7/07/2015

Las zancadillas mentales que te pones para no avanzar


A veces la única barrera que nos impide avanzar y alcanzar nuestras metas, somos nosotros mismos, o más bien, nuestra mente. Es muy sencillo: si no controlas tu mente, esta terminará controlándote. No es necesario darle demasiadas vueltas.

En cierto punto de la vida, al que todos llegamos más tarde o más temprano, la mente y las creencias tóxicas que alberga, se convierte en una cárcel que limita nuestras potencialidades y cercena nuestra perspectiva.

Cada vez que creemos que solo existe una manera de hacer las cosas, nos estamos limitando. Cada vez que abrazamos ciegamente la tradición, nos cerramos a la novedad. Cada vez que pensamos en términos de pérdidas y fracaso, nos ponemos una zancadilla mental. Y lo peor de todo, es que hacemos estas cosas día tras día, sin ser conscientes de ello.

La buena noticia es que el simple hecho de detectar esas zancadillas que nos ponemos a nosotros mismos, ya les resta poder y abre nuestra mente, permitiéndonos adoptar una perspectiva más amplia y enriquecedora.

La voz que escuchas en tu mente: ¿De quién es?


A primera vista, puede parecer casi una locura. Sin embargo, a menudo es voz que suena en nuestra mente, sobre todo cuando es denigrante o acusadora, no proviene de nuestro “yo”. En realidad, son las voces de diferentes personas significativas con las cuales nos hemos relacionado a lo largo de nuestra vida, sobre todo en la infancia y adolescencia.

De hecho, si prestas atención a algunas de las frases que te dices a ti mismo cuando se desencadena ese diálogo interior, te darás cuenta de que esas frases no te pertenecen y, si escudriñas en tu pasado, encontrarás a su verdadero dueño. Pueden ser tus padres, un profesor o incluso ese niño del colegio que te hacía la vida imposible.

Esas frases, que probablemente laceraron tu autoestima, se quedaron en tu memoria y, con el paso del tiempo, las has asumido como propias, pero en realidad no te pertenecen, son la visión que los demás tenían sobre un “yo” que ya no existe y que probablemente ni siquiera existió.

Cuando comiences a prestarle atención a ese diálogo interior, te darás cuenta de que muchas de tus creencias tóxicas provienen de pensamientos que te inculcaron otras personas. Pero no tienes que seguir poniéndote la zancadilla, al contrario, debes aprender a eliminar esas creencias y caminar con seguridad por tus propios pies.

Las 3 creencias tóxicas más comunes que te impiden avanzar

Aunque pueda parecer un contrasentido, lo cierto es que no siempre queremos avanzar. A veces estamos cómodos en el sitio donde estamos, o tenemos miedo a lo desconocido, de forma que preferimos no movernos. Sin embargo, no lo reconocemos. Y para impedirnos avanzar, nos convertimos en nuestro peor enemigo, nos ponemos la zancadilla a propósito.

Algunas de las creencias más dañinas que cultivas en tu mente, quizás sin darte cuenta, son:

1. “No es el momento adecuado”

La procrastinación es un problema serio que puede hacerte perder oportunidades únicas. Postergar continuamente tus sueños, hará que llegues a la recta final sin haberlos cumplido. Y lo que es aún peor: te recriminarás por haber dejado pasar la ocasión

En realidad, detrás de la creencia de que no es el momento adecuado solo se esconde falta de motivación o miedo. Lo que sucede es que nos da miedo salir de nuestra zona de confort porque no sabemos lo que encontraremos fuera. Como resultado, preferimos engañarnos diciéndonos que no es el momento más adecuado. 

Sin embargo, la vida siempre implica cierto grado de incertidumbre, nunca podemos estar seguros al 100%, debemos estar dispuestos a asumir al menos un riesgo mínimo. Recuerda que cuando tienes una razón por la cual luchar, irás encontrando los medios a lo largo del camino. Solo es necesario atreverse y dar el primer paso.

2. “No soy un experto”

La sociedad nos ha hecho creer que si no somos lo suficientemente buenos en algo, es mejor que no lo intentemos. Sin embargo, este camino solo sirve para cerrar muchas puertas, no deja espacio para el aprendizaje y el crecimiento. Si no nos involucramos en nuevos proyectos, nunca podremos mejorar.

Lo cierto es que nadie nació sabiendo, los que hoy son expertos en algún sector, ayer no lo eran. Lo que les hace diferentes es el tiempo y el esfuerzo que han dedicado a esa pasión. Después de todo, debemos recordar que el genio está compuesto por un 1% de talento y un 99% de perseverancia.

En todo caso, para disfrutar de la mayoría de las cosas de la vida, no tienes que hacerlas de forma perfecta. El perfeccionismo no es más que una barrera que te mantiene dando vueltas en círculo, sin poder avanzar. Preocúpate por disfrutar lo que haces, y no te escudes detrás del perfeccionismo porque con la práctica, los resultados también mejorarán.

3. “Seguramente fracasaré”

Henry Ford, uno de los emprendedores más exitosos de todos los tiempos, afirmaba: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, en ambos casos tienes razón”. Y es que tu mente es tu mejor aliada, o tu peor enemiga. 

Por supuesto, una dosis de negativismo estratégico puede ser conveniente ya que te ayuda a prepararte para el peor escenario. Sin embargo, pensar que vas a fracasar de antemano implica adoptar una actitud derrotista que no te conducirá por buen camino sino que irá desgastando poco a poco tu motivación.

No se trata de asumir una actitud positivista a ultranza, que de poco serviría. Pero si comienzas un proyecto pensando que fracasarás, no llegarás muy lejos. Recuerda que la esperanza es nuestro motor impulsor más potente. Por tanto, no dejes que nadie te la arrebate, ni siquiera tú mismo.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/06/2015

Rechazos que duelen: 5 perspectivas inusuales para curar la herida


Rechazamos cosas todos los días. Rechazamos productos que no nos satisfacen, ideas que no encajan con las nuestras, oportunidades que no nos gustan y hasta personas que no comparten nuestros valores. Cada día, cuando salimos a la calle, activamos una especie de sistema de control de la calidad, que nos hace funcionar en “modo rechazo”. Y es que cada elección trae implícito un rechazo.

Sin embargo, cuando somos nosotros las víctimas del rechazo todo cambia. Podemos sentir un dolor punzante, porque lo percibimos como un ataque a nuestro “yo”. El rechazo afecta directamente nuestra autoestima, daña nuestra autoeficacia y, sin duda, nos hace sentir mal.

De hecho, estas sensaciones no son extrañas ya que un estudio realizado en la Universidad de Michigan ha descubierto que el rechazo y el dolor comparten las mismas redes neuronales. Es por ello que podemos vivir algunas situaciones de rechazo de forma particularmente intensa, sobre todo cuando se trata de un rechazo social. En ese caso, incluso podemos experimentar un dolor físico.

¿Cómo reaccionamos ante el rechazo? 


