5/25/2016

En la vida tienes 2 opciones: Disfrutas en la primera fila o mueres lentamente en la tercera


La vida significa tomar decisiones. De hecho, tomamos decisiones continuamente, desde que abrimos los ojos hasta que nos acostamos, algunas decisiones son triviales, otras son más importantes. Sin embargo, todas tienen una repercusión en nuestras vidas, aunque no siempre somos capaces de vislumbrar sus consecuencias. 

Y es que cada decisión siempre implica decantarse por algo, por lo que también habrá algo a lo que debemos renunciar. Cada decisión nos lleva en un sentido, alejándonos de otro camino, no podemos escapar del Efecto Mariposa. Por eso, cuando llegamos a cierto punto en nuestra vida, deberíamos comenzar a decidir de forma más consciente.

Nunca dejes escapar una oportunidad solo porque a los demás no les guste


La sociedad impone sus reglas, y se encarga de hacérnoslas saber desde que somos muy pequeños. Así vamos aprendiendo que debemos cumplir con lo que los demás esperan de nosotros. Cuando somos pequeños dependemos de la aprobación de los padres, luego de los maestros y compañeros del colegio y más tarde de los amigos y colegas del trabajo. A medida que pasa el tiempo esa red se suele ir haciendo más intrincada, hasta que nos envuelve como si fuera una tela de araña. Aunque podemos notar su existencia y aprender a evadir sus hilos.

De hecho, el problema surge cuando, en el fondo, deseamos que los demás nos den palmaditas en el hombro por nuestras decisiones. Por eso, a veces cometemos el error de elegir lo que quieren los demás, obviando lo que nos satisface y entusiasma verdaderamente. Dejamos escapar oportunidades que nos harían felices solo porque a los otros no les gustan.

De esta forma, decisión tras decisión, terminamos construyendo una vida que no nos satisface, solo para cumplir con los estándares que ha impuesto la sociedad. Esto a menudo significa quedarnos atados a una ciudad que no nos gusta solo porque ahí nacimos o tenemos un puesto de trabajo que tampoco nos satisface, ir a cenas que nos aburren con personas con las que prácticamente no tenemos puntos en común y estar pendientes obsesivamente de nuestro aspecto.

Sin embargo, vivir de esta forma es la manera más segura para llenarse de arrepentimientos y convertirnos en infelices crónicos.

A veces pensar en ti no es egoísmo sino una cuestión de defensa propia


En el viaje de nuestra vida nos suelen acompañar muchas personas. Debemos intentar no hacerles daño, respetar sus decisiones y, siempre que sea posible, llegar a acuerdos que nos permitan mirar en la misma dirección. Eso significa que cuando tomamos una decisión también debemos tener en cuenta cómo esta les afecta. 

Sin embargo, una cosa es ser sensibles y considerados y otra muy diferente es sucumbir siempre ante los deseos y las expectativas de los demás. Hay personas tan posesivas que pueden llegar a ahogarnos, en esos casos, pensar en nosotros y elegir lo que nos hace verdaderamente felices no es egoísmo sino una cuestión de defensa propia.

Por otra parte, si hay algo que nos debemos a nosotros mismos es ser felices. Cuando resplandecemos podemos iluminar a los demás y llevarles un trozo de felicidad a sus vidas. Y ese es el mayor regalo que podemos hacerle. Por tanto, nunca te sientas mal por aprovechar las oportunidades que te permiten crecer y darte permiso para ser feliz. El sentido de culpa es la camisa de fuerza que ha creado una sociedad demasiado preocupada porque las personas estén "adaptadas", no tiene nada que ver con la felicidad.

En la vida, como en una montaña rusa, elige siempre la primera fila


Si pensamos en la vida como en una montaña rusa, nos daremos cuenta de que tenemos dos opciones: sentarnos delante y vivir todas las emociones en primera fila, o sentarnos a buen reparo en la tercera o cuarta fila.

En la primera fila podremos vivir intensamente la experiencia, el viento nos despeinará, sentiremos la sensación de vértigo, reiremos y nos aferraremos al brazo de la persona que se encuentra a nuestro lado. Es probable que también tengamos más miedo, a veces es el peaje a pagar por atreverse a vivir nuevas aventuras, pero cuando te bajes, te habrás dado cuenta de que ha valido la pena. Y más tarde, cuando pasen los años, seguirás recordando ese momento.

Si decides sentarte en las filas posteriores no te despeinarás, podrás mantener la compostura, tendrás más control y, sobre todo, siempre tendrás a personas delante que, de cierta forma, serán el modelo que te indicará cómo se supone que reacciones y qué debes sentir. Es probable que durante el viaje te sientas más cómodo porque experimentarás menos sobresaltos, pero cuando te bajes y pasen los años, apenas recordarás aquel momento.

La buena noticia es que, a diferencia de la montaña rusa, en la vida eres tú quien decides dónde quieres sentarte. Nadie te quitará ese asiento, a menos que se lo permitas. Por tanto, no te escondas detrás de excusas, atrévete a elegir lo que realmente te gusta y te hace feliz. No podrás saber cómo será el viaje, pero puedes estar seguro de que valdrá la pena.

Escrito por: Jennifer Delgado

5/24/2016

¿Cómo matamos la "mentalidad de crecimiento" en los niños?


Para la mayoría de los padres sus hijos son los más lindos, creativos e inteligentes del mundo. Es algo comprensible, no pretendo decir lo contrario :) Sin embargo, en los últimos tiempos se ha puesto de moda hablar de los niños como si fueran trofeos, los padres se han despojado de cualquier pizca de modestia y han comenzado a exagerar los logros de sus hijos. Pero alabar demasiado a los niños y convertirlos en una especie de trofeo no es bueno, ni para su desarrollo emocional ni cognitivo. 

