadena estos síntomas.

De esta forma se cumplen sus peores pronósticos. En un principio la persona temía a hacer el ridículo, desmayarse o perder el control delante de los demás y finalmente sus miedos se hacen realidad debido a la ansiedad que experimenta. Así se instaura el círculo vicioso de la fobia y, a menos que cuente con un tratamiento psicológico, es muy difícil de eliminar.

¿Cuáles son las causas de la agorafobia?


Aunque no se conoce con certeza qué causa la agorafobia, existen diferentes teorías que intentan explicar esta condición. Por ejemplo, se ha descubierto que las personas con agorafobia también tienen dificultades con la orientación espacial y se les dificulta mantener el equilibrio ya que no logran combinar bien la información proveniente del sistema vestibular, visual y propioceptivo. Muchas de las personas que padecen esta fobia tienen dificultades en el sistema vestibular por lo que se apoyan más en las señales visuales y táctiles. Por eso, cuando se encuentran en espacios abiertos o con muchas personas, pueden sentirse desorientadas y confundidas. 

Otra explicación se basa en la teoría del apego. Según esta teoría, las personas con agorafobia no han podido desarrollar un apego seguro en su niñez por lo que no han logrado potenciar las habilidades sociales básicas. Así, la agorafobia no sería más que una respuesta de amenaza ante la ausencia de una “base segura”. En este sentido, un estudio reciente sugiere que el verdadero problema del agorafóbico no es la diferencia entre el espacio público y el privado sino entre la percepción de seguridad y peligro. Y es que estas personas solo se sienten seguras cuando están en un espacio privado y limitado donde tienen el control pero se sienten amenazadas ante la presencia de extraños o en lugares donde no pueden ejercer el control.

Por supuesto, también hay psicólogos que hacen referencia a un componente genético ya que la agorafobia a menudo aparece junto a otros trastornos de ansiedad, fobias específicas o el abuso de sustancias.

Sin embargo, el mecanismo mediante el cual se instaura la agorafobia casi siempre es el mismo: la persona experimenta una vivencia negativa en un lugar del cual le resulta difícil escapar y a partir de ahí crea una asociación negativa que se activa cuando entra en un lugar similar. En muchos casos la persona es consciente de que se trata de un miedo irracional, que no tiene razón de ser, pero aún así no logra controlarlo porque cuando la fobia aparece, toma el control. 

El tratamiento de la agorafobia


La buena noticia es que la agorafobia tiene solución. La mayoría de los tratamientos psicológicos se centran en dos aspectos fundamentales: que la persona aprenda a controlar los síntomas ansiógenos que provocan la crisis de angustia y en lograr que el comportamiento de evitación desaparezca. La exposición al estímulo temido en un entorno controlado, lo que se conoce como desensibilización sistemática, es una de las técnicas más utilizadas y eficaces pero no es la única, existen otros métodos y enfoques. 

Por ejemplo, algunos centros que ofrecen tratamientos para la agorafobia en Madrid también trabajan con las creencias que han dado origen o que sustentan este trastorno. Y es que muchos de los agorafóbicos piensan que “el mundo es un lugar peligroso”, que “no hay que fiarse de los desconocidos porque pueden ser peligrosos” o que “es necesario estar siempre atentos para evitar cualquier accidente”. 

Afortunadamente, de las personas que terminan el tratamiento para la agorafobia, alrededor de un 65 o 75% logran que los síntomas remitan completamente. 


Fuentes:
Holmes, J. (2008) Space and the secure base in agoraphobia: a qualitative survey. Area; 40(3): 375-382.
Peñate, W. et. Al. (2006) Agorafobia (con o sin pánico) y conductas de afrontamiento desadaptativas. Salud Mental; 29(2): 22-29.
Yardley, L. et. Al. (1995) Relationship between balance system function and agoraphobic avoidance. Behaviour Research and Therapy; 33(4): 435–439.
Escrito por: Jennifer Delgado

12 de noviembre de 2014

La muerte del caballo alado


“El niño se levantó temprano, estaba muy excitado pues era su primer día de escuela, organizó sus cuadernos nuevos y sus lápices de colores en la mochila y de la mano de su madre recorrió el camino que lo conducía al colegio. Estaba un poco nervioso pues todo lo que encontraría era desconocido pero estaba seguro de que aprendería mucho y conocería personas muy interesantes, al menos eso le habían dicho sus padres.

Una vez que ocupó su puesto en el pupitre la maestra les pidió a los alumnos que dibujaran un paisaje campestre. ¡Al niño le encantaba dibujar! Inmediatamente dio rienda suelta a su imaginación, pintó flores de todos los colores, cada pétalo de un color diferente, aves que caminaban y un caballo alado, muy cerca de un sol sonriente. Pero luego pensó que la luna se sentiría triste, así que también la dibujó. 

Cuando terminó, muy contento y satisfecho con su dibujo, se lo mostró a la maestra.

- No, el dibujo está mal. – Le recriminó la profesora y, de paso, le explicó cómo hacerlo - Un paisaje campestre debe tener montañas, y las flores no pueden tener pétalos de diferentes colores. Las aves vuelan, por eso tienen que estar en el cielo, y ningún caballo tiene alas ¡que estupidez! Además, cuando pintas el sol no puedes pintar la luna, a no ser que haya un un eclipse, pero no creo que sea el caso.

El niño volvió a su puesto, se sentía triste. La maestra no le había dado la oportunidad de explicarle que él sabía todas esas cosas pero creía que dibujar se trataba de imaginar, no de reproducir. 

Al día siguiente, y al otro, el niño recibió la misma reprimenda. En sus dibujos “nada estaba donde debería estar”. Hasta que la maestra, un poco molesta, le esbozó el dibujo que debía hacer.