Las personas no reaccionan ante el rechazo de la misma forma. De hecho, incluso nosotros mismos podemos reaccionar de manera diferente, en dependencia de la situación y de lo significativa que resulte ante nuestros ojos. 

Las reacciones más comunes son:

- Oleadas de rabia. La ira es una de las reacciones más habituales ante el rechazo. De hecho, suele ser la primera respuesta, una reacción automática. Un rechazo puede echar por tierra nuestros planes, y eso no nos gusta, como consecuencia, nos enfadamos. Sin embargo, ese enfado no es momentáneo, como solemos pensar. Diferentes estudios han demostrado que después de un rechazo, la ira se mantiene, solo que la reorientamos hacia las personas que nos rodean. Por eso, sin darnos cuenta, podemos reaccionar de manera exagerada ante un comentario banal de otra persona, horas después del rechazo. 

- Sensación de culpa. La culpa suele aparecer en un segundo momento, cuando reflexionamos sobre lo ocurrido y, en vez de asumir tan solo la cuota de responsabilidad que nos corresponde, nos sentimos culpables por todo lo sucedido. Lo más habitual es que reaccionemos con enfado, perdamos el control y, más tarde, nos sintamos culpables por ello. Entonces hacemos una lista mental de todos nuestros errores y nos flagelamos por ellos.

- Obsesión enfermiza. En algunos casos, el rechazo hace que nos obsesionemos aún más. En práctica, lo que nos ha sido negado se convierte en una “fruta prohibida” que queremos alcanzar a toda costa, incluso pasando por encima de nuestra estabilidad psicológica. Es algo que sucede a menudo cuando una persona es rechazada por alguien a quien ama.

Obviamente, ninguna de estas reacciones es positiva. Todas nos sumen en un círculo vicioso de emociones y comportamientos negativos. De hecho, el rechazo afecta nuestra capacidad para concentrarnos, como si de un dolor de muelas se tratara. Tanto es así que psicólogos de la Case Western Reserve University descubrieron que el simple hecho de pensar en una situación en la que fuimos rechazados despierta tantas emociones negativas y resulta tan desestabilizador que nuestro Cociente de Inteligencia disminuye nada menos y nada más que un 30%. 

Cinco creencias para lidiar de forma más sana con el rechazo


La mayoría de las personas piensa que reacciona ante las cosas que le suceden, que si rechazan su currículum para un puesto de trabajo o si su pareja decide poner fin a la relación, esa es la causa de su sufrimiento. En realidad esta no es más que una parte de la historia. No reaccionamos ante los eventos sino ante la percepción que tenemos de estos, reaccionamos según nuestras expectativas y, sobre todo, en dependencia de la importancia que le conferímos a esa situación. 

Por eso, para lidiar mejor con el rechazo y minimizar sus consecuencias negativas, urge cambiar algunas creencias. 

1. No es algo personal

La única razón por la cual sufrimos a raíz de un rechazo, es porque nos importa mucho. Porque en verdad, solo puede dañarnos aquello a lo que le conferimos valor. Por eso, si aprendes a practicar el desapego, lograrás que el rechazo te duela menos, hasta que llegue un momento en el que prácticamente no te importe, porque no estarás atado a las personas y las cosas de forma enfermiza, no las verás como una extensión de tu “yo”. 

De hecho, otro de los errores de apreciación que cometemos es asumir el rechazo como una afrenta personal, pero la mayoría de las veces no es así. Lo que sucede es que cuando somos rechazados tenemos la tendencia a sobregeneralizar, y nos convencemos de que no somos lo suficientemente buenos, capaces o listos como para merecer la atención. Sin embargo, recuerda que la persona que te rechaza, solo conoce una parte de ti, pero eres mucho más que eso.

2. No eres tú, son tus miedos

Ante un rechazo, no solemos reaccionar de forma madura, nuestros miedos e inseguridades son quienes toman el control y responden generando esa sensación de incomodidad y sufrimiento. Sin embargo, la persona herida en la que nos convertimos cuando somos rechazados, no somos nosotros, es tan solo un reflejo de nuestras insatisfacciones, temores e incapacidad para lidiar con el mundo tal cual es. 

Recuerda que esa voz que te habla, no eres tú mismo sino tan solo un reflejo de una parte del “yo” que se centra exclusivamente en los fracasos y los rechazos. Pero tú eres mucho más que eso. Por tanto, es importante que aprendas a recomponer los trozos lo más rápido posible. Ante un rechazo, nunca reacciones inmediatamente, tómate un tiempo para reflexionar sobre tu próximo paso. Cuando te obligas a reflexionar, el cerebro racional toma el mando y acalla esas emociones que no te permiten analizar la situación con objetividad.

3. No es la primera vez que experimentas el rechazo

El rechazo es algo que prácticamente todos experimentamos en algún momento a lo largo de la infancia. En esa etapa de la vida, en la que somos muy dependientes de los adultos, el rechazo deja huellas muy profundas ya que nos indica que debemos cambiar algo, en aras de lograr la aceptación y garantizar nuestra sobrevivencia social. Por eso, es probable que esa experiencia se haya quedado grabada con fuego en algún lugar recóndito de tu memoria y se reactive cada vez que vuelves a experimentar el rechazo. 

En ese caso, es probable que reacciones de manera exagerada ante el rechazo, mostrándote extremadamente sensible, enfadado o rencoroso. Por consiguiente, será necesario que mires atrás hasta encontrar la fuente primaria que genera esa reacción desproporcionada, más propia de un niño que de un adulto maduro. De la misma forma, considera que el rechazo forma parte de las relaciones sociales. No serás la primera persona en ser rechazada y mucho menos la última. Conocer un poco de historia puede ser útil, te permitirá saber que los grandes éxitos no se construyen a golpe de suerte sino de perseverancia, con la fuerza suficiente como para ir de rechazo en rechazo sin perder la esperanza. Muchas personas exitosas han tenido que probar el sabor del rechazo.

4. No es una puerta que se cierra, sino mil más que se abren

Solemos pensar en el rechazo como en una puerta que se cierra, una oportunidad que perdemos. Y es así. Sin embargo, en el universo de las posibilidades, una puerta cerrada no es necesariamente algo negativo sino que implica la oportunidad para escudriñar algunas de las mil puertas restantes. Nuestra vida no es más que la concatenación de una serie de decisiones, algunas de las cuales hemos tomado a causa de un rechazo. Sin embargo, un rechazo puede convertirse en la oportunidad para emprender algo nuevo, tomar otro camino y volar en una dirección diferente, que no es peor ni mejor, simplemente diversa. 

Piensa en el rechazo como en un tapiz tejido, visto desde abajo. Si lo miras desde esa perspectiva, solo verás un enredo de nudos sin ningún sentido. Sin embargo, si le das la vuelta y lo miras de frente, verás el tapiz en todo su esplendor y encontrarás el sentido que antes se te escapaba. Darle la vuelta puede tomar tiempo, porque no siempre contamos con las herramientas psicológicas para hacerlo, o quizás porque estamos demasiado saturados por las emociones, pero serenarse y cambiar la perspectiva es algo que, sin duda, vale la pena. En todo caso, un rechazo implica una oportunidad para crecer, ser más resiliente y madurar.