Hay que alabar el esfuerzo, pero con mesura


Hace algunos años una serie de estudios psicológicos demostraron que existen elogios que destruyen la autoestima infantil. Cuando alabamos ciertas capacidades, como la inteligencia, en realidad estamos limitando a los niños ya que estos terminan desarrollando miedo al fracaso. Como resultado, la próxima vez que tengan que enfrentarse a una tarea, elegirán los problemas más sencillos, para no fracasar y volver a merecer ese elogio. De esta manera no se desarrollarán sino que se mantendrán estancados dentro de su zona de confort.

En esos mismos estudios se apreció que los niños que son alabados por su esfuerzo terminan siendo más perseverantes. Estos pequeños desarrollan lo que se ha denominado "mentalidad de crecimiento", sustentada en el deseo de mejorar. 

Sin embargo, a raíz de estas investigaciones muchos padres y profesores han sacado unas conclusiones erróneas pensando que basta con elogiar el esfuerzo para que el niño se empeñe más y llegue más lejos. 

Desgraciadamente, o quizá por fortuna, en la Psicología no hay fórmulas lineales, por lo que elogiar con desmesura el esfuerzo también tiene efectos negativos. Esta es la tesis que sostiene Carol Dweck, una psicóloga de la Universidad de Stanford que ha dedicado cuatro décadas de su vida a investigar la “mentalidad de crecimiento”, y que nos alerta de que debemos hacer un alto en el camino para reflexionar sobre la educación que le estamos brindando a los niños.

Los elogios abstractos no funcionan


Según esta psicóloga, a los padres y maestros se les ha ido la mano al intentar estimular esa “mentalidad de crecimiento” en los niños pues han terminado ofreciendo alabanzas vacías solo por intentarlo, sin que se haya producido un aprendizaje auténtico o se haya obtenido un resultado palpable. En práctica, es como si hubiésemos caído en el extremo opuesto: nos han dejado de importar los resultados y el aprendizaje y estamos sobrevalorando el esfuerzo. 

Sin embargo, lo importante es encontrar un justo equilibrio. El esfuerzo es importante, y a veces merece un elogio, pero también es esencial alcanzar determinados resultados. Aunque el esfuerzo es loable, en realidad el elogio debe ir dirigido a potenciar el aprendizaje, ese es el aprendizaje y no deberíamos perderlo de vista.

Desgraciadamente, muchos padres y maestros afirman tener una “mentalidad de crecimiento” pero en realidad sus métodos educativos no contribuyen a desarrollar esa actitud en los niños. Elogiar el esfuerzo en abstracto y prodigar alabanzas vacías puede ser tan inútil como una danza india para llamar la lluvia… Eso no es tener mentalidad de crecimiento.

El impactante experimento que muestra los daños que causa la mentalidad fija en los niños


Un estudio realizado en la Universidad de Chicago analizó cómo las madres alababan a sus bebés desde el primer año de edad, hasta los tres años. A los cinco años los psicólogos comprobaron que la forma de elogiar de los padres estaba íntimamente vinculada a la mentalidad del niño y su disposición para asumir retos. Los niños que recibían elogios adecuados no solo asumían más desafíos sino que también les iba mejor en la escuela. 

En otro experimento llevado a cabo en la Universidad de Stanford les pidieron a pequeños de 4 años que eligieran entre un rompecabezas fácil que ya habían hecho o uno más complicado. Quienes tenían una mentalidad fija prefirieron apostar por el rompecabezas más sencillo, el cual les permitía reafirmar su capacidad ya que pensaban que los niños inteligentes no cometen errores. Quienes tenían una mentalidad de crecimiento eligieron la opción más complicada y encontraron raro que alguien quisiera hacer el mismo rompecabezas de nuevo.

Esto demuestra que a una edad tan temprana, muchos niños ya sienten la necesidad de demostrar que son inteligentes y de evitar los errores, mientras que otros desean plantearse nuevos retos que les permitan crecer.

Sin embargo, los resultados más interesantes aún estaban por llegar: al analizar las ondas cerebrales de estos niños se pudo ver cómo respondían ante las preguntas difíciles y la retroalimentación. Estos psicólogos comprobaron que los niños con una mentalidad fija solo estaban interesados en la retroalimentación que reafirmaba su capacidad, pero se desconectaban cuando les explicaban otros detalles que podían ayudarles a mejorar y aprender. De hecho, ni siquiera mostraron interés por escuchar la respuesta correcta cuando se habían equivocado, probablemente porque ya la habían catalogado en su mente dentro de la categoría "fracaso". 

Al contrario, los que tenían una mentalidad de crecimiento se mostraron muy atentos a todos los detalles que podían ayudarles a ampliar sus conocimientos y habilidades, independientemente de si habían acertado o no en sus respuestas.

¿Cómo promover una auténtica mentalidad de crecimiento?


Todos tenemos una mentalidad de crecimiento, pero también tenemos una mentalidad fija. Potenciar la primera demanda esfuerzo y no implica que una vez conseguida, no se pueda perder. De hecho, la crítica puede hacer que una persona se ponga a la defensiva y apague su sed de aprendizaje. Por eso, es importante que los padres y maestros desarrollen un estilo educativo que realmente promueva este tipo de mentalidad.

Cuando los padres o maestros tienen una mentalidad fija les transmiten a los niños la idea de que sus capacidades están talladas en piedra, lo cual les genera la necesidad de ponerse a prueba una y otra vez para saber hasta donde son capaces de llegar. El problema es que cuando se equivocan piensan que han fracasado y que no son capaces de ir más allá porque han llegado a su "límite". 