Al año siguiente el niño se mudó de ciudad y tuvo que cambiar de escuela. Al llegar al nuevo colegio la maestra le pidió que hiciera un dibujo. El niño pintó un paisaje campestre. 

La maestra vio el dibujo, era muy bonito, aunque extrañamente fiel a la realidad para un niño de su edad.

Al otro día la maestra les pidió que hicieran un dibujo libre, sobre lo que desearan. El niño dibujó un paisaje campestre, el mismo dibujo del día anterior. Y así, un día tras otro, repitió los trazos que había aprendido.

El niño ya no sabía dibujar caballos alados y flores de diferentes colores. Había aprendido que la luna y el sol no andaban juntos, ni siquiera en los dibujos, solo cuando hay un eclipse.”

Esta es la historia que ejerce como hilo conductor del libro “La muerte del caballo alado. Un viaje al encuentro de tus barreras internas”, una obra que pretende convertirse en un viaje a lo más profundo de nuestra sociedad con el objetivo de redescubrirse a sí mismo a través de las creencias limitantes que hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida.

La diferencia entre la realidad social, nuestra realidad y la realidad


Solemos pensar que la realidad es lo que vemos y tocamos, que es algo tangible que existe independientemente de nosotros. Sin embargo, esta es tan solo una verdad a medias. La realidad está compuesta por tres estratos en los que nunca pensamos pero que determinan todas nuestras decisiones y que, si no sabemos manejar, nos pueden hacer muy infelices.

- Lo que los demás dicen de las cosas. Cuando crecemos, dejamos de mirar las cosas por lo que son para comenzar a verlas a través del prisma de los otros. Así, algo que cuando éramos niños nos hacía felices, deja de satisfacernos porque los demás dicen que se trata de algo sin valor o que no es bonito. En ese momento, nuestra percepción cambia, comenzamos a ver las cosas con los ojos de los otros. En ese momento, nuestro “yo” comienza a diluirse para convertirse en un “nosotros”, dejamos de conectar con nuestros verdaderos gustos e intereses y ponemos en su lugar lo que dicta la sociedad. Este es el primer paso para tener una vida vacía, carente de significado y pasión.

- Lo que esperamos de las cosas. Las cosas que nos rodean y las situaciones en las que nos vemos inmersos cambian en consonancia con nuestras expectativas. Un trabajo puede ser una fuente de satisfacción o de insatisfacción, en dependencia de lo que esperemos lograr a través de ese puesto. Cuando nuestras expectativas se cumplen nos sentimos medianamente felices, cuando no se cumplen nos deprimimos. Sin embargo, la alegría o la tristeza no son inherentes a las situaciones sino que provienen de nuestra interpretación y expectativas. No nos relacionamos con el mundo tal y como es sino como quisiéramos que fuese, y esta percepción distorsionada de la realidad es la fuente de nuestras mayores desilusiones.

- La cosa en sí. La persona adulta no ve las cosas, se pierde el mundo porque su percepción está determinada por las proyecciones sociales y las expectativas personales. Al perdernos la esencia, también perdemos la capacidad de asombrarnos ante los pequeños detalles, que es una de las claves de la felicidad.

La adaptación: Un mecanismo de supervivencia que termina matándonos 


Volvamos de nuevo a la forma de pensar y ver el mundo que tiene un niño pequeño. Los niños se asombran ante cualquier cosa, precisamente porque cualquier cosa tiene un valor increíble para ellos y, en su unicidad, encierra una gran belleza. Cuando van por la calle y señalan un perro, quieren compartir su gran descubrimiento.

Sin embargo, en ese momento el adulto que está a su lado prácticamente no se da por aludido, le confirma que es un perro, le menciona la raza y, probablemente, también le indicará que se aleje porque muerde.

Cuando esta situación se repite, llega un punto en el cual el niño se da cuenta de que sus descubrimientos no son interesantes para el adulto, no son valiosos, no le granjean su atención. Entonces, como el párvulo no puede escapar de casa con sus pañales bajo el brazo, termina adaptándose. Lo cual significa que comienza a adquirir los significados sociales, comienza a dejar de ver las cosas por sí mismo y asume el prisma de los demás.

La adaptación que, desde cierta perspectiva es un mecanismo de sobrevivencia, también se convierte en un mecanismo que nos conduce a una muerte lenta, a la pérdida de la creatividad, de la iniciativa e incluso del propio “yo”, que comienza a diluirse en los diferentes grupos a los que nos vamos integrando a medida que asumimos diferentes roles.

En este punto nuestro “yo” empequeñece y asumimos una serie de roles (en el área profesional, familiar, religiosa, política…) que determinan cómo debemos comportarnos en ciertas situaciones. Comenzamos a comportarnos según lo que los demás esperan de nosotros, sin preguntarnos qué queremos realmente. Entonces nuestras ilusiones comienzan a morir y nuestra energía, esa que teníamos de niño o adolescente, se esfuma.

Sin embargo, no estamos obligados a vivir de esta manera…

Un libro para repensarse


En “La muerte del caballo alado. Un viaje al encuentro de tus barreras internas” he abordado estos temas. Intento desvelarte cuáles son las principales creencias que te limitan y de las cuales normalmente no eres consciente porque su semilla se ha plantado hace muchos años. No se trata de un libro que pretende tener todas las respuestas sino de una obra que aspira a crear momentos de introspección conduciendo el pensamiento por derroteros diferentes. Después de todo, se trata de desaprender a pensar.

Ahora el libro también está disponible en papel, para todos los lectores que aún amen el olor a libro nuevo y la textura de las páginas. ¡Espero que lo disfrutes!

Libro en papel                 Libro en formato digital
             
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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