5. Tienes tanto derecho a rechazar, como los demás a rechazarte

Si algo no te agrada, no tienes por qué comprarlo. De la misma manera, si una persona no te gusta, no tienes por qué cultivar su amistad. Las personas que encuentras cada día, tienen ese mismo derecho, lo cual significa que el rechazo es una de las cartas que tienen bajo la manga y que pueden jugar en cualquier momento. No podemos molestarnos por ello.

Si una persona no quiere hacerte un espacio en su vida, es mejor no insistir, es probable que nuestros sueños, ideas y valores no coincidan con los suyos. En todo caso, insistir será tan solo una pérdida de energía y tiempo. Lo más inteligente es encontrar a personas que puedan valorarnos, nos acepten tal cual somos y nos hagan sentir especiales. El hecho de que alguien te rechace no significa que valgas menos, sino tan solo que sois diferentes. Si alguien no sabe valorar tus cualidades o no quiere tomarse el tiempo para conocerte, no es tu problema, es el suyo.

En todo caso, recuerda siempre que un rechazo no es una negativa rotunda a nuestros sueños y metas, simplemente es una señal de que no vamos por el camino adecuado.


Fuentes:
Hsu, D. T. et. Al. (2013) Response of the μ-opioid system to social rejection and acceptance. Molecular Psychiatry; 18: 1211-1217.
Baumeister, R. F. et. Al. (2002) Effects of social exclusion on cognitive processes: Anticipated aloneness reduces intelligent thought. Journal of Personality and Social Psychology; 83(4): 817-827.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/03/2015

Elogios que destruyen completamente la autoestima infantil


Prácticamente todos los manuales de “buena crianza” ensalzan el poder del elogio. De hecho, no faltan los gurús de autoayuda que sugieren que lo mejor que un padre puede hacer por sus hijos es sentar las bases de su autoestima mediante un flujo de elogios constante. 

Dile a tu hijo cuán inteligente es cuando pasa un examen. Resalta su vena artística cuando dibuja algo bonito. Celebra sus habilidades deportivas cuando marca un gol o gana una carrera... De acuerdo con este enfoque, la negatividad debe ser desterrada del ámbito familiar, para focalizarmos exclusivamente en los éxitos del niño.

En realidad, se trata de una idea bastante básica: decirle a los niños que son una maravilla hará de ellos personas confiadas y felices, con una buena autoestima.

Sin embargo, en todo esto hay un pequeño problema: se trata de un punto de vista demasiado simplista y hasta utópico de la psiquis humana, que sigue derroteros mucho más complejos. Las investigaciones sugieren que decirles a los niños que son brillantes y que rebosan talento puede ser terrible.

El experimento que echó por tierra los beneficios del elogio


A finales de 1990, dos psicólogos de la Universidad de Columbia llevaron a cabo un programa a gran escala sobre la psicología del elogio. En sus experimentos participaron más de 400 niños, con edades comprendidas entre 10 y 12 años. Uno de los estudios más interesantes estuvo compuesto por cuatro fases, en la primera etapa, los niños se sometieron a un test de inteligencia. Cuando terminaron, los experimentadores se llevaron las pruebas y calcularon las puntuaciones, pero les dieron a los pequeños una retroalimentación falsa.

A algunos niños les dijeron que lo habían hecho bien, que habían resuelto correctamente el 80% de los problemas. A otro grupo les dijeron que debían ser pequeños genios para haber podido resolver tantos rompecabezas. Y a un tercer grupo simplemente no les dijeron nada. 

Según aquellos que promueven el poder del elogio, el simple hecho de pasar unos segundos alabando la capacidad del niño, puede tener un efecto muy positivo sobre su desempeño. Sin embargo, los resultados no solo revelaron que esta hipótesis no era cierta sino que además mostraron que los elogios tenían un efecto negativo.

En la segunda etapa del experimento, los investigadores les dijeron a los niños que podían elegir entre dos tareas: una era muy difícil (un desafío en el que podían fracasar) y otra era fácil (probablemente la harían bien pero aprenderían muy poco).

Curiosamente, aproximadamente el 65% de los niños que habían sido elogiados y catalogados como “genios” optaron por la tarea fácil. Solo el 45% de los niños a los que no se les dijo nada escogió la tarea más sencilla.

Así, se apreció que los pequeños que habían recibido muchos elogios eran más propensos a evitar los desafíos y las situaciones difíciles, apostando por las tareas más fáciles. Obviamente, no se trata de una buena noticia. Pero lo peor aún estaba por llegar.

En la tercera etapa del experimento, los investigadores les facilitaron a los niños más problemas. Esta vez eran aún más difíciles que los primeros a los que se habían enfrentado. Al terminar, les preguntaron si habían disfrutado de la tarea y si les gustaría llevarse problemas similares a casa. 

Entonces surgieron diferencias aún más dramáticas entre los grupos. Los niños que habían recibido más elogios reconocieron que habían disfrutado menos de la actividad y eran menos propensos a seguir resolviendo problemas en casa.

En la cuarta y última etapa del experimento, los investigadores les pidieron a los niños que hicieran una prueba final. Se trataba de resolver una serie de rompecabezas bastante sencillos, del mismo nivel de complejidad de los que les presentaron por primera vez. En este punto, se apreció que quienes habían sido elogiados, obtuvieron puntuaciones más bajas que los demás, e incluso eran peores que las suyas, al inicio del experimento.

En resumen, los niños cuya inteligencia fue más elogiada:

1. Preferían evitar los retos, apostando por tareas más sencillas, aunque no le aportasen nada nuevo.

2. Disfrutaban menos de la actividad.

3. Mostraron una disminución del rendimiento, cometiendo más errores. 

¿Por qué el elogio puede tener efectos tan devastadores?


Existen diferentes factores en juego.

Es cierto que decirle a un niño que es muy inteligente hace que se sienta bien, pero también puede generar miedo al fracaso, de forma que el pequeño quiera evitar las situaciones difíciles, los retos en los cuales podría quedar mal, si no tiene el éxito que los demás esperan de él. Las expectativas de éxito se convierten, por ende, en una limitación.

Por otra parte, el niño podría interpretar ese elogio como la indicación de que no tiene que esforzarse para alcanzar un buen desempeño, después de todo, él ya es un “genio”. Por consiguiente, es probable que se sienta menos motivado, que preste menos atención y que se equivoque, obteniendo así malos resultados.

Cuando se percate de que en realidad no es un "genio", su autoestima se hará trizas. De hecho, el impacto psicológico de un mal resultado no es algo que se deba tomar a la ligera. Para los niños, la valoración y aceptación social son muy importantes. Tanto es así que en ese mismo experimento, el 40% de los niños que habían sido muy elogiados mintieron sobre su desempeño al resto de sus coetáneos, mientras que solo el 10% de los otros niños mintió para quedar bien ante los ojos de los demás.