Desgraciadamente, muchos adultos no han sido capaces de cambiar esa mentalidad que les han inculcado desde pequeños y se consumen con el objetivo de ponerse a prueba una y otra vez, primero en el aula y más tarde en sus carreras y en sus relaciones. Cada situación se convierte en una confirmación o negación de su inteligencia, personalidad o carácter. Enfrentan cada situación pensando: ¿Voy a tener éxito o fracasaré? ¿Demostraré que soy inteligente o quedaré como un tonto? ¿Voy a ser aceptado o rechazado? 

Al contrario, la mentalidad de crecimiento les enseña que los errores son oportunidades para crecer. De hecho, son precisamente los problemas más difíciles los que implican un mayor crecimiento.

La clave para promover una verdadera mentalidad de crecimiento consiste en enseñarles a los niños que sus cerebros son como músculos que se pueden fortalecer a través del trabajo duro y la perseverancia. Así que, en vez de decir “No todo el mundo es bueno en Matemáticas, haz lo que puedas”, un maestro o un padre debería decir: “Cada vez que resuelves un problema de Matemáticas tu cerebro crece”. O en vez de decir: “Tal vez las Matemáticas no son tu punto fuerte”, un enfoque mejor sería: “Las matemáticas todavía no son uno de tus puntos fuertes, tendrás que esforzarte un poco más”. De esta forma se hace hincapié en el esfuerzo, pero con vistas a obtener resultados y a potenciar el aprendizaje.

Lo más interesante de este nuevo enfoque es que muestra que la inteligencia es maleable y que todo el mundo puede cambiar su forma de pensar. Por otra parte, considera que los errores no son fracasos o una señal de falta de inteligencia sino tan solo oportunidades para poner a prueba las habilidades y desarrollarlas.

Fuentes:
Gunderson, e. A. (2013) Parent Praise to 1- to 3-Year-Olds Predicts Children’s Motivational Frameworks 5 Years Later. Child Development; 84(5): 1526–1541.
Dweck, C. S. (2007) Boosting achievement with messages that motívate. Canadian Education Association; 4(2): 6-10.
Mueller, C. M. & Dweck, C. S. (1998) Praise for Intelligence Can Undermine Children's Motivation and Performance. Journal of Personality and Social Psychology; 75(1): 33-52.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/20/2016

No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen


Durante gran parte de nuestra vida hemos asociado nuestra valía como personas a lo que piensan los demás sobre nosotros. En realidad no es extraño si tenemos en cuenta que de pequeños aprendimos que para ser aceptados debíamos cumplir ciertas normas, hacerle caso a ciertas personas y adaptarnos a ciertas situaciones. Nos gustara o no. Nuestra opinión y gustos poco peso tenían en la ecuación.

Así fuimos formándonos la imagen que tenemos de nosotros mismos, una imagen que depende, en gran medida, de los otros. Por eso, los elogios nos hacen sentir tan bien y las críticas nos hacen sentir tan mal. Detrás de esas sensaciones en realidad se esconde una profunda creencia que fue sembrada en nuestra infancia: nuestro valor depende de los demás, son los otros quienes deciden.

Obviamente, se trata de una falacia que ya había descubierto Thomas de Kempis en el siglo XV cuando afirmó que no eres más porque te alaben ni menos porque te critiquen. Somos personas completas, las opiniones de los demás son solo eso, opiniones, no determinan nuestro valor.

Somos adictos a los elogios, ergo nos afectan las críticas


De cierta forma, la necesidad de aprobación sienta sus bases en el deseo de ser elogiados, un deseo que, según un estudio llevado a cabo en el University College London y la Aarhus University, se encuentra grabado en nuestro cerebro. 

Estos psicólogos notaron que cuando las personas eran elogiadas por sus decisiones, se activaba el estriado ventral, un área vinculada con la recompensa. Y mientras más validación recibían de los demás, mayor era esa activación.

En otras palabras, los elogios nos hacen sentir bien y desatan un mecanismo similar al que se produce en las adicciones. De hecho, estos psicólogos apreciaron que cuando recibimos aprobación social se activa una red neural casi idéntica a la que se encuentra en la base de las adicciones. Por tanto, es como si estuviéramos “cableados” de forma natural para buscar la aceptación.

Por supuesto, hay personas en las que esta conexión no es tan intensa. Es probable que en su infancia no se hayan visto “obligadas” a buscar constantemente la aprobación de los demás o que hayan hecho un gran trabajo de crecimiento personal en su adultez que les haya permitido desligarse de esa necesidad d aceptación. En esos casos, la conexión es mucho más débil y, por tanto, la sensación de bienestar cuando se recibe un elogio también lo es.

Obviamente, el hecho de que estemos “programados” para buscar la aprobación del grupo también implica que las críticas nos duelen ya que, de cierta forma, son una señal de rechazo. Y el rechazo social activa las mismas áreas en el cerebro que el dolor físico, por lo que es normal que deseemos  evitarlo.

Sin embargo, debemos tener claro que tanto los elogios como las críticas son solo opiniones, no son una medida de nuestra valía como personas.

¿Podemos hacer oídos sordos?


Somos seres sociales y no podemos hacer nada para cambiarlo. De hecho, ni siquiera deberíamos intentarlo porque las relaciones con los demás nos nutren y nos permiten crecer. La clave consiste en comprender que los juicios de los demás sobre nosotros representan una visión limitada y solo expresan su idea de cómo deberíamos comportarnos o qué decisiones deberíamos tomar.

Aún así, no estamos obligados a seguir ese esquema, sobre todo si esas opiniones nos restan valor. Podemos escuchar, reflexionar y descartar una opinión si esta nos daña o nos encumbra artificialmente.