¿Todos los elogios son malos?


En realidad, no es así. De hecho, solo nos hemos referido a dos de los tres grupos de niños que participaron en el experimento. Hubo un grupo al que solo se le dijo: “Lo has hecho bien, te has esforzado y has resuelto correctamente el 80% de los problemas”.

Estos niños se comportaron de manera muy diferente al resto. Cuando se trataba de elegir entre una tarea difícil y una fácil, solo el 10% de ellos seleccionó la opción fácil. También indicaron que disfrutaron del desafío y obtuvieron los mejores resultados en la última tanda de problemas, mejorando incluso sus propias puntuaciones.

¿Qué significa esto?

Ante todo, se debe notar que los investigadores no elogiaron la capacidad en sí (inteligencia), sino los resultados alcanzados y el esfuerzo. De esta forma, se logró motivar a los niños pero, a la vez, se evitó que se instaurara el miedo al fracaso. También se logró que no se confiaran, ya que no atribuían sus resultados a una característica innata sino al trabajo realizado.

Entonces… ¿cómo deben ser los elogios para promover una autoestima sana?


Es muy fácil caer en la trampa del elogio fácil, para lograr que el niño se sienta bien. Sin embargo, las investigaciones demuestran que esos elogios pueden tener un efecto muy perjudicial. Por eso, cuando vayas a elogiar a tu hijo, ten en cuenta estas tres reglas de oro:

1. Elogia el esfuerzo, no la capacidad

Se dice que el genio se hace con 1% de talento y 99% de trabajo duro. Estas proporciones pueden variar pero de lo que no hay dudas es de que el talento no sirve de nada, si la persona no se esfuerza por desarrollarlo. Por eso, es importante que siembres en tu hijo la idea de que para conseguir algo, es necesario dedicarle tiempo, energía y tesón. Resalta su empeño, no la capacidad que se encuentra en la base. Por ejemplo, si marca un gol en el partido, no le felicites solo por el punto, asegúrate de reforzar la perseverancia a lo largo de todos los días de entrenamiento.

2. No exageres, especifica

Los elogios excesivos, como por ejemplo: “eres un gran pintor” o “eres un genio” normalmente son excesivos y pueden tener un efecto contraproducente, sobre todo en los niños que tienen una baja autoestima. Es mejor que te centres en el resultado. Expresa lo que te ha gustado, por ejemplo puedes decirle: “me ha gustado mucho tu dibujo” o “has resuelto muy bien ese problema”. Este tipo de elogios es más realista y objetivo, por lo que no corres el riesgo de aumentar de manera artificial la autoestima del niño. Recuerda que una autoestima artificial es tan dañina como una autoestima baja.

3. No añadas presión, motiva

Algunas veces, los padres se miran en sus hijos, por lo que exageran los elogios ya que, de cierta forma, es como si se los hicieran a sí mismos. No se dan cuenta que de esta forma solo añaden una presión innecesaria, que puede generar un profundo miedo al fracaso. Por eso, asegúrate que tus elogios no son una ulterior fuente de ansiedad para el pequeño, sino que sirven para mantenerle motivado. Hazle saber que le amas de manera incondicional, más allá de sus logros y errores. De esta forma también evitas que el niño se haga dependiente de la valoración de los demás, por lo que desarrollas su autoconfianza y seguridad.

Fuentes:
Mueller, C. M. & Dweck, C. S. (1998) Praise for intelligence can undermine children's motivation and performance. Journal of Personality and Social Psychology; 75(1): 33-52.
Dweck, C. S. (1999) Caution - Praise can be dangerous. American Educator; 23: 4–9.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/02/2015

¿Quieres mejorar tu estado de ánimo? Mira vídeos de gatitos


Los vídeos de gatitos tienen un enorme éxito en las redes sociales, se hacen virales en muy poco tiempo, lo cual indica que muchas personas disfrutan con este tipo de imágenes. 

De hecho, se estima que en Internet existen más de 2 millones de vídeos de gatitos. Solo en la plataforma de YouTube este tipo de contenidos suman, nada menos y nada más, que 26 billones de visualizaciones.

Ahora una encuesta le da una nueva vuelta de tuerca a este fenómeno, al desvelar que estos vídeos son beneficiosos para nuestra salud mental.

Mejoran el estado de ánimo y potencian la energía positiva


Psicólogos de la Universidad de Indiana se interesaron por esta curiosa tendencia y quisieron profundizar en los efectos de estos vídeos en nuestra salud mental. Ni cortos ni perezosos, encuestaron a casi 7.000 personas, que habían visto vídeos de gatitos, e indagaron sobre sus estados de ánimo.

Así descubrieron que este tipo de contenido potencia las emociones positivas, mientras reduce estados negativos como la tristeza, la ansiedad y el aburrimiento.

Estos investigadores afirman que aunque estemos viendo vídeos, mientras procrastinamos para intentar evadir una tarea que no nos agrada, en realidad no debemos sentirnos culpables porque ese momento de desconexión nos ayuda a mejorar nuestro estado emocional y, además, nos permite regresar a la actividad que habíamos relegado con energías renovadas.

La Teoría del Manejo del Humor


Aunque a primera vista puede parecer un tema de investigación muy trivial, lo cierto es que estos resultados encajan a la perfección con la “Teoría del Manejo del Humor”, que fue propuesta por Dolf Zillmann hace ya más de dos décadas.

Según esta teoría, el consumo de mensajes, en especial de contenidos entretenidos, mejora nuestro estado de ánimo. Y es que las personas tendemos a elegir contenidos que: 1. Mejoren nuestro estado de ánimo o, 2. Mantengan nuestro humor en el mismo nivel.

Como regla general, motsramos una tendencia a buscar las cosas que nos provocan placer y a evitar aquellas que nos producen dolor y sufrimiento. Por eso, nos encargamos de organizar nuestro medio, en aras de maximizar el placer y minimizar el dolor.

Esa “organización del medio” se traduce en apartarse lo más rápido posible de las situaciones negativas y seleccionar las situaciones gratificantes. Sin embargo, lo más curioso es que la mayoría de las veces no somos conscientes de ello. Queremos prolongar los estados positivos y buscamos estímulos que nos permitan hacerlo, aunque no siempre se trata de un mecanismo consciente.

Por eso, vemos vídeos de gatitos. 

De hecho, otras investigaciones corroboran la Teoría del Manejo del Humor. En este sentido, se ha podido apreciar que que las mujeres con Síndrome Premenstrual suelen elegir más comedias románticas, mientras que las personas tristes suelen preferir una música más optimista, que les levante el ánimo.

Por tanto, ahora ya sabes por qué ves vídeos de gatitos, o cualquier otro contenido similar. Además, ahora también sabes que ver ese pequeño vídeo no implica perder el tiempo, al contrario, te permite mejorar tu estado de ánimo y llenarte de energía positiva.