De hecho, en muchos casos puede ser más dañino un elogio desmesurado que una crítica. Los elogios excesivos y sin sustancia pueden hacer que nos formemos una imagen errónea de nuestras capacidades, lo cual nos puede llevar a tomar decisiones precipitadas y poco objetivas de las que más tarde nos arrepentiremos.

Por eso, es importante proteger nuestra valía. Recuerda que las personas más infelices son aquellas que se preocupan demasiado por lo que piensan los demás. Imagina que eres un pintor y que a tu alrededor hay personas que elogian o critican el cuadro. Puedes escuchar sus opiniones y tenerlas en cuenta pero al final lo más importante es que hayas disfrutado del acto de pintar y que te satisfaga el resultado. Y eso solo lo lograrás si miras dentro de ti y sabes lo que deseas.

Sin duda, se necesita mucha fuerza, pero debes recordar que tu valor depende solo de ti. Solo tú conoces tus sueños, sabes lo que es verdaderamente importante para ti y puedes valorar el esfuerzo que has tenido que hacer a lo largo del camino. No dejes que las opiniones de los demás desvirtúen tu esencia o te aparten del camino que desearías recorrer.


Fuente:
Campbell, d. K. et. Al. (2010) How the Opinion of Others Affects Our Valuation of Objects. Current Biology; 20(13): 1165–1170.
Escrito por: Jennifer Delgado

¿Qué puede decirte un limón sobre tu personalidad?


¿Eres extrovertido o introvertido? Para responder a esta pregunta la mayoría de las personas toman en cuenta si disfrutan de las fiestas, si tienen problemas para entablar conversaciones con extraños o si pueden hablar en público sin gran estrés. 

Sin embargo, el problema de este enfoque es que no resulta muy objetivo. Deberíamos responder honestamente, y es difícil no caer en el autoengaño para reafirmar esa imagen ideal que tenemos de nosotros mismos.

Un enfoque completamente diferente para responder a esta pregunta implica el uso de un limón, o más bien zumo de limón concentrado. De hecho, se trata de una prueba que tiene una larga historia en el marco de la Psicología de la Personalidad, y es muy fácil ponerla en práctica en casa. 

Solo necesitarás un bastoncillo de algodón, al que deberás atarle un pequeño trozo de hilo exactamente en el centro. Coloca un extremo del bastoncillo de algodón en tu lengua durante 20 segundos. A continuación, pon cinco gotas del zumo de limón concentrado en tu lengua, traga y luego pon el otro extremo del bastoncillo de algodón encima de la lengua durante otros 20 segundos. Por último, toma el bastoncillo de algodón y deja que cuelgue, sosteniéndolo por el hilo. 

Tendrás que fijarte si cuelga en posición más o menos horizontal, o si el extremo que usaste al final del jugo de limón cuelga más hacia abajo, en cuyo caso indica que es más pesado. Si un extremo cuelga hacia abajo será porque el zumo de limón te hizo salivar más de lo habitual, lo cual es una señal fisiológica de que eres una persona introvertida. Al contrario, si el bastoncillo de algodón se mantiene en posición bastante horizontal, sugiere que no reaccionaste mucho ante el zumo de limón y que, probablemente, eres extrovertido. ¿Por qué? ¿Cómo se explica este fenómeno?

Las personas introvertidas reaccionan con mayor intensidad ante los estímulos


En realidad, este pequeño experimento se remonta a mitad de la década de 1960, y fue llevado a cabo por uno de los pioneros de la Psicología de la Personalidad, Hans Eysenck, y su colega Sybil Eysenck.

En el experimento original, estos psicólogos usaron instrumentos para medir la cantidad de saliva que absorbió el algodón antes y después de que las personas se expusieran al zumo de limón. Estos investigadores querían comprobar la “teoría del despertar cortical” sobre la extroversión e introversión.

Según este psicólogo, estas características de personalidad tienen una base fisiológica, de forma que los introvertidos tienen una mayor excitación cortical basal, la cual hace que reaccionen con mayor intensidad ante los estímulos. En práctica, las personas introvertidas tienen una mayor activación cortical, lo cual explicaría por qué suelen ser más perseverantes y por qué prefieren alejarse de actividades sociales que generan una gran excitación.

Al contrario, las personas extrovertidas tendrían una menor activación cortical, por eso buscan continuamente situaciones y actividades que le generen excitación. Así, Eysencks descubrió que las personas introvertidas tienden a salivar más como respuesta al zumo de limón y que los extrovertidos salivan menos.

Sin embargo, hoy sabemos que aunque la introversión y extraversión tienen un componente biológico y hereditario, esa teoría de la excitación es solo una verdad a medias. Existe una amplia evidencia que indica que las personas introvertidas tienden a responder con más intensidad a los ruidos fuertes y otros estímulos sensoriales. Sin embargo, contrario a la teoría de Eysenck, no hay muchas pruebas de que los introvertidos tengan un nivel mayor de excitación basal.

Por tanto, aunque la prueba del limón no pueda predecir con exactitud si eres extrovertido o introvertido, te dará algunas pistas sobre tu sensibilidad física. Si te animas, lo ideal es que la repitas al menos un par de veces para obtener resultados más fiables.

La reacción ante el limón desvela tu nivel de empatía


En cualquier caso, el limón también te puede dar otras pistas sobre tu personalidad. Una investigación más reciente realizada en la Universidad de Zúrich utilizó el limón para conocer el nivel de empatía. Estos psicólogos les pidieron a los participantes que se colocaran tres pedazos de algodón en la boca para recoger la cantidad de saliva. Mientras tanto, debían ver dos vídeos de un minuto cada uno, en uno aparecía un hombre simplemente trasladando bolas de colores, en el otro aparecía un hombre cortando y comiéndose un limón.