Fuentes:
Gall, J. (2015) Emotion regulation, procrastination, and watching cat videos online: Who watches Internet cats, why, and to what effect? Computers in Human Behavior; 52: 168-176.
Zillmann, D. (1988) Mood management through communication choices. American Behavioral Scientist; 31 (3): 327-341.
Escrito por: Jennifer Delgado

7/01/2015

Adaptación Hedonista: ¿Por qué queremos siempre más?


Alcanzar la felicidad y, sobre todo, atesorarla, no es tan fácil. Además de los numerosos obstáculos que nos interpone la vida, nosotros también nos encargamos de ir desdibujando la felicidad a través de un mecanismo muy curioso: la adaptación hedonista.

La cara más oscura de la adaptación


La adaptación es un mecanismo que nos permite sobrevivir incluso en las circunstancias más adversas. Cuando el medio cambia, desplegamos una serie de recursos que nos permiten adaptarnos a las nuevas circunstancias. 

Gracias a nuestra increíble capacidad para adaptarnos, podemos superar la muerte de una persona querida, superar el impacto de una agresión o sobreponernos a un desastre natural.

Por supuesto, la adaptación demanda que cambiemos, que potenciemos nuevas características que nos permitan lidiar con el problema de la mejor manera posible. La adaptación nos cambia, nos hace más resilientes.

Desde esta perspectiva, es un mecanismo positivo ya que nos permite seguir adelante a pesar de la adversidad, desarrollando un “yo” más fuerte.

Sin embargo, la adaptación también tiene un lado más “oscuro” que nos arrebata la felicidad. Se trata de la adaptación hedonista, un concepto que hace referencia a que incluso las situaciones que producen más placer y felicidad, cuando se repiten día tras día, dejan de ser gratificantes.

Con el paso del tiempo, la alegría y la excitación que experimentábamos, así como el orgullo por lo que habíamos conseguido, van disminuyendo. Comenzamos a ver la situación como algo “normal”, nos acostumbramos a ella y pierde el encanto de la novedad.

El mayor problema es que si no nos damos cuenta de que nuestra decisión ha cambiado, corremos el riesgo de sentirnos permanentemente infelices, de ir siempre a por más, sin sentirnos nunca satisfechos. De esta forma, necesitaremos experiencias cada vez más intensas para obtener el mismo grado de satisfacción, justo como ocurre con las personas que sufren una adicción.

¿Es posible escapar de la adaptación hedonista?


Investigadores de la Universidad de California reclutaron a personas que habían experimentado recientemente dos tipos de cambios en sus vidas. El primer cambio se podría etiquetar como “circunstancial” y se trataba de alteraciones en las circunstancias del entorno, como por ejemplo, mudarse, obtener un aumento o comprar un coche nuevo. El segundo cambio, etiquetado como “intencional” demandaba un esfuerzo por parte de la persona para alcanzar una meta, como por ejemplo, comenzar una carrera universitaria o escribir un libro.

A todas estas personas se les pidió que evaluaran su nivel de felicidad durante varias semanas. Los resultados mostraron que todos experimentaron un aumento del nivel de felicidad inmediatamente después del cambio.

Sin embargo, la felicidad se revirtió rápidamente a sus niveles iniciales en quienes habían experimentado un cambio circunstancial. No obstante, quienes experimentaron un cambio intencional se mantuvieron más tiempo reportando altos niveles de felicidad. ¿Por qué?

Nos sentimos felices cuando vivimos experiencias positivas. Sin embargo, si vivimos la misma experiencia una y otra vez, por muy maravillosa que sea, muy pronto se convertirá en algo familiar y esa nueva fuente de felicidad se irá secando gradualmente, generando menos placer y satisfacción.

Los cambios circunstanciales son los que suelen producir más rápido este efecto. Mudarse a una casa nueva o comprar un nuevo móvil genera inmediatamente una gran felicidad pero esta también disminuye rápidamente.

Al contrario, los cambios intencionales nos permiten evitar la adaptación hedonista porque crean continuamente nuevos escenarios, nos plantean nuevos retos desde el punto de vista psicológico. En estos casos, nuestro cerebro se alimenta continuamente de nuevas experiencias positivas.

3 antídotos contra la adaptación hedonista


La adaptación hedonista es un mecanismo que se activa de forma automática en todos nosotros. Sin embargo, eso no significa que no se pueda detener, en realidad es suficiente con cambiar nuestra forma de pensar y elegir con cuidado las cosas en las que nos focalizaremos.

1. Apostar por los cambios intencionales. Una de las claves para escapar de la adaptación hedonista consiste en elegir los cambios intencionales. Esfuérzate por empezar un nuevo proyecto en tu vida que realmente te motive y encaje con tu personalidad. Identifica los elementos esenciales que te hacen disfrutar de esa actividad y busca actividades similares pero a la vez diferentes, que también generen esa satisfacción. Por ejemplo, si disfrutas jugando al tenis, también puedes considerar el badmintón y el squash. Se trata de incluir siempre diferentes cambios que impliquen algo nuevo, de plantearte nuevos objetivos que te mantengan motivado.

2. Mirar al pasado con gratitud. A veces, mirar al pasado es conveniente, sobre todo para darnos cuenta del punto del camino en el que estamos y comprender cuánto hemos logrado. De hecho, mantener la vista siempre hacia el frente, puede llegar a ser frustrante. Por eso, se recomienda mirar al pasado para recordar el camino que hemos recorrido hasta llegar adonde estamos. Regocíjate por los logros y por el esfuerzo. Recordar que lo que tenemos ha sido fruto de sacrificios suele ser suficiente para volver a sentirnos agradecidos y recuperar la satisfacción y la felicidad. 

3. No dar nada por descontado. Uno de los mecanismos de acción de la adaptación hedonista se basa en el hecho de que una vez que hemos conseguido algo, lo damos por descontado. Sin embargo, en realidad todo lo que tenemos, desde las posesiones hasta las personas que amamos, mañana el destino podría arrebatárnoslas. Por eso, un excelente antídoto contra la adaptación hedonista consiste en experimentar gratitud cada día por esas cosas que nos hacen felices. Nunca des nada por descontado, al contrario, oblígate cada día a apreciar esas cosas en su justo valor.

Fuentes:
Sheldon, K. M., & Lyubomirsky, S. (2007) Is it possible to become happier? (And if so, how?) Social and Personality Psychology Compass; 1: 129–145. 
Sheldon, K. M., & Lyubomirsky, S. (2006) Achieving sustainable happiness: Change your actions, not your circumstances. Journal of Happiness Studies; 7: 55–86.
Escrito por: Jennifer Delgado

6/30/2015

10 estrategias para ayudar a un niño a quererse más


Los padres no pueden proteger a sus hijos de todos los problemas que enfrentarán a lo largo de la vida, pero pueden contribuir a que desarrollen una poderosa herramienta: la autoestima.