Al analizar los algodones los psicólogos descubrieron que los participantes salivaban más cuando veían al hombre comiéndose el limón, lo cual es una reacción que se conoce como "resonancia autonómica"; es decir, que tenemos la tendencia a imitar automáticamente los estados fisiológicos de los demás, como cuando bostezamos al ver a alguien bostezando. De hecho, en las pruebas de resonancia magnética se ha podido apreciar que cuando vemos a una persona sufriendo, en nuestro cerebro se activan las mismas áreas relacionadas con el dolor, lo cual se debe, entre otros factores, a la activación de las neuronas espejo.

Sin embargo, las personas diferían en el grado de sensibilidad, lo cual se apreciaba por la cantidad de saliva. Los psicólogos apreciaron que las personas más empáticas también eran aquellas que más salivaban en la prueba.

Por supuesto, hacer esta prueba en casa es más complicado porque sería necesario tener las medidas de otras personas con las cuales comparar los resultados. Aún así, se trata de experimentos interesantes que nos ayudan a comprender que cuerpo y mente son una unidad indisoluble.


Fuentes:
Jarret, C. (2016) What can a lemon tell you about personality? BBC.
Hagenmuller, F. et. Al. (2014) Juicy lemons for measuring basic empathic resonance. Psychiatry Research; 219(2): 391–396.
Sybil, B. G. Y Eysenck, H. J. (1967) Salivary response to lemon juice as a measure of introversion. Perceptual and Motor Skills; 24: 1047-1053.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/18/2016

"Llora, corazón, pero nunca te rompas": Una conmovedora reflexión ilustrada sobre la pérdida


"Cada día, nos levantamos ligeramente diferentes, la persona que fuimos ayer está muerta", dijo el escritor estadounidense John Updike. "¿Por qué tenerle miedo a la muerte, si esta nos visita todo el tiempo?", se preguntó.

El político Charles de Gaulle también intentó restarle dramatismo a ese momento: "Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida".

Aún así, la mortalidad nos sigue petrificando. No solo la propia sino, y sobre todo, la de nuestros seres queridos. Nos aterra la perspectiva de perder a las personas que amamos. Y si un adulto no logra lidiar bien con la idea de la muerte, ¿cómo puede enfrentar un niño una pérdida de tal magnitud?

En ese sentido, el libro “Llora, corazón, pero nunca te rompas”, es una auténtica joya que servirá para ayudarle a los más pequeños a comprender la muerte. Es del escritor danés de cuentos infantiles Glenn Ringtved, y cuenta con magníficos dibujos de la ilustradora Charlotte Pardi.

Quienes conocen a este escritor sabrán que se caracteriza por sus historias traviesas pero este cuento es muy especial porque surgió de su propia experiencia. De hecho, es el intento del escritor de explicarles a sus hijos pequeños la inevitable y cercana muerte de su abuela, debido a un cáncer inoperable. El escritor recuerda que en un momento, la anciana le dijo a los niños que el corazón llora, pero nunca se rompe, esa fue la manera que encontró para asegurarles de que después de la profunda tristeza por la pérdida, la vida continuaría.

Una visita inesperada


La historia comienza en una pequeña y acogedora casa, donde viven cuatro niños con su abuela. Un día reciben una visita inesperada, es la Muerte quien toca a su puerta. Sin embargo, como no quería asustar a los niños, dejó su guadaña afuera. Y ese gesto inesperado de un personaje que solemos considerar macabro nos desvela de pronto una ternura que no conocíamos.



Cuando la Muerte entra, se sienta a la mesa de la cocina. Todos saben quién es, y también son conscientes de que no pueden hacer nada. Solo el más pequeño de los niños, Leah, se atreve a mirarla directamente a los ojos.


Sin duda, lo que hace que este libro sea particularmente conmovedor son las imágenes, que muestran a una Muerte abatida, como si ejecutara su misión con un nudo en la garganta. Así, poco a poco, el escritor se esfuerza porque vayamos cambiando nuestra imagen de la pérdida. De esta forma también intenta que los niños asuman ese incómodo "invitado" de manera más natural.


En el silencio, los niños podían escuchar la respiración de su abuela, los mismos respiros entrecortados de la persona que se encontraba a su lado en la mesa. Sabían que la Muerte había venido a por ella y que no había mucho tiempo”.

Para detener lo inevitable, los niños idean un plan. Como creen que la Muerte sólo trabaja por la noche, deciden rellenar continuamente su taza de café hasta que llegue el amanecer, momento en el que tendría que irse sin su abuela. En este punto el escritor vuelve a dar otra vuelta de tuerca y nos desvela la faceta más humana y hasta normal de la muerte, de cierta forma nos deja entrever que, a su forma, también es una oda a la vida. Su objetivo, una vez más, es restarle dramatismo a esos duros momentos y transmitirle a los niños la idea de que se trata de un proceso natural.


Pero la muerte finalmente tapa la taza con su huesuda mano para indicar que ha llegado el temido momento. Entonces Leah le toma la mano entre las suyas y le suplica que no se lleve a su querida abuela. 

¿Por qué tiene que morir la abuela?”, le pregunta.


Entonces se descubre la faceta más comprensiva de la Muerte, quien decide responderle a Leah contándole una historia, con la esperanza de que entienda por qué su misión es natural y necesaria.


Les habla de dos hermanos llamados Dolor y Pena, que vivían en un valle sombrío y pasaban sus días "lenta y pesadamente" porque nunca miraban hacia arriba y no se atrevían a ver más allá de las sombras en la cima de las colinas.


Sin embargo, más allá de esas sombras, le explica la Muerte a los niños, vivían dos hermanas, Alegría y Placer. ambas transcurrían sus días alegremente, pero tenían la sensación de que algo les faltaba y no lograban disfrutar plenamente de su felicidad.