De hecho, la autoestima de un niño se construye en base a las relaciones que establece con sus padres, maestros y coetáneos. La autoestima no es más que los sentimientos que el pequeño se profesa y depende, en gran medida, de la imagen que tiene de sí y de la autoeficacia. Si un niño confía en sus capacidades, es probable que desarrolle una buena autoestima. Sin embargo, si duda de sus potencialidades y cree que todo lo hace mal, no alimentará sentimientos positivos hacia sí mismo.

Es tarea de los padres alimentar una autoestima sana, pero a menudo, debido a los malos hábitos o a los patrones relacionales que hemos aprendido de nuestros padres, no prestamos demasiada atención a este aspecto y, en vez de lograr que el niño se acepte, se generan sentimientos negativos que le llevan a devaluarse.

¿Cómo fomentar la autoestima infantil?


1. Conviértete en un modelo positivo. Los niños aprenden, en gran medida, por imitación. Con ellos no vale eso de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Si tu hijo comprende que eres una persona que no se estima, que se queja constantemente y que no asume sus responsabilidades, terminará siendo tu reflejo. Por eso, es importante que cuides tu propia autoestima. Después de todo, eres su modelo a seguir.

2. Establece límites claros. Los niños necesitan normas claras para desarrollarse. Los límites no solo le indican hasta dónde pueden llegar sino que también les transmiten confianza y seguridad, dos cualidades esenciales para desarrollar una buena autoestima. No obstante, cerciórate de que se trata de límites lógicos, sensatos y coherentes.

3. Corrige el comportamiento, no lastimes a la persona. Existen diferentes formas de corregir un error: puedes recriminar al niño o puedes centrarte en el comportamiento inadecuado. Sin embargo, lo más importante es que el niño comprenda que un error no lo define como persona, por tanto, no uses frases como “no sirves para nada” o “siempre te equivocas”. Focalízate en el comportamiento, no emitas juicios de valor sobre la persona.

4. Céntrate en el esfuerzo, más que en el resultado. Cuando emprendemos un camino, lo importante no es la meta en sí, sino la persona en la que nos hemos convertido mientras intentábamos alcanzarla. El esfuerzo y la energía que hemos invertido pueden ser tan o incluso más importantes como el resultado alcanzado. Por eso, es esencial que valores el esfuerzo de tu hijo, aunque no haya podido completar la tarea o se haya equivocado en alguno de los pasos. Al fin y al cabo, más que tener una caligrafía perfecta, es importante el tesón que ha puesto por conseguirlo. 

5. Profesa amor incondicional. Si el niño aprende que para ganarse tu amor tendrá que portarse bien, en un futuro su autoestima dependerá de la aprobación de los demás y se convertirá en una persona sin opinión propia. Por eso, es importante que los niños reciban amor incondicional por parte de sus padres. Eso no significa que debas aceptar sus comportamientos negativos, sino que le amas a pesar de los errores que pueda cometer o de los “defectos” que tenga. Aprovecha cada ocasión para decirle cuánto le amas y cuánto orgullo experimentas. 

6. Corrige sus creencias erróneas. El pensamiento de los niños no siempre sigue un hilo lógico, por lo que a veces pueden alimentar creencias irracionales sobre ellos mismos. Si detectas alguna, corrígela inmediatamente, para que no crezca. Por ejemplo, no dejes que su autoestima dependa directamente de su atractivo físico o de una capacidad especial. Enséñale a amarse tal cual es, con sus virtudes y defectos. Es tu tarea ayudarle a evaluarse de forma más objetiva, para que pueda desarrollar un autoconcepto más realista. 

7. Estimúlale a asumir riesgos saludables. No hay peor daño para la autoestima, que una educación sobreprotectora. Si el niño no puede poner a prueba sus capacidades, jamás sabrá hasta dónde puede llegar y se convertirá en un adulto temeroso e inseguro. Por eso, es conveniente que desde pequeño le estimules a asumir determinados riesgos, que le permitan ir un paso más allá y construir nuevas oportunidades. Después de todo, el “yo” no es una entidad estática sino que se enriquece con cada experiencia.

8. Deja que cometa sus propios errores. Los errores son aprendizajes, lecciones para la vida que pueden ser muy valiosas. Sin embargo, muchos padres intentan evitar que sus hijos cometan errores y no se dan cuenta de que les están arrebatando una oportunidad para aprender, para hacerse más fuertes y para consolidar la confianza en sí mismo. La clave radica en no dejar que aparezca la frustración, bríndale niveles de ayuda cada vez que los necesite.

9. No exageres sus logros. Una autoestima sana no es una autoestima artificial, sino que se basa en un autoconcepto realista. Por eso, no se trata de elogiar al niño constantemente o de exagerar sus logros, sino de constatar sus resultados y el esfuerzo realizado. De hecho, se ha apreciado que exagerar en los elogios puede ser contraproducente y termina dañando la autoestima del niño. Por tanto, si te gusta lo que ha dibujado, díselo, pero no exageres diciéndole que es el mejor pintor del mundo. 

10. Dedícale tiempo de calidad. La mejor manera para potenciar la autoestima infantil es lograr que tu hijo comprenda que es valioso para ti. Y para eso, tienes que pasar tiempo de calidad con él. De esta forma le estás diciendo que es importante para ti. De hecho, si no tienes tiempo en ese momento, es mejor que se lo hagas saber y que más tarde, le dediques algunos minutos. El niño debe sentir que, aunque no puede tener tu atención a todas horas, tienes en cuenta sus necesidades y te interesan sus asuntos.

Como colofón, recuerda siempre la frase del sociólogo británico John Ruskin: “Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía”.

Escrito por: Jennifer Delgado

6/27/2015

10 frases para recordar en los malos momentos


Hay veces que la vida se ensaña con nosotros. Hay etapas en las que los problemas llegan juntos, uno detrás de otro, y sentimos que la fuerza nos va abandonando. En esos momentos todo nos sale mal y resulta difícil mantener una actitud optimista. 

En situaciones así, es comprensible que estemos tentados a tirar la toalla, que flaqueemos y queramos abandonar, con la única esperanza de encontrar un poco de paz y tranquilidad. En esos casos, cuando vemos todo negro a nuestro alrededor y nos resulta difícil creer que saldremos de esa situación, es necesario encontrar un apoyo. 

Ese apoyo puede provenir de un psicólogo, pero también de un amigo o incluso de un libro o una película motivadora. Sin embargo, lo cierto es que nadie puede ayudarnos si nosotros mismos no nos damos una mano desde adentro, si no cambiamos algunos de nuestros pensamientos.

Por eso, la próxima vez que estés enfrentando una de esas etapas difíciles que nos depara la vida, recuerda estas frases:

1. No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo. - Mario Benedetti

El poeta uruguayo no pudo expresarlo mejor. Nada está perdido si no te das por vencido porque la esperanza tiene la suficiente fuerza como para mantenernos motivados, sin desfallecer. Viktor Frankl, un psiquiatra vienés que estuvo prisionero en los campos de concentración nazis, nos demostró que tener algo por lo cual luchar, tener un sentido de la vida, nos puede salvar incluso en las circunstancias más extremas. Él mismo nunca se dio por vencido y a los 67 años consiguió uno de los sueños de su vida: tener la licencia de piloto y surcar el cielo.

2. Allá donde estés, haz lo que puedas con aquello que tengas. - Theodore Roosevelt

En muchas ocasiones, somos nosotros mismos quienes nos convertimos en nuestro peor enemigo, sobre todo cuando adoptamos una actitud perfeccionista. Sin embargo, debemos aprender a centrarnos más en el esfuerzo que en los resultados. A veces las cosas se tuercen y no salen como esperábamos, entonces debe consolarnos el hecho de que hicimos lo mejor que pudimos, con la experiencia y la información que teníamos a nuestro alcance. Recriminarse no sirve de nada porque no podemos darle vuelta atrás a las agujas del reloj y así solo lograremos sentirnos peor.

3. La vida no consiste en conseguir buenas cartas, sino en jugar bien aquellas que tienes. - Josh Billings

Hay personas que se lamentan por todo, personas que funcionan en “modo queja” y adoptan el papel de víctimas. Sin embargo, de esta manera solo consiguen amargarse la vida. Por eso, este humorista estadounidense nos recuerda que no se trata de tener buenas cartas, sino de jugar con inteligencia las que nos han tocado. De nada sirve lamentarse por las cosas que no tienes, es mejor sentirse agradecidos por lo que tenemos y, en base a ello, labrar el destino que queremos.

4. Los problemas no son señales de que debes parar, sino directrices en el camino. - Robert Schuller

La forma en que enfrentemos los problemas incide en el impacto que estos tendrán en nuestra vida. Podemos elegir entre ver los problemas como obstáculos insalvables o como oportunidades para cambiar. En realidad, detrás de cada problema se esconde un aprendizaje, por lo que son más que simples obstáculos, son señales de advertencia que pueden servirnos para enderezar el rumbo. Tener esta idea en mente puede implicar un cambio radical en tu vida porque aprenderás a enfrentar las dificultades desde una perspectiva más optimista.

5. Afortunado aquel que no espera nada porque nunca se sentirá decepcionado. - Jonathan Swift

En muchas ocasiones, los problemas no son tal, sino simplemente decepciones. De hecho, como solemos alimentar expectativas irreales, cuando el mundo no funciona como nos gustaría, nos sentimos mal. Desde esta perspectiva, los contratiempos y los problemas no existen de por sí, son el reflejo de nuestras expectativas incumplidas, de nuestra incapacidad para aceptar el cambio y responder de manera adaptativa. 

6. Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu forma de pensar. - Mary Engelbreit

Llorar sobre la leche derramada no solo es improductivo sino que genera un estado de ánimo muy negativo porque nos hace sentir como si no tuviéramos el control de nuestra vida. Por eso, ante los problemas, es fundamental asumir una actitud proactiva, preguntarse qué podemos hacer para salir de esa situación. Obviamente, hay veces en que no podemos cambiar las circunstancias, entonces no nos queda otra salida que aceptarlas e intentar ver el lado positivo.

7. Hoy estás donde te han conducido tus pensamientos, mañana estarás allí donde te lleven. - James Allen

Casi parece un trabalenguas pero lo cierto es que estas palabras del filósofo británico encierran una gran sabiduría. No significa que puedes lograr lo que te propongas con tan solo desearlo o pensarlo, indican que los problemas que enfrentamos hoy, de alguna forma, son el resultado de las decisiones que hemos tomado a lo largo de nuestra vida. La buena noticia es que ahora mismo podemos cambiar, tenemos el poder de transformar el presente y construir el futuro que deseamos. Nunca dejes que el ayer, te quite demasiado del hoy.

8. No son las circunstancias las que te dan forma, sino tu manera de reaccionar ante ellas. - Anne Ortlund

Solemos pensar que las circunstancias de la vida nos moldean. Sin embargo, de esta forma nos conformamos con ser un títere en manos de un destino caprichoso. En realidad, lo que nos hace más fuertes o resilientes, no son los contratiempos en sí sino la manera en que reaccionamos ante ellos. Por ejemplo, se ha demostrado que las personas a las que se les diagnostica un cáncer y asumen el diagnóstico con pesimismo tienen peor pronóstico que aquellas que adoptan una actitud combativa. Porque ante un mismo hecho, podemos reaccionar de forma diferente, y eso es lo que realmente cuenta. 

9. Todo lo que he aprendido en la vida, lo puedo resumir en dos palabras: Todo pasa. - Robert Frost

Este poeta estadounidense, que perdió a su esposa y tuvo que enfrentar el suicidio de su hijo, cayó en las garras del alcoholismo. Sin embargo, sobrevivió, sanó y siguió escribiendo. Por eso, su mensaje es tan potente: no importa cuán grande sea el sufrimiento, pasará. Es cierto que cuando nos sentimos mal, cuando los contratiempos nos agobian, nos resulta difícil encontrar esa luz al final del túnel, pero puedes tener la certeza de que llegarán tiempos mejores. Y eso te permitirá adoptar una perspectiva más realista, que te ayudará a lidiar mejor con el problema.

10. No importa cuán despacio vas, si nunca te detienes. - Confucio

A veces simplemente nos desesperamos. Y en nuestra desesperación, no nos damos cuenta de que estamos progresando. De hecho, cuando vemos el mundo a través de un cristal gris, es difícil pensar en términos de progreso. Sin embargo, lo cierto es que incluso cuando el dolor se acrecienta, significa que estamos avanzando hacia la sanación, porque cada paso, aunque doloroso, es necesario. Solo debemos cerciorarnos de no estancarnos en el camino, debemos seguir dando pasos, aunque sean pequeños.
Escrito por: Jennifer Delgado

6/26/2015

Lo que las personas piensen de ti es su problema, no el tuyo


Cuenta la leyenda que un día, un discípulo llegó visiblemente agitado a la casa de Sócrates, el gran filósofo griego.

- ¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…

Sócrates le interrumpió inmediatamente:

- ¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?

- ¿Los Tres Filtros…? – preguntó el discípulo.

- Sí – replicó Sócrates. -El primer filtro es la VERDAD. ¿Lo que quieres contarme es verdadero en todos sus puntos?

El discípulo dudó.

- No… Lo oí decir a unos vecinos.

- Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro: la BONDAD. ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?

- No, en realidad no… Al contrario.

- ¡Ah! – Interrumpió Sócrates. - Entonces, ¿es NECESARIO que me cuentes eso?

– Para ser sincero, no…. Necesario no es.

– Entonces - sonrió el sabio - Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido.

Por supuesto, nosotros no somos Sócrates y en muchas ocasiones no podemos evitar que ciertos rumores terminen llegando a nuestros oídos. Otras veces, simplemente no tenemos la suficiente entereza como para rechazar esos rumores y, una vez que los escuchamos, nos resulta difícil deshacernos de su influjo, que casi siempre es malsano.