De repente, Leah vislumbra el final de la historia: los dos chicos encuentran a las dos chicas y se enamoran. Forman dos parejas perfectamente equilibradas: la tristeza y la alegría, el dolor y del placer.

La Muerte les explica que a ella le sucede lo mismo con la vida. ¿De qué valdría vivir si no existiera la muerte? ¿Quién iba a disfrutar del sol si nunca llovía? ¿Quién iba a añorar el día si no existiera la noche?

Cuando la muerte finalmente se levanta de la mesa, el niño más pequeño intenta detenerla pero su hermano mayor le disuade.

Minutos más tarde, los niños escuchan en el piso superior el sonido de una ventana que se abre y una voz que susurra: "Vuela, alma. Vuela, vuela lejos".


Suben las escaleras corriendo y descubren que su abuela ha muerto. En las ilustraciones se percibe que es un momento de gran tristeza pero también de mucha calma. Se aprecia que una suave brisa entra por las ventanas y mueve las cortinas.

Entonces la Muerte les dice: "Llora, corazón, pero nunca te rompas. Deja que tus lágrimas de dolor y tristeza ayuden a comenzar una nueva vida". Luego desaparece.


Ahora, siempre que los niños abran una ventana, pensarán en su abuela. Y cuando la brisa les acaricie sus rostros, casi podrán sentir su tacto. Porque la muerte no nos roba a los seres amados, sino que los inmortaliza en nuestro recuerdo.


Tomado de: Brain Pickings
Escrito por: Jennifer Delgado

¿Tu perro te echa de menos cuando no estás?


Anatole France, un escritor francés y Premio Nobel de Literatura, dijo: "hasta que uno no ha amado a un animal, una parte del alma sigue sin despertar". Sin duda, la relación que muchas personas establecen con sus mascotas, sobre todo con los perros, es muy especial y profunda. Los perros no solo nos hacen compañía sino que nos muestran un amor incondicional, además de contagiarnos su alegría.

De hecho, uno de los momentos más bonitos es cuando regresamos a casa y nuestra mascota nos recibe abalanzándose sobre nosotros para regalarnos una buena dosis de amor que es capaz de borrar de un plumazo el cansancio acumulado durante la jornada o el malhumor. Por eso, investigadores de la Swedish University of Agricultural Sciences se preguntaron si nuestras mascotas realmente nos echan de menos cuando no estamos en casa y les dejamos solos.

¿Cómo perciben los perros el paso del tiempo?


Un grupo de investigadores suecos se preguntaron cómo los perros perciben el paso del tiempo. Para ello, analizaron el comportamiento de 12 perros cuando sus dueños los dejaban solos y más tarde, cuando regresaban. Estos investigadores grabaron a los canes en tres situaciones diferentes: cuando sus dueños los dejaban solos durante 5 minutos, 2 horas y 4 horas. También midieron la frecuencia cardíaca de los animales, así como sus reacciones motoras cuando el dueño regresaba.

Los investigadores notaron que los perros no se mostraban particularmente contentos cuando el dueño regresaba al cabo de cinco minutos, pero todo cambiaba cuando habían pasado dos horas. Cuando la separación era más larga y el dueño regresaba, el ritmo cardíaco de las mascotas se aceleraba y daban muestras visibles de alegría. Sin embargo, no se notaron diferencias significativas entre su reacción a las 2 horas y a las 4 horas de ausencia.

¿Qué significa esto? Los investigadores afirman que aunque los perros no son plenamente conscientes de cuánto tiempo han pasado solos ya que su percepción del tiempo difiere de la nuestra, sí echan de menos a sus dueños.

La rica esfera emocional de los perros


Los científicos también han comprobado que, al igual que nosotros, los perros recuerdan mejor los eventos cuando se crea un vínculo emocional. De hecho, cuentan con las mismas estructuras cerebrales en las que se generan las emociones en los seres humanos. Además, poseen las mismas hormonas y están sometidos a los mismos cambios bioquímicos que nosotros experimentamos cuando se producen los cambios emocionales. 

Los perros incluso tienen oxitocina, una hormona que en las personas está relacionada con el con amor y el afecto por los demás. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Azabu desveló que los niveles de oxitocina en sangre aumentan cuando los perros interactúan positivamente con sus dueños y se miran a los ojos.

Por tanto, sería lógico pensar que si los canes cuentan más o menos con el mismo sistema nervioso y química cerebral nuestros, sus emociones son similares.

Sin embargo, lo cierto es que las emociones no son estáticas sino que se van desarrollando a lo largo de la vida. La Psicología ha demostrado que los bebés y los niños pequeños experimentan una gama más limitada de emociones que los adultos. Solo con el tiempo, las interacciones sociales y una mayor conciencia de sí van apareciendo estados emocionales más complejos.

Estos datos son importantes para comprender la vida emocional de los perros ya que las investigaciones indican que nuestros amigos de cuatro patas tienen la Inteligencia Emocional de un niño de dos o tres años.

Esto significa que los perros son capaces de experimentar un amplio rango de emociones, que va más allá de la simple tristeza, alegría o miedo. Los perros también pueden estresarse, experimentar asco o satisfacción, enfadarse, sentir amor, ser tímidos o desconfiar de quienes se le acercan e incluso detectar a los mentirosos. De hecho, los dueños de los perros que pasan tiempo con su mascota pueden dar fe de este amplio rango emocional.