Sin embargo, lo que los demás piensen de nosotros es su problema, no el nuestro.

Cuando los demás intentan meter nuestra riqueza en una caja de cerillas


Las personas que nos critican o que difunden rumores sobre nuestras decisiones y comportamientos en realidad no nos conocen, no han vivido nuestra historia y no saben los problemas que hemos tenido que afrontar o los sacrificios que hemos hecho. Lo único que conocen es lo que les hemos contado, o lo que pueden presuponer.

Por tanto, sus opiniones no son más que una realidad que su mente ha creado, una realidad limitada en la que intentan encajarnos. Las opiniones de los otros son como una especie de realidad paralela, pero más restringida y pobre que la nuestra. Entonces, ¿por qué debemos someternos a ella? ¿Por qué debemos abandonar nuestra realidad, que es más rica, amplia y compleja, solo para meternos en una caja de cerillas?

Sin embargo, por extraño que parezca, es lo que hacemos todos los días, cada vez que le damos importancia a las opiniones malintencionadas, a las críticas destructivas y a las humillaciones o al menosprecio. Cuando dejamos que esas opiniones nos arruinen el día o, lo que es aún peor, que afecten nuestra autoestima, estamos dejando atrás nuestro mundo, para acomodarnos a ese universo pequeño que otras personas intentan imponernos.

La crítica es la fuerza del impotente: ¿Cómo son las personas que critican?


A veces, es difícil entendernos a nosotros mismos, por lo que resulta aún más complicado descifrar las causas que originan el sentir y proceder ajeno. Una persona madura, que ha vivido lo suficiente y que ha sacado enseñanzas de la vida, no critica, ayuda; no empuja, sino que tiende la mano.

Por eso, las personas que suelen criticar y juzgar a diestra y siniestra, sin preocuparse por el efecto que tienen sus palabras, son aquellas que no han alcanzado la madurez suficiente y creen saberlo todo, estar en posesión de una verdad única. En el fondo, esconden:

- Baja autoestima: Esta persona no se acepta ni se ama a sí misma, por lo que difícilmente aceptará a los demás. Por eso ataca bajo forma de críticas y opiniones malsanas, lo que pretende es colocarlos a su mismo nivel.

- Tendencia a la proyección: Jules Renard, un escritor francés, afirmaba que “la crítica consiste en reprochar a los demás el no tener cualidades que nosotros creemos tener”. De hecho, las críticas destructivas suelen surgir de las proyecciones de las peores cualidades de la persona que, al no reconocerlas en sí, las arroja sobre el otro.

- Escasa autocrítica: Una persona que se conoce bien, que sabe cuáles son sus defectos y errores, no se atreve a criticar con tanta facilidad porque suele ser más empática. Sin embargo, la persona que critica constantemente cree que es perfecta, considera que tiene el derecho de convertirse en juez de los demás. Es capaz de ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. 

Al respecto, un estudio realizado en las universidades de Wake Forest y Nebraska ha desvelado que las personas que critican constantemente, en realidad esconden una profunda infelicidad. Los resultados de esta investigación muestran que las personas que evalúan de manera positiva a los demás, son más felices, amables, entusiastas y emocionalmente estables. 

Al contrario, quienes realizaban más críticas negativas muestran más conductas antisociales, un elevado grado de narcisismo y una tendencia a la depresión y a ser emocionalmente inestables. Por tanto, la crítica negativa no solo destruye a quien la recibe, sino también a quien la realiza.

¿Es posible desligarse de las críticas y las opiniones malsanas?


Vivimos en sociedad, somos seres sociales, y no podemos hacer nada para cambiarlo porque las relaciones con los demás nos nutren y nos permiten crecer. Sin embargo, cuando nos relacionamos con alguien, lo hacemos solo a través de determinados roles. Por ejemplo, nuestros padres nos conocerán encarnando nuestro rol de hijos, nuestra pareja nuestro rol de amantes y nuestros compañeros de trabajo, como simples profesionales.

Sin embargo, somos mucho más que esos roles, somos personas más complejas y ricas, con muchísimas otras facetas que los demás desconocen. Nuestro “yo” es inmenso, y la mayoría de las personas que nos rodean solo conocen una pequeña parte. De la misma forma, nuestra historia es muy rica, y no se cuenta solo a través de los hechos, sino también mediante las emociones que experimentamos en esos momentos.

Por eso, debemos tener en cuenta que las críticas y los juicios que expresan los demás sobre nosotros, siempre son limitados y pasan a través de su visión de cómo deberíamos comportarnos.

No obstante, no estamos obligados a seguir su esquema, sobre todo si este nos resta valor y empequeñece nuestro “yo”.

Por supuesto, como estamos acostumbrados a construir nuestra imagen, a imagen y semejanza de los demás, en un primer momento nos puede resultar difícil hacer oídos sordos a esas críticas y juicios negativos, pero poco a poco iremos aprendiendo. Hasta que llegue un punto en el que podamos mirar atrás y nos resulte irrisorio habernos preocupado por esos rumores malintencionados.

Considera que tu autoestima y autoconfianza son las armas más poderosas que tienes. Cuando recibes una retroalimentación positiva, estas crecen y se fortalecen, pero las críticas destructivas hacen justo lo contrario: las minan. Por eso, es importante que selecciones con cuidado las retroalimentaciones que van a cimentar tu “yo”.

De la misma forma en que no aceptarías que alguien eligiese la ropa que debes llevar cada día, no debes dejar que alguien llene tu armario mental con sus estereotipos, opiniones y juicios. Vivir según los criterios de los demás solo nos conduce a perder nuestra identidad y, en última instancia, a experimentar una gran insatisfacción y frustración. Recuerda que las personas más infelices son aquellas que se preocupan en demasía por lo que piensan los demás.

Tres reglas de oro para impedir que las críticas malsanas te dañen


1. Recuerda que eres único, no puedes esperar que los demás comprendan tu viaje si no han tenido que recorrer tu camino. Nadie puede afirmar que has obrado mal porque, incluso las personas que han vivido situaciones similares, lo han hecho desde su punto de vista, con su arsenal de experiencias, metas y miedos, no con los tuyos. 

2. Eres mucho más que esa crítica, ya que toda opinión siempre se dirige a una parte limitada de tu “yo”, pero en realidad eres mucho más que eso. Aceptar esa etiqueta y colocártela, implica restringir tus potencialidades, es permitir que laceren tu autoestima, sin hacer nada para evitarlo.

3. No pretendas agradar a todos, siempre habrá personas que critiquen, lo importante es que sus opiniones no te afecten. Debes aprender a despojarte de la necesidad de agradar a todos, porque solo así podrás encontrar tu propio camino y ser fiel a este, a pesar de las críticas.


Fuente:
Wood, D. & Harms, P. (2010) Perceiver Effects as Projective Tests: What Your Perceptions of Others Say About You. Journal of Personality and Social Psychology; 99(1): 174-190.
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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