Los perros que pasan solos mucho tiempo pueden traumarse


El hecho de que los perros puedan experimentar diferentes emociones por sus dueños y que les echen de menos también tiene un lado negativo. Un estudio realizado en la Universidad de Bristol grabó a 20 perros que se quedaban solos todos los días mientras sus dueños iban a trabajar. Las imágenes mostraron que los canes no se sentían felices sino que daban señales de un gran estrés y ansiedad.

Estos investigadores analizaron 12 camadas que eran dejadas solas y apreciaron que al cabo de un mes la mitad de los cachorros comenzaron a mostrar signos de angustia. Al cabo de un año mostraban comportamientos disruptivos que se pueden comparar con los signos de estrés postraumático en las personas.

El principal problema es que los perros no son conscientes de que su dueño regresará, ni sabe cuándo. Por tanto, al ser dejado solo debe lidiar con la sensación de abandono, a la cual se le suma el hecho de que están encerrados entre cuatro paredes. Y esa situación puede ser simplemente demasiado estresante para algunas mascotas.


Fuentes:
Nagasawa, M. et. Al. (2015) Oxytocin-gaze positive loop and the coevolution of human-dog bonds. Science; 348(6232): 333-336.
Rehn, T. & Keeling, L. J. (2011) The effect of time left alone at home on dog welfare. Applied Animal Behaviour Science; 129(2-4): 129–135.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/16/2016

El analgésico más consumido del mundo alivia el dolor pero mata la empatía


Hay un medicamento que se ha convertido en nuestro mejor aliado para combatir el dolor y la fiebre debido a sus propiedades analgésicas y antipiréticas: el paracetamol. De hecho, es uno de los medicamentos más consumido del mundo y el segundo medicamento más vendido en España. En Estados Unidos, un cuarto de las personas consumen paracetamol cada semana.

Aunque se trata de un medicamento bastante seguro y la mayoría de las personas lo toleran bien, puede provocar algunos efectos adversos, como hipotensión y aumento de los niveles de transaminasas en sangre. No obstante, el principal problema es cuando se toma de manera continuada y en dosis altas ya que puede afectar el hígado.

Sin embargo, sus efectos psicológicos apenas se han comenzado a estudiar. De hecho, hace apenas un año un estudio desvelaba que el paracetamol reduce nuestra capacidad para experimentar emociones positivas y ahora una investigación llevada a cabo en la Universidad Estatal de Ohio ha desvelado que el paracetamol no solo mata el dolor sino también nuestra empatía.

Al sentir menos dolor, subvaloramos el sufrimiento ajeno


El estudio en cuestión fue realizado en 80 estudiantes universitarios. La mitad de ellos recibió una dosis de 1.000 mg de paracetamol y la otra mitad un placebo. Después les leyeron una serie de historias sobre personas que se habían herido y se les pidió que calificaran el dolor que podían experimentar esos eprsonajes. Los resultados desvelaron que quienes habían tomado paracetamol indicaban índices más bajos de dolor, mostrando una menor empatía. 

Los investigadores no se dieron por satisfechos con estos resultados y replicaron el experimento intoduciendo otras variaciones. Esta vez reclutaron a 114 estudiantes y los expusieron a sonidos altos desagradables. Les pidieron que calificaran cuán desagradable había sido la experiencia y cuán desagradable podría ser para otra persona. Curiosamente, quienes tomaron el paracetamol indicaron que la experiencia no era tan desagradable y que tampoco lo sería para otras personas.

Los investigadores fueron un paso más allá y decidieron comprobar el nivel de empatía, no solo con el dolor físico sino también con el sufrimiento emocional. De esta forma los participantes tenían la posibilidad de identificarse con el sufrimiento de una persona que estaba atravesando una situación difícil. 

En esta ocasión, los participantes se reunieron y socializaron entre sí brevemente. Luego pasaron a una habitación en la que se encontraban solos pero podían ver a tres de las personas que habían acabado de conocer. En ese “juego”, dos de las personas excluían a una tercera de la actividad. Los investigadores les pidieron a los participantes que calificaran cuánto estaban dañando los sentimientos de la persona excluida.

Los resultados mostraron que quienes tomaron paracetamol pensaban que excluir a la persona no hería tanto sus sentimientos. Todo indicó que los participantes no se mostraron muy preocupados por herir los sentimientos de la persona rechazada.

Cuidado: El paracetamol anestesia el cerebro y las emociones


Estudios anteriores han demostrado que la empatía activa en nuestro cerebro las mismas zonas que se encuentran activadas en el cerebro de la persona que experimenta el dolor. Sin embargo, como el paracetamol actúa directamente sobre los nervios y receptores del cerebro, cortando la señal de dolor, es comprensible que su consumo pueda disminuir nuestra capacidad para ponernos en el lugar de los demás.

Sin embargo, la empatía no solo es fundamental para comprender a los demás sino que también nos ayuda a regular nuestro comportamiento en base a las señales que percibimos de nuestro interlocutor. Por tanto, si has tomado paracetamol y discutes con una persona, es probable que seas más rudo ya que no eres capaz de medir el alcance de tus palabras y actitudes.

Aún así, no debe cundir el pánico ya que probablemente se trata de un efecto transitorio que desaparece a medida que nuestro organismo se va liberando del medicamento. No obstante, sería conveniente que valores si realmente necesitas tomar un paracetamol ya que, según la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria, aproximadamente el 30% de su consumo es inútil.

Además, recientemente salió a la luz un metaanálisis que incluyó los datos de 666.000 pacientes en el que se desvelaba que el consumo sistemático de este medicamento aumenta en un 63% las probabilidades de morir de manera inesperada, incrementa en un 68% el riesgo de padecer un infarto o un ictus y existe un 50% más de probabilidades de padecer úlcera o sangrado estomacal.

Por tanto, lo más razonable, como siempre, es apostar por un consumo moderado y solo cuando sea necesario.


Fuentes:
Mischkowski, D. et. Al. (2016) From Painkiller to Empathy Killer: Acetaminophen (Paracetamol) Reduces Empathy for Pain. Social Cognitive and Affective Neuroscience; 11(5).
Robert, M. et. Al. (2016)  Paracetamol: not as safe as we thought? A systematic literature review of observational studies. Ann Rheum Dis;75: 552-559.
Escrito por: Jennifer Delgado

5/14/2016

Lo que no ves con tus ojos, no lo inventes con tu boca


Hay personas que cometen el error de inventar con la boca, lo que no han visto con sus ojos. Es decir, difunden rumores de los que no están seguros, y que en muchos casos terminan generando un estado de confusión y malestar. De hecho, algunos chismes pueden causar malos entendidos, destruir vidas, separar parejas y amigos, así como provocar peleas, odio, rencor y resentimiento.

Aún así, hay quienes se recrean diseminando rumores y chismes, conscientes o no del mal que pueden causar. Estas personas toman pequeñas pistas del medio y las tergiversan, llegando a conclusiones erróneas que comparten con todos aquellos que estén dispuestos a escucharla. Sin embargo, de esta forma no solo pueden dañar la reputación de los otros sino que, a la larga, su propia imagen se ve afectada ya que con el tiempo irán perdiendo credibilidad. Al final, el chismoso se queda solo.

¿Qué motiva a una persona a inventar rumores sin tener pruebas?


- Mala interpretación. Los rumores suelen ser el fruto de una mala interpretación; es decir, la persona escucha tambores pero no sabe de dónde proviene el sonido. Sin embargo, rellena la información que le falta recurriendo a su imaginación, ata cabos inconexos y llega a conclusiones falsas.

- Demasiados estereotipos. En la base de los rumores también se suelen encontrar las ideas preconcebidas y los estereotipos. De hecho, los estereotipos se convierten en un sesgo, es como llevar anteojeras que nos permiten ver solo una parte de la verdad. Los estereotipos hacen que las personas se formen una idea distorsionada de la realidad, y alientan los rumores.

- Falta de objetividad. Muchas personas no se dan cuenta de que su estado de ánimo, expectativas, estereotipos y, en sentido general, su interpretación del mundo, permean la visión que tienen de la realidad. Por tanto, dejan de buscar pruebas imparciales y objetivas, se limitan a explicar las cosas a través de su forma de sentir, pensar y hacer. Estas personas adaptan el mundo a su imagen y semejanza. Y todo lo que no encaje, lo eliminan.

Cotillear puede ser signo de baja autoestima y necesidad de aceptación


En algunos casos, los rumores o chismes no son simples equívocos en la forma de pensar sino la señal de algo más grave. De hecho, las personas cotillas lo que buscan es llamar la atención de los demás para que estos se interesen por ellos, necesitan imperiosamente ser escuchados, y no les importa si para lograrlo tienen que inventar algo que no es cierto. 

En estos casos hablamos de una distorsión de la conducta que se manifiesta a través de un complejo. El rumor y el chisme son las herramientas que le brindan la oportunidad de convertirse en una persona importante.

Por tanto, el chisme puede ser motivo de preocupación cuando se convierte en un hábito, cuando es una forma de vida y la persona lo utiliza para introducirse en los grupos porque no es capaz de utilizar otras herramientas. En estos casos, es necesario solicitar la ayuda de un psicólogo ya que, a la larga, esa persona no es feliz sino que vive por y a través de los demás, dejando que se le escape su propia vida.

¿Por qué los chismes se difunden tan rápido?


Todos los rumores no se difunden con la misma rapidez. Afortunadamente, algunos nacen y mueren rápidamente. El hecho de que un rumor se difunda depende de su importancia y del grado de ambigüedad. 

Para que una información inexacta o incierta corra es necesario que satisfaga la curiosidad de muchas personas y que, de cierta forma, les sirva para ratificar su visión del mundo y de los demás. Por tanto, los rumores deben ajustarse a la visión de las personas que lo difunden.

Por eso, cuando contribuimos a difundir un chisme, no nos limitamos a repetir algo que hemos escuchado sino que ese acto dice mucho de nosotros, desvela que, en el fondo, creemos en alguna medida en ese rumor o lo utilizamos para demostrar algunas de nuestras creencias.

Por ejemplo, si pensamos que la juventud es perezosa y vemos a un joven sentado durante mucho tiempo en un banco del parque, es probable que asumamos que es alguien perezoso y se lo comentemos a la persona que está a nuestro lado. Aunque ese joven quizá solo está esperando a alguien o está descansando después de una dura jornada de trabajo.

De la misma manera, si pensamos que nuestra vecina es una casquivana y le vemos conversando con un hombre, quizá un poco más cerca de lo habitual, es probable que presumamos que mantienen una relación, aunque podría no ser así.

Antes de hablar, pasa la información por estos 3 filtros


Para evitar convertirnos en un eslabón más de una larga cadena de rumor, o incluso ser la persona que le dé origen, es conveniente que antes de hablar aprendamos a pasar la información por 3 filtros, tal y como enseña este fantástico relato de Sócrates.

En una ocasión, un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y le dijo:

– ¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…

Sócrates lo interrumpió diciendo:

- ¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?

- ¿Los Tres Filtros…?

- Sí – replicó Sócrates. -El primer filtro es la VERDAD. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?

- No… lo oí decir a unos vecinos…

-Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo Filtro, que es la BONDAD: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?

- No, en realidad no… al contrario…

-¡Ah! – le interrumpió Sócrates.- Entonces vamos al último Filtro. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?

– Para ser sincero, no…. Necesario no es.

– Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…
Escrito por: Jennifer Delgado
 

 

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